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Full text of "Obras de D. Jose Zorrilla"

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^OBRA$^ 



Ni 

DI 



). JOSÉ ZORRILLA 

ROITI niCIOR COKINIDI, 
T lA SOLA BECONOCIDA POR EL AUTOR. 

CON SU mocniíAnA 



./. 



TOMO PRIMER' 



,6. 



OltAS POÉTICAS 




parís. 

BADDRY, LIRRERIA EUROPEA, 

t, QOAI MALAQOAIS, PISO PRINCIPAL, 
CniGA DEL PUENTE DE LAS ARTES. 

1852 







HASVARD C0LLE6E UBRAIIV*' 

fñ9H THE ÜBRARV OF 

FERNANDO FALHA 

OfiCEMBCR I, 292B 



EL AUTOR. 



Esta segunda edición de mis obras, hecha por M. Baudry, es 
^ teica completa corregida y reconocida por mí. Había pensado 
iMprimir en ella muchas composiciones malas y de mal gusto 
(|«e, escritas casi en mi niñez, no debian aparecer en una 
éoleccion que lleva al frente mi nombre ; pero el editor se ha 
•paeslo á toda supresión , haciéndome notar que él ha ofrecido 

t público mis obras completas y no mis obras escogidas. Ade- 
is , como la colección de ellas que yo pudiera en conciencia 
presentar sin rubor al público , no compondría mas que un pe- 
faeno Tdúmeny porque nadie como yo aprecia mis versos en 
lo poco que valen; y como esta escasa colección no convendría 
ti m editor que las colecciona tal vez por el solo mérito de ser 
ivoiominosas , me be limitado á revisar en su totalidad y á corre- 
gir eu esta segunda edición los defectos tipográficos de la prí- 
ttera, añadiéndola un supl snto ó tercer tomo, el cual conten- 
dí todas mis obras posteriores al año de 1847, época en la 
cul las coleccionó H. Baudry, y que son las siguientes. 

Oseas poéticas. — Ofrenda poética. 1848. — El bautismo 
k Jesús. — Fragmentos de un poema bíblico titulado c Pen- 
tipolis. > — Sonetos (traducción del Italiano). — Recuerdo al 
Euao S* Duque de Rivas. — Hossanna. — Alláh-Akhárt — 



EL AUTOR. 

En la muerte de***. — A Adelaida R. (inédita). — A Luii 
— A Teresa (inédita). — A Matilde, (inédita). — La Gx¡¡{ 
nalda (inédita). — El Wals. — Himno al Liceo. — Canch 
carnavalesca. — Canción (traducida del Italiano) (inédita). 
Epitafios (inéditos). — Un cuento de amores, leyenda (I 
2* parte inédita). — Fragmentos del poema de María. 



Obras dramáticas. — El Rey loco. — La Reina y los FaTi 
ritos. — La Calentura. — La Creación y el Diluvio 



i y los tm 
.— ElExd 
mulgado. — Traidor , Inconfeso y Mártir. 



J. Zorrilla. 
París, 1'* de Agosto de Í9»í. 




DON JOSÉ ZORRILLA 



Se ba suscitado á veces la cuestión de si la critica debe ejercerse 
eoDrorme á principios superiores ó con arreglo al sentido común. Si 
por sentido común se entiende la razón , seguramente por él , pues de 
A deben de))ender aquellos ; pero si se entiende por tal el modo co- 
Mn de ver las cosas , entonces será preciso que se formule primero 
ese modo común de ver, y que se vea si efectivamente existe. ¿ Han 
de entrar á formarlo todos los nacidf)s? Entonces de seguro no hay 
con mayoria absoluta ningún modo de ver una misma cosa, á no ser 
lu nect'sidades animales, y aun aquf caben iiiñnitas diferencias. ¿Lo 
han de formar solo los vivientes? ¿lo ha de consliluir meramente cada 
nación para cada idioma? Cuestiones son estasque, aunque pudieran 
resolverse, darían por resultado dos consocueucias : que el sentido co- 
man , en el hecho de serlo, adolece de muchos errores y que no pasa 
jtmás de cierta altura, porque se refiere á las ideas vulgares. Nosotros 
creemos que al hablar del sentido común alude cada cual al sentido 
uyo mas que á ninguna otra cosa.¿CI sentido común sabe ciencias 
abstractas? no : ¿sabe las naturales? no : ¿ sabe filosofía? no : ¿ sabe 
lógica? no seguramente. Pues entonces ¿ para qué ha de servir de 
joez el mero sentido común que no sabe de nada mas que de las 
CDSRs comunes en la vida? ¿ y de caántos errores no se alimenta ese 
i^lidoy si por él no so entiende la razón? Y si prescindimos de las 
^eas y nos referimos á los afectos, ¿ quién duda que los hay propios 
<ie las organizaciones mas privilegiadas que no asisten á la mayoría 
^ los hombres ? 

No sin aparente fundamento dudan algunos de que haya princi- 
Obras poéticas. b 




II DON JOSÉ ZORRILLA. 

píos fijos y absolutos donde Ir poesía descanse, ni reglas por con- 
siguiente generales y determinadas que sean ley y nornia para ejo^ 
cer la critica. Induce á este error el considerar la infinita variedad)fc|i 
índoles, cualidades y formas que entre los poetas aparecen, y i 
amedrentarse la razón nnte el propósito de penetrar en ese caos,rqi \ 
coger y coordinar sus principios, aclarar su confusión y dar con el • 
centro común de donde parten tan varias divergencias. Si á esU 
consideración se afiade la ioconsccueneia y opuesta» siorazones ood 
que el público acoje las obras del ingenio, habráse de convenir en 
la unánime incertidumbre que sobre el particular ocupa el ánimo de 
los hombres pensadores ; porque sin base el juicio en este asunto; 
sin punto de partida la razón ^ se encuentra desarmado el críte^í 
ante las falsas impresiones que mueven voluntariosamente el 
curso, dando lugar á la diferencia de conceptos que divide el campo 
literario, donde siempre la individualidad anda como reina <M 
acierto. 

No hay , sin embargo , ramo de la inteligencia humana ^ no hay tr»^ 
bfljo de las facultades intelectuales que no esté sometido á una 1 
constante, como lo está todo lo creado, ley que indudabl 
tiene entronque y mas 6 menos tortuoso nacimiento^ en la pri 
y mas absoluta condición de la vida moral, en la percepción. Sil] 
esta no se concibe la vida moral , asi como sin la sensación no se 
concibe la física, porque donde no hay sentimiento ¿qué hay sí 
un organismo inerte ? y el que nada percibe ¿ qué inieligencii 
tiene? 

Prescindiendo de la intima correspondencia que existe entre 
aquellas dos cualidades , tanta que parece la percepción ser nada mas 
que un ramo determinado de la otra, es indudable que la primert 
tiene sus medios y trámites marcados en la organización misma, así 
como la sensación los tiene ; medios y trámites que nos son deseo* 
nocidos en su esencia , pero que podemos clasificar en sus efectos. Si 
el alma necesita los sentidos para percibir, hay que sopooer olrt 
multitud de medios mas íntimos de percepción para esplicar las in- 
finitas diferencias y modificaciones de que el entendimiento es capaz. 
Por la relación, pues, que existe entre los efectos y las causas , no; 
hay ramo, repetimos, de la inteligencia humana que mas temprano 
ó mas tarde no ceda y se entregue al incansable trabajo del análisis 
para acabar por someterse á la sistematización de la lógica. 

Concretándose á la poesía , se echa de ver que en su nacinoiento 
debió reducirse á la metrificación de laa palabras , y que en sus pri- 



DON JOSÉ ZORRILIJl. iit 

tiempos no era considerada bajo otro aspecto, Pero aplicada 
pronto á e^presar las afecciones del ánimo, en gracia á sus for- 
musicmlea que la hacen tan halagüeña, fué cada dia tomando un 
üitic^lap aspeeto que llegó al fin á distinguirla de todos los demás 
nodo» de eapreaarse ; y esta circuoalancia sentida y reconocida por 
odo el mundo dio lugar á esa persuasión universal de que la poesía 
• ira arle especial , cuyo lenguaje se diferencia de otro cualquiera. 
)oiideealé , aio embargo, esta difer en qué estribe, ef una cues- 

ico todavia por resoNer, y los i idos ingenios se han concre- 

tado á establecer ooonopor re| algu observaciones incompletas, 
ledacidas de casos parúculai y que si para algo bao servido por 
i solas, ha sido pars ssosira el talento de sus aulores mas bien que 
baslida del enmarañado labe nto de la poesía ; mucho, sin eatbargo, 
bao preparado el acierto para el porvenir esas reglas y distinciones 
bechas por las artes poéticas y las retóricas tan menospreciadas ara- 
bas por algunos que no han considerado la filosofía que encierran , 
dejándose llevar de las primeratt impresiones. 

For de contado, todos los críticos han fundado sus observaciones 
Mal único punto de partida posible en estas materias, la observa- 
ción ; lo primero que se ha ofrecido á sus oj«>s han sido las formas, y 
muchos, como es natural, han principiado por estat>lecer como 
punto de ley las que en los objetos de observación vcian : de aqui 
esa multitud de reglas escrítas y embarazosas que quieren resolver 
d problema sin penetrarlo, y á tas cuales , si el estilo lo permitiera, 
pudiera aplicarse aquella espresion familiar de lomara/ rd^ano por 
lm$ kojag. Mucho mas han profundizado la materia otros críticos , 
Minqne ninguno ha dado á luz un cuerpo de doctrina bastante con- 
▼inceot» sin duda para sujetar á su yugo todas las opiniones , y andan 
estes todavia tan divididas y encontradas qoe rinden parias casi to- 
dss á la humana flaqueza de no dar por bueno lo que no está en ar- 
■Oftia coo la índole ó hábitos de la inteligencia individual. 

Al escribir, pues , la biogralia critica de un célebre poeta, nos será 
preciso á nosotros esponer et modo con que concebimos la poesía : 
porque, resueltos á aplicar en este y cualquier caso las conviccio- 
nes que DOS asisten , queremos reeaigan los errores sobre nuestro 
torpe entendimiento. 

De la observación de ios mas grandes poetas se deduce que la 
poesb DO puede existir sin in>ágeoes , sin afectos. Su objeto debe 
ser iDsiruir ta do los dos resortes mas fáciles de niot ef en el boro- 
bfe. Id ifloagi » y el sentimieDlo. Decimos que debe instruir, no 




j. I,-. ;:;jxB.::i.i..*.- 



^OBRA$^ 



DI 



>. JOSÉ ZORRILLA 

RVITI lilClOll COEINIDI, 
T lA SOLA. RECONOCIDA POR EL AUTOR, 

CON SO nOGRAnA 



TOMO PRDIERO. 



mk% POÍTICAR. 




parís. 

BAÜDRY, librería EUROPEA, 

t, QOAl MkhkQXJAlS, PISO PKIlfCIPAL, 
CmCA DEL PUENTE DE US ARTES. 

1852 



Viif DON JOSÉ ZORRILLA. 

la grande imporlancia, del poderoso vuelo que puede tomar la poesía; 
porque si examinamos separadamente la marcha de todos los Fenó- 
menos que constituyen una serie de ideas, mas ó menos larga y 
continua, y luego las comparamos múluamcnte, echaremos de ver 
numerosos y gravea dalos que dan lugar á sospechar que una sola 
ley rí^e todas las cosas, ley que obrando en cada una con ciertas 
xnodiñcacionrs es lo que llamarnos en la mas lata acepción analogía. 
La mente del poeía, obligada á espresarse con ejemplos que arecten 
intensamente, tiene que senlir esas analogías en alia ó baja escala, 
y acaso no hace otra cosa sino insinuarlas cuando solo inlcntaespli- 
carse. Es ardua empresa , y no de la presente ocasión, csplayar esta 
idea de modo que obligue al convencimiento; pero ello es indudable 
que no el poeta, por serlo, ha de renunciar al alto don del discurso, 
el mas digno y elevado de cuantos el hombre tiene. ¿Pues qué, el 
poeta está autorizado para sacrifícar la razón y abrazar el absurdo y 
preconizarla falsedad? No, enlonces la poesía seria indigna de los 
hombres, y si existe ese arraigado error que la empareja con la men- 
tira, es porque el vul<^o no ha comprendido las grandes concepciones 
de los superiores poetas, no ha penetrado su sentido, y han autorizado 
su error los poetas sin inspiración propia que, queriéndose revestir 
del magnifico manto del Numen , lo han arrancado á pedazos de los 
hombros del ingenio, pensando arrancar el espíritu. ¿Pues qué, esa 
misma poesia gentil tan menospreciada y decantada como delirio 
de estraviadas imaginaciones, y que luego usada en sus Formas sin 
contener ya su pensamiento ha dado lugar á ese error (lúblico, 
aquella poesia no cumplió sobre la tierra el mas alto destino de 
aquellos remotos tiempos, dando la ley al mundo y desempeñándola 
gran empresa social que no le fué dada á la ciencia? Si boy nos 
parecen locuras lo que de religión formuló Homero, ¿pareciólo 
en aquellos dias? Pero diréis que mintió; si, como mienten lodos 
los sabios cuando alzan su pensamiento ; como mienten todos los 
grandes hombres, como mintieron los que hoy ac^so tenéis en 
vuestro corazón. Y es que estáis calumniando lo que no compren- 
disteis, los pensamientos de maravillosos fínes , esfuerzos del talento 
que intenta grandes cosas y anda desvanecido en el laberinto de la 
ciencia : esas son las convulsiones del gigante que se lanza á la 
inmensidad para luchar brazo á brazo con el deslino, los arran- 
ques del genio que no lo puede vencer, pero que quiere al menos 
burlarlo. 
La poesía se adelanta á la ciencia, yerra como Descartes; pero 



DON JOSÉ ZORRILLA. IX 

vDcia como Cristo la luz de la verda'l , y cuando esta amanece ni 
iodo, ya está ella allí para cogerla en su regazo, y cubriéndola con 
manto de mil colores , la presenta á la muchedumbre que la con- 
Dpla ostáiica. Porque la mullilud ¿ cuándo comprenderá la ciencia ? 
uándo, si paso por paso la vida del hombre nada alcanza? ¿ Y so 
*e que la ciencia y la poesía son dos cosas opuealas? ¡ error ! la 
4^1i^encia, los talentos son todos hermanos. ¡Cuánta fantasía, 
áoUi imaginacioo no dobia hervir en aqu<;ila frente de Newloo 
ando meditaba para enseñar al Orbe la verdad de loa cieloa ! 
iuántas vigilias en valdc y cuántos esfuerzos del ingeoío gastó la 
fDcia vagando en alas de la fantasía redor de los palacios de lo 
rógníto ! ¡ Cuántos sublimes errores reflejan y se veneran rl vago 
üplandor de la azulada luz eléctrica ! El saber y el misterio siempre 
Dtos ; la poesía avaniando y la ciencia construyendo inespugnabics 
stilloa. 

Poco tenemos ya que decir en este lugar acerca de la poesía en 
fieral ; mas adelante esplayaremos, aunque no como descárannos, 
lestras ideas. Hemos dicho respecto de las imágenes que deben ser 
opias, y esta cualidad se aprecia casi completamente con solo re-» 
rrir á la comparación analítica de la imagen. Todas las que cum- 
in preciaamente con su objeto son buenas, y en su mayor ó menor 
actitud consiste su mérito. Sublime es la espresion que de Dios 
ce la Biblia : JnclinavU ccbíos et dexcendií, ] Cuánta grandeza é im- 
ánente sentido hay en esta imagen magni&ca ! ; se inclinaron los 
*lo$ y 6a;ó.'(l) Ahí resalta el soberano poder de la divinidad, ante 
cual se apartan con temor los cielos : esta imagen es de lo mejor 
tQ que puede el bonibre referirse á ese Ser Supremo. ¡ Cuan religioso 
ofundo afecto aíntió el poeta cuando dijo et descendii , porque 
|ué mas podia decir? porque á Dios ¿ quién lo comprende ? ¿ quién 
conoce ? ¿ quién dirá : esasi? 

Todavía cumple mejor, sin embargo, con esta misma idea la otra 
ifte de la Biblia tan citada : Dixit Deu$ : Fiat luXy ti lux facía fuii. 
|ui ya el poeta casi rompe los nudos que lif:an su alma á la torpe 
itcria ; esta desaparece de la vista , fncrde al metios todas sus for- 
is y cualidades conocidas ; solo esiá Dios, su poder, mi voluntad ; 
sui la idea del tiempo falta : dice Dios, hágase la lux y la luz apa- 
» ; raudales de esplendor inundan la creación toda. 
Otra definición de Dios todavía mas digna dio Cristo, aunque ladíó 

1 ; Creemos qoeei eita la mejor traducción. 



X DON JOSÉ ZORRILLA. 

como filósofo, no como poeta: Ego sum qui tum. Aquí la mente hn- 
mana se pierde \ ese es Dios ; ese es el to:Ío, el único principio, d 
ente inesplicable donde todo está, de donde nada puede huir, lo qin 
nada pu^e comprender : es quien es ! 

Mas modesto, menos aadaz, menos grande Homero , su inteligM^ 
cía abarca bien todo lo que imagina -, y la perfección ¿ quién mejor 
llegó á conocerla ? 

Si en la propiedad de las imágenes estriba su bondad arüstica, 61 
lo contrarío sus defectos. Abrid los poetas eRpaAoles del siglo zm f 
hallareis muchas impropiedades que constituyen el mayor Dómerodi 
sus defectos : situaciones falsas, deducciones falsas, imágenes falsili 
he aqui sus Taitas mas notables en el desempeño de sus obras. IM 
¿ qué necesidad bay de recurrir á ese siglo ni retroceder á los ant^ 
rieres , si tenemos el ejemplo de Viclor Hugo cuya poesía abuodl 
basta el cstremo en afectos 6 imágenes falsas, sin que esto rebaje il 
grande ingenio que le ha hecho uno de los primeros hombres dd 
siglo xiz? Sin necesidail tampoco de recurrir áél, podemos poner n 
ejemplo notable de falsedad de imágenes sacado del mismo libro q« 
tenemos delante, del tomo primero de las poesías de Zorrilla^ h|jp 
todavía de un ingenio no sazonado, defectos comunes siempre á hi 
primeras producciones. Dice : 

Que en una noche tranquUa 
Parece el cielo en verdad 
Ojo de la eternidad 
Y la luna su pupila. 

El cielo presentado como ojo, y ojo que pertenece á la eiemidsd 
que no es mas que la duración sin término, y en ese ojo inmenso h 
luna por pupila, es un conjunto de ideas inconducentes , espressdsi 
en imágenes impropias. Mucho mejor, ó para hhblar con mas Terdad» 
digna y conducentemente trató la idea de la eternidad el mismo Zor- 
rilla en su composición á un Reloj. ¿ Cuánto mas no vale aquel mmc§! 
nunca/ que las anteriores imágenes? 

Es común el adagio de que el poeta nace y el orador $e kaee^locaá 
seguramente podia decirse con igual razón del matemático y del filó- 
sofo. Como si no fuera cierto que todas las cosas van en este mundo 
encaminadas por sus respectivas convergencias á producir nn fla^y 
como si , para ser poeta , no fuera preciso pasar por una serie de triU 
miles consiguientes como para ser cualquier otra cosa. Asi es que no 
basta haber nacido con facultades capaces de conducir á la poosis. 



DON JOSÉ ZORRILLA. xi 

les (si habrá que nazca con ella en el mBS alio grado y le lleve la 
erle á bien distinto camino. La verdad es que el hombre nace con 
if>osicione8 para todo mas ó menos marcadas , hasta el estrerao de 
le algunas se reducen casi á la nulidad y otras se manifiestan por si 
las ; pero esto no sucede solo en los poetas, sino también en los 
ftlemálicos : Pascal era un niño de doce años , sin instrucción nin- 
ina, y ya inventaba, rayando el suelo con un palo, la resolución 
I loa problemas de geometría, llegando hasta el número de veinte 
laníos. La verdad es que, cuando las cosas llevan un número deter- 
inado de hombres á ser poetas , el que mas facultades tiene es el 
taa grande, en igualdad de circunstancias, y los demás lo son se- 
m alcanzan : y á los llevados á las matemáticas les sucede lo mismo, 
la roayoria de unos y otros se queda muy atrás de los delanteros. 
or todo lo cual , dijo no sabemos quién , que hasta en los sabios 
abia vulgo. 

M oy decaída andíiba la poesía en España á principios del siglo xvni ; 
I literatura estaba como amortecida ; las ciencias vacian olvidadas ; 
t)dos los entendimientos en el estupor : diriase que el es|)íritu del 
isis presentía con temor el porvenir que le aguardaba , de lucha y 
lesesperados esfuerzos. Hay momentos en que las naciones parecen 
leteoerse en el camino de la vida, como viajero que al llegar al pié 
le las montañas se para á contemplar la áspera senda que ve de- 
ante , perdida en el laberinto de los montes. T no es que la inteligen- 
ria de los hombres tenga en estos momentos una perspicua idea de 
o venidero , ni aun siquiera un rayo de luz hiera los ojos de la mu- 
rbedufnbre ; sino que , sometido el pensamiento á la constante ley de 
a combinación que rije todas las cosas, desde la torpe y palpable 
nalería basta las espirituales ideas, abraza con afán los principios 
]ue ea debida razón vienen á animarla vida del alma; y saboreando 
*%íe nuevo placer hasta que la asimila á su esencia , llega el punto y 
(nomento en que, casi hastiado de lo que pasó, no encuentra en ello 
ifedoa que le esciten y se adormece en aquella vejetacion moral hasta 
qjue UQ noevo principio , una nueva semilla del alma viene á desarro- 
llarse en el seno del universal interminable movimiento. Entonces la 
ros de las inteligencias privilegiadas principia á anunciar como en 
lirofecia al mundo el nuevo vefiidero pensamiento , y entonces tam- 
bién tiene principio la lucha de los espíritus , que no todos están dis- 
puestos por igual al caso ; entonces , si el nuevo principio está es- 
crito en el libro do los grandes destinos, comienzan también las 
amargaras para los iniciados, el martirio aeaso para los apásteles. 



J3 



V^ 



c 



XII DON JOSÉ ZORRILLA. 

Por eso la precursion de toda idea regenerativa viene gimiendo^ 
por eso lloraron los profetas. 

En nuestros tiempos parece estarse labrando una revolución ht» 
manitaria; todas las naciones de Europa se han removido en 
asiento á la voz de este presentimiento profundo , y la inspirada es-T 
clamacion del temor y el deseo , partiendo de Inglaterra y AlemaDÍ 
revestida con el ropaje de la poesía y la ciencia, ha ido á congreí 
en la vecina Francia para rundir desde allí de nación en nación h 
el confiu del Orbe; la Francia , inepta siempre para crear^ siemj 
dispuesta para repetir, es el espejo ustorio que refleja el mundo. 

La Francia comunicó á España á fines del pasado siglo el gf nenl 
impulso que tantas muestras de su poder ha dado en el movimí^ill^ 
literario de que somos testigos. De consiguiente nuestra poesia tooi 
arranque en la francesa, y conforme el movimiento generador id? ^ 
quirió mas esprosion é ímpetu , se fué poniendo mas patente elapre- 
tado lazo de entrambas poesías. A esta ocasión se mostró al mundo el 
ya célebre poeta 1>. José Zorrilla; y como para ratificar y rendir p^ 
cho á la alianza y dependencia establecida, vino á ser unjido eoli 
tumba del injeniode entonces que hubo mas simpatías con las letni 
de allende. 

Nació I). José Zorrilla en Yalladolid , á 21 de febrero del año 1817; 
es hijo de D. José Zorrilla y Doña Nicomedes Moral. En aquella citt». 
dad, en Burgos y en Sevilla pasó sus primeros años al lado de su padre^ 
que en las tres desempeñó respectivamente cargos importantes. Ea 
1827 se trasladó á Madrid con su familia, por gestiones de la cml 
ingresó en el seminario de nobles, donde cursaba las acostumbradtf 
asignaciones y hacia versos por mandato de sus maestros y aun taaih 
bien á hurtadillas cuando los dedicaba á profanos ó intempestivos 
asuntos. En losdias de salida solia concurrir al teatro , y desde en- 
tonces su imaginación debió manifestar la facilidad con que se im- 
presionaba , pues de haber atendido al recitar de los actores adqui- ; 
rió y conserva Zorrilla la costumbre de leerlos versos con un tono \ 
resonante y declamatorio , que le ha valido muchos aplausos , no 
precisamente porque esta entonación sea recomendable para todos los 
casos, sino porque es cabalmente la mas propia para los versos de 
Zorrilla , ó al menos es en alto grado simpática con su poesia. Esta 
circunstancia en el modo de leer viene desde luego en elogio de Zor- 
rilla» pues es sin duda una de las pruebas de la espontaneidad dd 
poeta , y se funda este aserto en la misma razón en que estriba el 
mérltd y valia de un actor que recita acorde con el sentido de aquel. 






DON JOSÉ ZORRILLA. x(ft 

£n 1S33 salió el que ahora nos ocupa del seminario de nobles y 
r^TÍó al seno de la familia que moraba á la sazón en un pueblo de 
Ifltftilla la Vieja , retirado ya el padre de los cargos públicos. Es este 
seíante magisirado , alcalde de casa y corte en Madrid en tiempo de 
jAloniardc, uno de aquellos celosos Funcionarios públicos, hombres 
Mt>bos y purificadas autoridades que con tanta honra de la España 
sooaenrabaa eu su seno el espíritu recto , profundo consenso y vale- 
rosa fortaleza que la razón de la ley infunde en los ánimos nobles, ma- 
pstrados de que tan pocos ejemplos nos quedan , relegados entonces 
ú bogar domóslico por el embate de las pasiones. ¡ Ah ! séale licito 
reodír este tributo de veneración á esos mas nobles y mejores restos 
de la antigua iCspaña, séale licito rendirles este tributo á quien tam- 
baeo^ como Zorrilla, tiene un padre miembro en otros dias distin- 
gmáo de nuestra magistratura, y mas que distinguido noble y justo, 
mo menos también desgraciado. 

En Castilla la Vieja principió el ingenio de Zorrilla á cursar la es- 
coels del mundo, probando las tristes lecciones de las disidencias do-- 
■lésticas* El padre y el hijo estaban en desacuerdo, y como esto 
mismo se ha vcriflcado respecto del mayor número de jóvenes dedi- 
cados hoy á la vida palpitante de la sociedad , preciso es conocer que 
entre la antigua y la moderna se interponía ya el esj^.iritu de las re- 
Tolociones. Tenia Zorrilla odio al estudio de las leyes que le daba 
hastio; su padre insistía en que las cursara y le envió con este objeto 
á Toledo, encomendándoselo á un prebendado pariente. Ganó curso 
aquel año el novel estudiante, pero bien puede asegurarse que si lo 
ganó seria solo porque se lo dieran, como con el mayor número de 
escolares sucede. Lo cierto es que Zorrilla estudiaba muy poco, y 
que se entretenía en visitar las antíj^úedades en que aquella insigne 
ciudad abunda , y que renia con el canónigo, por no asistir á comer 
á las doce , por no vestir las opalandas , por dejarse melenas y por 
hacer canciones. 

Concluido el curso^ volvió Zorrilla á su casa, que la tenia en 
Lerma; el padre lo recibió con desagrado y el hijo se entretuvo en 
leer el Genio del Cristianismo, los Mártires y la Biblia. Al siguiente afto 
escolar, fué enviado áValladolid para que siguiese la carrera; llevaba 
Bücbas recomendaciones , y personas de categoría tenian el encargo 
de velar sobre su conducta , que no la creían muy buena , pues solia 
Uisr de casa en horas no muy acostumbradas. Se entretenía en pa- 
lear j hacer versos; no sacó provecho del curso y aquel año vio por 
primera vez impresos sus versos en un periódico , en el Jríiiia. No 



XI DON jeSÉ ZORRILU. 

hemos visto esta composición « titulada Elvira ^ pero es de so 
que valdrá muy poco» como los demás versos en que su iarancit 
ocupaba. 

No debia agradarle á Zorrilla la vigilancia de que era objeto 
Yalladolid, y sin duda se agravó su disgusto con la notiHa deqasM 
padre le esperaba muy irritado y que habia dicho lo había de poMi 
á cavar. Asi es que, cuando lo pusieron al cargo de un mayoral pM^ 
que lo condujese á Lerma, finalizado ya el curso, tomó Zorrilla la r^ 
solución de emanciparse al rigorismo paterno. Al pasar por un pue* 
blo, cerca del término de su viaje , hubo de hacer alto en casa den 
primo que allí tenia, y viendo pacer por el campo una yegua da^ 
pariente ^ montó ea ella y volviendo á desandar lo andado tornó á en- 
trar en Yalladolid, siguiéndole horas detras una requisitoria, éio* 
continente con la yegua del primo y unos cuantos reales siguió es 
derechura á Madrid , eturando pocos dias después tan rico de espe* 
ranzas como pobre de presente en la coronada villa, sumidero de 
desventuras, seno de pobrezas, abrigo de ilusiones y acreditada cs« 
cuela donde cursa mejor el desengaño la enseñanza del mundo. Algo 
debió de aprender el fugitivo poeta durante Insdiez meses que sigtiie* 
ron á su llegada , en los que la menor incomodidad suya y el trabsjo 
de menos pena era ir huyendo de las paternales pesquisas y los infini- 
tos amigos de su casa , para lo cual dejó crecer melenas y barbas, 
usando anteojos y sobre todo aonlando con la desfiguración que <te 
el tiempo y mas aun el malestar y la desgracia. 

En la tarde del 15 de febrero de 1837 eran conducidos á la últioM 
morada los restos de D. Mariano José de Larra, cuyo trágico ñn hato 
llamado tanto la atención de toda la corle, afectando profundamente 
el ánimo de sus amigos. Rindieron estos el tributo de su amistad ; 
de sus simpatías literarias^ tan vivas entonces, al malogrado escri 
tor, y sobre sus mortales despojos atestiguaban con sentidas palabn 
su pena, cuando se presentó entre ellos un joven desconocido, pued 
decirle , á la sazón , y leyó unos versos que entusiasmaron á la concur 
rencia. De entonces data la fortuna literaria de Zorrilla, aunque) 
bien aquella ocasión le vino á propósito, no le era indispensable pai 
remontarse con el tiempo. 

A los pocos meses trascurridos desde este suceso , se dio á lu^ 
primer tomo de las poesías de Zorrilla, precedidas de un brillante pr< 
logo de D. Nicomedes Pastor Diaz, y encabezadas con la composidí 
dedicada á Larra. Está escrita esta producción con bastante seali 
lyiento en algún trozo; no tiene nada de noiaUe, á no ser la ligdt 



DON JOSÉ ZORRILLA. xv 

«westra de iina i ioacion lozana y de una percepción todavía in- 
Of roela Si{ composición i Calderón^ en la cual el autor trata 

4% imitar <^a 3 3, y si bien pone á las claras el estudio que de ¿1 

hacho» no logra mas que remedar el juego de palabras y de imá- 
doaaeerladas ea que solía incurrir el gran poeta. En esta pro- 
ioo ae echa de ver una falsa valentía de afectos, digna de no- 
D aquellas redondillas que dicen : 

Que st un mármol reclamó 
Tu grandeza y te le dieron , 
Según lo que le escondieron 
Parece que les pesó, 

Yacee en un templo , si ; 
Pero en tan bajo lugar 
Que pareces aguardar 
Hora en que huirte de allí. 

Mucho te guardan del sol , 
Temerán ffoe te ennagreiea !.. 
tal vez no lo merezca 
Tu ingisnio y nombre español. 

Este afectado sentimiento , cuya falsedad resalla en lo desacertado 
de la espresíon, se refiere, como se ve. al cspiriiu de nacionalidad ; y 
patente también se ve la afectación de que Zorrilla suele algunas ve- 
ces adolecer cuando toca este punto en unos versos de este mismo 
lomo á la estatua de Cervantes. 

Tu nombre tiene el pedestal escrito 
En ettrangero Idioma por fortuna ; 
Tal Tei lerá tu nombre un san BenilQ 
Que vierta InfeuAia en tu espaMa euna, 

i Hora te trajo á luz desventurada ! 
¿Español eres?... lo tendrán á laensaa, 
Cuando i tu espalda yaoe arrinOonada 
Tu cifra tn sia&os de tu prapia lengua. 

El mayor número de las composiciones de este tomo son imitacio- 
nes oo muy felices de Yiclor Hugo, coa algo de Lamartine y mas del 
estilo de Calderón. El Releja que ea una de ellas, está escrita bajo la 
iaspiracioD del ánimo afectado al considerar el curso eterno del 
tiempo que nunca vuelve atrás , y es una de laa mejores del tomo. 
Pero Zorrilla do podia seguir por esta senda i que sus cualidades no 




XVI DON JOSÉ 20BltlLL4. 

le conducían. En vano hacia muchos y fáciles Tersos, ea vane 
tendía atribular su corazón para que correspondiese a1 eco h* 
mente melancólico y fH*oréiico de la poesía moderna, trashim 
de Shakspeare y Calderón , sentida de Byron , y qasi razonad 
Co^ttié^ en vano intentaba verter prsfundos y trascendentales si 
cías. Zorrilla no estaba sin duda satisfecho do si mismo, él se 
con facultades y no atinaba : en la indecisión acertó con su gei 
entonces esclamó : 

\ Bello es vivfr 1 la vida es la armonía, 
Lai , peñascos , torrentes y cascadas , 
Un sol de fuego iluminando él dia. 
Aire de aromas , flores apiñadas. 



¡ Bello es vivir ! se ve en el horizonte 
Asomar el crepúsculo que nace; 

Y la neblina que corona el monte 
En el aire flotando se deshace. 

Y el inmenso tapiz del flrmanento 
Cambia su azul en franjas de colores , 

Y susurran los hojas en el viei\^o ^ 

Y desatan su voz los ruiseñores. 



¡ Bello es vivir ! se siente en U memoria 
El recuerdo bullir de lo pasado ; 
Camina cada ser con una historia 
De encantos y placeres que ha gozado. 

SI hay huracanes V aquilón que brama , 
Si hay un invierno ae humedad vesUdo , 
Hay una hogwra á cuya rbja llama , 
•Se abre un festin con su discorde ruido. 

Y uitft pintada y fresca primavera 
Con 8u BQianto de luz y orla de flores . 
Que cubre de vtrdor la ancha pradera 
Donde brotan arroyos saltadores. 

Y hay en el bosque gigantesca sombra , 
Y desierto sin fin en ia llanura , 

En cuya estensa y abrasaba alfombra 
Crece ia palma como yerba oscura. 

Allí cruz^ fantásticos y errantes , 
Gomo sombras sin luz y aparldones , 




roN JO -i: 7 -r^ :li \. 

Pardos y corpulentos eicbatei , 
AnMrtUas panterit y leoock 

A9I entre el nosso deéNMida nea 
Doerme el tigre fem hart» y traaqula . 
T de mu caerá en la entreritUrta boca 
SoUtarto se arrastra d ooeodrü». 

iHIo «TiTirt larldaeiU 
Lu, pcftafooft, torrentay 
Tn mI de üiezo numiiuiido ei día 
Aiíadearomaa, Ocres apiñadai. 



Aqui está el geoio del Zorrilla; esta es «a pomt. eila la tos óe m 
ilmt; aqoí su imaginación emprende libre y desembcrsxada IsseiKU 
qoe le marcó el destino; vida, animación . loiaoía, loees t eotorcs. 
Ta el poeta es espontáneo , ta no bnsca concepCos : todo lo q^e díee 
lo siente, su corazón ae satisface. 

T be aqni qoe el poeta, al conocerse á si mismo , aieoteqv en «a 
ánimo se renueran las dulces, vagas j temeronas i m pr eai oa es de la 
infancia , aquellos inolvidables sentimientos qoe acaso vaeeo á reeea 
en el corazón adormecidos ; pero que siempre deteminao b fodole 
de nuestro carácter. Zorrilla . cuando ya comprende d de lo takalo, 
te propone ser poeta nacional, y asi lo declara en la deJ ka Kwa que 
del tomo aegundo de sus poesías hace á D. loan íkmatú Cortés y 
D. Nicofloedes Pastor Diaz. 

I Puede haber en España ahora una poesía nacional? i cual seria ia 
efecto? ¿ qué cualidades distintivas ba de tener? Co verdad qoe es 
oportuna esta ocasión para decir cuatro palabras Merca de las ante- 
cedentes cuestiones s que se ocurren al discurso á cada paso y c/i0- 
pás del clamoreo que repetidamente se levanta para oenaarar eon 
acritud nuestra literatura UKKlprna , pidiendo nacíosalídad á voz ea 
grito y con mas impremedilaciou qiie otra cosa. 

Podría haber en nuestro tiempo una literatura nacioDal caaodo la 
España de nuestroa diaa conservable oo carácter eseirpcíonal, ¿ y quién 
seatreveráádeterminarelque boy día ladistiai'ue?>4díe seguramente, 
y el mas perspicaz razonador cuando mtente llevar á cabo esta idea, 
b ñnico que logrará será describimos el carácter que la España 
lavo. Esto, y nada mas, es lo que hicpn los que están empeñados 
ea que loa moradores de España han de formar una comunMad de 
ptrticularea condiciones. Ningún pueblo del mundo goza mas com* 
ptetamente de esta distinción que los cafres, los habitantes d^; 

OsaAS POÉTICAS. ^ 




XTIif DON JOSÉ ZORRILLA. 

Olaiti y los beduinos ; ¿ qué lograrían estos pueblos ood manteneri 
tacta su nacionalidad? lograrían no salir jamás del mismo ser y ( 
tado. Acaso sin embargo les couvendria esta inmovilidad ; y aunq 
esta consecuencia es en verdad falsa, la inmovilidad ademas esii 
posible : hasta en las mas torpes é inanimadas partes de la creaci 
el movimiento es ley indeclinable; no hay reposo en el universo, 
aun cuando fueran las naciones peñascos enclavados en las entraí 
de la tierra podrian decir : Seremos como somos, ¿ Cuánto menos i 
hombres, piedra de toque de la creación , resultado el mas compli 
de todas las fuerzas , punto donde todos los movimientos se cruza 
foco de variedad sujeto no soloá toda acción estrana sino tambi 
i la mutua influencia de ellos mismos ? 

Sigue la creación un camino que nos es desconocido, y en el caí 
de cseviage misterioso, toda modificación busca y halla la maer 
loda diferencia va á perderse á un mismo seno, y todo se dirige á 
solo fin. Aun obedeciendo á leyes secundarias el calórico tieodeá 
equilibrio , las aguas propenden á un punto y encuentran su nivi 
asi la humanidad tiende á un splo punto y á un nivel único comoel 
quido de un vaso que oscilando en decreciente^ alteracionea y d 
igualdades, encuenlra su centro ; asi las ideas tienden al cpamopo 
tismo, como al equilibrio el calórico. 

{face el sonido y conforme trascurre el espacio ya muriendo \ 
las caucas ipspeoiales que formaron la nacionalidad española se k 
ido amortiguando y tocan á su fin ; apenas el ojo mas pérmicas 
trasluce desvanecidas tras el tiempo ; apenas el mas delicado oi 
percibe ya esos sonidos como un eco remoto y moribundo. La ia^ 
sion de los fenicios, la de los cartagineses, y la de loa ronutnos ( 
bieron conci^iprir á crear una nacionalidad española^ pero aqoc 
nacionalidad ya murió. Sobrevino la irrupción de los bárbaros y 
combinación con el cristianismo , con la de los árabes y la gu^r^ 
los siete siglos volvieron á crear otra p^pionalidad que debió llega 
su apogeo en el reinado de los reyes católicos ; mas en este miai 
punto principia ya á modificarse con el descubrimiento y conqui 
del Nuevo Mundo, y mil sucesos sobrevienen sin interrupción i| 
tienden todos á destruirla. En vano es hacer aquí una resefia <j 
pertenece á la historia, seria demasiado prolija y sobre todo |u 
escusada. 

Corría el siglo xvui y la nacionalidad española ya no viyia mas (\ 
pasivamente , y á principios del xix fué menester todo el violeoU 
intempestivo contraste de la revelación francesa y de la irrupción € 



DON JOSÉ ZORRILLA. xix 

iMDgerm para que España saliese un momento de sa letargo y aintiesc^ 
«nacer en si BÍsaia el ánimo de Ips viejos tiempos. Todo h& cadu- 
cado ya en España : la alta clase es absolutamente francesa; la clase 
mté'im conserva algún ligero recuerdo de la tradición; pero tradición 
¡oe ya do se apodera del alma : el pueblo bajo de las capitales es ateo 
m religión, ateo ea política, y solo fuera del recinto de las grandes 
loblacionea vejetan los rastro9 de una nacionalidad perdida. ¡ Sin- 
pilar circoostancia ! es tal la falta de carácter propio de que la Es- 
M&a adolece boy dia que baata esa reversión que parece indicarse 
licia la religión y el culto, hasta es# tqw^xw )e vi^nc de Francia! 
¡Qué estrañamosy pues, que el pais ae manifieste tan eslraño á todas 
ns cuestiones que hoy agitan el mundo si no se acuerda ya de lo ga- 
■éo ni comprende todavía lo presente? 

¿ De la antigua España qué es lo que resta? alguin^ honesta fan^Iia 
de U clase media que ha educado sus hijos sin esmero , pero con la 
cristiandad y rigorismo propios de tiempos pasados. ¿ No recuerdan 
algunos jóvenes de hoy, no sienten de vez en cuando , el afecto reli- 
gioso que alguna vez siendo niños sintieron en el teíoplo de Dios , 
Movidos por la solemnidad de las ceremonias sagradas? Este afecto 
empero carece ya de fé, se recuerda acaso porque en los primeros 
años se sintió , mas la creencia no hubo tiempo de arraigarse en el 
alma : he aqní sin embargo el mas venerando resto de nuestra na- 



Zorrilla, que creyó dedioar á este su plunia y qaa hizo bien , Zor- 
rilla volvió á acordarse de los años de la infancia; pero hijo de este 
siglo qoe vino tan poco encadenado con los que pasaron ya , no le 
fcaaido posible concebir la nacionalidad ^spaqola como debió ser en 
loa liaopoa anliguoa , sino como la moderna E^spapa se figura que 
foé. Asi ea que, al través del empeño que el poeta manifiesta por herir 
loa sentimientos del pais, por ser esclusivamente tradicional, resal- 
lan mas que nada por una parte sus grandes facultades descriptivas, 
y por otra ae advierte que, cuando intenta hacer tornar la España á 
lo que fué , ea él quien se deja llevar por lo qi^e la España es. Por 
esto ea Zorrilla nuestro gran poeta popular, como ninguno sino él 
poede serlo, porque vino á la hora precisa y á donde debía venir 
coaio viajero que llega al término de $u viaje. ¿Cómo será posible 
que entremos nosotros ahora á esplicar las oportunas dotes que á este 
poeta distinguen? ¿como podremos hacer mención de todas las be- 
ileías que en sus poesías líricas resaitap? sería necesario trascribirlas 
eo so mayor parte. Asombra su CacuA^iit j ^ facilidad de su imagina* 




XX DON JOSÉ 20RRILLA. 

cion , la lozania de su verba poética , la riqueza de Tersificacioi 
despliega f y si nunca se ocupi prorundamente de kw afectos : 
la razoD , es en cambio testigo de su propia gloría. 

¿ A quién no encantaron aquellos versos de la parifrasia del 
irof? 

Hizo al hombre de Dios la propia mano , 
Que tanto para hacerle fué preciso , 
Hizole de la tierra soberano 
Y le dio por palacio el paraíso. 

AgU de miembros , la cerviz erguida 
Orlada de flotante cabellera , 
Los claros ojos respirando vida , 
Luenga la barba y con la voi severa. 

T k bella descripción que sigue hasta la de Eva que 

Era la hermosa de gentil talante , 
Acabada de pechos y cintura , 
De enhestó cuello y lánguido semblante , 
Rebosando de amor y de ternura. 

Clara la frente, altiva y despejada , 
Negras las cejas , blanca la megilla , 
Rasgada de ojos , blanda la mirada 
Do turbio el sol en competencia brilla. 

Tendida por los hombros la melena 
La blanca espalda de la luz velando , 
Hallóla Adán , al despertar, serena , 
Sus varoniles formas contemplando. 

Véase con cuan dulce afecto recuerda el poeta las impresiones 
giosas de su niñez, reflriéndose á la cual esclama en su composi 
á la rirgen al pU de la Cruz : 

Entonces ¡oh madre! 
Recuerdo que un dia 
Tu santa agonía 
Contar escuché : 

Contábala un hombre 
Con voz lastimera; 
Tan niño como era 
Póstreme y lloré. 

El templo era oscuro: 
Vestidos pilares 
Se vian y altares 
De negro crespón ; 



DON JOSÉ ZORRILU. xxi 

Y en la alU Tentana 
Meciéndose el Tiento 
Mentía un lamento 
De lúgubre son. 

La TOS piadosa 
To historia contaba , 
El pueblo escuchaba 
Con santo paTor. 

Oia yo atento 
Y el hombre decía : 
» I Y quién pensarla 

• Tamaño dolor ! 

» El Hijo pendiente 

• De cruz afrentosa, 
» La madre amorosa 

» Uorindole al pié.,. » 

El llanto anudóme 
Oido y garganta ; 
Con lástima tanta 
Postrema y lloré. 

La TOS conmovida , 
Seguía clamando... , etc. 

«te es ono de los mejores trozos de Zorrilla como poeta de sen - 
eoto, las dulces melancólicas memorias de la infancia lo han 
)ertado en su alma. ¿Y qué corazón no se conmueve al soplo de 
\ lemisimos areclos que son como bálsamo de las penas '> ¿ cuánto 
I el de Zorrilla tan accesible á todos los afectos fáciles, á todas 
impresiones estraftas y á todos esos sentimientos que pueden 
tarse de poca consistencia, pero que mteresan tan agradablemente 
oimo? Zorrilla , siempre poeta , todo lo siente, nada le absorve 
usivamente : abi esa variedad que en sus composiciones se 
nra, esa facilidad asombrosa que le distingue. ¿Quiere cantar la 
iay ei orgullo? loa versos brotan á raadales de su pluma : 

¿ Qué es el placer, la vida y la fortnna, 
Sino nn suelto de gloria y de esperann.* 
Una carrera larga é importuna 
Mas fiítifffwn cuanto mas se avania. 

Ragato de Indolentes sibtrilas 
Que velas d harem de las mogens, 
0|lo letal <pie d suefio fíKUttis 
Ai Arlo de raqoitioot plaosres/ 



ItlI DON lOSÉ ZORRILLAi 

Lejos de m{ ; no bastt á aü reposo 

El ramor de una fuente ()tie mutMtttÜ ; 
La sombra de un moral veHé f potti^M ( 
NI de un castillo la quietad segtifa. 

No basta á mi placer la inmensa tófá. 
Del báquico festín , libre y sonoro , 
De esclayos Tiles la menguada tfopá 
Ni las llaves de espléndido tesoro. 

De un Dios hechura cotñb Dios MAMo t 
Tengo aliento de estirpe soberao..» 



Un verdadero entusiasmo rebosa en está cóíllposicion; nada noshi 
dicho en ella Zorrilla que corresponda á ese verso « Deun Ktí 
hechura como Dios concibo » y nos ba seducido sin embargo, y k 
imaginación del lector simpatiza coH la soya dUando él esclama : 

Gloria! madre feliz déla éSpérStUl , 
Mágico alcázar de dorados stléfios , 
Lago que ondula en etemal bonanza 
Cercado de paisages halagüeños 

Donde con mas propiedad resalta la índole de nuestro poeta es ei 
los cuentos y leyendas que ya entre sus demás poesías 6 bien el 
volúmenes separados con el titulo de Cantos del Trovador líeti 
publicados hasta el dia con singular fortuna y gloria; ellos son b 
mas preciada hoja de su corona. Desde muy temprano manife8t¿2(»' 
rilla tendencias á este g*énero , el mas popular de todos tos países, 
aunque respectivamente en unos y otros se diferencia de (brroasj 
carácter. En su segundo tomo de poesías ya publicó dos, titulado el 
uno : Para verdades el tiempo y para justicias Dios; el otro llevad 
título de A buen juez mejor testigo. 

Su objeto al escribir en este género ha sido el mismo que le movü 
á variar la dirección que desde el principio había toniado su poesía, 
y en verdad que si la nacionalidad española pudiese ser aun evocadi 
del sepulcro de lo pasado y tornara á presentarse al oir la voz del 
poeta para permanecer su esclava , en verdad queesls misión estarte 
reservada á Zorrilla. La tradltíon tittiladá A bnéñJUeM fkejor testigo es 
una prueba concluyenle de esta aserto. Diego Martínez corteja á Inés» 
hija del hidalgo Iban de Vargas y Acofia; exije Itt mñm al amante qo^ 
le cumpla su palabra de matrifftMio y 61 tnotñ M McKHWTcon que mar- 
cha á la guerra de Flandes y f^úé i láVoéltá túiñ^tí domo es debido; 



DOn JOSÉ ZORRlLLAi xiu 

fiada la joven le hace jut*ftf lo ante brl Cristo que hay en la Vega 
se verifica la ciia. to jura y parle para Flandes de donde no 
sino capitán y caballero, trascurridos ya algunos años , y con 
nos de su nueva condición rehusa entonces el cumplimiento de 
jo ; desde aqui en adelante y siguiendo la narración. Zorrilla se 
á si mismo y toca le meta dé éua áftmei^ el ya el poeta nacio- 
a cumplido su empeño cuátidódifti. 

Era eatOIlM fie Toledo 
Por el rey gobernador 
El justicien)^ valiciitlB 
Don Pedro Rolt do AlirWÉ. 
Muchos años por su ^ttlá 
El buen viejo pOloó i 
Cercenado tiene ttil bHio i 
Mas entero él éofanm. 
La mesa tiene delante ) ' 
Los Jueces en dé tté é W , 
Los corchetes á la fMfH 

Y en la doréeha « ItalM 
Está como prosiderite 
Del tribunal sopOrHif... 

Una muger éh talpnaloi 
En faz de grando aflioQMn ; 
Rojos de llorar hw o|ob í 
Ronca de gemir la vos , 
Suelto el cabello y tí manto , 
TonDÓ (UÉi Él d aalMi $ 
Diciendo á grttot t « I JaaMa I 
Jueces : justíol«i MMr I i 

Y á los pies se arroji ttitaiMt 
De Don Pedro do Alarcon , 
En tanUJ ^9 los dirlMot 

Se agitan al rededor. 
Alzóla cortáf Don Podro» 
GalmaiMo li ^ooMskNi 

Y el tumultuoso aranliiitlo 
Que esta ertSoiNi oeástoBd 
Diciendo : 

« Muger, ¿qué qmoretP 

— Quiero Jostiola , señor. 

— ¿Deque? 

— De una prenda huriadc» 

— ¿Qué prendo? 

— Mi corazón. 
— ¿TúleáiitoP 

— btiresté. 




DOn 40SÉ ZORRILLA. 

•— i Y'no te le han vuelto? 

-No. 

— ¿Tieneitestigoe? 

— - Ninguno. 
—¿Y promesa? 

—Si, iporDioi! 
Que ü partirse de Toledo 
Un Juramento empe5ó. 

— ¿Quién es él? 

—Diego Martines. 

-¿Noble? 

— Y capitán, señor. 

— Presentadme al capitán , 
Que cumplirá si juró. » 
Quedó en silencio la sala; 

Y á poco en el corredor 
Se oyó de botas y espuelas 
El acompasado son. 

Un portero , levantando 

El tapiz, enalta vos 

Dijo : « El capitán Don Diego. » 

Y entró luego en el salón 
Diego Martines , los ojos 
Llenos de orgullo y furor. 

« ¿ Sois el capitán Don Diego , 
Dijole Don Pedro , vos ? » 
Contestó altivo y sereno 
Diego Martines : 

« Yo soy. 

— ¿ Conocéis á esta muchacha? 
—Ha tres años, salvo error* 

— ¿ Hicisteisla Juramento 
De ser su marido ? 

— No. 

— ¿Juráis no haberlo Jurado? 
—Sí, Juro. 

— Pues id con Dios. 

— I Miente! clamó Inés llorando 
De despecho y de rubor. 

— Muger, \ piensa lo que dices ! .. . 

— Digo que miente, Juró. 

— ¿Tienes testigos? 

— Ninguno. 

— Capitán , idos con Dios , 

Y dispensad que acosado 
Dudara de vuestro honor. » 

Tomó Martines la espalda 
Con brusca si^flfteodon , 




DON JOSÉ ZORRILU. xxt 

É Inés , que le viápiurtirse , 
Resuelta y firme gritó : 
« Llamadle, tengo un testigo. 
¡ Llamadle otra yes , señor ! » 
VoItíó el capitán Don Diego , 
Sentóse Ruiz de Alarcon , 
La multitud aquietóse 

Y la de Vargas siguió : 
«Tengo un testigo á quien nanea 
Faltó yerdad ni razón. 
-¿Quién? 

— Un hombre que de tejoi 
Nuestras palabras oyó 
Mirándonos dpsde arriba. 
—¿Estaba en algún balcón? 

— No , que estaba en un suplido 
Donde ba tiempo que espiró* 

— ¿ Luego es mueito? 

— No,quevlye. 

— Estáis loca , i ylve Dios I 
¿Quién fué? 

— El Cristo de la Vega, 
A cuya faz perjuró. » 

Pusiéronse en pié los Jueces 
Al nombre delRedentor, 
Escuchando con asombro 
Tan escelsa apelación. 
Reinó on profundo silencio 
De sorpresa y de payor, 

Y Diego bajó los ojos 

De yergúenza y confusión. 
Un instante con los jueces 
Don Pedro en secreto habló , 

Y leyantóse diciendo 
Con respetuosa yoz : 

« La ley es ley pan todos, 
To testigo es el mejor, 
Mas para tales testigos 
No hay mas tribunal que Dios. 
Haremos... lo que sepamos; 
Escribano , al caer el sol 
Al CmsTO que está en la vega 
Tomareis declaiiaion. 



Es una tarde lenoa 
Cuya luí tornasolada 




nfl • DtN lOSÉ ZORRILliür 

Del purpurino hwiienl^ 
Blandamente se derrama* 



» • 



Allá por el Miradero 
Por el Cambrón y Visagra 
Confuso tropel de gente 
Del Tajo á la vega ba|a. 
Vienen delante Don Pedro 
De Alarcon , Iban de Vargas > 
Su hija Inés , los escribano! « 
Los corchetes y los guardias 

Y detrás aionges ^ hidalgos , 
Mozas y chicos y eanallaé 
Otra turba de curiosos 

En la vega les aguarda « 
Cada coid comentando 
El caso según le cuadra* 
Entre ellos está Martínei 
En apostura bicarra, 
Calzadas espuelas de oro i 
Valona de encaje blanca , 
Bigote á la ^Kirgoñesa ^ 
Melena desmelenada $ 
El sombrero guarneeide 
Con cuatro laicos de plata j 
Un pié delante del otro f 

Y el puno en el de la espada. 
Los plebeyos de reojo 

Le miran de entre las eapaa i 
Los chicos al uniforme 

Y las mozas á la aara. 
Llegado el gobernador 

Y gente qué le acompaña 
Entraron todos al dáustri» 
Que iglesia y patio separa^ 
Encendieron ante el Cristo 
Cuatro cirios y timi lámpara i 

Y de hinojos un mdmeÉto 
Oraron allí en voi baja. 

Está el Gtnffro de bi Vega 
La cruz en ttefra pomña > 
Los pies alzadoi d^ Sti^o 
Poco menos de utia tara j 
Hacia la severa imágiBii 
Un notario se adelanta , 
De modo que con el rostro 
Al pecho santo llegaba. 
A un lado tiene á Martifiaa , 
A otro lado á InéséeVargü, 




DO!V JOSÉ ZORRlUiá. Ki?n 

Detrás al gobernador 

Con sus jueces y sos guardias* 
Despaes de leer dos veces 
La acnsacion entablada, 
El notario á Jesncrlsto 
Asi demandó eú toc alta : 
» Jesús, Hijo de MariOt 

> Áníe nos esta tnaüasia 
» Citado como testigo 

» Por boca de Inés de f argot, 

> ¿ Juráis set cierto que un diá 
» Á vuestras plantas divinas 

» Juró á Inés Diego Martinex 

> Por su muger desposarla? » 
Asida á un braxo desiiiidó 

Una mano atarazada 

Vino á posar en los antoi 

La seca y hendida pa'ma, 

Y allá en los aires «{ Si , jijeo ! » 

damó una voz mas qué huiúáfil. 

Als6 la turba medrosa 

La Tista á la imagen santa... 

.Los labios tenia abiertos, 

T una mano desclavada. 



el boDor, la religioD y el rigor justiciero constituían en su con- 
el carácter distintivo de los magistrados españoles en el tiempo 
t esta leyenda alude, indudablemente en el gobemadlor Don Pedro 
I aunados con un admirable instintp de nacionalidad. Bajo este 
;to creemos que esta es la mejor leyenda de borrilla, porqué ella 
prende y desarrolla todo el espíritu de ía tradición , ya sea por 
ndicion de ella misma, ya porque el ánimo del poeta estuviera 
ispuesto á este particular asunto , ó acaso porque cuando se trata 
^terminar lo que entre las confusas percepciones de la educación 
ebimos, con tanta mas espontaneidad se logra cuantos menos ac- 
ites han sobrevenido en la inteligencia con el trascurso de los 
. Lo cierto es que en los Cantoé del Ttovádor^ largo tiempo des- 
dados á luz y no resaltan tanto como en los cuentos primeros las 
riones nacionales, sino que han perdido en espohlaneidad lo que 
"etension de serlo ban aumentado , y pudiera decirse que el sabor 
i nacionalidad en ellos está mas diluido, es mehos puí*o. Efecti- 
míe en los Cantos del Trovador da á la Imaginación el poeta 
baa largas á costa de láá arecciones que son su objeto, y asi pa- 
rendirse á la fuerza de sus facultatlea (MicrIpUvaa éitopietdte no 



xivitf DON JOSÉ ZORRILLA. 

siempre al fin propuesto , si mas bien á la satisfacion del genio dd 
que escribe , ó acaso á las obligadas dimensiones de la publicacioa 
periódica. Bien que esla coacción nunca es parte á que, peor ó roejoTí 
no tome vuelo la índole del ingenio, sino que al contrario entonoM 
rinde sus mas fáciles frutos. Sujeta la inteligencia á dar periódioft* 
mente un grande y medido producto, aun cuando sea sobre detemí* 
nado objeto, tal escritor recurrirá á un talento filosófico, tal otroák 
descripción si le es fácil , y un tercero se arrojará al espacio de la &» 
tasia , aunque todos acaso con desventajoso provecho al que de coa* 
ciencia obtendrían. 

En los Cantos del Trovador campea el ingenio de Zorrilla coa on 
libertad y gallardía que enamora ; allí está su alma , su vida , su ish 
teligencía , todas las facultades que le adornan. En vano seria trattf 
de hacer el elogio de estas producciones sin estendernos en una largí 
copia de muchos de sus trozos. 

Entre los varios cantos de esta publicación hay uno en que el autor 
se propone escribir según el género de HoflTmann ; aludimos á la Pé- 
sionaria que el poeta quiere sea cuento fantástico ^ y aquí se presenil 
ocasión de decir cuatro palabras acerca de este género de poesía. 

Si la descriptiva es la pintura de la naturaleza por medio de la pa- 
labra, puede la fanlásiica llamarse pintura de los pensamientos; ni 
una ni otra pueden existir sin imágenes. El mérito artístico de la prí* 
mera consiste en la cabal correspondencia entre la imagen y el ob- 
jeto, en la verdad física; el de la segunda lo constituye la relación 
razonada que existe entre la imagen y el pensamiento. ¿Quién duda 
que á cada paso aplica el poeta las imágenes á objetos que no tienen 
ninguna correspondencia en la forma? Esto, pues, no es describir si 
nos hemos de atener á su sentido riguroso. 

Cuando el poeta nos presenta imágenes sin correspondencia con 
la forma de objetos materiales y sí solo con sus condiciones ó eoo el 
entendimiento, deja de ser por entonces poeta descriptivo, pasando 
á hacer uso de la fantasía que es la facultad de espresar por imágenes 
las percepciones razonadas. A la fantasía pertenecen la comparacio- 
nes, ya se refieran á la acción , al modo, al atríbuto ú otra circunstan- 
cia cualquiera; bien es verdad que tanto mejores serán cuantas mas 
condiciones abracen y mas perfecta correspondencia observen. Las 
comparaciones toman diferentes formas en la espresion ; pero eo 
todas se sobreentiende el adverbio comparativo como. 

Cuando Jorge Manrique dic6 : 



DOÜ JOSÉ zorrilla; xxix 

Nuestras vidas soo los ños 
Que Tan á dar en la mar, 

O es notar que no quiere decir que materialmente los ríos sean 
vidas; y elmérilode esta comparación consiste en que con- 
aderando cómo trascurren nuestras vidas j acal>an por dejar de ser, 
perdiéndose en nn porvenir indescifrabley comprende el poeta la ana- 
kí/fm qne bay entre estas circunstancias y las de trascurrir los ríos , 
Iqar de ser tales y confundirse en la mar donde todas las aguas se 
pierden. 

Acostumbra la fantasía á concebir sintéticamente las ideas, pres- 
ñndiendo da circunstanciados pormenores que, sobre desvirtuar el 
rfiecto de la espresion , convertirían la inspiración , estro ó numen en 
mxMíamiento; si bien la síntesis trac consigo el inconveniente de que 
loa lectores no la comprendan quizá, en cuyo caso suele llevarlos el 
anor propio á condenar por malo lo que leen. 

De lo dicho basta ahora se deja conocer, y todo inteligente lo sabe, 
que no bay poeta sin su parte de fanlasia , y asi precisamente ha de 
ser si se conaidera que á la altura en que el humano entendimiento se 
eocuenlrano puede existir ninguno esclusivamente descriptivo, pues 
bastaría la simple relación con los hombres para infundirle conoci- 
mientos mas complicados. Se observa, sin embargo, que tanto mayor 
es el poeta, mas fantasía desarrolla, y se ve confirmado este aserto 
desde Moisés y Homero hasta el presente, y se echa también de ver 
que cuando mas incremento las ideas toman , tanto mas de arranque 
k fantasía. Examínese la copia de pensamientos que la Diada arguye, 
y compárese con la que el Fausto de Goethe contiene ; el resultado 
manifestará aquel principio, dando á entender en parle la razón de 
las diferencias que entre estas dos obras existen. 

Una simple comparación basta para enunciar un solo pensamiento; 
pero como rara vez dejan de ir estos encadenados entre si , y fre- 
coenteroente lo están en suma complicación , no bastan las compa- 
raciones para esplícar la mente del poeta, y de aquí el echar mano de 
lasccion para manifestar con ella la concatenación de las ideas, que 
es loque con mucha frecuencia hace la poesía fantástica. En este caso 
la acción que el poeta supone y que debe ir encaminada á un fin , 
puede decirse que es una serie, una hilacion de comparaciones, cada 
ooade las cuales representa un pensamiento parte del complejo á que 
la obra se dirijo, y todas ellas de consiguiente tienen que estar sujo- 
tts á la lógica de los mismos pensamientos que representan , lógica 
que no consiste mas que en una séríe de mutuas referencias entro los 




txt DON JOSÉ ZORRILLA. 

medios de espresion y las ideas. Estas consideraciones son apli 
al poema fantáslico, mas ó menos estenso, mas ó menos complit 
Como la fantasía, cuando echa mano de la acción para espn 
necesita determinar desde luego los principios sobre que la 
ha de girar, se ve obligada á guardar consecuencia con ellos € 
el discurso del pensamiento; esto en caso de que la idea ten( 
dad ; pues si no la tuviese , se reducirá el poema á una serie di 
mas ó menos remotamente relacionadas entre si, pero que hace 
recer deslabazada la obra. De esta especie es el Fausto, que, { 
sobre un personaje que simboliza el espíritu y la materia , pi 
una serie de cuadros para cuya mutua conexión hay que sup 
multitud de raciocinios, que si el autor los suplió, y no es su < 
resultado de la percepción irrazonada, sino mas hiende lo coi 
arguyen un talento asombroso. 

No solamente no se contenta la fantasía con invadir las altas 
nes del pensamiento, adornar con su magnifica vestidura las c 
y llevar consigo la filosoña, sino que también á cada paso y o 
guiar lucimiento se presenta en el campo de los afectos. Aquí et 
también vigorosamente se desarrolla , en virtud de que son le 
tos percepciones sintéticas de cuyas causas podemos apenas 
razón , mas en ninguna manera de su modo de ser. No poden 
señarlos especulativamente, solo infundirlos por intuición , 
se verifica obviamente por medio de imágenes, ya sea presenü 
desde luego , escitándólas en la imaginación , dispertándola 
memoria. Los afectos por lo tanto pertenecen de derecho á la 
constituyen el objeto principal de la dramática , aunque esta g 
mente no trata de mover sino los mas comunes,i y la fantasía ; 
dera de los mas delicados ó profundos. Esta es la razón por 
afectos espresados por ella sucede muchas veces no ser de \ 
comprendidos, ya en virtud de la organización individual, ya 
el autor baya escrito en un estado de grande sobreescitacion. £ 
modos, cuando la fantasía se propone escitar una afección en e 
del lector, le presenta á la vista una serie de cuadros, incong 
al parecer acaso, pero conducentes todos al mismo objeto, 
entre sí por una misma espresion en el fondo, por la que llai 
gica del sentimiento. Procura á menudo la fantasía producir 
siones que la razón no puede analizar, no puede comprender 
cualidad , de mucho efecto, es la que poseen en alto grado los < 
de Hoffmaün. 

Bien distante de la imitación de este modelo se quedó Zor 




DOll tetó ZORRILUL. vM 

ento titulado la Poiionaria , por mucho que la intención del 
fueae escribir en aquel género. El cuento en cuestión no tiene 
Qtasía roas que el simbolizar en la flor la tierna amante aban- 
la ao ^ olvido y que aparece moribunda cuando la flor es arren- 
dé 8tt tallo. Muchas belte^paa hay en este euento^ mas no cumple 
mbargo completamente con su propósito. El autor advierte 
! luego en la introducción que la fantasía alemana no es propia 
Duestro pais : y á mas de que no es cfeible que si lo sea para 
Igo de aquel y ed de notar que el críenlo de la Pasionaria tiene 
liante para no ser entendido por U iqayoria de los lectores, en 
o al fondo , y no lo suflciente para los que puedan entenderlo. 
DOS pregirntase en qué obra ha desarrollado iibas fantasía Zor- 
citariamos muchas composiciones suyas superiores en esta 
lad á las que tienen pretensiones de tales. 
ISO son los versos en que mas fantasía ba lucido Zorrilla 
los del dia sin sol^ ó los de la ira d$ Dios que dicen, después de 
ibir ei palacio donde mora el ángel csterminador : 

Ni ser alguno penetró el misterio 
Que guarda allí la ciencia omnipotente , 
Ni se sabe cuyo es aquel imperio 
IKmde nunca se oyó rumor de gente; 

En este bosque oculto y solitario , 
En este alcázar negro y escondido , 
Donde nunca llegó pié temerario , 
NI descansó Jamás ojo atrevido, 



7im% el Señor las arcas de su enojo 
T el bomo de sus rayos encendido. 

Y allí TiTe un espíritu terrible 
Que al son de aquellas aguas se adormece , 

Y é 1m ojoa de Dios solo visible 
Ü aoento á% Dios aok» obedece. 

Espíritu sin fin ni nacimiento , 
La eternidad existe en su memoria : 
Él tolo del sagrado firmamento 
Estera sabe la infinita historia, 

Y altólo ruido de sus i^egras alü, 
A su sola presencia transitoria, 
Del firmamento en las eternas salas 
Se suspenden los cánticos de gloria. 

Aborto del furor omnipotente , 
Apoéafal torro que las vidas eueota , 



xxxH DON JOSÉ ZORRILLA. 

Vela de Dios el arsenal ardiente 
Y los ultrages del Señor asienta. 




Y lo mismo puede decirse de los versos en que continnando 
de la copa en que hierve la ira de Dios : 1 

Y alli buUe en el fondo envenenado 
La única de lüror lágrima hervida 
Con que lloró Luzbel desesperado 
Su venturosa eternidad perdida. 

En aquel arsenal inespugnable , 
Instrumentos de la ira omnipotente , 
Germinan en rebaño formidable 
Las mil desdichas de la humana gente. 

De alli se lanza con horrible estruendo 
A ejecutar la voluntad divina 
El misterioso espíritu tremendo 
Que en este alcázar funeral domina. 

Con él va la tormenta ; el trueno roneo 
Bajo sus alas cruje; desgreñada 
De armas y quejas con estruendo roneo 
La guerra detrás de él va despeñada : 

Y asidas á las orlas de su manto 
Van tras éi con la muerte descarnada 
La peste , el hambre , y el amor, y el llanto , 

Y la ambición de crímenes preñada. 

No hay ramo de la poesia que Zorrilla con su múltiple talento 
haya invadido, y era imposible que su genio audaz retrocediera aole 
propósito alguno. 

Estaba nuestro teatro reducido á ser un mal traslado de la eacent 
francesa, y solo traducciones vcia el público. Habían ya dado algunos 
y daban en decir que el público deseaba comedias originales, ht 
cuales por esta razón le complacerían mas que las eslrañas, y solitB 
acriminar de esta sujeción á las empresas, tachándolas de poco 
afectas al pais. Desgraciadamente al público español de hoy dia j i 
estos pasados años se le importa muy poco que la comedía á que I 
asiste haya sido fraguada mas allá de los Pirineos ó en la cabeza de [ 
quien vio la luz primera de la frontera para acá ; y la única diferendi i 
que en cuanto á la representación de comedias puede haber por i 
parte del público es que á las originales pueden concurrir muchof 
particulares amigos del autor y á las traducidas ninguno del qoe hs 




DON JOSÉ ZORRILLA. xxxin 

kguó en la capital de Francia. Si el público español hubiera tenido 
tuviera exigencias dé nacionalidad en el teatrd, las empresas 
ibrian tenido buen cuidado de satisfacérselas, y son buena 
Deba de la indiferencia pública en esta parte las traducciones que 

han representado y representan. •;, 

La Francia lleva en estos tiempos la bandera , si asi puede decirse," 
i la poesia dramática , como de la literatura en general , porque la 
"ancia, si tal comparación se admite, es la pregonera oel mundo. 
3dos l«>8 ramales del saber y de la inteligencia han ido á cruzarse 
ese pais para combinarse en su seno é irradiar por todo el orbe la 
X civilizadora del siglo. La Francia pone muy poco de su parte, 
:aso mas que nada pone la charlataneria , pero es precisamente 
)mo debe ser |)ara el caso. Toda nación ha ídoá rendir tributo á ese 
oeblo de gente aguda y liviana , y él tomando de todos prestado lo 
lejor por cualidad ó por brillo se presenta cargado de la vana 
iqueza del mundo. Y asi tiene en su literatura lo mejor de cada pais , 

en su teatro el ingenio cómico del occidente con la profunda pasión 

hondos afectos propios del sefitentrion. ¿Tan distante está por ven- 
ira el teatro francés del español ? Si Calderón hubiera resucitado en 
st^ siglo con las modificaciones propias del tienjpo, á Calderón lo 
oconirarian en Francia : su ingenio lo imita Scribe , la pasión con 
,ue á veces escribía , en muchos dramas de allende se hace sentir. 
»e dirá que en nuestro moderno teatro se exageran las pasiones y las 
ualidadrs; si, seguramente, del mismo modo que en el antiguo se 
xagera la lealtad , la honra y el valor : se dirá que en el moderno 
eatro se alambican los afectos ; si , cabalmente como en el antiguo se 
lambicm la galantería : se dirá que en nuestra escena se comete uoa 
otabte inverosimilitud suponiendo en todo individuo cualidades de 
enümieoto y pasión que faltan en la mayoría, todo con objeto de 
atisfacer un prurito filosófico exagerado ; precisamente á semejanza 
el aoiiguo teatro que hacia teólogo á todo el mundo : añadirán que 
aj iuiiioralidad ahora; es probable que se dijera lo mismo de Lope 

Calderón y Tirso. 

¿Pues qué, la magnánima lealtad y devoción á su rey de Sancho 
iftiz de las Roelas ha sido jamás común á la multitud en España? 
ó lo dedaciremos asi de la cáfila de vasallos turbulentos é insolentes 
06 Doa pone en claro la historia? Dígase que esa devoción al rey 
ra mas general en aquellos tiempos, y se dirá verdad ; porque era 
alaral que reasumido el feudalismo á viva fuerza en mano de los mo- 
, priocipíaae la multitud por respetar el severo y ejecutivo 
OsBAa poáncAS, ^ 




xxxiY DON JOSÉ ZORRILLA. 

poder de la corona , y acabase por afícionarse á la mas paternal 7M|j 
poderosa dominación de sus royes. Pero todos estos afcct<M faerofl 
debilitándose á los embates del tiempo, y si entonces las tendenñÉ! 
generales de la sociedad eran aquellas , ahora son las fllosóflcas, c|ai| 
están combatiendo y casi han derruido y derruirán inraliblementeflr^ 
castillo de la tradición. Porque esta es ley constante que todob 
rige. ¿Y qué valen los esruerzos de la literatura por resucitar hH 
pasadas formas, qué valen contra el hacha incansable del tíeill|n, 
contra el incontrastable empuje délas ciencias que van conquislaiMo 
el universo, llevando por do quier el cosmopolitismo del penaamieDlo? 
solo el vapor bastaría para acelerar la Tusion de todas las nacionali- 
dades. 

En el antiguo teatro y en el moderno los ingenios relerantes no 
exageraron , sino que Formularon las tendencias sociales ; donde exiili 
la arcctacion es en los ingenios secundarios que no alcanzan d beber 
en el manantial del talento y hacen impotentes esruerzos para empar^ 
jarse con las inteligencias privilojiadas, y también existe Frecuente- 
mente en los que pretenden resucitar lo pasado, ateniéndose á lo 
que les dejaron escrito y queriéndolo aplicar á épocas ya diferentes. 
Por eso hay tantas é^^logas anacreónticas é idilios malos ; por eso 
es tan difícil resucitar nuestro antiguo teatro con todas sus formas 
sin reducirse á una servil imitación , á mas de ser trabajo perdido 
para el porvenir. 

El antiguo teatro , si , puede resucitarse : pero es nn error creer 
que se hade hacer con caballeros de capa y espada, dueñas y damas 
con manto. No está ahi la cualidad capital de aquel tealio; está en 
el fondo, en el ingenio, y en la verdad de la espresion á menudo. 
Pero en cualquier época, con cualesquiera personajes puede reba- 
bililárselc, porque el ingenio rs uno siempre, porque la verdad es 
por igual acce8it)le. El teatro de Calderón hace ya muchos años que 
está entusiasmando á la Europa del siglo xix , este teatro es el de 
Scríbe. Todavía mas, en Esfiaña está ya marcada la senda que el 
teatro ha de seguir, cuya gloria le cabe á un joven poeta cómico qne 
en gracia á su modestia no nombramos y que en las pocas comedias 
que á luz lleva dadas indica presentir resueltamente et mmlM). Bien 
es verdad que acude á veces á bastardos afectos de localidad , amen- 
guiuido y zahirienilo la gente estrangera ; pero este es au defecto ea 
que caen casi todos nuestros poctns dramáticos , interpretando por 
nacionalidad sentimientos del público comunes á todos ios paiaesy 
aun á todas las poblaciones ^ sentimientos exacerbados en Etpiili 




DOlf lOSÉ ZORRILLA. xxxf 

fnnstancias polilicas. Este mismo defecto de que tratamos 

la debilidad de las afecciones que quiere tocar, porque ea 
( Tiandas escitantes que se ofrecen al inapetente. 
)at¡da ha sido la cuestión de si el teatro es ó no la escuela 
urobres. Nosotros creemos que lo es unas veces y otras no ; 
le poco sirve en el primer caso si la moral de que se reviste 
armonía con otras causas mas profundas y poderosas que 
de la tendencia de los ánimos ; de modo que en caso de 
icion moral, es irms bien para coadyuvar al progreso de las 
e para sostener una moralidad distinta ; porque no existe 
dad absoluta que muchos quieren concebir, sino que está 
;ada al sistema, del cual es un resultado, es el hábito que 
i engendra ; pero cuando el sistema mismo es el comba- 
ito del combátelo procuran armas de otro temple, porque 
ad es solo una fuerza pasiva , fuerza que va decayendo de 
n en generación, porque al querer imbuirse en la naciente 
'evolución 'resquicio por donde presentarse á la lucha en 
lal y sol partido. Y así la cuestión es de principios , y la 

un arma tan embotada que estorba pero no hiere, 
leraley de la poesía dramática, considerada como espectá- 
co, es interesar á los espectadores ; como ramo de la inte- 
11 ley es presentar una serie de hechos que en sus principios 
rsonifiquen los vicios, las pasiones, los afectos, las ideas, 
», en una palabra las condiciones posibles en el hombre, 

entes morales simbolizados conforme á sus atributos, y 
as se sujeten en su mutua trabazón alas leyes de la lógica, 
d comparativa en este caso. 

ia dramática, pues, en su mayor latitud es un cuadro de 
puestas en acción. Aquí las imágenes son por lo común 
i , la acción del argumento. Cuando aquellas no se refieren 
r, dan lugar al drama fantástico; en ambos casos la acción 
esponder con el principio : el avaro lo sacrifica todo al 
. caridad en los autos sacramentales procura el bien del pro- 
Bologla arguye, la fé cree. 

)argo , muchas leyes secundarias vienen á cruzarse en la 
lino indispensables para la esencia , convenientes para la 

unas, para la trama otras, varias para el realce de valor. 
el principio lógico que rije todas las obras de las facultades 
les, llamado verosimilitud en las dramáticas , la invención 
n nuevaa oo nbinaciones de ideas , dando á la idea su sen- 




xxxvi DON JOSÉ ZORRILLA. 

lido mas lato y genérico. Esta novedad puede referirse á caracteres, 
ya en cuanto á su Índole, ya en cuanto á sus condiciones ; pueds 
adrmas existir en las ideas simbolizadas en la escena, ó bien en 1t 
simbolización misma ; también puede hallarse en las circunstanciis 
dadas sobre que la acción gira^ ó bien en las incidentales. Ultima- 
mente se suele suponer también la invención en los resultados que 
produce. Saber aunar la novedad y la lógica constituye la bondadde 
la invención, su mayor ó menor mérito está en el realce de ambas 
circunstancias, su valor se mide por los resultados. 

La trama dramática es, digámoslo asi, el cruzamiento, el enlace 
de los principios determinados de antemano ; su objeto debe ser 
producir grandes contrastes ó grandes simpatías, ya se refieran al 
ánimo , ya á la razón, contando para ello con ese univorsal resorte, 
con esa ley imprescindible, esencial, á que está sujeto el hombre, 
la de referirlo todo asimismo, porque solo en si mismo tiene la 
sensación. Se le concede al poeta dramático el recurso de circuns- 
tancias incidentales que modiñquen la acción; estas circunstancias 
sirven de mucho, pero tienen también graves inconvenientes. Como 
que el ánimo lo refiere todo á si mismo, la razón lo hace iguaimeote; 
si la incidencia es casual en todo el rigor de la palabra , el ánimo se 
afecta de ella tan poco como del temor de las casualidades ; la razoD 
se afecta menos ; semejantes incidencias solo son admisibles en gra- 
cia á sus efectos que pueden interesar á la razón y al ánimo; por eso 
pueden servir, aunque con parquedad, como base de la acción, 
nunca como medio. Sacar partido de los principios puestos en juego» 
y sobre todo lograr que los resultados de la acción y los medios em- 
pleados para su desarrollo y desenlace sean imprevistos es la tarea 
del ingenio dramático; este artificio estriba en valerse al efecto , 
dadas ya las bases , de deducciones lógicas que el lector y mucho 
menos los espectadores no han podido hacerse, á no hallarse en aquel 
entonces en circunstancias dadas iguales á las del autor al escribir, 
es decir, á no ser el autor mismo. 

Se realza el valor de una obra dramática con el de los pensa- 
mientos que encierra ó insinúa en cualquiera de las partes de que 
consta. 

Como el teatro necesita , so pena de no existir, corresponder á su 
carácter de espectáculo público , procuran ante todo los autores ia- 
teresar ála concurrencia y echan mano del medio mas obvio que hay 
para lograr este objeto; el medio es halagar sus afecciones, porque 
si el poeta las contrastase se perdería probablemente , y siquiera se 




DOIf JOSÉ ZORRILLA. xxxvii 

e con no acariciarlas lo baria á espensas de su fortuna, 
nodos seria quizá empresa gloriosa, ¿pero tan fácilmente se 
i el mártir que la cargue sobre sus hombros? 
i necesidad, de esta sujeción ban nacido esas diferencias 
le teatro á teatro, admisibles algunas por razones de comu- 
ingana por superiores razones, necesarias y conducentes 
i , pero por lo que dijo Lope de Vega : 

El vulgo es necio , y pues lo paga , es justo 
Hablarle en necio para darle gusto. 

1 cnanto á la comunidad de los hombres; por lo demás , 
iodiridual mente tiene tanto derecho como cualquiera otro 
ne.es^pcion de la regla. 

Nfeoras de esa antipatía que existe siempre entre pueblos y 
confinantes , han sobrevenido en España por estos años las 
ncias que nos suj(4an á la influencia de los cstrangeros, se 
tado con este motivo el entumecido orgullo nacional, exa- 
»e contra ellos, aunque á la verdad, no ellos, sino el 
con sus lógicas leyes tiene la culpa. Con este motivo casi 
!8tro8 poetas dramáticos acuden á tan poderoso resorte 9 y 
B DO es quien menos lo esplota D. José Zorrilla. Él y todos 
pables; pero la posteridad borrará sin lástimas esas pági* 
as de mas elevado objeto. 
^ que da mal trato á su propio ingenio por la misma persua- 

quH vale y puede, acude con frecuencia en sus obras dra- 
los resortes fáciles y no finos, necesarios para simpatizar con 

agudo gusto del público ; resultando de aquí en sus produc- 
a marcada tendencia al melodrama. Asi es que no ponees- 
jado ni en los caracteres, ni en la intriga, ni en los afectos 
, variados y signiíicalivos de que pudiera sacar partido. 
I los caracteres mucho trabajo , porque son creaciones de la 
n y la reflexión á la par. ¿ Qué perspicacia tan aguda no nece- 
ntes para comprender el carácter de Sancho Panza, y qué 
10 hubo menester para manejarlo? ¿qué perspicacia tan va* 
ral no debia asistir á Homero para concebir todos aquellos 
. de la Iliada y qué seso y madurez para desarrollarlos? ¿qué 
id tan trabajatla no es la de Shakspeare al describir los.hé- 
la tragedias? Y si nos detenemos á examinar todos fgt ca- 
eaarrollados por los ingenios, ¿ no hallamos ser resultóos 
reepcion masó menos varia pero siempre sutil , ya seadQl 



xxxTiii DON JOSÉ ZORRILLA. 

ánimo, ya de la meóte? Seguramente, toda obra literaria es el renl* 
tado de las facultades perceplivas, roas ó menos desarrolladas , pevl 
en los caradores aparecen estas mas de bulto, porque se presenta 
en conjunto y como palpables. Pero el público no tiene esas facul- 
tades bastante trabajadas para poder sentir el mérito de su mas alti "* 
ejercicio, y Zorrilla, se lo decimos como leales amigos, es lástim í° 
que las tenga tan superiores que conozca con tal tino las flaquezas U ^ 
público. Cuando se ven resaltar en sus dramas dotes tan brillantes, y ^ 
una disposición singular para concebir el orgullo, la valentía, caba- ^ 
llerosidad y consenso de la España tradicional , ¿ no dá dolor veráoie- ' 
nudo convertirse en baladrones sus caballeros? Bien es verdad que, 
si al pueblo español le quedan de sus antepasados la fé, el denuedS| 
la honradez y el orgullo , le quedan como un edificio carcomido cuyoi 
cimientos arrebata el curso de los siglos y que ya abandonaron sos 
principales moradores; y entre la multitud, que marcha siempre de» 
tras, la fé perdió su unción y se redujo á la resistencia, el denuedo 
casi perdió el camino que llevaba, la honradez aquella se avillanó ea 
la plebe y ya caduca , el orgullo hubo de alimentarse de fanrarrooa* 
das. El orgullo nacional es lo que mas pone en juego Zorrilla, y n 
estilo depende de aquellas consideraciones. 

Si á esta seducción que ejerce con el público, se añade ese frresÍB- 
tible medio que posee para cautivarlo , esa versificación que le dis- 
tingue, podrá calcularse el mucho poder que arrastra su tálenlo. Loi 
versos que brotan de su pluma encantan; fáciles, de florido estilo J 
música resonancia gozan la cualidad que distingue la versiflcaciol 
y estilo de todos los ingenios inspirados, la cualidad de estar ena^ 
monía tal con el ingenio creador, en semejante concordancia, quelí 
espresion no puede ser mas propia del caso dado. Espresion ded» 
mos porque creemos , no solo que el estilo es parte integrante de 
ella, sino que también la versificación la ayuda. Hay indudablemente 
en la cadencia de la elocución una armonía intima con el sentido; 
interpretarla, sentirla pertenece á la declamación , es verdad; pero 
la sonancia armónica del verso la ayuda, la auxilia, porque con el 
halago de la música escita el sentido y como que lo predispone y dt 
finura. No consiste sin embargo el mérito principal de la versificación 
en la música, aunque es muy común en los que hacen versos anle- 
ponerla á todo ; es nada mas que un auxiliar, pernicioso si se eleva á 
la primacía. Esta auxiliar es la única esclusiva diferencia que existe 
entre la prosa y el verso, no esa virtud inconcebible é informulada 
que le suele atribuir el vulgo , suponiéndolo enteramente desprendido 




DOrr JOSÉ ZORRILLA. xxxu 

I accidentes de la prosa. La versiñcacion está sujeta á los 
lolulameote, salvas las consabidas libertades concedidas 
la precisión del metro, y de las cuales en verdad debe el 
cuanto le sea posible. 

estar sujeto el verso á todos los accidentes de la prosa, lo 
mil mas, no diferentes, sino mas complicados, varios y 
razón es el dedicarse á espresar imágenes y afectos, ha- 
lo tanto de usar las infinitas iiiflexiones de sonido que 
rollan con el sentimiento y aquellas con la acción. Aquí 
ladero, el grande, el mas admirable valor de los versos, 
nlinua igual cadencia y semejante resonancia ; porque si 
cualidades seducen á una mayoría grande de lectores , 
coa la música su oido que con la señora facilidad logra 
f con la cadencia armónica se deleita , hay una armonía , 
^ica mucho mas profunda cuyas bellezas las sienten solo 
leiones finas y trabajadas, bellezas cuyo encanto pasa del 
ira penetrar en el alma. Hay una melodía en el lenguaje, 
nelodia en la música, que no depende del compás ni de la 
lo que se auna con ellas para hacerse mas sensible, aunque 
e de sonidos es aplicable : por eso.es melódica la voz del 
* eso oimos á veces ruidos vagos que embargan el ánimo , 
la naturaleza se eleva al cielo esa sentidísima armonía que 
nta. Por eso el alma ó la organización , como cada cual 
e sus misterios y el poeta los interpreta , y mientras la 
hombre no adelante mas lejos de donde se halla, la poc- 
en en llamarse bija del Numen. 

cluir esta biografía crítica diremos algo acerca de la orígi* 
endiendo á lo que que parece haber indicado la Revue de$ 
e$ de que no la hay en la poesía española actualmente. Ha 
isio periódico un artículo acerca de Zorrilla , que segura- 
e los mas atinados escritos del estrangero sobre cosas de 
bien en sus principales ideas se ven rastros patentes del 
'ólogo que precede á las obras de esta poeta, despojadas 
il barniz propio de la época en que se escribieron. Cuando 
i originalidad de Zorrilla , llega en cierto modo á involu- 
la nacionalidad , y nosotros creemos que son dos cosas 
»Dte distintas, sin punto ninguno de contacto ; porque puede 
"a muy nacional ó muy antinacional, sin que de esto de- 
*iginalidad» y puede, vice versüj existir esta sin que en ello 
indispensablemente aquella. 



XL DON JOSÉ ZORRILLA. 

Desde luego advertimos que es difícil dar una acepción precisa 
la palabra originalidad si se ha de obtener del sentido en que se 
tan vario es y tan indeterminado. Se concibe perfe^lamenle que 
diga esta pintura es original de (al pintor^ porque lo que cDloootf 
se hace es meramente determinar su origen ; también se comprendí' 
que el sentido de la palabra original ya usada en aquella acepciotf' 
lógica y rigurosa se ostiende hasta el punto de no denotar aolamenllf 
el origen del artefacto en cuestión, sino de espresar que no es copU 
ni imitación de otro alguno, y esta es su significación mas generaB^ 
sada. Que según la primera hay originalidad en todas las obras SV 
bien obvio ^ porque tienen origen ; que conforme á la acepción se- 
gunda en unas obras habrá originalidad y en otras no, es consecuen- 
cia forzosa ; pero aplicada esta palabra en igual sentido alas ideas, á 
lo abstracto, vendremos á parar en que es innecesaria en castellano; 
en que llega pnr medio de tortuosidades á espresar lo que lisa y Ni- 
ñamente significa la pnlabra invención. Nosotros creemos que el 
mayor favor que se puede hacer á la originalidad es tomarla en este 
sentido ; y, si no está, no creemos haya mas que otros dos que atri- 
buirle, ó el de invención estravaganíe que se la dá familiarmente, ó 
el de una equivalencia á invención y novedad todo junto. Efectiva- 
mente puede existir la primera sin la segunda ; se concibe perfecti- 
mente que un individuo invente una cosa ya inventada por otro. 

Tómese en este ó en el primer sentido la palabra originalidad, 
nosotros decimos que existe mas ó menos en todo lo que no es co- 
pia , y que la cuestión se reduce siempre á la de novedad. Abora 
bien, ¿ cabe la novedad absoluta en algo? No, porque para ello, en 
menester que en el orden de las cosas hubiese efectos sin causa. En 
lo que si puede existir es en la percepción , y aun esta no puede 
jamás percibir una nueva idea simf)le, porque para el hombre 
no hay roas que una que es la sensación , y todas las que pasan 
por tales se reducen á este centro único y absoluto de la vida, 
á este misterio, á esta unidad múltiple incomprensible. De aquí par- 
ten todas las ideas humanas, y se van multiplicando por combina- 
ción. Diriase q je el hombre marcha arrojado desde un punto que le 
es desconocido , desde el cual principia , pero que la vida misma no 
puede comprender; de alii parten las ideas multiplicándose al íofl- 
nito, sin poder nunca volver á reconocer su origen , como un río 
que está condenado á no encontrar jamás su manantial , como las 
aguas que pueden tomar mil modificaciones en la forma, pero siem- 
pre sujetas á la misma esencia. En vano el hombre califica lo que 



DON JOSÉ ZORRILLA. xu 

Unte, en vano dice Newton al ver la piedra buscar el centro atrae- 
gÍMt en vano el físico dice fuerza al ver eso que sétimos, pero que 
99 podemos esplicar. Senil mos mas y menos, y por eso lo medimos 
Hio, pero no comprendemos nada. Todas las ideas parten , pues, de 
■i principio incomprensible ¿ pero cómo se dividen , subdividen y 
#ttificao? ¿cómo nacen de ese principio? como los colores nacen 
4i la luz, y se separan y distinguen, y luego mezclándose en núnero 
Irtoito de móiuas varias cantidades desarrollan á nuestros ojos ese 
jvdin de la creación , y crean matices y matices basta no acabar ja<* 
aás. Como cuando se echa una piedra en un lago describe una serie 
de circulares ondulaciones, y si á la par se echa otra las describe 
también y unas y otras se cruzan , y asi todas las que suc^^si va mente 
•e caut^ao , llegando á formar en sus iniersecciones mil dif* rentes 
movimientos capaces de multiplicarse hasta el infinito en número 
nmultáoco y diferencias sucesivas ; como los sonidos que conibinán- 
dose entre si dan lugar á innumerables armonías, y nacimiento á esos 
vigos ruidos incomprensibles que el oido mas músico no puede de- 
tair ni determinar sus componentes, al modo que el pintor ve co- 
lores que no comprende, al modo que el matemático ve líneas cuya 
generatriz no puede hallar, y al modo que mira el mecánico movi- 
mientos cuyas componentes fuerzas no concibe ni deslinda ^ asi sur- 
gen , se multiplican las ideas y de una combinación en otra llegau á 
resistirse al poder del mas analítico espíritu. ¡ O ciencia! cuántas y 
man intimas penas debes hacer sentir al sabio! 

Aqui estriba, pues, la fuerza inventora del poeta; si por esto se 
entiende originalidad , y la referimos luego á Zorrilla, fácil es com- 
prender poco mas ó menos la que se desarrolla en lo que escriba. 
Para hacer esta estimación de inventiva el mejor medio en el estado de 
nuestros conocimientos es la comparación ; para hacerla es por lo que 
el critico necesita leer mucho. Algún dia llegará acaso en que el análisis 
sistematice y dé autoridad de ley á esta operación , y en el entretanto 
la poesia tendrá casi siempre razón para revelarse contra la critica. 

Por lo demás , si la Francia pretende que la poesía de Zorrilla no 
tiene una diferencia genérica de la suya , dice verdad , pero también 
puede asegurarse que Zorrilla no tiene de francés mas que Victor 
Hugo de español , y de origen propio de nación á nación , ú origina- 
lidad , sí quiere decirse en este sentido, mas tiene la poesia de Zor- 
rilla que la francesa, pues lo que esta ha tomado de la del Norte le 
falta absolutamente á aquel. Esto es hablando acerca de invención , 
l'ues creeaios que la poesia francesa ha inventado muy poco , y si 




xuf DON JOSÉ ZORRILLA. 

ellos quieren decir que Zorrilla no lo ba hecho por su parte 
puede asegurar que menos ba ido í pedir presiado la poeaia 
que la suya. 

Donde hay que estudiar á este es en los cantos del Trovac 
estas producciones es donde está de manifleslo su ingenio \ 
deba este clasificarse y ser valuado el mismo Zorrilla lo fácil 
hay mas que baeerlo con arreglo á la introducción de los > 
aquello es el traslado mas completo y esaclo de su talsato. C: 
por eslft razón deber insertarla en seguida. 

INTRODUCCIÓN 

DE LOS CANTOS DEL TROYADOR. 



i Qué 86 hicieron las Aorts delioloias 
Que , henchidas de perfume , se perdiaii 
Entre los lirios y las frescas rosas 
Que el huerto ameno en derredor ceñían? 
Las hrisas del otoño revoltosas 
En rápido tropel las impelían , 

Y ahogaron la estación de los amorta 
Entre las hojas de sus yertas flores. 

Hoy al fuego de un tronco nos sentamos 
En torno de la antigua chimenea» 

Y acaso la hancha sombra recordamos 
De aquel tizón que á nuestros pies hornea. 

Y hora tras hora tristes esperamos 
Que pase la estación adusta y fea , 
En peresa febril adormecidos , 

Y en las propias memorias embebidos. 

En rano á los placeres avarientos 
Nos lamamos do quler, y orgias sanoias 
Estremecen los ricos aposentos 

Y fantásticas danzas tentadoras ¿ 
Porque antes y después caminan lentos 
Los turbios días y las lentas horas , 

Sin que alguna Ilusión de breve Instaftte 
Del aüaa el sueño fugitivo encante. 

Pero yo , que he pasado entre ilusiones, 
Sueños de oro y de luí mi dulce vida , 
No os dejaré dormir en los salones 
Donde al placer la soledad convida: 




DON JOSÉ ZOMULUL un 

Ni esperar rertlTieodo los íkmom 
El yerto amigo ó U falai querida ¡ 
Sin que mas esperanta ot aliante 
Que ir contando lai boria triatfBWte. 



Los que tíyís de akaiares 
Venid , yo halagaré vuestra perea; 
Niñas hermosas que morís de aoNnt» 
Teñid , yo encantaré vuestra belleza : 
Tiejos , que idolatráis vuestros mayores, 
Venid , yo os contaré vuestra grandea; 
Venid á oír en dulces armooiai 
Las nbroMs historias da otra dlaa. 

Yo soy d Trovador que vaga errante : 
Si son de vuestro parque estos Undetna 
No mede)Hs pasar, mandad que easte; 
Qae yo sé de los bravos caballeroe 
La dama Ingrata , y la cautiva amante» 
La cita oculta y los combates fieros 
Con que á cabo llevaron sus empresas 
Por hermosas esclavas y princesas. 

Venid á mí , yo canto los amores; 
Yo soy el Trovador de los festines; 
Yo ciño el harpa con vistosas flores 
Guirnalda que recojo en mil jardines : 
Yo tengo el tulipán de cien colores 
Que adoran de Stambul en los confines, 

Y el lirio azul ina'ignito y campestre 
Que nace y muere en el peñón silvestre. 

I Ven á mis manos , ven ; harpa sonora ! 
¡ Baja á mi mente inspiración Cristiana 

Y enciende en mi la llama creadora , 
Que del aliento del Querub emana! 

I Lejos de mí la historia tentadora 
De ajena tierra y religión profana ! 
Mi voz t mi corazón , mi fantasía 
La gloria cantan de la patria mia. 

Venid , yo no hollaré con mis cantares 
Del pueblo en que he nacido la creencia : 
Respetaré su ley y sus altares ; 
En su desgracia á par que en su opulencia 
Celebraré su fuerza , á sus azares : 

Y fiel ministro de la gaya ciencia, 
Levantaré mi voz consoladora 
Sobre las rainal en que Espafit llora* 




xi.iv DON JOSÉ ZORRILLA. 

I Tierra de amor ! \ tesoro de memorias , 
Grande, opulenta y vencedora un dia. 
Sembrada de recuerdos y de historias , 
Y boUada asaz por la fortuna impíai... 
Yo cantaré tus olvidadas glorias : 
Que en alas de la ardiente poesía 
No aspiro á mas laurel ni á mas hazaña, 
Que á una sonrisa de mi dulce España. 



Nadie ha comprendido mejor su poesía que el mismo Zorril 
solo entregarse á la espontaneidad de su genio. En esos versof 
ve manifiesto con todas sus bellezas , con todos sus defeclos 
tuales, que se reducen á un empeño de voluntad por herir con 
la tradición. No se logra ver el poeta de los siglos jpasados ; p 
precisamente el poeta del siglo actual. Por eso le ama la E 
como á un hijo predilecto, por eso es tan popular. Todavía e 
mos recorrerá por largo tiempo la senda de gloria que le moi 
deslino. 

Ildefonso Ovjmas. 




PROLOGO. 



Urde de febrero. Un carro fúnebre caminaba por las calles 
. Seguiaole en silenciosa procesión centenares de jóvenes 
inte melancólico, con ojos aterrados. Sobre aquel carro iba 
en el atahud los restos de Lasra, sobre el atabud una oo- 
a primera que en nuestros dias se consagraba al talento; 
vez acaso que se declaraba que el genio es en la sociedad 
rácia, un poder. La envidia y el odio habían callado; los 
i la moralidad dejahao para después la moral tarea de roer 
de un desgraciado, y nadie disputaba á nuestro amigo los 
su fúnebre triunfo. Todos tristes, todos abismados en el 
uciansos á nuestro poeta á su capitolio, al cementerio de 
le Fuencarral , donde las manos de la amistad le babian 
jn nicho. Un numeroso concurso llenaba aquel patio pa- 
je huesos, incrustado de lápidas, entapizado de epitafios, 
»rida luz del crepúsculo de la tarde daba palidez y aire de 
todos nuestros semblantes. Cumplido ya nuestro triste 
mcanto inesplirable nos detenia en derredor de aquel 
ao prKJiamos separarnos de los preciosos restos que para 
erraba, sin dirigirles aquellas solemnes palabras que tal 
s muertos antes de adormecerse profundamente en su 
H[o. Entonces el Sr. Roca de Togores, levantando peno- 
su alma el peso de dolor que la oprimía, y como re- 
de la sombra del ilustre difunto, alzó su voz : Labba se 
nosotros por su boca , y nos refirió por la vez posj^ra 
nteresante de sus borrascosos, brillantes y malogrados 
uel momento nuestros corazones vibraban de un modo 
[)uede hacer comprender á los que no lo sientan, que 
que le hayan sentido le habrán ya olvidado, porquo 



áe los vuelos del alma , de los arrebalos del enlusiasmo, ni se 
idea, ni queda memoria; que en ellas el espíritu esláeo 
vive eu otro mundo: los objetos hacen inipresiooeadiTcrssti 
que producen en el estado nurcital de la vida , el alma re claMÍ 
mislerius ó cree , porque lo siente , lo que lal vez no puede 
prender. Se ve entonces i si misma, se desprende y se remoD* 
suelo: conoce, ve, palpa que ella no es el barro de la tierra; 
oiro mundo la pertenece ; y se eleva á él , y desde su aliura earau' 
águila que ve el suelo y mira al aol , wndea la Inmensldarl áe\ 
y dct espacio, y se encuentra en la presencia de la divtuidacl que 
medio del espacio y de la eicrnidad preside. Entonces 
usar del lenguaje del mundo, y el alma siente la necesidad dfl< 
forma para comunicar lo que pasa en su seno. Tal ora enlonoM' 
tra situación. No era amistad lo que sent!:imos ; no era Ih co 
cíon profunda de aquella niucrie desastrosa , de aquella vidí 
en Qor, la vista de aquel cementerio, la inaut^uracion de sqL. , 
tumba , la serenidad del cielo que nos cubría , la voz elocuente S^' 
amigo que hablaba ; no era nada de esto, ó mas que todo esto, ¿ icA' 
esto reunido para elevamos á aquel estado de inesplicable magn^' 
tismo en que en una filmación vivamente sentida por muchos, paree' 
que se ayudan todos á sostenerse en las nubes. ¡Ahí Pero Dusstrtf 
t'ntusiasmo era de dolor, y llorábamos (sábenlo el cielo y aquelM 
tumbas) , y al querer dirigir la voz i la sombra de nuestro anriM 
pedíamos al cielo el lenguaje de la triste inspiración que nos át¿^ 
naba, y buscábamos en derredor de n'^solros un intérprete ilenuMlt 
aflicción ,' un acento que reprodujera toda nuestra tristeza, ud« itf 
donde en común concierto sonasen acordes las notas de todos boM* 
tros suspiros. Entonces de en medio de nosotros , y como si mIÍMI 
de bajo aquel sepulcro, vimos brotar y aparecer un joven, caaj M 
nifto, para todos desconocido. Alzó su pálido semblatiie , clavó M 
aquella tumba y en el cielo un mirada sublime, y dejando oír oal i 
Toz que por primera vez sonaba en nuestros oídos^ leyó en conaM | 
y trémulos acentos los versos que van insertos en la pii^ina priaMN 
de esta colección , y que el Sr. Roca tuvo que arrancar da su roaM, 
porque desfallecido á In fuerza de su emoción , el mismo autor m i 
pudo coNcluirlos. Nuestro asombro fué igual á nuestro entusiasmo; 
j asi que supimos el nombre del dichoso mortal que tan nueftt f i 
Cclestiak'S arniooias nos habia hecho eRCUL;har, ssludamoa al niMV* ) 
bardo con la admiración reli¡tiosa de que aun estábamos poseidosi | 
bendijimos i la Providencia que tan ostensiblemente hada apareoer | 



PROLOGOi. uvii 

gAiio sobre la tamba de otro , y los roismos que en fúnebre 
S|)i habíamos conducido al ilustre Labia á la mansión de los 
srU», salimos de aquel recinto llevando en triunfo á otro poeta 
Dundo de los vivos y proclamando con entusiasmo el nombre de 



Ve he recordado aqui esta tarde por el placer de describir una 
ism {(rande j poética. Mas poética j mas grande fué seguramente 
í ai descolorida descripción, aunque en el torrente de las escenas 
i i oseslros ojos pasan , ya se baya hundido , y ya casi todos la 
faa olvidado. El autor de estas lineas no podrá borrarla de su me- 
Mia. Entonces empezó á sentir bácia el ilustre poeta á quien la 
iMgrael afecto que con él le une, y que es demasiado tierno para 
•aolormeépoeaensuvida : entonces empezó el público á conocer 
ipndaeciones de este ingenio; y la impresión que de ellas bareci'^ 
b is demasiado profunda para que no se marque muy distinta- 
ais so loa anales de la literatura contemporánea. Pero no ha sido 
ipfscisaroente la razón de recordar aquella escena. Yo be tomado 
i de ella, y la he consignado al frente de estas páginas porque 
eib original aparición roe ha sugerido las reflexiones que voy á 
er sobre la Índole y carácter de estas poesías. 
Bando oimos los versos de que acabo de hacer mención, todos 
loe iQvimos la fortuna de escucharlos , sentimos la inspiración 
les había dictado , y comprendimos el idealismo en que estaban 
«bídos, porque también nosotros estábamos inspirados, y lam- 
Doestra existencia vagaba por las regiones de lo ideal y de lo 
lo. Nos hallábamos al nivel del autor, á la altura de su mismo 
>, y en estado de sentir lo que él tal vez no hizo mas que espre- 
porque entonces como los primitivos poetas , como los bardos 
is banquetes, como Píndass en los juegos olímpicos, tomaba en« 
imode noestro entusiasmo , llanto de nuestro llanto : era el foco 
espejo, y reflejábanse en él concentrados los rayos que tal vez 
loaotroa roismos partían. Asi que á nadie pudo ocurrírsele 
aqoella producción no fuese natural, espontánea, como su 
r, como su acento, como el color de so semblante y el llanto 
m ojos. Nadie pudo ver en ella la imitación de tal autor, ó 
iríncipioe de tal escuela : nadie discutió si era cianea ó ro* 
iea^ aríental ó filosófica. Era una composición de allí , de aquel 
i, de aquel momento, de aquella escena, para nosotros, en 
ira lengua , en nuestra poesía , en poesía que nos arrebató , que 
lactrító , que comprendimos , y sobre cuyo mérito, género y for» 




XLViii PROLOGO. 

mas no se suscitaron discusiones ni criiicas. T siry embargo 
la habia escrito algunos momentos antes de aquella reunió 
en su gabinete , sin «uditorío t|ue U escuchara, y bajo la in! 
^e su dolor y de su genio. Si á solas también la üubien 
cada uno de 8us oyentes, ¿hubiera producido el mismo efe 
hubieran halii do tan ideal , tan bella , tan original y tao esp 
No seguramente. Para uno hubiera sido incomprensible ui 
otro hubiera encontrado exageración ó falla de verdad ei 
semiento : uncido fino hubiera sentido flojo, duro^ ó i 
algún verso : un entendimiento melódico observaría la fal 
den, de conexión y enlace enire sus ideas : cual la tendría 
y baria notar que su ieclura nod ojaba en el alma iringuDa 
y ¿qué mas? La mayor parte tal vez no hubieran visto en ell 
una imitación de Vicior Hugo, ó de Lamartine. Pues lo qu 
sucedido á aquella composición asi leida, sucede todos U 
precisamente con respecto al público, sino con respecto á 
gentes y criiicos con otras que se han dado á luz. Todos 
citan las mismas vanas y ociosas cuestiones; y solo los 
sensibles y no gastados que se entregan de buena fe al ir 
sentimiento, y que unísonos desde luego al tono del poei 
con todas las modulaciones de su laúd, y obedecen á tod 
prichos de su inspiración , se encuentran con respecto á 
poesías de este autor en el caso en que lodos nos hallam< 
su aparición en el cementerio. Cnionces su ins|»iracíon hal 
sola adonde nuestro entusiasmo voló después : después s' 
cion siguió siempre la misma, tal vez mas poderosa, mas 
fuerte, mas profunda; pero no siéndonos siempre posible 
en Id esfera de su atracción , vemos á veces sus cuadros 
punto en que no tienen perspecliva , ó no oímos de su lira 
el ruido de los trastes. De ahí la mayor parte de esas dispu 
ticas : de alii esas frases incomprensibles para los que 
hallar en los versos ecuaciones y silogismos : de ahí ese go 
para los que piensan que la poesía es solo un modo de ha i 
un modo de sentir, una manera de ser : de ahí, en fín, la p 
de que estos versos son imitaciones de un autor, ó doctriu 
cscut-la por parte de los que todavía están aferrados en ere 
poesía es / un arte de imitación! y que puede ser un mélodc 
csposiciones de teorías pi)liiicas, ó sistemas ñlcsóQcos En 
i)uo tienen corazón y alma , y los que saben que con el cora 
el alma, y no con los dedos y con las palabras , se hacen U 



PROLOGO. XLit 

Nlieo también lo qae significan estas impugnaciones j lo que hay en 
^k de verdadero ó ioexaeto. El autor de este prólogo está muy dis- 
%Me de creer que sean obras perfectas los primerea fNreludíos poéti- 
cos del amigo á quien le consagra , y el entusiasmo que le arrebata 
lo le ciega ; ha querido sin embargo demostraf.cómo muchos de loa 
defectos que se atribuyen á una obra pueden consistir en el modo de 
JBgarla, y sobre todo ha querido protestar contra ese tema de que ea 
tadlacion y amaneramiento dé escuela lo que es tan espontáneo y tan 
aatoral como las flores del campo y como las rocas de los montea. 
Siglos hay i si , que inspiran un mismo tono á todo aquel que loa 
canta, principios, ideas, y sentimientos generales, dominantes, ha« 
manitaríoa, que presidiendo á una época y á una generación, se re- 
producen en todas sos obras y bajo todas sus formas. Pero entonces 
h analogía no es el plagio , la semejanza no es la imitación, ni la 
oonaonaocia el eco : entonces por el contrario la conformidad es el 
•alio de la inspiración y de la originalidad : entonces dos obras se 
parecen y distan entre sí un mundo entero : entonces dos autores se 
imitan sin conocerse : entonces se notan armonías y correspondenciaa 
entre la Biblia y Homero : entonces se copian Shakspeasb y CALDiaoN. 
Ea on sol refulgente que reverbera en todos los cuerpos que ilumina : 
ea nnm luna melancólica que reproducen todos les objetos que bada 
M>n aos pálidos rayos* Si. El siglo de Btron, de Hci60, y de Cbatkau- 
■lAHn debe inspirar también á los vates españoles ; pero su inspira- 
ción no dejará de ser de ellos , y de ser española , como del siglo , y 
de loe objetos que canten. Póngase cada uno á mirar sus cuadros á la 
loa qoe alumbra : verá tal vez en su fondo el reflojo del cielo que los 
cubre ; pero no colorea prestados de ajena paleta. Fórmese para cada 
oomposicion un teatro como el del cementerio, y verán todos en ella 
la inapiracion original , la naturalidad , la noción , la verdad , la be- 
lleza ideal, y la celestial armonía que creyeron ver en la primera ; per- 
cibirán clara y luminosamente lo que algunos no comprendieron, se 
•entirán en la presencia real de lo que tal vez les pareció visión y 
quimera, lea sorprenderá la exactitud de lo que creyeron exagerado 
j bailarán por último que lo que afectan llamar romanticismo no es 
mas que la poesía, la naturaleza, la verdad. 

A otra serie de reflexiones ha dado ademas lugar en mi alma la 
escena de aquella tarde, reflexiones que algunos no comprenderán 
tampoco, y que otros muchos comprenderán solamente para fulminar 
contra ellaa el anatema del ridiculo, y para acogerlas con la sard^ 
nica ironía que entre nosotros se afecta hacia todo lo que no ea mate- 
OaaAS POÉTICAS. d 




I. PROLOGO. 

ríalmente positivo y bumaDamenle lógico , bácia todo lo ( 
pende á hacer intenreDtr al cielo en lo que pasa en la ti 
empero que oreo en un orden de cosas superior al orden de 
nenos que á nuestra razón y á nuestros sentidos es dado p 
etpUcar ; yo que estoy persuadido de que no se Kaltan entre 
todas las causea de lo que á nuestros ojos sucede, acostumbr 
la mano de la Providencia en los sucesos al parecer mas 
cantes de la vida, no es mucho que la conozca én aquellas c 
en que mas ostensiblemente y con mas solemnidad quiere 
velarse á nuestra vista. Si , un poeta puede confesarlo, pu< 
que cree en las causat finales , que cree en la predestinacio 
oree que si la bumanidad toda concurre á la obra que la inl 
suprema le ba trazado, cada hombre, y sobre todo cada espc 
concurre á un objeto fljo y determinado. Sin esta creencia el 
mundo es un enigma incomprehensible, y el de la historia 
de absurdos. Fiel á esta creencia, y juzgando que Lasra ci 
la tierra, que en esta nación, en esta ngregacion de nulidac 
su existencia descollaba con tanto brillo, no en veuio sus proi 
habian fijado tan vivamente la atención pública , y que si 
dejaba un vacio no solo en la literatura , sino en la sociedad 
á orillas del sepulcro del malogrado escritor que nos dejaba, 
el poeta que tíacia, el becho era de demasiado bulto, la 
demasiado fatídica para no reconocer en el nuevo genio u 
tan especial como la del primero. Los presentimientos < 
ahora be tenido fundadas en esta opinión, no ban sido nun< 
el que aquella tarde tuve, no lo ha sido tamffoco. Los ac 
nuevo bardo sorprendieron desde luego y arrebataron. Agit 
calentura del §enio y de la maravillosa fecundidad de que 
tado el cíelo, en pocos meses ha lanzado al público una m 
composiciones que no pasaron efímeras como la mayor ps 
fugitivas producciones de nuestros dias, ó conocidas solo < 
teligentes como las de épocas anteriores. Recibidas ora co 
cioD , cfa con estrañeza, ora con entusiasmo , ora con des£ 
gun laa ideas y carácter de cada uno , no lo han sido n 
indiferencia. Leídas y releídas, decoradas y oídas y reci 
todo», el ansia con que se buscan los periódicos donde se p 
algunas, ha obligado á recogerlas en la presente colección. 
en elogios y alabanza ba consistido su popularidad. Tambiei 
laa que mas criticas é invectivas han suscitado, también 
parodiadas, y puestas en ridiculo é imitadas por malos poet 



PROLOGO. U 

limas iofeliz parodia*, tambieo han siik> iKhadas de ínmoraiAg, de 
¡Dcomprensibles , y hasta equiparaJas en algon artkuio de periódico 
iloi diécursos de varios célebres oradoras de naestras acuates Cortea. 
Poe& bien : esia novedad y admiración . eaas sáiiras é invectivas , 
aiu imitaciones de la medianía y esas hostilidades de ia envidia son 
d grande éxito, ia corona del tálenlo, el sello de la especialidad. 
Farece que nuestra época se afanaba en producir on poeta que esta- 
fiese á su nivel y en armonía con elia, que fuese como el represen- 
lante literario de la nueva generación, de sus ideaa, de sns senti- 
mientos y creencias : varios jóvenes al parecer con esta esperanza y 
con éxito masó menos feliz , se habían presentado hasta ahora en la 
escena ; y el público no dejó de vislumbrar en ellos ráfagas de nueva 
loz , y sentir aliento de nueva vida ; pero á la aparición de Zoiiuxa, 
ha visto va el oriente de uu astro muv luminoso. Tibios todavía sos 
primeros rayos han despertado en su derredor todo nn hemisferio de 
poesía, y si aun no ha nacido el sol , estrellas muy resplandecientes 
se eclipsaron ya ante su brillante creftúsculo. 8i sus preludios marcan 
ana aurora « sus cantos sellarán una época : si su aparición ha sido 
iuidica, su poesía sera providencia! ; si el eco de su voz ha so- 
brecogido y su primera inspiración fascinado, muj trascendental 
y poderosa será la influencia que debe ejercer y mas anchurosa 
de lo que se cree la esfera de acción en que debe obrar su im- 
pulso. 

¿Cuál sera empero esta acción ? ¿Cuál será el desarrollo de este 
germen? ¿Cuál será este fin? Yo he podido adivinarlo, pero 
no me atreveré á predecirlo , porque los arcanos del destino no se 
espliean, ni los vuelos del genio se calculan. Permítasele sin em- 
bargo á un alma también poética formar esperanzas; y para formu- 
larias y para dar una idea de las conjeturas qne sobre lo futuro se 
preseoCaB á su fantasía, permítasele entrar en esplicaciones del 
asfjeeto bajo que las cosas presentes se ofrecen á sus ojos. La imagi- 
nación, la amistad, el entusiasmo podrán ejercer grande influencia 
en este análisis ; pcm el corazón , el sentimiento, la fantasía son el 
áoico wülodo analítico aplicable á las obras de un poeta. 

En el estado actual de nuestra indefinible civilización, la poesía 
como todas las ciencias y artes, como todas las instituciones, como 
la pintura, la arquitectura y la música, como la filosoiia y la religión, 
ha perdido su tendencia unitaria y simpática, y sus relaciones con la 
humanidad en general , porque no existiendo sentimientos ni creen- 
cias sociales j carece de base en que se apoye , y de lazo que á la 



LU PROLOGO. 

humanidad la ligue. Sin poder proclamar un principio que la sociedad 
ignora, sin poder encaminarse hacia un fin que la sociedad no conoce, 
ni dirigirse hacia un cielo en que la sociedad no cree , la poesit, 
dejando una región en la que no hallaba atmósfera para respirar, se hi 
refugiado como á su último asilo á lo mas intimo de la individualidad 
y del seno del hombre, donde aun á despecho de la .filosofía y del 
egoísmo un corazón palpita y un espíritu inmortal vive. Perod 
hombre en su aislamiento es el mas miserable y desgraciado de loi 
seres. La Providencia ha hecho necesaria para su dicha y pu perfec- 
tibilidad la asociación ; asociación que no es el agregado de muchos 
individuos de la especie humana, sino el conjunto de las facultades 
que en común poseen, la comunión de sus ideas y de sus sentimiea- 
tos , de la inteligencia y de la simpada. Mas hay épocaa tristes para h 
humanidad en que estos lazos se rompen, en que las ideas se dividoi, 
y las simpatías se absorven ; en que el mundo de la inteligencia ei 
el caos , el del sentimiento el vacio ; en que el hombre no ejercita so 
pensamiento sino en el análisis y en la duda , y no conserva su oorazoi 
sino para sentir la soledad que le rodea y el abismo de hielo en qoe 
yace. Entonces el genio puede volar aun, pero vuela como el Sataoái 
de M.LTON ; solitario y por el caos : el sol le causa pena, la belleza dd 
mundo envidia. Su poesía es solitaria como é\ , y como él triste j 
desesperada. Canta ó mas bien Hora sus infortunios, su cielo perdido, 
el fuego concentrado en su corazón , las luchas de su inteligencia, y 
las contrariedades de su enigmático destino. Sus relaciones con It 
naturaleza no pueden ser espansivas , ni sus relaciones con los hom* 
brcs simpáticas. Replegado en su individualismo, sus relaciones coD 
Dios podrán aun ser muy vivas; pero solo en su presencia , si li 
reconoce , y solo en el universo, si tal vez ha renegado déla Provi- 
dencia^ los himnos que debian consagrarse á una religión de amori 
serán solamente gritos de desesperación y de impío despecho^ 6 
estravíos de un abstracto y estéril misticismo. Tal es á mis ojos el 
carácter de la época presente, tal es también su poesía; la poesía 
dominante, la poesía elegiaca actual , poesía de vértigo, de vacila^ 
cion y de duda , poesía de delirio , ó de duelo, poesía sin unidad, sin 
sistema, sin Qu moral, ni objeto humanitario , y poesía sin embaído 
que se hace escuchar y que encuentra sinipaiías , porque los acentos 
de un alma desgraciada hallan donde quiera su cuerda unisona , y 
van á herir prolunda y dolorosaniente á todas las almas sensibles eo 
el seno de su soledad y desconsuelo. Zorrilla ha empezado y no podía 
menos de empezar por este género. Hijo del siglo, le ha pagado 




PROLOGO. un 

'íbuto de lágrimas ) ha pasado por bajo el yugo de sn 
)rado también á solas y ha dado al viento sus sollozos : 
u frente de poeta conira el calabozo que le aprisionaba, 
por quebrantar cadenas que no son lazos; ha invocado 
jn Dios, y ha renegado del cielo ; ha cantado el estasis 
enturados y saludado á la reina de los ángeles, y ba 
dos de desesperación infernal , y llamado en su socorro 
nada. 

I fuerza espansiva de la inspiración , arrancándole de 
amo , le lanzó á mas ancha esfera y le hizo recorrer á 
sociedad que se agitaba á su alrededor, no ae deslum- 
)s con el brillo que despedia el oropel de la cÍTÍlizacion, 
itivamente penetrantes bien conocieron sobre el lecho 
lura á la enferma que agonizaba abandonada y sela , y 
n á ver mas allá bnjo la suntuosa lápida del sepulcro 
brillante mortaja de seda y pedrería pronta á cubrir la 
nierpo presa ya de la gangrena y de la muerte, 
perspicaz de su inspiración le ba representado al nmindo 
spantosa anarquía y desnivel, en su desorganización j 
ebatado á tal vista de un vértigo de tristeza y amargura, 
abios aquella risa horriblemente sardónica con que el 
último estremo de desesperación , y miseria , escame- 
lemas y á si mismo , pregunta al cielo como burlándose 
tal desorden signiflca , duda si se debe tomar á serio 
1 humanidad , mezcla reflexiones profundas y te)*ribl68 
nargas y ridículos contrastes, y entre el llanto de un 
oir las carcajadas de una orgia. Entonces evocando la 
rvantes, tiene con ella el singular diálogo en que nuestro 
. de sus tiempos tan á su sabor (ai bien con otra hiél y 
10 aquel genio inmortal parodiaba los suyos. Entonces 
o en Venecia á todas las naciones degradadas y á todos 
arrompidos, después de haber descrito en versos dignos 
f de Btron la grandeza de su antiguo poderío y el polvo 
e desde su elevación se hundieron , repentinamente le* 
rcajada para apagar sun gemidos y y termina su fúnebre 
a báquica algazara de un festin , como se suele ver en 
2sie y mortandad entregarse los honrbres á desórdenes 
ra apurar los goces de su existencia amenazada entre la 
e los placeres. Y por último, en otro momento de ins- 
poderosa y mas profunda , abarcando de un solo g<dpe 



LIT PROLOGO. 

de vista eminentemente sintético el cuadro de todos los tícíos y de 
todas las monstruosas desigualdades du la sociedad , la pinta de m 
sola pincelada en cuatro versos dignos de la pluma de Lameüüais yqoi 
equivalen á todo un volumen de filosofla, en que dirigiendo sobre fli 
banquete de la vida una mirada mas terrible que la de Daniel sobtt 
el convite de Baltasar , dice que 

Unos cayeron beodos , 
Otros de hambre cayeron , 
Y todos se maldijeron, 
Que crnn inreüces todofl. 

Empero lo que mas caracteriza al genio, es no ser esclosivameflll 
órgano de la é|)Oca en que vive y presentir la que nace en medio di 
las inspiraciones de lo que existe. Así Homebo adivinó los ticmpoidl 
Licurgo y de Solón , asi Virgilio casi pertenece al cristianismo yik 
edad media, asi el Dante apenas se concibe cómo haya escrito en d 
siglo Xin , asi Cervantes en una edad caballeresca todavía prededl 
y aceleraba el prosaismo del si^Io XVI II; y por eso el instinto de 
todos los pueblos ha reconocido siempre en la inspiración poéticaéi 
don de la prorecia. El genio ariual conserva aun reconcentrado tods 
lo que en la humanidad debia haber y todo lo que habrá sin dadif 
porque todavía sus gérmenes existen , no en la sociedad , pero si el 
los individuos; para él aun puede haber creencias y virtudes, é iltt* 
sienes y amor, y abnegación , y heroísmo é interés que do sean di 
la tierra, y un pensamiento de Dios, una memoria del ciel0| una es- 
peranza de inmortalidad. Por eso nuestro poeta no tardó en conocer 
que la poesía á que le arrastraba su siglo era estéril y transitoríst 
como debe serlo esta época de desorganización y de duda, como debe 
serlo el egoísmo que nos disuelve, y el escepticismo que nos hiela, 
y parándose en su carrera y a| arlándose do la boca del tártaro adonde 
caminaba, y subiéndose á un puesto mas avanzado y mas digno de 
su misión, ha visto la naturaleza bella, risueña , iluminada, viva j 
animada como Dios la creó, para servir de teatro á la virtud y ala 
inteligencia del hombre, y lifiendo su pluma de los colores del iris, 
y de los celagesdel oriente, ha dirigido á la humanidad palabras do 
amor y consuelo, himnos de bendición y alabanza al Creador. 

¡ Bello es el niumlo ! ¡ Sí ! ¡ la vida es bella 1 
Dios en sus obras el placer derrama. 

Entonces en medio del negro horizonte que le circundaba , ana 



PROLOGO. LT 

i de e^poranzft acitó su alma, y un rayo del sol del porvenir ila- 
» su rrt'nlc ; einf>ero su mu>a , antes de lanzarle en las profundi- 
• de lo futuro , quiso anudar en su espíritu la eadena de las tra- 
mes , sin las qup no hay sociedad ni poesía , y llevarle á recorrer 
mo los venerables restos de lo pasado. Su imaginación debia 
Kitrar todavía en ellos una sociedad homogénea y compacta de 
^on y de virtud , de grandeza y de gloria , de riqueza y senti- 
3lo, y su pluma no pudo menos de hacer contrastar lo que hay 
aezquino, glacial y ridículo en la t^poca actual con lo que 
ni de magnifico , solemne y sublime los recuerdos de los tiempos 
illerescos y religiosos. Y el primero entre nuestros poetas que ha 
Ido la necesidad de buscar en estas creencias y tradiciones los 
nenes de grandeza y sociabilidad que abrigaban , y que es preciso 
Hilerrar de los abismos de lo pasado, los tesoros del porvenir, ba 
» también el primero á dar vida poética á nuestros olvidados nio- 
leoios religiosos, y á poner en escena las sagradas y grandiosas 
moidades que hacían las delicias de nuestros padres. Bajo su 
na vemos levantarse de entre el lolvo y el cieno que la cubren 

00 sepulcro olvidado la severa capital del imperio godo, revés* 
del armiño de sus reyes y do la piirpura de sus prelados ^ guer- 
eono sus héroes y sus armas , religiosa y política como sus con- 
8 : trocada después por el árabe voluptuoso en una mansión de 
?res , asistimos á sus fiestas y á sus torneos y caballerescas jus* 
perfumados de los aromas de oriente , adornados de galas , plu- 
, seda y pedrería , y respirando el aliento de las houries de Ma- 
a ; pero en seguida vemos alzarse gigantesca, y descollar por sobre 

1 estas memorias la catedral primada, símbolo arquitectural del 
fsnismo, con los estandartes de piedra de sus torres, con las 
las de bronce de sus campanas , y presenciamos los sagrados 
de Is religión mas bella <|ue ha existido sobre la tierra, oímos el 
no cantando sus solemnes misterios por la céniuple garganta de 
nbos de metal , y escuchamos á la par el canto de los sacerdotes , 
ujir de sus tisúes y brocados , y nos deslumhra el brillo de mil 
•ras reflejado en el oro de los altares y en los diamantes del ta- 
ácolo ; y prosternados con el pueblo que asiste á tan grandioso 
ctáculo , nos embriagamos de luz y de armonía , de aroma de in- 
10 y de música del cielo , y se apodera de nosotros el estasis que 
ida en la tierra el arrobo santo de los bienaventurados. En aquel 
lento los gemidos de dolor cesan : los sollozos de amargura , los 

de impotencia y despecho se convierten en lágrimas de santa 



Lvi PROLOGO. 

ternura y en himnos de esperanza , el desprecio de la vida y el 
á los hombres da lugar á la idea de la inmortalidad . premio del 
existencia de virtudes y amor. La sociedad que veíamos dii 
sobre la superficie de la tierra, reunida bajo las bóvedas del 
nos parece no tener mas que un sentimiento , una voz, una 
que elevar al cielo con el humo de sus ofrendas : allí están todaj 
artes; alli está la música , la pintura, la escultura , la arquil 
todas concurriendo á un fin común , todas formando un coDCÍ< 
los talentos del hombre : el templo abarca toda la vida; la 
oompleta el cuadro de la poesia como es la clave de la sociedadj 
al volver de nuestro arrobamiento, al sentirnos en la realidad 
nuestra existencia, no podemos menos de consagrar un susfmi 
pesar por esos bellos tiempos que se han perdido, un ¡ay ! por 
placeres de nuestros padres , por esa (é que alimentaba su vidt,i 
lágrima por esa religión abandonada , un movimiento de 
respeto hacia las venerandas reliquias que de ellas nos quedan. 

Tal es el efecto de las variadas y profundas sensaciones que 
poeta sabe escilar con su maravilloso canto ; tal es el cuadro 
presentan á mis ojos las páginas de un libro donde algunos no 
tal vez mas que figuras dislocadas , versos inconexos , idea 
diclorias ; tal es el pensamiento unitario trascendental y profii 
mente filosófico que resulta de estas inspiraciones, la idea morali 
preside á su redacción; y el hilo de unión que liga con una 
invisible pero fuerte los varios trozos de este mosaico precioso, 
este pensamiento y esta moralidad la buscarán en vano los quecM 
hallarla en máximas, y en tiradas de sentencias. Para lectoreill 
esta clase no ha escrito Zorrilla, ni á la verdad yo tampoco. Ltfl^ 
Sofía de que yo hablo es una filosofía viva, animada, que traspin] 
brota en las cosas y no en las palabras , como un jardín delicioi 
inspira ideas de placer, como la armonía de un concierto infuDi 
sentimientos de amor ó de melancolía, como la vista del cíelo jh 
maravillas de la naturaleza proclaman la existencia de Dios. 

Sin embargo, se me dirá, ¿ ha sido el pensamiento que yodescobi 
el pensamiento del autor ? ¿ Tuvo presente el objeto que yo le asigw 
al obedecer á las inspiraciones que le han dictado sus cuadfi 
fantásticos y sus armoniosos himnos? ¿Ha pensado por ventoi 
en el fin social de sus versos , y ha pretendido enlazarlos en i 
conjunto regular y en un sistema poético , el joven genio qi 
no ha hecho acaso mas que ceder al ímpetu de su imaginación < 
una hora de arrebato, y en fijar con la pluma las instantáneas inv 



PROLOGO. Lvn 

, las fugaces sensaciones que pasaban por su existencia , tal 
ra no recordársele jamás ? ¿ Ha descendido á estas considcra- 

filosóñcas, á esle análisis moral y religioso de sus obras, áeste 
o preTio del plan de sus trabajos ? No sin duda, y si hubiera sido 

de concebirlo , no lo hubiera sido de realizarlo ; el genio no 
ioa, y los poelas, como todas las especialidades del mundo, 
neo la conciencia de lo que soiij cumplen su destino sin saberlo, 
Ntn la teoría de la obra misiM <|iie son llamados á edificar, j d 

de los principios mismos que vienen á proclamar y difundir. 
K> los que viven á su inmediación suelen juzgarlos con la mayor 
ctitnd , cuando creen ufanos que solo ellos están en el secretu 
eoio, y porque ellos ven de cerca una tela tiznada de borroneH 
Bcbada con informes figuras, piensan que son ilusiones y fan- 
aa qaioseras los primores (]ue otros ven de lejos en un cuadro 
de verdad y de vida. Ellos no ven mas que al individuo donde 
uk ver al poeta , no ven mas que al autor , cuando debian exa* 
f la obra, y miden al Escorial por la estatura de Herrbba. Oyen 
unentos de un hombre en cuyo rostro suele brillar la alegría, y 
iben que son los gemidos de una generación entera los que se 
Jan de su pecho, y el llanto de todo un siglo el que humedece las 
dasdesu lira. Ven el mortal afortunado acaso quejarse de una so- 
id en que es amado, en que vive tal vez en el seno de los placeres , 
saben que á un alma eminentemente simpática no le bastan los 
íres de una existencia sola, y que la esponja de su corazón em- 

y derrama la amargura de diez millones de infelices. Ven al 
bre del mundo, tal vez indiferente ó incrédulo predicando la reli- 
y kamiaienos, y no conocen la terrible personificación del siglo 
^ oUigtdo á arrastrarse al pié de los altares , buscando un resto 
^o que reanime su helada existencia, é implorando por gracia 
lo una creencia, un rayo de verdad qof^ alumbre á la humanidad, 
,'nsefie la senda de su destino en la espantosa noche del escepti* 
> que la circunda. No. Ellos no ven ni al hombre moral siquiera, 
lividuo en sus interioridades, en sus ilusiones, en sus flaquezas, 
s contrastes y en sus misterios, no ven mas que al hombre uni- 
valente vestido del café y del fiaseo, del teatro y de la orgia, al 
íte que se modela por los demás, y que se hace mas superficial, 
>equt:áo, mas material y positivo de lo que es en el fondo de su 
ou, y luego esclaman : ¡ Hé aqui el hombre ! ¡ Hé aqui el filósofo ! 
aquí el poeta 1 Pero la sociedad solo ve el genio, solo contempla 
nira la creación de la inteligencia y de la inspiración. fÁ se la 



LTiii PROLOGO. 

lanza como la Pitonisa el oráculo , como la estatua de HefDooii 
armenia: ella la recibe, ella la descifra, ella la comprende. 

Si, poeta: la sociedad te comprenderá mejor que los sabios }< 
los eruditos. Tus mágicos preludios no serán perdidos ni inl 
Sigue á tu grandiosa carrera : avanza de tu aurora á tu porveoiri 
gloría y esplendor. Tú has cantado los dolores del corazón, los i 
terios del alma, las maravillas de la naturaleza, y el poder débil 
piracion. Tú manchado de polvo y de fango el cuadro cbill 
desentonado de una civilización anárquica y desnivelada : tú btii 
tizado con los tintes de la luz de oriente las sombras de la edad 
y nos has mostrado una luz todavía encendida en el fondo de hf i 
iiguos sepulcros. Sigue. El destino tal vez te reserva otra carren; 
prepara otra corona : tu poesía se lanzará hacia un nuevo periodo) 
brillanle y mas filosófico : tú conoces que lo presente noesdi| 
ti, pero debes saber también que lo pasado es estéril, que lo qtii 
muerto una vez no resucita jamás, y que es ley de la Provideocii^ 
la humanidad no retroceda nunca. El porvenir te aguarda, esaptf 
Teñir misterioso que se cierne sobre la Europa, y con cuyos eDCUMí 
soñamos como se sueña en la adolescencia con las gracias de una^p 
rida que se forja el corazón. Esa edad por que la juventud suspiri,fll 
edad invocada por los votos de nuestros corazones, ese edad,tien 
de promisión en este desierto para nuestras- fervientes y religioi 
esperanzas, tuya es, y antes que nosotros debe llegar á ella esafanUi 
qae á velas desplegadas voga por el mar de los tiempos. A tu ma 
osla reservado pintar esas maravillas desconocidas y rasgaránuesti 
ojos el veto á cuyo través ahora ni vagamente se trasluce. Tú k 
serás capaz de realizar en tus proféticas creaciones ese apocalip 
de la inteligencia, esa época de reorganización y de armenia eoc 
la grandeza de los antiguos tiempos se multiplique por la belles 
progresos de la civilizaciop moderna , despojada esta de su egoisn 
como aquellos de su barbarie, en que una ley universal de jústic 
sabiduría y libertad, reúna en una común familia las naciones ab 
aisladas, y en que. una religión de amor y paz realice aobre la tic 
el glorioso destino á que la humanidad es llamada. 

Si, poeta. Tal vez tus versos nos pinten lo que los políticos n( 
atreven á calcular ; tal vez á tu oanto se revele lo que á la fllosofít 
lo es dado proveer. La Providencia no te ha hecho aparecer en vai 
y pues que te evocó de una tumba, tú debes saber cosas que los n 
tales ignoramos. Cumple pues tu misión sobre la tierra. No imp< 
que los que á si mismo se desprecian , los que no so creen nací 




PRM060. Lix 

n alguno , los qae piensan que existen arrojados por ei acaso 
piedras en el pozo de la vida, los que niegan la previsión de la 
i^encia suprema , la divinidad del espirilu humano, su imperio 
el mundo, y los que á trueque de no reconocer los privilegios del 
) niegan también su existencia hayan ridiculizado esa frase 
y tomen un pensamiento de piedad por un pensamiento de so- 
a. Tú, empero, que crees en ella porque oyes dentro de ti la voz 
a que te la dicta, sigue sereno á pesar de las tempestades que en 
rízoote asomen la inspiración sublime que te lleva á otro mundo. 
) be visto partir , mi querido amigo , yo también había querido 
rme en ese océano ; pero delante de ti, be recogido mis velas, y 
e quedado en la ribera, siguiéndote con mi vista y con mis votos. 
o en mis ilusiones habia creído también que tenia una misión 
»mplir. Has venido tú, y me queda una bien dulce, bien delí- 
i ; la de admirarte y de ser tu amigo. 



NicoMEDxs Pastor Duz. 



, 14 de OcUibre de 1837. 




OBRAS POÉTICAS 



DB 



ON JOSÉ ZORRILLA 



COMPOSICIONES DIVERSAS. 



PRIMERA PARTE. 



IfatORU DESGRACIADA 

»EL JÓVCÜ UTERATO 

ANO JOSÉ DE LARRA. 



) dtmor que rasga el viento 
fanerai de una campana : 
ido del postrer lamento 
áver sombrío y macilento 
ido polvo dormirá mañana. 



a misión sobre la tierra, 
existencia carcomida, 
virgen al placer perdida 
profano velo en el altar, 
tiempo el por\'enir vacio, 
le ensueños y de gloria , 
gó á ese sueño sin memoria , 
eva á otro mundo á despertar! 

i florqne marchitó el estío , 
lente que agotó el verano ; 
Áente su murmullo vano, 
temado al tallo de la flor. 
a aroma se percibe , 
le color de la Ih 'a , 
) de yerba y de i 
del arroyo creadui . 



\ 



Que el poeta, en sn misión 
Sobre la tierra que habita. 
Es una planta maldita 
Con frutos de bendición. 

Duerme en paz en la tumba solitaria 
Donde no llegue á tu cegado oido 
Mas que la triste y funeral plegaria 
Que otro poeta cantará por ti. 
Esta será una ofrenda de cariño 
Mas grata, si, que la oracloüde un hombre, 
Pura como la lágrima de un niño, 
Memoria del poeta que perdí ! 

Si existe un remoto cielo 
De los poetas mansión , 

Y sok) le queda al suelo 
Ese retrato de yelo. 
Fetidez y corrupción; 

¡ Digno presente por derto 
Se deja á la aoiarga vida I 
\ Abandonar un desierto 

V darle á la despedida 

La fea prenda de un mMrtol 



Poeta , si en d no ser 
Hay un recuerdo de ayer. 
Una vida como aquí 
Detrás de ese Armamento... 
Conságrame un pensamiento 
Gomo el que tengo de ti. 



1 




COHPOSmOIlES DIVERSAS. 



A CALDERÓN. 

« La fenerable conif-eKarioa de ucerdotet 

• naiarales <le e«la tillo pii<iu aqal e»li fot- 

• rrlptlun, coa p-rnii>o de don Diego La- 

• dron do Guevara , c«> altero de la 6rJea da 

• Calalrava y patrón de eila capilla. • 

{Capilla 40 San Smlctúor^ Sepulcro 
mOon Pedré Qkiii$r0n U U Btírcú^ 



Hay una antigua capilla 
Pobre por su antigüedad , 
Negra por su oscuridad , 
Revocada por la villa : 

Donde se lee en un rincón , 
Mas que con ojos c^n manos, 
—Aquí los'restos búhanos 
DE Don Pedro Calderos.— 

I. 

Ave osada cuyas plumas 
Vistieron de cien colores 
Con sus matices las flores , 
Con su nieve las espumas ; 

A cuyos ojo.-í i'l sol 
Prestó luz y atnivimiento, 

Y á cuvas alas dio viento 
Tu noble aliento esi^iol ; 

A quien ia tierra dio sombra, 

Y la fortuna dio calma , 

A quien un rayo 4liú el alma , 

Y el universo una alfombra; 
Águila para volar 

Reina dd viento naciste , 
Fénix al mundo saliste 
Para vivir y cantar. 

Agnlla fué tu osadía , 
Qtie con su atrevido vuelo 
Subió atrcbat!\da at cldo 
A beber la luz del dia. 

FenU fueron tus cantares. 
Pues al nacer y al morir 
Solo se hicieron oir 
Al calor de sus hogares. 

Águila tus ojos son , 

Y fenU es tu garganta : 
Es fenU la roz que canta , 
Águila la insplradon. 

SI el águila ojos te da , 
Te da d fenit melodía, 
Para t« tai y armonía 
Ni ojos , ni oídos habrá. 

Mas por desgracia ó fortuna 
Ya tu garganta está seca , 

Y allá en tu pupila hueca 
No queda mirada alguna. 

Duerme en pai en tu rincón » 
Donde levanté tu gloria 
Una cruz á la memoria 
Pe DOM PspRO Calderón. 



Que si un mármol reclamó 
Tu grandeza y te le dieron , 
Seuun lo que le escondieron 
Parece que les pesó. 

Yaces en un templo, si, 
Pero en tan bajo lugar, 
biM iHirécek aguarte 
Hbra en qué huirtb de ritf . 

Mucho te guardan del sol, 
Temerán que te ennegrezca. 

tal vez no le merezca 

Tu ingenio , y nombre Espa£ 

En vez de tan vil lugar 
Si fueras un potentado , 
Sepulcro te hubieran Aldo 
Delante dd mismo altar. 

Porque al magnate altanei 
Le dan virtud y oraciones 
El oro de sus blasones , 
Yau fortuna primero. 

Mas duerme tranquilo ahí, 
En ese rincón inmundo 
Para sarcasmo del mundo, 
Te basta tu nombre á tí. 

Que iml>écil ó descuidada 
La malignidad del hoDdm 
Dejó olvidado tu nombA 
Sobre el sello de tu nada. 

U. 

Sombra ultrajada, perdou 
Si tu sueño interrumpi, 
Qnc mi atrevimlenloi 
Lo poco que aoy cnMÍ> 
Lo mucho que «a tU' 

Mis ojos te qutam 
l^em cuando mas te vu^i, 
Mas imposible ha de ser. 

1 Su lumbre vana perder 
Ojos que por tí ddiranl 

Mis ojoA ven tu laurd, 
Y ver quisieran tu alma; 
Que es martirio bien enuil 
Desesperado al pié del 
Suspirar por una fMiIma. 

HfiB si nada he de podo^ 
JNgno Calderón , de ti. 
Si el que á llorar venga aqoi 
brande eomo iú ha de feeií^ 
A tn vez llora per mí , 
Que menos no be de velvtt. 

Pues tu osada t ua p t radea 
Eterna qnedé en la IMeU rla , 
Duerme en pai en tn ttMl!, 
Donde leranté tn gtarin 
Una crui... triste ttmnória 
De DoK Pedro GAUNoum. 




ramouriATB. 



TOLEDO. 
I. 



niUiota, aola 7 olvidada, 
jn. los pies entre la arena 9 
Tolido abandonada 
(el Tiento y del turbión, 
elta en el manto de sus reyes 
la so frente carcomida ; 
sin soldados y sin leyes» 
udolente al pié de su blasMi. 

lo tiene el gigantesro nombre , 
on qae cubre su vergüenza, 
íl en que adivina el iiombre 
»ledo la opulenta fué. 
templo sumido en una hondura, 
tes, y entre ruinas y blasones 
r sentado en una altura , 
blo imbécil que vegeta al pié. 

> abrasador del cieno impio 
lando sus tostados muros, 
s boBdas pálidas de un rio 
4 áñ cseombros loantó. 
do allí — yace tendida 
vo sin armas y sin gloria, 
lo «levado á ia memoria 
udad inmensa que se bundió. 

ves sobre la noche umbría » 
ontoo de cieno y de memorias 
idoldsima armonía... 
sombras cenicienta luz : 
vos del órgano que rueda 
ros del viento y de las preces : 
do^es apenas queda 
m Mpakío y una crui. 

bailt la Ur«a luna 
4t los vidrios de colores 
k «M lámpara momna 
1 a y aa arse eti un aitar; 
ilreibieru «na ventana 
m aér que sofre , llora 6 ▼«Uf 
oMo sin ayer y sin mañana 
■• dormido anta al bogar. 



iilfemir del viento, 
Mo, en ia alta noche, 
roitro macilento 
ando con pavor ; 
do en ta sombra oscnn 
tMerta pupila , 
mnente ftgura 
antasma aterrador, 
ices en su memoria 
atan eonfundidu 



Una bruja , 7 «na histork 

Déla santa religión, 
Mientra en el polvo la freale 
A la bruja , ó á María 
Dlrije indistintamente 
Su sacrilega oración. 

Y en su ignorancia grosera 
MescJa acaso en un ensueño 
El nombre de una hechicen 
Con el nombre de Jchová. 
Con el vaticinio inmundo 
De un ioludador infame , 

El del redentor del mundo 
En torpe amalgama vá. 

La luna en tanto pasea 
Cruzando el asul tranquilo , 

Y los despojos blanquea 
De tanta generación : 
Esas páginas sin nombre, 
Cifras de un siglo ignorado , 
Que alzó la mano del hombn 
Del hombre para baldón. 

Esas santas catedrales , 
Cuyos pardos capiteles, 
Cuyos pintados cristales , 
Cuya bóveda ojival , 
Cuyo color ceniciento. 
Cuyo silencio solemne 
Cobijan por pavimento 
Una losa sepulcral. 

Sobre ella los vivos cantan , 
A par de ruidosa orquesta , 
Cantares que se levantan 
Hasta ios pies del Señor : 
Sobre ella ílola el perfume 
Que la atmósfera emiíalsama, 

Y en oblación se consumo 
Oro y mirra al CrtaUor. 

Sobre ella cu noclie lluviosa 
Al bramar dd viento bravo* 
Armonía misteriosa 
En el templo se hace oir. 
Es un cántico tremendo, 
Ronco, vago, agonizante. 
Una voz que está pidiendo 
Por los que van á morir. 

Es la voz del himno saalo. 
Del terrible múerere. 
Cuyo monótono caalo 
Miedo infunde al oonumi : 

Y en la bóveda rodttdo 
Saliendo al aire flotante, 
Al mundo va priHÜcando 
Una santa religión. 

Y bajo la piedra helad». 
De los hombres que miulénM 
Se oye la vos apagada 

El triste salmo deoir ; 




COMPOSICIONES btTERSAS. 



Y la campiíMi itaora 
RemedáDdola en el aire 
Con la Toi de alguna hora 
La hace en d aire morir. 

II. 

Duerme \ oh Toledo ! en la espumante orilla 
De ese torrente que á tus pies murmura , 
Que con agua pesada y amarilla 
Roe y devora tu muralla oscura , 
Que llora avergonzado tu mancilla, 
Tu perdida riqueía y tu hermosura, 

Y calla por piedad á las naciones 
Que yacen en su fondo tus blasones. 

Duerme , sí , con tus fábulas sagradas , 
Los ángeles y brujas de tus cuentos , 
Las danzas de los santos con las fadas , 
Los misterios ocultos en los vientos ; 
Duerme , sí , con tus farsas parodiadas 
Prenda de tus señores opulentos : 
Sepulta en barro tu diadema de oro 

Y canta en derredor de tu tesoro. 



Hubo unos días de gloria 
Vanos recuerdos de ayer t 
Apenas hoy de esa historia 
Nos queda un Zocodoter, 
U otro nombre en la memoria. 

Ceñida entonces la plaza 
De ancho tapiz toledano, 
En la arena húmeda emplaza 
Un moro de noble raza 
A algún capitán cristiano. 

Vestidos están de flores , 
Que avergüenzan un Jardín , 
Balcones y miradores ; 
Cristales son de colores 
Los del Miramamolin. 

Solo abierto hay un balcón, 

Y es el balcón del Sultán , 

Y armados de aito lanzon 
Ginetes debajo están 
Por respeto á la función. 

Y las musulmanas bellas 
Detrás de las celosías 
Muestran ocultas estrellaa 
Sus ojos, que en taleí días 
No hubiera luces sin ellas. 

¡ Bellas son las orientales 1 
Delicados como espumas 
Sus prendidos y sus chales, 
Que mece en ondas iguales 
Un abanico de plumas. 

Por eso seloso el moro 
Tendió en sus ojos un velo, 



I Que es mas rieo tn tesoto 
Que el color azul del ddo 
Teñido en franjas de oro. 

Derraman áesáe la altura 
Aguas de olor en la arena. 
Que dan aroma y frescora, 

Y agitan el aura pura 
De aurora blanca y «erent. 

Y en redes de oro , colgadas 
De las tres torres mayores , 
De luz y aire embria¿ulas 
Cantan y vuelan cerradas 
Aves de gayos colores. 

Gala del hombre de oriente 
Era la altiva Toledo : 
Hoy conserva solamente 
Cieno en la caduca frente, 

Y dentro del alma miedo^ 
La árabe Zocodover, 

Solitaria y carcomida. 
Puede apenas sostener 
La memoria de su vida. 
Amenazando caer. 

Hoy á las cañas de mora 
A lo mas ha remplazado 
Con una farsa de toros , 

Y á los adufes sonoros 

Con los gritos de un mercado» 

Y porque consuelo alguno 
Quedar á Toledo pueda , 
Robóle el tiempo importoiw 
Hasta la alfombra de teda 
Del alto alcázar momoo. 

III. 

Hoy un templo de gótica estmeto 

Y escombros sin historias y sin nos 
En su deforme y colosal figura 

Su sentencia mortal muestran al be 

Y es fama que se encienden todav 

En el templo las lámparas «^g f^f it 

Y que vibrar se escuchan noche y d 
Del órgano las notas aceradas. 

Aun existe una página de roet 
En que leer deletreando apenas 
La era en que una tribu noble ó loe 
Cesó de darnos timbres y cadenas. 

Aun hay mirra, hay pebetesy hay al 
En que á través de seda y pedretia 
Alcanza el pensamiento entre las soi 
Lo que Toledo la árabe serla. 

Esos son los suntuosos funerales 
De tanta gala , pompa y hermosura : 
Quedan en vez de cantos orientales 
Himnos al Dios que mora en el alto: 




PRIMEIU PAftTE. 



ifias, ni torneos 
n Hienas, 
igras almenas 
están; 
celosías 
ntanas, 
ya de sultanas 
il Solían, 
orados salones 
»iles, 
líales 
I placer; 
;eres morenas 
erdopdo 
nn eido , 
no han de Ter. 
ajaros de oriente 
I de oro, 
onoro, 
x>lor 

armonía, 
fio de olores 
do amores 
lk>f. 

edad de placeres , 
lad moruna : 
1 ninguna , 
ide haber dos; 
itica torre 
acristiana 
mpana 
le un Dios, 
pío sostenido 
( pilares , 
B altares, 
Mglon. 

»lo prosternado 
os su plegarla 
taria 
rason. 

IV. 

» nomhre guarda el Tiento 
ronco torbellino, 
•1 firmamento 
ir rasga el destino. 
>mbre vive escrita 
x>n del hombre , 
rabe meiqutta 
de ese nombre. 



EL RELO* 



■i QM verdad qm pifMt pu\ 



Cuando en la noche sombría 
Con la luna cenicienta , 
De un alto reló se cuenta 
La voz que dobla á compás ; 
Si al cruzar la estensa plaza 
Se ve en su tarda carrera 
Rodar la mano en la esfera 
Dejando un signo detrás; 

Se fijan allí los ojos , 

Y el corazón se estremece. 
Que según el tiempo crece 
Mas pequeño el tiempo es ; 
Que va rodando la mano 

Y la existencia va en ella , 

Y es la existencia mas bella 
Porque se pierde después. 

i Tremenda cosa es pasando 
Otr entre el ronco viento , 
Cual se desplega violento 
Desde un negro capitel 
El son triste y compasado 
De el reló , que da una hora 
En la campana sonora 
Que está colgada sobre él! 

Aquel misterioso círculo 
De una eternidad emblema. 
Que está como una anatema 
Colgado en una pared , 
Rostro de un ser invisible 
En una torre asomado 
Del gótico cincelado 
•Envuelto en la densa red. 

Parece un ángel que aguarda 
La hora de romper el nodo 
Que ata el orbe , y cuenta mndo 
Las horas que ve pasar; 

Y avisa al mundo dormido. 
Con la punzante campana , 
Las horas que habrá mañana 
De menos al despertar. 

Parece el ojo éel tiempo , 
Cuya viviente pupila 
Medita y nm^ tranquila 
El paseé la eternidad; 
La envió é reír de los hombres 
La Omnipoleocla divina , 
Creó el sol que la ilumina. 
Porque el sol es la verdad. 

Asi é la luz de esa hoguera 
Que ha suspendido en la altura 
Creee la humana locura . 
Mengua el tiempo en el relé; 



COKPOSiaOIfBS DITERSáS. 



El tolalaiBbn tu horas 

Y el reló los goles cuenta, 
Pofqoe en so marcha violenta 
No vuelva el sol que pasó. 

Tremenda cosa es por cierto 
Ver que un pueblo se levanta 

Y ae embriaga y ríe y canta 
De una plaza en derredor; 

Y ver en la negra torre 
Inmoble un reló marcando 
Las horas que va pasando 
En su báquico furor. 

Tal ves detrás de la esfera 
Algún espíritu yaco 
Que rápidamente hace 
Ambos punzones rodar. 
Quizá al declinar el dia 
Para hundirse en occidenta 
Asoma la calva frente 
El universo á mirar. 

Quizá á la luz de la luna 
Allá en la noche callada 
Sobre la torre elevada 
A meditar se asentó : 

Y por la abierta ventana 
Angustiado el moribundo 
Al despedirse del mundo 
De horror transido le vló. 

Quizá asomando á la esfera 
Las noches pasa y los dias , 
Marcando la hora postrera 
De los que habrán de morir i 
Quizá la esfera arrancando, 
Asome al oseure hueco 
El rostro nervioso y soco 
Con sardónico reír. 



I Af 1 ^e es muy doro al destino 
De noeoira esistencia ver 
Ea MI misterioso circulo 
Trazado en una pared. 
Ver en númvos escrito 
De nuestro orgulloso ser, 
La mlieria... el polvo... naát» 
Lo que será nuestro fué. 
Es triste oir de «na péndola 
El compasado caer, 
Gomo se oyera ri raido 
De los descarnados pies 
De u nioerte que viniera 
Nuestra existencia á roafflr : 
Oír su golpe acerado 
Repetido una , dos, tres, 
MU Tooes, Igoíd, continuo 
Gomo la primwa vei. 
Y en tonto por ú oriente 
^ubeal sol, Toelve á caer, 



Tiende la.noéhe ■■ 

Y vuelve el sol otra ires, 

Y viene la primavera, 

Y el crudo invierno 
Pasa el ardiente verano» 
Pasa el otoüo , y ae ves 
Tostadas bojes y floree 
Desde las ramae eaer. 

Y el reló dando laa lieíae 
Que no habrán mas de velTW 

Y murmurando á eeoqpáe 
Una sentencia cruel , 
Susurra el péndulo— «fMHi 
; Nunca ! , ; imtiea / • •«- Tndff 
Lo que allá en la etemldid 
Una ves eonlado íiiéi» 



LA LUNA DE EMSP 



El prado esti sin mdma, 

Y los jardines sin florea , 
No cantan los rulseftores 
Amores en la espesura. 

No se oye el dulce mnnno] 
Del viento , que ronco bnmi 
No brota en la seca rama 
Tierno y pintado capuUo. 

No saltan serenas fuentes 
Por entre sutiles bocaf. 
Que ruedan desde las rocas 
En vez de arroyos torrentes. 

La luz que tos aires pnetía 
Pesada , amarilla y tarda , 
Se pierde en la sombra pirA 
De la perezosa rúMñ. 

Se viste el color dd cMo 
Color de los ffinerales, 

Y son del alba cristales 
Los carámbanos de yelo. 

Brou á loeradoe eHiajta 
Con qae el Invierno la ahnii 
La tierra nieUu y la9M, 
Ei mar monlaftas de fflipmi 

Y badnadosde aocka hegp 
Los hoaibrescn dennadori 
Contemplan el reaplander 
Que aaalta la aial eaiera. 

Y baja amarillo el rio, 

Y entre sus ondas pesadas 
Trae las ramas desgajadas 
Al furor dd deno impío. 



Mas la nodie sUendoaa 
Por d firmamento sobe. 




PBpqSlVA P4RTE. 



che una nube, 
vistosa. 

fiumbra importuna 
(lo sus huellas 
• estrellas, 
la luna. 

? en recompensa 
andábales 
lil fanales 
fera inmensa. 
> la luz de plata 
lie se \ istc 
I mas triste 
mas ingrata ! 
osí'uridad , 
que velan, 
Via rielan 
a ciudad. 
Miar inquietas, 
rito violento 
uje del viento, 
n las veletas, 
isioncs vecinas 
Im ventanas 
ices vanas 
i esquina?. 

jra en que no veamos 
na oculta, 
u la temamos 
fubra abulta, 
iipleta ilusión 
I te tan bien , 
}ue í^ ven 
a.« que son. 
desmiente, 
ues del río, 
ar t'l rocío , 
la fuente, 
ejos el monte, 
loidados, 
pifiados 
i horizonte, 
tonces cantar 
o acento, 
izan d viento 
'spirar ! 

a itombra oscura 
tante falda , 
a espalda 
Hta cintura, 
elo sutil 
blanco cuello , 
as <le aquello 
prfll. 

por entre el velo 
í centellas , 
como estrellas 
aquel ctelo. 



Hasta la misma amargura 
Es tal vez menos amarga. 
Que cuanto la noche alarga 
Adquiere mas hermosura; 

Que eq upa noche tranquila 
Parece el ciclo en verdad 
Ojo de la eternidad , 
Y la luna su pupila. 



Reina de los astros ¡Luna! 
Ck>mo tu luz no ha> ninguna á 
Si el alba tiene arrebol , 
Si tiene rayos el sol , 
Su luz de fuego Importuna. 

Cansa por cierto esc ardor 
Con claridad tan estrema , 
Bello es del alba el color, 
Bello del sol el calor, 
Pero tanta lumbre quema. 

¡ Oh , de la tuya templada 
Es fantástico el Imperio ! 
Tú con tu luz plateada 
Das de la sombra á la nada 
Los contomos del misterio. 

¡ Oh noches encantadoras , 
Volved con tanta riqueza! 
¡ Hermo^ns son vuestras horas 
Que embellecen seductoras 
Del ánima la tristeza ! 

Como aquellas ¡ no hay alguna! 
Que en vez de sombra iníportona 
Traen por orgullo con ellas 
Mil ejércitos de estrellas 
Cortesanas de la luna. 



A UNA MUGBB. 



Ayer el alba amarilla 
Al anunciar la maliana 
Pintaba de tu ventana 
El trasparente cristal ; 
Ayer la flotante brisa 
Daba á la atmósfera olores. 
Meciendo las gayas flores 
Sobre el tallo desigual. 

Ayer al rnmor tranquilo 
De la corriente vecina 
En la orilla cristalina 
Se baruil>a el ruiseñor ; 
Y pájaros , flores , fuentes 
Saludando al nuevo día 
Le prestaban armonía 
En cambio de su color. 



LMíi i'HOLO(;u. 

lanza como la Pitonisa el oráculo, como la estatua de Memoooi 
armonía: ella la recibe, ella la descifra, ella la comprende. 

Si, poeta: la sociedad te comprenderá mejor que los sabios ;i 
los eruditos. Tus mágicos preludios no serán perdidos ni infecaí 
Sigue á tu grandiosa carrera : avanza de lu aurora á tu porfeniri 
gloria y esplendor. Tú has cantado los dolores del corazón, los i 
terios del alma^ las maravillas de la naturaleza, y el poder de ki 
piracion. Tú manchado de polvo y de fango el cuadro chillmij 
desentonado de una civilización anárquica y desnivelada : lúhm 
tizado con los tintes de la luz de oriente las sombras de la edad 
y nos has mostrado una luz todavía encendida en el fondo de loii 
tiguos sepulcros. Sigue. El destino tal vez te reserva otra carreri; 
prepara otra corona : tu poesía se lanzará hacia un nuevo periodoi 
brillanle y mas filosófico : tú conoces que lo presente noesdij 
ti, pero debes saber también que lo pasado es estéril, que lo qMi 
muerto una vez no resucita jamás, y que es ley de la Provideodn 
la humanidad no retroceda nunca. El porvenir te aguarda, 
venir misterioso que se cierne sobre la Europa, y con cuyos ei 
soñamos como se sueña en la adolescencia con las gracias de uot^ 
rída que se forja el corazón. Esa edad por que la juventud suspira,M| 
edad invocada por los votos de nuestros corazones, ese edad,ticni 
de promisión en este desierto para nuestras- fervientes y religioiM} 
esperanzas, tuya es, y antes que nosotros debe llegar á ella esafánliA| 
qae á velas desplegadas voga por el mar de los tiempos. A tu 
osla reservado pintar esas maravillas desconocidas y rasgar ánueM' 
ojos el velo á cuyo través ahora ni vagamente se trasluce. Tú aobj 
serás capaz de realizar en tus profétícas creaciones ese apocilipM 
de la inteligencia, esa época de reorganización y de armenia eoqM 
la grandeza de los antiguos tiempos se multiplique por la belleía I 
progresos de la civilizaciop moderna , despojada esta de su egoisoo, 
como aquellos de su barbarie, en que una ley universal de jiísticii) 
sabiduría y libertad, reúna en una común familia las naciones abon 
aisladas, y en que. una religión de amor y paz realice sobre la tiem 
el glorioso destino á que la humanidad es llamada. 

Si, poeta. Tal vez tus versos nos pinten lo que loa políticos no M 
atreven á calcular ; tal vez á tu oanto se nivele lo que á la filosofitno 
lo es dado proveer. La Providencia note ha hecho aparecer en vano: 
y pues que te evocó de una tumba, tú debes saber cosas que los mo^ 
tales ignoramos. Cumple pues tu mmon sobre la tierra. No importí 
que los que á si mismo se desprecian , los que no so creen nacidoi 



PROLOGO. Lix 

fin alguno , los que piensan que existen arrojados por ei acaso 
ko piedras en el pozo de la vida, los que niegan la previsión de la 
ligeneia suprema, la divinidad del espíritu humano, su imperio 
re el mundo, y los que á trueque de no reconocer los privilegios del 
io niegan también su existencia hayan ridiculizado esa frase 
1, y tomen un pensamiento de piedad por un pensamiento de so- 
bia. Tú, empero, que crees en ella porque oyes dentro de ti la voz 
¡na que te la dicta, sigue sereno á pesar de las tempestades que en 
lorizoote asomen la inspiración sublime que te lleva á otro mundo. 
te be visto partir, mi querido amigo , yo también había querido 
lanne en ese océano ; pero delante de ti, be recogido mis velas, y 
be quedado en la ribera, siguiéndote con mi visia y con mis votos, 
yo en mis ilusiones habia creido también que tenia uns^ misión 
B cumplir. Has venido tú, y me queda una bien dulce, bien deli- 
ü ; la de admirarte y de ser tu amigo. 



NicoMEDES Pastor Duz. 



Madrid. 14 de Octubre de 1837. 




OBRAS POÉTICAS 



DI 



ON JOSÉ ZORRILLA 



COMPOSICIONES DIVERSAS. 



PRIMERA PARTE. 



EMOmA DESGRACIADA 

EL JÓTEÜ UTERATO 

VNO JOSÉ DE LARRA, 



clamor que rasga el Tiento 
aneral de una campana : 
do del postrer lamento 
iver sombrío y macilento 
úo polvo dormirá mañana. 



1 misión sobre la tierra, 
xistencia carcomida, 
rírgen al placer perdida 
»ro(ano velo en el altar, 
tiempo el porvenir vacio, 
t ensueños y de gloria , 
;ó á ese sueño sin memoria , 
va á otro mundo á despertar! 

flor qne marchitó el estío , 
mte que agotó el verano ; 
ente su murmullo vano, 
•mido il tallo de la flor, 
aroma se percibe , 
i edor de la llanura , 
de yerba y de frescura 
el arroyo creador. 



Que el poeta, en su misión 
Sobre la tierra que habita. 
Es una planta maldita 
Con frutos de bendición. 

Duerme en paz en la tumba sol 
Donde no llegue á tu cegado oído - 
Mas que la triste y funeral plegaria 
Que otro poeta cantará por ti. 
Esta será una ofrenda de cariño 
Mas grata, si, que la oracioitde unhoi 
Pura como la lágrima de un niño, 
Memoria del poeta quie perdí ! 

Sí existe un remoto cielo 
De los poetas mansión , 

Y solo le queda al suelo 
Ese retrato de yelo, 
Fetidez y corrupción; 

¡ Digno presente por cierto 
Se deja á la amarga vida 1 
\ Abandonar un desierto 

Y darle á la despedida 

La fea prenda de un mBerto! 



Poeta , si en el fio ler 
Hay un recuerdo de ayer, 
Una vida como aquí 
Detrás de ese firmamento... 
Conságrame un pensamiento 
Como el que tengo de tí. 

1 




COIPOSKKHWES BtYEKSAS. 



A CALDERÓN. 

« La Tenerable convefarion de Mcerdotet 

• natorale* de etU tiUa pu»o aqol ettk loa- 

• crlpt:iun , Clin p Tmitu de dou Diego tM" 
m droa de Guevara , ca. allero de la órdea de 
» CaJatrava j pairoo de esta capilla. » 

{Capiha H§ Smn üalctdor^ Sepulcro 
* Don Pedrb Okki^fn J$ U BdM^ 



Hay una antigua capilla 
Pobre por su antigüedad , 
Negra por su oscuridad , 
Re>'ocada por la villa : 

Donde se lee en un rincón , 
Mas que con ojos con manos , 
—Aquí los^restos iciianos 
DE Don Pedro Caldero:^.— 

I. 

Ave osada cuyas plumas 
Vistieron de cien colores 
Con sus matices las flores , 
Con su nieve las espumas ; 

A cuyos ojo.«^ el sol 
Prestó luz y atrevimiento, 

Y á cuvas alas dio viento 
Tu noble aliento es¡kariol ; 

A quien la tierra diú sombra, 

Y la fortuna diú caima, 

A quien un rayo dio el alma , 

Y el universo una alfombra ; 
Aguiia para volar 

Reina dd viento naciste , 
FeítT^ al mundo saliste 
Para vivir y cantar. 

Agnila fué tu nsadia , 
Hat con sn &lre\ido vuelo 
SúM atrebat^da al cielo 
A beber la luz del día. 

Fénix, fueron tus cantares, 
Pues al nacer y al morir 
Solo se hicieron oír 
Al calor de sus hogares. 

Águila tus ojos son, 

Y fénix es tu garganta : 
Es fénix ta voz que canta , 
Águila la Implracton. 

SI el agüita ojos te da , 
Te da el fenlt melodía, 
Para t« litt y armonía 
NI ojos , ni oídos habrá. 

Mas por desgracia ó fortuna 
Ya tu garganta está seca , 

Y allá en tn pupila hueca 
No queda mirsda alguna. 

Duernve en pat en tn rtnoon , 
Donde levantó ta gloria 
Una cruz á la memoria 
Pe Don Pspao Calderom. 



Que si un mármol reclam* 
Tu grandeza y te le dieron , 
Según lo que le escondieron 
Parece que les pesó. 

Yaces en un templo , si, 
Pero en tan bajo lu^, 
falle j^recek aguardas 
Hbra hi qué huirte de alh. 

Mucho te guardan del sol 
Temerán que te ennegrezca 
O tal vez no le merezca 
Tu ingenio , y nombre Espa 

En vez de tan vil lugar 
Si fueras un potentado , 
Sepulcro te hubieran ¿do 
Deiahle del mlsiDo altar. 

Porque al magnate altane 
Le dan virtud y oraciones 
El oro de sus blasones, 
Yau fortnna primero. 

Mas duerme tranquilo ahí 
En ese rincón inmundo 
Para sarcasmo del mundo, 
Te basta tu nombre á tí. 

Que iml>écii ó descoidada 
La malignidad del homliis 
Dejó olvidado tu nomhA 
Sobre el sello de tu nada. 

U. 

Sombra ultrajada ^ perdón 
Si tu sueño intenumpi, 
\tñe mi atrevinMeirtoi 
Le poeo que aoy «b MÍ> 
LomochoqneeaUi' 

Mts o}e8teq|iilarai1M% 
Perto cnando mas lémm> 
Mas imposible ha de aer. 
i Su lumbre van á perder 
Ojos que por tí dcllrani 

Mis ojos ven tu laurd, 
Y ver quisieran tu alina^ 
Que es martirio bien crual 
Desesperado al pié del 
Suspirar por una palma. 

Mas si nada he de pods^ 
Digno Calderón , de tí, 
SI el que á llorar venga aqid 
¡Grande eomo tá ka de iei^ 
A tn vez llora par ai , 
Qne menos no fae de l al fir . 

Pnes ta osada tto p ln w na 
Eterna ifaedó en la MMrti, 
Duerme en pai en tu «taein. 
Donde levantó tnflorla 
Una crux... trlafea onaioria 
De Doif Pemo GAUHnoH, 



ntnturMiTB. 



I. 

, rnloou. Mil 7 olvidada, 
tys lu pifa entre la ucni, 
ToMa abandoiuida 
del Tlaotc y del turbión, 
wlta en el manto de iiii uyet 
na au frente carcomLda; 
lia (oldado* y iln leves, 
iudolaata al pié de tu blawD- 
lio tiene el frisanlctro nombre, 
tm que cubre «n retenía, 
vil «n que adlvÉna el hombre 
oleda laopnlenti fué. 
I tonpb) aumldo en unstiondun, 
nica, j entre nitnu j blasones 
■T tentado en ana altura , 
eblo ImbMl que vegeta al pt<. 
lo abraiadof del cieno inpio 
mando su» loaiadM muroa, 
aa hoodaa pilidaí de un rio 
lad da aKombroM levantó, 
leda alU — lafic tendida 
4to aln annat } aln alaria, 
■lo «lerado á la memoria 
cuidad InmenM que h bundió. 



9 tombns miklenla luí : 
I voi del (í^ono lue mola 
TM dd Oento } de las precct ; 
I dMpaa apenas queda 
, DD ■epate» j una crui. 
• WtaUurMahiBa 
1 4« toa rUriot d« colorea 



un air que aatra , llora i valai 
>mU« aia ayer y aln roabana 
niM donnldo anta el basar. 



p il gemli iM Ttento, 
icblo , an la alta noche, 
I natro macilento 



I cMerta pupila , 
a |« ent e figura 
fanlaama aterrador. 

'anUn «bandida* 



Una bruja , 7 loa Ualorte 
Déla santa religión, 
Hienira en el polvo la frenta 
A la bruja, ¿áHaria 
DlTlJe Indi 9 tintamente 
Su aacrílega oración. 

Y en BU Ignorancia grosoa 
MftKJa acaso en un anauaña 
SI lumbre de una hechicen 
Con el ntuntire de Jeborá. 
Con el vaticinio inmuudo 
De un ao/udador Inrame, 

El del redentor del mundo 
En torpe amalgama vá. 

La luna en tanto paaea 
Cniuodú el uul tranquilo , 

Y los despojos blanquea 
De tanta generación : 
Esos pigüus sin nombre. 
Cifras de un slulo Ignorado , 
Que alió la mano del bombn 
Del boRütfe para baldón. 

Esas santas caiedraleí , 
Cuyos pardos capiteles. 
Cuyos pintados crlslalea , 
Cuya bóveda ojival , 
Cuyo color ceniciento. 
Cuyo silencio solemne 
Cobijan per pavimento 
Una losa sepulcral. 

Sobre ella loi vivos cantan , 
A par de ruidoea orquesta , 
Cantares que se levantan 
Haíta loa pies del twüotí 
Sobre ella nota el perfuma 
Que la aliDÚsTefa cmbalsami, 

Y en oblación scionsunw 
Oto y mirra ai CrlaJtfr. 

Sobre ella en ooclie liuvLew 
Al bramar dd vleolo l>ravo. 
Armonía miílcriosa 
En el templo te bacc oír. 
Es un cántico tremendo, 
Ronco, vago, agouiuule. 
Una voi que eslá pidiendo 
Por los que van i morir. 

Es la voi del bimno aauto* 
Del terrible mtrervr». 
Cuyo mooólMM canto 
Miedo Infunde al oaraaw i 

Y en la bóveda rodandn 
Saliendo al aire dotanU, 
Al mundo va pri'dicando 
Una santa religión. 

Y bajo la piedra helada, 
De los homlireí que mu 
Se oye la vos apagada 
EltiUUHlnodacbj 




COMPOSICIOIIES btTERSAS. 



Y la camptna itaora 
RemedáDdola en el aire 
Con la Toi de alguna hora 
La hace en d aire morir. 

II. 

Duerme \ oh Toledo ! en la espumante orilla 
De ese torrente que á tus pies murmura , 
Que con agua pesada y amarilla 
Boc y devora tu muralla oscura , 
Que llora avergonzado tu mancilla , 
Tu perdida riqueía y tu hermosura, 

Y calla por piedad á las naciones 
Que yacen en su fondo tus blasones. 

Duerme , sí , con tus fábulas sagradas , 
Los ángeles y brujas de tus cuentos , 
Las danzas de los santos con las fadas , 
Los misterios ocultos en los vientos ; 
Duerme , sí , con tus farsas parodiadas 
Prenda de tus señores opulentos : 
Sepulta en barro tu diadema de oro 

Y canta en derredor de tu tesoro. 



Hubo unos dias de gloria 
Vanos recuerdos de ayer : 
Apenas hoy de esa historia 
Nos queda un Zocodover, 
U otro nombre en la memoria. 

Ceñida entonces la plaza 
De ancho tapiz toledano. 
En la arena húmeda emplaza 
Un moro de noble raza 
A algún capitán cristiano. 

Vestidos están de flores , 
Que avergüenzan un Jardín , 
Balcones y miradores ; 
Cristales son de colores 
Los del Miramamoiin. 

Solo abierto hay un balcón , 

Y es el balcón del Sultán , 

Y armados de alto lanzon 
Ginetes debajo están 
Por respeto á la función. 

Y las musulmanas bellas 
Detrás de las cclosias 
Muestran ocultas estrellaf 
Sus ojos, que en tales dlat 
No hubiera luces sin ellas. 

¡ Bellas son las orientales 1 
Delicados como espumas 
Sus prendidos y sus chales, 
Que mece en ondas iguales 
Un abanico de plumas. 

Por eso seloso el moro 
Tendió en sus ojoa un velo, 



Que es mas rieo tn tesoro 
Que el color azul del cido 
Teñido en franjas de oro. 

Derraman dráde la altura 
Aguas de olor en la arena, 
Que dan aroma y frescnn, 

Y agitan el aura pura 
De aurora blanca y serene. 

Y en redes de oro , colgadas 
De las tres torres mayores , 
De luz y aire embriagadas 
Cantan y vuelan cerradas 
Aves de gayos colores. 

Gala del hombre de oriente 
Era la altiva Toledo : 
Hoy conserva solamente 
Cieno en la caduca frente, 

Y dentro del alma miedo^ 
La árabe Zocodover^ 

Solitaria y carcomida. 
Puede apenas sostener 
La memoria de su vida, 
Amenazando caer. 

Hoy á las cañas de mocoi 
A lo mas ha remplazado 
Con una farsa de toros , 

Y á los adufes sonoroe 

Con los gritos de un mercado. 

Y porque consuelo alguno 
Quedar á Toledo pueda , 
Boboie el tiempo importuno 
Hasta la alfombra de teda 
Del alto alcázar monillo. 

III. 

Hoy un templo de gótica estmetii 

Y escombros sin historias y sin non 
En su deforme y colosal figura 

Su sentencia mortal muestran al h 

Y es fama que se encienden todaí 

En el templo las lámparas «ü flr^ ai 

Y que vibrar se escuchan noche y é 
Del órgano las notas aceradas. 

Aun existe una página de roca 
En que leer deletreando apenas 
La era en que una tribu noble ó loe 
Cesó de darnos timbres y cadenas. 

Aun hay mirra, hay pebetes yliay al 
En que á través de seda y pedrcfia 
Alcanza el pensamiento entre las so 
Lo que Toledo la árabe seria. 

Esos son los suntuosos funerales 
De tanta gala , pompa y hermosura : 
Quedan en vez de cantos orientales 
Himnos al Dios que mora en el tito 




PRIMERA P«&Te. 



Ya DO hay eafiu , ni torneos 
M moiiscas cantilenas. 
Ni entre las negras almenas 
Moros ocaltos están ; 
Hoy se ven sin celosías 
Miradores y ventanas. 
No hay dansas ya de sultanas 
En e(Jardin dei Sultán. 

Ya no hay dorados salones 
En alcázares reales , 
Gabinetes orientales 
Consagrados al placer; 
Ya DO hay mngeres morenas 
En lechos de terciopelo 
Prometidas en nn cielo , 
Qne los moros no han de ver. 
Ya DO hay pájaros de oriente 

Presos en redes de oro , 

Cayo cántico sonoro. 

Cayo pintado color 

Próien al aire armonía, 

Mientras en baño de olores 

Dormita sobando amores 

El opulento seftor. 
No hay uoa edad de placeres , 

Como fué la edad moruna : 

Igual á aquella ninguna , 

Porque no puede haber dos; 

Pero hay en gótica torre 

De parda Iglesia cristiana 

Una gigante campana 

Con el acesto de un Dios. 
Hay un templo sostenido 

En den góticos pilares , 

Y cruces en los altares, 

Y una santa religión. 

Y hay un pueblo prosternado 
Que dera á Dios su plegaria 
A la llama solitaria 

De la 16 del ooraion. 

Hay uoDlos enyo nombregnarda el viento 
En los pUegoes del roneo torbellino, 
i cuya vos vadla el firmamento 
r d hondo porvenir rasga d destino. 

La dfita de ese nombre vive escrita 
Ea d impuro eoraton del hombre , 
Td adora en un árabe mexquiU 
La oiisteriosa cifra de ese nombre. 



EL RELO. 

■i QM TtrdAd qit plfMt lueB* 



Cuando en la noche sombría 
Con la luna cenicienta , 
De un alto reló se cuenta 
La voz que dobla á compás; 
Si al cruzar la estensa plaza 
Se ve en su tarda carrera 
Rodar la mano en la esfera 
Dejando un signo detrás; 

Se fijan allí los ojos, 

Y el corazón se estremece. 
Que según el tiempo crece 
Mas pequeño el tiempo es ; 
Que va rodando la mano 

Y la existencia va en día , 

Y es la existencia mas bdla 
Porque se pierde después. 

I Tremenda cosa es pasando 
Oir entre el ronco viento , 
Cual se desplega violento 
Desde un negro capltd 
El son triste y compasado 
De el reló , que da una hora 
En la campana sonora 
Que está colgada sobre él! 

Aquel misterioso drculo 
De una eternidad emblema. 
Que está como una anatema 
Colgado en una pared , 
Rostro de un ser Invisible 
En una torre asomado 
Del gótico cincelado 
Envuelto en la densa red. 

Parece un ángel que aguarda 
La hora de romper el nudo 
Que ata el orbe , y cuenta nrado 
Las horas que ve pasar; 

Y avisa al mundo dormido. 
Con la punzante campana , 
Las horas que habrá mañana 
De menos al despertar. 

Parece el ojo del tiempo , 
Cuya viviente papila 
Medita y m«ta tranquila 
El pase é la eternidad; 
La envió á rdr de los hombres 
La Omnipotencia divina , 
Creó el sol que la Ilumina, 
Porque d sol es la verdad. 

Ad á la luz de esa hoguera 
Que ha suspendido en la altura 
Crece la humana locura , 
M#!ngua el tiempo en d rdó; 



COMPOSUaOIfBS DITERSáS. 



El lol almabn tu horas 

Y el reló los soles cuenta, 
Pofqoe en so marcha violenta 
No vuelva el sol que pasó. 

Tremenda cosa es por cierto 
Ver que un pueblo se levanta 

Y ae embriaga y rie y canta 
De una plaza en derredor; 

Y ver en la negra torre 
Inmoble un reló marcando 
Las horai que va pasando 
En su báquico furor. 

Tal ves detrás do la esfera 
Algún espíritu yace 
Que rápidamente hace 
Ambos punzones rodar. 
Quizá al declinar el dia 
Para hundirse en occidente 
Asoma la calva frente 
El universo á mirar. 

Quizá á la luz de la luna 
Allá en la noche callada 
Sobre la torre elevada 
A meditar se asentó : 

Y por la abierta ventana 
Angustiado el moribundo 
Al despedirse del mundo 
De horror transido le vid. 

Quizá asomando á la esfera 
Las noches pasa y ios dias , 
Marcando la hora postrera 
De los que habrán de morif i 
Quizá la esfera arrancando» 
Asome al oseure hueco 
El rostro nervioso y seco 
Con sardónico reír. 



I Af t ^e es muy duro el daitlno 
De noeoira existencia ver 
Ea mt misterioso circulo 
Trazado en una pared. 
Ver en números escrito 
De nuestro orgulloso aér. 
La miaeria... d polvo... naát» 
Lo que será nuestro fué. 
Es triste oir de «na péndola 
El compasado caer, 
Gomo se oyera el ruido 
De los descarnados pies 
De la aiuerte que viniera 
Nuestra existencia á roafer : 
Oir su golpe aoerado 
Repetido um , dos, tres, 
MU veoei, Igoai, continuo 
Gomo la primera ves. 
Y en tanto por el oriente 
3ubeel sol , vuelve á caer, 



Tiende la noého m mm¡g%^ 

Y vuelve el sol otra ves, 

Y viene la primavera , 

Y el crudo invierno también t 
Pasa el ardiente verano» 
Pasa el otoño , y ae ven 
Tostadas bojes y florea 
Desde las ramas caer. 

Y el reló dando laa hoiae 
Que no habrán maa da velTH 

Y murmurando á eempáa 
Una sentencia cruel , 
Susurra el péndulo — « ¡mm 
¡ Nunca! , « tmncm / • -* TMlf 
Lo que allá en la eteraláaá 
Una ves eonlado fué» 



LA LUNA DE EMSfl 



El prado está stn TerAma, 

Y los jardines ein flores. 
No cantan los ruisefiorea 
Amores en la espesura. 

No se oye el dulce marmnl 
Del viento , que ronco bren» 
No brota en la seca rama 
Tierno y pintado capullo. 

No saltan serenas fuentes 
Por entre sutiles boeaf. 
Que ruedan desde las roeas 
En vez de arroyoe torrentes. 

La luz que los aires pneUa 
Pesada , amarilla y tarda, 
Se pierde en la sorhbn paidl 
De la perezosa nidl>la 

Se viste el cdor dd déto 
Color de los ffinerales , 

Y son del alba cristales 
Los carámbanos de yelo. 

Brou á ioeradoe eHiajta 
Coo qne el Invierno la 
La tierra nieblas y la9M, 
El mar monlaftas da 

Y hadnadoB de aocka iM^i 
Los heoibres en dcrradoTí 
Gontsmplan el reaptanáor 
Que aaalta la aznl eaiera. 

Y baja amarillo el río, 

Y entre sus ondas pesadlas 
Trae las ramas de^^adas 
Al furor dd cieno impío. 



Mas la nodie silendosa 
Por d firmamento sobe. 




PapiEi^ P4RTE. 



acheunanuLe, 
vistosa. 

sombra importuna 
ido sus huellas 
c estrellas, 
la luna. 

e en recompensa 
endabales 
nil fanales 
^fera inmensa. 
s la luz de plata 
clie se \ i.stc 
a mas triste 
mas ingrata ! 
oscuridad , 
i que velan , 
ivía rielan 
la ciudad, 
odar inquietas, 
erito violento 
mje del viento, 
>n las veletas, 
nsioncs voi'inas 
laa ventanas 
uc€8 vanas 
,s esquinas, 
i^ra en que no veamos 
ma oculta, 
as la temamos 
•mhra aliuita. 
nipieta Ilusión 
(itc tan bien , 
que se ven 
ias que son. 
ales miente, 
:ues del rio, 
lar el roclo, 
la fuente. 
Ii'jos el monte, 
soldados, 
I pinados 
.>l borizoDte. 
itonces cantar 
lo acento , 
uzan d viento 
espirar ! 

la fiombra oscura 
liante falda , 
a espalda 
eita cintura. 
• elo sutil 
blanco cuello , 
as de aquello 
«eríll. 

por entre el velo 
ü centellas , 
1 como estrellas 
•qnel délo. 



Hasta la misma amargura 
Es tal vez menos amarga. 
Que cuanto la noche alarga 
Adquiere mas hermosura; 

Que en upa noche tranquil^ 
Parece cf cielo en verdad 
Ojo de la eternidad , 
Y la luna su pupila. 



Reina de los astros ¡Luna! 
Como tu luz no hay ninguna ¡ 
SI el alba tiene arrebol , 
Si tiene rayos el sol , 
Su luz de fuego importuna. 

Cansa por cierto esc ardor 
Con claridad tan estrema , 
Bello es del alba el color, 
Bello del sol el calor, 
Pero tanta lumbre quema. 

¡ Oh , de la tuya templada 
Es fantástico e\ Imperio ! 
Tú con tu luz plateada 
Das de la sombra á la nada 
Los contomos del misterio. 

¡ Oh noches encantadoras , 
Volved con tanta riqueza! 
¡ Hermosas son vuestras horas 
Que embellecen seductoras 
Del ánima la tristeza ! 

Como aquellas ¡ no hay alguna! 
Que en vez de sombra importuna 
Traen por orjfullo con ellas 
Mil ejércitos de estrellas 
Cortesanas de la luna. 



A UNA MUGBB. 



Ayer el alba amarilla 
Al anunciar la maliana 
Pintaba de tu ventana 
El trasparente crista] ; 
Ayer la flotante brisa 
DÍd)a á la atmósfera olores. 
Meciendo las gayas flores 
Sobre el tallo desigual. 

Ayer ai rumor tranquilo 
De la corriente vecina 
En la orilla cristalina 
Se bañalta el ruiseñor ; 
Y pájaros , llores , fucntef 
Saludando al nuevo día 
Le prestaban armonía 
En cambio de su color. 




COMPOSICIONES DITERSAS. 



Ayer ere d lol Mllante, 
El cielo azul y sereno , 
El jardín fresco y ameno , 

Y delicioso el vivir; 
Eras tú niña y hermosa 
Sin rubor sobre la frente , 
Tu velar era Inocente , 
Inocente tu dormir. 

Tú reías y cantabas 
Nl&a ó ángel en el suelo , 

Y tus risas en el cielo 
Eran guirnaldas tal vez ; 
Estrellas eran tus ojos, 
Cántico vago tu acento. 
Blando perfume tu aliento , 
Luz de la aurora tu tez. 

Entonces , niña , en tu mente 
No resonabaíi las horas , 
Ni apenaban seductoras 
Fantasmas al corazón ; 
No te pintaba tu sueño 
Entre la sombra callada 
Un suspiro , una mirada 
En voluptuosa ilusión. 

Para tí no habia tiempo, 
Todo era paz , todo flores. 
No habia infierno de amores. 
Ni fastidio del placer ; 
Un poeta te cantaba 
Melancólicos cantares , 

Y la voz de sus pesares 
No comprendías ayer. 

I Pobre niña ! ¿ Qué se han hecho 
Los delirios de tu infancia? 
¿Qué has hecho de tu fragancia, 
Marchita olvidada flor? 
Tus hojas yacen quemadas , 
Tu cáliz vacío y seco. 
Tu tallo quebrado y hueco. 
El sol no te da color. 

Niña de los negros ojos, 
¿A qué viniste á la tierra? 
Rosa nacida entre abrojos , 
¿ Qué esperas del mundo , di ? 
Una brisa corrompida. 
Fétida, hedionda te mece. 
Tu aroma se desvanece... 
¿ Quién demandará por tí ? 

Ángel mió, vuelve al. cielo 
Antes que el mundo te vea , 
Que los placeres del suelo 
Placeres malditos son. 
I Oh ! por el gozo de un día 
No compres, no, tu tormento; 
El cielo es solo ¡ alma mia 1 
De los ángeles mansión, 



Hoy es tarde... I eraa muge 
Leo en tu frente humillada 
El pon-enlr de la nada 
Entre las huellas de ayer. 

Veo en tii rostro bullir 
Ese torcedor setreto... 
Tu velar es hoy inquieto , 
Es inquieto tu dormir! 

Lívida está tu mejilla, 
En desorden tus cabellos... 
Muger, mal prendida en dU 
Olvidada una flor brilla. 

Anoche en ves de (Mradon 
Desesperada en el lecho , 
Exhalaste de tu pecho 
Sacrilega maldición. 

Que en el cristal tnspan 
Contemplastes aterrada 
Del negro crimen grabada 
La marca infame en la fren' 

Que mal sujeta á tus flor 
Entre tus gasas y laioa» 
Rasgando van á pedazos 
Tu hermosura loa dolores. 

i Ay ! inútilmente lloru 
El desvanecido encanto. 
Entre las ondaa del Uanto 
No vuelven, mnger, las he 

Diote el mundo oro y pli 
Cumpliendo al fln tus aftuí 
ídolo de los galanes , 
Envidia de las mngeres; 

Y á la luz saliste otaa 
Con tu hermosura \ oh nnii 
Sin acordarte de ayer, 
Y sin pensar en nmRjiwf | 



I Ay ! en la tumba ooDdu 
El gozar y el padecer 
Del mundo vano. 

Y los vicios nos destruyen , 

Y nos matan { oh muger ! 

Tarde ó temprano. 

Y tú, calda palmera... 
Porque vendiste tu amor 

A precio infame, 
Has querido vil ramera 
Que á tus puertas el dolor 

Mas presto llame. 



Tal vez lúbrico magmte 
Te inundó por on pUaer 

Deoroy carlfio» 
Y mientras su rey eonsbala 




PRIMERA parte; 



i, — ^, 
j armiño. 



oronada frente 
n tu impuro pecho 
or comprando , 
endigo indigente 
,'1 pobre lecho 
ite hollando. 

niña, los dias, 
is ilusiones 
les, 

ienen Impías 
itas y aquilones 
abriles. 

(Uanto 7 dolores, 

ento, amargura, 

ngaños: 

t pilques roedores 

T y hermosura 

n los años. 



tt de la fatal campana 
ria y su oración ; 
t bfUNiará mañana; 
en Üétldo rincón, 
fatídico y doliente 
is flores del jardín , 
istales de la fuente, 
brindis del festin. 
legante gabinete 
penetró también , 
Lre el humo del pebete 
losa en ia tocada sien. 
I lágrima , un gemido 
5 á ofrecer no van , 
de infames el olvido... 
mbre en su sepulcro están! 



lENTAL, 



e hi negra toca , 
ado mongil , 

de tu boca 
mada Boabdil. 
lama mejor 

mas bizarro , 
•esco verdor 
>rilla del Barro. 
t fiestas de toros , 

1 en sus manos . 
lÉMftdelosi ros 
I toa «Uttanoi 



Diera alfombras orientales , 

Y armaduras , y pebetes , 

Y diera... ¡ que tanto vales! 
Hasta cuarenta ginetes. 

Porque tus ojos son bellos, 
Porque la luz de la aurora 
Sube al oriente desde ellos , 

Y el mundo su lumbre dora. 
Tus labios son un rubí 

Partido por gala en dos... 
Le arrancaroa para ti 
De la corona de un Dios. 

De tus labios , la sonrisa , 
La paz , de tu lengua mana... 
Leve , aérea como brisa 
De purpurina mañana. 

i Oh qué hermosa nazarena 
Para un harén oriental. 
Suelta la negra melena 
Sobre el cuello de cristal , 

En lecho de terciopelo , 
Entre una nube de aroma , 

Y envuelta en el blanco velo 
De las hijas de Mahoma! 

Ven á Córdoba, cristiana. 
Sultana serás allí , 

Y el Sultán será { oh sultana ! 
Un esclavo para ti. 

Te dará tanta riqueza , 
Tanta gala tunecina , 
Que has de jugar tu belleza 
Para pagarle , mezquina. 



Dueña de la negra toca. 
Por un beso de tu boca 
Diera un reino Boabdil ; 
Y yo por ello , cristiana , 
Te diera de buena gana 
mi cielos , si fueran mil. 



A VENECIA. 

L 

AUi está Venecia , la dueña opulenta 

De antiguos , y nobles, y libres blasone 

Venecia ia hermosa , la villa que cuenta 

Que á sueldo tenia soberbias naciones , 

Señora del mar. 

Que cuenta, que un dia imperios y rcy« 
Su gala envidiaron, su nombre temieron 

Y el mar y la tierra besaron sus leyes , 

Y enviáronla buques, soldado s la die roi 
Porque ella supiera batirse y trltmítf . 




!• 



COMPOSICIONES mVERSAS. 



Un dit á tu» oJm U tlerca callaba , 
Un dia su nombre la tierra llenaba : 
Pasaron los dias , Venecia pasó. 
Hoy es una viuda y hermosa sultana , 
Que tiene su corte ridicula y vana 
Allá en un palacio que su amo la dio. 
¡ Venecia la encantadora. 
La de los pardos pilares, 
]>e las ciudades st'íiora , 
Ln señora de los mares , 
La corona de jardines 
Colgada sobre canales 1 
No son tu gala y festinea 
Los que valen lo que volea. 

Hechizo de Italia, sí, 
Mas del poeta la lira 
No es por ti por quien suspira, 
No, Venada, no es por tí. 



¿Qué valen tus gondoleros, 

Y tus regatas vistosas. 
Tus republicanos fueros, 
Tus máscaras revoltosas , 

Y tus timbres altaneros , 
Sin los ojos hechiceros 

De tus hermosas? 

I Ay ! que tus día? pasaron... ! 
Véncela, la maravilla, 
A quien monnrcait doblaron 
Otro tiempo la rodilla , 
Tus timbres \ ay ! se borraron , 
Tus señores olvidaron 
La hermosa villa. 

Antigua reina del mar. 
Mal encubres tu calda 
Tus bodas al celebrar 
Con la posesión perdida. 

Llora , Venecia , si , llora , 
Haz duelo en amargo llanto, 
Que tus esclavos, señora. 
Escupen sobre tu manto. 

Reina , tu Adriático brama 
Lejos ya de tua confines ; 
Olvídale , noble dama , 
Entre danzas y festines. 



To patrono ba encaniBddo , 
Tu raudo león no vuela, 
Sobre sus garras dormido 
Por tu grandeza no vda ; 
Brioso alazán herido , 
8a caballero ha perdido 
Freno y espuela. 

Un capricho que pasó , 
Vatiooa opulenta , fuiatt ; 



Tu principe U olvidó ; 
Hermosa , ya enveJecUta 

Y tu tez se marchitó ; 

¡ No pienses , Venecia , nc 
En lo que fuiste ! 

II. 

{ Reír, cantar, beber, corta < 
Reír, hasta que seca la gargan 
Niega paso é la voz enronquec 
Cantar, hasta que el alba aa I* 
Que yace en el Adriático dorní 
¡Opulenta Venecia, r&e y canl 

Rie y canta , señora de loa i 
Que la risa y la voz cubren d 

Y mientras roe el tiempo tus ] 

Y deslustra lo lluvia el aóreo 
Risa y juego, y festines, y caí 
Rueden las horas del dolor en 

Porque la voz de uno c 
La voz de un eafermo ap 
Que un suspiro de agonl 
No penetra en un festín. 
Canta , Venecia la bello , 
Para cubrir el crujido 
De tu iiodcr que se estr^ 

Y va rodando á su fin. 
Le>'anta una carcajada 

Para apagar un gemido, 
Fatídica campanada 
Preludio de un funeral ; 
Melancólica armonía 
Que en la bóveda del ien 
Vibra al espirar el día, 

Y es un canto sepulcral. 
Porque, pese á tus pl» 

A tu pompa y tu hermoa 
Hoy, Venecia, solo erea 
Una memoria de ayer, 
Un sepulcro cincelado 
Entre llores y perfumes , 
Donde yace abandonado 
Tu carcomido poder. 

Un velo blanco de Uno 
De una virgen desgraciad 
Ofrenda al verbo divino 
Suspendida en un altar; 
Barro inmundo en qao p 
Con mano desesperad^, 
El nombre que te logara 
Tantos siglos al pasar. 



Tu ley aea el plocer, 4a4Mii 
¡ Reír, cantar, beber, corif 9§ 
Que en un featin ffjf^^\^ } 
Duerme «IfOMdp, fipmm 




ramiiu tAiTB. 



11 



¡UERDO Y UN 8U8PIRO. 

VolriA la vida á Utir. 
Yol fio el alma A dHirar. 
ToItIo el ardur da wntlr, 
T al infleroo de tlvir 
Y al paraito de amar. 

P. NiGoHBBSi Pasto* Dui. 
I. 

s fa Im de la rosada aurora 
añina del quemado estío, 
xm tibia púrpura colora 
Mrentes gotas del rodo. 

ft inuiMlan el aire da annflfúa 
«1 laa bojaa apiñadas, 
la tierra taludando al día 
M f fiMDleí y cascadas. 

o se mecen las abiertas flores 

arrullo de la brisa errante, 

1 aura jtrodigando olores 
Yeto al despicar flotante. 



eo •ust4NTes, la ciudad dormida 
•ca la Toz de la campana , 
imera de que vuelve á vida 

e la loa de la mañana. 

M el iol allá en el horiionte 
alia afano la radiante esliera , 
que trepando por el monte 
ido el saefio á sorprender Tlniera. 

es la tarde con su parda sombra 
nido apaga y el espacio puebla , 
del mundo en la gastada alfombra 
(u manto de azulada niebla. 

M la Dockt cuando en pai oamina 
iblioie oecui idad velada , 
í fulgor eoD que ilumina 

1 de estrellas coronada* 

m el mondo, si, la vida esbelta...! 
j^us obras el placer derrama : 
encuentra su contento en ella 
non que el imposible ama. 

melancólico suspira 

d alba purpúrea se dertí 
nelancólico la mira 

1 tus püflgues su esperanst llera. 

9 Mbe que el sol en oecidente 
ItMve , le arrebata un dia , 
rbe , al caer sobre su frente, 
nlsterto aumenta su agonía. 

»jo6 Ten el alba, y ven las flores , 
lUy y U aombra y las estrellas , 
iMKaa rodar... y sus dolores 
púa Tolter coo ellas! 



CofüMi qae BO IM» amado, 
Tú no sabea el dolor 
De un corafOB acosado , 
Carcomido y desgarrado 
Por amarguras de amor ! 

No sabes como se llora 
Con ese llanto que quema , 
Con la noche y con la aurore , 
Con ese aol que colora 
En la frente un anatema. 

Se llora con el placer. 
Se llora con el pesar, 
Con el recuerdo de ayer, 

Y mañana... hay que llorar, 
Si nos ama una muger. 

Tú , velado á la tormenta 
De borrascosa pasión , 
No sabes cómo se aumenta. 
Cómo Inflamada revienta 
La pena en el corazón. 

Cómo le devora eterno 
Ese esperar indeciso , 
Cómo abrasa el fuego interno 
De tener hoy un infierno 
Donde estuvo un paraíso. 

lAmar y no ser amadol 
I Sentir y no consentir 1 
I Morir viviendo olvidado I 
I Ay ! { morir de enamorado 

Y no poderlo decir! 

Bullir en el pensamiento 
El bello ser de otro ser... 

Y ese roedor tonnento. 

Que hemos bebido en d vteal». 
En la vos de nna muger I 

Si , mis oídos la oyeron , 
Mis ojos la contemplaron; 
Era hermosa y la creyeron... 
Mis oldoe me aainticfoo 
O sua ejOB me engañaron. 

Era un ángel tal vez ; descendió al sne 
Para dejar sobre la tierra impía 
Alguna oculta maldición del cielo, 

Y un reguero de luz y de armonía. 

La amé al pasar, y me dejó pasando , 

Y por único alivio en mi honda pena 

a CanU , > me dijo, y la visión flotando 
Se deshizo en la atmósfe^ serena. 

U. 

A noy inconED» pastoi ma* 

Poou.venyooBtanai 
A una vea ■ iwrtf oa 



12 



COMPOSICIONES DIVERSAS. 



En una arpt k» lloremos, 
Qae bien cobijarse vemos 
A un árbol dos ruiseñores. 

Yo tu dolor cantaré, 
Tú cantarás mi dolor, 
Que igual el de entrambos fué, 

Y harto yo solo lloré 
Una muger, un amor. 

Hagamos doliente y tierno 
A nuestro canto improviso, 
I>el mundo un recuerdo eterno , 

Y donde estuvo un Infierno 
Alcemos un paraíso. 



A DON JACINTO 

DE SALAS Y QUIROGA. 



Es el poeta en su misión de hierro. 
Sobre el sucio pantano de la vida 
Blanca flor, que del tallo desprendida. 
Arrastra por el suelo el huracán. 

Un ángel que pecó en el firmamento, 

Y el Señor en su cólera le envía 
Para arrostrar sobre la tierra impía 
Largas horas de lágrimas y afán. 

Por eso su memoria tiene un cielo , 

Y una sublime Inspiración su alma. 
Por eso el coraxon de triste duelo 

Vestido está también. 
Que por único alivio en su tormento 
Solo le queda una canción inútil , 

Y una corona que le arranca el viento 

De la abrasada sien. 

Tú lo sabes mejor, que lo has llorado, 
Poeta del dolor, bardo sombrío , 
Tú que á remotos climas has llevado 
Tu noble y melancólico cantar; 

Como los pliegues de la parda niebla 
Errante cruza un ave misteriosa , 

Y de armonía con sus cantos puebla 
La corrompida atmósfera, al pasar. 

Que tú á la vida naciste 
Gomo pacífico arrullo 
De aislada tórtola triste ; 
Como fuente abandonada 
Que levanta su murmullo 
Sobre la pefia olvidada 

Como el ósculo inocente 
Con qoe d maternal carifio 
SsUó la tranquila frente 



De BU hijo mas peqneiko, 
Gomo el suspiro de un niik> 
Al despertar de su suefio. 



Cumple, sí , tu misión sobr 
Camina en paz , errante peregr 
Hasta leer el porvenir que enci 
El libro del destino 
Escrito para tí. 
Hasta que espiren los revnd 
Que señaló en su mente Jdiov 
Y en tu destierro tu delito ei| 
¡ Ay ! porque escrito eit 
Que has de salir de aqn 
De aquí , del hediondo s« 
Donde te mandó el Sdkff 
Detener tu raudo vuelo , 
' Para cantar tu dolor 
Sin que se oyera en d dais 

Y bien pesó tu amargura 
Al traerte á esta mansión, 
Dando al hombre en su loei 
Una soñada ventura 

Que no está en tu corasoD- 
Que él no comprende d t 
Que tu espíritu combate, 
Ese amargo sentimiento 
Que tu noble orgullo abata 
Nacido en tu pensamiento. 
— « Hay una flor que en 
» El ambiente de la vida , 
» Y su fragancia perdida 
» Tan solo no se derrama 
» En tu alma dolorida. >- 

Es un privilegio impío 
Mirar el placer ageno 
En su loco desvarío , 
Y en d corazón vado 
Sentir acerbo veneno. 

Y con ojo avaro, ardlent 
Ver tanta muger hermosa, 
Con esa tez trasparente , 
Con esa tinta de rosa 
Sobre la tranquila frente. 

Ver tanto feliz galán. 
Tanta enamorada bella, 
Que en plática amante van 
Sin curarse él de tu afán , 
Sin adivinarle ella. 

\ Y el poeta en su mldoi 
Apurando su tormento 1 
Sin alivio d corazón, 
I Sin mas que una maldldo 
Escrita en d pensamiento! 

Tk ntenda mortal 
Con un lyoirodia. 




PRIMKRá PARTS. 



K>fital, 
jneral 
1 orgia. 



nisterioso canto, 
ensueños de oro ; 
'egrino en tanto 
ni dolor devoro, 
ntento y armonia , 
aintes y le adores ; 
resbaló ta dia , 
oronó de flores. 
say los festines, 
lene placeres , 
lene Jardinet , 
is las mngeres. 
eio trasparente , 
Idas estrellas , 
imbra tristemente 
ol , en medio de ellas, 
a Cital mirada 
uando en tomo nace , 
de la cascada 
izas se deshace ; 
ite á la llanura , 
irboles y flores, 
da y hermosura 
musgo y colores. 
\ en noche borrascosa 
tidasde la vida, 
a y fatigosa , 
leí placer perdida. 
5 busco una corona 
I en agonía vana; 
^ verdad blasona, 
bre nos dará mañana. 

lue nací 
mi alma , 
) de calma 

e viví. 



»! lánguido aliento 
ue suspira, 
(pira 

iu tormento? 
le sirve ai triste 
■don, 
ooraion 
Mlita? 



En los góticos salones , 
En las pintorescas ruinas, 
Canta con notas divinas 
Sus misteriosas canciones. 

Y cree sus fábulas bellas, 

Y en su entusiasmo violento 
Su espíritu va en el viento 
Por cima de las estrellas. 

En la tierra... pasa el hombre 

Y ve su miseria en calma : 

I Ay, no comprende su alma 

Y no demanda su nombre 1 
Que e^ el poeta un bajel 

Que de riqueza cargado , 
Surca el mar alborotado 
Para naufragar en él. 

Mas yo vi el tronco mortal 
De avaro conquistador 
Al amarillo fulgor 
De lámpara funeral. 
.Era de mármol su lecho» 
Era de mármol su frente , 
Doblada lánguidamente 
Sobre su desnudo pecho. 

De mármol la vano fría, 
Qoe el hierro no sujetaba , 
Su espalda le sustentaba , 
SI érase un hombre dormía. 

Vi un rey, que el trono perdió 
Porque al vasallo le plugo , 
Caminar junto al verdugo 
Que el cadalso levantó. 

Vi una hermosa que arrastraban 
Sobre féretro asqueroso , 

Y con cántica meárato 
Sacerdotes la rezaban. 

Vi ricos y potentados 
En sus inmundos placeres. 
Entre orgías y mugeres 
De sus hijos olvidados. 

« Vivamos hoy, » se decían 
En el lúbrico festín ; 

Y otros con ayes sin fln 
El sustento les pedían. 

Y unos cayeron beodos , ^' 

Y otros de hambre cayeron, 

Y todos se maldijeron. 
Que eran infelices todos. 

Y en marmóreo pedestal 
Vi la sombra del poeta , 

A quien el tiempo respeta 

Y el mundo llama inmortal. 
Descansa sobre su lira , 

Y alza al cielo su cabeza. 
Fijos con noble fiereza 
Sus ojos en quien le mira. 

Y al universo da leyes 
Orgulloso trianíador, ^ 



GOMPOSIClIOlfBS mTERSAS. 



Intérprete MSeftor 
Sobre la ley de lot reyei. 



Oye , sublime cantor, 
SI es faena qae al fin sncunúM, 
Si al fin bajo i Ignoble tumba 
A dormir oon mi dolor; 

Si ai fin con el viento Yaga 
Mis versos le perderán , 
Cual fuentes que á morir van 
Al cieno de hediondo lago ; 

Cuenta al mundo mi amargura , 
Cuéntale mi suerte impia. 
Que sepa al menos que un día 
Quise volar á ia altura. 

Y borra , borra mi nombre 
Si le han grabado en mi losa , 
Que no le insulte orgulioea 
La imbécil planta de un hombre. 



Solo una flor amarilla 
Que el cierzo marcliitará 
Entre el césped brotará 
De mi sepulcro en la orilla. 

\ Pobre flor ! ¿Por qué naeUCe 
Sobre una tumba desierta? 
¿Na temes la noche yerta 
Tan solitaria y tan triste? 

I Pobre flor 1 ¿ A qué temprana 
Diste al mundo tu sonrisa? 
Hoy te mece fresca brisa , 
Pero morirás maííana. 

¡ Ay ! ¡ pobre flor amarilla 1 
jAqué tan presto brotar 
Si el cierzo te ha de agostar 
De mi sepulcro en la ociUaP 



ORIENTAL. 



Corriendo Tan por la tega 
A las puertas de Granada 
Hasta cuarenta gómeles 
Y el capitán qne los manda. 

Al entrar en la<riodad , 
Parando su yegua blanca , 
Le dijo este á una mnger 
Que entre sns bracos lloraba «. 

Enjuga el llanto, ertstiaiía , 

No me atonnentes asi , 
Que tengo yo , mi sulUna , 
Un nuevo Edén para tí. 

Tengo un palaelo en Granada , 
Tengo Jardlnei y flores , 



Tengo una faenM dondn 
Con mas de cleo aartldoiM» 

Y en la vega del Genll 
Tengo parda fortaleza ; 
Que será reina entre mil 
Cuando encierre tu belleza. 

Y sobre toda una orilla 
Estiendo mi señorío; 

Ni en Córdoba ni en Sevilla 
Hay un parque como el mió. 
Allí la altiva palmera 

Y el encendido granado , 
Junto á la frondosa higuen 
Cubren el Iralle y collado. 

Allí el robusto nogal, 
Allí el núpalo amarilb , 
Allí el sombrío moral 
Crecen al pié del castillo. 

Y olmos tengo en mi alai 
Que hasta éí cielo se levanl 

Y en redes de plata y seda 
Tengo pájaros que cantan. 

Sultana serás si qulerea. 
Que desiertos mis aaiooea 
Está mi harén ala mugoraa 
Mis oidos sin candonea. 

Yo te doré terelopeloa 

Y perfumes orientales , 
De Grecia te traeré veloa» 

Y de Cachemira chalea. 

Yo te daré blancas plomi 
Para que adornes tu frebta 
Mas l»lancas que las espunt 
De nuestros mares de orlen 

Y perlas para el cabello « 

Y baúos para el calor, 

Y collares para el cuello , 
Para los labios... amorl — 

—¿ Qué me valen. UiB rif 
Reapemliole la cristlaDa, 
SI me quitas á mi podro , 
Mis amigos y mis damas? 

Vuélveme , vuélveme roo 
A mi padreyáml^Wa, 
Que mis tonres de Leoili 
Valen mas que tu Grenaéi. 

Escuchóla en pat el non 

Y manoseando su barba , 
Dijo , como quien medita , 
En la mejilla una lágrima : 

— $í tos tasttUoa mejeM 
Que nueatros jardines aen , 

Y sun mas bellas tus flom 
Por ser tuyas , en Leon« 

Y tú diste tns «mores 
A alguno de tos gneireroa, 
Houri del Bden, no Uom, 
Vete con tus oabaUeroa,— 




raUlERil PARTE. 



ndola m caballo 
Uad de su guardia , 
tan de los moros 
en silencio la espalda. 



.A MEDITACIÓN. 



znorada tumba solitaria , 
malilla de la tarde, 
iCrecer al cíele mi plegarla 
r la musier que amé. 
la ea el mármol la caben , 
húmeda vertía la rodilla , 
flor que tsnuilta la maleza 
iBáUo cea mi pié. 

!ojos dd mundo y sus plaeerea , 
mis delirios de la tierra , 
aiirupados caracteres 
imbres que >a no son. 
»rada lámpara que brilla 
) fkscila de la brisa errante, 
inte el aliar on la capilla 
umbra mi oración. 

in are ni volar detiene 
ire ripré» entre liis ramas , 
nentar con mi9 tfnrje<»s viene 
I amencia de la luz : 
?fpide del ail>or del dia 
la alta ventana de la torre, 
le la cúpula somlrá 
la gijeante cruz ! 

los en lágrimas los ojos 
iteniplo inmóvil desde el suelo, 
e el rechinar de los cerrojos 
I hace roi'drasu huir. 
eral sonrisa me saluda 
lér qne con los muertos vive, 
sta su mano áspera y ruda 
ae m féreuo va á abrir. 

>erdon ! ; no escuches, DioamiOy 
errenal pensamiento] 
ja que si' pierda impío 
lo el murmullo de uu rio 
re los pliegues del viento! 
Por qué una imagen mundana 
le á manchar mi oración? 
ana sombra profana, 
I tal vez será mañana 
10 de mi maldición. 
P^q[né ha sobado mi mente 
bntasma Un bello, 



Con esa tei trasparente 
Sobre la tranquila frente 

Y sobre el desnudo cuello? 
Que en vei de aumentar su en 

Con pompa y mundano brillo, 
Se muestra anegada en llanto 
Al pié de altar sacrosanto, 
O al pié de pardo castillo. 

Gomo una ofrenda olvidada 
En templo que se arruinó, 

Y en la piedra cincelada 
Que en su calda encontró, 
La mece el viento colgada. 

Con su retrato en la mente. 
Con su nombre en el oido 
Venco á prostemar mi frente 
Ante el Dios omnipotente 
En la mansión del olvido. 

I MI crimen acaso ven 
Con turbios ojos Inciertos, 

Y me abominan los muertos , 
Altando la hedionda sien 
De loi sepulcros abiertos! 



Cnendo «atas tnmbas visito 
fto es la nada en que nad , 
fia es un Dios lo que medito. 
Es un nominre qne está escrito 
Con fyieeo dentro de mí. 

I Perdón ! ¡ no escuches, tHos ii 
m terrenal pen^imlcnto! 
¡ Deja que se pierda Impío 
Como el murmullo de un rio 
Éntrelos pliegues del viento! 



A LA ESTATUA DE CERVANTi 



Km es sn sombra ... el alma averg* 
Para mas no volver, huyóse al cieiu . 
Solitaria , sombría , abandonada , 
Esa fantasma se encontró en el suelo 

I. 

A ea pedestal ó túmulo se ignora ; 
Mas sin duda temieron que indisnado 
De la piedra en que está salte á desh 
Según se ve de hierros circundado. 

No bajará , que es noble y cabalier 
Y lidió por su patria el buen poeta; 
Acaso no encontrara un compañero 
Al pié del pedestal que le sujeta. 

Tal vez no hallara un digno castel 
Ubrey yaUente á quien llamar amlg( 



J€ 



COMPOSIGIOIIES blTERSáS. 



A quien tender U eefeenada mano, 
A quien llerv en pM al enemigo. 
Por eso eleva la tostada frente 
Al firmamento azul noble y tranquila, 

Y no mira por eso trasparente 
Apagada á Ja luz la ancha pupila. 

Cervantes le llamaron otros dias, 
Yerta figura con ageno nombre, 
Gomo su original arrastra impías 
Horas de duelo en la mansión del hombre. 

Ayer cruzaba libre é Ignorado 
La turba ociosa y soldadesca inquieta 
Dentro de su armadura de soldado, 
O envuelto en sus harapos de poeta. 

Hoy en la inmoble colosal figura 
Derramada la lluvia se destrenza, 

Y está sombrío en pié sobre la altura, 
Gomo sacan un reo á la vergüenza. 

El pueblo ve á sus plés, negro milano 
Qne á la boca asomó de un hormiguero, 

Y quiere d ojo comprender en vano 
Cómo allí se cobija un pueblo entero. 

Y siente la carroza del magnate 
Rodar, y se estremece á sn carrera , 

Y soldados que marchan al combate 
Que equipados de farsa los creyera. 

Y abajo entre los árboles perdidos 
Como sueños pasar contempla Inquietas 
Las sombras de políticos caldos. 

Las parodias de sabios y poetas. 

Y una lágrima acaso en su mejilla 
Alumbra el sol b«i|ando al occidente, 
Al contemplar su revocada villa 

Sin porvenir, alcf^rc ó indolente. 
Hubo un Cervantes cuando aquel vivía. 
Cuando en vezde esos hierros era un hombre ; 
Llamáronle poeta , y poseia 
Una espada y un libro con su nombre. 

Su espíritu brotó con la tormenta ' 

Y le escondió en su seno el torbellino. 
El sepulcro su mano abrió violenta, 

Y hoy resuena su cántico divino. 
¿Por qué no le dejaron con su sueño 

En el sepulcro donde en paz dormía? 
ik qué traerle con tenaz empeño 
A sufrir otra vez la luz del día ? 

¿K qué su sombra de la tumba alzaron 
Estúpidos los hombres ó altaneros ? 
Para ahuyentar los siglos que pasaron , 

Y escarnecer los siglos venideros. 



Hombre de hierro que velas 
El sueño del mundo impío. 
Que ves con gesto sombrío 
Crímenes que no revelas : 

Cuya negra frente calva 
Sutlre en paz el sol que arde , 



La raja loz de la tarde, 
La amarilla luz del alba : 

¿Qué piensas del mundo, d 
Tú que le dejaste ya , 
Cuya voz no se alzará. 
Cuya sombra quedó aquí. 

¿Qué piensas de ese magna 
Que ha perdido el sol de un d 
Embriagado en una orgia 
Mientras su nación combate? 

¿ Qué piensas tú de esos re 
Que arrastra un frenado brat 
Entre vírgenes de lulo 
Huérfanas hoy por sus Ujm} 

¿Qué piensas, genio Idbm 
De ese pueblo soberano 
Que abre paso á su tirano 
Sin levantar un pufialP 

Dime, coloso de hierro» 
A quien condena la suerte 
A sufrir desde la muerte 
En tu patria tu destierro, 

¿No es cierto que allá en « 
Espera tu desconsuelo 
Que te arrastre por d suelo 
Un revoltoso huracán? 

II. 

Tu nombre tiene el pedestal 
i En estrangero idioma por for 
Tal vez será tu nombre un Sa\ 
Que vierta infamia en tu españ 

I Hora te trajo á Ini deeventi 
¿ Español eres... ? lo tendrán á 
Guando á tu espalda yace arrln 
Tu cifra en signos de tu propia 

{ Serás acaso un busto apara 
Entre las ruinas de la antigua 1 
Recuerdo que los tiempos han 
Que algún rico libró de la car» 

Maldita es tu misión sobre h 
Los que mueren sus males acal 
Todos sus restos su sepulcro ei 
Los tuyos del sepulcro se robaí 

Helo alli que se levanta 
Como fantasma furioso, 
Que magulla con su planta 
Los que á su morada santa 
Van á turbar su reposo. 
Porque su nombre y su glorii 
Tan solo al tiempo vendió. 
Para dejar su memoria 
Grabada en oro en la hlstorii 
Que escrita en el üango, no. 

{i) Citl iDútil parece advertir qMSele 
nfeotof htolóricoe, y qee n iifleie« A má 
ledlTMoaiUMep. 




PRIMERA PARTE. 



17 



io en su amargun 
Uro etiloío, 
innil»re asegnra 
's ri'p<»iio. 
ití\o6 le lean 
«icios vean 
ta roída, 
s jijeantes 
>n una vida, 
un Certantis, 
la espesa bruma 
que bulle inquieta, 
mar alba espuma, 
»tro poeta 
blanca ploma ; 
lo colosal 
ela tormenta 
¡lestial , 
uria sangrienta 
t el funeral ; 

tiempo, hombre sombrío, 
pa á pedazos , 

eu tus brazos 
tiillo impío; 

le furor, 
:o atronador 

1 trompeta 
Dundo en un valle, 
nundo que calle, 
ra un Poeta. 



ILXIRA 



isque luchaban los vientos: 
do laonoru estallido 
ujir, 

»uá tristes lamentos 
ueno Lejano el bramido 
sentir. 

os cieiod enviaban , 
íumies la tierra partía 
ttia colmada : 
monte mil ra\os brillaban , 
que el mundo se ardía 
o á su nada, 
acida entre peñas 
nba ^u espuma un torrente, 
& lo Lejos : 

a el rayo en las breñas 
de cólico puente 
is reflejos. 

ima del árbol añoso, 
lesciende un asiento : 
arece 



Fantástica bruja de aspecto a^Hraso 
Sentada y serena. ~Goa iapeCa d viento 
Silvando la mece. 
—\i palacios macnifioof un día 
Cuando fortuna en tomo me reta. 
Vi donceles y dueñas, 
Qne humildes me acataban; 
Los viento» no zumbaban 
Entre las rudas peñas. 

Y oía yo cantares resalados , 

Y ola al par los ecos apagados 

De una lira dlslanle; 

Poique es grato ¿ las bellas 

Escuchar las querellas 

De su biauro amante. 
Gimió el darin y se lanzó la cnerra 
Bramando de furor ~ imi«tia la tierra 

Uorú por so reñida , — 

Y Teitldo de aceio 

Fué al campo d caballero, 

Y allí perdió la rida. 

Y entnnn Tíeloriosos los contrarios 
Bcsplnndo vengana — ¡Sanguinarios ! 

Hit tierras ¿qué se hicieron? 
Mis Heles servidores 
En medio estos horrores 
Luchando sucumbieron. — 

Y d ú I timo en un héroe — y yo vagaba 
Allá en su mente á tiempo qué espiíralia 

Muriendo ¡ay! me decía, 
m Mí Elvira encantadora , 
Llora tu esposo, llora 
Sobre mi tumba fría. • 
Uoré y venganza le jor¿ á mi esposo, 

Y se la di , que incendio estrepituso 

Consumió loa salones 

Que vivió su asesino; 

Solo halló cuando vído 

Denegridos terrones. 
Contra su altiva frente el cielo mismo 
Vibró su rayo, y el ruidoíK» abismo 

Le traí:«'» del t'irrente. 

Yo le miré suspenso 

Sobre el espacio inmenso 

Maldecirme demente. — 

Y me gozaba , y aplaudía en tanto, 

Y daba al viento el desacorde canto 

De la ven^nza mia ; 

Y oí sonar cercana 
La lúsubre campana 
Al tiem|K» que moría. 

Crece ahora , huracán— alza bramando 
Tu saña contra mí — \o Iré cantando 

Mis himnos funerales ; 

Con mis manos heladas 

Yo romperé sellmlas 

Las puertas infemal(*s. ~ 




18 



GOMPOSIGIOlfES DIYERSAS. 



Gantabí la vieja : con sordo mugido 
Loe Tientos llevaron su triste canción : 
Del rayo en un punto el árbol herido, 

Con ella caia : 
Ss grttode muerte se o\ó, y todavia 
Vagó por ana labios postrer maldición. 



LA TARDE DE OTOÑO. 



Ya viene el revuelto otouo 
Recojlendo fresco y flores ; 
Pasó el sol con sus «alores , 

Y alumbra al fin otro sol ; 
Pasaron las alboradas 
Deliciosas de la aurora , 
Que el horizonte colora 
De purpurino arrebol. 

"t^asaron las noches claraa 
De ia luna y los jardines ; 
\ju noches de los festines 
Tras el otoho vendrán. 
Pasó el tiempo de las citas 
A deshora entre las rejas , 
Los cuidados de las vl^as, 
De las ninas el afán. 

Pasaron las serenatas 
DdiMi^o de los balcones , 
Las rondas y las canciones 
Del mancebo emprendedor, 
todo es ya triste : la tierra 
Pierde su brillante aliño, 

Y el amor, (jue es pobre y niño, 
Alivio busca al calor. 

Mas si se envuelve la noche 
Entre su sombra Importuna, 
Si pierde su biauca luna 

Y sus horas de placer ; 

SI pierde la fresca aurora 
Sus aromas y sus flores , 
Sus nubes de cien colores, 
Su aureola de rosicler; 

Le queda en cambio á la tarde 
Todo el encanto del dia , 

Y henchida de su armonía 
Sale el sol á despedir. 
Bella es la tarde que baja 
Por el rosado occidente, 

Y ae apaga lentamente 
Para volver á lucir. 



Es púrpura el horlaonte, 
Y el Armamento una hoguera , 



Es oro la ancha pradera 
La ciudad , el rio, el moi 

Rey de los astros, el n 
Del regio trono al bajar, 
Su pompa querrá ostent 
En su manto de arrebol. 

Por eso suspenso está 
De su reino á la salida , 
Jurando á au despedida 
Que ma&ana volverá. 

Banda de trabes de gn 
Qae con ana reflejos tlftc 
Flotando en tomo le dfii 
Como turba cortesana. 

Ráfagas mil que se en 
Filigrana de ia tarde , 
El sol que á su espalda i 
En colores deamenuian. 

Y al hundirse en oodd 
Partida en muchas la Ib 
Por el délo se derrama 
Fosfórica y trasparente. 

Es la postrera searlsa 
Del bello tila que acaba, 
Que de esa Ini arrancabí 
Su fresca ondulante brls 

La fresca brisa que aso 
Por sobre la roca calva. 
Remedo de la del alba 
En frescura y en anuna. 

A su venida , tardías 
Cierran su cáliz las flora 

Y trinan los ruiseñores 
Sus postreras armonías. 

Se les YO buscar la soa 
Entre las desnudas rama 
Porque sus hojas de esca 
Sirven al suelo y de alfoi 

Qne ya el inconstante 
Del otoño que aparece, 
fin los árboles se mece 
Con brusco sacudimlenh 

Flor, pronto inútil y si 
En ves de la qne él de^ 
■Orlará el campo pajizo 
La purpurina amapola. 

Dresos y arbustos lmp< 
9e la montaña en la fiddi 
Vestirán su lépera espale 
Con sus matices oscuros. 

Grupos de nubes perd 
Como fantosnms deforme 
Traen en sus pliegues en 
Vientos de invierno eseoí 

El árbol en largas hebí 
Hiende sus cortesas vana 

Y anuncian lluvias Ic^fau 
Las rastras de laa «Udm 




PRIMERA PARTE. 



ú cuervo al aire su vuelo , 
dos á su garganta ; 
i viento se levanta 
la tierra y el cielo, 
ye de alguna paloma 

el último arrullo , 
ioa fuente el murmullo 
itre lo« juncos asoma. 

la el mundo en soledad; 

1 aire alian su imperto , 
Éomlirafl el misterio, 
uno da la dudad. 



IXDECISION. 



vlTlr, la vida es la armonía! 
306, lorrentesy cascadas, 
lego Iluminando el dia , 
nas, flores apiñadas : 
lo de la noche majestuosa 
; plata , e^uis estrellas , 
le U tierra perezosa , 
Mmido en paz debajo de ellas. 
vivir! Se ve en el horizonte 
Tepúsculo que nace; 
I que carona el monte 
locando se deshace ; 
mo tapiz del Armamento 
azul en franjas de colores ; 
ias hojas en el viento , 
a voz loa ruiseñores. 



e las orlas de su manto 
itiva en occidente ; 
lespierta al fucuo santo 
■ra el sol en el oriente. 
¥ivir ! Se siente en la memoria 
bullir de lo pasado, 
i ser con una historia 
y placeres que ha gozado, 
racanes > aquilón que brama, 
(ivierno de huinedaid vestido , 
ly ácu\aroja llama 
Htin cc»n su disirorde ruido. 
tada y frcM'a ¡irimavera , 
ito de luz > orla de llores, 
le verdor la ancha pradera 
m arrmos saltadwes. 
el liosque fiigantesca sombra , 
in IId en la llanura , 
cnaa y abrasaila alfombra 
HH coMe yerbe oscura. 



ñK 



Allí cruzan fantásticos y errantes. 
Como sombras sin luz \ apariciones, 
Pardos y corpulentos eleíantes, 
Amarillas panteras y leones. 

Allí entre el musgo de oW 
Duerme el tigre feroz 1 to v u 
Y de una cueva en la tm 
Solitario se arrastra el coi? 

¡ Bello es vivir, la vida t» m aarmo 
Luz , peñatcoa, torrentes y caacadas , 
Un sol de ftiego liamlnando el día , 
Aire de aromaa , florea api&adaa... 



Arranca , arranca , Dioa mió , 
De la mente del poeta 
Este pensamiento implo 
Que en un delirio creó ; 
Sin un Instante de calma , 
En su olvido y amargura , 
No puede soñar su alma 
Placeres que no gozó. 

I x\y del iK>cta ! su llanto 
Fué la Inspiración sublime 
Con que arrebató su canto 
Hasta los ciclos tal vez ; 
Solitaria flor que el viento 
Con Impuro soplo azota , 
Él arrastra su tormento 
Escrito sobre la tez. 

Torque tú ¡oh Dios! le robaste 
Cuanto los hombres adoran ; 
Tú en el mundo le arrojaste 
Para que muriera en él ; 
Tú le dijiste que el hombre 
Era en la tierra su hermano; 
Mas él no encuentra ese nombre 
En sus n-cuerdos de hiél. 

Tú le has dicho que elijlera 
I^ara el viaje de la vida 
Una hermosa compañera 
Con quien partir su dolor; 
Mas ¡ ay ! (juo la busca en vano ; 
Porque es para el ser que ama 
Como un innumdo gusano 
Sobre el tallo de una llor. 

Canta la luz y las flores , 

Y el amor en las mugeres , 

Y el placer en los amores , 

Y le calma en el placer : 

Y sin esperanza adora 
Una belleza escondida , 

Y hoy en sus cantares llora 
Lo (¡ue alegre cantó ayer. 

i^i con los siglos rodando 
Canta su afán á los siglos , 

Y los siglos van pasando 
Sin curarse de su afán. 




?0 



COMPOSICIONES DIVERSAS. 



¡ Maldito el nombre de gloria 
Que en tu cólera le diste. .. I 
Sentados en su memoria 
Recuerdos de hierro están. 

El dia alumbra su pena , 
La noche alarga su duelo, 
Lt anrori escribe en el cielo 
Su aentancia de yivír: 
Fábulas son los placeres , 
No hay placeres en su alma , 
No hay amor en las mugeres , 
Tarda la hora de morir. 

Hay sol que alumbra , mas quema : 
Hay flores que se marchitan , 
Hay recuerdos que se agitan 
Fantasmas de maldición. 
Si tiene una voz que canta , 
Al arrancarla del pecho 
Deja fuego en la garganta , 
Vacio en el corazón. 



¡Bello es vivir! Sobre gigante roca 
Se mira el mundo á nuestros pies tendido , 
lia frente altiva con las nubes toca... 
Todo creado para el hombre ha sido. 

I Bello es vivir ! Que el hombre descuidado 
En los bordes se duerme de la vida, 

Y de locura y sueños embriagado 
En un festin el porvenir olvida. 

I Bello es vivir ! Vivamos y cantemos : 
El tiempo entre sus pliegues roedores 
Ha de llevar el bien que no gocemos , 

Y ha de apagar placeres y dolores. 
Cantemos de nosotros olvidados , 

Hasta que el son de la fatal campana 
Toque á morir. — Cantemos descuidados, 
Que el sol de ayer no alumbrará mañana. 



Eran aun los agitados días 
En que mi juventud abandonada 
Adivinó tal vez horas impías 
Entre el crespón de la insondable nada; 

Cuando con ojo avaro y penetrante , 
Aun no poeta el porvenir medita 
El niño , y ve pasarle por delante 
Árida nada que su sed irrita ; 

Cuando el nombre del niño no es un nom- 
Cuando la idea informe no es idea, [bre, 
Y en el alma del niño nace el hoinbre 
Que idea y nombre se conquista y crea; 



Entonces de la vida en él vick 
Soñé un bello fantasma que rodt 
Gota brillante y fresca de rocío 
En flor que brota entre pajiza la 

Blanco ese sueño resbaló en d 
Puro y tranquilo como sol que i 
Como se rompe el agua de la fu 
Y rodando en la yerba se deshac 

Era U forma trasparente y va 
De un arcángel que cruza el flrr 
Era un pliegue del viento que u 
Vibró al cantar con aromado ali( 

Era la voz del arpa que se pie 
Entre el leve vapor de ancha laj 
En cuyo fondo con las algas ven 
Tibia refleja amarillenta luna. 

Era en la mente perdida 
Entre suspiros de gloria 
La esperanza y la memoria 
Del amor de una muger : 
Recuerdo en alma de niño, 
Amor en alma de hombre , 
Blanco fantasma sin nombc 
Y sin hora en que nacer. 



Permite , dulce embeleso 
Que mis labios en tus labio 
Pongan un ardiente beso 
Que se oiga en el coraion; 
Que la mente del poeta , 
En su entusiasmo violento, 
Beba en tu mirada inquieta 
La fogosa inspiración. 

Que en la noche tempesta 
Será bello { amada mia 1 
De la lluvia áspera y fría 
Ai desigual susurrar, 
Tener contigo un poeta 
Sentado á la roja llama, 
Con un corazón que ama 

Y una voz para cantar. 
Será bello en puro dia 

De fragante primavera 
Su fantástica armonía 
Escuchar en un jardín, 

Y que en U ruidosa fiesta 
Levante robusto canto, 

Y que te vele tu siesta 
Después de largo festin. 

Te diga los caballeros 
Que por tus favores lidian, 

Y las damas que te envidia 
El cantar del trovador : 

Y en la tibia madrugada 
Tus labios sobre su frente, 
Duermas tú tranquilament 
Soñando sne&os de amor. 




PRIMERA PART£. 



liento con ea aliento, 
no con 8u mano , 
nUmo pensamiento 
alague al despertar ; 
ntre la mañana 
; Tucstra vida, 
rda liu lejana 
arde sobre el mar. 



ORUENTAL. 



a Yoj, nazarena, 
« la sultana; 
«a eantllena 
itirás mañana 
ts de mi cadena. 
9 Tuelvan los cristianos 
>ro8 Tencedores , 
lestinos tiranos, 
la de mis amores 
igre de sos manos. 
, mas que cautivo 
nre acabara 
Tida que títo ; 
da que hoy recibo 
ides ¡ ay ! bien cara. 
» ! tu esclavo mañana 
de causarte enojos ; 
speranza vana : 
|uedo, cristiana, 
slon de tus ojos. 
ta , hermosa , mi estrella! 
de Talerme la vida , 
de hallarte con ella 
inada la florida , 
Córdoba la bella? 
me será el claro sol 
>ara importuna; 
(uelo español , 
ai sol y mi luna... 
1 y el arrebol. 
D ti pierdo el sol boy, 
Ino he de vivir; 
á Córdoba voy, 
18 tinieblas que estoy 
i fé, que he de morir, 
imetido Mahoma 
so, una hurí... 
fcs de ser ángel , sí, 
egion dé aroma, 
de amamos allí. 



ROMANCE. 



La noche no tiene ruido ; 
En la sombra no hay color; 
No hay en les viejos cuidada, 
Las dueñas no tienen vos; 
Pero cuando todos duenñen« 
Estamos velando dos; 
EUa en la reja sentada , 

Y al pié de la reja yo. 

Mis ojos no ven sus ojos, 
No ven su tez trasparente, 
No ven su rosada Árente , 
Ni su sonrisa de amor : 
No ven el rubor de virgen 
Que sus megillas colora; 
Tiene quince años ahora. . • 
Las niñas tienen rubor. 

No ven mis ojos avaros 
Su casi desnuda espalda , 
Ni entre la revuelta falda 
Asomado el blanco pié : 
Como en la orilla de un rio. 
Rompiendo la inquieta espuma, 
Tender la flotante pluma 
Nevado un cisne se ve. 

Ni en su garganta y sus hombros 
El alto pecho imagino. 
Ni por su rostro adivino 
Del corazón la inquietud ; 

Y tiene la áspera reja , 
Centinela desvelado. 
Delante el amor osado , 
Detras la frágil virtud. 

I Mas , pese á Ui ápoaa, reja , 
Pese á la noche sombría, 
Yo tengo {paloma mia I 
El alma bañada en til 
Tengo mis labios de fuego 
Sobre tus labios de rosa , 

Y en tu pecho late , hennosa. 
Un corazón para mi» 

I A Dios ! que por el orienta 
La luz importuna sube , 

Y envuelto en húmeda nube 
Las tinieblas rasga el sol; 

Y para una niña en vela, 

Y el galán que la enamora. 
Mucha luz tiene la aurora 
En el brillante arrebol. 



Vierta el alba en su sonrisa 
Su armonía y su color, 
Y se columpia la briía 
I4&6I cáliz de la flor; 



22 



COMPOSiaONES DITEBSAS. 



De rosa , lirio y claveles , 
Robando el fragante olor, 
Cuelga en los anchos laureles 
Gemido murmurador. 

Y gimo la fresca fuente 
Bajo el manto de cristal , 
T gime lánguidamente 
La tórtola angelical; 
Y enamorada paloma 
Bebe la luz matinal , 
Meciendo el aura de aroma 
Con arrullo desigual. 

En tanto ú noUe manceba 
El ancho Jardin cruzó , 
Murmurando por lo bajo 
Enamorada canción : 
— « ¡ Oh ! vuelve , noche , sin ruido , 
» Con tu sombra sin color, 
» Con tus viejos sin cuidado , 
» Y con tus dueñas sin voz ; 
» Porque, cuando todos duerman, 
> Volvamos á velar dos ; 
» Ella en la reja sentada, 
» Y al pié de la reja yo. »— 



A UN TORREÓN. 



Gigante sombrío , baldón de Castilla , 
Castillo sin torres , ni almenas , ni puente , 
Por cuyos salones en vez de tu gente 
Reptiles arrastran su piel amarilla. 
Díme , ¿qué se hicieron tus nobles sefiores, 
Tus ricos tapic«8 de sedas y flores , 
Tu gente de guerra , tus cien trovadores 
Que alzaron uflsnos triunfante canción? 
Tú estás en el mlle cadáver podrido , 
Guerrero humHladoque el tiempo harcndido: 
Tu historia y tu nombre yaciendo en olvido, 
El mundo no sabe que existe Muñón, 

Tas perdas minas me son de tormento, 
Con negros recuerdos corroen mi alma .. 
I Tú estás en mi mente , maldecida palma 
Quemada del rayo , batida del viento I 
Yo errante poeta proscrito en el mundo , 
Tal vez en el polvo de féretro inmundo, 
Sin nombre , sin gloria para siempre hundo 
Mi frente abrasada de inútil sudor ; 
I Por ti , resto infame, fantasma de duelo , 
Morada maldita de un ángel del cielo 
Qoe amé y me robaron. .. 1 1 maldito tu suelo, 
Maldito tu nombre... maldito mi amor I 



Quédate , si , en esa altmt 
A la vcrsnienza del llano , 
Castillo sin castellano, 
Matrona sin hermosura. 

De ti el tiempo se rió , 
Tus torres se derribaron , 
Tus vasallos te ultrajaron p 
Tu señor te abandonó. 

Quédate, negro esqueleto, 
De fértil vega mancilU , 
A esa ermita de Castilla 
Sin sacerdote sujeto. 

Sin pendones que ondear, 
Sin blasones á la entrada , 
Tu bóveda agujereada 
No has podido sustentar. 

Sin un eco en loa salonea , 
Sin un soldado en el muro. 
Hoy crece el arbusto impuro 
Al pié de tus torreones. 

Señor muerto en tierra aga 
Olvidado de tu gente, 
A pedazos de tu frente 
Roba el viento tu melena. 

Y pasa á tus pies el hombn 
Sin buscarte en su memoria , 
Porque no leyó tu historia, 
Ni se acuerda de tu nombra. 

Tú tienes uno , que en aciago di 
En tu gastada piedra escribí yo, 
Y el nombre de otro y la vergüt 

Con la tuya quedó. 
Cuando mi labio le nombró, ma 
Cuando mi mano le grabó, minl 
Hoy... ya no existe; en sn eam 

El tiempo le arrastró. 

Y ese nonabre celestial 
Que el tiempo devoró al íln, 
Una muger por mi mal 
Le arrebató á nn seraflo; 
El huracán de la vida 
Solo dejó , { oh mt querida! 
Para mi eterno tormento, 
En prenda de maldición. 
Tu nombre en mi pensandento 
Tu amor en mi corazón. 



LA NOCHE DE INVIERI 



A DON «KRAIIO TaUAMA 

Pintor, el viento se estrella 
Bramando en esa ventana : 




PRIMERA PARTE. 



e su airada huella 
y la noche van; 
icnzo y pinceles , 
iré tu pintura, 
¡temos laureles 
del huracán. 
18 nubes abortan; 
umbre amarilla 
tellas , que cortan 
luvia al caer; 
írar las yeletas 
igante torre, 
rras sujetas 
ento repeler, 
oscilar tus lienzos. 
Tiento Impelidos , 
M Tldrios hendidos 
tquieto hasta aqui. 
tos colgados , 
coD otros se chocan , 
08 conquistados 
I para ti. 
i son temeroso 
nas que rompiendo 
nbres el reposo , 
la tempestad : 
la calle azorado , 
que huye la lluvia , 
ecipltado 
en la oscuridad, 
irnos una hoguera 
llama alumbre 
os en hilera 
sn la pared : 
idos por el viento 
>s por la llama, 
un pensamiento 
}na tal vez. 
» dentro la menta 
catedrales , 
jo del oriente , 
dundo que pintar : 
m tus pinceles 
monasterios , 
( Iwtareles 
ido altar, 
orres con campanas 
ntes labores , 
on castcUanas 
dan á su señor; 
horadadas, 
las capillas 

(nannóreas almohada! 
uerto fundador, 
lísimu ciudades 
ú tiempo roldas, 
1 tiempo verdades 
Iflsdcfli fnnifhír : 



Tienes en el valle fuentes , 
Peñascos en la montaña , 

Y en los peñascos torrentes 
Que se arrastran á la mar. 

Tienes en ios mares islas. 
Con ciudades y jardines, 

Y en los Jardines festines , 

Y en los festines placer... 
Prepara lienzo y pinceles, 

Y deja que el viento brame, 

Y la lluvia se derrame, 

Y estalle el rayo al caer. 

A Inspiramos han venido 
La noche con sus tinieblas, 
El rayo con su estampido, 
La lluvia con su rumor : 
Tú pintarás lo que sientas; 
Yo escribiré lo que siento 
En el empuje violento 
Del huracán bramador. 

Yo escribiré cómo muga 
El vendabal en tus torres , 
Cómo entre las jarcias cruja 
Del buque que va á anegar t 
Cómo zumba en las almenas 
Con que ciñes tus castillos. 
Cómo silba en las cadenas 
Que el puente han de sujetar. 

Escribiré cómo imita 
La humana voz en las rocas, 

Y como el milano grita, 

Y ruge como el león, 
Silba como la serpiente , 
Sorbe como la lechuza. 

La vos de un incendio mWnta 
Al cruzar un torreón. 

Miente el graznido útíí ^epro. 
Brama como el ronco toro , 
Remeda el distante lloro 
De una garganta infantil t 

Y azotando los cristales, 
Finje el fantástico vuelo 
De espíritus inCemales 
Que pasan de mil en wXL 

É imita el rumor confiíso 
De clarines y de aceros , 
De carros y caballeros 
Que van marchando detras» 

Y de un l«Jano sombata 
Los alannantas clamores, 

Y el ruido de los tambores 
Que redoblan á compás. 

Tú pintarás la montaiia 
Entre la niebla sombría , 
Pintarás la lluvia fría 
Derramada desde allí ; 
Los alcázares morunos , 
Los pilares bizantinos , 




COMPOSiaONES DIVERSAS. 



Monumentos peregrinos 
Embellecidos por ti. 

Pintarás los gabinetes 
Cincelados de la Alhambra , 

Y el humo de los pebetes 

Y las bellas del luuren. 
Tú pintarás las memorias 
Que nos quedan por fortuna , 
Yo escribiré las historias 
Que vida á tus cuadros den. 

Te diré el blando murmullo 
De las aguas destrenzadas , 

Y el melancólico arrullo 
De la tórtola que amó ; 
Te diré cómo se mecen 
Las flores sobre los tallos , 
Cómo nacen , cómo crecen , 
Cómo el sol las agostó. 

Tú nos pintarás al hombre 
Con su choza ó su palacio , 

Y yo te diré su nombre , 

Y lo que en el mundo fué : 
Tú al mundo darás colores , 
Yo le daré lengua y vida ; 
Tú pintarás los amores , 

Y yo te los cantaré. 

I Pintor ! que la noche ruede 
Con el ronco torbellino , 
Que envuelta en tormenta» quede 
La desvelada ciudad : 
Nosotros lejos del mundo 
Otro mundo gozaremos , 
De la hoguera que encendemos 
A la roja claridad. 

Calderón, Mnrillo, Ercilla, 
Colgados por las paredes 
Con su estoque y su golilla , 
Forman nuestro mundo aquí. 
Ahí están Lope, Cervantes, 
Vinel , Rivera, d Ticlano... 
Con tintas para tu mano, 
É inspiración para mi. 

Prepara lienzo y pinceles , 
Desplega tn fantasía ; 
Cuando nos sorprenda el día 
Que alumbre una creación. 
Pintor, ese torbellino 
Ha venido á visitamos : 
En él nos trajo el destino 
La violenta inspiración. 






RECUERDOS DE TOU 



LA CATEDRAL. 

IKTRODDCaON. 

Ese montón de piedras baci 

Morenas con el sol qiM se det 

Monstruo negro de escamas er 

Que alienta luz y música y ar 

A quien un pueblo inválidí 

Con pies de religión , frente é 

Que tan noble lugar m a n cha: 

Es catedral de lo qne fué Tol 

Pálida y triste , pobre y ábi 

Llora el favor de los hondidí 

Reina sin corte , andana y d( 

Por sus hijos robada y loa est 

Por vestir el espectro de st 

Hoy convoca sus hijos á las j 

Celebrando su mal , deseapeí 

Con campanas , con órganos 

Gigante que muriendo en 1 

A manos de contrario mas ti 

Con voz tremenda su vengai 

Y fuerza y vida en sus palab 
Una tribu elegante y voluí 

De otro pais de fuentes y de 
Los cimientos fundó donde r 
Para otro Dios de guerras y 

Y un rey, ó mas piadoso 6 1: 
Cambiola'cn templo por sellj 

Y tal vez dijo al Dios omnip 
Tuyo es el nombre , mia la 

Quedóse al fin en templo 
Del sumo Dios bajo el excels 
Para ser á los tiempos revel 
Como página histórica de n 

Mas apilando el tiempo 1 
De los mismos valientes qu 
Vasto sepulcro levantó á sui 
D<»nde un palacio lavantar c 

Y hoy al caer del templo 
Muestra el coloso, al espira 
Que ha cobijado su mortal c 
Templo , historia, palacio y 

L 

Con ceño sombrío mi 
El Tajo que á sus plés 

Y al despecho que la In 
Con las gargantas snsp 
De sus campanas la tor 

Que tiene para consí 
En su abatimiento y n 
La frente cerca del cid 

Y para hablar con el si 
Trece campanas por le 




PRIMER\ PARTE. 



25 



) annonia 

;tremece, 

la 

ilegría 

to crece, 

n violento , 

aido, 

viento, 

so acento 

perdido. 

desigual 
iviana , 
dllo infernal 
e insana 

le metal, 
nandovan 
»re8 8on, 
8 están 
[ue van 
clon, 
muestnuí bien 

9 

íven 
stén 
n festin. 
[nieto afán 
, según 
quedan 
ando están 
un. 

ido esquilón , 
cía el fin 
ración, 
cosón 
)onfln. 
to enorme 
ivo hueco 
forme 
el eco 
iforme. 
mecidas 
B sombras 
pendidas, 
aKombras 
nfundidas. 

1 movimiento 
se estremece , 
un momento 

) macilento 
tvanece. 
ndo ver 
flejos, 
rpeler, 
ejos 

ivolver. 
tdo despacio 
I amarillas, 
1 palacio 



Que dividen el espacio 
De la nave y las capillas. 

Se ven en turbios colores 
Detras de los aUos hierros, 
Entre marmóreas labores 
Cumpliendo así sus destierros 
Dormidos los fundadores. 

Se ven al rayar el día 
En los pintados cristales 
Cómo luchan á porfía 
La claridad que lucía, 

Y los rayos matinales. 
Entonces el sol brillante 

Que á las ventanas asoma, 
Su fogosa luz gigante 
En la llama agonizante 
De las lámparas desploma. 
Dejan torre y capitel , 

Y entran por los rosetones 
Las sombras huyendo del. 
Plegándose en los rincones 
En fantástico tropel. 

La luz del templo señora , 
Por el templo derramada , 
Saluda al Dios que ella adora 
Por las losas prosternada 
Ante el ara que cdora. 

CÍi|(B la bóveda , avara, 

Y en los robustos pilares 
Se quiebra picante y clara , 

Y bulliciosa se ampara 
Del oro de los altares. 

Que Joven y rica y bella 
En la riqueza se posa , 

Y en los diamantes destella, 

Y en la Joya mas vistosa 
Para competir con ella. 

Porque el astro rey la enviá 
A que sus galas ostente , 

Y en la bóveda sombría 
Vierta la lumbre del día 
Revoltosa y trasparente. 

n. 

Se oyen después los pasos mesurados 
Del sacerdote, y la crujiente seda 
Del nuinto que, los lienzos desplegados , 
Por el sonoro pavimento rueda : 

Cual si al cruzar se oyera el vago alient 
Con que á cumplir con su misión le incita 
SopUindo bajo el mudo pavimento 
Las osamentas que á sus pies dormitan. 

Se coronan de antorchas los altares, 
Se sienten rechinar las verjas de oro. 
Se escuchan los católicos cantares 
Vibrar sublimes desde el hondo coro. 

Se ve el pueblo llegar y reverente 
Postrarse humilde , y bendecir la vida , 




26 



COMPOSIQONES DIVERSAS. 



Y alzar del sacio la humillada frente, 
De la luz de los án?eles ceñida. 

Y se alza del altar la voz tremenda 
Que laa palabras del Señor repite. 
Cantadas porque el pueblo las comprenda, 
Solemnes porque el pueblo las medite. 

Y el órgano despliega rebramando 
La voz robusta de las trompas de oro , 
Como por la cascada caen rodando 
Aguas y espumas en tropel sonoro. 



Y en los aires á torrentes 
Vierte la música santa 

Por la céntuplo garganta 
De los tubos de metal : 

Y en sus cánticos remeda, 
Con el prolongado acento, 
El ronco bramar del viento 
O el crujir del vendabal. 

O flnje en son temeroso 
La aguda IcngCictcría 
La discorde gritería 
Del inflerno en rebelión ; 
O con lamento apagado 
Canta al justo moribundo 
Saliendo alegre del mundo 
Sin ira en el corazón. 

Canta el placer de la esposa 
Que inquieta al esposo aguarda , 
Canta al esposo que tarda 
A sus puertas en llamar. 
O entonando del profeta 
La sacrosanta salmodia 
Sublimemente parodia 
El fuego de su cantar. 

Y llora con Jeremías, 

Y entona en arpa de flores 
Los voluptuosos amores 
Del sabio rey Salomón ; 
Canta los cedros del Líbano, 
La castidad de Susana , 



Y Jezabel la profana , 

Y el vigoroso Sansón. 

O en tonos mas de:íma 
La postrera despedida 
Que dio á la penosa vida 
El Hacedor de la luz ¡ 
O mas lánguido remeda 
Las lágrimas de liaría 
Cuando en el terrible di¡ 
Lloraba al pié de la cruz. 

Mas pasan las santas h 

Y cesa la voz que canta, 

Y el pueblo que se levan 
Murmura á su vez tambi 
Se oye el rumor de sus p 
Que por las naves se ale]. 

Y las capillas que dejan 
Abandonadas se ven. 

Apenas un sacerdote 
Que sordas preces murmí 
Cruza con planta Insegur 
Por delante de un altar. 
Se oyen cwrer los cerrojt 

Y las cortinas de seda , 

Y hacinadas en manojoi 
Se oyen llaves chocar. 

No queda en el santo ti 
Mas que el ambiente de i 
La luz del sol que se asoii 
Por el pintado cristal; 
Las tumbas de las capiQa 

Y los pálidos reflejos 

De lámparas que á lo Uj/i 

Penden de un arco oJlTaL 

Pasa el sol , viene lata 

Y el dia desaparece, 

Y la negra sombra crece, 

Y su imperio vuelve á ser 
Se estrella por fuera el rl 
En la calada ventana, 

Y lo que ayer fué nuUUim 
Mañana se dice : affer. 



SEGUNDA PARTE. 



A MIS AMIGOS 

r JUAN DONOSO CORTÉS 

T 

ON MGOMEDES PASTOR DÍAZ. 



Nk psMiqné el Uíbq primero de mis 

• eedieado á vaeiiras inttancijis, no fué 
ti NiieBie qoe el de reunir en una colee- 
»« vertos qae tal vez no babian desagra- 
>1 pobiico. Eteriios esiios en direrentes 
k demi vkla. y en diversas eirconstancias, 

Miden te reátente de las que la 
Bl tríele te querella, y el alegre 
fiMe dete<perad«, y otro ríe i 
i, y cfio es moy ■aioral ; de aqui los 
ot geDerot de míe vertot. Tuve , como 
lee hombree, nomentot de placer y 
de emericvra; en eslat lloraba, y eo 
■• reia ; por eoosigoiente el conjunto de 
i«CfM enteyet no pudieron tener mat 
^¡m el de irasitder al papel lat iotpi- 
«tdeleeniMi. 

^Micer el tefosdo be tenido pretentet 
•et : la pélríe en que nací , y la religión 
^me. Etpafiol, be buscado en nuestro 
mU intpiraciones. Cristiano , he creído 
II relígtoo encierra mas poesia que el 
«■o. Etpaffol , tengo á mengua cantar 
i á Hérealet, á Leonidat, á Boracio 
ff é imho Céear, y abeodener en el polvo 
vido al Cid y á Deo Pedro Antwret . á 
i Certée y Gercia de Paredet. Gritliano, 
!■• vale mee nuestra Maria llorando, 

• tevera semana santa, y lat suntuosas 
Mlaf de nuestros templos , que la im- 

Vcoet , lee nauseabundas lleslas Lu- 
V. 7 lee Terfoniosos saeríflcios de Baee 
NÓioB. lepaftol, bailo ceande menos 
mm y lidiealo botear béreet en lierrae 
#,«■ oMneecebo de lot de auettra pá- 

erittiaiie, tengo por criminal olvidar 
le creeociat, por lat de otra religión 
e«yoe erroret protestamos á cada paso. 
«aoto al género de mis venes apro- 
i flMBieBto de la intpiraeien, tin co- 
la la# fenaat eaa qae lee aUría, y tin 



tegoir mas escuela que mi propio capricbo. 
Convengo en qne esto puede ser moy perju- 
dicial ; pero yo piense asi , y cada cual tiene 
derecho á penser lo que mas le plaica, en tanta 
que no píense roas de lo qoe le toca. 

Y ahora , amigos mios , me queda una tela 
cosa que decirot, y et : que como et muy pro* 
bable que lot poetas no poseamos nunca mat 
qoe nuestros versos , os dedico los rolos, por- 
que no roe ocurre otra cosa que poderos 
ofrecer; y (por vía de paréntesis) me llamo 
poeta , no porque yo me tenga presuntuoso- 
mente por tal, sino porque he esariía estat 
poesias. 

Leedlas, si no os cansan, y acordaos siempre 
de vuettro amigo , 

JOSi ZOEBILLA. 

Madrid is de Junio de 1838* 



EL día sin SOL. 



nmtODucaoif. 

Dtef lr« diM Illa 

Solvet seclam fn ftvlIU fl) 

Hizo al liombre de Dios U propia mano, 
Que iMoto para hacerle fué precito : 
Hízole át Ib tierra soberano, 
Y le dIÓ por palacio el paraíso. — 

Ágil de miembros, la cerviz erguida 
Orlada de flotante cabellera , 
Los claros (^os respirando vida , 
Luenga la bíurba y con la vos severa. 

Hechos para el deleite sus sentidos 
Vieron ios <4os luz, gustó la boca, 
Olió el olfato, oyeron los oídos... 
Todo es placer cuanto pasando toca. 

La yerba perüimada en la colina 
Diole un lecho do yace blandamente. 



(l> La perármclf dtl Diet irm atUí . 
••eriu para Ooa N ieonedM Pastor Mas , eeye fría^ 
paDsaatíeaie le tfebt el aeior. 



?8 



COMPOSICIONES DIVERSAS. 



Y diTi-umosc en torno cristalina 
Desliedla en perlas la sonora fuente. 

Y vertieron las aves en el viento 
Regalada y dulcísima armonía 
Desde el follaje vasto y opulento 
Que fácil teje la alameda umbría. 

Y al dormido murmullo de la brisa 
Que vaga suave, inquieta y juguetona, 
Dobló la frente y con igual sonrisa 
El sueño muellemente le corona. 

Las fteras cuidadosas evitaron 
Con su ruido turbar su manso sueño, 

Y volando las aves arrullaron 
El reposar do su tranquilo dueño. 

Dios, que su soledad miró enojosa , 
De tomarla en placer buscó manera , 

Y una muger bellísima, amorosa, 
Le ofreció liberal por compañera. 

Era la hermosa de gentil talante 
Acabada de pechos y cintura , 
De enhiesto cuello, y lánguido semblante , 
Rebosando de amor, y de ternura. 

Clara la frente , altiva y despejada, 
Negras las cejas, blanca la mejilla, 
Rasgada de ojos, blanda la mirada 
Do turbio el sol en competencia brilla. 

Tendida por los hombros la melena 
La blanca espalda de la luz velando. 
Hallóla Adán al despertar serena 
Sus varoniles formas contemplando. 

Ciñóla sorprendido en su embeleso 
Con brazo enamorado y reverente; 
Mil vec^s la besó, y á cada beso 
Trémula su cristal vibró la fuente 

El bosque susurró manso murmullo, 
I^s peces en las ovas asomaron , 
Las tórtolas alzaron casto arrullo, 

Y amorosos los céfiros soplaron. 

— « I Alma mía, mi amor, pakymamia... ! » 
El hombre sollozando murmuraba ; 
Ella muerta de amor le sonreía , 

Y él muriendo de amor la enamoraba. 
Posábale en su labio el labio amante 

Aspirando con ámbares y aroma 
El aire de su pecho vacilante , 
La luz de sus pupilas de paloma. 

Tú , rojo sol , entonces si los viste 
¿Por qué amantes y solos les dejaste, 

Y la infernal serpiente no adormiste 
Que envidiosa del bien cerca alumbraste? 

¡ Ay ! ¡ Cuanto ahorraras de miseria y llanto 
Del hombre flaco á los mortales ojos! 
¡Cuanto miedo á los ángeles, y cuanto 
AI mismo Dios de cólera y enojos ! 

Era un árbol no más en los jardines 
Vedado al paladar de los nacidos ; 



No anidaban en él los colorines , 
Ni daba flor, ni sombra , ni sonidos. 
Yacia Adán en brazos de su amadi, 
Eva miraba el prohibido fruto, 

Y al lado de la poma codiciada... 
Traidor velaba el enemigo astuto. 

« ¿No comerás , le dijo la serpiente, 
» Criatura de origen soberano? 
» Pudieras como Dios omnipotente 
» Otro mundo crear de polvo vano. 

« No comerás , y quedarás sujeta 
» Al privilegio inútil de su hechun; 
k Quedará el alma entre su nadtqoieti, 
» Y á tí te llamarán la criatura. » 

Sintió el orgullo la muger cnrlosa 
Que brotaba en carmín á la m^QU, 

Y á la fruta tendió la mano ansiosa 
Vertiendo de ella la mortal semillt. 

Aplicóla á los labios , y callaron 
Arboles , aves , céflros y fuentes , 

Y en su lugar fatídicos quedaron 
Troncos , buitres , tormentas y toncuta. 

Rugió el león crespando la melena, 
Lanzó el tigre su ardiente resoplido, 
Bufó en el bos^iue la traidora hiena, 
El toro levantó ronco musido. 

Huyeron , azotándose la» alas . 
Las aves por el aura agonizante, 
El fresco valle marchitó sus galas, 
Tembló el mundo en sus ejes de diliDHÜ 

Despertó el triste Adán absorto y nndi 
Al desusado y bronco clamoreo ; 
Y, avergonzado, se miró desnndo 
La carne henchida de brutal deseo. 

Tembló al mirar las fieras espantad» 
Guarecerse en tropel de los peñascM, 

Y buscar sus guaridas socabadas 

De las montañas en los hondos cucos. 

Hirióle el sol las débiles pupilas 
Al recio impulso de fogosa lumbre, 

Y halló en el cielo en aplomadas filas 
De frías nubes torba muchedumbre. 

Y sintió que perdía de improviso 
La gracia de su Dios con la Inocencia, 

Y trocóle en infierno el paraíso 

El nuevo torcedor de la condénela. 

Viéronse con rubor ambos nacidos , 
Que con rubor entrambos no nadenm, 

Y del crimen común arrepentidos 
Uno del otro con vergüenia huyeron. 

í Adán ! esclamó Dios llamando al lioall 

Y el eco en las montañas respondía; 
I Adán ! repitió Dios, y el mismo noobit 
El eco mismo á repetir Tolvla. 

¿ Dó estaba Adán? Llorando prostonal 
Por vez primera de su Dios tciáblaba , 

Y humillado en el polvo — i Yo he peca^ 
Respondía á la vos (lue le llamaba. 




SEGUNDA PART£. 



I Señor, « cuenta tus horas, 
una hora en que te veas 
al Dios ante quien lloras ; 
Uf Adán , ¡ maldito seas ! » 

I. 

te , Adán , en el polvo 
Ivo morirás , 
hijos , y tu raxa , 
hombres serán, 
obre la tierra 
>or sustentar, 
»s hijos rebeldes 
idres lidiarán, 
rotará espinas , 
abogará la paz , 
lero los hombres 
olvidarán, 
tambres y pestes , 
ias nn mar 
mundo impío 
180 ni solaz, 
ércitos y buques 
y tierra Infestarán , 
M^lavos y habrá reyes , 
, y sociedad, 
nor, y habrá amistades 
ez de consuelos dar, 
ron dulces nombres 
loras de afán. 
I corazón pasiones 
ipulso fatal 
robará á hermano 
en pudo alcanzar, 
u^r voluble , 
imbre desleal , 
Muarasc en zclos 
día la amistad. — 
de un mismo origen , 
1 derecho igual , 
será la fuerza 
.0 la autoridad. — 
x>nquistadore8 
is á deslindar, 
uno puso un trono 
•jidaiso pondrá. — 
que os hice en polvo 
o os he de tornar, 
iia de justicias 
)s por igual : 
InUerno y un cielo 
mensa eternidad 
Tandea y petiuehos 
idos entrarán. » 
Dios reduciendo 
M á cantidad , 
ú al primer nacido 
podo de Adan.^ 



II. 

Tuba miram tparfeat «oiit 
l»«r tepolchra regioDum , 
Coget omnet ante ihronai 

Ancho panteón de gente condenada, 
Condenado á morir como su gente, 
Caerá el mundo en el pozo de la nada 
Rota en pedazos la ttduca frente. 
La impia raza en las tambas cobijada 
Otra vez se alzará mAatUí y doliente 
Roto el dogal que al polvo la sujeta 
Al vivo son de la flmü trompeta. 

Ya para entonces el tremendo día 
Del daño universal será cumplido ; 
El sol que del oriente nos venia 
Apagada su luz habrá caido; 
La luna que flotando se mecia 
En el azul del cielo adormecido 
Seguirá al fln sus moribundas huella 
Llevando en pos las lánguidas estrells 

Y la tierra sin lol que la fecunde 
Seca no brotará yerba ni flores , 

Y harán que reventado el mar la inu 
Los temporales de la mar señores, 

Y á las manos del tiempo que confun 
Cuantos un dia desplegó primores , 
La tierra que de césped se matiza 
Campo será de pálida ceniza. 

En sus mohosas grietas , asomados 
Estarán los desnudos esqueletos 
Al juicio de su Dios aparejados, . 
Silenciosos , estúpidos y quietos ; 

Y á trechos en montones apilados 
El plazo aguardarán juntos y prietos 
Con sus despojo^ remplazando enjuti 
Templos, palacios, árboles y frutos. 

No dará luz el cielo blanquecino. 
Ni hará murmullo el ondular del vii 
Ni en lii% rocas el eco campesino 
Repetirá lejano algún acento; 
Noche y alba sin horas ni camino 
Ahogarán su crepúsculo opulento, 

Y serán presa de arrecidas nieblas 
Sin aurora ni noche las tinieblas. 

No habrá en este pantano dentro y / 
Ni habrá cosa con cotos, ni lugares , 
Las tierras no hallarán mar ni ribci 
Ni hallarán playa ios disueltos mar( 
Barro será la agonizante esfera 
Sin medidas, ni bordes, ni vallares , 
Cual masa por los siglos preparada 
A tomar al origen de su nada. 

Las almas volverán mudas de aso 
Los cuerpos á buscar en que viviero 
Cuando á través del cenagoso escon 
Vayan tras el lugar do loa perdieron 




30 



COMPOSICIONES DIVERSAS. 



Sin ayuda de mano, brazo ú hombro, 
La carne vestirán con que nacieron 
Porque escuche la carne la sentencia 
Que oyó el alma al pasará otra existencia. 

Y cuando nada en el silencio aliente. 
Cuando nada mortal quede con vida, 
A la voz del airado Omnipotente 
De los muertos la turba estremecida 
Iremos ante Dios , baja la frente , 
Amedrentada el alma en su guarida, 
A obedecer sus leyes Inmortales , 
Y ante la santa ley, todos iguales. 

III. 

Jadex erro oam Mdebit 
Qoldqald latet aparebit , 
NUiil laoUvm remaneblL 

Y no habrá para ninguno 
Privilegio ni csencion : 
Sin justicia no habrá alguno. 
Porque iremos uno á uno 
Por pena ó por remisión. 

Será con todos igual , 
Justiciero para todos 
El tremendo tribunal , 
É irán de distintos modos 
El justo y el criminal. 

En la frente irán escritos 
Los secretos de la vida , 

Y las conciencias á gritos 
Apartarán los malditos 
De la prole bendecida. 

Que ni entonces una vez 
La virtud se manchará 
Del vicio con la hediondez , 
Ni la ramera soez 
Junto á la virgen irá. 

Allí irán los que altaneros 
A los pueblos dieron leyes 
A acusar sus desafueros , 
Sin lanza los caballeros 

Y sin corona los reyes. 
Allí irá la hipocresía 

Con el disfraz en la mano, 

Y sabremos aquel dia 

Qué pechero hubo hidalguía 

Y qué hidalgo fué villano. 
Irá el pálido mendigo 

En pes del rico avariento 
Acusador y testigo. 
Demandando el pan y abrigo 
De su alcázar opulento. 
Irá el amigo traidor 
Tras el amigo engañado, 
El semblante sin color, 
Como esclavo maniatado 
Que llevan á su señor. 



Irá el pérAdo galán 
Tras las vendidas mngeres, 
Que descontándole irán 
Por las horas de sa afon 
Las horas de sus placeres. 

Irá el señor sin piedad, 
É irán los siervos tras él 
Pidiendo á su vanidad 
La perdida libertad 
En iracundo tropel. 

Irán los conquistadom, 

Y asidos á bus cabeUoa 
Los vencidos vencedoni, 
Serán allí sus se&ores 
Como aquí lo fueron dkf> 

Irá la falsa muger 
Que al esposo juró amor-, 

Y el juramento de ay« 
Empeñó por un plúer 
Al disoluto amador.— 

Irá el audax pendenden 
Con el muerto en desafio; 
Acuchillado el primero, 

Y el otro en el pecho insfit 
Escondido el rojo acero. 

¡ Que el dia de la vecdai 
£1 fantasma del valor 
Será necia ceguedad , 

Y no mas que vanidad 
El fantasma del honor I — 

Irá el corrompido joai 
Tras la victima inocente, 

Y en tomo suyo á la ves 
Clamarán en voz doliente 
La horfandad y la vindei. 

Irán los monges eamakí 
Tras las forzadas donoellu 
Desgarrados los sayales. 
Los cordones por dogales 
Atados al cuello de ellas.- 

Los labios que un tiemf 
Blando y sacrilego son , 
Con los besos que vertiero 
Que torpe hoguera enoeni] 
En el brutal ooraion ; 

Allí arderán en tal Imn 
En fuego tan infernal, 
Cuanto á Dios fué pesadoi 
Bajar á la podredumbre 
De su pedio criminal.-» 

Y allí iremos los cantor 
Falsas flores del Edén 
Que en vez de santos loon 
Cantamos himnos de amo 
A las puertas de un harén 

Allí lid liviano mundo 
Habrá On la imbécil (arsa I 
Todos en montón inmune 



SEGUNDA PARTE. 



31 



Sin primero, ni segundo, 
Iremos en la comparsa.— 

¿Qué será ver hombre tanto 
Nacido para morir, 
Ciegos los ojos de llanto , 
Ciega el ánima de espanto , 
Al valle inmenso venir? 
¿Qué será ver al tirano 
Baibudenle al responder 
De la sangre de su hermano 
En que Irá tinta la mano 
Sin que la pueda eMonderf 
¿ Qué será ver tantos rejres 
Que por sadar su ambición 
Pusieron la religión 
Por rúbriea de unas leyes 
De equívoca espllcacion?— 

\ Tantas gentes y naciones , 
De tan distintas regiones , 
De tan distintos caracteres , 
Y distintos pareceres 
T distintas religiones I 

Lm de Judá temerosos , 
Los de Esparta y Macodonla, 
Los de Oriente voluptuosos , 
h» fecnndos en colosos 
De Menfls y Babilonia ! 

Los de los anchos desiertos 
Avetados al pillaje 
De tiempo y dioses inciertos , 
Lm que devoran sus muertos 
En algaiara salvaje ! — 

Los de América indolentes, 
Los imparos de Sodoma, 
Los de Tebas penitentes , 
Los de Sagunto Taiientes, 

Y los trlonfantes de Roma ! — 
¡Todos muertos é inmortales 

De inojos ante su jnei , 
Que con le>'es etemales 
Kos baiá á' todos Iguales 
Ante la ley una val— 

É Irán las tiernas dmts 
De los alegres niños 
En témulos de palmas 

Y lechos con armiííos 

Al pié del trono espléndido 
Dd santo de Israel. 
Angeles sus hermanos 
Haránles grata sombra 
O» sos rosadas manos, 

Y les harán alfombra 
Con sus alas magniflcas 

Y almohadas y dosel.— 
La paternal sonrisa 

Dd Dios onmlpotente 



Seralcs blanda brisa , 
Que arrulle mansamente 
El contomo suavísimo 
De SQ tranquila sien. 

Y dormirán de espumas 
Al dulce henir sonoro , 

Y de ondulantes plumas, 

Y de Incensarios de oro 
A la acordada música 
Dd prometido Edén.— 

£ Irán las no tocadas 
Castisimas mugereí 
Que huyeron avisadas 
El mundo y los placeres , 

Y dieron al Altisimo 
Intacto su pudor ; 
Ceñida la cintura 

De blancas azucenas. 
Radiantes de hermosura, 

Y en dulces cantilenas 
Loando en son angélico 
Al etemal amor. — 

Y todas tan hermosas 
Como la tibia luna , 

Y todas ruborosas 
Como al dejar la cuna , 
Todas ofrendas candidas 
De paz y de placer. — 
Purísimas palomas 

Que el cielo halaga y cria, 
Balsámicos aromas 
Que en prendas de alegría 
Entre dolor y lágrimas 
Da al cielo la muger. 

¿ Y qué será en tal hora 
De duelos y de enojos 
Su calma encantadora , 

Y de sus bellos ojos 
Contemplar el pacifico 
Brillante tornasol ? 

¿Y qué será en sus labios 
Su sonreír de amores , 
Cuando grandes , y sabios, 

Y reyes y señores. 

El dia verán trémulos 
Sin tinieblas ni sol? 

IV. 

¿Y qué será de nnestro dulce canto, 
Qué será de nosotros los cantores, 
Los que lloramos cantigas de llanto , 
Los que rdmos cantigas de flores? 

cQué será de la hermosa á quien nr 
Himnos de amor y de placer can! > , 
Que en nuestros labios d amor beuM , 
Y en cuyos hibU» el amor goiamos? 



^ 



COMPOSiaOMES DIYEKSAS. 



¿ Qué serán de bus ojos los espejos 
Do nuestra ¡m^en retratada vimos, 
Do al lánguido rielar de sus reflejos 
De su amor el secreto sorprendimos? 

¿Qué será del amigo cariñoso 
Que anukr nos hixo la falaz fortuna, 
Del triste que veló nuestro reposo 
Al resbalar de la furtiva luna? 

Acaso el corazón le desgarraba 
El peligro fatal del que dormia , 

Y su alan compasivo nos callaba 
Doblando su sUendo su agonía. 

I Ay 1 qué será del padre y del hermano, 
Qué será del esposo y de la esposa 
Cuando aparte Jehová con justa mano 
Del torpe vicio la virtud dichosa? 

Guando se abran las puertas etemales 
Al eterno gozar del paraíso , 

Y les sea á los tristes criminales 
Al duelo eterno caminar preciso ! 

I Ay de mí ! con cuan hondo desconsuelo 
LoiB ojos tomarán desesperados 
La postrimera vez mirando un cielo 
A que también nacieron destinados 1 

I Oh tristísima y larga despedida , 
Eterna muerte , eterna bienandanza , 
Donde perdiendo de una vez la vida 
6e pierde de morir toda esperanza ! 



¡ Qué dulce será vivir, 
Vivir una eternidad , 
Sin pensar mas en morir. 
Ni pensar en reducir 
A guarismo nuestra edad ! 

¡ Qué dulce será vagando 
Por la viviente mansión 
Ir al compás escuchando 
De las arpas de Sion , 
Eternamente gozando 

Aquella aura perfumada, 

Y aquel manso susurrar 
De la floresta encantada, 

Y aquella luz reflejada 
De soles en un millar, 

Y aquel gotear de las fuentes , 

Y aquel trinar de las aves , 

Y aquel hervir los torrentes , 

Y aquellos mares vivientes 

Sin monstruos , vientos, ni naves 1 

Y si en la fresca ribera 
Quien amó en vida encontrara 
La amorosa compañera 

Que antes que el mundo muriera 
Huerta en el mundo quedara; 

{ Qué dulce fuera vivir, 
Vivir una eternidad , 
Sin pensar mas en morir. 



Ni pensar en reducir 

A guarismo nuestra edad I 

¡Oh, ven, ven, arpa sonon 
En las penas de mi vida 
Mi tierna consoladora , 
Esperanza seductora 
De mi esperanza perdida : 

Tú que templas en el suelo 
Nuestros dolores mundanos 
Con ilusiones de cielo , 
Consuela mi desconsuelo 
Con tus compases livianos. 

Y déjale que delire 
Con el cielo al corazón , 
Y déjale que suspire 
Que el ámbar feliz aspire 
De su dulce religión. 

Porque en tanto que suspb 
Por la postrimera paz , 
t Vive Dios que no delin 
Con la nada y la iQentira 
De la existencia falaz 1 



INCONSECUENCIA 



A DMA TOSTÓLA. 

ForqM«lta lif 
Gi 

I. 

Tórtola que solitaria 
En vez de cantar suspiras 
¿ Es tu canto una plegaria, 
O es la voz con que respiras 
A tu voluntad contraria? 

¿Ese arrullo dolorido 
Se exhala en ti á tu desped 
Sonando alegre en tu oido , 
O es en verdad un gemido 
Que te se arranca del pecho: 

Triste pájaro, ¡losé...! 
Por eso en ocultas ramas 
Tu nido ondear se ve; 
Tú te escondes porque ama 
Has tu voz vende á tu fé. 

Naciste , ave desdichada, 
Para llorar tu ternura , 
Por eso en selva apartada 
Vas á arrullar tu amargura 
Del campo ameno enojada. 

Enojos te duu las flores. 
Enojos la luz del día. 
Enojos ¡ ay ! los amores 
Que en dulcísima armonia 
Murmuran los ruiseñores. 




SEGUNDA PARTE. 



35 



I el murmullo vano 
iciosa fuente , 
cortesano 
re mansamente 
nes cercano, 
in las otras aves 
>cente amistad 
gorgeos suaves : 
orar solo sabes , 
1 soledad, 
n el monte inculto 
insa ó estraña ; 
i despeña oculto 
e que le baña 
las en tumulto, 
allí el viento perdido 
las malezas rueda 
y medroso ruido, 
ido son remeda 
xmo gemido, 
allí el césped salvaje 
lazos ha brotado 
reste paisaje , 
terreno olvidado 
ues de tosco encaje. 
á los ojos del triste 
lia los primores 
natura se viste , 
placer no resiste 
ar en sus dolores, 
morosos duelos 
s antojadizo >, 
uejan á los cielos 
alten mas consuelos 
ar en el duelo hechizos. 
e es tan grato saber 
podemos quejar, 
ndo tan ruin placer 
M que ha de faltar 
nuw á querer, 
o, tórtola beila, 
elo á tu ronco canto 
ás de una querella , 
il cantar tu quebranto 
I tu gozo en ella. 
s cierto que asi en pos 
indon va tu queja, 
rióla ! vive Dios 
el mal que nos aqueja 
ecemos ios dos. 
il abriga tu garganta 
le voz un lamento , 
mi voz se levanta 
de darme contento 
irguras me canta. 
da tu voz te vale 
en la selva escondida 
Meocbárlela Míe , 



Bien creo , ave dolorida , 
Que tu mal al mío iguale. 

Y si buscas en tu onhelp 
De que alguno te responoa 
El miserable consuelo, 
Yo pido en mi canto al cielo 
Quien á mi voz no se esconda. 

Pues ambos somos cantores, 

Y ambos somos desdichados ; 
Conmigo es Justo que llores, 
Tú , tórtola , tus amores , 
Yo mis males olvidados. 

Olvidados , ¡ ay de mi! 
Que cuando el arpa tomé 
Cantando ahogarlos creí ; 

Y tantas glorias soñé. 
Cuantos desengaños vi I 

Vi el mundo tan hechicero 
Que no le alcancé falaz , 
Alcé mi canto primero , 

Y el alma lanzó fugaz 
Un suspiro lastimero. 

Que es bien inútil consuelo 
Nuestras desdichas cantar 
Si por tan cercano el suelo 
Nuestra voz no ha de escuchar, 

Y por tan remoto el cielo. 

II. 

Dime, ¿qué DOS valen, 
P^aro infeliz , 
A ti tus lamentos. 
Vis cantos á mi? 

Tú á selva escondida 

Te vas á gemir, 

Porque el canto alegre 

Tees lúgubre á ti; 

Porque el tuyo amarga 

El canto feliz , 

Y las otras aves 

No te le han de oír : 

Y yo que angustiado 
Llorando naci , 

Si le canto al mundo 

Su gloria pueril 

La espalda me toma , 

Dice que mentí 

SI vuelvo mis duelos 

De nuevo á plañir. 

Me dice con mofa 

Que es dulce vivir : 

^i el lloro y ei canto 

Nos desoye asi , 

Díme , ¿ qué nos valen , 
Pájaro infeliz 
A ti tus lamentos , 
- 11 IB rant n<t ám\? 

3 




34 



GOMPOSICIOIfES DIVERSAS. 



El mundo ceñido 
Del aire sutil, 
Vestido de flores 
CoD-rloo tapiz, 
Tocado con ancho 
Dosel de zafir, 
Prendido con nubes 
Queélaltoiénit 
Orcondan ¿e nieblas 
De azal y carmín ; 
Sembrado de estrellas 
Que el turbio confin 
Tachonan brillante^ 
En montones mil 
Con pálidas perlas 

Y rojos rubís , 

Nos miente sin duda 
Vistoso jardín, 
Conrida á cantarle 
Mirándole así. 
Mas si esos hechizos 

Y gayo matiz 
Caminos son solo 
Que llevan al fin 

De breves placeres, - 

Y el fin es morir ; 

Si el que llora ó canta 

Concluyen allí , 

Si el triste se mofa 

Del rico y feliz , 

£ insulta el alegre 

ttel triste el sufrir, 

Dime , ¿ qué nof if alen , 
Pájaro infeliz, 
A tí tus lamentos. 
Mis cantos á mi? 



Que es la tierra de lágrimas camino , 
Valle de tumbas que pasando vamos ; 
Féretro y cuna nos abrió el destino 
Para entrar y salir en los cstremos; 
Fantástico al entrar y peregrino, 

Y asqueroso ai salir le comprendemos ; 
Que al vivir despertamos en la < una , 

Y al despertar nos ríe la fortuna 

Imperfectos traemos los sentidos 
Porque á sentir no alcancen tanto duelo : 
Sordos aun traemos loa oidos 
Porque no escuchen el clamor del suelo : 
La lengua y pensamientos obstruidos. 
Porque al ánima falte ese consuelo : 
Solo abrimos al sol nuestra pupila 
Porque asombrada con el sol vacila. 

Feliz quien despertando cuando nace 
Bd ÜQSloiiet de esperanza crece. 



Y un bello mundo deünslones 
Donde loco soíiando se adormec 
Mientras que duerme y deliraiu 
La árida realidad se desvanece, 

Y mientras suwa su falaz veat 
A su camino el término apresui 

Mas vale delirar lindas qoiin 
En ilusión de sue&oa seductora 
Que roer esperanzas pasajeras 
En este valle de ponn>Aa y flon 
Donde aguardando dichas yenM 
Lloramos sobre el pan de los do 
Donde al buscar el necesario att 
Mortal cicuta nos regala el vía 

Porque en sueños los Uena y 
Dorados en la loca funtasía, 
Al ánima dormida son igu^ : 
El desdichado canta su agamí, 

Y lamenta el feliz bienes mortal 
Mas ninguno en perderlos le bí 
Que son dulces los bienes lama 

Y los males lo son dese^peqidfli 

• 

Si tan bellos son los blen^ 
Soñados como los males , 
Ya , tórtola , no me aflljen 
Tus melanrólicos ayes. 
Que á tí te dieron lamentoi 
En vez de alegres cantare^, 

Y tú cantando le cuentas 
Tus amarguras al atre. 
Las endechas y loa himnos 
Los mismos consuelos traen 
Que á la par nos adoniaecen 
Las dichas y los pesares. 
Tú te arrullas tristemente 
Con tan lúgubres compases, 
Porque tus duelos son gozos 
Con el placer de contarles ¡ 
Yo al mundo canto mis cult 
Porque cuando otros las sab 
El placer de que las sepan 
Dichas de mis penas hacen : 

Y asi cuando entrambos, id 
Con lamentaciones grayés 
En guisa de querellamos 
Atormentamos los aires , 
Pues nuestra queja es oonti 
Por el placer de quejarse , 
Con cstravios tamaños, 
Con inconsecuencias tales 
No hacemos mas que soñar 

Y mentir calamidades, 

Tú llorando bien de amoni 

Y yo delirando males. 




SEGUtfDá FART£. 



S$ 



DE FUENSALDASA. 



I. 



» bramar al ronco viento 
mbre en noche oscura, 
in hombre el triste acento 
n en la hendidura, 
lion envejecido 
de sonante leña, 
raba estremecido 
empolvada peña, 
feudal resto desnudo 
armas, sin alfombra, 
II recinto mudo 
o, soledad y sombra, 
roa cuentos populares 
sin crónica conserva , 
is, torres y pilares 
la pajiza yerlia. 
abitan la techumbre 
fañosa araña , 
tosca pesadumbre 
n de Fuensaldaña. 
entonces loco, triste y niño , 
vei bajo sus muros, 
el desgarrado aliño 
'ecónditoe y oscuros, 
os de amistad perdida 
pláticas sabrosas 
Hitas de mi vida 
noches pavorosas, 
le la humeante hoguera 
) piedras al abrigo 
ibramando fuera , 
rox de algún amigo, 
totros se elevaban 
i, góticas almenas, 
viento recbaaaban 
to colosal serenas. 
»tn alegre carcajada 
aires por el eco, 
vnidos sofocada 
I en el tendido bueeo. 
(tras l>áquicaa eandones 
de agonlxante pecho, 
I comparados sones 
lo en callejón estrecho. 
anc«>llca armonía 
lentos y suspiros , 
ignante gritería 
de brujas y vampiros, 
itmenas erizadas 
estocada frente 
ervir de las cascadas , 
•r de la serpiente. 
> y confuso torbellino 
asaestftiieelendo 



De la tendida lona el son marino 
Semejaba tal vez el largo estruendo. 

Le oíamos á veces á lo lejos 
Cruzando el vallo con airado paso , 

Y crujían los árboles añejos 

Como chascara entre la llama un vaso. 

Y en continuo rumor sonando á veces 
Le oíamos rozar el Arme muro , 
Como en hondo tonel hierven las hecaí 
Que una bruja animó con nn conjuro. 

Le oíamos rodar embravecido 
Las desiguales piedras azotando, 

Y en los huecos colgar ronco mugido , 

Y el seco musgo arrebatar pasando. 
Le oíamos entrar y revolverse 

Con espantAble son en las troneras , 

Y estrellarse , y crecer hasta perderse , 
Barriendo las tortuosas escaleras. 

Las ramas de los árboles vecinos 
En las rejas meciéndose colgadas 
Dibujaban contomos repentinos 
De espantosas visiones descamadas. 

Y al brusco y desigual sacudimiento 
Desplomados los vidrios de colores , 
En el mal alumbrado pavimento 
Reverberaban falsos resplandores. 

Y asaltando la boca que topaba 
Rodando en torno de la mustia hoguera. 
Entre la llama pálida soplaba 

Blanca ceniza hasta elevar lijcra. 

Silbando entonces lánguido y sonoio 
Al cruzar murmurando en las ventanas , 
Nos revelaba en armonioso coro 
Música de veletas y campanas. 

Y mezclaba el susurro de las hojas 
Que coronaban los silvestres pinos 
Con el gotear entre las Juncias floja» 
De los turbios arroyos eampesinos. 

De los atentos perros el ladrido, 

Y el canto agudo del despierto gallo 
Con el inquieto y bélico alarido 

Del trémulo relincho del caballo. 

Bullían en el ánima exaltada 
Locos fantasmas de soñados cuentos, 

Y sostenía apenas fatigada 

El peso de los ojos soñolientos. 

Entonces á la sombra cobijados, 
Los pies á par de la espirante lumbre, 
Cedían nueitros párpados cansados 
Mas que á la voluntad á la costumbre. 

Y á cada chispa del tizón postrero, 
A cada empuje del turbión errante, 
A cada voz del pájaro agorero 

Que velaba en el nido vacilante, 

Volviamoe el gesto recelosos 
En derredor del descompuesto fuego 
LevaniaiKlo kw ojos perezosos. 
Que al roto suefto se tomaban Insso. 




26 



COMPOSIQONES DIVERSAS. 



Y alzar del suelo la humillada frente, 
De la luz de los ánsclcs ceñida. 

Y se alza del altar la voz tremenda 
Que las palabras del Señor repite. 
Cantadas porque el pueblo las comprenda, 
Solemnes porque el pueblo las medite. 

Y el órgano despliega rebramando 
La voz robusta de las trompas de oro, 
Como por la cascada caen rodando 
Aguas y espumas en tropel sonoro. 



Y en loa aires á torrentes 
Vierte la música santa 
Por la céntuple garganta 
De los tubos de metal : 

Y en sus cánticos remeda, 
Con el prolongado acento, 
El ronco bramar del viento 
O el crujir del vendabal. 

O flnje en .«ón temeroso 
La aguda IcngOctiTÍa 
La discorde gritería 
Del Infterno en rebelión ; 
O con lamento apagado 
Canta al Justo moribundo 
Saliendo alegre del mundo 
Sin ira en el corazón. 

Canta el placer de la esposa 
Que inquieta al esposo aguarda , 
Canta al esposo que tarda 
A sus puerttis en llamar. 
O entonando del profeta 
La sacrosanta salmodia 
Sublimemente parodia 
El fuego de su cantar. 

Y llora con Jeremías, 

Y entona en arpa de florea 
Los voluptuosos amores 
Del sabio rey Salomón ; 
Canta los cedros del Líbano, 
La castidad de Susana , 



YJezabellaprofaDAy 

Y el vigoroso Sansón. 

O en tonos mas desmaya 
1^ postrera despedida 
Que dio á la penosa vida 
El Hacedor de la luz; 
O mas lánguido remoda 
Las lágrimas de María 
Cuando en el terrible día 
Lloraba al pié de la cruz. 

Mas pasan las santas hon 

Y cesa la voz que canta , 

Y el pueblo que se levanta 
Murmura á su vez también 
Se oye el rumor de sus pas< 
Que por las naves se alejan 

Y las capillas que dejan 
Abandonadas se ven. 

Apenas un sacerdote 
Que sordas preces murmun 
Cruza con planta Insegura 
Por delante de un altar. 
Se oyen correr los cerrojos 

Y las cortinas de seda , 

Y hacinadas en manojof 
Se oyen llaves chocar. 

No queda en el santo tem 
Mas que el ambiente de aro 
La luz del sol que ae afloma 
Por el pintado cristal; 
Las tumbas de las capillas 

Y los pálidos reflejos 

De lámparas qae á lo lejof 
Penden de un arco ojlvd. 
Pasa el sol , viene la tüdl 

Y el dia desaparece, 

Y la negra sombra crece, 

Y su Imperio vuelve á ser. 
Se estrella por fúeca d Tienl 
En la calada yentana, 

Y lo que ayer fué matoia, 
Mañana se dice : a^. 




SEGUNDA PARTE. 



MiS AMIGOS 

DONOSO CORTÉS 

T 

EDES PASTOR DliZ. 



lé ti l«iiM primero de mis 
i f ueilras instancias, no fué 
e el de reunir en una colee- 
e tal vez no habían desagra- 
Escritos estos en diferentes 
j endif ersas circonstancias, 
I M resiente de las que la 
«te te qaereila, y el alegre 
deeesperado, y otro ríe i 
es may aatural ; de aqui los 
de mil ▼eraos. Tuve, como 
«, momentos de placer y 
ra; en estas lloraba, y en 
coosigoiente el conjunto de 
yot DO pudieron tener mas 
rasltdar al papel las inspi- 

M. 

efundo be tenido presentes 
ia en que nací , y la religión 
úol, be buscado en nuestro 
cienes. Cristiano, he creído 
encierra mas poesia que el 
ol, tengo á mengua cantar 
«, á Leónidas, á Horacio 
sar, y abandonar en el pelve 
y á Don Pedro Answret, á 
•rcia de Paredes. Cristiano, 
if nuestra María llorando, 
nana santa, y las suntuosas 
estros templos , que la im- 
I nauseabundas fleslas Lq- 
geniosos sacrificios de Baee 
taftol, bailo cuando menos 
lo boiear béroes en tierraa 
leabo de los de nuestra pá- 

tengo por criminal olvidar 
I, por las de otra religión 
es protestamos á cada paso, 
leñero de mis versos apro- 

do la inspiración, fin cu- 
it €M qne l« atavie, j sin 



seguir mas escuela que mi propio capricho. 
Convengo en que esto poe'de ser muy perju- 
dicial ; pero yo pienso asi , y cada cual tiene 
derecho á pensar lo que mas le plaioa, en tanto 
que no piense roas de lo que le toca. 

Y ahora , amigos míos , me queda una tela 
cosa que deciros, y es : que como es muy pro* 
bable que los poetas no poseamos nunca mat 
que nuestros versos , os dedico los roios, por- 
que no me ocurre otra cosa que poderos 
ofrecer; y (por via de paréntesis) me llamo 
poeta , no porque yo me tenga presuntuosa- 
mente por tal , sino porque he estril* etiat 
poesías. 

Leedlas, si no os candan, y acordaos siempre 
de vuettro amigo , 

JOSi ZOEBILLA. 

Madrid IS de Junio de 1838. 



EL día sin SOL. 



nnnoDccaoif. 

« DIef Ir» diM Illa 

Solvet seclam fn ftvlIU (1) 

Hizo al liombre de Dios la propia mano. 
Que tanto para hacerle fué precito i 
H izóle át la tierra soberano, 
Y le dlÓ por paléelo el paraíso. — 

Ágil de miembros, la cerviz erguida 
Orlada de flotante cabellera. 
Los claros ojos respiruido vida , 
Luenga la tÁrba y con la vos severa. 

Hechos para el deleite sus sentldoe 
Vieron los <4os luz, gustó la boca. 
Olió el olíalo, oyeron los oídos... 
Todo es placer cuanto pasando toca. 

La yerba perCumada en la colina 
Diole un lecho do yace blandamente. 



(1^ La peráfrads dtl Dím irm está . 
•seriu para Doa N ieonedas Pastor Mas . eeyo frtB^ 
panflaadeaie le debe el aaior. 



:^8 



COMPOSICIONES DIVERSAS. 



Y lUniamosc en tomo cristalina 
Dcsliectia en perlas la sonora fuente. 

Y vertieron las aves en el viento 
Regalada y dulcísima armonía 
Desde el follaje vasto y opulento 
Que fácil teje la alameda umbría. 

Y al dormido murmullo de la brisa 
Que vaga suave, inquieta y juguetona, 
Dobló la frente y con igual sonrisa 
El sueño muellemente le corona. 

Las fteras cuidadosas evitaron 
Con su ruido turbar su manso sueño, 

Y volando las aves arrullaron 
El reposar de su tranquilo dueño. 

Dios, que su soledad miró enojosa. 
De tomarla en placer buscó manera, 

Y unamuger bellísima, amorosa, 
Le ofreció liberal por compañera. 

Era la hermosa de gentil talante 
Acabada de pechos y cintura, 
De enhiesto cuello, y lánguido semblante , 
Rebosando de amor, v de ternura. 

Clara la frente , altiva y despejada, 
Negras lasc^jas, blanca la mejilla, 
Rasgada de ojos, blanda la mirada 
Do turbio el sol en competencia brilla. 

Tendida por los hombros la melena 
La blanca espalda de la luz velando, 
Hallóla Adán al despertar serena 
Sus varoniles formas contemplando. 

Ciñóla sorprendido en su enibelcso 
Con brazo enamorado y reverente ; 
Mil veces la besó, y á cada beso 
Trémula su cristal' vibró la fuente 

El bosque susurró manso murmullo, 
1^8 peces en las ovas asomaron , 
Las tórtolas alzaron casto arrullo, 

Y amorosos los céfiros soplaron. 

— « ¡ Alma mía, mi amor, pa1<Mihamia...! » 
El hombre sollozando murmuraba ; 
Ella muerta de amor le sonreía , 

Y él muriendo de amor la enamoraba. 
Posábale en su labio el labio amante 

Aspirando con ámbares y aroma 
Kl aire de su pecho vacilante , 
La luz de sus pupilas de paloma. 

Tú , rojo sol , entonces si los viste 
(I Por qué amantes y solos les dejaste, 

Y la infernal serpiente no adormiste 
Que envidiosa del bien cerca alumbraste? 

¡ Ay ! ¡ Cuanto ahorraras de miseria y llanto 
Del hombre flaco á los mortales ojos ! 
¡(iuanto miedo á los ángeles, y cuanto 
Al mismo Dios de cólera y enojos ! 

Era un árbol no mas en los jardines 
Vedado al paladar de los nacidos ; 



No anidaban en él los colorines , 
Ni daba flor, ni sombra , ni sonidos. 
Yacía Adán en brazos de su amada, 
Eva miraba el prohibido fruto, 

Y al lado de la poma codiciada... 
Traidor velaba el enemigo astuto. 

« ¿No comerás , le dijo la serpiente, 
» Criatura de origen soberano? 
» Pudieras como Dios omnipotente 
» Otro mundo crear de polvo vano. 

« No comerás , y quedarás sujeta 
» Al privilegio Inútil de su hechura; 
)• Quedará el alma entre su nada quieta, 
» Y á tí te llamarán la criatura. * 

Sintió el orgullo la muger cariosa 
Que brotaba en carmín á la mejilla, 

Y á la fnita tendió la mano ansiosa 
Vertiendo de ella la mortal semilla. 

Aplicóla á los labios , y callaroa 
Arboles , aves , céfiros y fuentes , 

Y en su lugar fatídicos quedaron 
Troncos, buitres , tormentas y torrentes 

RuQió el león crespando la metena, 
Lanzó el tigre su ardiente resopUtto, 
Bufó en el bosque la traidora hiena. 
El toro levantó ronco mugido. 

Huyeron , azotándose las alas. 
Las aves por el aura agonizante, 
El fresco valle marchitó sus galas , 
Tembló el mundo en sus ejes de dlaü^ 

Despertó el triste Adán absorto y m* 
Al desusado y bronco clamoreo ; 
Y, avergonzado, se miró desnudo 
La carne henchida de brutal deseo. 

Tembló al mirar las fieras espantadu 
Guarecerse en tropel de los pd^aictt, 

Y buscar sus guaridas socabadas 

De las montañas en los hondos caMf. 

Hirióle el sol las débiles pnpUai 
Al recio impulso de fogosa lumbre, 

Y halló en el cielo en aplomadas Illas | 
De frías nubes torba muchedumbre. j 

Y sintió que perdía de improf lao j 
La gracia de su Dios con la Inocencia, 

Y trocóle en infierno el paraíso 

El nuevo torcedor de la oondenela. 

Viéronse con rubor ambos naddoi, 
Que con rubor entrambos no nadeniBi 

Y del crimen común arrepentidos 
Uno del otro con vergüenxa huyeron. 

¡ Adán ! esclamó Dios llamando al 

Y el eco en las montañas respondía; * 
\ Adán 1 repitió Dios, y el mismo noaht 
El eco mismo á repetir Tolvla. ^^ 

¿ Dó estaba Adán? Llorando proete!>*< 
Por vez primera de su Dios teinblaba , 

Y humillado en el polvo — i Yo he p«*" 
Respondía á la vos que le llamaba. 







SEGUNDA PARTE. 



)r, « cuenta tus horas, 
hora en que te veas 
ios ante quien lloras ; 
dan , 1 maldito seas ! » 

I. 

dan , en el polvo 
lorírás , 
, y tu raxa , 
bres serán, 
la tierra 
ustentar, 
jos rebeldes 
. lidiarán, 
'á espinas , 
ara la paz, 
ios hombres 
iarán. 

»resy pestes, 
mmar 
ido impío 
i solaz, 
os y buques 
rra infestarán , 
03 y habrá reyes , 
(ociedad. 

y habrá amistades 
; consuelos dar, 
lulces nombres 
\ de afán, 
azon pasiones 
o fatal 

rá á hermano 
udo alcanzar. 
' voluble , 
e desleal , 
'ase en zelos 
a amistad. — 
n mismo origen , 
echo igual , 
la fuerza 
autoridad. — 
uistadorcs 
deslindar, 
puso un trono 
iso pondrá.— 
os hice en polvo 
he de tornar, 
le justicias 
»r igual : 
tmo y un cielo 
M eternidad 
les y pe<(ueños 
entrarán. > 
( reduciendo 
cantidad , 
primer nacido 
íúidAúan,— 



II. 

Toba mlram sparfens ftonna 
p«r Mpalcbra recioDum , 
Co|«l omnes anta lliroDani. 

Ancho panteón de gente condenada , 
Condenado á morir como su gente. 
Caerá el mundo en el pozo de la nada 
Rota en pedazos la eaduca frente. 
La impia raza en las tnmbas cobijada 
Otra vez se alzará mAiÜa y doliente 
Roto el dogal que al polvo la sujeta 
Al vivo son de la final trompeta. 

Ya para entonces el tremendo día 
Del daño universal será cumplido ; 
El sol que del orienta nos venia 
Apagada su luz habrá caido; 
La luna que flotando se mecía 
En el azul del cielo adormecido 
Seguirá al fin sus moribundas huellas 
Llevando en pos las lánguidas estrellas 

Y la tierra sin sol que la fecunde 
Seca no brotará yerba ni flores , 

Y harán que reventado el mar la lnun< 
Los temporales de la mar señores, 

Y á las manos del tiempo que confund* 
Cuantos un dia desplegó primores , 
La tierra que de césped se matiza 
Campo será de pálida ceniza. 

En sus mohosas grietas , asomados 
Estarán los desnudos esqueletos 
Al juicio de su Dios aparejados, . 
Silenciosos , estúpidos y quietos ; 

Y á trechos en montones apilados 

El plazo aguardarán juntos y prietos , 
Con sus despojo^ remplazando enjutoí 
Templos, palacios, árboles y frutos. 
No dará luz el cielo blanquecino. 
Ni hará murmullo el ondular del viei 
Ni en 1ii% rocas el eco campesino 
Repetirá lejano algún acento; 
NfKhe y alba sin horas ni camino 
Ahogarán su crepúsculo opulento, 

Y serán presa de arrecidas nieblas 
Sin aurora ni noche las tinieblas. 

No habrá en este pantano dentro y fu 
Ni habrá cosa con cotos, ni lugares , 
Las tierras no hallarán mar ni ribort 
Ni hallarán playa los disueltos mares 
Barro será la agonizante esfera 
Sin medidas , ni bordes , ni vallares , 
Cual masa por los siglos preparada 
A tomar al origen de su nada. 

Las almas volverán mudas de ason 
Los cuerpos á buscar en que vivieron 
Cuando á través del cenagoso escomí 
Vayan tras el lugar do loa perdieron : 




30 



COMPOSICIONES DIVERSAS. 



Sin ayuda de mano, brazo ú hombro, 
La carne vestirán con que nacieron 
Porque escuche la carne la sentencia 
Que oyó el alma al pasar á otra existencia. 

Y cuando nada en el silencio aliente. 
Cuando nada mortal quede con vida, 
A la Yoz del airado Oinnipotcnte 
De los muertos la turba estremecida 
Iremos ante Dios , baja la frente , 
Amedrentada el alma en su guarida, 
A obedecer sus ieges inmortales , 
Y ante la santa ley, todos iguales. 

III. 

Jadex enro cam Mdebik 
Qaldqntd latet aparebit , 
Mihil laalum remanebit. 

Y no habrá para ninguno 
Privilegio ni esencion : 
Sin justicia no habrá alguno. 
Porque iremos uno á uno 
Por pena ó por remisión. 

Será con todos igual , 
Justiciero para todos 
El tremendo tribunal , 
É irán de distintos modos 
El justo y el criminal. 

En la frente irán escritos 
Los secretos de la vida , 

Y las conciencias á gritos 
Apartarán los malditos 
De la prole bendecida. 

Que ni entonces una vez 
La virtud se manchará 
Del vicio con la hediondez , 
Mi la ramera soez 
Junto á la virgen irá. 

Allí Irán los que altaneros 
A los pueblos dieron leyes 
A acusar sus desafueros , 
Sin lanza los caballeros 

Y sin corona los reyes. 
Allí irá la hipocresía 

Con el disfraz en la mano, 

Y sabremos aquel dia 

Qué pechero hubo hidalguía 

Y qué hidalgo fué villano. 
Irá el pálido mendigo 

En pos del rico avariento 
Acusador y testigo. 
Demandando el pan y abrigo 
De su alcázar opulento. 
Irá el amigo traidor 
Tras el amigo engañado, 
El semblante sin color, 
Como esclavo maniatado 
Que llevan á su seoor. 



Irá el pérAdo galán 
Tras las vendidas mngeres 
Que descontándole irán 
Por las horas de su alan 
Las horas de sus placeres. 

Irá el señor sin piedad, 
É irán los siervos tras él 
Pidiendo á su vanidad 
La perdida libertad 
En iracundo tropeL 

Irán los conquistadons, 

Y asidos á sus cabdloa 
Los vencidos voicedoniy 
Serán allí sus se&ores 
Como aquí lo fueron éUoi* 

Irá la falsa muger 
Que al esposo juró amor^ 

Y el juramento de ayer 
Empeñó por un placer 
Al disoluto amador. *- 

Irá el audaz pendendm 
Con el muerto en deaafio; 
Acuchillado el primero, 

Y el otro en el pecho lmpá< 
Escondido el rojo acero. 

¡ Que el dia de la verdai 
El fantasma del valor 
Será noc'ui ceguedad , 

Y no mas que vanidad 
El funtasmadel honor 1— 

Irá el corrompido jaei 
Tras la víctima inocente, 

Y en tomo suyo á la vei 
Clamarán en voi doliente 
La horfandad y la yindei. 

Irán los monges camaleí 
Tras las forzadas donoellai 
De.sgarrados los sayales, 
Los cordones por dogales 
Atados al cuello de dlas.- 

Los labios que un tiemí 
Blando y sacrilego son. 
Con los besos que vertiero 
Que torpe hoguera enoend 
En el brutal ooraion ; 

Allí arderán en tal lom 
En fuego tan infernal, 
Cuanto á Dios fué pesadoi 
Bajar á la podredumbre 
De su pecho criminal.— 

Y allí iremos loe cantoft 
Falsas flores del Edén 
Que en vez de santos loen 
Cantamos hiamos da amo 
A las puertas de un harén 

Allí del liviano mundo 
Habrá fln la imbécil farsa; 
Todos en montón inmund 




SEGUNDA PARTE. 



iero,nl segundo, 
>n la compar».— 
9crá ver hombre tanto 
>ara morir, 
(>s ojos de llanto , 
ánima de espanto , 
inmenso Teñir? 
será Ter al tirano 
ente al responder 
ngre de so hermano 
irá tinta la mano 
la pueda eMonderf 
será Ter tantos reyes 
' saciar su ambición 
n la religión 
rica de unas leyes 
voca esplicacion?— 
las gentes y naciones , 
listlntas regiones, 
dlstintoe caracteres , 
itos pareceres 
itas religiones ! 
e Judá temerosos , 
Esparta y Macedonia , 
Ih'lente voluptuosos , 
andos en colosos 
fls y Babilonia ! 
le ios anchos dediertos 
M al pillaje 
ipo y dkiaes inciertos , 
! devoran sus muertos 
liara salvaje ! — 
le América indolentes, 
puros de Sodoma , 
Tetas penitentes , 
SaguntoTalientes, 
iunfantes de Roma ! «- 
os muertos é inmortales 
08 ante su juez , 
a ie\es eternales 
rá á todos iguales 
ley unaTeil— 



,n las tiernas almas 
ilegrrs niños 
lulos de palmas 
m con armiños 
del trono espléndido 
ito de Israel, 
s sus hermanos 
ea grata sombra 
is rosadas mauM , 
larán alfombra 
j alas magníficas 
>hadas y dosel.— 
•lemal sonrisa 
09 omnipotente 



Seraics blanda brisa , 
Que arrulle mansamente 
El contomo suavísimo 
De su tranquila sien. 

Y dormirán de espumas 
Al dulce hervir sonoro , 

Y de ondulantes plumas, 

Y de incensarios de oro 
A la acordada música 
Dd prometido Edén.— 

É Irán las no tocadas 
Castísimas mogeref 
Que huyeron avisadas 
El mundo y los placeres , 

Y dieron al Altísimo 
Intacto su pudor ; 
Ceñida la cintura 

De blancas azucenas, 
Radiantes de hermosura, 

Y en dulces cantilenas 
Loando en son angélico 
Al ctemal amor. — 

Y todas tan hermosas 
Como la tibia luna , 

Y todas rul)orosas 
Como al dejar la cuna , 
Todas ofrendas candidas 
De paz y de placer. — 
Purísimas palomas 

Que el cielo halaga y cria. 
Balsámicos aromas 
Que en prendas de alegría 
Entre dolor y lágrimas 
Da al cielo la muger. 

¿ Y qué será en tal hora 
De duelos y de enojos 
Su calma encantadora , 

Y de sus bellos ojos 
Contemplar el pacífico 
Brillante tornasol I* 

¿Y qué será en sus labios 
Su sonreír de amores. 
Cuando grandes , y sabios, 

Y reyes y señores. 

El dia verán trémulos 
Sin tinieblas ni sol.' 

IV. 

¿Y qué será de nuestro dulce canto. 
Qué será de nosotros los cantores, 
Los que lloramos cantigas de llanto , 
Los que reimos cantigas de flores? 

¿Qué será de la hermosa á quien un d 
Himnos de amor y de placer cantamos. 
Que en nuestros labios el amor bebia, 
Y en cuyos labios el amor goxamos? 




ztt 



COMPOSICIONES DIVERSAS. 



¿ Qué serán de sus ojos loa espejos 
Do nuestra imagen retratada vimos, 
Do al lánguido rielar de sus reflejos 
De su amor el secreto sorprendimos? 

¿Qué será del amigo cariñoso 
Que amar nos hizo la falaz fortuna. 
Del triste que veló nuestro reposo 
Al resbalar de la furtiva luna? 

Acaso el corazón le desgarraba 
El peligro fatal del que dormía , 

Y su afán compasivo nos callaba 
Doblando su silencio su agonía. 

I Ay 1 qué será del padre y del hermano, 
Qué será del esposo y de la esposa 
Cuando aparte Jehová con justa mano 
Del torpe vicio la virtud dichosa? 

Cuando se abran las puertas ctemales 
Al eterno gozar del paraíso , 

Y les sea á los tristes criminales 
Al duelo eterno caminar preciso ! 

t Ay de mí I con cuan hondo desconsuelo 
h¿& ojos tomarán desesperados 
La postrimera vez mirando un cielo 
A que también nacieron destinados I 

t Oh tristísima y larga despedida , 
Eterna muerte, eterna bienandanza , 
Donde perdiendo de una vez la vida 
6e pierde de morir toda esperanza ! 



I Qué dulc« será vivir. 
Vivir una eternidad , 
Sin pensar mas en morir, 
Ni pensar en reducir 
A guarismo nuestra edad ! 

I Qué dulce será vagando 
Por la viviente mansión 
Ir al compás escuchando 
De las arpas dci^ion. 
Eternamente gozando 

Aquella aura perfumada , 

Y aquel manso susurrar 
De la floresta encantada , 

Y aquella luz reflejada 
De soles en un millar, 

Y aquel gotear de las fuentes , 

Y aquel trinar de las aves , 

Y aquel hen'ir los torrentes , 

Y aquellos mares vivientes 

Sin monstruos , vientos, ni naves 1 

Y si en la fresca ribera 
Quien amó en vida encontrara 
La amorosa compañera 

Que antes que el mundo muriera 
Muerta en el mundo quedara; 

I Qué dulce fuera vivir. 
Vivir una eternidad , 
Sin pensar mas en morir, 



Ni pensar en reducir 

A guarismo nuestra edad 1 

I Oh , ven , ven , arpa sooor 
En las penas de mi vida 
Mi tierna consoladora , 
Esperanza seductora 
De mi esperanza perdida : 

Tú que templos en el snek 
Nuestros dolores mundanos 
Con ilusiones de cielo , 
Consuela mi desconsuelo 
Con tus compases livianos. 

Y déjale que delire 
Con el cielo al corazón , 
Y déjale que suspire 
Que el ámbar felix aspire 
De su dulce religión. 

Porque en tanto que sospü 
Por la postrimera pas , 
{ Vive Dios que no delira 
Con la nada y la mentira 
De la existencia falaz 1 



INCONSECUENCIA 

A UNA TOETOLA. 

Forqve al Bs la vi 
C* 

I. 

Tórtola que solitaria 
En vez de cantar suspiras 
¿ Es tu canto una plegaria, 
O es la voz con que respirM 
A tu voluntad contraria? 

¿Ese arrullo dolorido 
Se exhala en tí á tu despedí 
Sonando alegre en tu oido, 
O es en verdad un gemido 
Que te se arranca del pediol 

Triste pájaro, ¡losé...! 
Por eso en ocultas ramas 
Tu nido ondear se vo; 
Tú te escondes porque amai 
Mas tu voz vende á tu fé. 

Naciste , ave desdichada. 
Para llorar tu ternura , 
Por eso en selva apartada 
Vas á arrullar tu amargura 
Del campo ameno enojada. 

Enojos te dau los flores. 
Enojos la luz del dia , 
£)nojos ¡ ay ! los amores 
Que en dulcísima armonía 
Murmuran los ruiseñores. 




SEGÜffDA PARTE. 



el murmullo vano 
rio9a fuente , 
cortesano 
-a mansamente 
nes cercano, 
n las otras aves 
«ente amistad 
gorgeos suaves : 
orar solo sabes , 
I soledad. 
n el monte Inculto 
nsa ó estraña ; 
i despeña oculto 
5 que le liaíia 
las en tumulto, 
allí el viento perdido 
las malezas rueda 
y medroso ruido, 
do son remeda 
ono gemido, 
allí el césped salvaje 
azos ha brotado 
este paisaje , 
erreno olvidado 
ues de tosco encaje. 
i ios ojos del triste 
lia los primores 
natura se viste , 
placer no resiste 
ir en sus dolores. 
norosos duelos 

s antojadizos 
lejan á los cielos 
liten mas consuelos 
ir en el duelo bechizos. 
es tan grato saber 
podemos quejar, 
ido tan ruin placer 
s que ha de faltar 
nos á querer. 
>, tórtola bella, 
lo á tu ronco canto 
ís de una querella, 
1 cantar tu quebranto 
tu gozo en ella. 
I cierto que asi en pea 
Qdon va tu queja, 
tola ! vive Dios 
ñ mal que nos aqueja 
ccmos los dos. 
ú abriga tu garganta 
e voz un lamento , 
mi voz se levanta 
le darme contento 
rguras me canta. 
la to voz te vale 
BD la selva escondida 
e«rQeliárte1a Mile , 



Bien creo, ave dolorida , 
Que tu mal al mió iguale. 

Y si buscas en tu anhcJp 
De que alguno te responoá 
£1 miserable consuelo. 
Yo pido en mi canto al cielo 
Quien á mi voz no se esconda. 

Pues ambos somos cantores, 

Y ambos somos desdichados ; 
Conmigo es Justo que llores. 
Tú , tórtola , tus amores , 
Yo mis males olvidados. 

Olvidados , { ay de mi ! 
Que cuando el arpa tomé 
Cantando ahogarlos crd; 

Y tantas glorias soñé, 
Cuantos desengaños vi 1 

Vi el mundo tan hechicero 
Que no le alcancé falaz , 
Alcé mi canto primero , 

Y el alma lanzó fugaz 
Un suspiro lastimero. 

Que es bien inútil consuelo 
Nuestras desdichas cantar 
Si por tan cercano el suelo 
Nuestra voz no ha de escuchar, 

Y por tan remoto el cielo. 

II. 

Dime, ¿qué noa valen. 
Pajaro infeliz , 
A ti tus lamentos. 
Mis cantos á mi? 

Tú á selva escondida 

Te vas á gemir. 

Porque el canto alegre 

Te ea lúgubre á ti; 

Porque el tuyo amarga 

El canto feliz , 

Y las otras aves 

No te le han de oír : 

Y )o que angustiado 
Llorando nací , 

Si le canto al mundo 

Su gloria pueril 

La espalda me toma , 

Dice que mentí 

SI vuelvo mis duelos 

De nuevo á plañir. 

Me dice con mofa 

Que es dulce vivir : 

Si el lloro y el canto 

Nos desoye asi , 

Díme , ¿ qué nos valen , 
Pájaro infeliz 
A ti tus lamentos , 
- Mis r«in(05 d mi ? 




34 



GOtfPOSlCIOIfES DIVERSAS. 



El mundo ceñido 
Del aire sutil. 
Vestido de flores 
GoD-riootaplx, 
Tocado con ancho 
Dosel de zafir, 
Prendido con nubes 
Queelaltofénit 
Circundan ¿e nieblas 
De azul y carmín ; 
Sembrado de estrellas 
Que el turbio confln 
Tachonan brillantes 
En montones mil 
Con pálidas perlas 

Y rojos rubis , 

Nos miente sin duda 
Vistoso Jardín, 
GouYida á cantarle 
Mirándole asi. 
Mas si esos hechizos 

Y gayo matiz 
Caminos son solo 
Que llevan al fin 

De breves placeres, ■ 

Y el fin es morir ; 

Si el que llora ó canta 

Concluyen allí , 

Si el triste se mofa 

Del rico y feliz , 

£ insulta el alegre 

Del (rlste el sufrid, 

Dime , ¿ qué no|^ valen , 
Pájaro infeliz, 
A ti tus lamentos. 
Mis cantos á mi? 



Que es la tierra do lágrimas camino , 
Valle de tumbas que pasando vamos ; 
Féretro y cuna nos abrió el destino 
Para entrar y salir en los estremos; 
Fantástico al entrar y peregrino, 

Y asqueroso al salir le comprendemos ¡ 
Que al vivir despertamos en la < una , 

Y al despertar nos ríe la fortuna 

Imperfectos traemos los sentidos 
Porque á sentir no alcancen tonto duelo : 
Sordos aun traemos los oiüos 
Porque no escuchen el clamor del suelo : 
La lengua y pensamientos obstruidos. 
Porque al ánima faite ese consuelo : 
Solo abrimos al sol nuestra pupila 
Porque asombrada con el sol vacila. 

Feliz quien despertando cuando nace 
En Uuslones de esperanza crece, 



Y un bello mando de iloslonei ! 
Donde loco soñando se adormec 
Mientras que duerme y delirsod 
La árida realidad se desvanece. 

Y mientras sueña su falaz veati 
A su camino el término apresar 

Mas vale delirar lindas qoimí 
En ilusión de sueños seductofci 
Que roer esperanzas patojeras 
En este valle de ponzofta y flon 
Donde aguardando dichas venU 
Lloramos sobre el pan de ksio 
Donde al buscar el necesaria sH 
Mortal cicuU noe regala d vía 

Porque en sueños los hiena y 
Dorados en la loca fantasiai 
Al ánima dormida son Igtuto: 
El desdichado canta su agonía 

Y lamenta el feliz bienes mortí 
Mas ninguno en perderlos leb 
Que son dulces los bienes lama 

Y los males lo son dese^^perfdoi 



SI tan bellos son los bln^ 
Soñados como los males , 
Ya , tórtola , no me aflljen 
Tus melancólicos aves. 
Que á ti te dieron lamentos 
En vez de alegres cantarei|, 

Y tú cantando le cuentas 
Tus amarguras al aire. 
Las endechas y los himnos 
Los mismos consuelos Vnk 
Que á lá par nos adonÍMoa 
Las dichas y los pesares. 
Tú te arrullas tristemente 
Con tan lúgubres compasa 
Porque tus duelos son gozo 
Con el placer de contarles ¡ 
Yo al mundo canto mis culi 
Porque cuando otros las sst 
El placer de que las sepan 
Dichas de mis penas hacen : 

Y asi cuando entrambos, ti 
Con lamentaciones graves 
En guisa de querellarnos 
Atormentamos los aires , 
Pues nuestra queja es cent 
Por el placer de quejarse , 
Con estravíos tamaños, 
Con inconsecuencias tíúes 
No hacemos mas que sofiú 

Y mentir calamidades, 
Tú llorando bien de 

Y yo delirando males. 




SEGüIfDá PilRTfi. 



IS 



DE FüENSALDAÑA. 



I. 



bramar al ronco viento 
snbre en noche oscura, 
un hombre el triste aeento 
m en la hendidura. 

alón envejecido 

1 de sonante leña, 
traba estremecido 
1 empolvada peíia. 
feudal resto desnudo 

I armas , sin alfombra, 
u recinto mudo 
io, soledad y sombra. 
TOS cuentos populares 
sin crónica conserva , 
as, torres y pilares 
% la pajiía yerba. 
labitan la techumbro 
ií!aiiosa ara&a, 
1 tosca pesadumbre 
n de Fuensaldaña. 
entonces loco, triste y niño , 
vei bajo sus muros , 
r el desgarrado ai i ño 
recónditos y oscuros, 
ios de amistad perdida 
pláticas sabrosas 
Hitas de mi vida 
noches pavorosas, 
de la humeante hoguera 
I piedras ai abrigo 
ebramando fuera , 
vos de algún amigo, 
«otros se elevaban 
s, góticas almenas, 
I viento recbaiaban 
ito colosal serenas. 
stn alegre carcajada 
I aires por el eco, 
ramidos sofocada 
» en el tendido hueeo. 
stras báquicas eandones 
de agonixante pecho, 
n coni pandos sones 
lio en callejón estrecho, 
lancólica armonía 
nentos y suspiros , 
ugnante gritería 
de brujas y vampiros, 
almenas eriíadas 
lestocada frente 
lervir de las cascadas , 
tNtf de la serpiente, 
o y eoofuso torbellino 
ran catmneeleiMio 



De la tendida lona el son marino 
Semejaba tal ves el largo estruendo. 

Le oíamos á veces á lo lejos 
Cruzando el valle con airado paso, 

Y crujían los árboles añejos 

Como chascara entre la llama un vaso. 

Y en continuo rumor sonando á veces 
Le oíamos rozar el firmo muro , 
Como en hondo tonel hierren las hecü 
Que una bruja animó con nn conjuro. 

Le oíamos rodar embravecido 
Las desiguales piedras azotando, 

Y en los huecos colgar ronco mugido , 

Y el seco musgo arrebatar pasando. 
Le oíamos entrar y revolverse 

Con espantable son en las troneras , 

Y estrellarse , y crecer hasta perderse , 
Barriendo las tortuosas escaleras. 

Las ramas de los árboles vecinos 
En las rejas meciéndose colgadas 
Dibujaban contomos repentinos 
De espantosas visiones descamadas. 

Y al brusco y desigual sacudimiento 
Desplomados los vidrios de colores , 
En el mal alumbrado pavimento 
Reverberaban falsos resplandores. 

Y asaltando la boca que topaba 
Rodando en torno de la mustia hoguera, 
Entre la llama pálida soplaba 

Blanca ceniza hasta elevar tijera. 

Silbando entonces lánguido y sonoio 
Al cruzar murmurando en las ventanas , 
Nos revelaba en armonioso coro 
Música de veletas y campanas. 

Y mezclaba el susurro de las hojas 
Que coronaban los silvestres pinos 
Con el gotear entre las juncias floja» 
De los turbios arroyos campesinos. 

De los atentos perros el ladrido , 

Y el canto agudo del despierto gallo 
Con el inquieto y bélico alarido 

Del trémulo relincho del caballo. 

Bullían en el ánima exaltada 
Locos fantasmas de soñados cuentos, 

Y sostenía apenas fatigada 

El peso de los ojos soñolientos. 

Entonces á la sombra cobijados. 
Los pies á par do la espirante lumbre, 
Cedían nuestros párpados cansados 
Mas que á la voluntad á la costumbre. 

Y á cada chispa del tizón postrero, 
A cada empuje del turbión errante, 
A cada voz del pájaro agorero 

Que velaba en el nido vacilante, 

Volvíamos el gesto recelosos 
En derredor del descompuesto fuego 
Levantando loo ojos perezosos , 
Que al roto sueiko so tomaban luego. 




36 



COMPOSICIONES DIVERSAS. 



Y en aqudla mirada adormecida 
Se pintaba la sombra misteriosa 
De volubles contomos revestida 

De cuerpo inmenso , de color medrosa. 
Gozábamos al fin Insomnio inquieto 
Delirando festines y batallas 
Con tu I nltos sin época ni objeto, 
Con broqueles , tnn ydmos y con mallas. 

Y soñábamos duendes y conjuros 
En una tierra mágica y lejana , 
Deleitados en cóncavos oscuros 
Con cantares de sílflde liviana. 

Poco á poco desbechas las visiones 
Soñábamos con sombras infinitas , 
Donde se oían apagados sones 
De invisibles orquestas esquisitas. 

Y mas tarde las sombras vacilando 
Entre pardo crepúsculo naciente 
Ibanse luz y sombras alejando 

De la febril y temerosa mente. 

Músicas, miedos, fábulas y sombras 
Sus contornos al fin desvanecían , 
Y en un salón sin lámparas ni alfombras 
Solo estaban dos locos y dormían. 

II. 

Y era grato al son del viento 
Abrir el párpado al dia, 

Y contemplar soñoliento 
Su confuso resplandor, 
A través de las abiertas 
Hondas y estrechas ventanas, 

Y de las hendidas puertas 
De los quicios en redor. 

Ver la atmósfera tocada 
Con turbio cendal de niebla 
Sobre los campos posada 
Interceptando el mirar; 

Y oir la ráfaga inquieta 
Que al vcndabal sustituye 
En la acerada vrleta 
Sordamente rechinar. 

Ver las medrosas visiones 
Que en la nofche nos turbaron 
En bóvedas y rincones 
De opaca lumbre al lucir, 
En escombros convertidas 
Musgo y tintas con que al tiempo 
Las murallas carcomidas 
Plugo manchar y vestir. 

Ver en las toscas paredes 
En vez de ricos tapices 
Tender su baba y sus redes 
Al insecto descortés , 
Que entre los nombres tranquilos 
l>ai labra de los viajeros 



Cubriéndolos hilo á hilo 
Sin envidia ni Interés. 

Ver á la afanosa araña 
En los blasones del muro 
Hilar con paciente maña 
Sus hebras para cazar; 
Y en la recóndita grieta 
La presa que vuela en tor 
Vigilante, astuta y quieti 
A que se enrede esperar. 

Y en el oculto madero 
Hallar de rincón ruinoso 
El rastro de un hormlgac 
Que en el verano pasó : 
Que en el foso nació acaí 
Mas no contento en d SQ< 
Con irreverente paso 
Hasta la almena trepó. 

<f Quién dijera á los bar 
De la torre de Saldaña 
De sus techos y salones 
La mengua y la soledad ? 
I Tiempo ! i tiempo ! ¡ Cw 
Tú que indiferente escribí 
Sobre cráneos y paredes 
La cifra de la verdad! 

Yo he visitado esos mu 
Hoy trojes de rico hidalg( 

Y en sus salones oscuros 
Ancha hoguera levanté. 
Corrí llaves y cerrojos 
Cual si de ellos dueño fa 

Y sus tablas y despojos 
Para alumbrarme quemé 

No respeté ni sus años 
Ni su nombre y dueño ai 

Y para insultos tamaños 
¿Quién era en Saldaña yi 
Un niño, un triste, ó w 
Que divertido en sus pen 
Curaba entonces muy po 
De cuanto grande irivló. 

Y á fé que libre y cont 
A la lumbre do mi bogue 
En tanto bramaba el viei 
Tranquilamente dormí ; 

Y al despertar con el día 
Contemplé absorto y udn 
La gruesa mamposterfa 
Que por alcoba elejí. 

Luchaba el sol afanadc 
Con la turbia húmeda ni 

Y el fulgor tornasolado 
Cruzaba por el salón. 




SEGDNU4 PAHi£. 



)7 



n fuerzas cediendo 
ráfagas errantes, 
? le oía gimiendo 
IOS airado son. 

esde las ventanas 
campo seco; 
yerbas livianas 
é no mas en él. 
as aacadla 
>la las mojaba ; 
rbasto crecia 
po mudo al lindel. 

as noctamas aves 
las asomaron 
otos arquitraves 
*rl08o mohín, 
indiferente, 
Dor de mis pisadas 
*on la negra frente 
» oóocavo al fin. 

ices de la alta cnmbre 
liando la niebla 
oae en viva lumbre 
tolo resplandor; 
s pardos muraiiones 
uadroe luminosos 
ando los salones 
igoso color. 

oaces á los reflejos 
ama repentina 
elioa rim^nes viejos 
iDtigna soledad , 
D miles de insectos 
ido por las grietas 
liosos por lo imperfectos, 
KMT la variedad. 

use los cantares 
co templo vecino 
ipases regulares 
leoerse y crecer; 
-gano y las campanas 
» soplo del viento 
dldas , >a cercanas 
oséeos mecer. 

> la noche sonora, 
ima&ana inquieta, 
loa hora por hora 
ar triste volvi. 
é la vida cansada 
snté so amargura , 

con mi tristura, 

1 torre ({oedó allí. 



Aceleraron el paso 
De aquella noche después ; 
lias { ay del hombre mezquino \ 
\ Quién encontrará mañana 
Entre el polvo del camino 
La huella de nuestros piéal 



LA DUDAí*>. 



carioaot acüo 
9gar á FofDsaldaAa 



Guando al escribir en ellas 
Contemplo t^n lindas hpjas, . 
Entre si llore ó si cante . 
Estoy dudando , señora. 
Recuerdos tenéis en ellas 
Que desgarran la memoria , 
Por mas que entre tantas flores 
Estas espinas se escondan ; 
Que cuando un enamorado 
En himno de amores liora , 
Mas que á cantar sus cantares 
Su llanto á llorar provoca : 

Y los versos de ese muerto 
Tanto en lágrimas rebosan , 
Que removidas Ins mias 

A mis pupilas asoman. 

Y pues donde tantos cantan 
Hay uno que llorar osa , 

Entre si llore ó si cante 
Estoy dudando , señora. 

SI intento escribiros versos 
Dentro la mente se agolpan 
Cuantos primores y hedüzos 
La naturaleza aborta. 
' Que en este jardin de España 
Las inspiraciones sobran , 
Pues basta mirar la lumbre 
Con que el sol le tornasola; 
Los arroyos que le cruzan , 
Los Jazmines que le bordan, 

Y las bellas que le pisan , 
Cuantas maravillas brota. 
Para entonar tantos himnos , 
Tantas letras amorosas 

Que antes que el canto se agote 
Gastada el arpa se rompa. 
Pero al ver io que ese triste 
Grabó ó lloró en estas hojas, 

- Entre si llore 6 si cante 
Estoy dudando , señara. 

(f ) EmiíH tB «I alboB tf« ma Mftora . m la k« 
liBMdIau 4 la M ^M D. ■. J. da Urra atmbi* i 
bailo 7 MattSo fonanrr. 




88 



COMPOSICIONES DITERSAS. 



Pluguiera que en vez de versos 
MI pluma brotara rosas , 
Porque al menos con las flores 
Se pueden tejer coronas. 
Pero á par de los clpreses 
Si nacen flores se agostan, 

Y donde los muertos hablan 
Callar á los vivos toca. 

Que el recuerdo del que muere 
Mucho respetar importa , 
Que flcaso para velamos 
Quedó en la tierra su sombra. 

Y aunque Indecisa mi pluma 
Tal vez dudando os enoja , 

Y han de hacer mis desvarios 
Que de vergüenza me corra , 
Perdonadme si os confieso 
Que al contemplar estas hojas 

Entre si llore 6 si cante 
Estoy dudando y señora. 

Que vos merecéis los versos 
Nadie en la villa lo Ignora» 

Y es tan claro por sabido 
Que hasta dudarlo es lisonja. 
Que él la memoria merece 
Tampoeo hay á quien se esconda , 
Pues por triste y por amante 

Le recordamos ahora. 

Y así entre ambos dividida 
La imaginación dudosa 
Los versos son para vos 

Si le prestáis la memoria : 
Lo que en ros merece el sexo 
En él merece la sombra , 

Y lo que en ros lá hermosotá 
En él \á tomha lo abona. 
Justo es con los dos hablando 
Duden el muerto y la hermosa 

Si es cantar ó si es lamento 
Lo qué Íes cantan ó lloran. 



*9m 



PARA VERDADES EL TIEMPO 

Y PARA JUSTICIAS DIOS. 

TMlMCiOIf. 
I. 

Juan Ruiz y Pedro Medina , 
Dofl hidalgos sin blasón , 
Tan uno del otro son 
Cual de una zarza una espina. 

Diz que Pedro salvó á Juan 
La vida en lance sangriento ; 



Prendas de tanto momento 
Amigos por cicrlo dan. 
Pasan ambos por valiente 

Y mañeros en la lid , 

Y lo han probado en Madrk 
En apuros diferentes. 

Ambos pasan por Ignaleí 
En valor y en osadía, 
Pero en fama de hldalgnia 
No son lo mismo cabales. 

Que es Juan Rals hooibi 
Silencioso por demás, 
Que no alzó noble jamás 
El gesto meditabundo. 

Ancha espalda, corto ene 
Ojo inquieto, torbas eejai, 
Ambas mejillas bermejas, 

Y claro y rubio el cabello. 

Y aunque lleva en la eUH 
Largo hierro toledano , 
Dale brillando en su mano 
Mas villana catadura. 

Y aunque arrojado y asi 
En la ocasión , rara ves 
Carece su intrépidos 

De son de temeridad. 

Ágil , astuto ó iraidart 
Hijo de Ignorada cuna» 
Debe acaso á su fortuna 
Mucho mas que á su valor. 

Presentóse ha pocos afios 
De Indias advenediso , 
Diz que con nombre pétfHié 
Cubriendo propios añisM. 

Mas vertié lojo y élMof 
En festines j placeres^ 
Aunque fué con las mngM 
Mas fulso que caballero. 

Hoy pasa pobre y osean 
Una existencia común , 

Y medra ó mengua segnn 
Los dados le dan seguro. 

Hombre de quien saben te 
Que vive de mal vivir. 
Mas nadie sabrá decir 
Por cuales , ó de qué modei 

Modelos en amistad 
Ambos para el vulgo son , 
Mas con Pedro es la oplalsn 
Menos rígida en verdad. 

Porque es Pedro , mnqB 

Y orgulloso en demasia , 
Mozo de mas cortesía 

Y mas bizarro talante. 

De ojos negros y rafl(SBdos 
Con que á quien mira desdi 
Nariz corta y agoDefia , 
Con UgoCes aBi|rtnMoi. 



StCntfDiL>ARTÉ. 



ilf> rede pcrilona. 

iprasle don, 
n» d« inlan 
<We condición, 
ha; m Madrid Aúgir 
íraTlo TMlblera 
F!>pada no luf len 
}n 17 ue dehor. 
mndn ni maslslndif 
rrnHta popular 
■ Tlsto lomar 
parte i «u lado, 
on Ruli ; Medina , 
í* por conrlnlr 
utto dertr 
MH á Catalina, 
ana moia oscnra 
ñt rostro spoesfa, 
¡entlt como honctUí 
leratlada pura. 
Rali, pero calla, 
rque FU amor 
:rr 4e 10 honor 
de amor no halla. ^ 
anua la contempla 
del embaió, 

(iriud K templa, 
tan dulce !<u mlrat 
n por no perder 
K qnlM atrever 
trev)d« callar, 
in fleiltile bu acentA 
i no In térra mplilt 
ruena at oltle 
laliiiK el alienlo. 
I, (jue fu^ soldado 
nidm por Castilla , 
MS de la lilla 
lempo ncnslnmbrado, 
rila tan rendido, 
rt 1.1 f-naniorA, 
ani'ir k pr<imrtl6 
Fuere ni mnrliln, 
tí, ipor san Mitlanl • 
rorondpniícdu; 
e de Toledu 
I retuello ademan. 

II. 

lio Pcdrí) Medina 
.morosa ventaja , 
rreraa que i pas» 



Saltábale el eonuon 
A cod.i paso que daba , 
Yfrolátiase ambas manoa 
Bajo la anchurosa capa. 
Los labios le sonreían, 

Y los ojos le brillaban 

Al reflejo que en el pecho 
Despide la amante llama. 
Las gentes le hadan sillo 
Porque cerca no pasara , 
Que según Iba resucito 
Que Tueic audaz recelaban. 
Has él va tan divertida 
En ius amores el alnia. 
Que ni ve donde tropieía, 
Ni cura do los que patán. 
Topó al ToWer una eiqulni 
Una vieja, ; al dejarla 
Derribada en tierra dijo 1 

■ Kos casaremos luaüana. » 
Enredúaele ei es loque 

En el manto de una dama, 

Y rasgándole una tercia 
Echiiia uu voto de á vara. 
Asi dando ; rccltiiendo 
Encontrones y pisadaí. 
Dio por íln con la hosterli 
Donde su amigo Jugaba. _ , . 
Fué á la mesa, y pregunláui 
A Juan si pierde ó si gana. 
Pidió vino y añadióle : 

• Cuando acabes, dos palabra!. ■ 
Recojió Juan sus monedas , 

Y terciándole la capa , 
Sentóse al lado de f edro 
Diciendo Imjo: ■ jQuépaut' 1 

■ He caso , > dijo Uedlna. 
Hirnlc Juan i la cara, 

Y Irunciendo entrambü cejaa 
Tosió, sin responder nada. 

— •ñQuépfcns.is? pr^^nló fearo. 1 

— • En ti 1 tu mugtT pensaba^ ■ 

Contestó Juan sUf^pirando, 

Con voi ronca y apasada. 

— •jSupondrJs quu es CatalInaF 

—Y lo siento con el alnin. • 

-■ iCúmo! ■ - • Porque tengo letot. 

— « 1 porianitilldnl •—•Vola amaba 

—•jYella?> — •tunéaselo dije, 

Peroocurriéseme... » — ■ | Acaba i ■ 

— • Para decirla mi amor 

■ Escribirla hoy una cartu. > 

Callaron ambos ; Medina 
Remedio al caso tiUAcaba 
El codo sobre la mesa , 
Sobre la mano la barba. 
Al fin cómn quien reauelv» 




o 



C0MI>0S1CI0^£S DIVERSAS. 



Negocio que aflije y cansa 

Pidió papel y tintero 

Diciendo á Juan : — « t Por mi aima 

9 Que en mi vida en tal apuro 

• Vacilar tanto pensaba; 

» Y á no serte tú quien eres 
» Hetiéralo á cuchilladas ; 

• Pero escribe, y que responda 
» A cual de nosotros mata. » 
Escribió Juan , mas rasgando 
Al mejor tiempo la carta , 

— « Echemos, dijo, los dados 
»Y al que la mayor le caiga 
«Si es á mí la escrlho al punto, 
»S1 es á ti , Pedro, te casas. » 
Tiró Juaii y sacó nueve; 

Y asiendo el vaso con tMü 
Tiró Pedro y sacó doce, 
Con que los dos se levantan. 

Y atravesando la turba 
Que curiosa los cercaba 
Parten la calle en silencio 
Dándose entrambos la espalda. 

III. 

Son á mi pensar los zelos 
Delirio, pasión, ó mal, 
A cuyo influjo fatal 
Lloraran los mismos cielos. 

A manos de tal pasión 
El mas cuerdo desespera , 
Pues quien con zelos espera 
Atropeiia su razón. 

Si con zelos esperar 
Es importuna porfía , 
Ceder zeloso en un día 
Cuanto se amó, no es amar. 

De zelos verse morir, 

Y en silencio padecer, 
Son zelos tan de temer 
Cnanto duros de sufrir. 

Y así con zelos amar 
Vale casi aborrecer, 
Pero con zelos ceder 
Es Igual que delirar. 

Si otro mas favorecido 
Goza el bien que se perdió. 
Se habrá el disfavor sentido, 
Mas perdido el amor no. 

Porque en quien goza favor 
Sobra tai vez confianza, 

Y zelos sin esperanza 
Suelen guardar mas amor. 

Si favor nunca tuvimos 
Aun es suerte mas cruel , 
Porque vemoe ahora en él 
Cnanto hien haber podlmot. 



Y asi pienso que son idos 
Delirio, pasión , ó mal , 
A cuyo influjo fatal 
Lloraran los mismos cielos. 

Por eso llora Juan Rulz 
Zeloso y desesperado 
El bien que Pedro ha ganado 
Mas galán ó mas felU. 

Por eso en la soledad 
Se mesa barba y cabelloB, 
Sin mirar que no está en eUoi 
Su amante fatalidad. 

I Oh 1 que no fueron antoloi 
Sus amorosos desvelos 1 
Que el amor que hoy le éaid 
Entróle ayer por los ojoe. 

« ¿Y por qué no nne atreví! 
Clama el triste en su aíliodoii 
« ¡ Y hoy acaso esta pasión 
» Pudiera arrancar de mil 

» Mas volveré , i vive Dtoa! 
» ¿ Pero qué he de oonaegolr 

»Sl la he dejado ele] Ir 
» Marido de entre loa doe? • 

Y á su despecho tomando 
Semejábase en su afán 
Una ¿era á quien están 
Dentro la jaula acosando. 

Sin darse el triste aolai 
Cruzaba el cuarto sin tino, 
Pero no hallaba camino 
De dar al ánima paz. 

Silbaba al dejar rabloio 
Paso al comprimido aliento, 

Y hollaba con pié violanto 
El pavimento ruinoso. 

Iba adelante y atrás 
Sin reflexión que le acoda, 
A la por pidiendo ayuda 
A Cristo y á Satanás* 

Túvose un momento al fin 

Y en el temblor que le aqucj 
Se ve bien que se aconseja 
Con un pensamiento ruin. 

Volvió á girar otra vea, 

Y otra á tenerse volvió : 
En esto dobló un relé 
En una torre las dlea. 

Entonces quedando íljo 
Esclamó en la oscuridad i 
m Boy se casan , es verdad , 
» Hace un mes que me lo d^ 

Ciñó con esto el acero 
Con desden á la clntnn, 

Y salióse á la ventura 
La vuelta del matadoro. 




S£GU?(DA PARTE. 



4 



IV. 



a noche sin luna, 
CÍ4Í0 callejón 
ay en un esquinazo 
ido un farol, 
m abierto á medias 
idrios de color 
t aire en tumulto 
I el confuso son. 

compás fugltiTO 
an con pié velox 
danzan descuidados 
e la habitación , 
cruzar sus sombras 
la y dos á dos 
stlca carrera 
nótona Ilusión. 
es la de Medina , 
slla á fiesta juntó 
sos y parientes 
de traspuesto el sol. 
franca algazara 
i la que adoró, 
1 aguarda esta noche 

de cumplido amor, 
niña galana 
oca el barrio la vio, 
•n rizos el caballo 
lala fragante olor; 
. de raso blanco 
illado el jubón , 
;ltas de terciopelo 
cielo el color. 
I hebilla de plata 

el cinturou , 

le baja en mil pliegues 
ije en derredor ; 

1 lazo de corales, 
1ro le regaló, 

n una cruz de oro 
;en del Redentor, 
entura en un día 
Pedro imaginó, 
ida desatentado 
[> en la confusión. 
Yuelta se mira 
ojos de so amor, 
luz de aquellos soles 
jema el corazón. 
Q , para concluir, 
tó, cenó y bailó, 
» costumbre en las bodas 
•ntonces hasta hoy ; 
)oe cansados unos 
le, otros del calor, 
(jas del tardo sueño, 
isioos de su son , 



Los muchachos de la bulla , 

Y los novios del honor 
Que les hacen sus amigos 
En tan precisa ocasión ; 
Despidiéronse uno á uno 
Echando sobre los dos 
Mas bendiciones que plagas 
Causó á Egipto Faraón. 
Quedáronse entrambos solos 
La amada y el amador. 
Por vez primera en la vida 
A merced de su pasión. 
Mirábala embelesado 

El amoroso español , 
Trémulo el rostro de goso 

Y de dicha el corazón. 
Mirábale ella anhelante 
Encendida de rubor. 
Húmedos los negros ojos 
Con tiemísima afición. 

Él dlciéndola— \ almamit! 
Diciéndole ella— ¡nü sol ! 
Entre el son de ardientes besos 
De regalado sabor. 
En esto en la estrecha calle 
Temible ruido sonó 
De voces y cuchilladas 
En medrosa confusión. 

Y al angustiado lamento 

De uno que grita.* — « i Favor 1 
9 ¡Ayudadme, que me matan 1 • 
Pedro á la calle bajó 
Con el estoque en la diestra 

Y en la siniestra el farol. 
Asomóse Catalina 
Amedrentada al balcón 
Llamando á Pedro afanosa 
De algún daño por temor. 
Alzó Medina la cara 

Y la luz con eUaalzó, 
Pero apenas el reflejo 

Dio en el rostro de su amor. 
Una estocada traidora 
Por el costado le entró. 
Lanzó un grito el desdichado 
Que partia el corazón. 
Lanzó la hermosa un gemido 
De intensísimo dolor, 

Y el moribundo Medina 
Volviendo el gesto á un rincón, 
Hacia una imagen de Cristo 
De quien devoto vivió , 

Dijo espirando : — « Soy muerto. 
• ¡ Acorredme , Santo Dios 1 • 

Y quedó tendido en tierra 
Sin movimiento y sin voz. 
Alzóse á su lado un hombre, 

Y esclamando con pavor 




42 



COMPOSICIONES DltrCRSAS. 



« {Maldita sea mi alma! • 
Mató la luz y escapó. 

V. 

Tuvieron asi los años 
Uno , dos , tres, hasta siete , 
Embozada en el misterio 
Aquella Impensada muerte. 
En vano acudieron pronto 
Vecinos á socorrerle, 
Para vendarle los hombres, 
Para mentir las mujeres. 
En vano salieron unos 
C«asl desnudos á verle, 

Y otros salieron jurando 
Armados hasta los dientes. 
Mada sir\'ieron entonces 
M jubones ni broqueles; 
Medina quedó sin vida , 

Y sin justicia el aleve. 
En vano son las pesquisad 
De los irritados jueces , 
En vano son los tcsllgoé , 
Las citas y los papelea. 
En vano el caso averiguan 
Una , dos , tres , quince veeéÉ ; 
Cada vez mas se confunden 
Los golillas y corchetes. 

En vano sobre la rastra 
Anduvieron diligentes 
Olfateando la presa 
Los alanos de las leves. 
Porque todos son testigos , 
Todos declaran contestes , 
Todos son los agraviado!, 
Mas ninsuno delincuente. 
Hubo alborotos por ello, 

Y pendencias mas de velnt6 , 
Mas Pedro quedó sin vida , 

Y sin justicia el aleve. 
Catalina le lloraba 
Desconsolada y doliente 
Minutos , horas y días, 
Noches , semanas y meses. 
Un aAo estuvo en el lecho 
Con accesos de demente, 

Y un año á su cabecera 
Veló Juan Ruiz sin moverse. 
Dio con la puerta en los o¡<^ 
A padrinos y parientes 
Diciendo : — Mientras yo tita , 
No faltará quien la vele. 

Y en vano le murmnraron 
De tal conducta las gentes ; 
Juan se mantuvo constante 
A la cabecera siempre, 

Sin que á sondear su alma 
Alcanzara algmi rfvlnif é 



A través de hi reserva 

Y el misterio que mantiene 
Curóse al fin Catalina , 

Y el tiempo, que tanto pne 
Siendo remedio y sepulcro 
De los males y loe bienes, 
Volvió la Int á sus ojos, 

Y el pudor volvió á sa freo 

Y el talismán de la risa 

A sus labios tnvparentci; 

Y salió ufisna diciendo 

A cuantos pof vetlá Tiente 
Que la vida eon que tIyo 
Solo á Juan Ruis ae la debe 
Este, á preteato de ándgé 
Del triste que en polTodiie 
No se aparta de an lado 
Hasta que la noche TlCBé. 
Entonc<>s i lentos paaoa 
La esquina Inmediata tMi 

Y en las revueltas dd tairrl 
Como nn fantasma aé pM^ 
Mas no faltó en él algnn* 
Que á media toi se ■trévle 
A decir qne enando pola 
Por ante el Cristo M Uetie , 

Y el embozo hasta Uw 0)6i 
El sombrero hasta las úek 
Cruza azaroso la callé 
Como si alisnlen lé algoMI 
En estas conversadoñef 
Cada vez menos fre^iMaMéi 
Pasaron al fin lotf aftóa 
Uno, dos, tre¿, baatm MtL 

VI. 

Pft^a la Caiallná 
De amistad tan Arme t ÜCr 
De tanto afán y desvdól, 
De tan rendida fineta, 
Escuchó á Juan Ona túde, 
Los ojos íljos en tlem, 
Dulces palabras de anura 
De la balbuciente lengua. 
Instó un día y otro día. 
Quedó siempre sfu respnei 
Volvió á sus m^oS lüaft A 
Volvió á su silencio éllt. 
Pasóse nn mes y otro mél , 

Y tomó Ruli á su tema, 

Y tomó á callar la nlAt 
Entre enojada y risueña. 
Mas tanto lidió el galán, 
Tanto resistió la bella , 
Que al cabo la linda viuda 
Dijo á Juan de esta manera 
« Puesto qué es muerto Xe 
> r I Dios en m tIoriA lé táS 




SEGimDA MRTE. 



pf e afíos cumplidos 
lie guardado entera, 
tisto nuestro amor 
la Tfda eterna , 
Juan Ruif, mi millO 
nzon con ella, 
e Pedro fuisteis , 
debo la existencia , 
es Justo , á mi entender, 
la entrambas deudas. • 
in Rniz de hinojos 
de la doncella , 
a las dos manos 
lente hs besa, 
se las bodas, 
na aconseja 
cuando él quístese, 
(In mido sean. 
aa mallas ó antojos 
nunca se dejan, 
ni mocedad 
baila 7 de fiesta, 
e pocos conTlda 
i las bodas tengan , 
« cuantos amigos 
{Taran la mesa. 
n los mejores , 
las mas frescas , 
por hora fija 
fas dlex T media. 
'uan sobre todo 
ü de ternera, 
R eon tal mafia 
ilquier gusto plugnlMtt. 
I éato gran nombré 
tente plebej'a , 
ido que le daban 
de Cabesas. 
á media tarde 
u con tal destresa 
ndose en la capa 
insca de una de éUas. 
iquella tarde 
tro nna becerra, 
1 testuz y cubrióle 
una oreja. 
loMar el embozo, 
o eon la presa 
e en que Tivla 
lido la vuelta. 
RuU con la sangre 
m pos roja huella 
aba su camino 
redondas piedras, 
ntrando en su barrio , 
una calleja 
stroe de Justicia 
ID tsof de cerca. 



Él siguió y pasaron ellos , 
Advirtiendo con sorpresa 
La sangre con que aquel hombre 
El sitio que anda gotea. 
Él siguió y tomaron ellos 
Por sobre el rastro que deja ¿ 
Hasta entrar en otra calle 
Oscura, sucia y estrecha. 
En un rincón embutida 
A la luz de una linterna 
De Cristo crucificado 
Se ve la imagen severa. 
Paróse Juan ; los corchetea , 
Que en el mismo punto llegan. 
Viendo que duda y vacila 
En faz de preso le cercan 

— « I Fuera el embozo 1 gritaron! 
» Muestre á la luz lo que lleva. » 
Volvió los ojos al Cristo 

Juan , y helósele en las veñai 
A una memoria terrible 
Guanta sangre hervía en ella$. 

— « I Fuera el embozo ! » repIteA , 

Y él acongojado tiembla « 
Sintiendo un cambio eépantoao 
Que pasa en su mano mesma. 
Quiso hablar, y atropellado 
Un ¡dejadme ! balbucea. 
Deshiciéronle el embozo, 

Y mostrando Ruiz la diestra 
Sacó asida del cabello 

De Medina la cabeza. 

— « ¡ Acorredine , Santo Dloi 1 • 
Grita aterrado y la suelta ; 
Has la cabeza oscilando 
Entre los dedos le queda. 

« I Yo le maté 1 clamó entonces i 
» Hoy há siete años, por ella. » 

Y sin voz ni movimiento 
Gayó desplomado en tierra. 

C0S(€LUS10N. 

Y asi fué : que aquella noche 
De sangrienta confusión , 
En que ai ruido de una riña 
Pedro á la calle bajó 

Con el estoque en la diestra 

Y en la siniestra el farol , 
No e^ en ella otro que Ruii 
Quien lloaba lo mejor. 
Gomo nn imán á una aguja 
Arrastra constante en pos , 
Gomo una serpiente á un péjava, 
A una paloma nn baleoD 
Entorpecen y fascinan 

Sin que ala ni pié veloz 
Para huirle les aeudan $ 
A wipOnHMi de su pMioii 



44 



COMPOSICIONES DIVEBSAS. 



Aiidavo asi Juan vagando 
De la fiesta en derredor. 

Y ola por las ventanas 
De danza el confuso son, 

Y Via cruzar las sombras 
Una á una , y dos á dos , 
En fantástica carrera 

Y en monótona ilusión. 
Así lloraba acosado 

De sus zelos y su amor, 
Cuando oyó de una pendencia 
Vivo y cercano rumor : 
Cerróse en ella á estocadas 
Tan sin acuerdo y razón , 
Que á cuantos hubo á las manos 
Adelante se llevó. 
En esto acudió Medina, 

Y Catalina al balcón 
De la suerte recelando 
Acelerada salió. 

Mas al ver cual afanosa 
Curaba ella de otro amor 
Cegaron á Ruiz los zelos. 
El despecho le embriagó; 

Y al tiempo que alzaba Pedro 
El brazo con el farol 
Matóle á la Caz de Cristo 
Como villano á traición. 

De entonces, en los siete años, 
Después del hecho traidor, 
Ni una sola vez de miedo 
Por ante el Cristo pasó. 
Llegó la primera al cabo , 

Y en ella al ciclo ocasión 

De mostrar que hay infalibles 
Tribunales solo dos 
De irrevocable sentencia 
Sin cotos ni apeUcion. 
Para terdadet «( tiempo, 
Tparajuiticiai nos. 



LA VIRGEN AL PIÉ DE LA CRUZí»), 



SUlMit Ikler doloroM 
JazU croMB laeryíDOM 
Dan pendtbat FUioi. 



Velaba entonces el cielo 
Su lumbre en opacas nieblas , 
Y, crespón de tanto duelo , 
Tendió la sombra en el suelo 
Anchos pliegues de tinieblas. 

(I) DtdiMdt al «enditado D. ioté Gvtítrrw , qo« 
^td M «I Ucao artktieo ooa btllMina Doloro9m. 



I Ni uo pájaro por el viento 

Ni una flera por la roca , 
Ni entre el musgo amarillenl 
Asoma reptil hambriento 
La desenterrada boca. 

Ni el ronco mar á lo lc;|oi 
En sordo tumulto brama. 
Vibrando en turbios espejos 
Tornasolados reflejos 
Que por la playa derrama. 

NI una brisa , ni ün gcmU 
El aire pesado encierra» 
Que doliente y abatido 
Yace sin fuerzas tendido 
Las alas contra la tierra. 

Grupos de nubes impuras 
En la alta reglón inmobles 
Ciñen en bandas oscnras 
La lumbre de las altaras 
Con sus cortJniúes dobles. 

Ráfaga de luí sangrienta 
El negro ambiente cruiandn 
Amaga pronta tormenta, 
Una natura alumbrando 
Dormida ó calenturteata. 

La rosa que el aura risa 
Se dobla en el tallo aeea« 
Y de la yerba pajiza 
Sostiene la raíz haeca 
Campo estéril de cenisa. 

Y del desierto á la entmdi 
En torpe paso el Jordán 
Arrastra el agua pesada; 
Una con otra amarrada 
Sin ruido las ondas van. 

Y en los anchos arenales 
Por donde las ondas creoea, 
Los penachos desigualea 
Saludándolas no mecen 
Palmas y cañaverales. 

Todo entre sombras edlal 
El mundo en reposo inecme 
Curioso se contemplaba. 
Cual de despertar acaba 
Un hombre, y duda ai doen 

Víanse al lejos enhlestu 
Cerrando los horliontes. 
En dobles hileras puestas» 
Las enmarañadas crestas 
De los escarpados montes. 

Entre los Uoneoa ádaud 
Alzando las blancas lona» 
Los esqueletos agudos 
Sacaron de asombro nuidoi 
Las calaveras medrosas. 

Ninguno osó preguntar 
Lo que era triste saber» 
Ninguno acertó i dudar 




SEGtNDA PARTE. 



e salió contemplar, 
[nzó temblando á ver. 
Adán el pecador 
S el gesto confuso 
do en su derredor ; 
lillas de pavor 
la piedra se puso. 
Cs esa mi raza...? dijo 
do la calva frente, 
indo se maldijo , 
Ho0 nifrando fijo 
I palo entre su gente. 
M, vacilantes, flojos, 
os en él también 
ros yertos despojos 
ron hacia Salen 

1 02 cóncavos ojos. 
en la vasta Hanora 

a impla ciudad , 
meretris impura . 
lisa ostenta hermosura 
i á la oscuridad. 

1 Góigota misterioso 
lado detrás de ella 
ufano j vergonzoso 
n saplicio horroroso 
a frente descuella. 
Aba en honda agonía 
\ de la cruz llorosa 
dre Virgen María , 
a cruz afrentosa 

jo muerto pendia. 
.garrado el santo pecho, 

y alanceado , 

ú madero derecho 
fiocido y deshecho 
erpo descoyuntado. 

1 rasgadas las heridas 

obos pies y de ambas manos , 
ayeran divididas 
estar tan sostenidas 
raios tan soberanos, 
lorqae culpa tan fea 
da tan santa borre , 
rvlente sangre gotea, 
el peñasco en que corre 
adviento la orea, 
í por tierra postrada 
»anda y desolada 
istislma María , 
si suplicio abrazada 
dleole sangre bebia. 
larado d mondo entero 
ibrado la miraba, 
fiola eñ dolor tau fiero 
Dio0 mnerto lloraba 
i del santo madero. 
Ella llora , y yo perpié...! 



Madre «norosa , perdón , 
Que yo le crucifiqué , 
Yo su sangre derramé 

Y manché la creación I 

Yo le robé de tus brazos, 
Sin respeto á su deidad; 
Le até con estrechos lazos 
Para arrancarle, es verdad , 
Las entrañas á pedazos. 

Y tú , Madre , en tu dolor 
Mesándote los cabelios 
Al verdugo matador 
Tendiste ios brazos bellos , 
Demandándole favor. 

Por templar su sed rabiosa , 
Tú , Madre de Dios bendita , 
Pálida la faz de rosa , 
Te prosternaste llorosa 
Ante ia raza maldita. 

No humana , de tigres füéj 
Que si te vieron acaso. 
Los hombres en quien pequé , 
Cual brezo que estorba d paso , 
Te apartaron con el pié. 

¡Tú hollada, Vh-gen, asl...P 
I Tú , que pisas de rubí 
Vistosa, viviente alfombra, 

Y besa el ángd tu sombra 
SI pasa cerca de tí ! 

¡Tú, de estrellas coronada , 
Del ardiente sol vestida, 

Y de la luna calzada 
Tan triste y tan dolorida 
Por raza tan condenada 1 

¡Tú llorando. Madre mía , 
Guando una lágrima tuya 
El mundo rescatarla , 
Cuando el tiempo le concluya 
En el postrimero dial 

¡ Tus ojos llorosos tanto 
Guando al sol prestan su luz I 
¡ Oh Madre , por tal quebranto, 
Que me salve i mí tu llanto 
Al pié de la santa cruz ! 



Yo tengo un recuerdo 
De edad mas dichosa; 
Tú , Madro amorosa , 
Lo sabes tal vez. 
Entonces alegre 
De afanes segura , 
Soñaba ventura 
Mi loca niñez. 

Brindábame entonces 
La vida placeres , 
No vi en las mugeres 
El md dd amor. 




GOMPOSiaOlfES pITSÜSAS. 



Reía y canttlm 
iTn día , otro día, 

Y siempre el que huía 
Tornaba mejor. 

Que aun no me acotaban 
Mis débiles años 
Con duelos y engaños 
De vana amistad ; 
Aun no de mis horas 
De pax y esperanza 
Rompió la balanza 
La estéril verdad. 

El aire era un velo 
De ricos colores , 
Brotaban las flores 
A Impulso del sol ; 
La noche tranquila 
Que en paz me velaba 
Del cénit colgaba 
Su turbio farol. 

La vida era un sueño 
Ligero y flotante; 
Finji delirante 
Del mundo un jardín , 
Crei que los días 
Que pasan huyendo 
Felices volviendo 
Serian sin fin. 

Entonces ¡ oh Madre 1 
Recuerdo que un día 
Tu santa agonfa 
Contar escuché : 
Contábala un hombre 
Con voz lastimera; 
Tan niño como era 
Póstreme y lloré. 

El templo era oscuro : 
Vestidos pilares 
Se vian y altares 
De negro crespón: 

Y en la alta ventana 
Meciéndose el viento 
Mentía un lamento 
De lúgubre son. 

La voz piadosa 
Tu historia contaba ; 
El pueblo escuchaba 
Con santo pavor. 
Oia yo atento, 

Y el hombre decía : 
« {Y quien pesarla 
9 Tamaño dolor I 

» El Hijo pendiente 
9 De cruz afrentosa , 
» La Madre amorosa 
» Llorándole al pié... » 
El Ihmto anudóme 
(Hdo y garganta, 



Con Instlma tanta 
Póstreme y lloré. 

La voz conmovida 
Seguía clamando , 
£1 viento zumbando 
Seguía á la par^ 
El pueblo lloraba 
Postrado en el suelo « 
Contaba tu duelo 
La voz sin cesar. 

Mi madre á sus pecboq 
MI pecho oprlmleúo 
Posaba gimiendo 
Sus labios en mi; 

Y yo, Santa Virgen, 
En son de querella 
No sé si por ella 
Llorábalo por ti. 

Tu imagen estaba 
Doliente á mis ojoi, 
Mi madre de hincjoa 
Oraba á tus plés : 
Por quién lloró entQDQ^ 
Mi pecho aflljldo 
Ya nunca he podido 
Saberlo después. 

Mi madre tan Jdvea, 
Tan bella y penada 1 
Mi madre adorada 
Llorando también 1 
Perdón ¡oh María 1. 
Soy hijo y la adoro, 
Su aliento y su lloro 
Quemaban mi fien. 

Convulso , agitado» 
En ámbito estredio 
Latir en su pecho 
Sentí el corazón; 
El niño creía 

Y oró al crucifijo^. 
El niño era hijo 

Y ahogó su oraron. 
Ha poco en mis bom 

De cuita y de duelo 
Amparo en el cielo 
Con ansia busqué; 
Tu nombre me tr^o 
MI fé solitaria , 

Y en honda plegaria 
Tu nombre invoqué. 

Que yo también Ilom 
Mundanos pcaarea , 
También tengo altaM, 

Y fé y religión : 
Que el gozo y la riaa 
Que ostento eo la Cr^lo 
Del alma doliente 

La máscara son. 




SBGUffDA ^ARTK. 



a 



riste! oWidado 
i en mi abandono 
que tn trono , 
que tu amor; 
y perdido 
t>rc y fio guia , 
edia 
) favor, 
je llorabas 
emendo 
e muriendo 
de la lux : 
Irc I que el dia 
tas y espanto 
tu llanto 
la cruz! 



nial siento cielo 
lurmuiio iQundaiM , 
:o liviano 
avosonó; 
> armonía 
leí arpa loca, 
os que mi boca 
mrmuró ; 
M divinos ojos 
! desde la altura, 
•o la criatura 
la encontrarás ; 
enda de la vida 
|ue adelanta 
1 torpe planta 
su nada mas. 
e , Madre Virgen , 
I la niñez tranquila 
ira pupila 
primas nublé; 
m dia en que escuchando 
de tus pesares , 
tus altares 
lloré. 

que insensato 
e tus dolores 
DOS amores 
brica al son ¡ 
[ue nacido 
arena gente, 
erra lamente, 
el corazón. 
B , Madre mía , 
DO y desnudo , 
i tus pies acudo 
reconocer. 
$ua Irreverente 
himnos inmortiles 
I criminales 
Uiandoaysr. 



Pues mi postrera esperanza 
En tu noble amparo fijo, 
Ruega ¡oh Madre I por un hijo 
Al Dios que engendró la luz. 
Y en aquel tremendo dia 
í>e justiciat y de espanto , 
Que me salve á mi tu llanto 
Al pié de la santa craz. 



NAPOLEÓN, 

mHékáj Bai qat yo ; dobléfnenM los Ifjft 

• A*f la roBM TOS Se ■!• lerlonet : 
» Romperé el aareo cetro de <oe reyet 

• Ea ss MptnUda freaie 4 la« naciooet. e 

o. ioAN Donoeo CoATás. 

I. 

Dos gigantes los siglos nos trajeron. 
Los dos en el desierto se encontraron , 
Cuando grandes los dos se concibieron 
De hito en l^ito los dos se contemplaron. 

Sentóse el hombre al pié del monumento 

Y el monumento dijo : Este es el hombr$: ' 

Y el hombre ai ver desde tan alto asiento' 
Esta es , dijo , la cifra de mi nombre. 

De sus cañones el discorde arrullo 
Su altivo ser le trajo a la memoria. 
« Aquí debí nacer, »— dijo su orgullo; 
« Aquí debo morir, •—dijo su gloria. 

Con sus ojos midió la vasta mole , 

Y murmuró pasándolos al cielo : 

« Quien allí su bandera no enarbole 
» Una oruga no mas será en el suelo. 

• No valen cien coronas una estrella , 
» Ni valemos un sol todos los reyes ! 
» Que el tiempo airado la cerviz nos huella 
> El sol alumbra y queman nuestras leyes.» 

Unos grandes allí su tumba abrieron , 
É intentarlo era grande solamente, 
Mas pensar en su onnillo no pudieron 
Que era solo á sus pies tender la frente. 

Allí depositaron sus despojos 
Por guardarlos asi de ojos humanos 
Porque al mirar su tumba humanos ojos 
Se creyeran imbéciles ó enanos. 

; Aqui está Napoleón! dijo pasando 
De la inmensa pirámide las puertas , 

Y las momias de Egipto despertando 
Miraron por las urnas entreabiertas. 

Las huecas calaveras asombradas 
El gesto inmoble á Napoleón tomaron : 
¡Aqui eitá Napoleón! y atrailladas 
En derredor del vivo se juntaron. 

Inclinaron las pardas osamentat 
La soca franto j loa desiertos o|oa 



48 



COMPOSICIONES DIVERSAS. 



Para oírle , y cayeron macllentu 

A su tremenda voz todas de hinojos. \ 

Contó ios esqueletos trasparcDies 
El vivo con los suyos triunfadores , 

Y unió á los nombres de las calvas firentes 
Sus vasallos y monarcas , ó señores. 

Y no encontrando á su grandeza leyes 
Gritó hiriendo los huesos con la planta : 
« Yo soy emperador, ¡fuera los reyes! » 

Y su vibrante voz la turba espanta. 
Revolvió entonces la Imperial mirada.... 

Nada en el ancho cóncavo vivia. 
Solo su desdeñosa carcajada 
Entre las tumbas resbalar se oia. 

Grabó su nombre colosal en ellas 
Sello gigante de gigante gloria, 
Porque agobiado cpn sus hondas huellas 
Libro fuera el desierto de su historia. 

Salió del corpulento cementerio 
Diciendo á los cadáveres hollados : 
« Napoleón vino á visitar su imperio. » 

Y en el desierto entró con sus soldados. 
Las sombrías pirámides le vieron 

Cruzar el arenal con pié tranquilo, 

Y allá á lo lejos saludarle oyeron 
Con asombrado á Dios al ronco Nilo. 

II. 

El hombre no existe ahora , 
Qne el tiempo al plegar las alas 
La lámpara de la vida 
El aire azotando apaga. 
Las moles alli quedaron , 

Y las osamentas calvas 
En las urnas todavía 

La voz del nngel aguardan. 
Elias descansan tranquilas 
En su portentosa estancia, 
Que las cobija orguilosa 
Como ataúd y montaña; 

Y él duerme al pié de una roca 
Entre las ondas amargas 
Donde su nombre salpican 
Las espumas y las algas : 
Porque la isla compasiva 
Lerecojió en sus entrañas. 
Donde con su peso abruma 

La lápida hospitalaria 
Al que quiso alzar el cielo 
Sustentándole en la espalda. 
¿Quién es el gií|!ante ahora? 
¿Quién de ios dos es la página. 
Las moles de aciuel desierto, 
O el nombre de las batallas? 
Sobre ambos los huracanes 
Mugiendo y quemando pasan , 




En ambos él mismo délo 
Su noche y su \tít derrama; 
Ambos yacen soKt arios 
Sin antorchas y sin goardaí 
En palacios de ttBptiles 
Que en tomo lentos se armlni 
Sin respeto á su grandea, 
M noticias de saláma. 



« ¡ Aquí está Napoleón! » diee 
Sobre las mol^ del desierto escrits, 

Y donde alguna vez Armó aqud 
Todo nombre mortal quedó pcMoilSL 

Delante de su nombre anonádate 
Se olvidan hoy cuant s la tamba 

Y su gloria y poder desesperados 
Envidian los monarcas de la tieni. 

Miró al nacer la miserable gente 
A que el destino su destino amarn, 

Y viéndose león alzó la frente < 
Mostrando al mundo la robnstigm. 

El mundo se humilló despavorido, 

Y al rastro de su pié le ató altanero: 
El mundo entero sorpriendió atrevido, 

Y un pueblo echó sobre él el orando cÍM 
Numeró sus millones de soldados 

Y trepó vencedor á la montafta: 
Contó alli nuestros pueblos desculdita, 

Y entre los suyos dividió la EqiaSÉ. 
Bajó osado y alegre á U llannn 

Como á la fiesta va galán maneAo, 
Avaro de la sombra y la frescnia' 
De su soñado territorio tiuero. 

De este jardín que coronó de floni 
Pródiga y perfumada primen. 
Do marcan el compá»los rnlaeftoiM 
Del paso del arroyo en U pradera. 

Donde brota entre juncos y 
Para dar sed la fuente cristalina, 

Y crece ai pié de las pajizas cafias 
Rica de olor la rosa purpurina. 

Donde el ardiente sot que nao dad i 
Tiñe la tez , los ojos y el cabello 
De la altiva morena que darla 
Antes que al yugo á la cuchilla dcaél* 

Pero en voz de las fambras boUtaiofli 

Y de lindas bellezas orientales , 
Entre guirnaldas encontró de rosn 
Hierros de lanzas y hojas de pnfiales. 

Pirámide mas dura qne él desierto 
Le mostró nuestro suelo en sos Jardina 
Que supimos aquí doblar á muerto 
Con copas de cristal en los festines. 

No tiene , no , el Icón de ambas Gnlí 
I^ doble garra por adorno vano; 
Pirámides de lanzas y cuchillas 
No admiten nombro, ni bnril , ni 




SEGUNDA PAhTE. 



IlL 



coloso !I - Formidable sombra 
lengua UinauUó importuna; 
morck» cuando te nombra : ' 
e rindió foé la fortuna. 
ibias que la inmensa mole 
an los hombres es el cielo, 

i>andera no enarbole 
no mas será en el suelo, 
ió que los colosos huella 

fin con iracundas leyes 
DOS no valen una estrella , 
n sol todos los reyes. 
?oy el grande de ¡a tierra, 
i ella ya digno enemigo, » ' 
i tria te llamó á la guerra : 
raode tú , lidió contigo. 



KESA DE ZAHARA <*>. 

(OHAÜCEOE 1481. 
I. 

ihara en ona altura 
ntaña y colina 
D la peña dura , 
a la cresta oscura 

Ronda y Medina. 

encienden los cristianos 
hogueras en ella, 
;ueD los paisanos 

fuegos lejanos 
Jaya ó de estrella, 
ar al occidente 
la luz del sol 
as de la fuente 

resplandeciente 
eia español, 
ina nube errante 
(balada sube, 
<rndon flotante 
blanca nube 
ando delante, 
lloros pusieron 
is un día; 
(pues abrieron , 
onduyeron 
Dviemo venia, 
la muchos años 
ianos guardada, 
iodos estraños 

^■bll<>6«a el ptriódico BiEipaitol 
lal^r M ka abcieoido de hacer en 
ioMi 4« qm leola por cierto f ra? e 
«M «•n^idi larta nienB«at« 



Cansáronles mnchos daños 
En guerra tan prolongada. 

Qae á la sombra guarecidos 
De las huertas y olivares 
Bajaban como bandidos , 

Y robaban atrevidos 
Alquerías y lugares. 

Los cristianos toleraban 
Con rabia tales desmanes 

Y vengarse meditaban , 
Mientra ufanos ocupaban 
La villa los musulmanes. 

Estos , por cierto , valientes. 
Eran pocos , confiados 
En el brío de sus gentes; 
Los otros , que eran prudentes. 
Los cojieron descuidados. 

Con fosos y torreones 
Guarda hoy la morisca villa 
En sus pardos mu rallones 
Los sobrepuestos blasones 
De Aragón y de Castilla. 

Que los nuestros la asaltaron 

Y guardarla no supieron 
Los moros que la fundaron; 
Cinco veces la ganaron 

Y otras cinco la perdieron. 
Por eso los vencedores 

Alzaron doble muralla , 

Y alzaron torfcs mayores 
Para quedar Tos mejores 
En el sol de la batalla. 

Por eso una sola senda 
Dejaron en lodo el cerro , 
Porque mas fácil se atienda 
La sola puerta de hierro 
Si se empeña la contienda. 

Por eso estím los cristianos 
Malamente entretenidos 
En casa de los villanos, 
En pensamientos livianos 
Con las mozas divertidos. 
Que osados y licenciosos 
Son ademas los soldados 
Cuando en puestos apartados 
Les dejan vivir ociosos 
Por fuertes ó por cansados. 
Pero avaros de venganza 
Mas advertidos los moros 
Hicieron punta á su lanza, 
Mientras ellos en holganza 
Jugaban zambras y toros. 

« De mas á esos prrros ya 
» La villa estuvo sujeta, » 
Dijeron; « vamos alU, 
» Que por nosotros está 
» La volunud del Profeta. • 
Misteriosa espedicion 

4 




<0 



COMPOSICIONES DIVERSAS. 



Propusieron á tal fin ; 

Y para aquesta ocasión 
Dieron gentes en uuion 

La Alhambra y el Albaicin. 
Salió el viejo rey Hazcn 
Con gente muy cscojula, 

Y dicen los que le ven : 
— « Alá le lleve con liien 

»Y vuelvas con honra y vida. » 

Saludóles al pasar 
El musulmán con la mano , 
Diciendo, el arco al cruzar : 
« — Le tengo de festonar 
» Con cabezas de cristiano. » 



La tarde estaba nublada , 
El viento ronco muizia 

Y gruesa lluvia pesada 
La noche apenas entrada 
En anchas gotas cala. 

Velo medrosa la faz 
La luna entre nubes pardas, 

Y brilló en la oscuridad 
El relámpago fugaz 

En bro<|uoles y alabardas. 

Caidos los martinetes 
Sobre las mojadas telas 
Revueltas en los almetes , 
Caminaban los ginetes 
El lodo hasta las espuelas 

Mollino el rey por demás 
Iba escuchando el rumo& 
De los pasos á compás 
Después iba un atambor 

Y los soldados detrás. 
Iban entre los peones 

En VC2 de picos y palas 

Y estrepitosos cañones , 
Muchos moros con escalas 
Para entrar los torreones. 

La luz del sitcuiente día 
Apenas cumplida fué , 
Ya Zahara se descubría ; 
Llegó la noche sombría 

Y la tocaron al pie. 

Contó el rey cuidadosamente 
Las hoi;ueras y señales , 
Consultando diligente 
Sus espías y su gente 
Partió en dos bandas iguales. 

Guardando el cerro dejó 
Los giuetes y escuderos; 

Y él mismo después trepó 
Con altíu nos caballeros 

Y soldados que tomó. 
Seguíala tempestad, 

Kunümba agitado el viento 



Rodando en la oscnridad 

Y azotando la ciudad 
Con temeroso concento. 

Se oía caer bramando 
La lluvia de las montan) 
De peña en peña cliocaní 
A la llanura arrastrando 
Espinos , olmos y cañas. 

Y en el alto torreón 
Aturdido el centinela 
Murmuró humilde orad< 
Acurrucado al rincón 
De la covacha en que Tel 

Y al calor de su gabán 
Con el monótono arrulle 
Que allí las aguas le dai 
Durmió rendido su afán 
Oyendo el vago murmull 

Sol ti) la lanza su mane 
Fijó el rostro 'en la rodiU 

Y asi soñó el veterano 
Una aurora de verano 
En un lugar de Castilla. 

II. 

Es grato en el blando I 
Oir el viento que brama, 

Y el agua que se derram 
Sobre los techos rodar, 
Oir en la estrecha calle 
El rumor acelerado 

De las armas del soldado 
Que acal>an de relevar. 

Y en confuso remolino 
Oir crecer la tormenta 
Que cambia al pasar vlol 
Las veletas del metal. 

Y oír zumbar sacudida 
La mal sujeta campana , 

Y oir en la ancha ventan 
Temblar hendido d crisl) 

El desvelado maldice. 
El tímido Infante llora, 
La madre le mece y ora 
Con religí )so pavor : 
El enfermo se acongoja 

Y el amaute desespera, 
Que acaso vela y le espeí 
Entre las rejas su amor. 

Los de Zahara silencio) 
O velaban ó dormían : 
Solo en la villa se oían 
En la densa oscuridad 
El agua de las goteras. 
El vago mugir del viento 

Y el ronco y medroso a« 
De la negra tempestad. 




SEGÜÜDA PAUTE. 



en apartada torre 

I imanlado castillo 

fuL'or amarillo 

i lámpara al morir, 

i1 jtinos soldados 

cntt^ deí^ie fuera 

lor de una quimera 

r y maldecir. 

en ton su:< carcajadas , 

kIos insólenles, 

todo hallan tales gentes 

tamiento y placer. 

[an en l)orrachcras 

abarlas rinendo, 

f'n en concluyendo 

en ir á bet>er. 

el calor de las orgias 

por de los licores 

n de sus amores 

:cno platicar ; 

lengua irreligiosa 

>«;tos y sin vallas 

san::re v l»atallas 

• 

TOS ha de hablar. 
tas so miran algunas 
« soldados mas mozos 
lidíeos retozos 
mosto ademán , 
ida< y descompuestas 
'mando ó rifw'ndo 
mbrla^arsc bebiendo 
adas os:án. 
émula llamarada 
hoguera azooUante 
i su rudo semblante 
>resion mas feroz ; 
iendo la bóveda 
zara en su ancho hueco 
k con largo eco 
entonada voz. 
t de vino y de amores 
liancos apo\ado 
1 un viejo soldado 
de un roto rabel , 
rulo á compás la mesa 
ito, co|>a ó cuchillo, 
mn el estribillo 
filas con él. 

laban , y á rada brindis 
tos blasfemaban, 
V danzaban 
lando la embriai^uez; 
>mbras en silencio 
!scas a:: i t adas 
utasmas convidadas 
a por la pared. 
A ellos ! » - gritaron voces , 
TOD el aposento 



Diez á diez y ciento á ciento 
Los moros del rey Hazcn, 

Y apenas ^ las espadas 
Acudieron los cristianos, 
Les cercenaron las manos 

Y las cabezas también. 
Lidiaron acaso algunos, 

Pero tantos lea entraron, 
Que al fin los acuchillaron 
Con las hembras á la par. 
A los gritos de los moros 
Los cristianos despertaban ; 
¡ Pero los tristes se hallaban 
Cautivos al despertar ! 

La soñolienta pupila 
Prestaba crédito apenas 
A las cuerdas y cadenas 
Con (|uc atados dos á dos 
Por los árabes se vieron 
A quienes con lengua y ojos 
Pedian piedad de hinojos 
En el nombre de su Dios. 

Las lágrimas de las madres. 
De los niños los sollozos , 
Los esfuerzos de los mozos , 
El dolor de la vejez , 
Son inútil resistencia, • 
Porque á lodos los infieles , 
Atados como lebreles 
Los arrastran á la vez. 

En vano lucha la virgen 
Desesperada con ellos, 
Que con sus propios cabellos 
Mordaza ó cordel le dan ; 
En vano niños y enfermos 
Yacen sin fuerzas postrados. 
En tropel como ganados 
Todos á los hierros van 

Fueron [K)r Dios tristes hor^ui 
Las de noche tan sangrienta ; 
{ A quien de allá pidan cuenta 
Malas cuentas ha de haber I 
Que si hay Justicia en los cielos 
De tanta vida inocente, 
Una vida solamente 
Ha muy mal de responder. 

III. 

Medrosa de tanto duelo 
Subió al oriente la aurora 
Entre cortinas de nubes 
Que la apagan ó la embozan. 
Lloraba el cielo por ellas 
Hilo á hilo, y gota á gota. 
Sin que el sol tornasolara 
Las lágrimas con que lloran 
Andaba el aire aturdid 




55 



COMPOSICIONES DIVERSAS. 



Sin hallar sitio en la atmósfera, 
Que asaltada por la lluvia 
Entre la lluvia se ahoga; 

Y tanta gala los ciclos 
Ostentan cuando la acosan 
Que con mundos de cristal 
La bloquean y la toman. 
Lloraba el cielo por Zahara 
Que acaso por pecadora 
La castiga , y ver no quiere 
Los males con que la azota. 
Cerróse en agua , y con ella 
Cerró su misericordia ; 
Vendó con nieblas sus ojos , 

Y su clemencia hizo sorda 
Por no ver al rey Hazcn 
Que en medio la gente mora 
Amarró dos mil cristianos 
Al carro de su victoria. 
Cabalgaba el agarcno 
Sobre una yegua de Córdoba 
Con la crin hasta el estribo, 

Y hasta la tierra la cola : 

Y como el cielo la empapa 
En las aguas que la mojan, 
La cola y la crin parecen 

De espumas , alúas y esponjas. 
La plaza cercan los moros 
Donde dos á dos arrojan 
Los cristianos que cautivan, 
Los cautivos que sollozan. 
Allí mugeres y ancianos, 
Allí vírgenes y esposas 
Juntan á golpes y á gritos 
Entre algazara y chacota. 
Casi desnudos los llevan 
A todos por mas deshonra 
Hasta el centro de la plaza , 
Donde á la Intemperie opongan 
La desnudez de las carnes , 
Su temblor y sus congojas ; 
Y á los ojos do los moros 
Los defectos de las formas 
O las casta perfecciones 
Que con torpes ojos hozan. 
El noble rostro hacia el suelo 
Dos tristes vencidos tornan , 
Por ocultar en los ojos 
Las lágrimas con que lloran : 
Que la libertad perdida 
Sin infamia nos agobia, 
Pero mata y avergüenza 
Perder libertad y honra. 
Caialcs por los liombros 
El agua , porque furiosas 
En su cabeza las nubes 
Reventadas se desploman ; 
Que cuando al fln Dios castiga 



Muestra su justida toda, 
Pues la maldad de los honibr 
Toda su clemencia agota. 

Mandó Hazen que los cristli 
Guardados por buena escolta 
Vayan delante á Granada 
Por Ui vereda mas corta; 
Mas viendo que los ancianos 
Y los enfermos le estorban , 
A su guardia de Gómeles 
Dijo Impaciente en voz ronca: 

« Llegarán los que llegaren, 
• Los mozos á las maimorru, 
» Las muchachas al serrallo 
» Y los viejos á Ui horct. » 



Preparan los granadinos 
Bohordos en Vibarrambla 
Torneos para los nobles. 
Para el pueblo luminarias. 
Cuelgan de púrpura y blaneo 
Miradores y ventanas, 

Y el populacho i las puertu 
Al rey impaciente aguarda. 
En la vega están los ojos 

Y en la via de Zahara , 
Que el rey envió corredores 
A decir que eshí cañada. 
Anadies y atabales 

Por honra y por fiesta sacan, 

Y en corros moros y moras 
Gritando y riendo saltan. 

« Viva el rey, » dicen algunos, 

Y otros gritan : « muera Zaha 

Y todos á los vencidos 
Insultan, mofan é infaman: 
Que siempre quien vence griti 
Porque los vencidos callan , 
Porque las lenguas se sueltan 
Donde las manos se atan : 
Porque la risa provoca 

Tal vez la agena desgracia, 

Y al que nace desdichado 
Hasta compasión le falta; 
Que quien rae pone á los otro 
Para que pasen la espalda, 

Y maldición es que lloren 
Algunos lo que otros cantan. 
Así ondean los pendones 

En las torres de la AUiambn 
Así Granada la bella 
Se viste imbécil de gala 
Cantando hoy loca las gloriai 
Que ha de maldecir mafiana. 

Venir se ven los cautivos 
Entre la neblina parda 
A pasos deeoomptaadoa 




SEGUNDA PAUTE. 



> los cautivos andan : 
como el alma les pesa 
"s tiembla la planta. 
I te y detras los moros 
' los lados los guardan 
ilfanjes en la diestra, 
roquetes á la espalda, 
'n después los ginetes 
[}\cs con el monarca , 
anzones en la cuja , 
arzón las adargas ; 
'ando bien los caballos 
I perezosa marcha 
tíga del camino, 
Tgo de la jornada ; 
i raen el arnés mohoso, 
cidas las gualdrapas; 
I las crines ei lodo, 
i las crines el agua, 
do á la puerta de Elrira 
aharefios llegaban 
ilia el pneblo su triunfo 
vítores y algazara, 
idiaii con las manos, 
;>anderos y sonajas , 
n de los duros hierros 
05 otros arrastraban, 
de pronto el aplauso, 
Taron en voz baja 
»ras que nadie ola ; 
todos murmuraban, 
había en la turba 
ecidos con lágrimas, 
s que con luz sombría 
maldecir miraban, 
idos y á la intemperie 
•risioneros entraban , 
inos, madres y ni nos 
! broqueles y lanzas , 
»peto á su inocencia, 
sexo y á sus canas, 
oadres sus muertos hijos 
n desesperadas 
is maternales brazos 
los b^uos de su alma, 
los á compasión 
Doros de pena tanta 
>jos de los cautivos 
nados apartaban. 
nadres libres llorando 
>elUndo los guardias , 
cristianas cautivas 
)roplas telas regalan , 
ien los alimentos 
á los moros preparaban, 
e los tristes escUiTos 
los deroran eon ansia, 
nos mas altaneros 



Acaso los rehusaban , 
Que el pan de la esclavitud 
Entre los labros amarga. 
Alzóse Mulcv Hazen 

• 

En los estribos de plata 
Viendo la piedad del pueblo 

Y la miseria cristiana. 
Rabioso de que la plebe 

Le eche su crueldad en cara , 
Atropello con su yegua 
Por la turba aglomerada. 
Dividiendo asi los moros 

Y los esclavos de Zahara. 

« ¡ Adelante ! > gritó airado 
Con la voz ronca de rabia ; 
« Todos son esclavos mios , 
Al serrallo las muchachas, 
Los mozos á las mazmorras 
Donde mas n luz no salgan , 

Y los viejos que los maten. 
Pues no me sirven de nada. » 

Calló el pueblo amedrentado. 
Obedecieron lus guardias , 

Y el rey subió con los nobles 
A toda rienda ú la Alhambra. 

IV. 

Sentado está el rey Hazen 
En un morisco almohadón , 

Y muchos moros se ven 
Cruzar el ancho salón 
Para darle el parabién. 

A las puertas , reverentes 
Delante su rey se patán , 
Doblando humildes las frentes; 
Que al rey miran tales gentes 
Como al mismo Dios miraran. 

Mirra y esencias de flores 
Arden en pebetes de oro, 

Y el sol de los miradores 
Anubla el humo de olores 
Que avaro respira el moro. 

El aire colman de ruido .' 
Dos fuentes azafranadas , 

Y en su murmullo perdido 
Se oye el trinar dolorido 
De las aves enjauladas : 

Porque en nichos de cristal 
Cerradas las hay tan bellas 
En la bóveda oriental , 
Que ei aire parece mal 
Solo porque está sin ellas. 

Las miró el viejo Muley 

Y viéndolas suspiró — 

« En vano me llaman rey, • 
Dijo, « si como ellos yo 
» Esclavo soy de mi ley. 



M 



COMPOSICIONES DIYERSilS. 



» Que ppnnn olla? aM 
»En csi^ (»in"i<'rn) imagino ; 
>»Mas r!!:is phu'iii ahí, 
» Y en c.^o qu¡>'.) •■! iK'stino 
» Dift-Tcnciailas dn mí. » 

Volvió nm tal iMMisamicnlo 
A suspirar otra vr/, 
Bajó ol rostn» marilrnto, 
Pero repuesto al momento, 
Demando con altivez. 

« ¿ l-t»s cristianos qué se hicieron ? » — 

— En las mazmorras están 
En cadenas, res|M)ndieron. 

— «rll-os condenados um rieron?» 

— Si no han muerto morirán. 
Volvió el rev á meditar 

De los suyos rerelaudo, 

Y siguieron á la ]»ar 
I^s fuentes su susurrar 

Y los pájaros cantando. 

— « Alá nos dio la victoria, » 
Siguió el re> : « ,:íiué dicen de ella? » 
Todos callaron : « fué doria 
• Ganarles Nilla tan bella. » — 
Tendránlo á fé en la uuMnoria. 

Harto el n y llazeu habló; 
Los cíutesauos callar<Mi , 
Que el pueblo indi:;na:io vio 
Que los caulivn? entraron 
Como perros que él ató. 

Y los moros presentían 
Que la treuua (piebrantada, 
Los cristianos entrarían 
Por las vc^as de Granada 

Y it Zallara no olvidarían. 
Por eso ante el rey estaba 

La turba 9¡n contestar, 
Que mal con su rey andaba 
Desque vido que mandaba 
A los > lejos de::olIar. 

Callaba Mu ley Ilazen, 
Sin hallar paso mejor; 
Que sabe el principe bien 
Que sangre uianiha también 
El laurel del v. ncedor. 

Corrían entra mi. -as fuentes , 
Trinaban b»s rui.'í'fenes, 

Y el sol en andias corrientes 
Sus ra}os mas tra>i carentes 
Deshacía en mil cf»lores. 

Ix)s vidrios de las \entanas, 
Contornos dando á sus sondiras, 
Estampan las formas \anas 
De sus historia*^ livianas 
En las moriseas ahoiubras. 

El silencio á inlerrumiúr 
Vino una voz de dolor : 
« Preparaos á morir » 



Se oía Á gritos decir 

A un hombre en un corredor 

Todos el rostro tornaron 
Impacientes á la entrada, 

Y repetir escucharon : 

« Tus glorias se marchilaroD 
» i Ay de ti , bella Gruiuida! i 

Entró el hombro en el sato 
De musulmanes cercado: 
Érase el tul un santón 
Que vivía en la oración 
Del tumulto retirado. 

Pasó la noi'he corriendo 
Gritando en la oscuridad :^ 
« Granada, los rstov viendo; 

• ¡ Ay de la hermosa ciudad, 
» Tus muros están cavcndo! 

m 

Los moros viéndole entrar 
Delante se le inclinaron, 

Y él siuuió en su predicar :- 
« Los estoy vlendi» llegar 

» Y vuestros dias contaron ! 
» i Ay de tí ! la desdichada 

• Ciudad reina de ciudades, 

• Por el cimiento horadada, 

• Los cielos en tí , Granada, 

• Lloverán calamidades. 

• Es en vano resistir: 

• I Ay de ti , reina de oriente 

• Alá te manda morir, 

• Los estov viendo venir; 

• ¡ Ay ciudad ! ¡ ny de tu gen^ 
Harto ya liaren de escudu 

Furioso le pre;!unto : — 
¿ Quién eres? Sin contestaxl 
Gritando el santón siguió, 

Y el rey volvió á pre^untarii 

• Enviado soy de mi Dios, 
Dijo el moro, « y <lionic el el 
Un mensaje para vos. • 

Y el rey : — « IMies ve que er 

• No hay mas oidos que dos. 
Sis;ui(') entonces el santón 

Muy loco ó muy con liado 
Su d(dientc relación , 
Con el monarca encarado 

Y á «uisa de Inspiración. 

« La trciiua está quebranto 
» Y á muerte al traidor sujet 

• ¡ Ay de tí , bella Granada , 

• Cayó en tí , desventurada, 

• La maldición del Profeta 1 

» Itorrada su suerte hallé 

• Del pensamiento divino; 

• Por ti , ciudad , mucho oré 

• Y para leer tu destino 

• Hasta el cielo penetré. • 




SEGUIIDA PARTE. 



Ifazon 11 n momento, 

ritió ndfm'is, 

ainlo su a.-i'u-nlo : 

I W\o en i'I Armamento 

(le llei'ar n mas! » 

t»a ve estrenierula 

del rey, y calla , 

lijo á su salida : — 

:i eso hombre la vida 

Ito i\v la muralla. 

do vensan los cristianos, » 

»Uiend4» ñ los moros, 

mei8 en las manos, 

con ellos, villanos, 

erraU coa los toros. > 



IDIVIDUOS ARTISTAS 

DEL UCEO. 



ITIEMBRE DE 1837. 



I. 



que el mnndo llama mundo 
! imbécil por la tierra , 
uítlru é inmundo 
ulero su ambición encierra, 
n sus circos y jnrdin(>s , 
* y espléndido de amores, 
entre farsas y festines, 
lo entre marchitas flores, 
i de alcpzares y escudos; 
IftYo de e;!oistas leves 
bles Á danzar desnudos 
leí 1 11 ¡o de sus re) es. 
rr! ¡quimérica algazara! 
lurora , sida y pasaicra...! 
'mcnterio nos mostrara 
de morihimda lioL'uiTa. 
i de e!&c mundo no son hombres, 
li* ulli no son nniL'iTcs, 
f u nada con sus nombres ; 
u-n ina-i t\uv «us placeres, 
s, (lue les dii» el :ininia noble, 
'mande enfunrido, 
inojos con veriMum/.a doble 
tar:« , ; las han jiprdido I 
que viven porque \iven, 
de e.strepiíosa orquesta 
mbre que ni-iben 
sus padres ú una fiesta. 
on sus vanos oropeles 
cuerpo el pensamiento , 
o nombre hacen laureles , 
del alto nacimiento. 



Cielo es para ellos el azul que miran 
Es la tierra un Inmenso anfiteatro, 

Y ellos que en esa almósrera respiran 
Los actores tal vez de ese teatro. 

Y en tanto que en sus necias pantom 
Se .sozan y en estúpidos plac<>res , 
Canta el poeta en gigantescas rimas 
El ser tremendo que al>ortó los seres. 

Pinta el pintor el cielo y los colores 
Arrebata la luz «ni mediodía , 

Y el músico á los vientos bramadores , 
A las aves v fuentes la armonía 

Hijo de rey, coniiuista su corona , 
Hijo de Dios , como su Dios concibe , 
Que con sus obras su nobleza abona , 
Y' no infama su estirpe mientras vive. 

Noble es el grande y grande es el val 
Quien por ser como Dios como Dios c 
Esc es el noble que alzará la frente 
Trepando al sol hasta que sol se crea. 

Ese á la tumba bajará Ignorado, 
Ese en la tierra vivirA mendigo , 
A ese nada los hombres le hemos dado 
Su padre que fué Dios será su amigo. 

Y cuando él , que le dio el ánima no] 
I^s ánimas demande enfurecido, 
Dirale el ángel con orgullo doble 
Hombre le hicistes, ángel le he trauio. 



Es grande quien nace esclavo 

Y baja al sepulcro rey, 
Cambiando altivo en diadema 
Los hierros que atan sus pies. 
Es grande el hombre de polvo 
Que meditando en su ser 

Del sol envidia los rayos 
Por brillar tanto como él. 
Quien en un cuerpo mezquino 
Un alma gigante ve, 

Y hacer lo que Dios pretende 
Porque hijo de Dios se cree. 
Quien sintiénd(»sc con alas 
Se arroja el viento á romper 

Y va osado :i las estrellas 
A preguntarlas quien es. 
Esc es el grande y el noble , 
Ese es el hombre por quien 
Hizo un Dios en siete días 
Del cielo un ancho dosel , 
De toda la tierra un trono. 
De una existencia un placer. 
Del sol una eterna hoguera , 

Y apenas el liombrc fué , 
Tendió cl mar en la llanura 
Por alfombra de sus plés. 

No es noble ¡viven los cielos I 
Quien muestra un viejo broquel , 




»6 



COMPOSICIONES DIVERSAS. 



Por BUS abuelo» ganado , 
Que derribando á cercen 
La cabeza de algún moro 
Le hicieron suyo después , 
Dividiendo en cuart«'les 
Los heraldos para él. 
No es noble quien pasa el dia 
Encerrado en un harén 
Entre eunucos y muijeres 
Como impúdica muuer, 
Guardando del sol la frente , 

Y de la arena los pies , 
Con un aliar y un serrallo 

Y el alma estéril sin fé. 
No es noble quien cuenta ufano 
En su alcnzar cinco , diez , 
Veinte nombres en hilera 
ColL'ados en la pared , 
Al pié de veinio retratos 
De veinte nobles como él. 
No son la virtud y el cenio 
Cetro y corona de rey, 
Ni se heredan como escudos , 
Que el oro compra también ; 
Los escudos enmohecen , 
Los tronos pueden caer, 
Pero la Tirtud y el genio 

Se levantím de una vez , 
Eternos como su estirpe 
Que solo Dios les da el ser. 

IL 

Nobles al cielo subiréis vosotros 
Con esa gloria que buscáis inquietos , 
Y aquí en la tierra dejaran los otros 
Sus armas , y detrás sus esqueletos. 

Que empieza en el sepulcro vuestra gloria 
Que hov el mezquino mundo menoscaba, 
Porque'el placer del mundo y su memoria 
Lleaa á la tumba y en la tumba acaba. 

Ellos la suya comprarán con oro 
Porque su marmol su nobleza abona , 
La vuestra en vez de mundanal decoro 
Solo un nombre tendrá y una corona. 
En ella colgarán vuestros laureles 
Porque duerma tranquila la cabeza , 
Y al pié pondrán el arpa y los pinceles 
Que al mundo contarán vuestra nobleza. 

Vuestra nobleza , mágicos pintores 
Que de la creación rasgando el velo 
Formáis como Jehová lux y colores 
Para vestir la lobreguez del suelo. 

¿1 oculto la vox de la armonía 
En el torrente y en la selva en vano , 
Allí , músicos, fué vuestra osadía 
A sorprenderla con robusta mano. 
Alzáronse ti Señor templos y altares , 

Y allí fueron poetas y pintores , 



Vosotros le ensalzasteis con cantares 
Porque os dieron su voz los ruiseñor». 

Los ángeles le cantan en el cielo, 
Y le cantáis vosotros en la tierra, 
Mientras de hinojos en el sacro suelo 
Escucha humilde el hombre, ora y seate 

Un solo libro nuestra Iglesia tiene 
Que poetas cantaron y escribieron... 
O al alma Dios de los poetas viene, 
O ellos un Dios en su cantar mintieron. 






No importa que hoy Ignorados 
Crucéis el desierto mundo» 
Sin corona y sin blasones 
Que doren el nombre oscuro : 
Que ley es morir mañana 
Que á todos Dios nos impuso , 

Y después de vuestra muerte 
Cercarán vuestro sepulcro 
Los que aborrecen en vida , 

Y al grande envidian difunto. 
Perros que ladran cobardes 
En torno un toro robusto 
Que yace rendido en tierra 
Acogotado entre muchos. 
Los que aman oro en la tlem 

Y de sus honras el humo , 
Ladran á los pies del genio 
Sin que sus gritos agudos 
Al tocar en sus oidos 
Turben la paz de su orgullo. 

Y si á envidiar van sus rayos 
En derredor de su túmulo , 
No temáis , no , para entonces , 
Porque sus ojos confusos 

Si osan mirar vuestra lumbre 
Han de cegar á su impulso. 
Pues aunque á despecho brille 
Del alma imbécil de muchos, 
Ocultarla podrán todos , 
Pero apagarla ninguno* 



EL AMOR Y EL AGÜi 



EL AMOR. 

— « Pues en tí , fuente , se mi 
Porque su beldad retrates, 
Y los rayos de sus ojos 
l\cverl>eran tus cristales ; 
Deja, fuente , que los míos 
Agua en tus aguas derramen , 
Que las aguas con las aguas 
Se bonan ó se deshacen : 




SEGUNDA PARTE. 



i sueltos dejara 
K>s ;i dos raudales 
I fuego á !a (¡erra 
verterlas arden. 
líKS como en tus ondas 
le <|uedar sus señales, 
clü de no verlas 
* menos amarguen, 
pila, pues , la duplicas 
ornos celestiales 
■jando mi duelo 
lisnio me acompañe. 
le con mi sombra 
o mismo me engañe 

que lloran dus 

ni . y otro en mi imagen, 
ú no sabes, rúente, 
mdulzan los pesares 
imas de otro triste 
u duelos Iguales. 
a que no me guardas 
ion ó por desaire 
s aguas sus formas 
o aquí no las halle, 
? llorando en ellas 
a al jardin aguarde 
a pasar de lejos 
indiferente pase : 
de ser tan humilde 
>petuoso amante 
({uc no la dé en ojos 
tsto de encontrarme y 
>lvenne de espaldas 
hacia tos cristales, 
míeteme, fuente, 
M)r fortuna sale 
>o mire tus ondas 
as me la retraten, 
tu blando murmnllo 
idas las aves 
ás del a^ua trinen 
ados compases ; 
letonas vengan 
orriente á bañarse 
[> al alba matices 
tus espejos cambien. 
^ á verte acudan 
mdo el sol se levante 
|ue en vez de rodo 
tes lloraron aves. 
(Tullen las hojas 
>izan esos árboles , 
no sientan las flores 
;e adonnec«?s , calles. 

1 las flores viertan 
uno de sus cálices 
o de boy á porfía 
borde» amillares; 



Y asi cayendo tus aguas 
Desde la taza de jaspes 
A gotas las.tornaáole 

El rojo sol de la tarde ; 

Y partiéndolas en hebras 
Cuando como espejos salen 
Las rice, columpie y trence 
Suelto y revoltoso el aire. »— 

EL AGUA. 

— « Bien pensé , amor, qne eras lo( 
Mas no que tan loco fueses 
Que buscaras en mis ondas 
Tus hermosuras rebeldes. 
Si las hermosas se miran 
En el cristal de las fuentes 
Es porque el iierfll se borra 
Cuando el lindo rostro vuelven. 
Que si en el cristal quedaran 
Sus imágenes perennes 
Por zelos de aquella copla 
No se asomaran á verse. 
Vano consuelo es que quieras 
Ver la tuva en mi corriente 
Para que viendo tu sombra 
Con tu sombra te consueles. 
Porque si tal es el fuego 
Que tus turbios ojos vierten , 
Tal hará que hierva el agua 
Que tu sombra no refleje. 

Mas si al jardin como dices 
Por tu ventura saliere , 
Que le has de volver la espalda 
Si te lo persuades , mientes. 
Que ó por postrarte á sus plantas — 
O porque mejor te viere 
Iraste loco tras ella 
Aunque de verte le pese : 

Y si te pinto su imagen 

En mis aguas trasparentes , 
Acaso en tu desvario 
Tanto por ella te ciegues, 
Que para abrazarla osado 
Por mis ondas atropelles , 
Confundiendo ambos retratos 
Con barros , algas y peces. 

No estrañcs que tal te dlgi. 
Amor, si oírme te ofende. 
Que según lo que deliras 
No es cstraño que tal piense. 

Y has de saber, pues en premio 
De mi compasión dm ofreces 
Que sol , aves , hojas , floree. 
Amorosas me requiebren » 
Que aunque tú no lo mandaras 
En esto ellas te obedeeeo s 
Pnes si las aves me trinen 

Es porque mis aguas beben; 



5S 



COMPOSICIOPTES DIVERSAS. 



Si los árholeti me arrullan 
Es porque yo les remrde; 
Si lus llores me rmlmlsaman 
Porque mis auuas ias rieguen ; 

Y si el sol me tornasola 
Es porque yo le refleje , 

Y el aire es tan gatan mió 
Que imposible me parece 

Que ondular puedan mis hebras 
Sin que iilando me las bese , 

Y revoltoso ju izando 

Las rice , columpie y trence. » — 



A LA MUERTE DE... 



¿Qué te har^s sola en el sepulcro lóbrego 
Sin oir las palabras de un amiu'o? 
Sí al menos {ay ! los dins que me restan 

Bajo la húmeda losa 

Pasara voconliííol 
Yo cubriría con mi cuerpo el tuyo 
Cuando la lluvia fria penetrara 
La piedra que te oculta de mis ojos , 

Y el cieno de la noche 

Tus sienes no tocara. 

Y mis manos la yerba arrancarían 
Que creciera en la tumlia abandonada, 

Y alejarla el fétido gusano 

Que se arrastrara hambriento 

Con su sorda pisada. 
Mas tú ¡ alma mía 1 por tus rubias tremas 
Bullir le sentirás y por tu frente 
Sin poder rechazarle, mientra el hombre 

Contemplar.! tu tumba 

Con ojo indiferente. 



Si al fin quedaran las almas 
Velando el difunto cuerpo 
En pláticas amorosas 
Con las almas de otros muertos; 
Si al fin asi descansaras 
Bajo el pabellón del cielo, 
Sin que el tumulto del mundo 
Turbara nunca tu sueño; 
Si el amor que se hubo en vida 
Muriera en el cementerio 
Y no hubiera en otro mundo 
Memoria del mundo nuestro... ! 
Mas ¡ ay ! que vendrán los hombres 
Falsas plegarías mintiendo 
Todos los afios un dia 
A visitar vuestro lecho. 



Vendrán con sus oropeles , 
Sus farsas y devane<>s , 
La vanidad en el alma , 
La vida en el pensamiento. 
No á mullir vuestras almoha 
No á daros santos consuelos 
Derramando en vuestras tuna 
Las llores de los recuerdos , 
No á reconocer su nada 
En los despojos del tionpo, 
No á ver lo que sois vosotrá 
Para ver lo que son ellos : 
Que aunque un espejo es la 
Cubrir su cristal supieron 
Con velos de mármol y oro, 
Cuyo cortinaje espgso 
Bobando al cristal las luces 
Impide que á sus reflejos 
Kl vidrio fatal les pinte 
El polvo donde nacieron. 
No : que vcndnin á deciros 
Que han mentido en otro lia 
Cuando al daros un sepulcro 
« Dormid en pají , » os dijen 



Mas habrá un cielo por die 
Detrás de ese cielo azul 
Donde irán , paloma mía , 
Los que mueren como tú* 
Allí viviréis tranquilos 
En alcázares de luí , 
Con los ángeles que Teta 
Por vuestra santa qaletod 
En pabellones de estrellas 
Alfombrados de tisú , 
Libres de ingratos recuerdos 
De la dí'sdicho coman ; 
Porque al aiirirse las puerta 
Del misterioso atahud 
Hallan paz , vida y contento 
Los que mueren como tú. 

Que fresca brisa serena 
Ilnin.iíue tu casta sien 
Del bollo jardín de Edén 
¡ O purísima azucena! 
Duerme pacífica, si, 
En un lecho de alelí 
Que te formen para ti 
Los ángeles del Señor, 

Y en un porvenir risueño 
Duerme, duerme, dulce dni 

Y que te vele tu sueño 
Un espíritu de amor. 

Y dé placer á tu oido 
Susurrando mansamente 




SEGUNDA PARTE. 



ncubierta fuente 
-o ruido, 
ollerías de paz 
nto solaz 
[>nia fugaz 

laúd ; 
nte resbale 
n que iguale 
na que sale 
ente luz. 

1 brazos del destino 
>las que estoy 
cando voy 

la camino, 
horas mias 
Ls ondas frias, 
iltosos días 
erno formó : 
illa que mece 
nía que crece , 
(la y desparece 
la nieve brotó. 



A ORGÍA. 



bra nos cobija 
piz de duelo : 
a del cielo 
hundió en la mar. 
duerme Imbécil , 
s estrellas , 
á las botellas 
eÜrar. 

míia? sedientas 
d y amores , 
3 V licores 
ad V amofk 
df esperanza 
ojo^ bellos, 
is los eabellos , 
sin rubor. 
es una farsa 
y demente, 
Jo indiferente 
leí placer; 
> se ha dormido ; 
ucstros papeles, 
oropeles 
os prestó ayer, 
e esa comedia 
Ingimicnto , 
pre^o aliento 
libación. 



La sombra , si ese cielo 
Su luz tiende importuna, 
Envolver:» la luna 
En tocas de crespón. 

¡ Oh ! lejos de los ojos 
De la curiosa plebe 
La copa en que se bebe 
Nos abre un ancho Edén; 
El fondo cristalino 
Las luces multiplica , 

Y de vapores rica 
Perfuma nuestra sien. 

Los labios defrenados » 
La lengua desatada , 
En larga carcajada 
Prorumpen sin cesar. 
La lumbre de los ojos 
Inquieta y licenciosa 
Los ojos de una hermosa 
Se afana en reflejar. 

Venid á los festines 
Avaras de placeres, 
Que el cielo en las mugeres 
Atesoró el placer. 
Venid , ninas , sin cuitas 
Desnudo el allio seno. 
Porque quiero el veneno 
De vuestro amor beber 

Cuando la inquieta mente 
Con el vapor vacile 

Y revoltosa apile 
Fantasmas de vapor 
Veréis como insensata 
El ánima delira , 

Y voluptuosa aspira 
El ámbar del amor. 

Entonces en la sombra 
I^s pardas muselinas 
Visiones peregrinas 
Flotando mostrarán, 

Y en cada marco de oro 
Cerradas las pinturas 
Diab<'>Hcas (lisuras 

Al vidrio asomarán. 

Entonces cada lómpara 
Parodiará una hornera 
Que miente y reverbera 
Las lámparas del sol ; 

Y en el balcón la luna 
Parecerá una estrella 
Donde arde una centella 
Del fúljido farol. 

Cada sonoro brindis 
De la animada fiesta 
Nos ñnjirá una orquesta 
De mágica ilusión : 
Un eco misterioso 
Sin canto, ni Instrumento , 




COMPOSICIONES DIT£RSAS. 



Que irá con el aliento 
A dar al corazón: 

De cada ardiente beso 
El lúbrico estallido 
Rasgará el sostenido 
Murmullo bacanal ; 
Como reló deshecho 
Que sin marcar las horas 
Sacude las sonoras 
Campanas de metal. 

El mundo duerme , ni&as , 
Bebamos y cantemos , 
Que mas no sacaremos 
Del mundo engañador ¡ 
Húmedos de esperanza 
Traed los ojos bellos , 
Sin trenzas los cabellos , 
La frente sin rubor. 

Venid , y mal prendidos 
Los velos y los chales , 
Prodiguen liberales 
La luz de vuestra tez : 
Los ondulantes rizos 
Flotando por la espalda , 
La mal ceñida falda 
Mintiendo desnudez. 

Y las do negros ojos 
Que ostenten su mirada 
Altiva, enamorada, 
Con infernal pasión , 

Y las rubias ostenten 
Sin máscaras de tules 
Las pupilas azules , 

Y rojo el corazón. 

La noche se desliza , 
Su llama el sol enciende, 
El dia nos sorprende , 
Va el mundo á despertar. 
¡Cantemos y bebamos. 
Que cuando venga el dia 
El sueño de la orgia 
Le volverá á apagar ! 



*9m 



EL CANTO DE LOS PIRATAS, 



TRAOüCCIOlf DE VÍCTOR HUGO. 



Alerte! alerte 1 toícI les plrates 
d*Ocluill qal ireferMnt le déiroil. 
Lé Captif (POehali. 

Con cien cautivos llevamos 
Fletada nuestra galera , 
Que en una y otra ribera 
Para el harén recluíamos. 



{Al mar! ¡al mar! marinen 
En Fez entramos mañana. 
Somos ochenta remeros 
Sobre nuestra capitana. 

Cabe un convento botamo 
Al agua el ancla tenaz , 
Linda muchacha apresamis 
Dormida en traidora paz : 
Mil fantasmas hechiceros 
Soñaba á la mar cerduia. 
Somos ochenta remeros 
Sobre nuestra capitana. 

—Forzoso es , niña, ealla 
Ea , ganemos el viento» 
Esto no es roas que caniblai 
Por un harén un convento. 
Os haremos mahometana 
Y el sultán ha de querens. 
Somos ochenta remeros 
Sobre nuestra capitana. 

Huir desperada quiso. 
I Y osáis , hijos de Satán...! 
Lloró , suplicó. — Es preda 
La contestó el cnpitan.— 
Sus clamores lastimeros. 
Su resistencia fué vana. 
Somos ochenta remeros 
Sobre nuestra capitana. 

En su dolor parecían 
Sus ojos un talismán , 
Mil cequies bien vallan , 
La hemos vendido al sultán 
Lo debe á mis compiAeroa 
Ayer monja y hoy sultana. 
Somos ochenta remana 
Sobre nuestra capitana. 



ORIENTAL. 



De la luna á los refinos 

A lo lejos 
Árabe torre se ve , 

Y el agua del Darro pura 

Bate oscura 
Del muro el lóbrego pié. 
Susurra el olmo sombric 

Sobre el rio 
Dando al oído solaz, 

Y en los jnncoe y espadafti 

Y en las cafiaa 
Susurra él aura fugas. 




SEGUlfDA PARTE. 



61 



en la arena amarilla 
la orilla 
» aroraa la flor, 
nas de colores 
las flores 
s el ruiseñor. 
*n gotas cristalinas 
regrinas 
u cristal , 
i perla de plata 
retrata 
' oriental, 
'idas las sombrías 
losías 

torreen , 

1 nrabe ventana 
sultana 

indo una canelón, 
i atmósfera serena 
bre suena 
Ktilica voz, 
m la yerba verde 
fin la pierde 
I faga veloz. 
mpás de su garganta 
ludo canta 
ndo el colorín 
entre los galanes 
jlipanes 
ndido jardín, 
imor del dulce trino 
*regríno 

, bella, y ruiseñor, 
stan atento 
$ua, viento, 
cáxar, campo y flor, 
mora decía , 
respondia 
ma el colorín , 
moro la escuchaba 
ue velaba 
en el jardín 

ne el ñnima de un moro , 
Perlas y oro , 
nas en la sien ; 
flor, á mi ventura 

Y hermosura 

i (alta en el harén ! 
me chales los califas 

Y alcatifas, 
naldas en la sien ; 

huerto, á mi ventura 

Y hermosura 

e Calta en el harén! 
ime baños y festines 
» Y jardines 
m mienten el Edén , 
,iio, i mi ventura 



» Y hermosura 
» Lo que falta én en el harén ! 
» Trasparentes como espumas 

k Danme plumas , 
» Y atan velos á mi sien ; 

• Ruiseñor, di á mi ventura 

• Y hermosura 

» Lo que falta en el harén ! 
9 Nada al fin que les dé enojos 

• Ven mis ojos, 

» Nada que arrugue mi sien; 

» Dime , luna , á mi ventura 

9 Y hermosura 

• Lo que falta en el harén ! » 
Llegaba aqui , y una sombra 

En la alfombra 
La lámpara dibujó : 
A su lado en la ventana 

La sultana 
Con el sultán se topó. 
« Tienes torres , dijo el moro , 

> Perlas y oro 
9 Y guirnaldas en la sien; 
9 Dime , hermosa , á tu ventura 

» Y hermosura 
» Lo que falta en el harén. 
9 ¿Qué hay en el huerto sombrío, 

» Y en el rio , 

• Y en el ave y en la flor, 
9 Que al rayar el claro dia 

» ¡Vida mia! 

• No te traiga tu señor? 

» Di, ¿qué falta á tu belleza , 
» A tu riqueza 
» O á tu loca voluntad? • — 
— « Señor, esos ruiseñores 

9 En las flores 
9 Tienen atVe y libertad. » 



LA PLEGARIA <*>. 



Helos al pié de la cruz 
En oración reverente ; 
La virtud brilla en su frente 
Como la primera luz 
Del sol que alumbra en oriente. 

Niños tal vez desvalidos 
Que pasan desconocidos , 
Con la inocencia en el alma , 



(t) Foblicada en el .Yo mg olvidé» , •MapaBiáa tf< 
«aa MU opa d«l lafior OrUtt • ptn cayo oH^m m 
McrlblO. 




COXPOSICIONCS DITERS4S. 



Como en desiertos perdidos 
Con sus racimos la palma. 

Angeles acaso son 
Que el mundo sin conocer 
Llevan en el C4)razün 
Una sublime oración 

Y las virtudes de ayer. 
Sus ojos ven solaniente 

A través del blanco velo 
I Que cerca el alma inocente, 
Vida en la tierra inclemente , 
Luí y armonía en el ciclo. 
Ven en el all>a colores 

Y en el llant) yerba y llores ; 
Sombra, del valle en la hondura, 

Y en el aire ruiseñores , 

Y peñascos en la altura. 
Para ellos música el viento 

Es, si las alas despiiega, 
Si en las secas hojas juega, 
O entre las llores se piiei^a. 
Con lascivo movimiento. 

Y son las flotantes ramas 
Del sol á las rojas llamas , 
Del prado , verdes espumas , 
De aérea serpiente , escamas , 
De águila terrestre , plumas. 

Y son los hombres hermanos , 

Y oran por ellos contentos , 
Hasta que los homl)res vanos 
Pongan , leones hamljricnlos. 
En su inocencia lus manos. 

Sabe ella que es virgen bella, 

Y él un ángel he^^hicero , 
Porque no dudan él ni ella 
Que ella es de virtud estrella , 

Y él de Inocencia lucero. 
Mas { ay 1 que del pedestal 

A la sombra cobijado , 
Acaso un ojo carnal 
Está en la virgen posado 
Con una idea brutal. 

Y sobre la tcx de rosa 
La lágrima de dolor 
Que ella derrama piadosa , 
El hombre la cree de amor, 

Y llama al ángel — /lermota/ 
Que tal vez pintarse intenta 

Aquella avara pupila 
De torpes formas sedienta , 
Mil perfecciones que aumenta 
En esa virgen tranquila. 

Así incompletas y vanas 
Las cosas del nuindo son ; 
Que á turbar vienen livianas 
Esa angélica oración 
Con Imágenes mundanas ! 



¿Por qué , pintor, ideasU 
Una plegarla tan bella , 
Si la cruz que levantaste 
Luego , pintor, la ultm]a?t< 
Pintando al hombre tras el 

No digas quién la crci'>! 
Que en ambos culpa no arg 
Tú fuiste quien la pintó , 
Mas la malicia no es tuya, 
Que quien la escribe soy y< 



LA JIA'ENTÜD 



Tanfo oldot | 
Teofo maa -f 
Trbffo tablM ] 
T eh !■ . tlD ' 
NI albwirkq 41 
Tciigu «I •mi: 
T roraxoa qw 
Calokkoii. i 

Cuando i las puertas del ni 

Senda de flores á los pies teñe 

Do quier que el rostro en dem 

Padres y amigos cariñosos va 

Do quier los brazos débiles tei 

Un ósculo inocente mereccmo 

Y así contentos á vivir sallmo 

Solo porque ignoramos que vi 

Cuando el mundo se ve dei 

Flores se hallan en él , pero n 

So ven en él sus mares y su li 

Sus prados y cascadas cristal i 

Sin noche el sol , sin rueda la 

Poblado de fantasmas pcrcgri 

Tocado , en fln , con el flutanl 

Del estrellado pabellón del el 

La paz de la niñez nos va 1 

Por senda usada , fácil y trai 

Donde rebelde nuestra edad 

En lechos de oro victimas ap 

Donde asombrada se dilata e 

De luz avara la infantil pupi! 

Do á manos llenas el placer 

Lo que vida de amor el hom 

Cercada do fantasmas hala 

Allí la ardiente juventud hal 

Que dando lindas formas á si 

El imperio del mundo solicil 

Como para acabar tantos cm 

Todo lo hermoso y fuerte no 

Presenta á nuestra mente de 

Todo el vano esplendor de si 

En tuzas de criblales queb 

Nos muestra seductora en si 




SEGUNDA PARTS. 



n olor de sus hechizos, 
> verdor de sus laureles : 
5 de placer resbaladizos 
i nos muestra de oropeles, 
1 en blandos almohadones 
ameras las pasiones, 
los fantásticos espejos 
1 la ilusión de los amores 
luptuoí^os á lo lejos 
amor entre pintadas flores; 
so sol á los reflejos , 
rbio cristal ricos colores , 
el mundo fuente de placeres 
del mundo las mugeres. 
inocente todavía 
ndo el cenagal del vicio 
pos de tan brillante dia 
•n el hondo precipicio, 
corre por la errada vía 
le la edad el arliikio, 
;rdm de flores peregrinas 
10 mas de las espinas. 



Dtod! ¡fácil balanza! 
esto arrastras vencida 
de la esperanza 
«sar de la vida ! 
esto se desvanecen 
asmas halaüOcfios 
istra infancia adormecen 
itirosos ensueños ! 
[>ida te deslizas 
B horas que hechizas 
DOS tus cenizas 
amos oro á ver! 
jd ! ¡ edad do flores ! 
is son i av ! tus colores , 
tus primores , 
ras tu placer! 
IOS das y no vemos , 
ento y no pensamos , 
liso cuanto creemos 
uanto ideamos, 
ida tu hermosura, 
tuna liviana, 
ranzas locura , 
r tu gloria vana, 
c cien cristales , 
ntes lo que no vales , 
ices desiguales 
:ao la ilusión, 
i tus arrelioles 
ibredemil faroles, 

osada soles 

pavesas son. 
Jo á vivir venimos , 
tu reglón tacia 



Cuantos mas dias vivimos 
Soñamos mas cada dia. 
Te sueña la pasión loca 

Y ambiciona tus laureles ; 
Cuando la razón te toca 
Maldice tus oropeles. 

La pasión juzga en su anhelo 
Que ese cristal es un cielo ; 
La razón te rasga el velo 
Hasta ver tu vanidad , 

Y en vez de tus clavellinas 

Y tus rosas purpurinas , 

Nos muestra al fin tus espinas 
El farol de la verdad. 



Espinas 6on fama y gloria, 
Cuanto bien el hombre alcanxa : 
Espinas de la memoria , 
Carcomas de la esperanza. 

Espinas son amistades , 
Espinas ¡ay ! son favores... 
Que espinas son las verdades , 

Y son espinas sin flores. 

Si espinas son solamente 
Amistad , gloria y favor, 
«•Dónde está , suerte inclemente. 
De tanta espina la flor? 

Si espinas tan solo dan 
Lisonjas de juventud , 
Acaso espinas serán 
La nobleza y la virtud. 

Y espinas estudio y ciencia , 
Pues dejan sus vanidades 
Demencia nuestra demencia 

Y verdades las verdades. 
La fé del ánima espinas, 

Y espina el amor del hombre : 
Mentiras son mas divinas 
Con mas hechicero nombre. 

Y si espinas solamente 
Son virtud, cielicia y amor, 
¿Dónde está, suerte inclemente. 
De tanta espina la flor.' 

Edad de sombras pueriles 
Que la verdad desvanece, 
¡Ni olvidada en tus pensiles 
Una flor tan solo crece! 

Pues espinas son sus flores 

Y espinas son tus placeres. 
Entre tan falsos colores 
Una mientes y otra eres. 

Si espinas de desconsuelos 
Son horas tan peregrinas, 
¿ Dí'mde guardaron los cielos 
Flores de tantas espinas? 




COMPOSICIONES DIVERSAS. 



LA AMAPOLA. 



Flor solitaria y silvestre 
Qae á la luz sacas del sol 
Cuatro pendones de púrpura 
Que guarda tosco botón ; 
Pues en el campo te quedas 

Y yo del campo me voy, 
Tú con tus hojas de fuego 

Y con mis lágrimas yo¡ 
Dile al alma de mi alma 
Que voy muriendo de amor : 
Que entre tus hojas la dejo 
Un ósculo y un A Dios. 
Porque tú que habitas triste 
En las soledades , flor, 

Los espinos por abrigo, 
El césped en derredor. 
Por armonías del aire 
La ruda y salvaje voz , 
Sin tallo que te sostenga 
Cuando á la lumbre del sol 
Brotando en agua las nubes 
Se revientan en turbión; 
Tú , flor, que ostentas tan sola 
Tan encendido color 
Que me pareces tostada 
Al calor de un corazón , 
Bien puedes sít mensajera 
De un enamorado ñ Dios : 
Que tan sola , pobre y débil , 
Tan sin follaje ni olor, 
De pasar en amargura 
Tu existencia de aflicción 
Mas razón no se me alcanza 
Que tu solitario amor. 



Porque espuesta al rudo viento 

Y á la intemperie olvidada 
Recuerda tu nacimiento 
La soledad y el tormento 
Del ánima enamorada. 

Porque insensible á otra idea 
Que al delirio de tu amor. 
El zarzal que te rodea 

Y el vendabal que te orea 
Dan encanto á tu dolor. 

Ni sientes del cierzo el ala 
Que te sacude y arruga , 
NI como el tronco y escala 
Hollando la torpe oruga 
Tu tosca y silvestre gala, 

NI como el áspero espino 
Te rasga el manto de grana , 
Cuando sacude sin tino 



S)bre to pompa IWiant 
Su ropaje campesino. 

Y pues sé , triste Araapoli 
Que ese encendido color 
Que el rojo sol tornasola 
No es mas que un bamii de 

Y por amor vives sola; 
Pues yo parto por amores 

{ Oh flor ! muy lejos de aquí 

Y en ti no he encontrado ol 
Como encontré en otras floi 
Que por los jardines vi ; 

En tu cáliz dejo preso 
Un ósculo y un á Dios ; 
Si te agobia tanto peso 
Guárdale á mi amor el beso 
Que para ella son los dos. 



LA NOCHE Y LA INSPI 



A m AMIGO EL AITIST. 

DON JULIÁN ROM 

I. 

La noche sobre el mundo dei 
Tendió en él de su sombra el an 
Porque su sueno no tprbase os 
La lumbre de las lámparas del 

Pero temiendo acaso que le i 
Con tan espesa red sombra imp 
Antes que con pavor se desvia 
Trepó al cénit la trasparente li 

A la amarilla luz con que iluí 
Cobíjase la sombra en los rlnoc 

Y reflejan su llama per(^rina 
Ríos , fuentes , pizarras y baleo 

Como en delirio de amoroso e 
De la virgen sonríe el labio am 
La tierra desplegó su adusto a 
Al fugitivo resplandor errante. 

Duerme allá en su palacio el 
Duerme el pastor cansado en si 
Este tranquilo, el otro receloso 
Soiíando avaro la fortuna estra 

Duerme al pié de sus armas 
Duerme el mendigo tras de tare 
Mientras por este vela su cuida 

Y por aquel el tardo centinela. 

Duerme el ave en las ramas ( 
Duerme la Acra en su morada I 
Aquella por las ráfagas mecida 
Esta al rumor del agua que mi 




SEGUNDA PARTE. 



65 



U brisa temerost, 
5 nubes la tormenta inerme, 
sombras i la par reposa, 
illa, la tormenta duerme. 

e amigo, que en la noche ombría 
n del arpa melodiosa 
cantares algún dia 
um de tu adorada hermosa , 

[ue hoy en soledad delire , 
contigo me aventure, 
braios un hora en pai respire 
ido mundo en pai murmure. 

I que canté fiestas y amores 
itos himnos juveniles, 
osea coroné de flores 
mis cánticos pueriles. 

1 que se&é gloria y laureles , 
ida en mi ilusión luchando, 
odo de falsos oropeles 
. loca Juventud sonando. 

erté : mis fábulas soñadas, 

• de amor perdí en el viento, 
> como ramas desgajadas 

• dd tronco macilento. 

oooseryo de la edad primera 
i vos un poco enronquecida, 
le la negra cabellera 
rente sin color tendida. 

le de mí mismo la esperanxa, 
le cantar mientras aliente, 
gravite en la vital balanza 
i del coraion demente. 

le aun altivo y vigoroso 
Aspiración el fuego santo, 
: tú , poeta generoso, 
char mi desmayado canto. 

e vas á las tumbas de los hombres 
an disfraz y una careta 
dar con los difuntos nombres 
gas creencias de poeta. 

i d abrigo de ignoradas leyes 
Lifu de un muerto, en gesto bravo 
os esclavos y los reyes 
Id rey y del esdavo. 

B en la farsa dd ocioso mundo 
lo otra farsa al mundo mismo, 
devorar su cieno inmundo 
s de virlad y de heroísmo. 

me tú y la noche sllendosa 
irbfto (¡uial , tocas azules ; 
ddd bosque religiosa 
«ato de pinos y abadnlM. 



Quédame el templo con su acorde coro, 
Sus capillas , sus lámparas y altares , 
Su santa cruz, sus incensarios de oro 

Y sus gigantes góticos pilares. 

Quédame el mundo sin la imbécil farsa 
Que en su tablado inmenso se coloca ; 
Todo d teatro, en fin , sin la comparsa 
Que bulle en él desordenada y loca. 

No mas la cantaré sus devaneos; 
Ya se acabó mi cántico mundano. 
Que me cansan sus falsos galanteos 

Y d necio aplauso de su torpe mano. 

Ronca la voz y seca la garganta 
Espiró mi cantar, rompí mi lira ; 
Solo mi lengua mis caprichos canta, 
Solo esa farsa compasión me inspira. 

Puesto que un mundo me flnjí tan bello 
Cuanto le encuentro descompuesto y loco, 
Hoy por la turba impávido atropello 
Porque le creo á mis delirios poco. 

Y hoy á la lumbre de la blanca luna 
Escúchame la inspiración sublime , 
Que me bulle en el ánima importuna 

Y el perezoso corazón me oprime. 

Porque ese cielo azul , y esa ancha sombra 
Que mitiga la luz que el sol enciende 
Con que la noche su palacio alfombra , 

Y esa brisa fugaz que d aura hiende, 

Y ese mudo y silencio pavoroso 
Que regala el cansancio del oído, 

Y en pabdlon convierte de reposo 
El mundo que á sus plés yace dormid^. 

Son una inspiración dulce, tranquila. 
Vaga, armoniosa, en que se aduerme d alma, 
En que el dudoso corazón vadla... 
La que habló Calderón y agitó á Taima. 

Esa no la conocen los profanos 
Ni revelarla osó ningún profeta : 
¡O! ven; que mientras duermen los mundanos 
Yo siento en mi la inspiración inquieta. 

Óyela tú , que brota solitaria 
Para tí , en tu pacifico retiro 
Como amorosa y lánguida plegaria , 
Como amistoso y postrimer suspiro. 

U. 

Pende dd cénit la luna, 
Reverberan las estrellas. 
La vida se vierte de ellas 
Porque pensar es vivir. 
Vacila inquieta la mente , 
El pensamiento mediu, 




6$ 



COMPOSlCIOlfES DIVERSAS. 



Ociosa el alma fie agita 
Y deliramos sentir. 



Cual mana en oculta peña 
Cristalina y mansa fuente, 
Crea imágenes la mente 
Que se ofuscan ai brotar. 
Nos presta bonda, solitaria. 
Una idea el pensamiento, 

Y sin gozo y sin tormento 
La saDtimos resbalar. 

Una idea libre, vaga, 
Tnrbulenta'y revoltosa , 
Vñ fantasma de una cosa 
Qoe no kemos visto jam&s : 
Una fodárica llama 
Que nos sigue y la sagnlmoá, 
Adelante si la huimos , 
81 la buscamos detrás. 

Idea que brota informe 
En la languidez del alma , 
Que nace y mucre en la colma 
Del placer ó del pesar; 
Una idea que no estorba 
Para ver lo que se mira , 
Que nada en el alma inspira 

Y en nada deja pensar : 

No es muger, demonio, ni ángel , 
No es esperanza ni gloria , 
Pero existe en la memoria 
Sin fuerza y sin voluntad : 
Si el alma padece es triste, 

Y si goza es lisonjera, 

Y si el alma desespera 
Lb Idea es la eternidad. 

Esa Idea nos agobia, 
Se revuelve y se acrecienta 
De la noche amarillenta 
Al silencioso rumor; 

Y el susurro de una brisa, 
El murmullo de una fuente 
La mantienen en la mente 
Sin hacérnosla mejor. 

Entonces es cuando el hombre 
Piensa sin saber qué piensa, 

Y alwrta una idea Inmensa 
Sin concebirla tal vez ; 
Entonces es cuando mira 
En la tierra un hondo foso, 

Y un pabellón de reposo 
I>el cielo en la iiriiiantez. 

La soledad y el silencio 
Exhalan vaga armonía 
Queeloido nooiria, 

Y atenta el alma escuchó. 



Una música con formaa 
Que al resbalar en la mente 
Nos deja lánguidamente 
La idea de que pasó. 

Entonces nuestros sentidos 
En blando sueño deliran , 

Y en tomo al ánima gUm 
Ilusiones mil á mil. 

£1 oído oye murmullo. 
El olfato upira olores. 
Los ojos crean colorei 
fin delirio tan pueril. 

Vemos entonces palsajai 
Con ruinas, temirioa y flertn 

Y oimoa coros y orqnestas 

Y suspirar y reiri 
Sentimos rios que eoma, 
Vistosas aves que vodan. 
Manantiales que rieíaii 
Por entre Juncos salir. 

Vemos en vasta llamtft 
Sotos y villas lejanas, 

Y oimos de sus campanis 
El apagado doblar; 
Vemos formas misteriosas 
Que sonríen pasajeras , 

Y lumbre de mil hogueras 
Que reflejan en la mar. 



Vemos árboles. 
Insectos, monstruos y flores 
Que nos dan ricos colores , 

Y movimiento que rer i 
Vemos un mundo cerrado 
En trasparentes eneijes. 
Entre flotantes celajes 
Cercano á deapareoer. 

Y olmos dentro del peebo 
El uniforme latido 
Del corazón abatido 
Que dentro velando está 
Como un relé cuya péndola, 
Sorda, monótona y lenta, 
Los pasos del tiempo cuenta. 
Que á hundirse en la nada váu 

En esto estado sin nomlM 
Ni dormimos, ni velamos > 
Vemos lo que no miramos, 
Sentimos lo que no es. 

Y á un movimiento, á un sos) 
Que olvidados exhalemoe. 
Todos nuestros sueflos vemol 
Pavesas á nuestros plés. 

No es dormir y se despierta 
No es muerte y le vuelve á ik 




SECUNDA PARTE* 



m la mente escondida . 
mta una creación. 
:^ el pintor pinta , 
úco escucha y toca , 
)eta halla en su boca 
as de inspiración. 

mees siente arrobado 
zo su pensamiento, 
^0 el osado aliento , 
go el habla mortal ; 
1 volcan en su lengua , 
olean en su mirada , 
a el mar de la nada 
1 mirada inmortal. 

«ees Byron escribe , 
::es pinta Murlllo, 
A Tierte escaso brillo 
•rto para alumbrar ; 
ees Hoffhían delira , 
orno de su ponchera 
en tomo de una hoguera 
fantasmas flotar. 

[mees Calderón llama, 

vigoroso acento 

infierno en un momento 
n delante de él. 
«ido alii sus ojos 
ñuscando Inmortales, 
itat taeramentaUí 

al mondo en tropel. 

onces el cuerpo duerme, 
leázar de ceniza 
1 ánima diviniza 
rr cárcel de los dos , 
"as ella libre, ufana, 
e celeste prole , 
estirpe soberana 
ida cuenta á su Dloa. 

nundo ansiosa registra 
spetos ni barreras, 
B de lindas quimeras 
ue hacer mundo mejor i 
eniplufl, ni palacios, 
sentid, ni futuros, 
nada estnn seguros 
ímpetu creador. 

I tos dejan los muertos 
iderros funerarios, 
viendo en los sudarios 
e queda de su ser ; 
», criminales, niños, 
os. soldados, reyes, 
pricbos ooaM> U 
están i obedseer. 



Entonces la tierra es tango 
Ante su'oQgen divino. 
El universo mezquino 
A su noble inmensidad : 
Dios es el fin de su raza , 
Es la atmósfera su aliento. 
So alcázar el firmamento. 
Su tiempo la eternidad.. 

Entonces brota en sonidos 
n fuego febril del ahna , 
Lope , Schiller, Maiqí^ei , Taliiar^'* 
Alan el mundo á soafiéSr 

Y entonces { oh ae(ot poelsl 
En tu espíritu altanero , , 
Ni el poeta esté primero 

NI d aetof est^ despuest 

Is elteato tH imperio , 
Es el pueblo esclavo tuyo , 
Tus dare^hos el misterio 
De tu elida inspiración ^ 

Y nosot^, los profanos. 
Asombrados te rendimos 
Sonoro aplauso en laa manos , 
Respeto en el corazón. 

Y en la JütiVez de tu orgullo 
Llegan á ti nuestras voces 
Como el escaso murmullo 
Que alza un insecto al volar ; 

Y á tu vista somos solo 
Nosotros, «n pueblo entero. 
Un revoltoso hormiguero 
Que va tu planta á cegar» 

Entonces magnates, reyes, 
Caudillos , conquistadores , ' 
Privados , emperadores. 
Son allí menos que tu ¡ 

Y ante tus falsos disfraces 
Es tierra , harapos y talco 
Cuanto ostenta altivo paleo 
De oro, perUsy tisú. 



UN RECUERDO DEL ARLAN2 



Rio Arlanta, si las fuentes 
Que en Burgos te dan el ser 
No cegaron sus corrientes , 
Y aun en tí van á verter 
Sus cristales trasparentes ; 

Si tus ondas revoltosas 
Entre arenas amarfllas 
Se deslizas bulliciosas . 




COHPOSICIONES DIVERSAS. 



Bañando lai mismas rosas 
Sobre las mismas orillas; 

En verdad que en nna altara 
Hay an pudo torreón 
Que pinta en el agua pura 
Su descamada figura 
Como estraña aparición. 

Acaso tú , rio Arlanza , 
No te acuerdes de su nombre > 
Porque á ti no te se alcanza 
Con cuanto afiui compra el hombre 
El placer de la esperanza. 

Tú cruzas d campo ameno 
Entre flores susurrando, 
Y pasas libre y sereno 
Del triste que queda i^eno 
En la ribera llorando. 

Tú , rio, que nunca amaste, 
No guardas en la memoria 
Los lugares que dejaste , 
Que no te importa la historia 
De los que una vez pasaste. 

No sabes , sonoro rio , 
Lo que pesa un pensandento , 
No sabes como en el mió 
Me atosiga y da tormento 
Ese peñasco sombrío. 

Pero ¿qué estraño que ignores 
Su nombre y el de su gente, 
Si sus escombros traidores 
Desplomó sobre la frente 
De sus caldos señores P 

Si al tender por ese llano 
Los perfiles de tus olas 
Hallas un cerro cercano 
Envuelto en tapiz liviano 
De silvestres amapolas ; 

Donde tu corriente clara 
Entre los Juncos so pliega 

Y en un remanso se para 
Que de los restos se ampara 
De Celada y de Pampliega; 

AUi , Arlanza , has de encontrar 
Una torre en una altura ; 
Mirala \ oh rio I al pasar. 
No le avergúencc el andar 
Arrastrando por la hondura. 

Que sin foso y sin rastrillo 
Verás solo un torreón , 
Solitario y amarillo , 
Que ayer se llamó castillo 

Y hoy el alto de JTufUw. 



Ya son presa dd dvido 
Sus blasones y baluartes; 
Mírale, Arlanza. atrevido, 
Sus gentes cuando han hiádo 
Perdieron sus estandartes. 

Mira I oh rio 1 en caridad 
Si de ese fantasma al pié 
Una aflijida beldad 
Llorando tal vez se ve 
Su amor y su sqledad. 

Y si en tu margen denuda 
Las resbaladizas <mdaa 
Contempla lloroaa y muda. 
Antes , rio , la saluda 

Que por la vega te fifondu. 

Y no la dejes loU rlol 
Por respeto ó por temor 
De su doliente desvio. 

El llanto que vierte es mío, 
Que está llorando de amor. 



¡ Ay de la blanca 
Que sin lluvia bienhechora 
Se agosta en la seca arena; 
Ay de la niña que llora 
Sobre las aguas su pena ! 

I Ay de Ui angustiada bem 
Por cuyos ojos deliro , 
Por cuyos labios de rosa , 
Por cuya risa amorosa 
Enamorado suspiro I 

I Ay de la que piensa en mi 
En la margen del Arlania.. J 
¿ Qué aguardas , hermosa , di 
Sin consuelo ni esperanza , 
Tan acongojada aquí P 

¿ Por qué tus alegres borai 
Vertiendo lágrimas pierdes 
Sobre las ondas sonoras. 
Que cruzan murmuradoras 
Por esas campiñas verdes? 

Esas aguas que hallan lloi 
En la ribera al pasar. 
Por mas que sobre ellas llon 
Nunca tus cuitas de amores 
Sabrán, niña, consolar. 

Ni por mas que tu amargí 
En son de queja las cuentes 
A la falda de esa altura 
Movidas de tu hermosura 
Han de iiarar sus corrientes 

Porque ajenas de tu afim 
Por el valle resbalando 
Indiferoites IrAn ; 




SEGt'WDA PAUTE. 



ra mas volverán 
e tú quedes llorando. 

eineg que han de venir 
irme el desconsoelo 
í te vieron gemir, 
tamos no alcanza el sndo 
icer que el de morir. 

do noadid pasiones, 
luz, vida y calor, 
1 alma de ilusiones, 
[ú á los corazones 
aelo en el dolor. 

ilnz, tantos colores « 
lalasy primores, 
aUra y oropel , 
nundo alfombra con flores 
taños que hay en él. 

ores se desvanecen 
npldas no aroman , 
furiosos crecen , 
ites se desploman 
prado que florecen. 

e ayer palacio fué 
IOS Informe ruina 
que el grosero pié 
su sombra esté 
agua cristalina. 

adusto monumento 
nta en el espacio 
leto ceniciento 
lie, niña, al viento 
x:el ó palacio. 

dale al claro rio 
i el valle que habitas, 
ayer el tiempo impío 
y del poderío 
5a en que meditas. 

tale qué se hicieron 
B de esa CastlUa , 
ios que vivieron, 
síes que tuvieron 
era amarilla. 

ale qué misterio 
sa cruz que riega 
1 de un cementerio 
o on monasterio 
Byes PampUec^ 

a si entre las n 

ntinomnro 

larguqu^as 

6 en su templo oscuro 

ides alejas. 



Pregunta si oyó decir 
Al monarca en su abandono 
Que un puñal le hizo subir 
Los escalones del trono , 
Y un vaso se le hizo huir. 

Para escojer le llamaron 
Entre morir ó reinar; 
Los que ayer le coronaron 
Su venia no demandaron 
El tósigo á preparar. 

t Triste Wamba ! por manellla 
La púrpura te vistieron 
Esos grandes de Castilla 
Qoe tu sepulcro tendieron 
A las puertas de esa villa. 

I Rio ArlanzaJ ¡ rio Arlanza , 
Que el florido campo pules 
Derramándote en holganza , 
Tan frágil es mi esperanza 
Como tus ondas azules ! 

t Qnlén pudiera , rio manso , 
Resbalando Indiferente 
Hallar como tú descanso 
Cuando apilas tu corriente 
En escondido remanso I 

Pues pasas murmurador 
Bordando el campo de flores, 
Arrulla ¡ Arlanza ! el dolor 
De esa niña sin amores 
Que está llorando de amor- 

Dlla , Arlanza» que ha mentid 
Quien encontró á mis cantares 
El placer que no he sentido. 
Que en ello gozo he flnjido 
Por adormir mis pesares. 

Dila que si suelto al viento 
Al compás del arpa loca 
Alegre y báquico acento , 
Es que cierro á mi tormento 
Los caminos de mi boca. 

I Rio Arlanza! ¡rioArlaairii, 
Que el florido campo pules 
Derramándote en holganza , 
Dlla que está mi esperanza 
Cabe tns ondas azulesl 



*9^ 



I COMPOSIClOlfES 

BUEN JUEZ MEJOR TESTIGO. 



TRADICIÓN DE TOLEDO. 
I. 

Entre pardos nobarron» 
Pasando la blanca luna 
Con resplandor fugitivo 
La baja tierra no alumbra. 
La brisa con frescas alas 
Juguetona no murmura f 

Y las veletas no giran 
Entre la crui y la cúpula. 
Tal ves un pálido rayo 

La opaca atmósfera cruia , 

Y unas en otras las sombras 
Confundidas se dibujan. 
Las almenas de las torres 
Un momento se columbran 
Como lanzas de soldados 
Apostados en la altura. 
Reverberan los cristales 
La trémula llama turbia , 

Y un instante entre las rocas 
Riela la fuente oculta* 

Los álamos de la vega 
Parecen en la espesura 
De fantasmas apiñados 
Medrosa y gigante turba ; 

Y alguna vez desprendida 
Gotea pesada lluvia, 

Que no despierta á quien duerme. 
Ni á quien medita importuna» 
Yace Toledo en el sueño 
Entre la sombra oonfdsa, 

Y el Tajo i sus plés pasudo 
Con pardasimdas la armUa. 
El monótono murmullo 
Sonar perdido se escocba. 
Cual si por las hondas calles 
Hirviera del mar la espuma. 

{ Qué dulce es dormir en calma 
Cuando á lo lejos susurran 
Los álamos que se mecen , 
Las aguas que se derrumbui I 
Se suenan belloi fantasmas 
Que el sneíio del triste endatsatt» 
Y en tanto que suena d triste, 
No \.e aqueja su amargura. 

Tan en calma y tan sombría 
Como la noche que enluta 
La esquina en que desemboca 
Una callejuela oculta, 
Se ve de un hombre que aguarda 
La vigilante figura , 
Y tan á la sombra vela 
Que entre la sombra se ofusca. 






Frente por frente A sns ojos 
Un balcón á poca altura 
Deja escapar por los vidrios 
La luí que dentro le alumbra i 
Mas ni en el claro aposento, 
NI m la callejuela oseun 
El silencio de la nocbe 
Rumor sospechoso turba. 
Pasó asi tan largo tiempo 
Que pudiera haberse duda 
De si es hombre , ó solámsola 
Mendita ilusión noctoma; 
Pero es homlirc , y bien se ts. 
Porque con planta segura 
Ganando el centro i la calle 
Resuelto y andas pregunta 
¿Quién va? — y á corta distaBdl 
El igual compás se eaeudia . 
De un cidmllo qae sacuda 
Las sonoras horraduras. _ 
¿ Quién va? repite ^ y.emai 
Otra vos menos robusta 
Responde : - Un hidalgo c isrih 
Y el paso el bruto apreswa. 

— Téngase el hidalgo, — el lM»l 
Replica , y la espada empnlka. 

— Ved mas bien slmebarébol 
(Repusieron con mesura) 
Que hasta hoy á nadie se tuit 
Iban de Vargas y AcuAa. 

- Pase el Acuña.y perdone:-* 
Dijo el mozo en faz de fiiga» 
Pues teniéndose el emboM 
Sopla un silbato , y se ocatti. 
Paró el glnete á una puerta 

Y con precaución difusa 
Salló una niña al bakon 
Que llama interior alumfai^ 

— tMl padrel—damAoniiil 

Y el viejo en la cerradnia 
Metió la Llave pidiendo 
A sus gentes que le acudüi. 
Un negro por ambas bridai 
Tomó la cabalgadura. 
Cerróse detrás la puerta 

Y quedó la calle muda. 
En esto desde d balcón 
Como quim tal «ooaUíalii 
Un manoalM por las r^ias 
De la calle as asegura. 
Asió el brasa al ^«e afoslali 
Hizo cara á Iban daAMtat 
Y huyeron en emboio 
Velando la eatadnra. 

U. 

Clara , apacible y 
Pasa la siguiente tarde» 




SEGUNDA PARTE. 



lo su ocaso 
igante : 
ial Toledo 
remates 
iad de grana 
r i átales, 
tre tocas 
nientos lama 
las arenas 
que las bate, 
retrata 
Icsíguales 
ias de que d rio 
baue. 
1 yeffí 

K)r sus márgenes 
y huertos 
•opaje, 
ti va gala 
halague 
escombros 
de alcáxaras» 
I cada piedra 
bistorla vale, 
1 secreto 
galanes. 
I hermosa 
un rey enlpable 
einoy tlda, 
nusulmaaei. 
liana 
mante 

que entonces 
de xahares. 
atorre 

uerta los árabes 
bre Babieca 
su estandarte. 
al rastillo 
do, ó Cervantes, 
hiEo nunca 
>nte se haee. 
i la almena 
filante 
Peranzules 
[Hi una tarde 
1 modorra, 
constante 
ú brazo quedo 
aaradarie. 
oa fnmano , 
m pueblo grande, 
;ua Basílica 
pilares, 
primer concillo 
e los padres , 
or la Iglesia 
idlante. 



La sombra en este momento 
Tiende sus turbios cendales 
Por todas esas memorias 
De las pasadas edades , 

Y del Cambrón y Visagra 
Los caminos desiguales 
Camino á los toledanos 
Hada las murallas abren. 
Los labradores se acercan 
Al fuego de sus hogares 
Cargados con sus aperos , 
Cansados de sus afanes. 
Los ricos y sedentarios 
Se toman con paso grate 
Calado d ancho sombrera , 
Abrochados los gabanes; 

Y los clérigos y nk^ngea 

Y los prelados y abades 
Sacudiendo d leve polvo 
De capdos y sayales. 
Quédase solo un mancebo 
De Impetuosos ademanes 
Que se pasea ocultando 
Entre la capa el scmblanta. 
Loe que pasan le contemplan 
Con decisión de evitarle , 

Y él contempla á los que pasaJí 
Como si á alguien aguardase. 
Los tímidos acderan 

Los pasos al divisarle 
Cual temiendo de seguro 
Que les proponga un combate ; 

Y los valientes le miran 
Cual si sintieran dejarle 
Sin que Ubres sus estoquea 
En riña sonora dancen. 
Una muger también sola 
Se viene el llano adelante 
La luz del rostro escondida 
En locas y tafetanes. 

Mas en lo leve del paso , 

Y en lo flexible del talle , 
Puede á través de los velos 
Una hermosa adivinarse. 
Vase derecha al que aguarda, 

Y él al encuentro la sale 
Diciendo... cuanto se dicen 
En las citas los amantes. 
Mas día galanterías 
Dejando severa aparte 

Asi al manrelK) interrumpe 
En voz decisiva y grave. 

« Abreviemos de razones , 
Diego Martínez; mi padre, 
Que un hombre ba entrado ei 
Dentro mi aposento sabe : 

Y así quien mancha mi honra 




G011P0S1C10M1.S DIVERSAS. 



Con la suya me la lave; 
O dadme mano de esposo , 
O libro de vos dejadme. • — 

Miróla Diego Martínez 
Atentamente an instante , 

Y echando á un lado el emboto 
Repuso palabras tales : 

— « Dentro de un raes , Inés mía , 
Parto á la guerra de Flandes ; 

Al año estaré de vuelta 

Y contigo en los altares. 
Honra que yo te desluzca 
Con honra mía se lave , 

Que por honra vuelven honra 
Hidalgos que en honra nacen. 

— Júralo , —esclamó la niña. 

— Mas que mi palabra vale 
No te valdrá un juramento. — 
^ Diego, la palabra es aire. 
^ I Vive Dios que estás tenaz ! 
^ Dalo por jurado y baste. -^ 

— No me basta , que olvidar 
Puedes la palabra en Flandes. — 

— { Voto á Dios I ¿qué mas pretendes ?- 
•- Que á los pies de aquella Imagen 
Lo jures como cristiano 

Del santo Ciusto delante. » — 

Vaciló un punto Martínez , 
Mas porfiando que jurase 
Llevóle Inés hacia el templo 
Que en medio la vega yace. 
Enclavado en un madero 
En duro y postrero trance, 
Ceñida la sien de espinas. 
Descolorido el semblante, 
Víase allí un crucifijo 
Teñido de negra sangre 
A quien Toledo devota 
Acude hoy en sus azares. 
Ante sus plantas divinas 
Llegaron ambos amantes, 

Y haciendo Inés que Martines 
Los sagrados plés tocase, 
Preguntóle : 

— Diego, ¿Juras 
A tu vuelta desposarme? 
Contestó el mozo : 

— iSiJnrol — 

Y ambos del templo se salen. 

III. 

Pasó un día y otro día , 
Un mes y otro mes pasó , 

Y un año pasado habla , 
Mas de Flandes no volvía 
Diego, que á Flandes partió. 



Lloraba la bella Inés 
Sn vuelta aguardando en vano 
Oraba un mes y otro mes 
Del crucifijo á los ptés 
Do puso el galán su mano. 

Todas las tardes venia 
Después de traspuesto d sol, 

Y á Dios llorando pedia 
La vuelta del español , 

Y el español no volvía. 

Y siempre al anochecer 
Sin dueña y sin escudero 
En un manto una nmger 
El campo salla á ver 
Al alto del miradero. 



\ Ay del triste que 
Su existencia en esperar I 
I Ay del triste que presóme 
Que el duelo con qoe A ae abr 
Al ausente ha de peaarl 

La esperanza es délos eldoi 
Precioso y funesto don » 
Pues los amantes desvdes 
Cambian la esperanza en adoi 
Que abrasan el corazón. 

Si es cierto lo que ae aspen 
Es un consuelo en Terdad, 
Pero siendo una quIOMn 
En tan frágil realidad 
Quien espera desespera. 

Asi Inés desesperaba 
Sin acabar de esperar, 

Y su tez se marchitaba, 

Y su llanto se secaba 
Para volver á brotar. 

En vano á su confesor 
Pidió remedio ó consto 
Para aliviar sn dolor. 
Que mal se cura el amor 
Con las paUbras de un Jkto 

En vano á Iban acudía 
Llorosa y desconsolada. 
El padre no respondía. 
Que la lengua le tenia 
Su propia deshoua atada. 

Y ambos maldlceD so esM 
Callando el padre levoo 

Y suspirando la beUa, 
Porque nació muger éUa, 

Y el viejo nació altanero. 

Dos años al fin pasaron 
En esperar y gemir, 

Y las g^erras acabar^ , 




TERCERA PART£. 



des tornaron 
á vivir. 

ay otrodia, 
o mes pasé, 
o corría { 
les se partió , 
es no YoW la. 

rde serena, 
de occidente 
ega amena , 
una almena 
a corriente. 

tnqallas olas 
otando 
lilas solas, 
is y amapolas 
ioblando. 

' qne escondido 
lyeriMí blanda, 
is tendido 
!rdldo 
na banda. 

sdk)r colgado 
:a espesura 
mbalsamado 
alado 
nada oseara. 

con den colores 
leseama 
r las flores , 
Tatos olores 
le una rama. 

trémolo fondo 
llbnja 

»mo redondo 
kbrío y hondo 
ctoma bruja. 

loraba 
fortuna, 
Msaba 
trepaba 
iluna. 

reí llano 
noilno 

B tropel lejano 
;>oIyo Uviano 
) el camino. 

Itorreon, 

dosa 

leí Cambrón 

tobcosa 

leorason, 



Tan galán como altanero 
Dejó ver la escasa luz 
Por bajo el arco primero 
Un hidalgo caballero 
En un caballo andaluz. 

Jubón negro acuchillado, 
Randa azul , lazo en la hombrera, 

Y sin pluma al diestro lado 
El sombrero derribado 
Tocando con la gorgnera. 

Rombacho gris guarnecido , 
Rota de ante, espuela de oro, 
Hierro al cinto suspendido 

Y á una cadena prendido 
Agudo cuchillo moro. 

Vienen tras este glneta 
Sobre potros jerezanos 
De lanceros hasta siete , 

Y en adarga y coselete 
Diez peones castellanos. 

Asióse á su estribo Inés 
Gritando : — | Diego , eres tú ! — 

Y él viéndola de través 
Dijo - I Voto á Belcebú , 
Que no me acuerdo quién es! 

Dio la triste un alarido 
Tal respuesta ai escuchar, 

Y á poco perdió el sentido 
Sin que mas voz ni gemido 
Volviera en tierra á eihalar. 

Frunciendo ambas á dos j^as 
Encomendóla á su gente, 
Diciendo : — i Malditas viejas 
Que á las mozas malamente 
Enloquecen con consejas 1 — 

Y aplicando el capitán 
A su potro las espuelas 
El rostro á Toledo dan, 

Y á trote cruzando vai^ 
Las oscuras cailejnelas. 

IV. 

Asi por sus altos finés 
Dispone y permite el délo 
Que puedan mudar al hombre 
Fortuna , poder y tiempo. 
A Flandes partió Martines 
De soldado aventurero , 

Y por su suerte y hazañas 
AlU capitán le hicieron. 
Según alzaba en honores 
Alzábase en pensamientos , 

Y tanto ayudó en la gneria 
Con sn valor y altos tiediot , 



74 



COMPOSICIONES DIVERSAS. 



Que el mismo rey á su vuelta 
Le armó en Madrid caballero « 
Tomándole á su servicio 
Por capitán de lanc4!ros. 
Y otro no fué que Martínez 
Quien h:i poco entró en Toledo, 
Tan orgulloso y ufano 
Cual salió humilde y pe«iue&o. 
Ni es otro á quien se dirija 
Cobrado el conocimiento 
La amorosa Inés de Vargas, 
Que vive por él muriendo. 
Mas él , que olvidando todo 
Olvidó su nombre mcsmo, 
Puesto que Diego Martínez 
Es el capitán Don Diego, 
NI se ablanda á sus cariciai 
Ni cura de sus lamentos ; 
Diciendo que son locuras 
De gentes de ])oco seso, 
Que ni él prometió casarte 
Ni pensó jamás en ello, 
t Tanto mudan á los hombres 
Fortuna , poder y tiempo ! 
En vano porfiaba Inés 
Con amenazas y ruegos ; 
Cuanto mas clin importuna 
Está Martínez severo. 
Abrazada á hus rodillas 
Enmarañado el cabello 
Xa hermosa niña lloraba 
Prosternada por el suelo. 
Mas todo empeño es inútil, 
Porque el capitán Don Diego 
No ha de ser Diego Martínez 
Como lo era en otro tiempo. 

Y asi llamando á su gente 
De amor y piedad ageno 
Mandólos que á Inés llevaran 
De grado ó do valimiento. 
Mas ella antes que la asieran 
Cesando un punto en su duelo, 
Así habló, el rostro lloroso 
Hacia Martínez volviendo : 

— « Contigo se fué mi honra , 
Conmigo tu juramento ; 
Pues buenas prendas son ambas, 
En buen flcl las pesaremos. » — 

Y la faz desr^lorlda 

En la mantilla envolviendo 
A pasos desatentados 
Sallóse del aposento. 

V. 

Era entonces de Toledo 
Por el rey gobernador 
El jueticlero y valiente 



Don Pedro Rulz de Alarcon. 
Muchos años por su patria 
El buen viejo pcleí» ; 
Cercenado tiene un hnio , 
Mas entero el corazón. 
La mesa tiene delante , 
Los jueceii en derredor. 
Los corchetes á la puerta 

Y en la derecha el bastón. 
Está , como presidente 
Del tribunal superior. 
Entre un dosel y una allboli 
Reclinado en un sillón 
Escuchando con padencU 
La casi asmática voi 

Con que un tétrico ewrftwii 
Solfea una apelación. 
Los asistentes boatean 
Al murmullo arnillador, 
Los jueces medio dormldoa 
Hacen pliegues al ropón, 
Los escribanos repasan 
Sus pergaminos al sol , 
l/os corchetes á una mou 
Guiñan en un corredor, 

Y abajo en Zocodover 
Grltíin en discorde ióo 

Los que en el mercado Tapé 
Lo vendido y el valor. 

Una muger en tal punto 
En faz de grande aflioeloa, 
Rojos de llorar loa ojos. 
Ronca de gemir la tob , 
Suelto el cabello y el Dunto 
Tomó plaza en el salón 
Diciendo á gritos : — ¡ JosÜi 
Jueces , Justicia , se&or ! ~ 

Y á los plés se arroja humlk 
De Don Pedro de Alarcon, 
En tanto que los curiosos 
Se agitan al rededor. 
Alzóla cortés Don Pedro 
Calmando la confusión 

Y el tumultuoso murmnlla 
Que esta escena ncaslond 
Diciendo : 

—Muger, ¿qu¿qnla 
—Quiero justicia, astor.- 
¿Deque? — 

—De una prenda 

— ¿Qué prenda? — 

— MI eoiai 

— ¿Tú le diste ?— 

—Le prest 

— ¿ Y no te le han vuelto? 

—¿Tienes tesUgoff?— 

— Nli 




TERCERA parte: 



1»— 

—Sí, I por Dios! 
>e de Toledo 
empe&ó. — 
]?— 

^ Diego Marünez. ^ 

—Y capiUm , se&or. 
ie al capitán , 
si j tiró. — 
ncio la sala; 
i corredor 
as y espuelas 
losÍ6nu 
evantando 
lita voz, 

ipítan Don Diego. — 
en d salón 
ez , los ojos 
ullo y furor, 
pitan Don Diego , 
sdro, TOS?— 
roy sereno 

— Yo soy.— 
á esta muchacha? 
>s, salvo error.— 
a juramento 
rido?— 

—No 

• haberlo jurado?- 

—Pues id con Dios, 
-dainó Inés Uoopdo 
y de rubor, 
lensa lo que dices I... 
niente, juró. — 
tigos? — 

— Ninguno. — 
idos con Dios , 
que acusado 
lestro honor. 

tinez la espalda 
«atisfarcion , 

Ic vio partirse , 
rme tiritó : 
, tengo un testigo. 
•a vez , señor. — 
pitan Don Diego , 
c de Alarcon , 

aquietóse 
;as siguió : 

testigo á quien nunca 
i ni razón. — 

— I3n nombre que de lejos 
labru oyó 



Mirándonos desde arriba. -* 
— ¿Estaba en algún balcón?^ 

— No , que estaba en un suplido 
Donde ha tiempo que espiró.- 

— ¿ Luego es muerto ? — 

—No, que viví 

— Estáis loca, { vive Dios I 
¿ Quién fué?— 

—El Cristo de 
A cuya fas perju|ó. — 

Pusiéronse en pié los jueoei 
Al nombre del RMentor, 
Escuchando con asombro 
Tan escelsa apeladon. 
Reinó un profundo silencio 
De sorpresa y. de pavor|. 

Y Diego bajó los ojos 

De vergüenza y confusión* 
Un instante con los jueces 
Don Pedro en secreto habló , 

Y levantóse diciendo 
Con respetuosa voz : 

— « La ley es ley para todot, 
Tu testigo ee el mejor, 
Mas para tales testigos 
No hay mas tribunal que Dloe. 
Haremos... lo que sepamos; 
Escribano , al caer el sol 
Al Cristo que está en la Tegt 
Tomareis dedaraclon. 

VL 

Es una tarde serena 
Cuya luz tornasolada 
Del purpurino horizonte 
Blandamente se derrama. 
Plácido aroma las flores 
Sus hojas plegando exhalan, 

Y el céfiro entre perfumes 
Mece las trémulas alas. 
Brillan abajo en el mlle 
Con suave rumor las aguas , 

Y las aves en la orilla 
Despidiendo al dia cantan. 

Allá por el miradero 
Por el Cambrón y Vi sagra 
Confuso tropel de gente 
Del Tajo á la vega baja. 
Vienen delante Don Pedro 
De Alarcon , Iban de Vargas, 
Su hija Inés , los escribanos, 
Los corchetes y los guardias ; 

Y detrás mongcs, hidalgos. 
Mozas f chicos y canalla. 
Otra turba de curiosos 

En la vega les aguarda , 
Cada cual comentarlando 



76 



COMPOSIGIOIHES DIVERSAS. 



El caso 8^011 le cuadra. 
Entre ellos está Martines 
En apostura blxarra, 
Calzadas espuelas de oro , 
Valona de encaje blanca , 
Bigote á la borgoñesa, 
Melena desmelenada , 
El sombrero guarnecido 
Coa cuatro lazos de plata, 
Un pié delante del otro , 

Y el pufio en d de la espada. 
Los plebeyos de reojo 

Le miran de entre las capas , 
Los chicos al uniforme 

Y las mozas á la cara. 
Llegado el gobernador 

Y gente que le acompaña 
Entraron todos al claustro 
Que Iglesia y patio separa. 
Encendieron ante el Cristo ' 
Cuatro cirios y una lámpara, 

Y de hinojos un momento 
Le rezaron en voz bi^a. 

Está el Cristo de la Vega 
La cruz en tierra posada. 
Los plés alzados del suelo 
Poco menos de una vara ; 
Hacia la soYera Imagen 
Un notario se adelanta , 
De modo que con el rostro 
Al pecho santo llegaba. 
A un lado tiene á Martines , 
A otro lado á Inés de Vargas , 
Detrás al gobernador 
Con sus jueces y sus guardias. 
Después de leer dos veces 
La acusación entablada. 
El notarlo á Jesucristo 



Asi demandó en vos alta : 
— « Jesús , Hijo de Maria , 

• Ante nos esta mañana 

• Citado como testigo 

> Por boca de Inés de Vargas 

• ¿Juráis ser cierto que un á 

• A vuestras divinas plantas 

• Juró d Inés Diego Martinex 

• Por su mu^er desposarla? 
Asida á un broto desnudo 

Una irumo ataranda 
Vino á pesar en loa aotos 
La seca y hendida paUna, 

Y allá en losairea^iS juao! 
Clamó una vos mas que han 
Alzó la turba medrosa 

La vista á la imagen santa... 
Los labios tenia idiicrtoa» 

Y una mano descUvada. 

CONCLUSIOII. 



Las vanidades del mniiát 
Renunció allí mismo Inés, 

Y espantado de si propio 
Diego Martines también. 
Los escribanos temblando 
Dieron de esta escena lé« 
Firmando como testlgoa 
Cuantos hubieron podec 
Fundóse un aniversario 

Y una capilla con A, 

Y Don Pedro de Alarooo 
El altar ordenó hacer, 
Donde hasta el tiempo qpa 

Y en cada abo una vas , 
Con la mano descUvada 
El crucifijo se ve. 




TERCERA PARTE. 



A ROMA. 



neeootaroD 

de Césares y reyes, 

loe alaron, 

[ueaaobvoD 

coD sos escombros leyes. 

aginaba 

MI pensamiento loco 

«na pensaba, 

rande bailaba 

n Roma era bien poco. 

perUües, 

)los , acoedoctos , fuentes , 

les, 

Duales, 

ines, pórticos y puentes , 

oro y mido, 

States , y guerreros 

:ido; 

idido 

de mi edad primeros. 

) ambicioso ! 

las sordas tempestades 

oodoso, 

impetuoso 

w , gentes y ciudades. 

Lbalado 

mi joven fkntasfa 

ido 

fado, 

IM yo que no moria. 

I de despojos 

Tiber las espaldas doma 

Icbinojos, 

• ojos 

la eternidad de Roma. 

tré tendida 
rrordalasnaeloiies, 



Desplomada y bundida; 

Ramera embrutecida. 

Hija de lobos , madre de Nerones. 

Leona agonizante 
Que rabiosos los tigres diyidlenm , 

Y á su raía triunfante 
La presa palpitante 

De sus cacborros en vengania dlersiL 

Púrpura del tirano 
Que dio su vida en prenda de mil muertes , 

Y el esclavo villano 
Con insolente mano 

Echó sobre ella y sobre el trono suertes. 

¿ Qué se hicieron , señora , 
Tus severos y nobles senadores? 
Tu gente vencedora 
¿ En dónde oculta ahora 
El sitial de tus libres dictadores? 

¿ Dó están los ciudadanos 
Que nadan se&ores de la tlsm , 
Vasallos soberanos 
Cuyas potentes manos 
Daban al universo paz ó guerra? 

¿ Dó están esas legiones 
Que á su placer la púrpura odredan 

Y por altas razones 
A las otras nadones 

Enviaban nuevo rey cuando quedan? 

¿ Dó están esos valientes 
A quien seguían miles de soldados 
A avasallar las gentes, 
Arrastrando Insolentes 
Los vintos reyes á su triunfo atados? 

¿Dóestá, Roma calda, 
Aqudla multitud que iba serena 
A tus circos, servida 
Con ver coma la vida 
Jugaban sus esclavos en la arena? 

¡Tú sola te perdiste! 
Tusóla lob Roma Itagrandesa Miaste, 




78 



COMPOSICIONES DITERSAS. 



Pues la prez que to diste 

Velarle no supiste , 

Y tu seno con crímenes manchaste ! 

Porque diste humillada 
A un César un puñal y una coroiui, 
Su raza entronizada 
En tu cerviz hollada 
Por eso cantos de furor entona. 

Por eso en sus salones 
Tus matronas tomó por concubinas, 
Por eso á sus legiones 
Con tan torpes lecciones 
Hizo á Roma poblar de Mesalinas. 

Y en su embriaguez y hartura 
Contando como perros sus yásallos , 
Quisiera en su locura 

Esa progenie impura 

Palacios levantar á sus caballos. 

Y por eso de flores 
Coronada la sien il>an beodos 
Esos emperadores 

Los crímenes mavores 

A presenciar para saberlos todos. 

Por eso ardías , Roma , 
Mientras Nerón al resplandor cantaba, 

Y al par que se desploma 
Tu grandeza , el aroma 

Del humo ardiente tu señor gozaba. 

Por eso en tus hogueras 
Morían inocentes los cristianos , 

Y tus legiones fieras 
En dobladas hileras 
Apoyaron la ley de tns Uranos. 

Por eso del oriente 
Tras el pendón del Redentor divino 
Bravo tropel de gente 
Vino , y clavó en tu frente 
El Lábaro triunfal de Constantino. 

Y por eso mas tarde 
Tu hora fatal atentos esperaban 
I Y ansiando que no tarde 1 
Los que en vejez cobarde 
Del desierto al lindel te contemplaban. 

El desierto dejaron 
Los que tu fértil , opulento y rico 
Imperio devastaron , 

Y en sangre se bañaron 

Las formidables hordas de Alarlco. 

Del desierto vinieron 
Los hijos de esa ra/a que aniquila 
Cuanta pompa en tí vieron , 

Y tus muros se hundieron 

Bajo el caballo del sangriento Atila. 



« ¡Sangrel ¡estermlnlo! iftaegol ^ 

> ¡Cebaos ahí en carne de TUlaDOfi!i j 
Gritaba de ira ciego ; j 
« ¡ Que no se encuentre luego 

» Uno con libertad de esos romanos! 

• Sangreá beber vinimos; J 

> ¡ Hartaos de sangre, mis sedialoip 
» ¡ Do quiera que estuvimos 

» Que muestre que vencimos 

» La marca funeral de nuestnsUeml. 

» I Sangrel lesterminlo! ¡fbegDl 
a ¡Sangre, lebreles! Si sosdioieii 
» Y hasta su templo-Uego , 
a Venid á verlos luego - j 

» Atados por los pies á aü calsDi.i 

Y así Atila clamando 
Giró en carrera rápida j 
Sus tigres azuzando, 
La ancha espada nHMtnndo 
Hasta el torcido gavilán 



¡ Fiesta horrible , espantan, 
Festín de sangre en tu 
I Oh Roma poderosa I 
La sangre generosa 
De tus hijos los bárbmi 



La compasiva luna 
Requirió los cendales enlatiiM 
De la sombra oportuna , 1 

Por no ver tu fortuna 1 

Hecha presa y l>otin de sos üMli*' ] 

¿ Qué te quedó aquel dia ^ J 
¡Oh Roma! de tu espMudida jpMJ^ 
¿Quién lloró tu agonía? 
¿ Quién como tú gemía 
Sosteniendo en sus brazos tn 



¡ Otra amorosa gente , i 

Víctima del furor de tos Urttoif I 
Enjuíió diligente 
El sudor de tu frente 
Con maternales y dollentos mmj 

Otra raza mas pura 
En vez de tus Penates y tos Lmv 
Te prestó en tn amargura 
Otro Dios de ventura , 
Otro templo mejor y otros áitaní* 

Mas tú , infame ramera , 
Por el antiguo, vltio ya estng^ii 
A tu maldad primera 
Volvistes altanera , 
Tal vez sin fuerzas , pero no tawt^ 

Y tomaron mas fleroi 
Con leyes de piedad otros NarooMi 




TERCERá PARTE. 



!eroa 

rderos 

sangre á las natíones. 

lianas 

pes coiicobliias 

mas, 

nanas 

peí de MesaUnM. 

linos 

nonstruofl Impe^ei 

nos 

nos 

os y sayales. 

Ipa, ¡oh Roma! 

, y de ta suelo ardiente 

arcomay 

isoma 

luptaoso oriente ! 

M Jardines 

tes y árboles y flores, 

Lnes, 

festines 

al de los amores. 

clndades , 

i frente hollaron 

estades 

dades 

mte reventaron ; 

>n tos señores 1 

¡ntras tú duermes tranquila 

Bdorea 

dores 

leí sangriento Atila. 

Iva azuzando 
cólera violenta 
lamando, 
mostrando 
$a\ ilan sangrienta : 

terminio! ¡fuego! 

ps! — Si sus dioses hallo, 

iplo llego , 

lUO'JO 

pies á mi caballo. » ^ 



ME INQUIETA. 

FAirrAsU. 

I. 

ULTIMA LUZ. 

horas sin hora 
ifras horas cesan, 



Horas que en el alma pesAn 
Como inmensa eternidad. 
Unas horas sin oriente, 
Sin occidente y s|fi nombre, 
En que atosigan ai hombre 
La mentira y la verdad. 

Horas sin vos , en que quiere 
Escuchar algo el oído, 

Y el aire no tiene mido 
Que poderle dar á oir s 

En que quiere hablar la lengua 

Y se detiene medrosa , 
Porque teme alguna cosa 
Que la pueda Interrumpir. 

En que oon ojos avaros ■ 
Miramos lo que no vemos. 
En que delirar creemos 

Y deliramos creer : 

Horas en que duerme entero 
Este mundo que habitamos , 

Y nosotros despertamos 
Su descanso á sorprender. 

En los pliegues de lá sombra, 
Como antípodas del dia, 
Elstas horas de agonía 
Caminando amargas van : 
El tiempo abortó esas horas 
Para el alma que medita : 

3ue el cuerpo no necesita 
oras de tan noble afán. 

Pasan sobre el grato sueño 
Del labrador fatigado. 
Sobre el sueño descuidado 
Del indolente señor : 
Sobre el del tranquilo esposo, 

Y el del necio indiferente, 

Y el de la hermosa Inocente 
Que suena el primer amor. 

Pasan sobre la sonrisa 
De la madre cariñosa, 
Que amante , madre y esposa 
En un amor goza tres : 
Pasan respetando el sueño 
Del olvidado mendigo. 
Que al dar á la sien abrigo 
Deja desnudos los pies. 

Y buscan el sueño inquieto 
De algún pensador profundo, 
Que aguarda mas ancho mundo 
De este otro mundo detrás : 
Buscan al hombre que piensa, 

Y que al pensar que es eterno 



eo 



COMPOSlGlOIfES DIVERSAS. 



Cambiara por un infierno 
El posible de ser mas. 

Al atentarse en su lecho 
A sus párpados llamando, 
El ánima despertando 
Por el párpado miró. 
Presentósele la sombra 
Gomo imagen de la nada 
A la rola lUunarada 
Que la lámpara brotó. 

Escucha , y oye silencio, 
Mira , y los ojos ven sombra , 
Habla , y el eco le asombra 
Sin responder á su voz : 
Solo aprende que es de noche , 
Que su mente inquieta vaga , 
Que su lámpara se apaga 

Y que el sue&o huyó precoi. 

Entonces lucha afanado 
El cuerpo con la costumbre, 
El ojo busca la lumbre. 
Busca el oido rumor ; 

Y el alma sin luz ni ruido 
Que su pensamiento estorbe, 
Vuela libre por el orbe 

En pos de mundo mejor. 

Pero estando condenada 
A hi cárcel de la tierra : 
Vuelve al cuerpo que la encierra 
Para meditar en él. 
Entonces sujeta al cuerpo, 
Mar que en las rocas se estreBa , 
Para sentir como aquella 
Sentidos le presta aquel. 

Débil como el cuerpo entonces , 
Por ojos de carne mira , 

Y ve lo que ver delira 
Por aquel turbio cristal. 
Ve que la lámpara seca 
La luz postrera derrama , 

Y ve en la convulsa llama 
Un no sé qué de infernal. 

Aquellas ráfagas tibias. 
Llamaradas de un momento 
Que alumbran el aposento 
Para ofuscarle otra vez : 
Que confundiendo las formas , 
Dando espacio á los objetos , 
Pintan manchas y esqueletos 
Que cruzan por la pared. 

Aquella lumbre oscilante 
Que en tomo al pábilo flota. 
Aérea , vibrante , rota , 



De indefinible cdor. 
Dibuja en los pardos vidrios 
Y en las blancas muselinas 
Creaciones peregrinas 
Que nos llenan de terror. 

Asoma rostros deformes 
De diabóUoos contornos. 
Que en colgaduras y adom 
Nos parece ver girar ; 
Ya son gigantes monstmos 
Que desparecen Uvianos, 
Ya ridiculos enanos 
Que se Juntan á dansar. 

Ya scm pájaros flotantes 
Ya son repugnantes y^is 
Ya son fantasmas distante 
Negras visiones ttn lux; 
Ya son vivientes qae pasa 
Ya son antorchas qoe cnu 
Cuyo fulgor desmenosan 
Lineas hendidas en cnii» 

Ya charolado vaefo 
De estrellas rojas orlado, 
U hondo hueco iluminado 
Por agonizante hachón;. 
Ya pardos grupos de soml 
Ya misteriosos paisajes. 
Ya pabellones de enejes 
O tapices de crespón. 

La llama trémula cb ta 
De un momento á otro m 
Su resplandor ceniciento 
Amaga Inquieta matar : 
Flota en el aire exhalada 
Del pábilo desprendida, 

Y torna al pábilo asida 
Segunda vei á brotar. 

O lame blanda loa bocd 
Del vaso que la contiene, 

Y á reconcentrarse viene 
En el pábilo otra vei : 

Y moribunda vacila , 
Como vibra y pestañea 
Mal herido en la pupila 
Un ojo con rapides. 

Acaso un Insecto Imbé 
De nuestro pavor ol^eto, 
Viene á revolar Inquieto 
De la llama en derredor : 

Y en su fantástico vuelo 
Cruzando la luz , parece 
Que aumenta en forauui 
Gomo ensuefio aterrador 




TERCERA PARTE. 



81 



lece un momento, 
ido aparece, 
ma se mece 
iciera vivir; 
hiende yerma, 
espíritu fuera 
I en una hoguera 
no ha de morir. 

t>bre la llama 
e zumbando, 
las plegando 
mbre beber, 
el vidrio hneeo, 
és trasparentes, 
ndiferentes ' 
ro lado mover. 

lego aturdido 
evitando 
acelerando 
ca pasar, 

hunde en las ropas, 
el miedo pasa , 
lumina escasa 
fin de apagar. 

II. 

10 Y LA OSaillDAD. 

ras vda afanosa 
IOS dormimos , 
m lo que vimos 
rimos ver. 
el misterioso 
onfnsamente 
. que la mente 
dando ayer. 

de ella tan solo 
Abijaron , 
3 ella aguardaron 
e ocasión ; 
ntéslicoe suefioe 
nuestro reposo 
religioso 
torios son. 

il que cree y el que duda 

lado que viva, 

creer estriba 

ittrtta el dudar; 

ef engañado 

; creyó evidencias , 

las y creencias 

de vacilar. 

y ú no? ünienlo, 
leooipaftla 



Que nos da la luz del dia 
hnpiden pensar tal vez , 

Y entonces creencias , dudas p 
Dentro del ánimo callan, 

Y en él guarecidas hallan 
Asilo en su timidez. 

Por eso en orgia insensata 
El disoluto mancebo 
Dice :— « En el licor que bebo 
Ahogo cuanto creí. » — 
Por eso en placer sumido 
Dice el embriagado amante: 

— « Yo no creo en este instante 
¡Vida mial mas que en ti. » - • 

Por eso ante sus mohedas 
El Jugador avariento 
Dice con audaz acento : 

— « Creo en el oro^y no mas. » 

Y por eso el pendeneíero 

Que el triunfo lídhmdo alcanza 
Dice osado á su vengana : 

— « Honra, satisfecha estás. » - 

Pero si en la noche umbría 
Tras sueño inquieto despierta. 
Cada sentido una puerta 
A sus creencias le da ; 

Y duda, y teme, y vacila , 

Y azorado el hondo j>echo, 
En derredor de su Jecho 
Fantasmas finjiendo está. 

Su lámpara , ya apagada 
Al matar la última lumbre, 
Dejó sombra en la techunü>r6, 
Dejó sombra en la pared ; 
Cerrado dentro la al^ba 
El aire (alto de ruido 
Escucha en vano el oído 
La voz de la lobreguez. 

En vano miran loe ojos 
La sombra descolorida ; 
Con una ilusión mentida 
Vienen á tocar al ñn ; 
Do quier que avaros se toman 
Ven una masa uniforme. 
Una sombra espesa , enorme. 
Que no se ciñe á confln. 

La mente duda medrosa. 
Los sentidos se adormecen , 

Y embriagados se estremecen 
Con cada nueva ilusión : 
Todo en la mente se agita. 
Todo en la mente se embota , 
Todo en tomo nuestro flota 
En callada confusión. 




83 



GOMPOSIGIQNES MYERSAS. 



Y á tanto mirar los ojos , 
AtantooiflosoldQs, 
Fatigados , aturdidos, 
Rumor oyen , sombras tcqí 
El ánima se amedrenta, 

Y brotan los pensamientos 
Medrosos y antiguos cuentos 
Que la atosigan tandolen. 

Entonces es cuando el eco 
De un cabello que tropieza 
Nos retuml){| en la cabeza 
Con chasquido colosal ; 
Entonces semeja el roce 
De la ropa mal plegada 
La voz seca y prolongada 
De rápido vapdobal. 

Entonces es poando el nildp 
De nuestro azorado aliento 
Nos parece el sordo acento, 
La l^ana confusión 
De las InvisUtlcs alas 
De aves mil desconocidas , 
Que van cruzando perdidas 
Los airps an rebelión. 

Y escuchamos á lo lejos 
Huellas de plés recelosos 

Y vagidos vaporosos 
Que se apagan al nacer ; 

Y crujen en las vidrieras 
Confusos sacudimientos , 

Y ahullldos, gritos y acentos 
De rabia, espanto y plac^. 

Entonces flnjen los ojos 
A compi^s de estos rumores 
Mil fantásticos colores , 
Sombras y delirios mil ; 
Bultos que ruedan informes , 
Círculos de luces bellas , 
Yagas y raudas centellas 
Del miedo aborto febril. 

Y fantasmas que en tumulto 
Pasan , corren , flotan , Tuelan , 

Y se apagan y rielan 
Sin tener luz ni color ; 

Y parece que cruzando 
Por las tinieblas oscuras, 
Anastran sus vestiduras 
Con repugnante rumor. 

Caprichos, menos que nada, 
De esencia desconocida , 
Delirios sin voz, sin vida. 
Nada pueden , nada son ; 
Mas sin cuerpos ni colores, 
Tienen cuerpos y semblantea 



Que los o]09 deUrantea 
Les prestan en su ilnsUm. 

Les presta toe el oído, 

Y movimientos la meata, 

Y vienen confusamenta 
Mente y oído á acosar ; 

Y mente y ojos y oidot 
Con tan fantástico emprta 
Alejan el blando sue&o 

Y empiezan á delirar. 

Llenan entoneai ú ún 
Peregrinas ilualonea 

Y frágiles creaclonei 
Deladpday delaté» 
Donde entre Igmalat 
Una en otra confundida 
Ia miseria de U vida 

Y la religión 86 ve. 



AHÍ entre un miado 

Y entre una creepeUi 
Va uqa idea de la nada 
O una olvidada Tardad i 

Y en tan cumplldae tlnklte 
En silencio Min mnidelQ 
Se trasparenta un objeto 
Inmenso... la eternidad. 

¿ Quito no cr^ y qoMn Bt 
Guando á solas en su lecbo 
En el reip de au peciie 
Sus horas contal^ pjb^f 
¿ Quién np cree y npdnjiii 
En el silencio y \^ lon^P 
¿Quién pensaijda ÜP a^ WP 
Lo que existe 9HK gUáf 



Porque 

Que en redor nuestro aenttn 
El rumor que p^rcIblWM 
En torno nuestro bu1)|f. 
Aquel cstniUQ dj^lrlo 
En que creemos fltidapilg 
Que hay gHlea qoi eit4 pM 
Sin podéráelp Impedir i 

Ese rumor mistarloao 
Que con la sombra nrañnn 

efvif le?9yin<e8Dca, 
iradialaoacuiidadj 
Ese temor sin ometo 
Que la sombra qm iffi^itf 
Y en la mente pai nfnítni^ 
Lamentiray)ayflrdis4¿ 

Ese insectlllo noctunfa 
Que nos asalta y atena , 

Que coi| iMWptliW «^ f^api 
hi^PortiUM i eoBlaitir; 




TEftCVAá f ARTfi« 



8 



ítona algazara, 
•onoro ruido 

descuido 
ir y venir; 

3 á quien juzgaiQ<)9 
ifliccion medrosa 
opio, unacosd 
no sé qué; 
^ misterioso 
pasa de miedo , 
bio revoltoso 

( no M T6; 

fañoso empeño 
nir procuriiiQo^ 
tanto porfiamos 
til nuestro afán , 
nuestra nada 
»CMnprendeiiM|, 
« — si creemos — 
«Mi están. 

en orgia Inmunda 

naneebo 

n ti licor que Mmi 

01 creí; » — 

I sus placeras 
isato amanta: 
60 en este iostauta 
mas que en ti ; » — 

ante su oro 
variento 
uro acento : 
el oro y no n^t;«?« 
pendenciero 
(6 lidiando alcanza 
su venganza : 
satisfecha estás.» — 

bra de la noche 
ion á solas 
Us turbias olai 
' el temor ; 
US festines , 
a dinero, 
r el pendenciero , 
por su amor. 

s fugaz murmoUo, 
lio vago , 
t , el amago 
luestro ser ; 
ti silencio , 
sombra oscura, 
la ni pavuní, 
I y creer. 



abraialallMK 



Gomo la luz de los cielos 
Reverbera en un cristal, 

Y recordando su polvo 
A la flaca humanidad , 

Son clamor de nuestra nada 
Que diciéndonos está 

« Creed , ó velad. » 

Que el no atreverse 4 cciW 
Es decidirse á dudar, 

Y dudar es tener f^iedo 
De creer una verdad ; 
Dudar es estar en ve^^ 
Creer es tranquilo estar, 

Y es fuerza por duda ó miedo , 
Puesto que tan juntos van , 

Creer, ó velar. 

Paes no es mas el corazón 
Que un Indestructible altar 
De üonde 'nuestras creencias 
No se separan Jamás ; 

Y el Jugador y el vaiienta, 

Y el disoluto galán , 
Tienen allá en la alta noche 
Un momento sin solas 

En que sus vagos temores 

Y su inquietud y su alan 
Les están diciendo á voeaa 
En la muda oscuridad i 

« Creed, ó velad.» 

Que esa mmor dd suénala , 

Y esa ráfaga fugas 

Que deliramos que alnnibra 
La callada oscuridad , 

Y ese temor sin objeta , 

Y ese insecto pertlnas 

Que zumba , y iIUni , y ae aglU, 
Sube y bfá« , y iiiena y va , 

Y ese empeño, esa pqrfla 
Con que eq pueatro tprpa f/uü 
Procuramos el descanso , 

I Vive Dios ! que no son mas 
Que el miedo á nosotros ni^niai 
Que Qos impone tenaz 
Creer, ó velar. 

Es la somhr* lDcomprenalb(a 
De ese oculto mas allá 
Tras de cuyp peqsamiento 
No alcanzamos á ver mas 
Que lo que envuelve la noch^^ 
Silencio y otcuridad. 

m. 

ELiüfANECER. 

Y al fin de tanta taoMr, 
Tanto aoftar sin dormir, 




84 



COMPOSICIONES DnrERSAS. 



Y tanto afkn , 
El alba esperando yer 
Cerrándose sin sentir 

Los ojos Tan. 

Al menor mido que oimoe 
Voelyen á abrirse otra res 

Lentamente , 
lias apenas los abrimos 
Toman á su lobregues 

Muellemente. 

Y todavía creemos 
Que sentimos y miramos 

Desvelados , 

Y io que olmos y vemos 
Es solo lo que soñamos 

Fatigados. 

Todavía en la cabesa 
Se agitan los pensamientos 
Confundidos , 

Y con lánguida pereza 
Dejamos sus movimientos 

Vagar perdidos. 

Y las nocturnas visiones 
Que nuestro capricho loco 

Nosflnjia, 
Sus medrosas ilusiones 
Desvanecen poco á poco 

Con el dia. 

Una luz tibia , insegura , 
El quicio de alguna reja 

Iluminando y 
Sobre la pared oscura 
La luz que fuera refleja 
Va pintando. 

Y en«l rayo fugitivo 
Que se pierde en el flotante 

Polvo leve, 
Aquel insectillo esquivo 
Cmzando á su tomo errante 

La luz le bebe. 

Y pasa, y se mece, y gira, 
Sube, y baja, y huye, y viene 

Sin recelo, 

Y se pierde , y se retira , 

Y sobre la luz se tiene 

En ronco vuelo. 

De alguna torre cercana 
El esquilón nos despierta 
Un momento , 

Y en una ilusión liviana 
Concibe la luz incierta 

El pensamiento. 

Y el rayo del sol naciente 

Y el insecto perttnai 

Que bulle en tomo, 



Pasan un punto cb la menta 
Como una sombra fügai 
Sin contorno. 

Y en la duda vacilando 
SI vÍBlamos ó dormimos , 

Nos parece 
Que el sueño á que not rendí 
Nos va la luz apagando 

Que amanece. 

Y pasando del dudar 
Al descanso del dormir 

Olvidamos 
Lo que nos vino i tnibtr, 

Y lo que pudo existir 

Osoñamoa. 

Y al despertar otro día 
Ya no guardamoa mamaria 

Nireodo 
De la inquietad y -agonfa, 
De U fimtástica histiMria 

De aquel dmrcb. 

Porque asi pasan aondjriis 
Las horas de nuestroa dlás 

Revoltooos» 
Las noches de dudas llenas. 
Los dias llenos lie penm 

Yaiarosoa. 

Las noches creyendo im 
Lo que habernos de cresr 
Y dudamos ; 

Y los dias sin pensar 
En lo que bonos desollar 

Cuando dnrmamos. 

¡Oh! verted blando bekia, 
Tardas noches, en mi soeie 
Al resbalar, 

Y tras sueño inquieto y laii 
No tenga un recuerdo 

Al despertar. 



SOLEDAD DEL GAMI 



I Salve ! fértil campifia y pr^i 
Crespo collado , y valle , yacía m 
Donde de cuitas é inqnliind ^i«i 
Libre vagaba el pensamiento nla^ 

¡ Salve ! y las leves amas lamí 

Y el sol te dé riquislmoa eokRCS, 

Y abundosas Unvlaa te «agón 
Tu coseeba d» «plgaa 7 da flares. 




TERCERA PARTE. 



8S 



ra ¡ ay de mi ! ta sombra 
que perdí reposo ? [cuca 
ira ¡ oh soto ! i la frescura 
uelo tan frondoso? 

era el pacífico murmullo 
icidos mansamente , 
ú sentido arrullo , 
3 tu escondida fuente? 

blanda yerba recostado 

údicos festines 

or^^alado 

i sueltos cdorines. 

1 las latientes plumas 
ir la espesa grama, 
lanso las espumas y 
tar de rama en rama. 

ibrán los afanosos dias 
lia y donosura ! 
itas al pasar bravias 
frégU hermosura I 

nara ya mi voz mundana 
e hojas campesino , 
>ra espléndida y líTiana 
Toyo cristalino I 

s de mi tan torpe empefio ! 
dñ del arpa loca , 
sabroso sueño 
himnos de mi boca. 

Miaré con saludarte , 
tu silvestre pompa...! 
eo soto! ai contemplarte 
vaaor cansado rompa. 

los fáciles laureles 
do nos brinda lisonjero 
su manto de oropeles 
I el coraxon primero. 

desatentado y loco 
acer las torpes huellas 
¡ilacer vale bien poco... 
las resbalaba en ellas. 

mdo en orgia estrepitosa 
opa levantaba 
la faz jugosa 
ligrima encontraba. 

lón de la caliente fiesta, 
la báquica armonía 
er la blanda siesta , 
is olmos me traía. 

su cantar la cortesana, 
I ta&er la dama impura 
núsict Tlllana 
W soledad mormon. 



Que allí la hermosa con mentidas flores 
La sien tocaba y el desnudo cuello , 
Sin pedir á sus cálices olores 
Con que aromar las hebrxis del cabello. 

Que allí los ruiseñores suspendidos 
Entre grillos y cárceles de oro 
Con el ronco tumulto ensordecidos 
No soltaban el cántico sonoro. 

Y el aire que aspirábamos pesado 
Nos abrasaba al aspirarle el pecho , 

Y el inmenso salón entapizado 
Érale al corazón pobre y estrecho. 

Y allí también cansado suspiraba 
\ Oh deleitable soledad campestre ! 
Por el sosiego y paz que en ti gozaba 
Bajo tu tosco pabellón silvestre. 

{ Oh que me place, soledad sabrosa. 
Del fresco soto y 'del sombrío ameno 
La tibia luz y el aura bulliciosa 
Que alumbra y riza tu enramado seno! 

Allí miraba mi infantil pupila 
En el íbndo de lóbrega lagun^ 
Cuál resbalaba en ilusión tranquila 
La turbia imagen de la blanca luna. 

Allí crecían las sonantes cafias, 
La verde juncia , y la amistosa yedra 
Do tejen campesinas las arañas 
Su estrecha red entre horadada piedra. 

Allí venia el silbador mosquito, 

Y en tanto que en los hilos se enredaba 
Acechábale oculta de hito en hito 

La cazadora ruin que le esperaba. 

Allí vía constante en su fatiga 
Ir y venir por la vereda usada 
A lentos pasos la afanosa hormiga 
Con la futura provisión cargada. 

Y allí en la rama que la noche fría 
Con niebla moja , y con el aura enjuga. 
Yo al sol del alba columpiarse via 

En baba frágil la vellosa oruga. 

Y allí también , sin fueros de jardines , 
Via huertos eon parras entoldados 

Do habia pabellones de jazmines 
De las paredes ásperas colgados. 

Y allí brotaban escondidas violas , 
Lirios azules, rosas purpurinas, 
Jacintos y sangrientas amapolas. 
Madreselva y fragantes clavellinas. 

Y sus líquidas trenzas derramando 
Cruzábale un arroyo , y amarillas 

El césped de la margen salpicando 
Le orlaban mil vistosas floredllas. 




86 



COMPOSfCIONÉS DIVERSAS. 



Y allí andnba 1n surlta mariposa 
Libre de flor en flor volando ufana , 
Su librea ostentando revoltosa 

De oro y de azul , de púrpura y de gratiá. 

Ya posaba en los altos mirabeles, 
Ya esquivaba al pasar las otras flores 
Avergonzando lirios y claveles 
Sus puros y magní fleos colores. 

Y arrastrando sú alcüzar en la espalda 
El perezoso caracol salia 

Del fresco sulco á la pintada bldá 
A bañarse eti el sol de medio día. 

Y sobfé algilifa fidl eminencia 
Estendiandb su cuerpo thisparente 
Tornaba A bendecir la Qmnlpbténda 
Los elásticos ojos ál oriente. 

Y alli zumbando la oüclosa dbeja 
Entre los frutos del Jardín opimos 

La blanca miel que en sus panales dejn 
Chupaba en los espléndidos racimos. 

¡Oh silencio ! \ oh paciflca retitura! 
¡Oh soledad del campo deleitosa 1 
En tí de la Inquietud de su lofcura 
El fatigado corazón reposa. 

¿Quién me tomara á la enramada ntnbría 
Donde ecos tuvo mi cantar primero P 
\ Acaso alegre el arpa sonaría 
Al blando son del ciéflro ligero ! 

Mas I ay ! que acaso en apartados cllÁas 
Por la Importuna suerte arrebatado 
He de cantar en lamentosas rlmaft 
La patria soledad que habré dejado. 

t A Dios 1 entonces, vehturosó katlé 
Donde libre nací , pero desntido , 
Cúbrate en paz el compasivo cielo 
En tanto que de lejos te saludo. 

¡ Salté 1 tMU colina y prado aitiéttb, 
Crespo collado , y valle , y soto uttibribj 
Donde de cuitas é Inquietud ajeho 
Libre vagaba el pensamiento mío. 

¡Salve! y las leves auras te murmuren » 

Y el sol te dé rlquisiinos colores, 

Y abundosa las lluvias te aseguren 
Tu cosecha de espigas y de flores. 



SONETO. 



Con el hlrvlcnte resoplido moja 
El ronco toro la tostada arena , 



tÁ vista en el gtnete alta y serení 
Ancho espacio buscando al asta i 

Su arranque* audaí A recibir se 
Pálida de valor la fas morena , 
É hlhctia eh la trente la robusta ' 
El picadoi*, á quien el tltíñpo ene 

Dnda la fiera, el eapañoHatta] 
Sacude el toro la enastada frente 
La tlerl^ escarba , sopla y despii 

Le obliga el hombre^ parte de i 

Y herido en la eerrfk i hú jde y I 

Y en grito universal rompe la ge 



A BLANCA. 



lOhlquemeplnei 
Cerca de mi tenerte 
Cuando la noche turMl 
Nuesti^os brindis alesras. 

Coando la luí se qsHM 
Trémula y trasparente 
De las colmadas colnt 
En ios cristales ténués; 



Cuando los ojos 

De luz avaros hletreili 

Y en cadfi It» Mu um 
Vaellan y ke hieren: 

1 81 vler^ cóind MIM 
Debajo dé tu flhente 
Ttís ojos de «sabaein» 

Y hogueras me paréMI 



lOh! qué Hte^lMüii, Miel! 
Debe, álnmmtá.beMí 

Y 61 itanfldb ^nt ttibrttM; 
Qtie ei fhütidb eft tari ittML 

Galga el eabdlo eü HW^ J 

Por los hombros de tilM 
Cual pabellón qhé táUtk 
Del rodo las sieMsi \''* 

fit cuello élñ céhAdél 
El autá máhtí (»m, 

Y el calor dé tii seno 
Vagando en toHid {tíájgA 

Y los (órheaM deiios 
Entre las copas liiégnen 
Como nifios siii Joldo 
Ni düe&a qué les félé. 




TERCERA ÍARTE. 



reabiertos labios 
ngua muestren 
» las palabras 

á traspieses. 

petuosarisa 
de repente 
dentadura 

1 voz ensefle. 

ligual latido 
tursente 
> pacho 
se estreneoe. 

rmoM estás, mi BÍaneal 
a mia , bebe , 
lo que murmure, 
indo ef on imbdiül; 

le hay ufaa (Ierra 
1 unas gentes 
I en las manos 
n la frente. 

solas Mi tregttá 
1 y acometa, 
lentos tthos 
M otros duermen. 

rdan las ciudades 
y ctmtiuentes^ 
ndo tinos mandan 
obedecen. 

s« Blanca mia» 
ndo siempre 
ttilds salgan 
MtfUá entretil 

a que han perdido 
sus mugares 
I tales manías 
aquellas gentes. 

s , Bbmca hermosa : , 
... ílasÁqué tienes? 
il cendal desd&es 
ira leve? 

é sobre la mano 

la frente.^ 

icores... 

sa, tú te duermes! 

, en los labios; 
tndo despierte 
beso en ellos 
estreche. 

hermosa Blanca t 
y quieta duerme 
irtas pfdhto 



Asi se goza , Blanca : 
Bebe, alma mía, bebe, 
Y el mundo que murmure. 
Que el mundo es un imbécil. 



ODA. 



Prestadme el dulce eihio^ 
Aves deltldley de laMTa tunMt» 

Y lerantad en tanto. 
Para arrullar mi ll^tÓ^ 
Frescas hojas , monotoíia aniunJia. 

Y tú , sonoro tiento, 
Tos alai de yapor lánguido raoeé, 

Y en blando movimiento 
Con faerfüihado aliéhtd 

Las ndja» y ks aguan estréttiMi. 

Porque estos mía cantares 
De Toeotroa no mas serán oidos , 
Que el duelo v los pesftres 
Solo en nuestros hogaftis 
Ser deben, ó étí loé bdaqUM, 1 

Que el mundo maklldeñto 
Murmura del que llora y del qjoié \ 
Del que placer no siente; 

Y el triste etemaiiiente 

Ha de artetra^ tantando ra 



Que es el mundo un tirano 
Í|ue solo da suplicios y agoñia, 

Y exije soberano 

Que llame el triste hdiinmo 
Imperio ^temal sü tiranía. 

é Mas qué vate que errante 

Y solo de ios ecos ateiíaldo 
Mis amarguras cante, 

Y el aire se levante 
Devorando kni cántico pMidof 

Aqui en la selva UttibfóUi 
¿No cantan á la pdr los túWAckút 
¿no susiirt-a arthohiosá 
El agua bulliciosa , 

Y lea escuchan Us atentas llorsif 

Y el céfiro ligero 
Cuando el rocío de su bóS(tüé dHla 
¿No suena lisonjero , 

Y en murmullo hechicero 

Las yerbas y los árboles mtoneaP 

¡Maldita mi locura! 
¿No valdrá mas cantar cual ( 
Que acrecer inl amargota 




88 



COMPOSICIONES DITERSAS. 



Mientras en la espesura 

Tan alegres rumores se levantan? 

{ Oh ! Ten , arpa sonora ; 

Y rompe loca en himnos bulliciosos , 
Cantando seductora 
Al son que bullo ahora 
De arroyos y de vientos sonorosos. 

Pues que es breve la vida , 

Y es el mundo no mas pompa liviana, 

Y al fin la tierra hendida 
Su farsa concluida 
Sepulcro universal será mañana; 

Cantaré descuidado 
Lo inútil de esta misera existencia, 
Ya el cielo esté nublado, 
Ya en calma y sosegado , 
Ya el huracán reviente con violencia. 

Porque en verdad , ¿qué Importa 
El mundanal orgullo y la ventura 
De esta vida tan corta , 
Si en igual (In aborta 
Tocando en fin igual nuestra locura? 

¿ De qué sirvió al valiente 
Alejandro ser rey en Macedonla, 

Y avasallar la gente , 

Y pretender demente 
Ser adorado un Dios en Babilonia; 

SI por estraño modo , 
Sin poder apurar el hondo \i 
Dio el aliento beodo , '^ 

Y dio por fln de todo 

Desde su fiesta á su sepulcro un paso? 

¿ De qué sirvió la gloria 
Cantar de Grecia al inmortal Homero, 

Y á su nombre en la historia 
Dejar alta memoria , 

Si Grecia Ingrata le olvidó primero? 

¿ De qué sirvió á Rodrigo 
La hermosa Caba , el cetro de los godos , 
SI huyendo al enemigo 
Dichas y amor consigo 
Perdió el monarca y se perdieron todos? 

¿ De qué sirve á Cervantes 
Que esas estatuas hoy le levantemos 
De los años triunfantes, 
Si sus libros gigantes 
A sola su miseria le debemos? 

ó Qué sirven esos mudos 
Buslos dorados de los muertos reyes , 
Sus palacios y escudos , 
Si BUS pueblos desnudos 
Ignoran por inútiles sus leyes? 



tioni 
ras^ 



¿Qué sirve á las naciones 
Que sus pueblos se Inmolen y < 
Al pié de sus pendones , 
Si sus nobles legiones 
Han de morir al fln si no se mal 

¿Qué salvó la altanera , 
La grande Roma , de su pompa 

Y su beldad primera... 
Esa vieja ramera 

Cuyo esqueleto duerme sábre n 

¿Y qué han salvado apcnu 
De tal desorden y iamafio estnj 
Las de riqueza llenas 
Tiro, Palmlra, Atenas, 
Tebas , Corlnto , Menfia y Carta 

\ Escombros y memofias... ! 
Humo de aromas , tumba de til 
Que manchan las hlstoriu, 
Dando en cifras mortuorias 
Polvo á la tierra , caaaálotgni 

Y si esto solo resta , 
Si esto por fln de nuestro abn i 
Tonos , arpa , me apreata , 
Que quiero en muelle aletta 
Reir cantando vanidad taa loca. 

Aquí á mis pies reabala 
Claro , Inquieto y sonoro man 
Que la arenilla cala , 

Y su margen iguala 

Entre las flores con qae borda c 

Los sauces de su orilla 
Le dan manso murmullo y gntai 

Y la caña amarilla 

La alta cerviz le humilla 
Dándole al paso pabellón y aUba 

Y le saltan trinando 
Pardos mirios y rojoa cdloriMS, 

Y en su césped posando 
Las palomas pasando 

Le beben, y le pican los Jaunlna 

Junto al agua sonora 
De ese arroyuelo que en mia Ttti 
Cantar me place ahora, 

Y quédense en buen hora 

Con sus historias Menfia y Corinix 

¿ Qué importa que mi nombre 
Legue á mi gente con Imldon ó fi 
En la mansión del hombre , 

Y al universo asombre , 

Si á mi la muerte á concluir me U 

Cantar tranquilo quiero 
MI volup^iosa 7 liogvida 




T£RC£RA PARTE. 



ierdo.nt espero; 

Dte altanero 

de su patria y su grandeza. 

iimismo cantaron 

mero y Cervantes , y murieron , 

eblos amaron , 

ibios que honraron 

>9 en vida no quisieron. 

la vida un camino 

la ni flp , coto ni valla , 

do y sin tino 

lira el peregrino 

Iguna ó placer, eso se halla. 

Ituas algún dia 

á Homero y á Cervantes quiero, 

1 la patria mia 

tan impía 

rvantet lloraré y Homero. 

plaxo cumplido 

sta vida y tierra se abandona 

iso de olvido 

ro escondido 

rva tal ves hna corona, 

liará nri gente 

>ulero al enoootrar mi nombre ; 
irá Insolente 
eaó «n U frente 
quimérico del hombre. 

tranquilo quiero 

ucea y lánguida peresa, 

lerdo ni espero , 

ite altanero 

cs de fu patria y su grandesa. 

1 agua sonora 

■oyuelo que en mis versos pinto 

e place ahora, 

se en buen hora 

listorlas Menfis y Corinto. 



írgen del arroto. 



dulce es ver muellemente 
Amo á la fresca sombra 

Descansando, 
vjQ trasparente 
por la verde alfombra 

Murmurando ! 

ómo la yeflM blanda 
táigea se le inclina, 
Yeómocrc } 



• •¥*«:. 



De violas morada banda 
Que la linfa cristalina 

Salpica y mece. 

Los Junco* de las riberas 
En hai espeso apiñados * 

Se le encorvan , 

Y las raices someras 
Evita par ambos lados 

Si le estorban. 

Insectos de mil colores 
Con mil susurros campestre! 
Le dan ruido , 

Y en vez de cuidadas Dores 
Rueda entre lirios süvestrea 

Escondido. 

Y no han de envidiar sos olas 
De cortesanos jardines 

La hermosura, 
Porque i cientos amapolas 
Jacintos brota y Jazmines 

Su frescura. 

Ni han de envidiar á los ríos 
Los alcázares y puentes 

Que sustentan , 
Porque esos monstruos sombríos 
Mas que coronar sus frentes 

Las afrentan. 

Ni á las fuentes y cascadu 
Sus tazu de Jaspe y oro , 
Ni sus rocas , 
Aunque se vierten hinchadas 
En estrépido sonoro 

Por cien boeas. 

Que ambas le cercan orillas 
Entre agudas espadañas 
Cortadoras, 
Esponjadas y amarlUaf 
Altas y sonantes cañas 
Cimbradoras. 

Ni ha de envidiar é los mares 
De buques la escelsa pompa 

Y griteHa , 
NI sus altos alminares. 
Ni de su bélica trompa 
La voz impía. 

Porque tiene en un remanso 
Sauces y olmos corpulentos 

Encopados , 
Que le hacen murmullo manso 
Al suspirar de los vientos 

Perfumados. 

Y en vez de roncos clarines 
Colompia trinando amores 

Laanohacopa 




90 



GOMPOSláOnES DIVERSAS. 



De mirlos y colorines 

Y vistosos ruiseñores, 

Pintada tropa. 

¡Oh dulce es ver muellemente 
De un olmo á la fresca sombra 

Descansando, 
Un arroyo trasparente 
Que va por la terde alfombra 

Murmurando ! 

¡Oh qué es dulce contemplar 
El agua los plés venir 
A lamer t 

Y susurrando pasar^ 

Y al intentarla seguir 

La perder! 

Y aquel bullir sin sosiego ^ 

Y aquel seguir siempre Igual 

Su camino; 

Y aquel trasparente juegd 
Que hace el voluble cristal 

Tan contino. 

Y aquellas mil piedrezuelas 
Que se arrastran y se empujan i 

Y se acosan , 

Y aquellas redes y telas 
Que en las arenas dibujan 

Do se posan. 

Y aquellas cintas de plata 
Que en el perfil de las ondas 

Finge el sol , 
Donde entre gotas redondas 
Duplica , aviva y retrata 

Su tornasol. 

Y aquella colgada oruga 
Que en hilos imperceptibles 

Baja á veilas , 

Y al tocarlas las arruga , 

Y al sentirlas tan movibles 

Huye de ellas. 

Y aquel Insecto que nada 
Medio mosca y medio pes 

Sobro alguna , 
Siempre en la misma jomada » 

Y el paso mas cada vea 

Se importuna. 

Siempre en el mismo lugar 
En su afán sin concluir 

Noche y día, 
La oruga siempre en hilar, 
Siempre el insecto en seguir 

Su porfía. 

Y aquel entorpecimiento 
En que gotan los sentidos 

Viendo tal , 



Que duda el entendimiento 
Si duermen al si'tn mecidos 
Del cristal. 

¡Oh dulce es ver muelleme 
t)é un olmo á la fresca sombn 

Descansando , 
Un arroyo trasparente 
Que va por lá verde alfombra 

MiinnnrAtiAbl 



¡ Arroyó, es muy tiiilt 
t'ensar Junto á ti 
Que asi van las vlllat 
Rodando á snfinl 
Hoy tiende en tn loAigÉi 
Sus flores abril , 
Tus ondas parfluan 
El lirio y Jaxmln , 
Su sombra te prtttiil 
tüd arboles ttül , 
Te canta armtftUMio 
Su amor desde alli 
Bebiendo tus aglial 
Libre el colorín i 
Te arrulla aonoct 
La caña gentil» 
Tu orilla es un flriHi 
Y.ameno Jardín 
Que el sol torneadla 
De el alto cétalt... 
Péhiifly! j qot! ei fatUy MI 
Pensar Juntb á ti 

«ue asi van M ÜáMi 
bdahdoásuflttf 
¡Arroyo, asi Tira 
Los que han de OMtli 
Gozando embrUgMil 
EltiempofeUil 
Vendrá julio ardtail 
Tu pompa A estlngiilr, 

Y á Impulao 4m «ntto. 
Veneno sutil 
Secarán tm UilQi 

Su tallo y rali p 
Perderá ta yeAt 
Su verde turquí , 
1^ rojas violeUs 
Su aroma y matli. 
Iráse estrecband» 
Tu manso perfil , 
Tuscañasyjunooi 
Vendrán á rendir 
Encima tus aguas 
LaseeacervlSy 

Y al fin tu eorrtadla 
En hUo ádtH 




itliCEliÁ PAUTE. 



«i 



arena 
luir... 

. que e8 trUte 
tí, 

) vidaf 
flnl 



corriendo 
calle 
ira, 

in abriendo 
valle 
1. 

)aftai)do 

e sus flores 

a, 

resbalando 

primores 

ra. 

I mas 
del TerAüb 

» 

n el llano» 

(crás 

rivo. 

Jatmihes, 
eltas eailas^ 
las, 
lorlnes 
strafias 
oias; 

niendo días 

ina fortuna 

gual, 

mdasfrtes, 

laguna 

I. 

ipre has de 
BaUbmbra 
ndo, 
la correr 



ido. 



AO hi GftiMlBl 
£L CHICO: 



la, opulenta, 
1 mediodía, 



Con recia pompa y magestad se asienta 
En medio la feraz Andalucía. 

Y allí vierte su lumbre el sol de Espite 
En hebras de purísimos colores , 

Y brotan al calor con que la baña 
En vasta profusión frutos y horeé. 

Allí el aura sutil espira aromai j 

Y la estremecen sobre cien jardines 
Bandadas de dulcísimas palomas, 

Y pintado tropel de colorines. 

El Darro y el Genll con turblai Ólál 
En su verde llanura se derraman ( 

Y á su confln en playas españolas 
Del revoltoso mar las ondas bramÉn. 

Mofo son sus alcázares del viento, 
Fatiga de los faSios sus hiémorlAs, 
Su grandeza y tesoros Süh sin cuMM; 

Y no se encuentra fin á áüs historial. 

Allí es el cielo azul, y trasparente, 
Fresca ía brisa , amiga la fortuna, 
Fértil la tierra , y brilla eternamenie 
Sereno el rojo sol , blanca la luna. 

Y afttnta de las tierras mas remotas 
Vénse allí como en otro paraíso 

Los pomposos laureles del Eilrotai 

Y los húniedos tilos del Pamlso. 

Crecen alli las palmas del desierto, 
De Cartago los frescos arrayanes , 
Las ca&as del Jordán en son incierto 
Arrull&tí de Stambul los tulipanes. 

Y entre pajizas y preñadas tnlMél 
Las vides de Falenio alli te orean , 

Y los de Jerlcó müstlbi dpresel 
Con los cedros del Líbano cimbrean. 

Y hay allí robustísimos nogales, 
Lúgubres sauces, altos mirabeles, 

Y olivos y granados y morales 
Ceñidos de jacintos y claveles. 

El zumo de «us vides deliciosas 
Tal vez la alegre Italia envidiarla, 

Y por sus anchas y fragantes rosas 
Sifs rosas la trocara Alejandría. 

El jaspe, d oro, el mármol , los cristales 
Se ostentan eñ su espléndido recinto^ 

Y ansiaran sus recuerdos orientales 
Los escombros de Atenas y CorintOé 



Y no la Iguala en lujo y en riqu 
La voluptuosa pompa del oriente, 
Que entre flores y lánguida pereza 
Vive tranquila su atezada gente. 




92 



COMPOSIClOIfES DITERSilS. 



Unos hombres de orleDte la robtron 
Para asentar en ella su morada : 
Los hombres á quien de ella despojaron 
UoraroD siete siglos su Granada. 

Y era un tiempo de guerras y de amores 
En que el compás de berberisca zambra 

Y el son de los clarines y atambores 
Estremecían á la par la Alhambra. 

Y era un rey esquisito en sus placeres, 

Y un pud>lo en su molicie adormecido, 
Que gozaba en su pax nuestras mugeres 
EsdaTixando al padre y al marido. 

Y era también el término llegado 
Del brto y del poder de aquella gente , 

Y al postrimero rey habla tocado 
El sitial de las razas del oriente. 

La hora fatal á la morisca luna 
Los sabios en su horóscopo leyeron, 

Y tal vez mereció mejor fortuna 
De la que sus horóscopos le dieron. 

lAy Boabdil! ler.^ntate y despierta, 
Apresta tu bridón y tu cuchilla , 
Porque mañana llamará á tu puerta 
Con la voz de un ejército Castilla. 

Mañana de su mengua avergonzados 
Te cercarán los tigres españoles; 

Y echarán sobre tí desesperados 
De siete siglos los sangrientos soles. 



n. 



» « ¿ Qué quieren esos cristianos 
A las puertas de la villa P 
¿ Qué buscan esos villanos 
Que traen á su rey ufanos 
Tras el pendón de Castilla? 

» ¿No son reyes en su tierra? 
i Por qué pasan esa sierra 
Talando el solar ajeno ? 
¿No les basta su terreno 
Para sus fiestas de guerra ? 

* ¿ Por qué en confusión estrafia 
Levantan en esos cerros 
Tantas tiendas de campaña? j 
¿ Por qué ladran esos perros 
A los pies de esa montaña? 

» Si sus padres espiraron, 
Y á su muerte les dejaron 
En desastres tan prolijos, 
¿ Por qué no se contentaron 
Como los padres los hijos? 

» Frente á sus tiendas reales 
Que brülen altas y ufanas 
En las torres principales 



Las ensd^s orloitales 
Y las lunas otomanas. 

»¡Aljirroa! ¡al campo! 
Las marlotas y alquiceles 
Por ameses de lidiar. 
Los ginetes i aprestar 
Los caballos y broqudes. 

» La sed de sángreme Ir 
Que doblen los atambores; 
Que cierren en la naeMpiiti 
Esa multitud que gjrtta 
En rejas y miradores. 

» Los fuegos prontos ertá 
Las calles libres taDabicn, 
Los hombres á la moialla, 
Las nmgeres al barem.^ 
i Paso y silencio, canallal i 

Tal Jíujía (1) prorampeí 
Ante la puerta de Elvira 
Entre el tumulto apiñado 
Del pueblo que eonsimad 
Al campo eristlano mba* 

¡Ay! él es solo el vaUeBt 
Con corazón en Granidi; 
Él solo lleva Insolente 
A la recia lid sn gente 
Que se toma deatvpnda. 

Solo la esperaua altonH 
De su humillada nadoo, 
Solo lidia y se ettsan^rteBls 
Abriéndose sin afirenta 
Una tumba de Taroo* 

Mas con ojos avarlenlos 
En redor de sa caballo 
Sus soldados madlentss 
Le están demandando bod 
Hasta el pan desu aenalle. 

Y con elllanfo i les «liss 
En desmayado tropel 
Su pueblo puesto de 
Llora los yertos desojes 
De los que Udln por dL 



(i}CI«f«S«taettentria 
pnet de bab^rit opMtto mm l*ái 
•Btrtfa d« M éaitetoft elaSai S 
nli6 S«s»«d»do ét «na 
DOMt ■•• pti'Mló. 

DlMM qM •!■ im^ttnr la 
DoD FerBiBdo y rt r«y Ckta*« 
btileroü CTftitoBu m hi «rllii M 
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hvBdir «Q It 
MriMnadoá 



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;r 



•sastMSiiilii 




nRCtBik PARTE. 



de los valientes ! 
n tu despecho 
lentes 
US gentes 
tu pecho; 

Muos gigantes 
á su fin 
sos antes 
tes 
ilAlhaleln? 

I triste BoabdU 
le acorra 
¡IGenil, 
'de xorra 
un redil? 

empinada sierra 
1 gloria 
$s de guerra 
victoria 
a tierra? 

Dna usurpada 
I no supo...! 
)mada, 
ora menguada 
) te cupo. 

\ te ayudaron 
lejor, 
quedaron 
llamaron 
y traidor. 

que te dieron 
preseas, 
perdieron 
jeron : 
laidito seas ! — 

9 señores 
vencedores 
ofrendas 
le dolores 
en sus tiendas. 

1 ¿qué ha de esperar 
1 vencido 
I y pesar? 
la ha de dar 
que ha caldo ? 

rres orientales 
o insolentes 
iguales 
«eorrientes 
•perales; 

iBltteriosas 
riin objeto 
Aettentoeas, 



De crónicas amorosas 
Guardan el dulce secreto ; 

Y esos anchos sicómoros 

Y esos arroyos sonoros 

Que tienen marcas y nombres , 
Que no entendemos los hoinbres 

Y que comprendéis los moros; 

Las tortuosas galerías 
Que se derraman sondarías 
Por ese fresco recinto 
En faz de intrincadas vías 
De confuso laberinto ; 

Y esos mágicos retretes, 

Y esos hondos gabinetes 
Donde el ánima adormida 
Pasó gozando la vida 

Al vapor de los pebetes; 

Con ojos desvanecidos 
Los cristianos gozaran 
En conjeturas perdidos , 
Sin pensar en los vencidos 
Que lo que ignoran sabrán. 

Y los secretos de amor 
De esos alcázares bellos 

No tendrán {ay! mas valor 
Ni mas nombre para ellos 
Que el hotin del vencedor. 

Llora , rey, llora sin duelo ; 
Desespérate , Doabdll , 

Y ven en tu desconsuelo 
A espirar bajo este cielo 
Que flota sobre el Genil. 

Que á elejlr entre acabar 

Y sufrir la ajena ley, 
¡Vive Dios I que era acertar 
Gomo hombre, á la lid bajar 
Para morir como rey. 

lU. 

Asi estaba escrito. 
Monarca infeliz. 
Que fuese tu raza 
Contigo á su fin. 
Asi estaba escrito 
Que libre el Genll 
Gorriera entre flores 
Muy lejos de ti. 
Por eso fué un dia 
Forzoso salir 
En lúgubre pompa 

Y en gesto servil 
Tu cetro y tu fuña 
Vencido á rendir. 

Y allá se quedaron 




COMPOSiaONES NTIB84S. 



Para otro adalid 

Tu espléndido alcázar, 

Tu fresco Jardín. 

Y allá se quedaron 
I Ay triste Boalidil 1 

Tu muerto por siempre 
Falai porvenir, 
De- blanca esperanu 
Tu sueño febril , 
Que fué como el humo 
Al viento á morir. 

Y allsí se quedaron 
Tu Alhambra gentil , 
Tus altas techumbres 
De azul y turquí , 
Tus ricas alfombras 
De gualda y carmín , 
Tus pájaros presos 
En Jaula sutil , 

Tus fuentes sonoras 
Que en fresco bullir 
Con música blanda 
Murmuran allí. 

Y allá se quedaron 
Cual juego infantil , 
Cual copas rompidas 
Después del festín , 
Tus lechos clavados 
De cedro y marfil. 
Tus baños que eihalan 
Clavel y alelí , 

Bosa y azucena 

Y azahar y Jazmín. 

Y allá se quedaron 
i Ay triste de tí \ 
Las cifras y motes 
Que en tiepipo feliz 
Mandaste en los murpí 
Con oro escribir, 
Pensando que el tlempQ 
Que corre sin fin 
Querría en tu Alhambra 
Dejarte vivir. 

Y allá se quedaron 
Sin fruto, ni fin; 
Que rotas y mudas 
Son hoy solo allí 
Cual fleco postizo 
Que afea un tapiz , 

Y nada nos pueden 
Valer ni decir. 

i Oh si un solo instante 
Volvieras tú aquí , 
Si un punto tornaras , 
Vencido Boabdil... 
I Tú sí que leyeras 
Con ansia, tú si! 
I Tú si que gozaras 



Con caUn» pueril, 
Aunque todo un puel 
Volviera tras ti! 
\ Mas ya solo resta 
Llorarlo y sufrir, 
Que asi estaba escrltt 
V eúmplese asi 1 

Mas ya que noe toi 
La espalda , sdtor, 
Camina despacio 
Mi^tras c|ura rt aoL 
Biecpje las riendaí 
A suelto bridón t 
Trasdeesfroolliut 
No hay lux ni color, 
No hay cielo ni vida 
Tras esepcjion. 
I Camln^ iQipaclo, 
Despacio, por Dice! 

A verse aun akan 
Granada , se&or. 
Tras esa colina, 
Mas lejos... ¡ya no I 
I Al fin la abandonai 
A fuerza piayor I 
¡ Al fin te la amnci 
Con mengua y bald( 
Tu perla mas rica, 
Tu joya mejor! 
¡Oh! vuelve por eOi 
Que aun tarde no ei 
Azuza tu ardiente 
Caballo vdoz , 
Fulminad allaiije» 
Apresta el lanion. 
Acosa á tu gente 
Con brazo y con toi 
I Ah ! I y muera In c 
Postrer escuadrón 
Con raUa á lo onm 
Sinooon valor 1 
¡Ohl vuelve úQffli 
Tu cara manalon. 
No llor^ huyendo 
Cobarde ó traidor. 
Y si al fin nq qaím 
Lavar tu baldón, 
S Camina despacio, 
Despacio, por Dioel 
Que ai aun la eonta 
Masl^oa... i ya no I 
Granada aa pierdSp 
YaTcaereaeaol 
La vei poatrtBMn 
Verasla, «eOor. 

I Camina deipaalo, 
Des^idOpporblQi] 




TBBCnU ViRTfi. 



ra , señor, espera 
I momento á llorarla, 
instante á mirarla 
íi cerro del Padul... 
in hermosa «e ostenUí 
timos reflejos 
fue brilla á lo lejos 
i atmósfera azul! 

a , señor, espera , 
lia puestos de hinojos 
\M los turbios ojos 
cirla un ¡ñ Diosl 
pía que es nuestra patria, 

dulce paraíso... 

el Profeta no quiso 
imoala cao m. 

stÁ. ¡ Patria querida I 
(olientes te dejamos I 
, patria, que volvamos 
» anos pasarán ! 
n la opuesta ribera 
Dar que nos divida, 
' la amar^ vida 
i se tomarán ! 

do errantes y perdidos 
letierto va^'uemos 

• alan adormiremos 
lo, patria, de ti, 
jos que nos nazcan 
r^n en su memoria 

jsU y sangrienta historia 
lue fuimos aquí. 

jos mios , les diremos , 
00 de nosotros 
lejos ! viven otros 
nada , en un Edcn. 
tuvimos un tiempo 
pueblos y vasallos, 
«9, y caballos, 
as, cañas y harén 1 

i placer es la vida, 

* luce en calma el cielo, 
i ha> florez» en el suelo 
ambiente a/ahar. 

por dicha algún dia 
anzas y corceles... 
d vuestros bajeles 
líos á la mar. 

8 muchos y valientes 
B la opuesta orilla , 
«rrad contra Castilla 
rrastrar su pendón t 



No dejéis en nnestra Alhambra 
Uno de esos castellanos ; 
¡Arrancadles con las manos 
Los ojos y el corazón ! — 

Tal diremos , cara patria. 
Nosotros á nuestros hijos 
Cuando dii^os tan prolijos 
Escuchándonos estén 
En el desierto, á la sombra 
Del fardo de los camellos... 

Y tal se lo dirán ellos 

A nuestros nietos también. 

Nosotros ya , pobres viejos , 
En el umbral de la vida 
Tan solo una despedida 
Podremos darte , no mas. 
¡ Las manos te tenderemos 
A bendecirte llorando 
Como quicp va caminando 
Volviendo el rostro hacia atrás 1 

¡ Y si huyendo de noviembre 
Las arrecidas neblinas 
Vemos á las golondrinas 
De nuestra patria volver, 
Al dintel de nuestras tiendas 
A saludarlas saldremos. 

Y de gozo lloraremos 
Mientras se alcancen á ver...l 

Se^or, besad esa tierra , 
Ond an punto y partamos , 
¡ O tornemoa y muramos 
De una vez junto al Genil...! 
\ Tenéis razop ! partid presto 
Antes que ondee en Granada 
La cristiana cruz clavada 
Sobre el trono de Boabdll. 

Mas { ay ! ¡ya es tarde 1 que 
La cóncava artillería 

Y el humo escurece el dia 

Y roba á la tierra el sol. 

¡ Huid , sin tornar los ojos , 
No os detenga la fatiga. 
Que 08 es la tierra enemiga 
En vuestro suelo español ! 

Que no oigan vuestros oidos 
Ese triunfal campaneo , 
Ese estruendo y clamoreo 
Que á vuestra espalda dejais. 
¡ Huid , sin contar los pasos 
Que vais prófugos haciendo , 
{ Ay ! y aunque lloréis huyendo, 
Desdichados , no volváis 1 

¡Huid presto, huid proscrllM 
De vuestra patria perdida I 




9C 



COMPOSICIONES DIVERSAS. 



Y al dariftk despedida 
Desde el alto del Padal , 
Qae se pierdan ú lo lejos 
Los contomos vacilantes 
De vuestros blancos turbantes 
Entre la atmósfera azul. 

Huye» Boabdil , aunque llores 
El rigor de tu fortuna : 
Basta la luí de la luna 
Para quejarse y huir i 
Traspon la tierra y los mares. 
No tu desdicha te asond>re , 
Que nunca le falta al hombre 
Madre tierra en que morir. 

Huye, y si ai pasar huyendo 
Tu camino te embaraza 
En torvo tropel tu raza 
Cercándote con afán , 
Cuando ansiosos te pregunten 
Por los bravos que lidiaron , 
i Ay 1 diles : — ¡ Allá quedaron 1 
¡Mo esperéis, que no vendrán! — 



V. 



Hoye , rey infeliz , y huyendo borra 
De tu camino la cansada huella : 
Huye do el agua del Genii no corra, 
m tu roja ciudad refleje en ella ; 
Donde fortuna mas ied te acorra ; 
Donde no alumbre tan fatal tu estrella; 
Donde fieras las huestes castellanas 
Mo degüellen las razas africanas. 

Huye el brillante sol de Andalucía, 
El voluptuoso aroma de sus flores. 
La sonora y dulcísima armonía 
De sus libras y amantes ruiseñores, 
Loa amenos Jardines do algún dia 
Gosaste en soledad blandos amores 
De sus frescos arroyos al murmullo , 
De sus palomas al sentido arrullo. 

Tal vez haya otra tierra mas serena 
Do al fin te presten cari&oso asilo, 
Donde aunque errante y á merced ajena 
Treguas te dé tu corazón tranquilo; 
Donde en ignota soledad amena 
Crezca de tu existencia el frágil hilo, 

Y el blando son de la campestre zambra 
No te recuerde tu pérdida Alhambnu 

Mas ¡ ay 1 que á cada punto mas tenaces 
Los duelos sobre tí atropcilaron , 

Y fué en vano esperar ; que en vano audaces 
En Granada tus árabes lidiaron , 

Que tua cansadas y sangrienUs haces 
En la vega sin honra se quedaron , 



Y allá yacen sin tumba ni laurele 
Cegríes, Bencernges, y Gómeles. 

Y ancho sepulcro á tu cadáver 
Del Cuatis ved las turbulentas olí 

Y esas aguas , Boabdil , que te so 
No azotan nunca playas eapaüolas 

Y ni aun sin rumbo por su foz he 
Nuestras rojas y sueltas banderoL 
No esperes á su margen olvidada 
Nuevas oir de tu gentil Granada. 

Duerme, rey sin vasallos bI eon 
Fantástica irrisión de la fortuna, 
A quien ni amigo ni enemigo aboi 
Ni cruz triunfante ni vencida luna 
Ya que así el cielo contra ti se en 
Esa estrella fatal sufre Importuna 
Pues quisiste, mal rey, vasallo bu 
Perder lo tuyo y deÜRider lo i^feno 



Duerme si aun guai apenai 
Un sepulcro en que donnlr; 
Si esas húmedas arenas 
Te prestan aUnohadas buenas 
Para el sueño del morir. 

Duerme en paz, y ai velandi 
Estás por tu estrella aun, 
Consuélate , rey, pensando 
Que nos es vivir llorando 
Una maldición comiin. 

Duerme , y dente dctailiaAi 
Grato murmullo si velas 
Los pasos atropellados 
De los pies acelerados 
De las errantes gacelas. 

Y en vez de las fonenrtas 
Roncas preces de los muertos, 
Arrúllente solitarias 

Con sus salvajes plegarias 
Las aves de los desiertos. 

Y si á ti tienden cercanM 
Sus sombras árboles bellos. 
Bajo sos hojas livlanu 
Respiren las carabanas 

Y descansen sus camdlos. 

Mas que en tu huesa tu 
No lean los de tu ley, 
No les humille y asombre 
Que si supiste ser hombn 
No aicanzutes á ser rey. 




TERÚEIU rART£. 



f7 



EL VELO. 

[XIÓN DE TlCTOa BCGO. 



)cko Mía lardé ondoa . 

SlAKtP 



LA HERMAÜA. 

eis , hermanos míos? 
raéis sombrios 
s funerales...! 
á los dobleces 
do tre.<í voces 
le los puñales! 

L HEaHAüO HATOR. 

tus velos virginales? 

LA HERHA5A. 

a al medio dia... 
leí baño volvía 
nquin cubierto , 
i sofocaba, 
[ue pasaba 
habrá descubierto. 

EL SEGUNDO. 

hombre con caftán , ¿ es cierto? 

LA HERMANA. 

•2... un solo instante, 
punto el semblante... 
...? ¿qué pude liacor? 

1 secreto... hermanos! 
drials vuestras manos 
!>il muger ! 

EL TERCERO. 

o estaba el sol hoy al caer ! 

LA HERMANA. 

pcrdonl— ¡Oh! cqné he hecho? 
ewarrais el pecho, 
lermano? , hice mal...? 
le... hermanos mios...! 
ti los ojos frios... 
un velo funeral ! 

EL Cl'ARTO. 

DO alzarás ese cendal ! 



DAD DE LA VIDA. 



FANTASU. 

de Orgia y de locura , 
de vértigo infernal 



En que embriagados de fiídaí Tentón 
Tras el placer volamos mundanal. 

Uno de aquellos vergoniosos días 
En que henchidos de vida y Juventud 
Buscamos entre locas teorías 
La vanidad y el polvo en la virtud. 

Uno de aquellos dias en que ansloaoa 
Despertamos de crápula y de amor, 

Y manchamos los dias mas hermosos 
De nuestra vida y nuestra edad mejor. 

El sol estaba espléndido y sereno , 
El aura mansa, diáfana y azul, 
La luz doraba nuestro huerto ameno 
Con tornasoles de flotante tul. 

Posábanse las sueltas mariposas 
De flor en flor con revoltoso afán , 
Ya en la mas ancha de las frescas rosas , 
Ya en el mas esponjado tulipán. 

La brisa murmuraba en las acacias , 
Tomábase al oriente el girasol , 

Y las violetas se doblaban lacias 
Cual vergonzosas ante el rojo sol. 

Alguna nube blanca y trasparente 
Por la serena atmósfera al cruzar 
Tiñendo los objetos suavemente 
Veníase en la yerba á dibujar. 

Y en pos las aves de frescura y sombra 
Salpicaban en varia confusión 

Del blando césped la mullida alfombra , 
Del olmo verde el ancho pabellón. 

Víanse allí las amarlllat pomas 
Las enramadas débiles vencer, 

Y á su sombra bajaban las palomas 
En el arroyo límpido á beber. 

Y allí estendlendo las pomposas pininas 
Le cubrían en candido tropel , 

(>>mo si fueran trémulas espumas 
Que hubiesen lecho y nacimiento en ñ. 

Nosotros apurando los placeres 
Guarecidos de oculto cenador, 
Buscábamos la vida en las mugeres , 
La gloria y la fortuna en d amor. 

Oíanse en tumulto desde fuera 
I/w brindis de la libre Itacanal , 

Y el rumor de una báquica quimera , 

Y el crujido del beso criminal. 

Yo bebía el amor hasta apurarle 
De unos impuros labios de carmia , 
Que me enseñaron ¡ay ! á desearle, 

Y me le hicieron detestar al fln. 

Dentro mi mente sin cesar bullían 
Fantasmas que al pasar con rapidez 




9S 



COMPOSlCICKfES DITERSAS. 



Ya lloraban , danzaban ó reian , 
Como ilusión febril de la embriaguez. 

Mis amitfOfl rdan y rnntnbnn 
En lúbrico desórdtín junto á mi, 
Y sin tregua ios brindis resouciban... 
Todo sin tiempo y sin raron ulii. 

Y entra el murmullo de 1n (losta impura. 
Los licores , los critos y el vapcir. 
Alzábamos á impúdira luTmosura 
Himnos ardientes do encendiilo amor. 

Entre insolentes ebrias carcajadas 
Blasfemamos tal vez do Jobová. 
« ¡Virtud! dijimos : ¡fábulas soñadas...! 
» Ahora el Dios que aterra ,: ailóiulc está ? 

» ¿Adonde está la sombra d<í su dedo 
» Que escribe una sentencia en la pared? 
» ¡ Creaciones fantásticas del miedo... ! 
» Bebed , amigos , sin pesar })ebed ! » 



Vino la noche , y al salir can.(^dos 
Hartos ya de beber y (!♦• gozar, 
Una campana en uol[>es compasados 
Cerca sentimos con pavor doblar. 

Era un templo alumbrado en su repoao 
De diez blandones á la roja luz , 
Que Telaban en circulo nie4lroso 
El secreto fatal de un atabud. 

Quedaba en nuestra mente todavía 
El rastro de la infame bacanal , 

Y mal entre sus nieblas comprendía 
La silenciosa paz de un funeral. 

Las lúgubres salmodias empezaron, 
El pueblo reverente se postn'i ; 
Cuando con pas al muerto conjuraron 
El nombre del (¡ue fue nos aterró. 

En vano los sentidos se em]iehuban 
En mentimos un siieíio valadí; 
Los i)landoncs el circulo cerraban , 

Y una hermosura descansaba allí. 

¡ Y era hechicera, y lánguida, y liviana, 
La envidia de un salón érase ayer, 

Y á pesar de su ])ompa cortesana 
Hoy hediondo c^idáver pudo ser ! 

Faltónos ¡ay I la voz con el aliento : 
Temblónos el cobarde corazón ; 
Ciertos los ojos y el oido atento 
Nos dijimos al Qn : « No es ilusión ! >» 

!AUí estaba la sombra de ese dedo 
Que escribe una sentencia en la pared...! 
¡ Y era fiesta también,,. ! llegad sin miedo , 
Cantad, amigos , sin pesar bebed. 



TENACIDAD. 



Serrana, ve si ha de ser. 
Porque yo te he de esperar 
En la fuente sin ceder; 

Y ó no tienes de beber, 
O te tango de encontrar. 

Y que me canse no agualdo 
Que nada esperar me importa 
Noches , mañanas y tardes; 
Toda una vida que tardes 
Será esperándote corta. 

Y á mas , serrana , hay aquí 
Sitio tan fresco y tan blando, 
Que tengo yo para mi 

Que anhelo tardanza en tí 
Por solo estarte asnardando. 

Aquí las a^uas sonoras 
Rodando en la yerba van, 

Y aquí las aves canoras 
Del l)osqup. alegres cantofii 
Música dulce me dan. 

Aquí las flores campestiei 
Me dan los blandas perfümei 
De sus cálices silvestres , 

Y gozo en que no te mnestreí 
Muclio mas q[ue tú presooMS. 

Pues si al fin has de salir 
Altiva , asaz y enojada, 
Tarda , serrana, en venir, 
Que el alma te ha de finJfr 
Mas fácil y enamorada. 

Ve pues lo que has de gamr 
Si mas pien.sas en mi daño 
Asi esquivarme y tardar. 
Porque mas quiero espetar 
Que saber un desengaño. 

Y bástame á mí saber 
Que á cada punto te veo 
Cuando yo te quiero ver; 
Que mucho vale tener 
De centinela al deseo. 

Tras cada tronco arrngMo 
En que la vista repara. 
Tras cada espino enredado, 
Tras cada sitio enramado 
Estoy buscando tu cara. 

De cada lioja que se mece 
A la vibración ligera 
El alma se mo estremecSi 
Y todo el valle parece 
Que tu rosüro rererbera. 




TERCERA ^ARTC. 



)re Cftoy aditliumdo 
s ojofl crueles 
aicion me están mirando 
un liaz de juncos blando, 
pié de mirabeles. 

»rc á cada Incierto ruido 
e el aura entre las rama» 
;l gesto sorprendido, 

que tú me llamas 

1 lugar escondido. 

1 vago lamento 
olmos azotando 
entino el Tiento 
mi pensamiento 
[lasabas cantando. 

na tórtola bella 
riste en la espesura 
iqrada querella 
sí llegara á ella 
osa desventura. 

o es pensar en ti , 
scarte y quererte 

que aguardo aqaí , 
me pesa ¡ ay de mi ! 

e y no tenerte. 

i al ftn de mi esperar, 
imoroso gemir, 
ras ablandar, 
tdo del lugar 
is por venir; 

al las aguas bicleras 
li murmurando están , 
arenillas ligeras 
lo en tropel parleras 
! rodando van ; 

:ieras como esas flores 
rran de noche al fño 
is de cien colores 
ecan sus primorea 

1 ai fresco rocío ; 

loso ¡)or demás 
sporarto , serrana ; 
)o> al tin no vendrás 
rsuadirme mas 
tamiMX'o mañana. 

[> no has de holgarte á fél 
n tenaz como soy 
le buscarte, sé 
no te encuentro boy 
I le encontraré. 

be dejado mi ciudad , 
i , y venido asi 
o por tu beldad, 



Y ya por tu terquedad 
No he de volverme siti tí. 

Y cuenta con lo. que digo, 
Que he de estar eternamente 
De estos olmos al abrigo; 

Y no te finjas que intente 
Partirme , sino contigo. 

Hareme por el verano 
Un toldo con espadaña , 

Y haré en el invierno cano 
Por burlar al viento insano 
Mi hoguera en una cabana. 

Con que asi , ve si ha de ser. 
Porque yo te he de esperar 
En la fuente sin ceder; 

Y ó no tienes.de beber, 
O te tengo de encontrar. 



HONRA Y VIDA 
QUE SE PIERDEN NO SE COBRA 

MAS SE VENGAN. 

LETENaA. 

INTRODUCCIÓN. " 

En nn rincón de Castilla 
Allá en el fondo de un valle. 
Sobre tres cerros distintos 
Hay tres torres semejantes. 
Castillos los llaman unos. 
Otros atalayas árabes , 
Mas su origen positivo 
A la verdad no se sabe. 
Un rio humilde , el Esgueba, 
La falda á los cerros lame, 

Y entre huertas y majuelos 
Ueva á rastra sos cristales. 
Entre los olmos y vides 
Con que tapiza su margen , 

Y ambas filas de colinas 
Que le interrumpen él aire, 
Hay derramados sin orden 
Mas de un ciento de lugares 
Que amasados todos ello? 
Un pueblo tal vez no valen. 
Pues los pueblos con el rio, 

Y las huertas de la margen. 
Las colinas que le cercan 
En dos bandas desiguales, 

Y los tres cerros distintos 
Con tres torres semejantes^ 
De tal modo unos en otros 
Vegetan , pasan ó yacen, 




100 



COMPOSiaONES DIVERSAS. 



Que todo el conjunto entero, 
Sin que esto lo dude nadie , 
Tomando nombre del río 
Forma sin disputa el valle. 

PRIMERA PARTE. 
I. 

Está la noche espirando, 

Y allá en el fin de la sombra 
En vacilante crepúsculo 
Tlñe el oriente la aurora. 
I^ luna en el occidente 

Su pálida luz ahoga , 

Y las estrellas la siguen 
Luz reflejando medrosa. 
Silba el cierzo entre las ramas 
De los árboles sin hojas , 

Y con espejos de hielo 
Esgucba sus aguas orla : 
Ostenta el campo escarchado 
Trémula, alumbrada airoml)ra 
Que á vec^ parece el alba 

Y agua á veces silenciosa 
Que allá en la sombra confusa 
Humeando se evapora. 

Se oye el murmullo del rio 
Que por la pesquera rota 
Se flltra tomando el agua 
Kn espuma bulliciosa. 
Ya en copos blancos se eleva 
Trenzada y murmuradora , 
Ya cae en hebras de plata 

Y se arrastra tumultuosa , 
Ya trepando por las piedras 
Se columpia de una en otra , 
Ya por evitar un canto 
Serpenteando se encorva , 

Y ya tomando á ser agua 
Susurra en la yerba tosca. 
Allá en la opuesta ribera 

Se alcanza una torre oct(>gona 
(Ion que la frente de un cerro 
Entre brezos se corona. 
Un pueblo frente por frente 
Junto á las aguas íionoras 
Con casas de tierra y ramas 
De hidalgo y leal blasona ; 

Y una casa que mas lejos 
De la orilla y de las otras 
Puede pasar por alcázar 
Según aumenta en las formas , 
Yace al pié de una colina 
Olvidada, triste y sola. 

Con lienzos en las ventanas 
Que honores de vidrios gozan. 
Entre una luz y los lienzos 
r.ruia á veces una sombra 



Que sobre ellot dMtacuda 
Parece bien que se asoma : 

Y á veces inmoble y fija 
Cubre la ventana toda 
Cual si estorbar pretendiera 
Paso á la vista curiosa. 

A veces semeja un hombre 
Que vuelto el rostro á la antor 
Dibuja un bulto sin gesto 
Que descansa en una gola; 

Y á veces raudo pasando 

De un rostro el pecfll contoni 
De agudo y crespo bigote 
Que con la gorgnera toca. 
Mas puede á veces dudarse 
Si es una, ó son dos las sonbr 
Si pasean , ó si dansan , 
Si luchan , ó si retoaan ; 
Porque hay puntos en que em 
Dos bultos de varia forma, 
Una cabeza con ríaos. 
Con barba y bigotes otra. 
Casi al pié de la colina 
En que la casa se apoya. 
Hacia el pueblo mas oerenio 
Una senda desemboca. 
Un hidalgo á pasos lentos 
La vuelta del cerro tnm» , 
Un mozo trac por delante 
Debajo una yegua torda, . 

Y un largo ropón ocolta 
Lo demás de su persona. 
Tendió á la casa la Tlsta, 
Tembló, paróse,' y tendióla 
Por todo cnanto en d valle 
Abarca , sombría y torra. 
Echó pié á tierra, y é poeo 
La mirada escrutadora 
Alcanzó la luz movible 
Por entre la puerta rota : 
En faz de asombro y de dnit 
O de vergüenza y de cólem, 
La planta trémula tuvo, 

Y agachándose en la aombia 
Clavó en la puerU los ojos, 

Y el puño en la tierra fob. 
Se abrió la puerta : un mnflil 
La faz envolviendo toda 

De un gabán entre laa pUtaii 
En apostura amorosa 
De una muger se d^Me 
Que á despedirle se aaona. 
Juró airado el g^wyndldo 
En voz sofocada y rom». 
Sonó en el umbral un beso, 
Cerró la puerta la moia, 

Y el galán pasando el vado 
Hada la torre te torna. 




TCRGERA PkME, 



^ al pié del paente 
» vigorosa 
ibonadas 
[)uerta dobla, 
la muger, 
cuidadosa 
«venia 
la aurora. 

n. 

)re la mesa , 

ambas sióies, 
;ja8 fhiDcidaí, 
incha frente , 
en la cintura, 
n taburete , 

de baqueta 

do Perei. 

de hierro 

la mesa tiene , 

la oscilando 

e amanece. 

in tintero, 

> unos billetes 

ti abrasando 

le serpiente. 

ta el aliento 

dos dientes , 

los suspiros 

:bo le hierven. 

uta...! que me place, 

otro viene , 

1 honra se paga, 
ia se pierde. • 
aja diciendo 

repente, 
a escalera 
;arita, Pérez. 

nto la muchacha 
chicera , alegre , 
la tes de rosa 
es y nueve, 
m embeleso, 
ra de oriente, 
lio en trenzas 
igujas prende; 
a y flexible 
f se estremece , 
oegros ojos , 
y pié breve. 
I en los labios, 
!n la frente, 
lor y hechiios 
letpareeen 
poMnto 

♦ 

•¿QuénMOvierei?— 



Pérez bajando los ojos 
Contestóla : 

—Que te sientes.— 
Sentóse, y siguió el marido : 
— ¿ Tienes , querida , presente 
Cuánto tiempo há nos casamos ? 
—Sí por cierto; treinta meses. 
— Pues eso há que nuestra honra 
Nos prestamos mutuamente. 
—Y ahora , ¿ á qué recordarme...? 
— Dime, ¿y esto cuántas veces 
Si se pierde se recol>ra? 
—¿A qué viene esto, Rui Pereí? 
— ¿Sal)es, Margarita mia. 
Que cada sentido tiene 
Una puerta por do sale 
Nuestra honra y nunca vuelve P 

— ¡Pero...! 

— ¿ Y sabes , Margarita, 
Que no sois mas las mugeres 
Que un alcázar donde la honra 
Guardada los hombres tienen? 
— ¡ Por Dios , Pérez , que no alcanzo 
Lo que con esto pretendesf ' 
— ¿Sabes que un alma cm honra 
Otra alma con honra quiere , 
Porque es justo que se guarden 
Las reinas para los reyes? 

— ¡Pero...! 

— ,jY sabes, Margarita, 
Que el marido que la pierde 
Compra una marca de infamia 
Que lleva en el rostro siempre ? 

— jPero...! 

—¿Y sabes , Margarita, 
Que en tanto que no la vengue 
Ni de hidalgo ni de hombre 
El vano nombre merece? 

— ¡Pero...! 

— ¿ Y sabes , Margarita , 
Que si por ella no vuelve, 
Hasta las dueñas escupen 
De su blasón los cuarteles ? 

— ] Blas yo... ! 

-^ ¿ Y sabes , Margarita , 
Que nació hidalgo Rui Peres, 
Y no ha de vivir sin honra 
Aunque al mismo Dios le pese? 

— ¡Cielo...! 

— ¿Ysabes, Margarita, 
Que un remedio hay solamente 
Para dolencia tan grave... 

— ¡Pero escucha... I 

— Yqueei Itmaert 

— ¡Pero... I 

«-'Silencio! 

—Oye... 

— iGaUa! 




102 



COMPOSiaOIfES DITERSAS. 



Mas hablando no me «frentes, 

Y lee, si te queda aliento, 
Margarita , esos papeles.— 

Y esto diciendo, á la cara 
Tiróla Rui los billetes, 

Y ella cayó de rodillas 
Clamando : — t Cielos , valedme 1 » 



Ptsaron nnos instantes 
En silencio tan solemne 
Que de entrambos coraiones 
Contarse los golpes pueden. 
Pérez , crispados los puños , 
Atenazados los dientes , 
Amoratados los labios , 
Fuego por os ojos vierte. 
Margarita, de rodillas. 
Doblada al pecho la frente , 
Cruzadas las blancas manos, 
Pálida como la muerte. 
Correr por ambas mejillas 
Deja una lágrima ardiente , 
Que redMfando hasta el sudo 
En vapor se desvanece. 
Pérez , inmoble de rabia 
En el sillón se mantiene , 
Y ella de miedo y vergüenza 
Convulsiva se estremece. 
Al cabo con vos sombría 
Dijo á Margarita , Pérez : 
— Muger, yo adoraba en ti; 
Por tu capricho mas leve , 
Por solo un cabello tuyo 
Hubiera muerto mil veces. 
¿ Y el amor que compré un dia 
Con vida y con alma ( iml>écill 
Hollando tus juramentos 
Asi en mi ausencia me vendes ? 

— Perdón , clamé Margarita, 
t Oh, me detesto... ! 

— Detente, 
Que con que tú te aborrezcas 
Él mi honra no me vuelve. 
Pero I por Dios! «pie no es tarde.. 
— Cido santo, ¿(\aé pretendes? 
( Perdón 1 \ perdón 1 ¡á tus plantas 
Me arrastraré eternamente 1 
—Y el polvo en que tú te arrastres 
¿ Podrá mi honra volverme ? 

— { Lloraré ai pié de tu lecho 
Velando roienims tú duermes 1 

— jY qué sucho ha de acudir 
A quien sin honra se aiMiestc ? 

— ¡ Seré menos que tu e^^ciava 1 
¡ Besaré el polvo que huelles I 

— (T Y qué tiaras con esas manos 
Que toman estos billetes? 



— {Perdonl . 

—Pídetele alddo. 
Que él solo diride puede.— 

111. 

Es un salón cnadrlloiigo 
Dentro de la antigua térra 
En que desterrado habita 
Don Mendo Abarca y QuUkHi 
Sobre un tapia toledano 
Bordado en tomo de flores 
Hay una imagen de Griate 
Colgada de dea oordoneB. 
De la alta bóveda ojiva 
Por medio una argoUa, eona 
Otro cordón que aualenta 
Una lámpara de cobre. 
En una de las paredes . 
Hay un nicho y dos bataSMl 

Y el sol pasa macilento 
Por los vidrios de coleros. 
Allá en el opuesto lado. 
Gigantesca en dimeniionss 
Hay á guisa de herrería 
Una chimenea, en donde 

Se exhala en llamas y en hai 
Tendido en seis pies de bronc 
Amenazando un incendio 
Muy cerca de medio nhU, 

Y de cara hacia- la liama 
Magro, silencioso, InDkftvtti 
Entre enterrado y iendlds 
Dentro de un sillón , nn 
Una muger no muy l^ot 
En silencio borda o cose 
Una alfombrilla de sedas 
Que sobre un coJíd reople. 
Entre ellos el ruido sordo 
De la ohimenea se oye» 

Y afuera d cieno qfue 
En los ángulos del nortSL 
En cuanto d anlios 
Siguen sus OMditadonei 
Sin que ai parecer al una 
Nada dd oiro le importa. 
Cada cual eo su tnJb^to 
Su atención entera |Mns» 
Ella contando sus hehnB» 
Él contando sus Uiones* 
Al íln rompiendo d dioNto 
Dijo la muger al hombft i 
— ¡ Estás Uistel 

De velar toda te noche.— 

Y como volviendo en ai . 
El que respondió, tufhsaa 
Aáfida mas dft.ktto en hlto^ 




TERCERA PARTE. 



1 



punto contemplóle. 



>i;:ui(> 



— c No lo sabed ? 
mo« á la corte. — 
alfombra Leonor, 
lando á Quiñones , 

• 
■ 

- ¡ Y me lo ocultabas! 

¡sorprenderte ; el conde 
\»e ayer que á mi antojo 
la de Madrid tome. 
Tá pronto? 

- Muy pronto, 
me cansa esta torre , 
ipmos estado un año 
líos como hurones, 
nto he rezado á ese Cristo 
í este dia nos torne ! — 
ido se puso en pié 
'bar este nombre, 
do de contento 

cuarto salióse. 

lo pcMT otra puerta 

paje Diego López , 
^u señor iíeiinindo 
inite saludóle. 

tenemos? — 

En voi baja 
6 al moto Qoifionet. 
sefkHT; ha seis dias 
erMí ambos. 

— cAdónda? 
^íMc adivinarlo ; 
reiiistr^ anoche, 
ui^ bullíste las llaves? 
«lié por los balcones. 
lé? 

^ La casa desierta , 
at hachas , ios cofres 
( , no taita nada ; 
ailencin y en 6rden. 
idio responde de ellos P 
ih-tlilr! unos pastores 
le \e vlffou M»lo 
puente hados noches, 
i al pimPTsr el sol 

t\(iA por el bos(|ue. 
dos, y volvía Peres? 

( Ei bien estraíio... 1 Lopes , 
le muy p^nros dias 
nos á la corte, 
bien , seíior. 

Escucha; 
de aver disponte. 
cabaiWs? 

— Por MlpUfltlA. 



— ¿K qué hora será? 

— A las doce. — 
Dejó el aposento el paje, 

Y entre si mismo Quiñones 
Murmuró : 

— iSi volvió Pérez, 

Y sospechando... 1 i oh! entonces 
Mañana mi.snio á Madrid , 

Y ahí se las haya el buen hombre. 

Y al calor de la fogata 
Sobre la mano durmióse. 

IV. 

Está la torre que habita 
Don Mendo junto al Esgueba, 
En una colina oscura 
Sin árboles y sin yerba; 
Sin foso que la circunde, 
Sin torres t^ue la deflendan, 
Desmantelados los muros , 
Derribadas las almenas. 
Asido con dos argollas 
Entre dos postes de piedra 
Tiene un puente levadlm 
Suspendido en dos cadenas. 
Oprime al caer este puente 
Otra torre mas pequeña , 
En cuyo centro maciztf 
Hay torcida una escalera , 

Y alzado el puente de noche 
xVislada la torre deja , 

De modo que á un tiempo mismo 
Sirve de puente y de puerta. 
Por Inútiles sin duda 
Sus ventanas y luceras 
Hanse tornado en balcones 

Y suprimido las rejas; 

Y es justo, á nuestro entender. 
Que tal mudanza sufrieran , 
Pues sirven de algo en li^ pas 

Y eran estorbo en la guerra. 

Era la noche siguiente, 

Y la media noche apenas; 
El Cierzo airado zumbaba 
Del olmo en las ramas secas , 

Y murmuralmn las aguas 
Azotando las riberas. 
Atrepellando sonoras 
Raices , algas y pledra6 , 
Haciendo con sus espumas 
Espejos , lazos y trenzas. 
El cielo entre opacas nubes 
Velando luna y estrellas , 
El valle , el rio, y la torre 
Encapotaba en tinieblas. 
No bri llalla ep los linden» 
la luciérnasa rastrera. 




104 



COMPOSICIONES DIVERSAS. 



No habia parierais aves 
Que cantaran en la selva , 
S'l insectos que susurraran 
Entre la flexible yerba ; 
No hal)ia pajizas flores 
Que en los céspedes crecieran y 
Ni pastores que velaran , 
NI silbadoras culebras , 
NI lobos que con la luna 
Cruzaran por la pradera. 
Que es la noche sobre oscura 
De diciembre , opaca y negra , 

Y húmeda , gruesa y pesada 
Acosa al aire la niebla. 
Bajóse en la torre el puente, 

Y trasponiendo la cuesta 
Dos hombres hacia los vados 
Echaron por una senda. 
—¿Traes las llaves?— dijo el uno. 
—Sí señor. 

- ¿\ allá quién queda? 
— Martin Muñoz en la escala, 
Durmiendo la camarera , 

Y Lucas con los caballos 
Aguarda junto al Esgucba. 
Los demás hacia lu corte 
Irán ya lejos, y apenas...— 
Una ráfaga silbando 

El resto arrastró con ella. 

Entonces de entre la sombra 
Alzóse callada y lenta 
Una flgura embozada 
Que mucho á un hombre semeja. 
Tanto guarda de fantasma 
Como de humano conserva , 
Porque ella anda , ó se desliza , 
Sin que al moverse se sientan 
El compás de sus pisadas 
O el rumor de sus espuelas ; 

Y el murmullo que se escucha 
Dentro de su boca mesma 

No se sabe si es que gime, 
Conjura , amenaza, ó reza. 
Pero hombre , ilusión , ó duende, 
Al pié de la torre llega, 

Y sin vacilar un punto 
Con una escala de cuerdas 
Asiendo el balcón mas bajo 
Desembozándose trepa , 

Y de un corredor desierto 
Se pierde por las revueltas. 

En una apartada alcoba 
A la luz de una linterna 
La esposa de Mendo Abarca 
Sola y destocada sueña. 

Y los labios la sonríen , 

Y la lengua balbucea , 



Y toda la paz del alma 
La faz dormida refleja. 
Con el fin de su destierro 
Descuidada devanea , 

Y la pasan por la mente 
Viajes, luminarias, fiestas, 

Y con sus mil armonías 
De campanas y pendencias , 
Obras , caballos y carros 
Se finje una corte entera. 
Los nobles que la visitan, 
Las damas que la contemplin 
Los lacayos que la aguardan, 

Y los pajes, y las dueñas, 
Los billetes de convite , 
Las joyas y las preseas. 
Todo la pasa en tumulto 
En Ilusión halagüeña. 

En esto el mismo fantasma 
Asomó osado en la puerta . 
Corrió por dentro el cerrojo, 
Contempló un punto i la beUi 

Y luego ahogando la lux 
Dejó la estancia en tinldilu. 
Se oyó en la sombra un iuq»ii 

Y en faz de rauda tormenta 
Siguió estrellándole el dono 
En las pintadas vidrieras. 
Las puertas estremeddaf 
Sobre los quicios retiemblaii, 

Y silba y cruje y ae rasga 
Con ímpetu en las tronem; 

Y ni gemidos ni pasos 
Toman á oirse, ni quejas; 
Todo el viento lo devon. 
Lo mata, sofoca, ó llera. 

A poco Don Mendo y Lopfli 
Tornaron la misma aoida, 

Y tomó á oirse del paenta 
Rechinando la cadena, 

Y oyóse que el uno haUaha 

Y el otro daba respuesta. 
— ¡ Cojió las cartas I 

— Sindndi 
—Mas vale así. 

— Qoe no voelfi 
Pasado mañana, Lopes, 
A Madrid damos la vuelta.— 

Crazaron ambos d pnenla, 
Volvió á sonar la cadena , 

Y siguió el viento lumbúids 
Por los ángulos y rejas. 

Y en esto en el balcón misins 
La misma escala de cuentas 
Gayó al campo, y el mismo iN 
Bajó embocado por ella. 




TfiRGER4 PARTE. 



al suelo, y percibióse 
'ez la voz severa 
lo lejos murmuraba 
quien conjura ó reza. 
a á hierro mata es justo 
Igualmente i hierro muera; 

\A T VIDA QUE SE PIERDEN 
E GOBEAK , HAS IB VBK6AM. » 

V. 

> on diay otrodia, 

> un mes y otro mes, 
tras año venía; 
ando concluía 

iron hasta tres. 

iz desapareció, 
a quedó en escombro, 
íeiuio á Madrid volvió, 
estruendo y asombro 
re se desplomó. 

taron de ello medrosas 
¡ntes Tartas consejas 
lias espantosas, 
loríos las hermosas, 
triaiones las viejas. 

én dijo (y á tal contar 
a yalieDte se pasma) 
ió el alba al despuntar 
á la torre vagar 
I y sola una fantasma. 

én d^o que atravesando 
che por la pradera, 
lina coronando 
ista cien almas danzando 
rredor de una hoguera. 

taltó en pleno concejo 
dalgo de lugar 
rrugando el entrecejo 
ra que un moro viejo 
de verle pasar. 

un muchacho revoltoso 
en por calmar el llanto 
ran en son medroso 
cuento tan famoso, 
iiico calló de espanto. 

un diz que díó una doncella 
m espectro galán, 
i una devota belia 
;anzó á ver después de ella 
sulla ó balandrán. 

lo eran apariciones , 
aeontedmientos, 
tas eonversaciones , 
raidos y visior 
báUooa portanl . 



Los unos Tieron gigantes , 
Otros toparon enanos , 
Otros hogueras volantes , 
Otros mágicos errantes, 

Y otros brujas y gitanos. 

Y alguno mas entendido. 
Mas ducho ó mas suspicaz. 
Creyó allí haber sorprendido 
Algún amor protefido 
Ck)n el murmullo falaz. 

Vino un dia y otro dia, 

Y vino un mes y otro mes, 

Y el tercer año corría; 
El segundo conduia 

Y pasaron hasta tres. 

Las visiones acabaren, 

Y olvidadas las consejas 
Los mozos las despreciaron , 
Las muchachas se casaron, 

Y se murieron Uis viejas. 

Con esto el miedo pasó 

Y el valle quedóse en calma; 
Mendo Abarca no volvió. 

Ni á nadie se apareció 
Peres en cuerpo ni en alma. 

SEGUNDA PARTE, 

VI. 

En un salón adornado 
Con alfombras toledanas. 
Con pabellones de sedas. 
Con mecheros y con lámparas , 
Vestido de terciopelos 
Festonados de oro y plata. 
Cercado de taburetes 

Y de cojines de grana , 
Hay hasta cuatro personas 
En plática sosegada 

Que esperan como en familia 
Alguna cosa que tarda. 
Una es Don Mendo Quiñones , 
Otra es una antigua dama. 
Otra es Doña Leonor, 

Y otra un clérigo, que calla. 
Está Leonor cual lo exije 
La ceremoniosa usanza 

De aquellos revueltos tiempos 
De fiestas y de batallas. 
Corpino y falda turquí 
Bordados de seda blanca. 
Con dos filas de botones 
De costosa filigrana. 
Desnudo el cuello y los bombroa 
Bajo un collar de esmeraldas, 
Con un laso de brillantes 




LOC 



COMPOSiaONES DIVERSAS. 



Que por una crui ranati. 
Los cabellos divididos 
En dos trenzas derribadas 
Que ú amlKM lados se recojen 
En dos agujas de p4ata ; 

Y en la mano un abanico 
(k>n que la faz del sol guarda , 
Tras de cuyo varillaje 

Mira á salvo y no es mirada. 
Con igual lujo y riqueza 
Está engalanado Abarca , 
El Jubón do terciopelo. 
Acuchilladas las mangas, 
Capotillo carmesí, 
(iOlzon negro y gola blanca, 

Y en un cinturoo de seda 
Colgados csto({ue y daga. 
De aquestos tres personajes, 
Quiñones y las dos damas. 
El cuarto los atavíos 

Está contemplando en calma. 

Empieza en una corona 

Y en un acicate acaba. 
Tanto conserva de monge 
Como de soldado guarda. 
El gesto tiene severo 

Y la frente despejada , 
Empinados los bigotes, 
Espesa y luenga la barba. 
El Jubón nearo y sin cuello, 
El roi>on tocando en ca|)a , 
I^ gola negra y sencilla , 
Botas , espuelas y espada. 

Si fija en otros sus ojos 
No pueden con sus miradas. 
Si habla le escuchan atentos , 
No le importunan si calla. 
Mas su mirada es modesta» 
Contenidas sus palabras, 
Si reconviene no ofende , 

Y si aconseja no cansa. 
Los valientes le saludan. 
Los pordioseros le aguardan. 
Las damas le reverencian , 
Los cortesanos le halagan. 

Y algunas lenguas mordaces 
Solo un defeitto le achacan. 
Ser coloso en demasía 

De la honra y buena fama. 
Es capellán de Quiñones , 
Con quien tiene mesa y casa, 

Y á quien salvó vida y honra 
Dicen que en una batalla. 
De entonces él y Don Mendo 
Un punto no se separan ; 

Son un cuerpo y una sombra, 
(iuerpo y sombra ron un alma. 



Es á un tiempo secrettrfo, 
Consejero, amigo, y guarda; 
Don Mendo sin su presencia 
Ni come , ni abre las cartas : 
A un sermón y á un desafio 
Iguahnente le aoomiHiAa i 
Procura o\'itar contiendas, 
Pero una vez empelMas 
El cáliz por el estoque , 
Por la malla el ropón cambia; 

Y á protesto de padrino 
Da la postrer euditUida. 

Ni es de estraftar qo» esto i 
Porque en los tlempoa ^ne ih 
Los obispos son alcaldes 

Y sus imlaeios son plasasi 
No pagan pecbo á shs respis, 
Mantienen á sueldo lanas , 
Antes de prestarle ayuda 
Juzgan despacio su causa, 

Y como mas les ra M eBo 
Le acuden ó se desmmdB; 

Y viven entre plaeerei 
Con familiares y damati. 

Asi como es el esp^o 
Es la imagen que retrata, 

Y asi como andan loa vafü 
La corte y vasaUoa 



Tales son los personales 
Que en plática sosegada 
Es))eran como en famlOa 
Alguna cosa que tarda. 
Al fin al doblar sonoro 
De una ligera campana 
Abriéronse los baUseoesi 
Entró el sol de la máftanav 

Y de galanes j bennosM 
Fuese llenando la aaU. 
Oyóse el rumor del pnaMa 
Que abajo se agita y pasa, 

Y el capellán y Quiñones 
Haciendo venia á las damii 
Salieron h^cia la Iglesia 
Donde doblan las campaoM* 
Por([ue es el dia del Coipos 

Y está la corte de gala. 

vn. 

Al doble y remetto sdn 
De campanas y atabalea 
Hierve y bulle na pnMa ti 
En platas , rejaa y eaMaa. 
Es un bello sol da|idtfa 
Que derramada la 




TEEGEIU PARTE. 



9 , platas y torres 

I iU' titstu ^Tunde. 
di' ::rand y oro 
:iii y se dt^haren, 
iMTii y rrflrjan 

fis y rriítales. 
■lto!« iKibel Iones 
dcos brillantes 

, \ií«tc'n y coronan 
ifs di'siguales, 
i'bra do <»ro y plata 

lazo (tndu Jante 

II mi i colores 
íMilan ei aire, 
rnaldas de florea , 
tf y cendales , 
nicos de plumas , 
fias V entre pajes , 
is celosías 

rren fiestas tales 
amas de Castilla 
la villa cal»en. 
un sol tan alesre , 
•sicion del aire, 
usos atavíos , 
' de los semblantes 
! ói' cada herniosa 
ensueño , un án;;el 
irados (tjos 
iTs italanes. 
hulaluos osados 
u el pasr) errante 
in^is miradores 
m un aesto uravc ! 
•loso mancebo 
r de una calle 
ro llanta los ojos 
morí)<o trance ! 
nena en una reja 
;i dama sale 
faz rom pungida 
la/ litado pase ! 
>u>{tiro» i»e ahogan 
•11 inteiminaltle 
;¿«iitii» murmura 
I pi'ilH» M* parten! 
'don^a mirada 
«•I m-Im fnÍL'íl 
im.'t ijiie un tnrrero 
í»nn»Uw un instante! 
ijn* arrobados 
ili'l rii-lo irnáuen , 
f'lrá< ib- n(]ri(*llos 
r«'!it»'ll¡mtcs! 
:ila> nnior(»<as 
rM'<»ntlid4is sf .ibren 
•I rumor confuso 
ilion de bocas hactl 



Calmando al fin del gentio 
La voz sorda y susurrante, 
Diez nuiceros á caballo 
La gente por medio parten. 
Bajáronse los sombreros , 

Y tornáronse anhelantes 
Impacientes y curiosos 
Mil rostros hacia una calle. 
Pasaron lanzas y cruces , 
Alalmrdas y estandartes, 
Cirios , clérigos , soldados , 
Mangas y comunidades. 
Pasaron urnas , reliquias, 
Chirimías y ciriales , 
Congregaciones y escuelas , 
Nobles, juntas y hermandades. 
Hasta que al fin de improviso 
Levantó su voz gigante 

El pueblo , que vio á lo lejos 

La engalanada fídange 

De hidalgos , condes y duques , 

Obispos y cardenales 

Que en torno del rey Enrique 

Traen á su Dios por delante. 

Quedábale á Enrique cuarto 
Por don de sus mociúlades 
El fastidio y la osadía 
De placeres y desmanes; 
Que aun niuo , rompiendo el yugc 
Del respeto al rey su padre, 
Tuvo en Segovia una corte 
Con pueblo y leyes aparte. 

Y allí anegado en deleites. 
Sin conocer vasallaje, 
Pas<> los años primeros 
Siempre en taz de rebelarse. 
Hoy ya rey, abrió su corte 
A cuanto ilusorio y grande 
Quiso con sus reales culpas ' 
De las SU) as escudarse. 
Vinieron aventureros 

Sin mas haber que su sable, 

Y viníenm cortesanas 

Que allá en países distantes 
Fueron noldes y duquesas 
De real solar y real sangre , 
A quien echan de su patria 
Opiiiion<'> |K)pulares. 
Vinieron moimcs robustos , 
Toílos rei'tt>res y al)a<le3 , 
De costumbres de gran peso 

Y profesión impalpable. 

Y entre discordia y licencia. 
Entre amores y combates 
Andando allí confundidos 
Los soldados y los frailes , 
I/xzroiu» sin eran trahoje 




108 



COMPOSICIONES DIVERSAS. 



Que fuesen en tiempos tales 
Las audiencias galanteos , 
Los amores liviandades , 

Y las damas cortesanas 

Y los clérigos galanes. 
Que asi como es el espejo 
Es la retratada imagen , 

Y hacen , si andan mal los reyes , 
Que mal los vasallos anden. 

Los monges á par alternan 
Las mallas y los sayales , 

Y el que ayer era prelado 
Mañana á campai^a sale. 
Tales gentes y tal fiesta 
Bajan la calle adelante , 

Y hasta doscientos ginetes 
I>an á la función remate. 

Entre las gentes que al rey 
Prestan honra y homenaje , 
Ni cerca de su persona , 
Ni lejos del condestable , 
Van dos nobles caballeros 
Que en severos ademanes 
Entre secretas palabras 
Secretas razones traen. 
Tan por lo bajo las cruzan. 
Que en verdad no fuera fácil 
Que pudiera algún curioso 
Alcanzar de lo que traten. 
Has que es cosa de importancia 
Bien pudiera asegurarse , 
Pues á veces hace el uno 
Que el otro los ojos baje , 

Y á veoes levantando esc 
La mirada penetrante 
Toma á bajarla irritado 
Cual devorando un ultraje 
Que el otro le recordara 

Y mucho á su honra tocase. 
Cuanto mas uno se turba 
Sigue el otro imperturbable, 

Y ambos miran de continuo 
A un balcón, luego á la calle. 
Es el uno Mendo Abarca, 
Que inclinado hacia adelante 
Con su capellán conversa 
En razones semejantes : 

— ¡ Pero , padre , eternamente 
La misma conversación ! 
— Señor, siempre esta ocasión 
He está en el alma presente. 

— i Maldita ocasión la vuestra , 
Que en todas partes \^. v^ls| 
—Señor, que fué bien sabéis 
La esperiencia mi maestra. 



—¿Y loqueossucc 
Ha de aconteoerme á n 

— i La honra , señor, q 
No basta á dármehí Di( 

Y cuando vos la pen 

— Yo mismo la cobrara 

— Yo también me lo p 
Pero como yo la erráis. 

Que es la muger an 
Que si se empaña una 
La mancha ó la palidei 
Se lavan luego may mi 

Mirad , Don Mendo , 

Y á la calle atentamen 

— I Padre , padre , eten 
La misma convenaclo 

—Si os salvé, señor. 
La honra os he de saiv 
Yo por ella he de velai 
Si vuesa merced la olv 

—Ved que vos podei 
Dar camino á una tosf 
— Ved que en cuenta 1 
Podéis vos errar tambi 

— Ved que soy yo su 
—¡Ved que eUae8TU< 
-—Sé que me ama. 

— Pu 
-— I Y pudiera.. . 

—Haber 

— Mas, padre, vos. 

Y aunque asi á voa no 
Pensad que á todos ati( 
Menos á voe... 

— ¡Eso si 

— Pues si os ama, ¿ 
Es á quien husca el po 
— Ay triste del que alt 
Me compita t vive IMoi 

Así en voi baja plali 
Aquellos dos personi^^ 
Al ir de su propia casa 
Avistando loa umbrale 

Y saludando á Leonor 
Que al bakon á verlos 
Con k procesión siguí 
Toda la pUua adelAnle 

vra, 

Enunestrwho^poi 
Al amarillo fulgor 




TERCERA PARTE« 



9r entre hU crtstaleg 
le un turbio farol , 
ellan y Don Mendo 
me y secreta voz 
I de alta consecuencia 
la conversación, 
endo está pensativo , 
iido de color, 
no puesta en la frente , 
itado en un sillón , 
!>ello8 en desorden , 
ido con su interior, 
liando en el gesto 
lietud del corazón. 

petlan tiene el rostro 
hipócrita y feroz, 
*nipla el de Quiñones 

> escudriñador, 
go guarda el suyo 
ombra del farol , 

do de que á Don Mendo 
e el resplandor. 
imbos bay estendido 
cizo velador 
i para estar mas cerca 
van tal vez los dos. 
pregunta de Abarca 
•emada concisión 
ra pregunta idéntica 
;llan contestó. 

> tristeza y despego 

ts de entonces, señor? 
ved , padre... 

— ¿ Y no decís 
saber vuestro perdón 
ca de alegría 
a vuelta aceleró? 
rerdad. 

— ¿Y no decís 
Ivertísteis variación 
la misma mañana 
i en la corte se vio? 
eso , padre... 

— ¿Ynodeds 
1 ensueño aterrador 
§lga desde entonces 
)neen aflicción? 
rerdad. 

— ¿Y no decís 
* aqueste torcedor 
. la secreta causa 
ra esposa os reveló ? 
10 prueba... 

—Que en su pecho 
?cretos para vos , 
nugeres no tienen 
scretos que el amor. — 



Don Mendo apretó los pu&oa 
Cuando tal respuesta oyó , 

Y en la inquietud de sus ojos , 
Que revuelve en derredor. 

Se ve bien que busca el triste 
Otra disculpa ó razón. 
En tanto el cura le atiende 
Ck>n sonrisa de traidor, 

Y rebosan sus pupilas 
Sangrienta satisfacción. 

Por fin, como quien despliega 

Todo el último valor, 

Ck>n bondo y trémulo acento 

Mendo Abarca replicó : 

— Tal vez de mugeres , padre , 

Secretos caprichos son 

Que solo consultar deben 

Allá con su confesor. 

—Los caprichos mugeriles 

Ya os dije, Don Mendo ,.yo , 

Que si al marido se celan 

No son mas que otra pasión. 

— Callad , padre , porque me haeen 

Vuestras palabras pavor, 

Y es tan profunda esta herida 
Que me duele ¡vive Dios! 
—Pues buscad presto remedio, 
Don Mendo, porque sino 

La herida se os hará cáncer 
Que gangrene vuestro honor. 
Mañana tal vez... 

— ¡ Por cierto 
Que es tremenda precisión 1 
Dejadme que bien pensado 
El tiempo... 

—I Tiempo veloz, 
Tiempo rápido ! que el tiempo 
Carcome la reflexión. 
—Pero , padre , ¿ ved que errarlo 
No fuera...? 

— Nunca peor, 
Que en cuidar mucho su honra 
Jamás hidalgo pecó. 
Ved que yo he perdido el mió , 

Y aunque hice venganza atroz, 
Ni le he cobrado, ni el tiempo 
Me ha quitado este borrón. 

— Pues bien , si es. cierto , é 
O á vengarlo pronto estoy. 

— Pues el remedio , ó venganza : 
Ved que urge. 

— Tenéis razón; 
T pues sabéis la dolencia, 
Buacidme el remedio vos.— 

Guardaron ambos silencio 
En torva meditación : 
Don Meodo fijos loa codos 




!• 



COMPOSICIONES AltERSAS. 



Sobre ú nicho velador, 
Las sienes entre las manos 
Y el cabello en confusión , 
Como quien devora y siente 
Secreto afán interior. 
Su sombrío compañero 
De espaldas en el sillón , 
Es un hombre á quien se puede 
Partir la flgura en dos. 
Unas veces es un monge , 
Ministro santo de Dios , 
Cuya presencia es consuelo 
A mundanal adlcclon , 

Cuyo rostro da franqueza, 

Cuya magestuosa voz 

Aconseja dulcemente 

Dando calma al corazón. 

Otras es un hombre osado , 

Duro , hipócrita , ó traidor, 

Que aguarda en faz misteriosa 

Una pensada ocasión : 

Un tigre que acecha oculto 

La presa que descubrió , 

Y hace que duerme tranquilo 
Para asaltarla mejor. 

SI baja al suelo los ojos 
Dirían que hace oración , 
Mas arden cuando los alza 
En fuego fascinador ; 

Y al Ajarlos en Don Mendo 
Tan horrible es su espreslon 
Que mas que mongc, dijeran 
Que semeja un salteador. 

A veces pintan la ira 

Y á veces la compasión , 

Y á veces pintan los celos 

Y otras veces el furor ; 

Y el orgullo y la vergüenza , 

Y el duelo y la confusión , 

Y la venganza y la rabia, 
La constancia y el valor, 

A un tienípo brillaba en ellos... 
Mas todo cambió veloz 
Cuando Don Mendo la frente 
De entre las manos alzó. 
Fué otra vez el mismo monge 
Amigo y consolador 
Qne la existencia de Abarca 
En el combate salvó. 
La mirada que Quiñones 
Tendió angustiado en redor 
A la del monge pedia 
Mas que justicia , perdón. 
Mas el clérigo inflexible 
En sorda y siniestra voz 
Asi dijo entre los dedos 
Deshilacliando el ropón - 
^Escachadiiie, Mendo Abarca; 



En negocios como el de Iioy 
Hasta que todo se aclara 
Disinmlar es iriejor. 
Solo un medio se me alcanza 
Pues que capellán soy yo, 
Disponed que á vnestra espo 
Oiga un dia en confesión.— 

Y esto diciendo brillaban 
Sus ojos con tal fulgor. 
Que semejaron la lund)^ 
De enrojecido carbón. 

El marido, que turbado 
Tal >ez no le comprendfcót 
Replicóle : 

— ¡Entonces, padre 
Lo alcanzareis solo vos 1 — 
A lo que el clérigo dijo : 
—Muy torpe, Don Ifoido, t 
Pues se oye desde una akob 
Lo quo se habla en un salón 

— Cierto , padre ; pero... ha; 
Que en ofensa son de Dios. 

— Cierto , Abarca , mas hay 
Que encierran tanto valor. 
— ; No os comprendo 1 

—Con 
Tan necia conversación; 
Si sois hidalgo , Don Mendc 
Curad bien de vnestro Imnm 
O sufrid que el pneMo ria 
A vuestra faz... 

— {Eürnol 
¿Decís qne el pueblo ae fie 
—¿Quién lo dudaP 

— ¿Ttalb 
Llevará Junto mi nombn... 

— El del marido , seBor. 

— ¿Y mi e8po8a«...P 

— Hadei 
SI es cierto que oa engaiié , 
Irels con ella á la corte, 

Y han de mofarse de toi. 
El rey os hablará de dtaí, 

Y ha de mo farsa de ves. 
La verán al lado vuestro, 

Y han de mobrse de vos, 

Y os tendrán , á no TengM 
Por necio , ó eneobridor. 

— ¡Basta, padre, óeonlii 
Os arraneo el coraioDy 
Que verdades tan amáfg» 
Las tolera solo Dios! 

{ Basta á fé... I flqjiré n ni 
De una percgAnaeiOB, 
So confeskm en vos alta 
La tomareis, padre, voi; 
Pero dentro de la aloDlNi 
Lahede nNbvtHoMMj 




nUCBUfAMB. 



lil 



loM del aitoota 
Meado el farol , 
»e á una puerta 
^ á un calkiioiL 
le íviiuia 
n triunfador, 
)ncr los umbrales 
ite» murmuró : 
i hace trw años , 
al salir el mI 
pn ) un duelo miaño 
nos que llorar dos. » 
i'iidu, y pensando 
)a prei;untó : 
ccís, padre? 

—Rezaba: 
« , señor. — 

IX. 

, sala cuadrada 
ápices cubierta , 
un reclinatorio 
ida madera, 
nonge de rodillas 
elo en la cabeza 
ñor de Quiñones 
nenie confiesa. 
»1 de occidente 

en las vidrieras 
itomadas hojas 
uta luz penetra, 
tapices tendiendo 
;a postrera, 

incierto al huirsa 
ma en otra hebra. 

1 lado de la sala 
errojo una puerta , 
tro un gabinete 
cortina negra. 

r en faz humilde, 
ícn Caz altanera, 
ia confesión 
I ritas y respuestas. 
1 ei nKmge en voz alta , 
B en Toz d^bil ella ; 
nta:— cr-Vo es asi? ^ 
Sí padre — contesta. 
*t$un lo exacto 
pregunta y acierta, 
i el confesor leyendo 
mta en la conciencia. 

nKNDge: 

—¿Una noche? 

va. 

—¿Las doce eran? 

he. 

^¿ZondNAa airada 



En laa torraa-la tormenta? 

— Sí padre. 

-<- ¿ Amáis á Don Mendo ? 
~ Sí padre. 

—¿Y sabéis que es fuerza 
Guaiéar entera la honra 
Que un hombre á su esposa entrega? 

— Ved, padre, que yo dormía. 

— ¿Y quién guardaba las puertas, 
Que asi osó llegar un hombre 
Hasta la cámara vuestra? 
¿Sabéis que no bastan llaves. 
Murallas, ni centinelas. 

Para guardar dignamente 
La fama y la honra ajena? 
¿Sabéis que son las mugeres 
Solo un arca donde cierran 
Todo su honor los maridos 
Con candados de vergüenza ? 
¿Sabéis qae muger sin honra 
Es solo un padrón de afrenta 
Que eternamente en el rostro 
El vendido esposo lleva? 

— Ved , padre , que yo dormía : 
¡ No fué crimen , sino fuerza I 

— ¿ Y no pedisteis á Mendo 
Venganza horrorosa y presta? 
—Faltóme , padre, el valor. 

— ¡ Luego fué traición completa, 
Pues que lanzasteis el dardo 

Y escondisteis la ballesta! — 

TrémaU, medrosa , ahogada , 
La frente contra la tierra. 
El roairo entre las dos manos , 
Clamó acelerada ella : 

— Callad , padre , y si pequé 
Imponedme penitencia ! — 

En esto alzó la cortina 
Don Mendo que tal oyera , 

Y asiémlola del cabello 
La dijo : 

— ¡ Pues que confletas 
Que cometiste la colpa , 
Sufre, traidora , la penal — 

Y escondiéndola la daga 
Dentro la garganta mesma , 
Luchando con la agonía 
Sobre la alfombra la suelta. 

A su espalda en este pnnto 
Horrible, Insultante, hueca 
Oyóse una carcajada , 

Y el capellán con violencia 
Poniendo mano al estoque 
Gritó á Don Mendo en voz reclat 
« Yo asesiné á Margarita , 

Y lavé mi honra en la vuestra. 




t3 



GOMPOSICIOIfES MVERSAS. 



Don Mendo, yo soy Huí Pere% , 
Que há tres años que os acecha , 
Que os acosa y os persigue , 
Porque sabe , aunque le pesa, 
Que honiu t vida que se pierden 

No SE COraAN , MAS SE TENGAN. » 



SONETO. 



Cólmame, Juana , el cincelado vaso 
lasta que por los bordes f^e derrame , 
í un vaso inmenso y corpulento dame 
}ue el supremo licor no encierre escaso. 

Deja que afuera por siniestro caso 
En son medroso la tormenta brame, 
í el peregrino á nuestra puerta llame 
rreguas cediendo al fatigado paso. 

Deja que espere , ó desespere , ó pase ; 
Deja que el recio vendabai sin tino 
Con rauda inundación tale y arrase; 

Que si viaja con agua el peregrino , 
\mi, con tu perdón cambiando frase, 
No me acomoda caminar sin vino. 



TEMPESTAD DE VERANO. 

Toledo, IS da jallo da 1814. 



FRAGMENTOS. 



I. 



Por entre moradas nubes 
Derrama su lumbre el sol , 

Y el valle , el monte y el llano 
Ascuas á su impulso son. 

Busca el pájaro en las ramas 
Abrigo consolador, 

Y al pié del robusto tronco 
Dormita el toro feroz. 

La lengua tinta de espuma 
Tiene de turbio color, 
Secas las fauces que tragan 
Abrasada aspiración. 

Tardos vagan los reptiles 
De sus grutas en redor 
Entre la tostada yerba 
Huyendo la luz del sol. 



No arrolla tártolft trlite 
Con lastimero damor 
Entre el follaje sombrío 
Su enamorada aflicción ; 

NI estremedendo las plan 
Al dar arranque á la vos 
En dulces trinos gorgea 
Armonioso ruiseñor. 

Ni se oye de los insectos 
El ronco y cansado son , * 
Ni los olmos se columpian 
Con susurrante rumor; 

NI las espigas se doblan 
En vistosa confusión , 
Ni entona groseras letras 
Allá en el valle el pastor, 

NI trepa la suelta cabn 
Por el agudo peñón 
De una vana yerbeclUa 
Libre y caprichosa &í pos. 

M ladra el mastín atente 
NI abulia el lobo traidor, 
Ni cruza por la vereda 
De hormigas largo cordón. 

NI en la ciudad ni en d 
Ocioso ni reñidor 
Aguarda en peña , ó esqoli 
Amigo , dueña , 6 matón. 

Ni asoman dos ojos negr 
Velando en un mirador 
La estrecha y oscura calle 
Con diligente atención. 

Todo calla inmoble y m 
De Toledo en derredor, 
Bajo la choza pajiza , 
Bfl^o d calado artesón. 

Que al lejos como la son 
Dd brazo airado de Oles 
Avanza con dobles alas 
Nublado amenazador; 

Y con él nubes y nnbes 
En apiñado escuadrón , 
Que encapotando los dd« 
Van á atropdiar al soU 

Allá en su cóncavo sene 
Branuí oculto el aquilón , 
El trueno encerrado mngí 
Hierve el rayo aselador, 

Y todo en informe masi 
En espantoso monUm , 
Sin fuerzas ni ley que bai 
A detener su furor. 




TERCERA PARIE. 



I en li atmósfera á ciegas 
jque sin timoD , 
eñasco gigante 
ho volcan vomitó. 

n roncas las campanas, 
olosal clamor 
mece el aura densa 
ida vU^acion. 

namento desploma 
» abrasador 
fuego en sus entrafias 
imo encerró. 

i\ numge fatigado 
arde el callejón 
I silencioso templo 
himnos al Señor. 

ex del lecho le arranca 
«tuno reló , 
ongojado y lento 
rando una oración , 

nperceptibles voces 
nurante rumor, 
Lre el son de las campanas 
irse se ahogó. 

bo desaparece , 
ado en el portón 
digo le saluda 
(fallecida voz. 



iqni ya el negro nublado , 
no hambriento dragón 
1 lumbre del dia 
M)lo empuje sorbió! 

én sabe al flotante monstruo 
xa que ha dado Dios? 
sabe las maldiciones 
e su vientre preñó? 

én sabe después que pase 
ha de dejar en pos ? 
de loá que ora le vemos 
iecir que le vio ? 

do rasgue sus tinieblas , 
I derrame su voz , 
iz brillará en el polvo ? 
irganta hará rumor? 

IJ. 

iron en calma un panto 
I par aire y tierra 
K)nente nublado 
; alas espesas , 



Táli InsdeaqnelerepúseiilD 
Que mas que Ilumina etega 
En la horrible incertidumbre 
De la luz y las tinieblas. 

El aira que se respira 
La avara gacgai^ seca , 

Y en elsodor de la frente 
Húflüo el Hpstro gotea. 

Relinché; el caballo inquieto 
En la cuadra que le encierra , 
El perro espantado júiQlla 

Y receloso olfatea. ^ 

El pájaro de su Jaula 
Contra el alambre se estrecha, 

Y al abrigo de sus plumas 
Escucha, mira y írecela. 

Solo la aftmosa araña 
Su red y su caza deja , 
£ inmoble y pegada al n^ro 
El trueno y la lluvia espara. 

Ancha, redonda, abrasada 
Bajó una gota que apenas 
Mojando el sitio en que posa 
Desvaneciéndose humea. 

Dobla el calor ; y la calma 

Y la fatiga se aumentan , 

Y en trémula espectativa 
Todo calla y todo vela , 

Y el mundo semeja un reo 
Que mira desde una reja 
Cómo en la plaza su cómplice 
Al pié del cadalso llega , 

Y duda y vacila y tema 
Que se salve y que perezca , 
Porque una palabra suya 

O le salva ó le condena. 

III. 

I Un relámpago ! ^al punto desatadas 
El arenal las ráfagas barrieron , 

Y en espeso tumulto aglomeradas 
Las nubes el crepúsculo sorbieron. 

En tini^ias cerróse el aire Impuro; 
El hombre amedrentado y temeroso 
El recio temporal llamó á conjuro 
De las campanas ai doblar medroso. 

Y rotas las barreras del nublado 
La lluvia y el granizo se desploman , 

Y allá en su centro en círculo abrasado 
Los fugaces relámpagos asoman. 

Sin tregua entonces, ni piedad, ní fr 
Agua, granizo y viento se espananan, 

8 




114 



coMPOsiamvES DinatsAS. 



Y alhoadoMii derproUmgado trueno 
Talan , devoran , y en tumalto braman. 

Hierve el turbión, cegáronse laa fuentes, 
Los arroyos hinchados y bravios 
Bajaron convertido! en torrentes 
A desgarrar los diques de los rios. 

Sus altaneras ondas vencedoraA ' 
Los campos adelante se llevaron , 

Y envueltos en las hondas bramadoras 
Mieses, cabanas y árboles bajaron. 

Peñas, casas , ganados y pastores, 
Todos siguieron el fatal destino ; 
Presa de sus esfuenos vengadores 
No quedó lendt , ruta, ni camino. 



Y oran alli á los pies de los altares 
En humilde tropel las criaturas 
Al Dios que las tormentas y los mares 
Humilla con su voz en las alturas. 

Del ronco viento al vigoroso empuje 
Del templo gime el colosal cimiento , 
Estremecida la techumbre cruje , 

Y en sus esquinas se desgarra el viento. 

Crece el turbión : las sombras del nublado 
Ancha guarida por el templo toman, 

Y en el cristal del rosetón pintado 
Rápidos los relámpagos asoman. 

A veces como grupos encendidos 
De espectros y diabt'iiicas figuras 
Vacilan en los vidrios sacudidos 
Variando de contornos las pinturas. 

El áspero granizo les azota , 

Y al darles luz la eiihalacion por fuera 
Cada en los vidrios suspendida gota 
Un sol y una fantasma reverbera. 

Es el aire murmullo indefinible 
Donde sin leyes , ni prisión , ni valla 
Los espíritus dan en ronda horrible 
Zambra impura y quimérica batalla. . 

Cada puerta ojival cóncava y hueca 
Entre su red de góticas labores 
Una osamenta descarnada y seca 
Dibuja entre fantásticos colores. 

Cada verja una hilera de esqueletos , 
Cada capilla un antro de vampiros 
Que columpian y doblan los objetos. 
Que lanzan ayes, cantos y suspiros. 

Cada ventana una abrasada boca 
Que, abierta en espantosa earicajada, 



Apenas d relámpago la toca 
Respira una sulfúrea llamarada. 

Hoguera horrible, á coya Ini a 
En rauda confusión saltan y flota 
Las figuras que el vidrio vacilant 
Con cuerpos de color manchan y 

Y á la par, en un panto, en tai 
En cada vidrio que la lumbre hier 
Gestos , hachones , cruces, están 
Y el relámpago pasa, y todo nuu 

{Tropa infernal de loaibraifii 
¡ Alx>rtos estrambótico! éd miedo 
A quien da faz y forinai lellgiosi 
Crédula y fácil la oriental Toledo. 

IV. 

Y entre nubes parpurimí 

Perearlnas 
De azulado tornasol 
Tendió el iris á lo lejoi 

Los reflejos 
De los colores del soL 

Tendió en riquítimai bné 
Siete randas 
Sobre el invisible tul. 
Con que tan falai nos mlent 
El manso ambienta 
Ese firmamento azul. 

{Salve! ilusión de oonsw 
Con que el cieto 
Cierra el paso al vendabil. 
Levantando en su alegría 

Al claro düa 
Arco espléndido triunfid. 

¡Salve I luí tornasolada 

Delicada, 
Prenda mágica de pas 
En que el cielo Jura al alma 

Dulce ealma 
Tras la negra tempestad. 

{ Salve 1 {Oh Iris pasi^len, 

Jfensi^ero 
Del supremo Criador, 
En cuyos colores atete - 

Nos promete 
Solaz y treguas y amorl 

Por ti en el rojo oocldenti 
Trasparente 
Vuelve el sol i levantar 
La laz pura, esplendoma, 

Y Inmftioaa 
Al aooitarM en el mar. 




TERCERA PARTE. 



ItS 



ti erní c^ntiros suaves 

Van los aves 
ido el aura otra vez, 
u en dulces rumores 

Los primores 
escelsa brillantez. 

ti en delicadas tocas 

De las rocas 
iprende virginal 
elancidica niebla 

Cuando puebla 
ibito celestial. 

ti, á través de su vuelo. 

Lux da al cielo 
na en turbio crespón , 
• reina macilenta 

Que se ostenta 
lagnillca iluí^ion. 

r tí dejan las estrellas 

Blancas huellas 
j opaca reina en pos 
> Limparas dudosas 

(¿tento>as 
1 alcázar de Dios. 

ilve! Ilusión de consuelo 
Con que el cielo 

a el paso al vendalial , 

ntando en su aiogria 
Al claro día 

espléodido triunfal. 



=:CUERDO A N. P. D. 



del monte al escondido valle , 
rrojos, cristalinas fuentes, 
<ia.« HM'ns anchurosa calle 
i vuestra»* rápidas corrientes, 
remnn-^o recojido acalle 
infa sus on<lus maldicientes , 
orbKMido ci \all(' su frescura 
u espaltla de ctcrnal verdura. 

aauas , (h'l monte susurrando 
cai\as pi'fias destrenzadas 
es del sol revcrbí'rando 
'Con el sol tornasoladas, 
lantiales o^ inm prestando 
idas cumbres escarchadas 
I" est» tthrando en hilos leves 
a plata de las limpias nieves. 

, sonoros, libres arroyuclos 
de piedra en piedra Juguetones 



Césped brotando y derritiendo hielos 
En curso inquieto y deleitables sones , 
Felices sois pues que mundanos duelos 
No adormís, ni raquíticas pasiones 
Al compás con que os suelta y desparrama 
Desde sus canas cumbres Guadarrama. 

Pues-naciendo en rec^^nditos asilos 
Rodáis por esas mudas soledades, 
En anchas ondas , ó en delgados hilos. 
Por altas rocas , ú hondas cavidades, 
Ya os arrullen los céfiros tranquilos. 
Ya el soplo de revueltas tempestades; 
¡Felices vuestras aguas trasparentes, 
Libres arroyos y perdidas fuentes ! 

Bajad del monte, y si en el valle nmbroM 
Bajo su tosco pabellón de pinos 
La soledad os cansa y el reposo 
De sus antros y sotos peregrinos , 
Torced el suave paso rumoroso , 
Trasponed puentes , y cruzad caminos 
Ganando tierra y conquistando calle 
Hasta los bordes del postrero valle. 

Cual solitaria y lánguida palmera 
Que el sol marchita y Aquilón azota 
Veréis allí á Segovia la altanera 
Ya por el tiempo consumida y rota, 
Tal \ez caduca, pero hidalga, y llera 
Con su pujante antigüedad remota. 
Que aun la ofrecen sus claros manantiales 
Sobre torres sin tiempo arcos triunfales. 

Bajad , arroyos , la veréis ufana 
Raudos al deslizar vuestra corriente 
Sobre esa enorme creación romana 
Que al par la sirve de obelisco y puente; 
Nuble corona que sustenta vana 
Sobre la apenas poderosa frente ; 
Yuco gigante que la abruma el cuello. 
De su antigua grandeza último sello. 

Dejad , arroyos , la empinada cumbre , 
El \erde solo y soledad amena, 
Y cruzareis la inmensa pesadumbre 
De la alta puente de hendiduras llena : 
De \eiute siglos la continua lumbre 
Su tez ha puesto pálida y morena, 
Pero aun se tiene colosal y erguida 
Vertiendo fuerza y ostentando vida. 

Bajad , arroyos , y veréis cuan vanos 
Junto á ese eterno y portentoso e-scombro 
Parecen los escombros cortesanos 
De otra mas Haca edad timbre y asombro. 
Ellos al fin hundiéronse hvianos, 
Mas ese aun presta infatigable el hombre 
Mostrando audaz á la flaqueza humana 
El vigor de su estirpe soberana. 




116 



COMPOSICIONES DIVERSAS. 



I Oh I Moe meiquliiot reitot soUtarlot 
Que yacen por los llanos estendidos , 
Negras torres , desiertos camimnarios , 
Solares sin señor, templos hundidos , 
En eriales y cuevas y calvarios 

Y en olvidado polvo convertidos , 
No pudieron guardar en la memoria 

Ni aun de sus dueños la vecina historia. 

Ahí están esas góticas capillas 
Orladas de magnificos relieves , 
Cargadas de sutiles maravillas 
En sus aéreos arabescos leves ; 
Ven , y en esas ruinas amarillas , 
Escrutadora edad , lee si te atreves 
Por mas que rompas al pensar los diques 
Mas que confusos Alvaros y Enriques. 

Avanza un siglo mas en tu camino 

Y un poco mas tu huella profundiza, 

Y de Alvaros y Enriques el destino 
Se hundirá con la tierra quebradiza : 

Y mañana pasando el peregrino 
Al topar de sus huesos la ceniza 
Dirá por conjeturas : ; aqui fueron t 
Pero podrá jurar que aqui murieron. 

Ahí queda en ese alcázar mutilado 
Bajo los opulentos artesones 
De royes un espléndido senado 
Con sus cetros , coronas y blasones ; 

Y hoy en su puente roto y derribado 

Y en sus pintarrajeados mural Iones 
Acaso en vano el pensador profundo 
l^s huellas buscará de Juan Segundo. 

Que aun tres siglos su faz surcan apenas , 

Y tres veces tal vez le apuntalaron ; 
El uno vació en lanzas sus cadenas , 

Y las lluvias dci otro le minaron. 
Cegó el otro de adobes sus almenas , 

Y ios tres ai pasar le profanaron , 

Cual copa asi que en el festin rompieron 

Y por juguete á los muchachos dieron. 

Do quier se tiendan los avaros ojos 
Escombros bailan , débiles memorias 
Que apenas en estériles despojos 
Rastro dudoso dan de sus historias : 
Dunde quiera en fatídicos manojos 
Huesos se hacinan y se esconden glorias, 
Sin que sepan decir lautos osarios 
Si cnm romanos , godos ó templarios. 

Mas id á demandar á ese coloso 
El nombre de la patria y la alta cuna 
De la raza del pueblo poderoso 
Qtic ati'> á sus pies el tiempo y la fortuna : 

Y cu ese audaz esfuerzo prodigioso 
<.on que á la edad fatiga é importuna, 



Con que de veinte aiglot la ctfioaia 
Se atreve á rechazar, TereU i lUnm. 

En vano airado le sacude el viento, 

Y en vano el ronco temporal la moja, 

Y en vano sobre el monstruo macileota 
Tan larga edad su pesadumbre arroja; 
Qne siempre altivo y grande y opoloíi 
Ni el vendabal ni la vejez le enoja; 

Y siempre rico en su ciudad derruní 
Los arroyos que bebe en Guadamm. 

Bajad del monte , frescos riachadv, 
Aguas puras de fuentes cristalinas 
Que holláis el césped y chupáis loahkta 
En esas cumbres á la luí Tednas; 
Bajad del monte si abrigáis desvelos 
En vuestras soledades peregrinas, 
Cansados ya de la desierta sierra 
De ver mas ancha y bulliciosa Uem. 

De esa colina en la escondida falda 
Donde entre brezos de color pajizo 
Tiende la yerba trenzas de esnüeralda 
Con que á sus solas sus alfombras biM. 
Donde con flores de carmín y gualda 
Corona vuestro espejo movedlio, 
Hay una puerta en. el hendido cateo 
De los doblados lomos de un peñasco. 

No hay á su paso impertinente estorbo 
Ni crece á su dintel adelfa amarga, 
Ni (lera alguna de talante ton-o 
La linfa turba en su carrera larga : 
1 orced por ella vuestro curso corro 
S(»bre el peñasco que el camino alarga 
Hasta que vuestros rápidos cristales 
Rueden sobre los arcos imperiales. 

Surquen ¡oh fuentes! en tropel booho 
Por la ancha espalda del escelso poeate 
Reverberando las madejas de oro 
Yucstras gotas, del sol resplandedestc 
Bajad del monte en susurrante coro 
Agitando la límpida corriente; 
Yercis el sello con que el hondm» dona 
De veinte siglos la opulenta Roma. 

Y si pasando , desde el alto lecho 
Do el puente os presta soledad y abriio, 
Ycis por las grietas del canal estrerbo 
Tai vez llorando á mi amoroso amiio. 
Si es que las llagas de su herido pecho 
Consuelo admiten ó á su mal testigo, 
Decidle que hay quien su pesar agón 
Del Manzanares á la margen llora. 

Frescas , puras, corrientes, crlslalian 
Fuentes sonoras , limpios arroyuekN 
Que de esas cumbres á la luz Tecinas 
Holláis el césped y bébtls los hMof . 




TERCEHA PARTE*. 



intas flores las espinas 
3 y cansados duelos, 
ra fugitiva randa 
npas música blanda. 

e en matizadas flores 
as vuestra verde orilla, 
ibra , arroyos bullidores , 
dora y amarilla; 
lindos niisenores, 
i y triste tortollila 
estras frágiles espumas 
M y espoAjadas plumas. 



NIÑA C. D. E. 



creces afima 
lor temprana 
!n el vergel , 
primorosa 
lor pomposa 
itíces en él ; 

ita mientras dura 
a frescura 
de tu abril , 
ce claro el dia 
ridamia! 
la infantil. 

da y de luí lleno 
oy sereno 
idido tu sol 
ampo dora 
B tu aurora 
anebol. 

ta, que este yerto 
ran desierto 
os mundo aqni, 
blandos olores , 
leas flores , 
ra tí. 

para tu infancia 
ly fragancia , 
bra, fresco y paz, 
ito revoltoso 
;mpestuo80 
tu solaz. 

ás colgar tu cuna 
s la luna 
I resplandor, 
ánra la meca 
t«adorm«ot 
otlroltaftor. 



Aun podrás con tu sonrisa 
' Blanda brisa 
Conjurar para dormir, 
Síñ que turbe tu contento - 
Un pensamiento 
Del dudoso porvenir. 

Aun podrás en deliciosos 
Vaporosos 
Blancos sueños delirar, 
Sin temer que el desengaño 

Vele uraño 
A tu lado al despertar. 

Que los niños mientra os dará 

La ventura 
De la Cándida niñez. 
Siempre halláis un seno amigo 

Que 08 da ^rigo , 
Cabna y defensa á la vez. 

Ramas de amorosa yedra 
Que á la piedra 
Qne os ampara os acojels , 
Pagándola en fortaleza 
Y en belleza 
Elfovorque la debéis. 

{ Ah! y podéis tomar los ojos 
Sin enojos 
Ni zozobra criminal 
A buscar un tierno abrazo 

En el regazo 
Que os sustenta maternal. 

Que sois ángeles los niños, 

Gomo armiños 
En pureza y en candor; 
Dulces prendas de consuelo 

Que en su duelo 
Da á los hombres el Criador. 

Riey canta, niña hermosa, 

Flor pomposa 
De la vida en el verjel; 
Rie y canta mientras dura 

I^ ventura 
V la paz que hallas en él. 



Rie y canta tu alegre primavera. 
Mariposa de candido color, 
Que te meces inquieta y pasajera 
De árbol en árbol , y de flor en flor. 

Mientras puedes gozar, goza y delira; 
Mientras en este yermo valadí 
La ráfaga que abrasa ai que la aspbn 
Brisa te da consoladora á ti. 

Gosa, niña , tranquila deseoidada 
Las dakes horas qne da amor t« étm • 



UB 



COMPOSICIONES DIVERSAS. 



Sin acordarte de la edad pagada , 
Ni del dudoso y venidero afán. 

Goza , nina , en tan nii^glco embeleso 
El puro halago del materno amor, 
El labio atento al regalado beso, 
La frente tinta de infantil rubor. 

Esa es tu dicha , tu placer, tu vida , 
Vivir amando, y para tí no hay mas, 
En el regazo maternal dormida 
Sin ver delante, y sin mirar atrás. 

{ Oh ! ven, hermosa, á mis cansados brazos, 
Yo quiero amarte y delirar también; 
Quiero gozar tus débiles abrazos , 
Besar tus labios v tu blanca sien. 

¡Si tú alcanzaras ú saber de im niuo 
Los mimos inocentes lo que son, 
Y cuánto calma un infantil carino 
La amargura y pesar del corazón... I 



Ven , sentada en mis rodillas 
Tus mejillas 
Amoroso besaré , 
Beberé en tus ojos bellos 
Cuanta vida oncnentrc en ellos, 

Y en su luz me mirare. 

Si en mis brazos arrullada 
Fatigada 
Te pluguiera dormitar, 
Ponpie duermas muellemente 
Alzaré con f lisamente 
Algún liinguido cantar. 

Y si alegre, entretenida 
Estás , t mi vida ! 
Escuchándome decir. 
Te contaré lindos cuentos 
De fadas y encantamientos 
Que te halaguen al dormir. 

Te diré historias tan bellas 
Que con ellas 
Suenes, niña, sin cesar; 
Te diré cosas tan suaves 
Como el canto de las aves, 

Y del aura el susurrar. 

Rie , niña, y canta ufana; 
Flor temprana 
De la vida en el verjel ; 
Ríe y canta mientras dura 
El rciralo y la ventura 

Y la paz que hallas en él. 

Antes que tu edad contenta 
La tormenta 
Hi|;arr« de una pasión, 



Rie y canta mientra inerme 
En la paz del tiempo duerme 
Encerrado el aquilón. 

Mientras lejos de ti braman, 
Y esparraman 
Las venturas del vivir 
Los mundanos vendábales, 
Tú las dichas terrenales 
Apresúrate á reir. 

Rie y canta , niña hennon, 
Flor pomposa 
De la vida en el verjel; 
Rie y canta mientras dora 
El regalo y la ventura 
Y la paz que hallas en éL 



A UNA CALAATRA. 

FANTASÍA. 



« ¿CoBoMi É M0 boafertf 

— Ni» por ciertu. 

— Mirata bien , j tónaltlMi 

— 1 1 pofible. Lie?» «M Bucí 
imp«ne; rabie COBO Us liiMiii 

r. Ceei 

\ Ahí estás tú , secreto de la vida 
Espantosa memoria de la muerte 1 
Cifra cuanto fatal desconocida, 
¿Quién alcanzó jamás á comprendí 

Honda verdad donde el vivir se ( 
Gerogliílco audas, testigo mudo 
Que incrustó en los dinteles de la 
Quién sostenerse á su dintal no pu 

Ahf estás con tu Irónica sonrisa; 
Tus huecos ojos y tu calva frente] 
Aguardando tal ves la última brisf 
Que al puerto, del morir llevo la 9 

¿Qué miran, di, tus cóncavos 1 
¿Qué escuchan tus oídos sin orcji 
¿Rien de los humanos desvarios 
Con gesto inmóvil tus encías vicji 

¿Quién eres, di, desnuda calaví 
Crédito del que fué, prenda de a|i 
Que por ser una prenda decualqui 
No como SU} a te querrá ninguno? 

¿Fuistes hermosa y Joven y ado 
Fuiste grande, feliz, rica y temldi 
O crnzastes el mundo despreciada 
Mendigando tu pan desconocida f 

Si fuiste rey, ¿qnéaehlio tu ce 
Si grande , ¿qué se hloleran tas h 




TERCnU PARTE. 



llt 



oblen y ta poder abona 
sepulcro en las regiones? 

una yet esa campana 
or los tIyos que murieron? 
u Toi triste y lejana 
ias almas acudieron ? 

vez, sombría calaTcra, 
IOS monget te lleyaron 
o, donde en pompa lastliMn 
^gro ataod te colocaron? 

Mte su morada oscura 
[ue gonras cuando Tleraa 
xas que la tierra^ Impura 
ir en tantas calaveras 1 

i la lux triste y mendigo , 
tgaba en la mortuoria fiesta 
común tener contigo 
un trono, un ara , y una orquesta? 

i la roja luz de los blandones 
I dd ara te velas , 
tlar tos cóncavas (acciones, 
«o mobln , ¿no te reías ? 

er tus viejos pensamientos, 
oMmlentos te dejaron 
, los gusanos y tos vientos , 
ió á reír lo que pensaron? 

Diña hermosa que escondía 
de marfil torneados , puros , 
ixos que en la sien mecía 
on, como la sombra oscuros, 

de azabache que espiaban 
•i mancebo Irreverente 
co criminal brotaban 
leí pudor sobre su frente , 

niña bulliciosa , inquieta , 
iida de crespón y flores , 
eno parecer sujeta 
del iJtar sofiaba amores : 

ias seca y descamada, 
|)eUo en la hermosura hediiía, 
nte , huera !a mirada , 
de coral vueltos ceniza. 

ran coaa ha de ser sobre ana tamba 
ir en el polvo reunida 
iltitud que se derrumba 
B precipicio de la vida! 

la ¡ vive Dios 1 llamar á fiesta 
inte vos de las campanas, 
r cirios y aprestar orquesta I 
Mures y entoldar ventanas , 

lar á celafarar stt nada 
loventnd, pMBpa y Mtau 



Vejeta en una tierra condenada 
A acabar en la nada donde empteta. 

¡ Oh ! I Gran cosa tener en una farsa 
El principal papel , la voz primera 1 

Y ver al rededor pueblo y comparsa 
Siendo en un funeral la calavera, 

Tener un rey y un pueblo prestiroado, 
Cabizbajo y sin voz , humilde y quedo i 
Todo el poder del mundo arrodillado , 
Lleno el cobarde corazón de miedo. 

i Oh I ¡Gran cosa tener reyes y hermosas 
Descubierta y doblada la cabeza. 
Sin poder en las manos poderosas, 
Sin encantos ni gracia en la belleza , 

Y en un sitial de muerte y podredaiid>re 
Sentirle bajo el pié coipo un Juguete , 

Y reir de la esclava muchedumbre 
Ala sombra de sórdido bonete! 

{Gran corona Imperial I ¡grave tocado! 
En un harapo Inútil é irrisorio 
Un esqueleto seco y cercenado 
Presidiendo en un túmulo mortuorio. 

¡ Grave fiesta terrena ! ¡ regia pompa! 
¡ D>onde vamos los míseros mortales 
Al ronco son de la funesta trompa 
A cantar nuestros propios funerales! 

I Donde á la entrada del fatal recinto 
Suenan los brindis, la algazara y ^tá 
Que dentro del mundano laberinto 
Al insensato populacho irrita! 

I Oh ! tú puedes éssÉrle al mundo entero : 
« Ríete y bebe , miserable, y danza, 
Mientra en el lecho funeral te espero, 
Porque yo soy tu fin y tu esperanaa. » 

¿Y no ríes , sombría calavera ? 
¿ No te se antoja descender al llano , 

Y entrar en el festín como cualquiera 

Y á una hermosa ofrecer la seca mano ? 

¿ Agitar tu esqueleto en danza loea , 
Con tus huesos ceñir una cintura 

Y preparar en la desierta boca 

Un ósculo á la gracia y la bennosun? 

Porque si fuiste bella en otros dias. 
Con ojos negros , labios de corales , 
Alguna vez sin duda gustarlas 
La dulce hiél de halagos criminales. 

Porque si fuiste grande y poderooo, 
Sin duda que en ensayos seductores 
Sondaras el secreto vergonzoso 
De trastornar en duelos los amores. 

Porque si asdavo ftaistas ó nwndiii 
Ansiarlas de g^Biss y ie doeftea 



150 



COMPOSICIONES DITKRSAS. 



Los que no dividieron i ay ! contigo 
Torpes placeres « y nefandos sueños. 

Porque si fuiste austero solitario , 
Allá en la soledad de tu retiro 
Alguna vez lanzaras temerario 
En pos de otro placer algún suspiro. 

¿No te se antoja descender al llano 
Engalanada , y fácil , y ligera, 

Y en la fiesta mostrar al mundo insano 
De repente tu calva calavera? 

I Oh 1 ¿qué te falta para bien tamaño? 
¿Una piel trasparente y delicada 
Que cubra el espantoso desengaño 
Del secreto fatal de nuestra nada? 

¿Y qué Importa la piel, manto gastado 
Que nos presta al nacer la tierra ruda? 
Serás una beldad que han convidado , 

Y por mostrarla mas viene desnuda. 

I Oh ! ven á delirar donde deliren, 

Y serás la verdad á quien adoren , 

Y el espejo serns en que se miren 
Cuando al tocar su fin clamen y lloren. 

Y ven á murmurar donde murmuren , 
A cantar donde canten , las botellas 
A apurar donde en orgia las apuren 
En ebria confusión ellos con ellas. 

Brinda altanera cuando brinden todos , 

Y con todos también Jura y blasfema, 
Hasta que doblen la cerviz beodos 
Para alzarla á la voz de tu anatema. 



Harapo que deja el hombre 
Porque sn raza al pasar 
El suelo en su viaje alfombre; 
Firma fatal cuyo nombre 
No se alcanza á deletrear ; 

¿Y. es cierto , cráneo pajizo. 
Que aunque pese al corazón 
Eres tú para quien se hizo 
Tanta gala y tanto hechizo, 
Tanta y tanta creación? 

¿Es cierto que en otros días 
Con otra faz y otra tez 
Como yo vivo, vivías, 
Como yo rlo^reins. 
Ajeno de tu hediondez? 

¿ Que en esos cóncavos hondos 
Dos ojos aposeutalias 
Vivos , Inquietos , redondos , 
Y que esos dientes hediondos 
En dos labios encerrabas? 



¿Qne en tu rolda meJiEa 
Brillaron matices bellos 
En tu tierna edad sencilla , 
Y que en tu sien amarilla 
Se arraigaron los cabellos? 

¿ Es cierto , di , que esa boc 
Sin contomos ni calor 
Que hoy solo la muerte evoa 
Manó en tu esperanza loca 
Dulces palabras de amor? 

¿ Que acaso el labio amoroi 
En suavísimo embeleso 
A un amante cariñoso 
Demandaba voluptuoso 
Regaladísimo beso? 

¿ Que tal vez , sabio proftin 
Pasabas tus largas horas 
Sombrío y meditabundo 
Buscando avaro en el mnodo 
Venturas engañadoras? 

¿Que tal vez el ojo atento 
Sobre un libro aroarlUenfo 
En tu amarga soledad. 
Se agotó tu pensamiento 
Pensando ta eteniidadf 

¿ Que tal vez, señor mnadi 
De alcázares y jardines. 
Viviste torpe y ilviano 
Entre tropel cortesano 
En impúdicos festines? 

Y ese mundo vaiadi 
Sabio , amante , loco, ó rey. 
Te trajo con mofa aqui 
Diciéndote : « Esta es la lejí 
Cadáver, descansa ahí. > 

¡Ohl I nada nos deja Tcr 
De tus hlstoriaá'de ayer 
Tras de tu faz deleznable 
Tu máscara impenetrable 
Imposible de romper ! 

Todo lo envuelve esa im^ 
Vaga, insondable verdad 
Que tu inmoble gesto escuda 
Esa verdad que desnuda 
La invisible eternidad. 

Y el pensamiento altanero 
Viene á estrellarse ¡ay de D 
En ese gesto severo, 

Que es un centinela fiero 
De lo que hay detrás de ti. 

En vano dentro la nunts 
Se rebelan revoltosas 
Las ideas loeamanta 




TERCERA PARTE. 



>8e de repente 
mentirosas; 

vienen á espirar 
cóncavos vacíos , 
; fuentes van á dar 
)> os á los ríos , 
>s á la mar. 

ino la vida entera 
tu verdad conspira» 
»sa calavera , 

en tu faz severa 
anece ó espira : 

« cervij curada 
i de la tormenta , 
lempo descamada y 
ida inanimada 
empo ni el sol calienta. 

tn mirada indecisa, 
irónica sonrisa, 

1 hendida y entera, 
solitaria hilera 
entadunilMu 

te estás «trt la trena 
in^cosa calda, 
Dútll prenda ajena 
I nadie Juxga buena 
rque esti perdida. 

Jt Dios ! que si los hombros 
día te sustentaran 
m á estos escombros 
irte , { con qué asombrof 
er te acariciaran 1 

si aliándote una vei 
pluguiera ostentar 
lidaesplendides, 
!ras tu hediondei 
vida engalanar; 

mdieras en tu frente 
ibelios postizos 
madeja reluciente 
1 confusamente 
perfumiidos rizos; 

esqueleto sonoro 
altiva tú 
nuciese decoro 
lácar, perlas y oro 
! crujiente tisú; 

leras el seco cuello 
as flotantes plumas , 
lares y el cabello , 
chando sobre ello 
tUet eomo «spunuM : 



Y el repugnante mohlii 
De tu inmoble rostro viejo 
Con esa risa sin fin 
Asomaras á un festín 
Tomándole por espejo ! 



SI acaso rey destronado 
Te se antojara salir 
Para ver do está entemido 
El ejército arrojado 
Que llevaste á combatir, 

Y allá en el campo desierto 
Do ftié tu postrer batalla 

De aquel mausoleo abierto » 

Tu pueblo evocaras muerto 

De entre el polvo en que se halla, 

Y si á tu voz poderosa 
Despertando con asombro 
Tu nación volviera ansiosa 
Trayendo el arnés al hombro 
El faz de guerra espantosa... 

I Oh ! I diabólico senado , 
Medrosa , horrible ilusión , 
Ver tanto esqueleto armado 
En torno un rey convocado 
Al dintel del panteón 1 

Y si vagaran errantes 
Ensordeciendo larllerra 
Combatiéndose puianfes 
Con clamores Insultantes « 
Pregonando su Impíi^eiTa.., 



I Ah ! { delirios son del ahna 
Que no te alcanza , Se&otí 
En ios terribles secretea 
De tu infinita creación ! 

En los tormentosos diai 
De mi mundanal dolor 
Medité desesperado 
Sobre ios sepulcro» yo. 

Pasé de tumbas á tumbaa 
De mi poH'enir en pos , 
Y en todas encontré polvo, 
En todas polvo, Señor. 

En todas esa sentencia 
Que cae sobre quien nació 
Desde esos gestos inmoblea 
Sin miradas y sin voz. 

En todas esos despojos. 
En cuya horrible atención, 
En euya eterna sonrisa 
De complaetnola fsroi • 




m 



COMPOSiaONES DIVERSAS. 



En cnyo todo espantoso 
Deletrea el corazón 
La triste palabra nada 
Confundido de pavor. 

¿Y es ese , Señor, el hombre 
Que de tu mano salió. 
Hecho á semejanza tuya, 
Aborto digno de un Dios? 

¿Es esta, Señor, la vida, 
Que como una maldición 
Nos carcome cuanto bello 
Tu bondad nos regaló ? 

Entonces i ay ! ¿qué nos vale 
Que alumbre tan puro el sol 

Y en la noche le refleje 
La luna en su resplandor? 

¿Qué sirve que allá en les bosques 
En pintada confusión 
Canten en bandos alegres 
El mirlo y el ruiseñor? 

¿Que los árboles murmuren 
En melancólico son , 

Y esponje á su blanda sombra 
Su dulce cáliz la flor? 

¿Qué sirve que en blanda arena 
Tienda su curso veloz 
El arroyuelo que viste 
La pradera de verdor, 

Y con sus líquidas perlas 
Los jasmines juguetón 
Salpique con que la pródiga 
Primavera le alfombró ? 

cQue el mar se cncor^'e bramando 
De las playas en redor; 

Y le azote y le sacuda 
Revoltoso el aquilón? 



¿Qué sine ese délo asul 
En cuyo centro adunó 
Mil nubes tornasoladas 
En caprichoso montón ; 

Si todo no es mas al cabo 
Este universo , Señor, 
Que de una inmensa familia 
El inmenso panteón ? 

¿Qué sirve á esa calavera 
Una existencia de honor. 
Una vida de virtudes. 
De crimen ó de afllcdonF 

¿Qué le vale todo un siglo 
De penitencia ó de amor, 
La corona ó la cadena 
Que en este mundo tnrtstró, 

Si el hombre que la Uerabí 
Al salir de esta mansión 
Como una máscara InátU 
Despechado la arrojó F 

En vano la be demandai» 
Por la infamia ó el hlasoB 
Del dueño que en ese osario 
Entre el pohro la olvidé. 

Su vago mirar me asumía, 
Su sonrisa me hace honor, 
Y su boca tiene ahogada 
En su garganta la voz. 

« ¿Qué espera ? » Tal t« |f 
Ahi está al aire y al sol. 
Eternamente riendo 
De cuanto pasa y paa4« 

Al borde de la vereda 
Que conduce al panteón, 
Diciendo á cada vlijero 
Con eterna risa: « |A IHoiI* 




CUARTA PARTE- 



> HOJAS SECAS. 



A V MADRE. 



todo al fin m desranece , 
e olvida, pierde y horra... 
eliz, masTivo triste, 
r arrastro en mi memoria. 

un bosque, un aveqae pasando 
iento descarriada y sola 
araion , y á mis pupilas 
láifrima se asoma. 

r un claro rlachaelo 
la con azules ondas , 
or del trémulo crepúsculo 
te murmurar sonora. 

r tras el opuesto monte 
su fo^ esplendorosa 
lesde el hondo valle 
las aguas y las hojas , 

*n paseos solitarios , 
nos delirando sombras 
a floresta sin camino , 
ericas historias. 

ristc ; cansa y no interaati 
intrincadas, corla t 
a s(»lamcnte mia 
uctins que á la vez se Ignoran. 

ia de un sueño fatigoso 
tucede , nada importa ; 
ide , pero no se olvida, 
«cuerdos nos acosan. 

rdo con vergüenza slempit, 
izarla , y sus memorial 
i m:igico veneno 
razón una tras otra. 

ítieis, dulcísimos instantes 
i ientU? i Dó eatao ali^ni 



Los labios de coral que me colmaroq 
De blandos besos qoe nnojos lloran í 

¿Dó está la mano amiga que treí 
L41S hebras mil de mi melena t h» 
Tejiéndome coronas en la frente 
De azucenas ailvettres y amapolas? 

Era ¡ ay de mi 1 mi madre t alegre efiton< 
Tranquila, amante, como el alba hermc 
Jamás me ha pereddo otra hermosoii 
Tan digna de vivir en mi memorUI. 

Apartaos , impúdicas quimeras, 
Mas os detesto cuanto mas vosotras 
Tenaces me seguís; ya no sois nada. 
Cesó el festin, rompiéronse las copas. 

Ella es mi m:idre, sus ardientes beaes 
Con vuestra vil presencia se inflcloDan : 
Idos en paz , que el llanto de sus Ijoa 
Del alma impura Tuestra Im^ien bofrt. 



¡Madre, te encuentro llorando! 
¡ Ah, no atiendes á mis vocesl 
Mírame , ¿no me conoeet? 
¿Tan mudado, madre, ettigrf 
¿Tan pronto borrar pudienÉ 
Mi rostro las desventuras... f 
¡ Bebí tantas amargurul 
Pero al fin, madre, yo soy. 

I Cuan trémula está tu mano ! 
I Tu corazón cuan opreso ! 
Madre , ¿ no tienes un beso « 
M una queja para mí? 
¡Lloras! Beberé tu llanto... 
Mas abrasan tus mejillas... 
Heme , madre, de rodillas 
Avergonzado ante ti. 

Apartas de mi los ojos , 
Sufres viéndome, Iotco; 
Mas estoy como está el reo 
HumUlado ante su DIoe. 




124 



COMPOSiaOlfES DIT£RSAS. 



Tornadme el rostro , sefiora , 

Y aunque lo toméis severo, 
Aunque sea el favor postrero 
Porque me ausente de vos. 

Lo sé; receláis acaso 
Que Tendí vuestro cariño 
Por el impúdico aliño 
De otro amor mas terrenal. 
Este color de mi frente 
Tal ves os parece impuro... 
I Ohl madre mia , os lo Juro , 
Me babeis comprendido mal. 

Bofté y me desvanecieron 
MU Cítales ilusiones, 
Sentí mis looaa pasiones 
Dentro de mi pecho arder. 
La tempestad era horrible, 
La noche lóbrega, densa. 
La mar tormentosa , Inmensa, 
Mi barca débil... ¿qué bacerl* 

Lanzado al mar sin aviso , 
Dejeme llevar del viento. 
Sacóme el mar turbulento 
A otra playa de Ilusión ; 
Yo á lo lejos la miraba , 

Y era una tierra tan bella 
Que el pasar, madre, por ella 
Fué terrible tentación. 

Bebi el agua de sus fuentes. 
Gocé el aura de sus flores , 
Embriagado en sus amores 
En sus bosques me adormí ; 
Allí el placer me esperaba , 
Vos en la opuesta ribera... 
Horrible tentación era , 
Mas luché, madre, y venci. 

Tal vez en mi sien soñaba 
Glorioso laurel naciente; 
Yo le arranqué de mi frente , 
Pensaba en vos, y le hollé. 
Allí quedó entre la arena , 

Y al lanzarle, dije : crece. 
Que si mi sien te merece 
Mas ansioso volveré. 

En vano mis ilusiones 
M<* acosaron tumultuosas ; 
A las ondas procelosas 
Me arrojé audaz y volví. 
Sin fuerza , sin esperanza , 
Madre , en mi congoja fiera 
Tu imagen fué la postrera 
Que guardé mientras viví. 

I Mas tú inconsolable lloras 
Sin atender á mis voces ! 
|Ml vida! ¿No me conoces? 
j Tan mudado, madra, estoy P 



¿Tan pronto borrar pudieron 
Mi rostro las desventuras f 
I Bebi tantas amargaras...! 
Pero al fin, madre, yo soy. 

I Mas no me escuchas! tUoiaoi 
La faz amorosa escondes! 
Te llamo y ño me respondes: 
I Tanto , madre , te ultraiél 
Te entiendo , por fin ; yo solo 
No basto ya á consolarte; 
Me será fuerza dejarte, 
Y á la mar me ToWaré. 



Mas oye. Es el oto&o ; 
El ábrego los árboles sacude , 
De roncos cuervos el siniestro 
A los peñascos cóncavos 



Brilla sin fuerza el aol cd 

Y allá en la falda da eiplDOs eriMi 
Guia el pastor con paaolndlfBnBlí 
Las humildes ovejas al aprisco. 

Seco el follaje de la adm naikk 
De sus verdes doselea se de^oÍ>> 

Y al empuje de ráfaga brará 

El bosque ae desnuda hoja per Hl 



El ábrego las huella y 
Las arrastra en revuelto IoiMUMi 
Ciega en la fuente la serena plitat 
Borra los lindeo del Igual 



Triste fantasma dd ve^él 
Y esqueleto fantástieo aeBMja 
Cada desnudo tronco , im día 
De la sombra magniflea qpie d^a. 

Flores^en dónde estalafo^**! 
Los céspedes que amenoa ea 

¿Cómo los miseñorea no i'OBpoain 

Al son de las alondras qae paHiMi' 

¿Qué es del arrullo de k 
Donde á bd>er bajaíban las 
¿ Qué es delaura que 
Cargada de suspiros y de 



I 




Las galas del abril ae marcUlanii 
Los céflres errantes se eattngnlenif 
En ayes los murmullos se tanMiWf 

Y anchos arroyos las corrientes 

Todo pasó. En el valle panUeoii 
Hay en ves de una fdenle ana taid 

Y en las ramas dd álamo pu n p i i» 
Las hojas sc< dennoaiav* 



Asi , madre, manlidtas 
Conlasbojasdi 




CUARTA PARTE. 



121 



tdÜDdott uno anuo, 
m de la pasión, 
in las itaslones 
speranza importuna 
idiéndose una á una 
eco corazón. 

» esas bojas marchitas, 
erin á su rama : 

las desparrama , 
la las pudrirá. 

i t>osque queda triste , 
»oso y desnudo, 
solitario y mudo 
zon siento ya. 

hojas amarillas 
er nos prestaron sombra 
las querrá por alfombra 
laaolado abril ; 
(, madre , cual ruedan 
la arena perdidas , 
as y sacudidas 
aora mas sutil. 

son nuestras creencias , 
as míseras ficciones : 
n nuestras pasiones , 
a Tida terrenal : 
, dan sombra un instante , 
D , se mecen , se cruzan , 
ruedan, se desmenuzan , 
lera el vendabal. 

lias al rápido soplo 
'no desaparecen , 
en el árbol crecen 
ipiñan otra vez ; 
oiré, cual hoja seca. 
Tiento desprendida , 
Irando de mi vida 
rentud , la tejez. 

1 negro remordimiento 
r doquier conmigo 

verdugo y testigo 

perdurable afán, 
ndo á su vieja llama 
lezcan mis cabellos , 
i, debajo de aquellos 
( otros nacerán. 

■que estas bojas errantes 
mr mi memoria vagan , 
recuerdos que amagan 
jarme hasta morir, 
i secas de mí mismo, 
irrancadas de mi centro 
pegadas encuentro 
oderlas desasir; 



Kopaiarán como pasan 
Ens hojas del otoño. 
No tienen otro retoño , 
Mas tampoco tendrán fin ; 
Sopla el viento y no las lleva, 
Cae la lluvia y las perdona , 
Igualmente las abona 
El desierto y el jardín. 

Dicen que todo al fin se desvanece , 
Todo pasa, se olvida , pierde ó borra... 
¿Soy infeliz? — No sé. — Mas vivo trlfta 
Y un torcedor arrastro en mi memoria» 

Madre , ¿ creerás tand)len que todo 
Como en alas del ábrego las hojas « 
Como del vago céfiro los ayes, 
Como del mar las fugitivas ondasF 

¿Crees tú que pasarán para tu hijo » 
Como del bosque la agostada pompa, 
Tus recuerdos, tu amor, tu sacra imagen. 
Que todo el corazón le ocupa sola? 

¿Crees , madre, que al huir desesperado 
A playas estranjeras y remotas 
Corre tras la molicie y los placeres , 
Busca una libertad cínica y loca? 

¿Crees tú que anhela en climas apartados 
Libre gozar su juventud fogosa? 
¿Crees que olvidado de su madre viva...? 
Quien lo dijo mintió, madre y s^ora. 

Do quier que arrastre su existencia Inútil, 
Suerte feliz, ó misera, le acorra. 
Ya duerma en los harapos del mendigo , 
Ya en blanda pluma de opulenta alcoba , 

Ya espere un porvenir sin esperanza , 
Ya circunde su sien verde corona, 
En la mazmorra, en el alcázar... madre, 
Dondequiera que aliente, allí te adora. 

Que es mi pecho tu altar, y aquí tu Imagen 
Nunca pasa , se olvida, pierde ó borra , 
Como pasan, al aire del otoño. 
Del bosque umbrío las marchitas hojas. 



RECUERDOS DE VALLADOLID. 

TRADICIO.^!. 
I. 

D, Tello. Señora , por vida mia 
Que os di siete meses mas, 
Y es un plazo que quizás 
Concederos no debía. 

¿Pareceos aun poco? 

D, Ana, No. 




COMPOSICIONES BltERSilS. 



D. TelUt, Pedisteis un año. 

D, Ana. Sf. 

D. Tello. SI año y medio os concedí , 
¿Qué mas hacer pude yo? 

Don Juan de Vargas no Tiene. 

D, Ana. Harto pur mi mal lo sé. 

D. Tello. Pues que t«into os aguardé 
No esperar mas me conviene. 

Que fuera lance fatal 
Que mi imprudencia pudiera 
Dejar que Don Juan volviera 
Con derecho al mió Igual. 

D. Ana. Tenéis, Don Tello, razón. 
Pedi por término un ano , 
Pues tan fiero desengaño 
No aguardó mi corazón. 

Prometí que si en todo él 
El de Vargas no Tolvia 
Con vos me desposarla ; 
iCreile menos Infíel! 

Año y medio me esperó , 
Don Tello, vuestra nobleza, 

Y en tan hidak'a grandeza 
No habré menos de ser yo. 

A mi padre responded 
Loqueos dije, vuestra soy; 
Mas si Don Juan vuelve hoy .. 

D. Tello. Dona Ana , el labio tened , 

O mirad lu que decís. 

D Ana. Si acabar no me dejais... 

D. Tello. No, que ó todo lo negáis, 
O todo lo consentís. 

Vuestra fé daréis entera 
Como os la pide á Don Tello , 
Que si Vargas vuelve , en ello 
Yo sé bien lo que me hiciera. 

D. Ana. ¿Qué decís , Tello ? 

D. Tello Doña Ana, 

Yo os pedí para muger; 
Mirad si lo habéis de ser, 

Y vuelva Vargas mañana. 

D. Ana. Que sí os dije; pero si hoy 
Viniera Vargas , ya no. 

D. Tello. Ya en eso me veré yo , 
Pues vuestro marido soy. 

D. Ana. Pues, Don Tello, si viniera... 

2>. Tello. Vive Dios que le matara, 
Pues porque yo os esperara 
No era justo que os perdiera. 

2>. Ana. ¡Don Tello! 

D. Tello. Miradlo bien. 

Que pues mas no he de esperar. 
Conmigo habéis de casar 
Si viene, y sino también. 

D. Ana. Don Tello, pues ha de ser, 
No haré en ello oposición; 



Ya que tenéis It rand 
Mirad lo que liabeis de hac 



Esto hablaban una- tarde 
Ya muy cercana la noche, 
Doña Ana Bustos Mendoza 

Y Don Tello Arcos de Apoi 
Igualen en lustre ostenti 

Sus heredados blasones. 
Ella envidia de las damas , 
Él galán entre los hombre 

Y ella hermosa y él vaUc 
Por especiales razones 
Unirlos en casamiento 
Sus parientes se proponea 

Don Tello adora i Doña 
Mas como valiente noble. 
Ha mas de un año que esp 
Que su afán se le malogre 

I^orquc ha tanto que la 
Tiene asentado en otro bo 
El pensamiento amoroso, 

Y ni sosiega ni come. 

Es su amor Don Juan di 
Que Si Italia oculto fugóse 
Por no sé qué muerte ocu 
En las sombras de la noch* 

Mas Don Juan desde aqv 
Tan de veras ocultóse, 
Que de su estado y person 
Cartas ni amibos responde 

En vauo tras nuevas soj 
Se rastrearon en la corte 
Mil esquisitas pesquisas, 
Mil cortesanos favores. 

La justicia diole Ubre, 
El mismo rey perdonóle, 
Pidieron á todas partes 
Cartas y noticias dobles; 

Mas en todas fueron vac 
Al misterio que le esconde 
Los parabienes presentes, 
Las antiguas precauciones. 

De todas partes los plleg 
Vuelven bajo el mismo sol 
Porque en ninguna parece 
Ni en ninguna le conoeeo. 

Cansado por íln Don Tel! 
De plazos y condiciones, 

Y recelando que al cabo 
Parezca Don Juan y tome, 

Resuelto y tenaz decide 
Que pues año y medio con 
De grado ó de vatimicnto 
Se cumpla cnanto pactóse. 

Y la verdad , que Doña . 
Mas tibia ya en sos amoi 




• COARTA PARTE, 



enojos esenelia 
Tello las razona, 
srba que ia festeje , 
rista sus colores , 
en su casa de dia , 
J3 rejas la ronde. 
e en esto de firmezas 
idas y en amores , 
duda lo mismo 
inestros tiempos , entonees. 
pues dicho y jurado 
usadas dilaciones , 
se concluyera 
e la misma noche. 
)do ValladolJd , 
hay Tocinos noblet, 
I enhorabuenas 
rioi se disponen, 
preciso advertir 
straa en los salones 
festejos preparan 
endofas y Apontes , 
ertas del Campo Grande 
resuelto galope 
o en una capa , 
potro negro, un hombre. 



I noche de octubre 
móafera' encapota 

dobles cortinas 
>la y de la sombra. 
tgas desiguales 
á intenralos sopla 
lose en las esquinas 
lestemplada y bronca. 
en ellas apenas , 
nbras vaporosas , 
reídos faroles 
i la niebla se ahogan, 
esplendor vacilante 
liles tortuosas 

ver se alcanzan 
e pasan la forma, 
es tan tarde que en sueño 
i repose toda , 
onto que aun escusen 
idores su ronda. 
;1 sordo murmullo 
gitivas ondas 
el revuelto Pisuerga 
illas azota ; 
! su son temeroso 
mpasada y renca 
las huecas campanas 
de ánimas doblan. 
c sobre las cercas 
ampo Grande aprisionan , 



Turbias laces se perciben 
Por entre ventanas rotas , 

A cuya opaca lumbrera 
Algún penitente ora, 
Y con el llanto del monge 
Las culpas del hombre borra ; 

O algún sabio solitario 
En meditación mas honda 
Del vano mundo desprecia 
La mal olvidada pompa. 

Cuan grato es ir sin camino 
Con el corazón á solas 
En la deliciosa calma 
De la noche silenciosa; 

Sin testigos que sorprendan 
Sobre la faz melancólica 
Las lágrimas que se escapan 
De los ojos gota á gota. 

Noche, consuelo del triste, 
¡Bendita tu amiga sombra, 
Entre cuyos depsos pliegues 
No se avergüenza quien llora ! 

Yo también , triste poeta , 
Al compás del arpa ronca 
Te rindo tributo en lágrimas , 
Plegarias de mis memorias. 

Y una y mil veces bendigo 
Tu espesa tiniebla lóbrega, 
Descificndo las guirnaldas 
Que el arpa cansada adornan. 

Noche, consuelo del triste, 
I Bien haya tu amiga sombra , 
Entre cuyos densos pliegues 
No se avergüenza quien Uora I 



Cruzando del Campo estenso 
La soledad misteriosa , 
A lentos pasos camina 
Un hombre de cuya forma 

Se distingue solamente 
La pluma que en alto flota, 
Las espuelas en que acaba 
Y la espada que le abona. 

Lo demás de su figura 
Lo velan , guardan y embozan 
Los secretos de una capa 
En que envuelve la persona. 

Ganó la vuelta á la plaza 
Por una calleja corva 
De casa en casa pasando , 
Señas tomando de todas. 

Delante de una a) tenerse 
Que de palacio blasona , 
Esta es , dijo , y en ia puerta 
La mano atrevida posa. 

Mas no bien dentro del patio 
n son de la aldaba dobla , 




m 



COMPOSIGIOnU DIYERSiS. 



Corriendo dentro un cerrojo 
ÜD hombre al dintel asoma. 

Haciendo paso al que sale 
El que iba á entrar se reporta , 
Y ai tiempo mismo en su rostro 
Reflejó la luí dudosa. 

« ¡ Don Juan !~¡ Don Tello I » esclamaron 
En Yoz descompuesta y honda 
Ambos á dos personajes 
Como quien duda y se asombra. 

« ¿A Don Juan mirando estoy? 

— ¿A quien veo es á Don Tollo? 

— Por Dios que no erráis en ello. 

— Ni vos en mí ; Don Juan soy. 
— Seguidme. 

— ¿Adonde? 

— A reñir. 

— Vamos; mas reñir ¿por qué? 

— Segnldme , Don Juan , que á fé 
Que os lo tengo de decir. » 

Calló Don Juan , y Don Tello 
En faz decidida y torba , 
« Por aquí , « dijo, y airado 
La vuelta del Campo toma. 



Los estoques en la mano , 
Sueltas en tierra las capas , 
Están dos hombres á punto 
De cerrarse á cuchilladas. 

D. Telto. Reñid, Don Juan ^ ó vos mato. 

D, Jiuin, Grande serú vuestra causa, 
Don Tello, mas \ vive Dios 
Que }0 en saberla me holgara! 

D, Tello, Reñid, Don Juan. 

D, Juan, Vos, parece 

Venís á reñir con rabia , 
Mas yo que ignoro... 

2>. Tello. O reñís, 

U os asesino á estocadas. 

D, Juan. ¡Tello! 

D, Tello. ¡Reñid , voto á Cristo I 

D. Juan. Has decid una palabra , 
Una razón, un prctesto, 
Y riño. 

D. Tello, i Pese á mi alma 1 
¿En Vailadolid no estáis? 

D. Juan, Bien se ve. 

D, Tello. ¿V á quién buscabais? 

D. Juan, A Doña Ana de Mendoza. 

D. Tello. Reñid, pues, que esa es la causa. 

D.Juan. ¡Doña Anal ¿qué... 

D. Tello. Esposa mía... 

D.Juan, ¿Es? 

D. Tello, Será. 

D.Juan. ¿Cuándo? 

D. Tello. Mañana. 



D. huin. DeféndeotbUn, 
Que la razón es sobrada. 

Cruzáronse los estoques, 
Adelantaron las dagas, 
Y empezaron los aceros . 
Do acabaron las palabras. 

El ruido de entrambas b 
En la oscuridad sonaba, 
Sin que en la sombra se al 
Cuál es nuis feliz de entrai 

El aliento á resoplidoa 
Ambos fatigados lanzan, 
Mortales golpes ae tiran, 
Mortales golpes ae paran. 

Sin duda que corre sangí 
Sin duda el brazo se cansa 
Porque los golpes son mei 
La respiración mas tarda. 

Y sin duda que es temlli 
La contienda solitaria ; 
Don Tello no cede nn paso, 
Don Juan un paso no avam 

No suena un golpe que á 
Recto al corazón no vaya, 
No hay un quite que no pai 
La postrimera estocada. 

Es el brazo que defiende 
Tan fuerte como el que ati 
Que á acertar un solo golpe 
Con él la lid acabara* 

Jura el uno , calla el otro 
Ni uno cede , ni otro avanii 
Con mas arrojo Don Tello, 
Don Juan oon mejor oonstai 

Y en vano son los ardick 
Los esfuerzos y las mañas, 
Los amagos engañosos , 
Las embestidas trocadas. 

Siempre un golpe encoeatr 
Siempre un estoque una di£ 
Y un esfuerzo Inesperado 
Una defensa impensada. 

Entrambos deslalleddoi 
Pierden tierra, y tierra ga 
Mas en ganar y en perder 
Siempre es Igual la ventila 

Desesperado Don Tello, 
Don Juan en siniestra cafan 
Asi igualmente se estrechio 
É igualmente se rechazan, 

Y está la muerte dndon 
En ambos aposentada, 

l.a mano en entrambas vldv 
Sin atreverse con ambas. 

Abrasado al fin Don Telb 
En el volcan da su raUa, 




€UARTA PART£. 



129 



'a 8u honra, 
venganza, 

Don Juan no cede, 
poco adelanta, 
lar por traidor 
udaz no gana. 

mas brioso 
lora esperanza, 
ino amagase 
perlas espaldas, 
nte! ;So le mates! 
)on Juan la cara, 
r. escondióle 
e<'h(> la espada. 
Juan, Y Don Tello, 
ñas su casa , 

vaina su esloque, 
en el alma. 

II. 

y de su pompa vana , 

1 devaneos , 

que la raza humana 
laceres y deseos , 
rala cortesana 
rpe los trofeos , 
v solitaria habita 
tilde cenobita, 
id en ardua guerra 
angre generosa 
^ lindes de su tierra , 
patria poderosa. 
)ó , saltó la sierra 
iseña victoriosa, 
debieron leyes , 
cion.oro sus reyes, 
mundo su valor asombre , 
• ponga en olvido , 
I) el opulento nombre 
itc capitán vivido : 
lísero de hombre 
é ínclito ha tenido, 
i \ religiosa calma 
ices de su alma. 
*ras y crudas penitencias 
alma atormentada 
)lfo de las ciencias, 
e la inmensa nada ; 
tn sus creencias , 
le macerada , 
az consigo mismo 
encontró un abismo. 
)• en duda irre> érente 
recayó en la duda; 
o la humilla<la frente 
Dios pidiendo ayuda; 
z , ^ro igualmente 
sel lima ruda; 



Oró sn pertinacia castigando, 

Mas creyendo dudó , y creyó dudando. 

Do quier su incertidumbre y su ImperidA 
El orden de las cosas reprochaba ; 
La virtud presa , impune la malicia, 
Do quier de sus creencias recetaba; 
Mal segura y torcida la justicia. 
De la justicia celestial dudaba, 

Y de los males del viciado suelo 
Culpa argüía en el dormido cielo. 

Con sus dudas asi y con sus creencias 
Arrastraba el severo capuchino 
Su vida entre recónditas dolencias , 

Y dudaba tal vez de su d^i tino. 
En vano con austeras penitencias 
Pedia al cielo su favor divino , 
Siempre acosaba al pensamiento adusto 
La duda de lo justo y de lo injusto. 

Siempre sus penitentes oraciones, 

Y su estudio , y sus horas solitarias , 
Turbaban sus incrédulas ficciones , 
Siempre con causas ó con hechos varias; 
M el turbulento mar de sus razones 
Sosegaban su llanto y sus plegarias. 
Que cuanto mas oraba penitente 

Se rebelaba el corazón demente. 

El pueblo al contemplar su faz severa , 
Que con el tosco capuchón ceñía , 
El paso grave, la mirada austera. 
La barba que á los pechos le caía , 
Su misteriosa forma pasagera , 
Que tan solo en el templo aparecía. 
Reputación de justo le otorgaba, 

Y por justo varón le respetaba. 

El sabio que en su cámara medita 
En un confuso libro amarillento 
Las ideas que el sabio cenobita 
Creó en la soledad de su convento. 
Viendo que su honda creación gravita 
Sobre su aventajado pensamiento, 
Ambas razones lialanceando , cede, 

Y el renombre del sabio le Concede. 
Mas tal es la mundana inc0l)teeaencia 

Y el frágil peso del consejo hnftiaiio. 
Que yerra el corazón , yerra la denda 
En el juicio mas fácil y liviano : 

En medio de su airada penitencia, 
Presa Á su vez del pensamiento vano 
Bajo el sayal del hombre penitente 
El incrédulo habita impunemente. 

Do (¡uiera le noantleDe arrebatado 
Honda meditación que le divierte 
Por el gran laberinto en que obcecado 
Razones busca á la insensata suerte ; 

Y el mun(!ai]o do quier cura engaitado 
De que en su arrobo el justo no de^»lerte 

Y lu sagrada inspiración no acuda; 
Mas el sabio no adora , sino duda. 

9 




lio 



COMPOSICIONES DIVERSAS. 



Es una nuTiana clara 
De una fresca primavera; 
La brUa arruga ligera 
La yerba, el agua v la flor. 
El 80l asoma al oriente 
Su cabellera inflamada , 

Y alza el ave en la enramada 
Dulces himnos al Criador. 

Orlan el campo las perlaü 
Que ba derramiMlo el rocío , 
Murmura allá abajo el rio 
I^ orilla al acariciar ; 

Y en niebla azulada y tenue 
Que remoda al limpio cielo , 
Vapores e\hala el suelo 

De jazmines y azahar. 

Las inquietas mariposas 
Desplegan sus cien colores , 
<>)lumpiándo8e en las flores 
Con revoltoso bullir. 
Posando en todas livianas 
Solo al lindel dejan sola 
Sin sus besos la amapola 
El tosco vaso al abrir. 

Ostenta cuantos primores 
En pu ancho tapiz encierra 
A la luz del sol la tierra 
Respirando juventud ; 
Todo es calma , luz y vida 
En la dulce primavera ; 
Mas I ny ! ¡ cuánto es pasagera 
i>u belleza y su quietud I 

También gozó de su infancia , 
Su vigor y su opulencia 
Esa ciudad , de existencia 
Mas remota y mas feliz; 
Mas sino alcázar de reyes , 
Aun conserva la nobleza 
En que muestra su grandeza 
Lo que fué Valle-de-Olid. 



A un lado del Campo Grondo 
En un balconcillo estrecho, 
EL codo en el antepecho , 
Sobre la mano la sien , 
Un austero capuchino 
El campo está contemplando . 
La bsúa tierra mirando 
Con religioso desden. 

Si sufre , goza , ó medita, 
SI bien rie, ó males llora , 
SI desespera , ó si ora , 
Es difícil de atinar. 
Los ojos fijos en tierra , 
La tes rugosa, anuuílla, 
En la paUna la mcgilla , 
Siempre en el mismo lugar ; 



Siempre en la mlflaui poi 
En el mismo arrobamiento 
Sin voz y sin movimiento , 
Sin aparente razón , 
Ins(»ndable el alma viva 
Tras aquella estampa raud 
Una cifra es de la duda 
De imposible comprensión. 

Al pié del mismo conven 
En ])aseo solitario , 
Desde la Iglesia al osario, 
Vacar un hombre se ve. 
Ambos brazos á la espalda 
Hasta la ceja el sombrero, 
Larga daga, agudo acero, 

Y espuela dorada al pié. 
Su pensamiento no adar 

Su talante ni su paso. 
Tal vez estará al acaso 

Y sin voluntad alK : 
Crceráse que reconaoe 
El lugar en que se mlni 
Se tiene, calla , suspin. 
Viene y va , y espera asL 

Do) cementerio á la Iglesi 
De la iglesia al cementerio, 
Siempre en el mismo miste 
Siempre en el mismo vagir 
Ni él ve al monge que i su 
Asomado ora ó medita. 
Ni se cura el cenobita 
Su onipacion de acechar. 

Sí>niéjasc el capuchino 
A un ilustre prisionero, 

Y semeja el caballero 
Kl vencedor capitán; 
Mas el uno en su ventioa 
En imperturbable vela, 

Y el otro en su centinda 
Indiferentes están. 

En esto del fin del Caapi 
Que amhos á espalda taiifl 
Uno tras otro venían 
Dos hidaigtts á la vei* 
La del primero era faga, 
La del otro seguimiento, 

Y víase bien su intento 
En su tenas rapldei. 

Desarmado ei de delante 

Y la faz desencajada , 
En la derecha la espada, 
Ya cerca el persegulder, 
AnUM>s á par ae i iiipBftiWl 
En su fuga y su denvedo» 
El de delante en iiiM»« 
Eideat .era Airar. 

ilM iUmi^Múm 
Tomé ibÉttiroM 




CUARTA PARTS. 



tí 



ito en el mtgmo puesto 
iguales los treii. 
« qiic el nías cercano 
al honiii'ida 
!i\ó sin vida 
11 «in«rfí á 811S pies, 
al vi\ocra en vano, 
a sombra fusósc, 

I nado tornóse, 

II útil también. 
|iic reconociese 
ida la malicia 
)iinto la justicia 
!«■,<* qiic se den. 
atención exquisita 
alto el capuchino. 

's , éste , el asesino I » 
la Olió decir : 
el preso su espada 
final respuesta, 
I mano mas presta 
intento á impedir, 
se sin fuerza , hidalgo, 
la cárcel se apronte. 
:s? 

—Don Tello de Aponte, 
snlc y vengan en pos. » 
monge la ventana 
n injusta viendo , 
rúncava diciendo : 
hay justicia, no hay Dlus! » 

III. 

na mesa cubierta 

líTciopcIo verde 

sillones de brazos 

litados tres jueces. 

is ínfimo hu'ar, 

•s frente por frente , 

'II silencio un hombre 

iTi un taburete. 

»s tiein- lí»s ojos , 

■niH|iiila la frente, 

D desfiib trido , 

; Hirs en un crillele. 

;i«ia hny vn su persona 

I litan* i a les ojos muestre 

ori!uIIo«o porte 

fie .'i un deliibiirnte. 

5 nobb» se \e en >u nombre, 

Tlniinal en las leyes , 

e* traidor en su rostro , 

talle que es valiente. 

[uo importa su custodia 

en en los mosquetes 

tftldof por la sala 

radas ¡■4efi«B4eii. 



Por las puertas y tapices 

Se alcanzan confusamente 

L4IS cabezas apiñadas 

De la multitud que atiende; 
Y en el inquieto murmullo 

Que discurre entre la gente 

Se ve que todos escuchan , 

Pero que pocos entienden. 
Confusas, distantes, rotas 

Concebirse apenas pnedeú 

De preguntas y respuestas 

Las razones diferentes. 
El juez pregunta, y él feO 

Responde; los escribientes 

Escriben ; los guardias gnarAan, 

Y el pueblo murmura siempre. 
ElJuex, <i Quién sois? 
El Reo. Un hombre. 

ElJuei, ¿9tílí(tttíbT 

El Reo, Don Tello de Aponte soy. 
ElJuet, Levantaos, 
i). Tello, Bien estoy. 

El Juex. Ved que soy el juez. 
7). Tello, Yo el homb 

El Juex. Ved que es faena obedecer, 
i). Tello, Que^me desaten decid , 
O en preguntar proseguid , 
Que asi os he de responder. 
El Juex. ¿Matasteis á un hombre...? 
D. Tello, Nc 

El Juex, Con el muerto os sorprendiere 

Y 03 acusan. 

/> Tello, Pues mintieron 

El Juex, Fué la jusÜGia. 

/>. Tello, Mintió. 

El Juex, ¿Esta espada de quién es? 

I), Tello, SI en esta mano esfliTlerft 
Mejor ella lo dijera. 

El Juex. ¿No os la hallaronf 

D. Tello, Sf,ál 

El Juez, I Baftada en sangre 1 

1). Tello. Es asi. 

El Juex, Y un hombre teníais muerto 
Junto ¡i vos 

I). Tollo. Tambten es cierto. 

El Juez. Luego fuisteis... 

/>. re//o. Yo no taU 

El Juex. Decid pues, ¿quién le mató? 

D. Tello. Un hombre que le seguía. 

El Juex. ¿Cuyo nombré? 

D. Tello. Ello sabría, 

Y si no se huyera , yo. 

El Juex. ¿Luego huyó? 
/>. Tello. Dije que sí. 

El Juex. ¿Le eonocléráls á TéAe? 
D. Tello. Mal pudiera eoiiédWe 
Si nunca el rostro le ?f . 
£¿/uex. iMénloffligls! 




1^2 



COMPOSICIONES DIVERSAS. 



Üiea lo cuento , 



D. Tello. 
(jiic esto solo aconteció. 

El Juez, ¿ Confesáis el crimen ? 

D, Tello, No. 

El Juez, Pues ponerle en el tormento. 

V, Tello. Vedlo bien. 

¡\ I Juez, \á>\\. 

D. Tello. Pues voy; 

Pero mirad que inocente. 

El Juex, Vos nombrareis delincuente. 

P. TeUo, Puede ser, pues hombre soy 
Mas si el dolor da por mí 
alguna dedaracioQ , 
\nulo mi confesión , 
y en cuanto diga, menti. 

Sacáronle de la sala , 

Y en sus sillones los jueces 
Callaron mientras susurra 
En son siniestro la plebe. 

A Terse en la puerta alcanza , 
Que en el fondo el salón tiene , 
Una alfombra de cabezas 
Que bullen eternamente y 

Un montón desordenado 
De ojos de hombres y mugercs 
Que giran en muchos gestos , 
Ya curiosos , ya impacientes. 

Acá y allá algunas damas , 
Que en los tupidos dobleces 
De un velo en que acaba un manto 
La faz ruborosa envuelven. 

Y esta multitud inquieta 
Cuchicheando sordamente , 
Esperando alguna cosa 
De otra cosa que sucede; 

Ya de parte de Don Tello , 
Ya de parte de los jueces , 

Y ya bien como en comedía 
Aguardando lo siguiente , 

Dispuesta del mismo modo 
A escuchar lo que dijeren , 
A partir cuando se acabe , 

Y á esperar mientras la dejen, 
Forma un susurro monótono 

Que por el aire se estiende, 

Y un acento sin palabras 
En la atmósfera mantiene. 

Los centinelas pasean , 
El escribano se duerme 
Con la l>arba sobre el puño , 

Y el puño entre los papeles. 
Los galanes rostro á rostro 

Plática entablada tienen , 
Que amantes serán amantes 
Donde quiera que se encuentren. 

Los muchachos la paciencia 
Con aquel silicio pierden, 



Y hacen los viejos á solas 
Comentarios de las leyes 

En favor de la justicia 
Que andaba allá en sus niñecc 
Pues siempre se dá por liucno 
Lo malo cuando se pierde. 

Asi en paciencia ó enojo 
Mantuviéronse íguaimcnti' 
Kn son confuso de muchu.> 
Jueces , soldados y plebe. 

Alzóse al fin la cortina ; 
Impusieron ios corchetes 
Silencio , y todos los ojos 
Tornáronse de repente. 

Retratada en el semblante 
1^ agonía de la muerte 
Salió el primero Don Tello, 
Que apenas basta á tenerse. 

Alzáronse en el salón 
Vagos murmullos al verte. 
Que mas que á satiafticciopci 
A amenazas se parecen. 

Mas á una señal airada 
De lus irritados jueces , 

Y á la vista de vecinas 
Alabardas y mosquetes , 

Reinó el silencio en la sala 
Capitulando la plebe, 
Que cuanto mas atrevida 
Ks tanto menos valiente. 

El Juez. (¿Confesó?) 

Uno. (Confeso es 

ElJuez. Decid pues, ¿quién le m 

/). Tello. El asesino soy yo , 
Si no estáis cansados ya. 

El Juez. Hablad mas claro. 

D. Tello. El loi 

Dejó menos fuerza en mi ; 
A todo digo que sí , 
Pero en cuanto digo miento. 

El Juez. ¿Le matasteis? 

D. Tello. Le maté. 

El Juez, ¿ Por acaso , ó por raioD? 

D. Tello. Por intento y á traicko. 

E/Zueji. ¿La razón? 

D. Tello. Yo me lasé. 

El Juez. Decidla si la tenéis. 

i). TeUo. ¿No basta que le matan 

El Juez. Si por cierto que bastan 

D. Tello, Ruégoos pues que áof» 

El Juez. Sobre ese libro Juna 
Que por traición le habéis muerta. 

1). Tello. Dadme el libro ¡ todo ei 
Jurando está, y despachad. 

Entró en esto atrapeUindo 
Por los guardias y la gentOi 




CUARTA PARTE. 



uríosos ni guardias 
á detenerle , 
Michino severo, 
n iiarlia , ancha frente , 
os , talle erguido, 
so y voz solemne, 
lia por sus virtudes 
eto merece , 
>dos en silencio 
n conocerle. 

el juez : « Perdonadnos, 
n vela de las leyes 
>r nuestro destino 
afuera , aquí jueces. » 
acento mas firme 
lino volviéndose 
an imperioso 
(Padre, ¿qué quiere? » 
rioeo sereno 
Sesto Imponente 
: • Apoyo del justo , 
isUcía no yerre. » 

i erró la justicia acaso 
darla en gozo. 

En este mozo, 

nimo escaso 

Isos del dolor, 

lijo ha mentido. 

*adre , tarde habéis venido , 

ais es mejor. 

Escuchadme. 

Ya es en vano. 
Oídme. 

Dije que no. 
rewi, 
ristiano. 

Ved que ha de saberlo el rey, 
soy testigo. 

no soy quien le castigo , 
e dan la ley. 

Mirad que él no le mató , 
balcón lo vi ; 

Será asi. 

¿ Condena ísle? 

Confesó. 
Ha mentido. 

iNo lo sé. 
ra vez jurad. 

Queréis matarme? Acabad; 
hombre maté. 

ues veis que otorga el delito 
la pena. 

1 Ved que el miedo le condena ! 
adre , en la ley está escrito. 



Qaedó el monge meditando 
Del reo la confesión , 
Inmóvil en el salón , 
De lo que mira dudando. 

Firmó la sentencia el juez , 
Y del estrado al bajar 
En voz alta á preguntar 
Volvióle el monge otra vez ¡ 
« <i Con que muere P 

— Vadlo vos, » 
Contestó el juez : y aun dudando 
Fuese el monge murmurando : 
« ¡ Si no hay justicia , no hay Diosl 



El sol en trémulas hdbras 
Tomasi^ndo los aires , 
Tranquilo, radiante y puro 
En colores se deshace. 

Do quier el pueblo se agolpa', 
Do quier los balcones abren 
En faz de ver ó esperar 
Lo que pasa , ó lo que pase. 

Do quier bellas en las rejas. 
Do quier hidalgos galanes. 
Do quier desenvueltas moxas, 
Clérigos y militares. 

Todo es turba y movimiento, 
Tropezar y atrepellarse , 
Todos van hada la plaza , 
Ganando esquinas y calles. 

Todos por bajo platican 
Cual si una historia contasen 
Que preguntándola todos , 
Todos á la par la saben. 

Comprenderse apenas pueden 
En razones desiguales 
La razón de lo que á todos 
Tan afanosos los trae. 

Oyense en palabras snéltas, 
Entre otras mil estas frases : 
« Es justicia. —Son Us doce. 

-^ I Quien tal hace , que tal pague ! 

— Del rey aguardan indulto. 
—Ya daban vuelta á la cárcel. 
— Hace ocho dias. —Es noble. 
— ¡Sálvele Dios ! — ; Pobre fraile ! 

Y á veces allá á lo lejos 
En lastimosos compases 
Otra voz reza ó pregona 
Con acento suplicante. 

Hierve en la plaza la gente , 
Puertas cierran , rejas abren , 
Y á un tiempo todos los ojos 
Se vuelven hacia una calle. 

Por ella en orden siniestro, 
Muchos'soldados delante , 




184 



GOMfQIHCIOIflS nnVRSAS. 



De dof ea 4oi mpclNU bpiffbreB 
A otro hombre á I9 |daia trsieD. 

Atadas tiene la« manoB , 
Descolorido d semblante , 
Descubierta la cabeza, 
Desalifiado eñ el trage , 

Sin valona y sin espada , 
Capotillo , ni acicates, 
Sobre una enlutada muía , 

Y acompafiado de un fraile. 
Van detras algunos mongos 

De varias comunidades 
Pon cirios que al sol del día 
Aunque no le alumbran arden. 

Los ministros de justicia , 
El reo y el pueblo parten , 

Y el pregonero decía 
En lúgubre son delante : 

« Esta es la final sentencia 
»Que hoy debe de ejecutarse 
•En Don Tello Arcos y Aponte 
»Por mafio de Luis Hernández , 

» Ejecutor por el rey...» 

Y ai trasponer una calle 
Perdióse con el bullicio 
La sentencia con la frase. 

Abrióse la muchedumbre 

Y entraron con paso grave 
Dentro de la plaza juntos 

Los que vienen y el que traen. 

Llegados á una escalera 
Con que unos maderos hacen 
Ancha subida á un cadalso, 
Dijo una vos : Que le bi^en. 

Rajó el repoyen la escala 
El religioso sentándose 
Díjüle con voi Inqiileta 
Que de hinojos se postrase. 

Asi fué , y ambos quedaron 
En posición sem^ante 
Sin que sus tenues palabras 
Alcanzara osf(do padie. 

Mas sobre jal hombro del reo 
Algún ojo penetrante, 
A saberlo, ver pH^ier^ 
El ojo atiento dpi fraile. 

Y en su Ij^uie^iid confiada, 
Bfasbien que reconciliarle. 
Víase que er^ dar tiempo 
A que tiempo se ganase. 

Avisóle la justicia; 
Se alzó el reo, calió el padre; 
Llegaron hasta el cadalso, 

Y tomaron á postrarse. 
Tomó á avisar la justicia 

Y á la confesión el fraile, 

Y mas de las doce y media 
Señalaba ya el cuadrante. 



< DoB Tallo (telA el moai 
Dad tiempo á que el Uempo ] 
Que fuera mengoa en el rey 
Que su perdón os negare. 

~ « Pluguiera , buen mong 
Que asi tan ciego no errarais 
—Siendo testigo... 

^jQoé imp 
—Fuera otro orünen, 

-iQoiép 

—Yo sé qne sois inocente 
Puesto que no le matasteis. 

— Secretos del cielo son 
Como el cielo impenetiablei. 

—¡ Imposible... 1 

— Padre, pns 

— \ Que tanto el indulto taidt 

— I Padre, es vano I 

— lQli,qiieM 
Cuando acudiros no sabe ! • 

Y el capuchino aioredo. 
Las miradas suplicantei 
Desesperado tendía. 
Sin aliento, á todais partei. 

Por vez ]i08trera vdvieroi 
Con mas empeño á avisirle, 

Y el reo dijo :<EslnütilI 
¡Padre , que muera dejadme! 

—No , Don Tello , por ni 1 

Y vol\iéndose anhelante 
El monge á la multitud 
Así rompió á voces grandei : 

> ¡ E&Ui inocente... ! » Enti 
Impidió que terminase 
La turba que por oírle 
Gritaba á su vei : < i D^)ai1el 

« ¡Está inocentel «dedi 
El monge , y en vos pqjeite 
Decia el pueblo en tumnlte 
Sofocándole : « |D(daiÍel f 

Gritaba el pueblo; y 4 MI 
Gritaba , y palabras tdes 
Se le oían : < tDios... ti^tfgkt 
Indulto... elrey.»— ¡"Moa 

Unos decían : « \ Oírle...! * 
Otros decían : « ¡Salvarle...! ■ 
Pero cuando todos baUan 
Es cuando no escacha neAs. 

Arrodillado Don Tello, 

Y el ejecutor delante. 
Hizo la justicia seña, 

Y el verdugo hizo su parte. 
Calió el pueUo , calló ú m 

Y al ver la cabeu en sangre 
Baúl ( isperedo 
Sepeí ^ «ule turba él tcÉD» 

Ya )IÍB4ekplM 
Ve i NNAoiiBlMlral 




CUARTA PARfl^ 



hay Jufticla , no hay Dios ! • 
iraspiuo la calle. 

IV. 

C0NCLC8I0Ü. 

de JuncM y ee^Midañas 
>to cristalina fuente 
'igo de sonantes cañas 
I cambia mansamente. 

I Pisuerga y de sus olas 
T0.40 el trasparente seno 
is espigas ) amapolas 
n bordando el cerco ameno. 

060 halago nunca ingrata 
onorosa fuentecilla 
ante su raudal de plata 
adre rio , agua amarilla. 

• lejos por la aneosta calle 
1 en dos bandas cien colinas , 
ibújase en el valle , 
; las pálidas neblinas , 

Simancas mas ufana 
»alda la torreada frente 
á la par en la onda \ana 
i que abarca con su puente ; 

!an á tender los arenales 
ado pabellón de pinos , 
bren en grietas dc^iigualcs 
os Iludes los caminos. 

ra en c[ue , cansado acaso 
y magnífica carrera , 
lo sol hunde en ocaso 
I espléndida lumbrera. 

ruiseñor su despedida 
10 sombrío que le oculta 
sá la gloriosa vida 
i que en sombra se sepulta ; 

e las aguas y las hojas, 
\ auras que adormecen , 
ii> de los pinos, rojas 
s pidiéndole se mei*en. 

>as y lánguido sosiego 
pradera y soto umbrío , 
ja el e^plendeute fuego 
' de fuente , soto y rio. 

idiendo de los ojos vagos 
ido arro> o campesino 
reso resistiendo amagos 
litarlo capuchino. 

él 8u siaapenda duda 
*ée audaa dentro del peche 



Hondo toroMnto daba al aUnt ni4a 
Sitio en el ooraion hallando estrecho 

€k)ntínao presentábale su mente 
La ensangrentada Imagen de Don Tello , 
A quien de un crimen defendió inocente 
Y á quien la injusta ley mató por ello. 



Y allá en su alma á quien Tlcla 
De lo humano la miseria , 

Asi la ruda materia 
Luchaba con su ImpCrioia. 
« No hay Dios donde no hay ji 
Porque á ser de otra manera, 
O Tello no pereciera 
Con tan clara sinrazón , 
U oyera el rey mi razón , 
O el matador pareciera. 

Que Tello al cabo murió, 
Ojalá no fuera cierto; 
Que no es reo en lo del muerto 
Por mis ojos lo vi yo, 
SI la ley le condenó 
Con ignorancia ó malicia. 
Manifiesta la injusticia 
En entrambos casos fué, 
Que si Dios existe á fé 
No está Dios do no hay justicia. 

Porque hacer el bien y el mal 

Y negar al mal el bien , 
Arguyera error también 
En la justicia etemal. 

ue amparar al criminal 

ir del inocente en pos 
Contra el gusto de los 4os 
Fuera en Dios ley bien tirana; 
Luego en consecuencia llana 
Do no hay justicia no hay Dios. 

Y puesto que si es, no es Justo 
Siendo asi Dios no cabal , 

En obrar el bien ó el mal 
Cuerdo es no forzar el gusto. 
Pues no es Dios un Dios injusto 
No quiero por mi Impericia 
Tener un Dios de injusticia 
De sus hechuras ^enoj 
Que en este mundo terreno 
No está Dios, pues no hay justicia. 

Y si niegas , Dios, aqui 
Tu justicia f aquí no estás, 

Y donde no estés de hoy mu 
Quiero vivir para mi ) 

Que si hijo tuyo nad 

Es bueno y justo á los des 



í 




136 



COMPOSICIONES DIVERSAS. 



Que el hijo te vaya en pos , 
Y que tú acudas al hijo, 
O mlntii^ quien tal nos dijo, 
Pues sin justicia no hay Dios. » 



Asi pensaha el monge vacilando 
Sin razón ni creencia que le acuda, 
Cuanto mas convencido mas dudando 
Por entre el laberinto de la duda ; 

Y triste y macilento y sin destino , 

Sin fé en el mismo Dios que á par confiesa , 
Sentóse á las orillas del camino 
Como fardo á posar que mucho pesa. 

Miserable reptil busca en la tierra 
Lo que la tierra misma no merece, 
\ el ciego pensamiento se le cierra , 

Y el atrevido pensamiento crece. 

Acosado de amargos pensamientos , 
De negras dudas entre turbias nieblas, 
Nnvc presa de ciegos elementos 
Hasta en su propia luz lialla tinieblas. 

Y asi al dulce rumor del agua mansa , 
SíSn de las hojas , trino de las aves , 

En fatigado corazón desc«insa 

A los murmullos lánguidos y suaves. 

Tal vez abriendo los cansados ojos 
La moribunda luz goza un momento , 

Y la imagen de Telio le da enojos , 

Y el sueno se la roba al pensamiento. • 

Tal vez aún en duda congojosa 
Razones suena y vanidad delira , 
La claridad fíngiendo misteriosa 
De lo que huye mas cuanto mas mira. 

Que asi lo muestra el fatigado aliento 
Que el pecho en sueño atosigado lanza, 
Biivuelto mar que el ton-o movimiento 
Del gran volcan del pensamiento alcanza. 

Solvió el falaz crepúsculo la noche , 
Ganó el espacio la callada sombra , 
La flor cerró su perfumado broche , 
Veló la tierra su pintada alfombra. 

Allá á lo lejos tras el negro monte 
A tardos pasos asomó la luna , 
Tibia alumbrando el lóbrego horizonte , 
Rasgando el velo ({ue la sombra aduna. 

Vagaba el aura y susurraba el rio, 
Murmuraba la fuente que corria , 

Y de ella al pié con ademan sombrío 
El capuchino su pesar dormía. 



Iba la parlera fuente 
Resbalando entre U yerba , 
En son acorde lamiendo 
La parda y menuda arena : 

Y á la fugitiva lumbre 
Que en sus ondas reverbera 
La luna en su espejo errante 
La pálida faz refleja. 

Brotaba espumas de plata 
El ronco y turbio Pisuerga, 
Bañando en corvos cristales 
Entrambas á dos riberas. 

Y al compasado rourmnllo 
De aguas , hojas , aura y pre 
En insomnio inquieto el mooj 
Tendido á ladrilla sueña. 

Alzando á veces los párpuk 
Como quien duerme y le pea 
La luz se pinta en sus ojos 
Entre cendales de niebla. 

Siente el agua que morann 

Y el aura que bulle apenas, 

Y en vago adormecimiento 
Oye, ve, respira y piensa. 

A través del agua mansa 
Que el límpido arroyo llera 
Algún objeto confuso 
La luna blanca le muestra. 

Duda y mira, y fatigoso 
Otra vez los ojos cierra , 

Y anda el torpe pensamiento 
En lucha con una idea. 

Tomó á descorrer los piípi^ 

Y allá en el agua serena 
Entre las sombras del sosüo 
Un rostro á mirar acierta. 

Tomó á dudar acosado 
Entre si duerme ó si vela, 
Contemplando aquel semúanti 
De Igual color que la Uent. 

Fantasma , ilusión ó ensndh 
Que minucioso semeja 
Al muerto Don TcUo Aponte 
Que flnó la tarde meama. 

Tomó á dudar mal desplertí 

Y mal dormido en su reU, 
Al ver detenida el agna 

Y apilada en las riberas, 

Y en el lecho dd arfoyo, 
Al nivel de las arenas, 
Todo el cadáver de an hoodM 
Asido con an cabea. 




CUARTA PARTB. 



ISS 



lespaTorido 
; mat teme y tiembla 
I cuerpo de Don Tello 
i en voz severa : 

)oél8me , padre? 

-Sí. 
me siente ayudad, 
iierpo mirad 
ly delMijo de mí. » 

numge, y con asombro 
37 macilenta 

quien Tello cubría 
, y caheuL á cabeza. 

iba el monge aterrado 
« en la yertM , 
lio en voz solemne 
esta manera : 

aelo injusto los dos 
1 le asesiné; 
nteis el porqué 
Ucia de Dios. »* 



A BLANCA. 



rta, Blanca mia, 
Tillante y clara 
ndar se viene 
a mañana. 

rU, que ya alegres 
eñores cantan 
rosas letras 
t entre las ramas. 

•rta , Blanca hermosa , 
jue ameno baja 
campo enojos 
>DzaT al alba. 

i sin recelo , 
m aquí te aguarda 
6 cansarte, hermosa, 
lote batallas. 

su noble estirpe 
los y hazañas 
irá altanero , 
A antiguallas. 

diré en prolijas 
> «todiadas 
brea yopnleiic 
ifiDis kjanat 



NI en yersoB lastimeros 
Al ronco son del arpa 
Lamentará fanático 
Desastres de su patria. 

n6, lejos de nosotros 
Creencias tan livianas. 
Estúpidos ensu^os 
Que son al cabo nada. 

Despierta , y ven al bosque, 
Donde te espero, Blaiica, 
Por verte mas hermosa 
Que el sol que se levanta. 

Aquí hay sombríos lechos 
Con que la yerba blanda 
Convida , al son acoi;^ 
De füentecllla mansa. 

Aquí las martpIMas 
Sobre la frente vagan , 

Y las pintadas flores 
Revientan en fragancia. 

Y bullen los arroyos , . - 

Y murmuran las ramas 
Al compasado impulso 

De las sonantes auras. . . 

El sol tlñe las cimas 
De las rocas lejanas , 
Cubiertas de rocío 
Sus asperezas calvas. 

Aquí todo es contento , 
Seguridad y calma. 
I Oh! ven, paloma mia, 
A la floresta baja. 

; Oh ! I cuan hermosa viene ! 
¡ Qué bella estás , mi Blanca ! 
Cantad , parleras avjps , 
Cantad y saludadla. ^ 

Te tengo entre mis braiof. 
¿Qué espero? ¿Qué me falta? 
La dicha de mirarte 
Me enagena y embriaga. 

Y... 1^06 de nosotros 
Los mnáiDa^ftntasmas , 
La gloria j el renombre , 
La grandeza y la patria. 

Locuras , Blanca mia. 
Ridiculas palabras; 
La gloria y la grandeza 
Son ilusiones vanas. 

¿Teries, vidamlaP 
¿Recuerdas aun las lágrimas 
Que un dia por la gloria 
Vertí sin esperansa? 




IS8 



COMPaSICMWIS D1TBR8AS. 



¡Oh BliBCAl ora olio tiempo; 
Ya mas segura di ilint , 
No soy mas que un poeta 
Que ocio y plaoeres canta. 

¿Aun rie8...p {Cómo brillan 
Tus pupilas... 1 me abrasa 
No sé qué fuego en ellas... 
¡ Oh, dame un beso. Blancal 

La gloria es un ensueho , 
Todo en la tierra pasa , 
Dame un beso, y si quieres 
Rompe mi lira, Blanca. 



CANCIÓN. 



Triste canta el prisionero 
Encerrado en su prisión , 
Y á sus lamentos responde 
Su cadena en triste son. 

Ábrele ¡oh viento ! camino á la voz. 

Van mis horas, vun mis dias 
Mi esperanza carcomiendo , 
El valor va sucumbiendo , 
Vaso lieiando el corazón. 
Cuanto espero , desespero , 
Que en destierro tan tirano 
Suio escucha el viento vano 
MI cantar y mi aflicción. 

Ábreme ; oh viento ! cambio ¿ la voz. 



SiáCn oldo,Ttdimlft, 
Mi candon llegar pudlan , 
Y'o sé bioi que no nmrlen 
Al rigor de mi prisión. 
Mas tú gozas descuidada, 
De mis cuitas bien ajena , 
Mientras ronca mi cadena 
Me acompaña en triste son. 
Ábreme ¡oh viento ! camli 

i Cuántas veces despertando 
Por el cristal del deseo 
Me Imagino que te veo 
En amorosa Ilusión 1 
Yo te llamo y te acaricio , 
Los brazos audaz te tiendo; 
3Ias tú me huyes, y yo entien^ 
¡ Ay de mf 1 que sueños son. 
Ábreme ¡ oh viento! cmiiii 

Ríe y canta , y goza y vive, 
Mientras sueno y canto y lloro 
Los hechizos qne en tí adoro, 
Vida y sol del corazón. 
Aquí en tanto, hermosa mia, 
¡ Norte y faro de mis ojos! 
Al rigor de tus enojos 
\ al dolor de su pasión , 

Triste canta el prisloMro 
Encerrado en su prisión , 
Y á sus lumentoa reqMoAe 
Su cadena en ronco seo. 

Ábrele , viento , camfaM i 1 




QUINTA PARTE, 



JSCULO DE LA TARDE. 

una peña de este monte 
¡nebros y maleza 
en el cárdeno horizonte 

> sol en su grandeza. 

nde su luz tras la colina , 
su sombra nos oculta 
iciente > cristalina 
K>1 su púrpura sepulta. 

la ; el horizonte esli'nsí) 
a con purpúrea lumbre ¿ 
ana le circunda inmenso , 
de sol flota en la cumbre. 

; su rastro luminoso 
n instante en su camino : 
'á en su curso misterioso 
quietud de su destino H 

i ; la 8ombra se amontona ; 
opacas escuadrones 
aso , y se abandona 
á sus rápidas visiones. 

espiden á la lui del dia, 
la luz porque se acabe, 
e paz ó de agonía, 
» Hacedor nadie lo sabe. 

; las niebla» se levantan ; 
1 crepúsculo se alejan; 
rbol } las aves cantan; 
; si aplauden ó se quejan.^ 

nte, y silt)an los reptiles 
ntrc 6üi alúas la laguna, 

> por oriente á miles 
de la inocente luna. 

; ya en ilusión tranquila 
' entre el relaje gajo 
mbre con afán se apila 
ntósu último ra) o. 

{ido lol, gloria del dia, 
rico pab«íloD de grana; 



Ora nos dejas en la noche umbría , 
Pero radiante volverás mañana. 

Húndete en paz i ú sol 1 que yo ta espero ; 
Yo sé que volverás de was regionas 
Do allende el mar como á Inmortal viajero 
Te esperan otro mar y otras naclmias. 

Y te esperan allá, porque allá saben 
Que al hundirte en la playa mas lejana 
Les dejas en tinieblas porque alaben 
La nueva luz que les darás mañana. 

Yo sé que volverás ¡ luz de los cielos 1 
Y ese volcan con que tu ocaso llenas 
Del alba al desgarrar los tenues velos 
Cinta será de blancas azucenas. 

Vé en paz , y allá te encuentres bulliciosa 
Otra feiiz desconocida gente, 
Que ora tal vez pacífica reposa 
A la luz de la luna trasparente. 

Vé en paz ¡ó rojo sol! si allí le esperan . 
Que allí tras otros mares y otros montes 
Derramados tus rayos reverberan 
En otros Infinitos horizontes. 

Tú alumbras las recónditas riberas, 
Donde una gente indócil y atezada 
Alza en medio de bosques de palmeras 
Las tiendas en que duerme descuidada. 

Tú alumbras las medrosas soledades 
Donde no crecen árboles ni flores, 
Donde ruedan las roncas tempestades 
Sobre un vasto arenal sin moradores. 

Tú alumbras en sus márgenes cercanas 
Un pueblo infiel que de tu ley vasallo 
Te muestra sus bellísimas sultanas 
En el secreto harén de su serrallo. 

Tú ves el blanco y voluptuoso seno 
De la eurojiea en su nlíiez cautiva , 
El rojo labio de suspiros lleno, 
La frente avergonzada, pero altiva. 

Tú ves la indiana de ¿kno orguilota 
Con su toeUda y vivida liermoturi 




140 



GOVPOSIGIONES DIVERSAS. 



Qae entre dos labios de encendida rosa 
Asoma de márfll su dentadura. 

Tú alumbras esas danzas y festines 
En que negras y blancas confundidas 
Unas de otras se ven en los jardines 
Cual sombras de sus cuerpos desprendidas. 

Tú alumbras los recuerdos portentosos 
De Atenas , de Palmira y Babilonia , 

Y á par te ei«pcran de tu lumbre ansiosos 
Monstruos de Egipto y cisnes de Meonia. 

Te esperan las cenizas de ('.orinto , 
Las playas olvidadas de Cartago 

Y del Chino el recóndito recinto , 

Y el salvage arenal del Indio vago. 

Te esperan de Salém los rotos muros , 
Del Muerto mar los ponzoñosos riscos , 
Que de los pueblos de Oomorra impuros 
Son á la par sepulcros y obeliscos. 

Tú sabes dónde están las calvas peñas 
En donde los primeros cenol)itas 
De Cristo tremolaron las enseñas. 
Alcázares tomando sus ermitas. 

Tú sabes el origen de las fuentes , 
Los mares que no surcan raudas velas , 
En qué arenas se arrastran las serpientes , 

Y en qué desierto vagan las gazelas. 

Tú sabes dónde airado se desata 
El ronco y polvoroso torl>elIlno, 
Donde muge la escelsa catarata , 
Por donde el hondo mar se abre camino. 

Has ya en tu ocaso tocas y te alejas ; 
Ante ese inmenso pabellón de grana 
Cuan ciego sin tu luz ¡oh sol! me dejas... 
Has vete en paz , que volverás mañana. 



¡Mañana! ¡ y en tanto crecen 
Esos fantasmas de niebla 
Con que el ambiente se puebla 
En fantástico tropel I 
Y se agolpan esas nubes 
Que acaso al sol atrepellan , 
Se confunden y se estrellan 
Despeñándose tras él. 

¡Mañana! y de aquesta sombra 
Entre el denso opaco velo, 
No veo el azul del cielo , 
Valles , ni montes , ni mar. 
¡Mañana! y ora encerrado 
En esta atmósfera oscura, 
Sé que existe la hermosura 
Sin poderla contemplar. 



¡Mañana... ! y en esta n 
Tan tenebrosa en que quet 
Me acongojan y dan miedo 
La noche y la soledad ; 
Do quier qu« vuelvo los oj 
Do quIer que tiendo una n 
Miro y toco el ser liviano 
De la negra oscuridad. 

Siento que á mi lado vas 
Fantasmas que no conoEoo 
Veo luces que se apagan 
Al intentarlas s^u ir; 
PercilM) voc€8 medrosas 
Que entre la niebla se piflri 
Sin saber lo que recnerden 
Ni lo que intenten decir. 

Siento herirme la megUli 
Un soplo vago y errante, 
Como un suspiro distante 
De alguien que pasa por mí 
Tiemblo entonces , temo y ( 
Mis años y mis momentoi 
Me tienen mis pensamiento 
En estrecha cuenta allL 

cQué negro sneño eiaqu 
Qué delirio el que padoco? 
¿Esta sombra que aboneicí 
Cuándo pasa ? ¿ adonde vt? 
La siento sobre mi frente 
Que en masa gigante roeda 

Y siempre sobre mi queda, 
Siempre ante mi vista eiti 

En la sombra , me dijera 
Se delira y se descansa, 
El pesar duerme y se aman 
La aflicción toca en placer: 
En la sombre estamos sota 
No Dos oyen ni nos minn, 
Todos los ecos consplm 
Nuestro mal á adormecer. 

Mas yo aquí conmigo mis 
Oigo y veo , y toco y siento 
A mi propio pensamiento 

Y á mi propio corazón : 
No estoy solo, no descamo 
Me oyen , me yen , no delin 

Y estos fantasmas que mire 
¿Qué me quieren? ¿qniéne 

Oigo él agua qne mnram 
Siento el aura que se muen 
Miro y toco, y sombra leve 
Hallo solo en derredor; 
BuseoafoiK»o,7 noeoeM 
Pregunto, y no im raqMNk 




QUINTA PARTE. 



141 



¿ y dó 86 escondeü 
leí dolor? 

cielo encapotan 
licientas 
n turbulentas 
a sutil ; 
cnto que todos 
le mi vida 
ilorida 
mil en mil. 

T]ue ño es reposo 
tormento 
ron macilento 
os me da ! 
nes bellas 
ni memoria ! 
ias de gloria 
oes ya! 

litas del tiempo 
íto y sumo, 
omo el humo , 
án jamás... 
ndido tu frente 
I de ese monte , 
lorizonte 
;varás. 

na mas radiante 
de la aurora 
cantadora 
¡ndidez ! 

s por los cielos ; 
lio que pueblas , 
on las nieblas 
>breguez. 

Ivés mas «ereno 
otidiano ; 
;ras en vano 
desde alli. 
\ mañana ; 
1 tu oriente , 
(refulgente, 
taré aqui? 



i, ¡oh sol ! baja tranquilo 
esplendente grana, 
scaré un asilo 
i otra vez mañana. 

ie en la noche silenciosa 
n en el viento , 
iebia misteriosa 
aromado aliento. 

MDbras bienhadadas 
ai nuestros ao os 



Vienen sobre las brisas desatadas 
Del nocturno reposo á ser testigos. 



Me han dicho qu e en los bosques apartados, 
En las márgenes frescas de los ríos , 
Por el agua y las hojas arrullados , 
En torno de los árboles sombríos. 

Danzan alegres de su paz gozando , 

Y á los que en vida con afán querían 
Desde la turba de su alegre bando 
Ilusiones dulcísimas envian. 

Y dicen que esos son los halagüeños 
Fantasmas que en la noche nos embriagan, 
Esos los blancos y amorosos sueños 
Que en nuestra mente adormecida vagan. 

Tal vez será verdad ; vendrán acaso 
Nuestra vida á endulzar esas visiones, 

Y de una estrella al resplandor escaso 
Entonarán sus mágicas canciones. 

Sí , tal vez á sus madres amorosas 
Colniarán de purísimos cariños 
Las trasparentes sombras vaporosas 
De los risueños inocentes niños. 

Tal vez venga el esposo enamorado 
Al triste lecho de la esposa viuda 
A darla en paz el beso regalado 
Que en su labio agostó la muerte ruda. 

Tal vez sean su voz esos suspiros 
Con que la oscura soledad resuena , 

Y su aliento esa brisa á cuyos giros 
Mansa murmura la floresta amena. 

Tal vez será verdad... pero á mi triste. 
Que no me vela amante y cuidadosa 
Esa sombra que á alguno en pai asiste , 
Amigo, hermano, idolatrada esposa ; 

A mí , que no me cercan esos vagos 
BenéQcos fantasnuis de la noche, 
Que en las eodis se mecen de los Ugos 
O de la flor €0 el cerrado broche ; 

A mí \ triste de mi ! no me acompañan 
Esas sombras de amor, blancas y bellas , 
Porque mi adusta soledad estrañan. 
Porque yo velo mientras vagan ellas. 

Yo no tengo una madre , ni un amigo 
Que deje los alcázares del cielo , 

Y en nocturna visión venga conmigo 

A prestarme en mi afán calma ó consuelo. 

Yo , á quien los suyos ofendidos lloran, 
A quien no deben mas que su amargara. 
Recelo de los mismos que me adoran , 
Temo el misterio déla sooitea osourt. 




H2 



COMPOSlGlOIfES DIVERSAS. 



No hallo en ella ni tílfldes , ni magas , 
Que en osas solltarlafi Ilusiones 
Solo siento en redor torbas y vasas 
Las memorias de hiél de mis pasiones. 

Noquierusomlnra, ¡ohnooiie! ¡ tcaliorrczcol 
Odio la luz de tu tranquila luna , 
Ante tus bellas sombras me cslieniezco , 
Porquo no tienes para uii nlnjuiuna. 

Yo espero al sol que baja refulgente 
Revestido de pompa soberana : 
Yo espero al sol que por el rojo oriento 
Vuelve á nacer espléndido niauana. 

Yo amo la \ut , y el cielo , y los colores, 
Detesto las tinieblas, amo el dia , 
Todas en él las auras son olores , 
Todos en él los ruidos armonía. 

Entonces reverbera el manso rio , 
Abr<*n su cáliz rosas y azucenas , 

Y las lá^Timas puras del rocío 
bordan sus hojas de perfume llenas. 

Yo espero al sol ; entom^cj* se levanta 
La tierra á saludarle perezosa, 

Y el ruiíefior entre los olmos canta , 
\ llena blando son la selva umbrosa. 

Yo espero al sol porque su luz Migante 
Me dcslumlira y einbriaiía y enloquece , 

Y al seguirle en su curso rutilante 
Mi pesar en el pecho se adormece. 

Sol... ¡inmortal y espléndido viajero! 
Yo como tú me perderé sin tino , 
Iré desconocido pasagero 
Sin término vagando y sin camino. 

Ya bramen los revueltos temporales , 
Ya murmuren las brisas perfumadas , 
Ya cruce por desiertos arenales , 
Ya me pierda en florestas encantadas , 

En los munidos lechos de un serrallo, 
En la triste mansión de una mazmorra 
Altivo triunfador, servil vasallo, 
Negra fortuna 6 liberal me acorra , 

Te buscaré á través de las cadenas 
Bajo los ostentosos pabellones , 
Del rio ]ior las márgenes amenas 

Y Á través de los rotos muralloncs. 

Yo buscaré tu lumbre soberana 
Del mar tras los cristales movetlizos , 

Y sonando á los pies de una sultana 
En la espiral de sus flotantes rizos. 

Y tal vez de un proscripto los cantares 
De^e unas costas lúgubres y solas , 
Lleguen cruzando los inmensos mares 
A sus queridas playas eapanoias. 



¡ Fdli entonces ri á la fln 
Mis locos , criminales estraTios 
De mis fúnebres cánticos tocadt 
Les merezco una lát^rima á los i 

Conjuraré á los céflros ligero* 
De aquellas selvas á la mar veci 

Y á los rápidos bandos pasagero 
De l:is sueltas y pardas golondri 

Que ingrato á cuanto amé, sol 
l'n verduco alimento en mi me 

Y para hundirla entera en el ob 
Loco deliro un porvenir de glori 

Gloria ó sepulcro, ¡ohsoUboscc 
Gloria ó tumba tendrá mi audac 
Si buscas mi destino , ¡ oh sol ra 
Yo estaré aquí ; levántate mau 



A UN AGÜIU. 



CHA. 



Sube, pájaro audaz, inbesedi 

A bel)er en el viento 

Del rojo sol la esplendorosa lom 

Sube batiendo las sonantes alis 

De las etéreas srias 

A sorprender la luminosa comh 

IVien hayas tú , que vei onda 
Los cielos frente é fr 

Y de cerca á tu Dios, are altm 

Y que si el ronco torbellino crsc 

Vigoroso te mece 
Siendo un impulso mas i tu a 

C Qué te importa que el sol ni 

Crucen por tu camii 

Si en vuelo altivo y tcmerariui 

La tormenta te riza mansamenl 

Y el sol respiandedf 

Gomo precisa luz vibra en tu oj 

¿ Qué te Importa de pájaros 1 

Confusión tumoltu 

Que se afana en subir cuando 1 

Si á su impotente y torpe mor 

Fuerza le falta y vie 

Cuando tu vuelo real hiende li 

Salve , i oh tú de la atmósfei 
Águila voladora 
Que abandon.'^ndo nuestra tief 
Emi>eratriz del vi^to te leva: 

YaoUfarln 
De los Ind h 




QUINTA FARTI. 



141 



M OÍ tropel lonoro 
cítaras de oro 
'éticos fcstiDes; 
en distancias samas 
espléndidas plumas 
errantes seraftnes. 

¡ oh reina soberana ! 
iflnito Uotanna 
:\o respetuosa giras , 
ambiente solitario 
místico incensario 
il libre respiras. 

!>píritus errantes 
arrastran rutilantes 
icdan en la estera , 
y amago blando , 
caririan pasando 
emprc en su carrera. 

i , del sol y el viento amiga, 

esfuerzo y fatiga , 

i vez acariciada ! 

|ue despreciando el suelo 

s oüada al cielo 

, y liberal morada. 

, que lejos del inmundo 
taño de este mundo , 
.»r de los que lloran, 
6*m de las cadenas , 
is de angustia llenas 
e los que a} uda imploran. 

ara voz de la ímpia guerra 

ensorilecc la tierra 
izas Aus sangrientas leyes , 

desvalido lloro 
flerrcdor del oro 
alcázar de su¿ reyes. 

quedarte en esa altura , 
nto de tentura , 
iz, hija del viento, 
ya que no osamos, 
s cobardes lloramos , 
d i>or tu ardimiento. 

no esclavos de otros dueños 
indiimos empi'ños 
fias aplaudamos, 
¿tras contiendas (leras, 
ajenas banderas 
pabellón sigamos. 

mdo la rejíon vacía . 
•n Inllnito día 
la humana gente , 
dementes alaridos 
istras loa perdido* 
IM éel oriente. 



Tú deide allí en las rifagas mecida , 

Serara v atrevida 
Contemplas la mezquina y baja tierra , 
La miseria del hombre, y su inmundicia , 

Su orgullo y tm injusticia, 
Sus vanos triunfos y ominosa guerra. 

Tú , ave de libertad y de victoria , 
Del aire y del sol gloria , 

Desde la calta Inmensurable peña 

Ves cómo se abre trabajosa calle 
Por el angosto valle 

La armada gente tras la rota enseña. 

Césares , Alejandros , Napoleones 
Dieron á sus legiones 
Tu vencedora imagen por bandera ; 

Y tú en el viento sin temor ni vallas , 

Al son de sus batallas 
Te adormistes ufana y altanera. 

Y en vano con tu sombra se escudaron , 
Que á la fln tropezaron 
En Roma y Babilonia , y Santa Elena ; 

Y allí vencidos, la cerviz hundieron 

Mientra al morir te vieron 
Rasgar el viento á tí Ubre y serena. 

¡Salve, reina del viento generosa, 

Águila poderosa , 
Ave del sol y de la luz querida! 
Salve , y pluguiera que en tu raudo vuelo 

Trepar pudiera al cielo 
Una esperanza de mi amarga vida. 

¡ Oh si alcanzara, candida María, 

Perdida gloria mia, 
A enviarte con esa ágnlla un suspiro ! 
i Si alcanzara esa osada mcnsagera 

A decirte siquiera 
Que aun por tu solo amor canto y respiro ! 

¡ Ay, firesca rosa que abrasó el estío. 
Perdido encanto mió. 
Tierna , amorosa y muerta ya María , 
¿Kn qué aura vaga tu fragante aroma? 

¿ En qué escondida loma 
Me M'las hoy tu cáliz, vida mia? 

Tórname, hermosa, el rostro soberano, 

Y tiéndeme tu mano, 

Y dime dónde estás para mirarte; 
Para que tengan luí los ojos míos , 

Y se acallen bravios 
I^s duelos de mi vida al adorarte. 

Vuela, pájaro audaz, águila erguida, 
Por la reglón perdida 
Donde espléndido el sol alia su oriente; 

Y si aun es dado á tu gigante vuelo 

Escudri&ar del cielo 
1^ ignorada mansión 




144 



GOMPasnaoMES diversas. 



Busea á mi vida y dlla que aun la adoro, 

Y dila que aun la lloro 
Al ronco aón de la cansada lira ; 
Pregúntala si lejos de esta tierra 

En ese que la encierra 
Alcázar celestial por mi suspira. 

Los Césares asi y los Napoleones 
Leguen á sus legiones 
Tu vencedora imagen por bandera , 
Y tú en el viento sin temor ni vallas 

Al son de sus batallas 
Duermas ufana, libre y altanera. 

Sube, pájaro audax , sube sediento 
A beber en el viento 

Del rojo sol la esplendorosa lumbre ; 

Sube batiendo las sonantes alas 
De las etéreas salas 

A sorprender la luminosa cumbre. 

No te importe que el sol y el torbellino 
Crucen por tu camino ; 
Sigue tu vuelo en temerario arrojo , 
Que el buracan te riza mansamente , 

Y el sol resplandeciente 
Como precisa luz vibra en tu ojo. 

Y si por caso encuentras en el viento 
Mi lastimero acento, 
Sigue cruzando á las etéreas salas , 
Que los roncos preludios de mi canto 

Son los ayes del llanto 
Que me arranca la envidia de tus alas. 



ORIENTAL. 



Larga y pesada es la noche 
Si de un cerrado balcón 
Al pié se aguarda la lumbre 
De un enamorado sol. 

Si á oscuras en una calle 
No se siente en derredor 
Mas que del aura perdida 
El interrumpido son. 

Larga y pesada es la noclie 
Para el despierto amador 
Que acecha una blanca mano 
Que tal vez le hace traición. 

Mientras la diestra al estoque, 
fibria el ánima de amor, 
De rival desconocido 
Recela la condidon. 



y pesada et la DOC 
Para quien tanto aguardó, 
Que el alba por el oriente 
Viene á ahuyentar su pasi( 

Muy larga para el mana 
Que en Córdoba penetró 
De los ojos de una mora 
Enredado en la prisión. 

Está el cristiano apoyadi 
En las rejas donde vio 
Mientras que lloró cautivo 
A la prenda de so amor. 

Y en vano á su doble sei 
Una respuesta aguardó : 
Las celosías tuvieron 
Siempre velado el balcón. 

Mas viendo que á largos 
Veníase alzando el sol, 
Entre amorosos suspiros 
Asi dijo á media voz : 



> He llamado á tu venta 
MI sultana, 
Siempre flel á mi pasión, 
Y enojado me despido, 

Pues dormido 
Encontré tu corazón. 

A Dios , mi dulce seóon 
Ingrata mora, 
Que pues mas no he de vei 
Bien harás de mi olvidada 

Descuidada, 
En largo sueño dormir. 

No esperes , no , que to 
Vuelva uJGuio 
Enamorado á buscar 
Clavando del foso oscuro, 
Sobre el lAnro, 
Una escala en que bi^ar. 

No esperes que en larga 
Centinela 
De tu cerrado balcón. 
Aguarde ya entretenido, 

Si dormido 
He de hallar tu corazón. 

No esperes, no , <|be coi 
Mosa Ingrata, 
Do tu celosía al pié , 
Mientras en otros amores 

Tus (¡avores 
Gozando un rival esté. 

Que si á mi VQi no respe 
Pocqae esconde 
Otro amor pan mi amor. 




QUUITA>AMrE* 



US 



» y caitas 
sciUs 
a favor. 

que yo te amaba , 
sclava 
e un harén , 
hermosara 
mtora 
también. 

ne, mi sultana, 
ventana, 
•asion , 
»nocido 
1 dormido 

00. k 

el)o diciendo , 
uror 
celosías 
erribó. 

la mora 

lesto son , 
i la reja , 
pguntó. 

1 distancia , 
i caiiejon , 
a diciendo • 

, que soy yo. 



SCION. 



^OR DON S. IRADIER. 



:0R0. 

dadme flores ! 
dadme amores ! 
es un sueño , 
ndo un festin. 

osrotm 
belias, 
)tellas 
Id. 

i murqfiura 
;ura, 
intura 

dadme flores ! 
dadme amores ! 
es un sueño , 
indo un festin. 

cando 
ana, 



T el sol de mañana 
Que vea al salir 
Que al son de la orquesta 
Danzando en la fiesta , 
No es carga funesta 
La vida feliz. 

I Orgia, dame flores! 
I Orgia , dadme amores ! 
La vida es un sueño, 
Y el mundo un festin. 

Diránnos mañana 
Que somos ceniza , 
Que es dicha postiza 
La de este vivir; 
Mas hoy gozaremos , 
Dichosos seremos; 
£n tanto olvidemos 
Origen tan vil. 

I Orgia , dadme flores ! 
( Orgia , dadme amores 1 
La vida es un sueño , 

Y ei mundo un festin. 

Bailemos, bebamos, 
La vida es muy corta; 
Tal vez nos importa 
Pasarla feliz; 
Y si al fin perdida 
Se llora la vida , 
Gozando se olvida 
Tan lúgubre fin. 

t Orgia, dadme flores! 
lOrgía, dadme amores! 
La vida es un sueño , 

Y el mundo un festín. 



« * « « * 



Venid á mi , brillantes- ilusiones , 
Que engalanáis la juventud ardiente. 
Dadme, dadme fantásticas visiones 
Con qne embriagar la mente. 

Suéñelas yo en mi necio desvarío, 
Y en vistoso tropel pasen risueñas 
Como la espuma de sonante rio 
Resbala entre las peñas. 

Dejadme aunque ficción ver á lo lejos 
t>a radiante luz de la esperanza 
A cuyos ricoe trémulos ñflejos 
Un porvenir te alcanza. 

10 




146 



GOMPOSiaONES DIVERSA. 



Y apartad do mi mente esos crespones 
Que enlutan cuanto suefio y cuanto miro, 
Que tornan el compás de mis canciones 

En lúgubre suspiro. 

Yo que cruzo feliz , libre y contentó, 
De la existencia el áspero camino, 
Que ayudado tal vez de noble aliento 
Cantar es mi destino; 

¿Porqué al herir ufano él arpa de oro 
En amoroso son , lanía perdido 
En vez de canto espléndido y sonoro 
Fatídico gemido P 

Y es en vano buscar cuanto risueño 
Natura por do quier pródiga brota, 
De su ventura á mi tenaz empeño 

Todo el raudal se agola. 

He querido cantar radiante y puro 
Ai esplendente sol , y apelmazado 
Sorbiendo el dia nulMirron oscuro 
Su disco me ha robado. 

Quise cantar las danzas Inocentes , 
Los candidos placeres campesinos , 

Y de muertas naciones insolentes 

Lamenté los destinos. 

Quise cantar del águila altanera 
El imperial y soberano vuelo , 

Y profano llegué tras su carrera 

A llamar en el cielo. 

Quise cantar cascadas y jardines , 
1^8 brindis v el placer, y ensangrentado 
Hice girar en tomo á ios festines 
El féretro enlutado. 

Quise cantar de purpura y de flores 
La senda del vivir entapizada , 

Y caminé entre abrojos punzadores 

Hasta el mar de la nada. 

Mis cantigas de amor lamentos fueron , 

Y ningún amador se holgó con ellas ; 
Blasfemias mis plegarias se volvieron , 

Y mis himnos querellas. 

EmbrlaffMlo canté la amistad sania , 
Soñé fraternidad y huyó el amigo , 
I Que lleva al fin quien desventaras canta 
La soledad consigo I 

¿ Dónde tornar ios desolados ojos ? 
¿ Dónde tender las alas del deseo ? 
Truécanseme las flores en abrojos , 

Y es niebla cuanto veo. 

Me dijeron acaso que el bullicio 
Del loco mundo las tristezas cura... 
Cada sonrisa me costó un suplicio 
Doblando mi amargura. 



Tal vez la calma él eonitmce 
De la sombría noche misteriosa 
Las noches he pasado en larga ^ 
En lucha congojosa. 

Flores,¿endóndee8tai8quenoo: 

Vago por el jardín y nunca os b 

Las raices tal ves estarán dentrc 

Mas no aaoroan el talk 

¡ Fúlgido sol , espléndidas est 

Melancólica luna, yo os adoro I 

Y al bendecir vuestras antordia 

Mudo os contemplo j ' 

No importa que la tierra brotí 
El mar corales, y los rioe peces 
Yo bendigo sus senos creadores 
Los adoro mil veoos i 

Pero al volver al Dios qne los 

Jamás me pareció ni mar ni tío 

Mas que un sepulcro cuyo borde 

Nuestra miseria enctai 



A MARIANA. 



CANaOM. 



Limpia es la noche y eaDa 
La luna en el zenit brilla 
Como lámpara colgada 
En recóndita capilla. 
La brisa errante y eereu 

Mansa snena 
Meciendo árbol, yerba y flor 
Y el mundo en detenido iner 

Goza ó dnemiB 
Sus pesares ó su amor. 
Yo constante en nd poiii 
Paso la noche sombría 
Suspirando á tn TOltttu, 

¡Mariaiíamtal 
Mas si han do espirar mtofi 

En tus miai, 
No me las abras , Mariai» 

Nodieiü#k 

(Porque me es tin ddJdoi 
Saber cuándo al fin temU 
Al necio mundo cnriosó 
La oscuridad de ta aleolw— 
Tan grato espiar atesto 

El UMMUHIIO 

En quetn ImespM^ 
Por poder deolr u&oio : 




QUINTA PARTE. 



'o €9 como yo ? 
in dulce en m¡ agonía 
lie en la noche umbría 
>o á tu ventana 

¡ Mariana* mia...! 
lan de espirar mis quejas 

En tus rejas , 
> las abras , Mariana , 

Noche ni día. 

!n pudiera mentirte 
, buques , caballos , 
gas tierras decirte 
respetan vasallos ; 
le tierras ignotas 

Y remotas 
iny fáeil mentir ; 
irte aunque quisiera 

ffo supiera 
hubieras de oír, 
: en tenaz porfía 
noche sombría 
ido á tu ventana , 

¡Mariana mia! 
an de espirar mis quej.Ls 

En tus rejas , 
sabrás, Mariana, 

Noche ni dia. 

soy mas que un poeta , 
bien que mi lira , 
al amor sujeta 
aion que suspira : 
c es verdad que hay algunos 

Importunos 
aplauden mi canclmi , 
a he de hacerles ca?o , 

Porque acaso 
drt vnlgo son. 
cantando el dia , 
loche sombría 
úé de tu ventana , 

¡ Mariana mia ! 
m de espirar mis quejas 

En tus rojas , 
\s nhraF , Mariana , 

Noche ni dia. 

o en tos candidos saeno» 
»z (* parece 
Mes halagüeños 
ne se desvanece, 



No son los tenues lamentos 

De los vientos 
Que murmuran al pasar, 
No es el ruido de la fuente 

Trasparente , 
Sino el fión de mi cantar. 
Porque siempre en mi porfía 
Paso la noche sombría 
Suspirando á tu ventana , 

¡ Mariana mia ! 
Mas si han de espirar mis (juejas 

En tus rejas , 
No me las abras , Mariana , 

Noche ni día. 

¿Oyes la lluvia que cae, 

Y el aura en sus hilos rota 
Que una voz triste te trae 
Mientras tus vidrios azota? 
No es la voz de la tormenta 

Turbulenta 
Que muge con el turbión , 
Es el arpa que yo toco 

Cuando evoco 
Tu sueño con mi canción : 
Porque siempre en mi porfía 
Yo velo en la noche tinibría 
Suspirando á tu ventana, 

i Mariana mía ! 
Mas si han de espirar mis quejas 

En tas rejas. 
No me las abras , Mariana , 

Noche ni día. 

Y si al fin de doeio tanto , 
De tan amorosas cultas. 
Te cansa el son de mi canto 

Y te cansan mis visitas; 
Si tu sueño ó tus placeres 

Ya no quieres 
Que turbe importuno mas , 
Manda que rompan la lira 

Que suspira 
Tan amoroso compás ; 
Mas si has de salir impía 
A maldecir mi porfía 
Cuando lloro á tu ventana, 

(Marteamial 
Deja que estrelle mis quejas 

En tus rejas , 

Y no las abras, Mariana , . 

Noche ni dia. 




SEXTA PARTE. 



príncipe y rey. 



HOMANCE HISTURICO. 



Está ia nodie serena , 
Ijbl luna sin pardas nubes 
Que ia empañen limpia y clara 
En el firmamento luce. 
En derredor ias estrellas 
Con multiplicadas lumbres 
Tachonan del aire vano 
Los pabellones azules. 
Eresma por entre peñas 
Su escaso raudal conduce 
A las plantas de un alcázar 
Que en sus arenas las hunde ; 

Y ya en montones de espuma 
Revoltoso se derrumbe , 

Ya con trasparentes ondas 
Manso y humilde murmure , 
Nunca es mas (|ue un corto espejo 
Que adula la escelsa cumbre, 
Por que permita al palacio 
Que en su cristal se dibuje. 
Está la noche serena 

Y á pasos rápidos huye 
Sobre la choza pajiza 

Y la espléndida techumbre. — 
('«alia el viento ; el aura apenas 
Suelta ráfaga que ondule , 
Eresma hace que sus ondas 
No desvelen, sino arrullen, 

Y si algún pájaro errante 

Hay que el silencio interrumpe 

Avergonzado se duerme 

Por no tener quien le escucho. 

Mas no es tan hondo el silencio 
Que el aura á veres no crucen 
Los incompletos compases 
Que dan/a vecina arguyen. 
Oyese el rumor lejano 
\)c contenta muchedumbre 
Que entre cánticos y brindis 



El sueño tenaz sacude. 
La danza es en el alcáar. 
Que el príncipe Enrique comp 
Hoy años y á malgastarlos 
Junta los mas que le ayuden. 
La copa de los placeres 
Para que ansiosos apuren 
Cuantas damas y galanes 
Hay en CastiUa , reúne. 
La vida es corta; los dias 
Se menguan y disminuyen, 
La molicie es cortesana, 
Y los placeres son dulces.— 
c Qué importa que el rey Doo J 
Contra los rebeldes luche? 
El principe vive y goia 
Que como á quien es le eompk 
i Fiestas y danzas I Los mjm 
No son hidalgos comunes 
En cuya frente se ostentan 
El valor y las ylrtudes. 
Una frente coronada 
Radia sola tantas luces. 
Que los ojos atrevidos 
A sus destellos sucumben. 
Por eso suenan alegres 
Las chirimías y adufes 
Haciendo que sus compsüi 
De sala en sala retumbes ; 
Por eso amoroso abraio 
Despertador de inquletndei 
1.0S talles de las hermosas 
Al ceñidor sustituyen. 
Por eso el cendal flotanis 
(lira en circulo YoluMe 
Revelando lo escondido 
Tras lo que traidor deseulM. 
¡Oh! hermosas son las bflnMi 
Cuando aspirando perfumes, 
Mas ocultos sus hechizos 
Entre trasparentes tules. 
Sueltos los cabellos do ébano 
Kn aspírales y en boete ' 
De amar y gosar sedlwtu 
A los salones «codeo. 




SEXTA PARTE. 



nto que envía 

á que se cru(*e 
ispiro que deja 

su lugar ocupe ; 
rmuUo continuo 
que el aura susurre 
^entos sin forma 
sus pliegues confunde ; 
anda sonrisa 
(?n un alma influye 
iguarda favores 

1 incertidumbre : 
HÍmedos ojos 

z se destruyen 

del corazón 
s esquivo presume : 
isos pensados 
leos mil conducen 
o laberinto 
2s solicitudes ; 
) en un palacio 
(nentosa bulle 
mpa , intriga y gala 
in principe influye , 

los corazones 
agados se ofusquen 
n paraísos 
no que les cubre. 

está el salón , 
mucho disimulen 
\ están contentas 
s maridos sufren. 
; galantea, 

as de mas lustre 
loy tantas flores 
;unos pesadumbres, 
con una en los brazos 
danza interrumpe , 
que en raudos círculos 
ú salón cruce. 
\ f numo con mano 
lánguido empuje 

1 pos blandamente , 
de y la sacude, 
necida , suelta 

:o tan ilustre , 
indona y descuida 
18 él la a.^pgure. 
rizos de entrambos , 
os se confunden , 
los pié» veloces , 
mantos volubles, 
ide á los ojos 
ñor y lumbre , 
• á loa ojos 
[Qe no pronundeu. 
aplen las vocea , 
. el foego encubre. 



Y asi al amor y al placer 
Todo sirve y todo suple. 

¡ Espléndido está el salón , 
Todo el aire son perfumes , 
Música , citas , suspiros , 
Murmullo, plumas y luces. 

Mas hay un hombre sombrío 
A quien todos llaman duque, 

Y á quien ninguno aventaja 
En la gala que le cubre, 
Cuyos dos ojos tenaces 

Sin que se aparten ó muden 
En ú principe están fijos 
Cual si temiera que le hurten : 
Si algún importuno acaso 
Su tenacidad reduce 
Siempre á su objeto arobiriosoft 
Rápidos se restituyen. 
Al acero se parecen 
Que por mas que se procure 
Doblarle contra el imán 
Siempre hacia el imán resurte : 
Mientras , descuidado el principo 
Sin que su gozo perturben 
Con una dama en los brazo.<( 
Por el salón baja y sube. 
Es cierto que alguna vez 
Mira de reojo al duque ; 
Mas este firme y tranquilo 
Ni le busca ni le huye. 
Es verdad que alguna vez 
El primogénito ilustre 
Su voluptuosa pareja 
Por delante del conduce ; 

Y tal vez aunque no altivo 
De distinguirle se escuse 
No se alcanza á comprender 

Si es que le honre ó que le injurie; 
Mas el duque no por ello 
En desmán alguno incurre : 
Siempre el respeto le sobra , 
Ya le responda ó le escuche. 

Cesó la danza y la música. 
Que ya el albor se descubre 
Del alba que por los vidrios 
Asoma sus turbias luces. 
Quedó el alcázar tranquilo , 
Despejó la muchedumbre , 
Sonó un beso , y don Enrique 
Entregó su dama al duque. 
Aquel dijo : « Hasta mañana. » 
Contestó este: «Si á Dios cumple. > 

Y Don Enrique volviéndose 
Siguióle la servidumbre. 




450 



COMPOSiaOlfES DIVERSAS. 



LA omTINA VERPE. 



Son unas horas después , 

Y vcnse en su gabinete 
luí^ r*n un taburete 

Y Don Enrique á sus pies. 
Tostiuos de sus deslices 

Kn aqiu 1 retrete oscuro 
Kstán colgados del muro 
De Flandes cinco tapices. 
Toda sorpresa estertor 
Previenen las celosías 

Y dos dueñas de vigías 
Que están en el corredor. 

Lucha la luz con la sombra , 
El rojo sol de occidente 
Colora ronrusomente 
Las labores de la alfombra. 

Las flores desde el jardin 
Prestan al aura perfume , 

Y otro al fuego se consume 
En el mismo camarín. 

Todo es pai , cjilma y quietud 
En el retrete oriental ; 
Mas si no es pai criminal 
No Ort la pai do la virtud. 

Don Enrique está hechicero ; 
Dofia Inés como una oütrella ; 
Voluptuosa está la bella » 

Y gnlan el caballero. 

En los ojos de la hermosa 
Se está mirando el galán , 

Y ambos atizando están 
Hoguera tan peligrosa. 

Ella en recreo infantil 
Destrénzale los cabellos , 
Bucles haciéndole de ellos 
Con sus manos de marfil. 

tÁ con sonrisa liviana, 
En acento adulador 
Dulces palabras de amor 
La dice á la cortesana. 

Ella de orgullo suspira 
Gozando pI favor real , 
Auníiue él Interpreta mal 
I^ vanidail que la in<ipira. 

\r]\ , mancebo y sin consejo 
En su amnr se está alífasando ; 
Pero ella está contemí liando 
Su contorno en un rsju'jí). 

Él la diOR : « Iforniosa estás , » 

Y en silencioso dcsdi-n 
Dice ella : « Lo íé tarnbicn , 
Que a«lvcrl¡rIo está di mas. »• 

fil con el dulce reclamo 
Del silencio engañador 



Traduciéndolo mejor 
Añade : « Inés, yo te amo. • 

Ella culpando su esceso 
Cuando mas cerca la estrect; 
Le da de sí satíBCecha 
Por cada palabra un beso. 

Y en larga conversacioD 
Ella altiva, él Importuno, 
Demuestra bien cada uno 
El afán del coraion. 

Asi el principo decía 
Enagenado á la hermoia; 

Y astuta y voluptüoM 
Ella asi le reapondia. 

/>. Enrique, Un reino bm tga 
Con él media vida diera 
Por gozar, Inés, siquiera 
La otra media junto ¿ ti. 

D. Incs. Siendo príncipe » uéa 
Dierais , existiendo un a&o, 
Cada mes un desengaño 
A vuestro constante amor, 

7). Enrique, Pasiones ftiena Ü 
Pasatiempos nada mas; 
Que no encontrara quisas 
Sino amor de cortesanas. 

Mas , Inés , viéndote ¿ ti 
Esquivarte fuera en vano. 

J). Tnrs. \ Hoy me aduláis sortfli 
Que estáis delante de mil 

/>. Enriquf. Te lo juro, hcmo 
Diera mis reales palacios. 
Mis coronas do topacios 
I^or vivir siempre á tus pies. 

n. Inés, ¿ Tan bella, Enrique, M 

D, Enrique. Como tú no DSM > 
Y por ello , vive Dios , 
Sufro mal que no mereico* 

P, Inés, ü Vos por mi mátala 

/). Enrique, U 

D, Inés, No os entiendo. 

/>. Enrique. ¿Ito ■ 

J). Inés, En mi alma de foiáa 
Si hay diferencia no sé. 

Mas... 

/). Enrique. ¿Qué^lnesT 

/). Inés, ¿HÉka 

Jurara que algo sonó. 

7). Enrique. Nadahepenibidí) 
Ilusión tuya habrá sido. 

Quedó Inés un pmito en jiá 
Escuchando perspicaí , 

Y asióla el pnncipe andas 
Kcpitiendo : «Nada fué. • 

Y á fé que era la quietud 
De aquel andoia 




»XTA FAtn. 



ida en el apoeanio 
1 desierto atafaud. 

n mmor la turbal», 
susurro se oia 
a ves se eximia 
que marmuraba. 
peres del perfume 
lia el ancho pdMte 
el gabinete 

que loe consume, 
i tapicería 
en el muro está , 
seguro da 
illa y celosía. 
I el fondo una alcobi^ 
ique en la sombra se pierde , 
ortina ?erde 

interior roba, 
e el aura sutil 
ote la moYió , 

dnda causó 
1 terror pueril. 

puesta y sosegada 
príncipe otra ves, 
n candidest 
rason j no fué nada, 
rdonad que baya sido 
para el temor, 
\ue os tengo mucho amor 
iedo á mi marido. • 

'. No me le nombres, Inés , 
nombre me irrita ! 
vida , señor, rae quita 
o como es. 

. ¡ Ah , Inés mia, ese es el mal 
m hace poco I... 
erme loco 
re tan cabal, 
tesano mejor 
lal caballero, 
icia el primero ' 
en el valor, 
lio de hallarle infiel 
criminar, 
que rastigar 
o busco en él. 
era escepcion 
ra ha de morir . 
íor, ¿eso osáis decir? 
. Alma mia, ocios son. 
?nsar en paz 
e tu hermosura , 
;ual ventura 
n solaz, 
digna traza 
« que osa amarte 



Esperar pttr mAo luiblarte 
A que él se salga de caza ? 

¿Es digno de mi ambición 
Que cuando él parte tu lecho 
Me dé yo por satisfecho 
Con verte por un balcón ? 

D. Inés» Pero yo, Enrique , os adoif 

P. Enrique. Sí , ly en ai9 Wm 9S^ 
Me arrebatas el diniñanta 
Dándome el arUlq de oro 1. 

P. Inet, Os doy caimto puado dar. 
No podéis mas exigir, 

D, Enrique» Aunque ü h^y^ do inori 
Tu amor solo fie de «loansar, 

Ronco , ahogado , eomprlmido 
Sonó un fugitivo acento 
Como el rumor del aliento 
Largo tiempo detenido. 

Perdió la dama el oolor, 
Púsose el príncipe en pié , 
Recelando ambos que esté 
Alguno en el corredor. 

Mas por el mismo lugar 
Con muy recatada seña 
Oyóse á la astuta dueña 
Por el corredor llamar. 

A Dios , señor, dijo Inés , 
Que de partiros es hora. 

— ó Hasta cuando? 

— Por ahora. 
SI gustáis hasta después. 
-^ ¿ Tanta ventura es verdad ? 

— Os lo habla prometido. 
De caza está mi marído t 
Válganos la oscuridad. 
¿Vendréis? 

— ¿(ilómo no? 

— Atended; 
No hagáis conflansa vana , 
Abierta está la ventana 

Y es áspera la pared. 

— Os entiendo, vendré solo. 

— Sí , que la noche es ostnra. 

— ¡ Oh ! y por tamaña ventura 
Fuera yo de polo á polo. — 

Salió el prüDcipe , y la bella , 
Orguilosa por su amor. 
Saliendo hasta el corredor, 
Dejó el camarín tras ella. 

Todo en él fué soledad, 

Y la cortina arrugando 
Vióse al duque murmurando 
Inmoble en la oscurídad. 

« Hé aquí que todo lo pierda 
• Por no pensar mkmugcr 
» Qaa yo me puedo esconder 
» Tras esta cortina veida. » 



COMPOSICIONES 
,VST»>S rOB PECADORES- 



UlVERSVS. 



Gaceid « errante , 

í,s guanas que la ven. 
Vutal* en sus des>ettM 
ron su memoria caí 

Sus 0JO^ ^g„a , 

,-,omounanocn« jena 

SuaVmaenenoss 

»«*"""»?« dke-amiga- 
El duque Va dU'e ^ „_ 

nrrr^i-"na 

•unto ala fuente sonora. 

^ercídeío^ííSiAes 
VoX sendas desigual», 

^¿íneia entrego» »<«»^^ 
t„asimde»d«a^ 

.*"' £ y U^hecMcera 

^aí^^oí«a.¿a 

?^ríS;S?-enUa.- 
SvputteimoMnno, 



para a«I»"*^*írt aquel. 

^•fl «?»¿Dtretcnlda 
E««^*"*'5ÍcSTue cuida 

Suícaf'^f^tutó el rielo 
Ijiimpali^iesouu. 

Cruiando oA iat«B 

Hiela el car«axvn»^a,,« 

^ asida á unj«n^^,^ 

„t,abauncammo«^ 
Queocult«»'%,„tadu». 

Soría'nl*»^'*»»:^,' 

WcndoaroM'f" ^|¿a 
«csuosta«¿"¿S*X-. 

?:: a?«"S^*i'^r 
sres«w«^¿ 

^. oyóse en elapoaoi 

l)cl duque ronca »^ . 
" Tomóse Inés atónnja . 
Ojóse dentro un geffl*^' 

Vdlioterobland®-.. 
«Jinda desalentada. 

SiSltí^í^ 

Kmbozado "^««^{«ol. 
caló el sombrero *l«^ 

V dando vuelta*»"» 

ron naso caUado y gr«»"= 




SEXTA PARTE. 



1 



:«DICE 



tt 



LA DUQUESA. 



es la noche ; 

la luna 

antorcha 
cturna. 
unento, 
y enlatan 
e nubes, 
8 cruzan. 
I Segovia , 
rmuran, 
y pesado 
nuncia. 
; la noche ; 
escuras 
ler suefio, 
muda, 
cautelosa 

anuncia , 
íl cerrojo 
se ofusca 
izar, 
duras, 
zados 

le aluml»ra 
interna, 
^uran. 
scatan 

confusa , 
lejos 
Igura. 

ra un cristal 
turbian , 

mira 

abulta, 
imlnan , 

en duda 
urcha 
'aga. 
' calles , 

1 cruzan , 
erdidos 
[ue buscan. 

siguen 

a, 

e no yerran 

nunca. 

ido, 

:ha, 

} pechos, 

iluma, 

•iieiido 



CoB planta Arme y segara , 

Y el uno delante el otro 
NI se paran ni se Jnntan. 
Debajo de unas ventanas 
Que con labores difusas , 
Cercan machos arabescos 
De primorosa escultura , 
Detúvose el de delante 
Diciendo : « Vela y escucha ; 
Esperando que yo vuelva 
Sin que nadie me descubra. » 
Replicó el otro en vos baja 
Saludando eon mesara : 

« Y si una ronda... 

—Que pase. 
Que mi grandeza te escuda. 
—¿Y si un carioso? 

—Que vuelva 
Atrás. 

—¿Y si me importuna? 
— Requiere, si no eres manco , 
La razón de tu cintura. » 
Siguió adelante , esto dicho , 

Y primero que él acuda 
A dar prevenido y cauto , 
O noticia , ó seña suya , 
Abriéndose una ventana 
Lanzó de su sombra muda 
Con una escala de seda 
Una vos que dijo : « Suba. » 
Subió el galán; mas llegando 
Velos á la cuerda ultima , 

Un hraio qae sacó on honibre 
Que esconde la catadura , 
Dándole aprisa mi saquülo, 
Dijo : «Tome lo que busca. » 

Y cerrando la ventana 

Mano , voz y hombre se ocultan. 

A tal momento en la calle , 

Con voz de duelo y angustia, 

Un ¡ ay ! lanzando una dama 

De la escala se asegura. 

Rajó ei caballero, y ella 

Hijadeando le pregunta : 

« ¿ Vivis ? » y asiendo el estoque 

Él replicó : « ; Quién lo duda? » 

Llegó en esto el apostado 

Con la lintenia , y á una. 

Dama y galán prorumpleron : 

« ¡ Don Enrique !— i Inés !— Alumbra 

Abrió el príncipe el saquillo 

Y sintiendo la tela húmeda, 
Metió la mano , y asiendo 
Con asombro lo que oculta. 
Sacó de la hermoM dan 

La cabeza infantil , mustia. 

« {Santos del dalo 1 {mi hermana .* 

— Sa santenda era la toya; 




114 



COMPOSICIONES Wn ISAS. 



(Dijo á Dofit liiet ék priaelpe) 
Válgate paet tu íbrtana* »— 
Y dando á U dama el brato 
Tomando so antigua ruta , 
Entraron en el alcáiar 
Por la pnertecUln oculta. 



A LUIE3I6AS EDADES 



LUENGAS NOVEDADES. 



I. 



El principe pasó á rey, 

Y c<Hno era de esperar, 
Todo debió de cambiar 
Sujeto á distinta ley. 

Era la reina muy bella : 
Mas como bella , celosa , 

Y otra algima por hermosa 
No tiene igualdad con ella. 

Asi que el rey Don Enrique, 
Sí no adquirió mas virtud, 
De su ociosa Juventud 
Puso á los vicios un dique. 

De sus amigas livianas 
Mucho el número menguó , 

Y á la reina encomendó 
Sus mas lindas cortesanas. 

Es verdad que it las dos leguas 
Doña Gu lomar cada dja. 
Entretenerle solía 
Dando al matrimonio treguas. 

Y es cierto que tan leal 
A su príncipe como ella , 
De su amor le hace querella 
Catalina Sandoval. 

Mas pecados reales son 
Que tachar fuera imprudencia , 
Son del cetro una exigencia , 
Escesos del coraion. 

Que es meiquino á nuestra ver 
Que mandando tanta gente , 
Un monarca se contente 
Con tan solo una muger. 

Sí Dios condena el amor 
A la mujer del vecino, 
No habla el precepto divino 
Con él con tanto rigor ; 

Y sin duda alguna es bien 
Que pues la ley dan los reyes , 
Sean ellos con las leyes 
Privilegiados también. 

Pcf eso en una alta torre 
Que al «onpo áú moro cae, 



PordoMánnave 
Sus corrientes , co 
Se oye en la no< 
Sobra las alas del 
Un dulcísimo lam 

Y un arpa bien a( 
Por eso en la n 

Dice ei necio oanti 
Que en aquella pi 
Labruja qae el n 

Pues de tiempo 
Por entre el irulgc 
Que allí enoontió 
Un colega espiriti 

Distinto halüU 
Hoy en la torre pi 
Mas quien ea ó q 
A la verdad que i 

Porque aunque 
Se oye que en tro^ 
La vos de quien < 
Los rigores de SH 

Se oye también 
Tan amantes can 
Que si canta entr 
No canta , sino de 

A veces una vo¡ 
En estribillo amm 
De un amador llcí 
Nuevas al viento 

Y es tan suave 

Y tan tierna en su 
Que Intentarla rer 
Fuera á otra voi fa 

Ya apagada, ya 
Ya trémula , ya i 
Como la fuente m 
Como la tórtola Uc 

Ya es un canto 
Sin tema sobre qi 
Como un aura qui 
Entre la nleUa de 

Ya es alegre y i 
Una voz tan InliiBl 
Que no envidia en 
Tonos á la goiond 

Y á veces en la i 
Larga noche allí r 
Varonil, pujante 3 
Otra voz aln sa du 

Mas también coi 
La voi dolee se a 
Que el aire Ite dei 
En dobles hinnoa 

Una de amor ae 

Y otra canta sos Ti 
Esta adora ana aia 
YlasdiTlnlm 




SIITA PARTE. 



\é¡m las eMocha 
I OMuridad , 
*ña en ▼erdad 
ii«ino larha. 
mperaticioo 
I el cantar, 
3ve á escuchar 
!l corazón. 

M.'he tranquila , 
les , serenas , 
a luna apenas 
iz vacila, 
aquel torreoq 
:anipo del moro , 
ú compás sonoro 
il canción, 
en oscuro velo , 
iro del luto, 
tro mal enjuto 
licia el cielo. 
las la tristeza 
tadorafaz, 

> que tenaz 
1 tristeza, 
igustla solitaria 
la pudiera 

m lastimera 
es plegaría, 
al á su lado 
la acompaña 
rto de España , 
i olvidado, 
msaya tan mal 
xiáte que canta , 
el rey aguanta 
en su sitial, 
poca virtud 

> ejerce en ella , 
)s de la bella 
:on su laúd , 

il (In de la mano 
Turocnto, 
pro acento 

> y cortesano ; 
torpeza, Inés, 
L*s eí mejor. • 

pude liíce , seftor, 

1 mal es. 
(ue venís 
lían 

*. salan ; 
)cdiff. 
I dolor 
r y canto, 

> el llanto ; 
sro de amor. 
MylBiyortniuieitals. 



D. Inés, Y vos por dañas severo. 

D. Enrique, Que eetals fnuy celosa inf 

D, Inés. Yo infiero que no me amáis. 

D, Enrique, \ Siempre dudas de mug 
¡ Siempre igual reconvención I 

D, Inés, Amando de coraion 
Amar es obedecer. 

Todas las noches traéis 
I^ desazón en el gesto , 
Siempre i enojaros dispuesto , 

Y no hay de que os enojéis. 
El tiempo os parece largo 

Que pasáis siempre conmigo ; 
Nunca , señor, os lo digo 

Y lo lloro sin embargo. 

D, Enrique, Mas todas Ua Boehea vei 
Inés , y no te se oculta 
Que siempre lo dificulta 
El grave cargo que tengo. 
D, Inés, Mas yo , señor, noche y dia 
En esta torre encerrada, 
Os espero enamorada 
Sin tener otra alegría. 

Veo la noche importuna. 
De la aurora el arrebol , 
Nacer y morir el sol , 
Nacer y morir la luna. 

Y todo el tianpo se va 
En inútiles querellas, 
Demandando á sol y estrellas 
Que me digan « ¿dónde está f > 

Veo todas las mañanas, 
Asi que el sol reverbera. 
Partirse en fuga ligera 
Las avecillas livianas. 

Todas las noches las vee 
Al crepúsculo volver, 
Fatigadas puede ser. 
Mas cumplido su deseo. 

Y á mi el tiempo se me va 
En esas rejas vecinas , 
Pidiendo á las golondrinas 
Que me digan donde está. 

Callaba el rey, Inteiét 
Prestando á sus voces poeo , 
Y en delirio amante y loeo 
Lloraba á su lado Inés. 

Él la barba sol)re ol pecho , 
Cruzadas ambas rodillas , 
Sus querellas sin oillas 
Distraído ó satisfecho. 

Ella en mas bajo lagar, 
Mal prendido el Inengo velo ;. 
Las mangas de terciopelo 
Deshilando sin cesar. 

El rey, como quien tolera 
Algo qne le mertliea ; 




156 



COMPOSICIONES DIVERSAS. 



Ellt como qnta upliGa 
Algan íávor que no espera. 

Al fin eomo quien despierta 
De un sueño que le acosó , 
Asi Don Enrique habló 
Con trémula voi incierta. 

« Mucho te amé , bella Incs , 
Mucho te amo, mas perdona 
Que no pueda mi corona 
Rendir amante á tus pies. 

Casado estoy en vo^ad , 

Y de mi cetro en honor 
No cuidaré de tu amor, 
Si de tu seguridad. 

El duque no sé que es déi ; 

Y pues se habla de ello mal , 
Partirás á Portugal 

Con un mensagero fiel. » 

Calló el rey, é Inés transida 
De dolor tan Impensado , 
De espalda cayó á su lado 
Cercana al fin de la yida^ 
En sus brazos la sostuvo , 

Y á merced de un elixir, 
La Tida toIyIó á latir, 
Camino el aliento tuyo. 

Volvió A herir su corazón 
Su altivez ó su mancilla , 

Y dijo al rey de CasÜUa 
Con la voz de la aflicción : 

« Fué amaros orgullo en mí ; 
Hizolo amor la porfía , 
Mas pues la culpa fué mia 
Castigada quedo asi. » 

Y tomándola á faltar 
Segunda vez el aliento , 
Salió el rey del aposento 
Tras quien la venga á ayudar. 

II. 

Allá por do Manzanares 
En humlldosas corrientes , 
Antes de entrar cortesano 
En Madrid sus aguas vierte; 
Hay un sitio en que fundüron 
Ün alcázar otros reyes , 
Pardo en el nombre , y perdido 
En verdad entre placeres. 
En un despejado campo 
Que á su entrada el lugar tiene , 
Con grande rumor levantan 
A toda prisa un palenque. 
Dispónense aparadores , 
Aparéjense banquetes ; 
Do quier se aprestan baJiUas , 

Y se despitan toneles. 
Guirnaldas en los bakones , 



Tapices en laa pandes , 
Pabetlones en Um lechos 

Y en las alfombras pcbetei 
Do quiera en el campo tia 
Con banderas diferentes , 
Attdamios pan la corte, 

Y andamios pan lea Jueo 

Y en el palacio tumulto , 

Y tumulto en él palenqne 

Y en las callea y en las pl 
Los que van y loa que via 
Por allá soben literas. 
Por acullá palafireDes; 
Por allí de real mandato 
De la real guardia ginela: 
Por un lado arcrimcens, 
Por otro lado donceles. 
Que ganando tiempo y tia 
Buscando apoae&tos vteoe 
Músicos , duefias , retaos . 
Saltimbanqnis y coidieta: 
Tamboriles y dañantes, 
Curiosos é Impertlnenles. 
Aquf una moza devota. 
Que d brazo á ana viíjati 
Se ajusta en son de maitiDí 
Con un majo mataslffe, 
AUi un dominico ebeio 
Abultado de moflelei , 
En una niña de qolnee 
Posa los ojos ardientes , 
Sin duda algnna adnrinDd 
Al Dios que hace aqnéiloB i 
De ojos negroe, manos Ui 
Cintura escasa y pié htmt 
Mas allá , bajo un sonüM 
Que en la oreja se mndtB 
Alto y torddo el Ugote, 
Larga espada . y entra d le 
Rizado de ancha valoDa 
Escondido basta los dlenle 
De pié deredbo y y la nMDO 
Sobre la clntnn slempn. 
Está á través eseapienás 
Apercibido nn TaUenle, 
De esos que dicen • laáíM 
Que hay Indalgendas mr 

Y sobre todo el momiills 
Que tan ain térmtDO blerfi 
En oóncavo eatmendo IM 
Por pueblo y campo 80 ria 
Los maaps de los 
Que levantan el 

Y el martillo def 

Sotuns K I y 

G 

Y se^uu uioela 
Son per Iw 




SEXTA PART£. 



15 



reUña Tienen, 
looonflnna 
cioa siguiente 
>s que aromas , 
aduras venden, 
sto 08 habéis hecho , 
» que parece, 
quejoso , en verdad, 
atento. 

—Ciertamente, 
o. 

— ¿Mas he de ser? 
estros intereses , 
íbos á una 
{ue no nos pese, 
tiermano Daniel , 
ae atentamente. 
»mpró en secreto , 
I sos valientes , 
ras mejores 

Cnántas? 

— Trece. 
Id cielo I ¿ En monedas 

punto y corrientes. 
, Rubén. 

—Veamos 
una. 

— Yo siempre 
I la tuve, 
é que Igualmente 
id , os buscaba, 
^ué ganancia leve ; 
«caballos 
ugre que hubiese , 
»8 y negros 
\. 
-¿Cuántos? 

—Trece. 
!JaU? 

— tSantaSion! 
os once debe. — 
ambos un punto, 
Daniel volviéndose, 
i >ahay quien cubre 
tio en los corceles. 
I armó los suyos 
I mis ameses. 
también Don Bdtran 
ú cerco mantiene? 
ierto; mas levanta 
otro palenque 
egonda fiesta 
de los reyes, 
do Alcalá 
tadafo gente, 
róelas damas 



í 



La brida á los palafrenes. 
— I Atrevido es el pagano ! 
I Y ardua causa la que emprende! 
Los galanes victoriosos 
Se le opondrán reciamente. 

— Pues Don Beltran de la Cueva 
Aun se está tan en sus trece , 
Que di2 que hasta el mismo rey 
Le hará campo aunque le pese. 

— Mucho puja. 

— Es conde y rico. 

— Ydrey esrey. 

— Y él valiente. 

Y tiene consigo un hombre 
Que recata el rostro adrede, 

ue es capaz de armar batalla 
1 solo con diez y siete. 
—¿Un soldado? 

—Un caballero. 
—¿Qué es quien paga? 

—Lo parece. 
Que es un estrangero dicen 
Que de aventurero viene. 

— ¿Trae gente en su compafiia? 

— Lanzas hasta veinte y nueve/ 

— ¿ Es francés ? 

—Flamenco. 

— ¿Amigo 
De las botdlas ? 

— No bebe. 

— iCómo! 

— Del se cuentan cosas 
Bien estraíias cabalmente. 
Dicen que en vela continua. 
No se sabe cuándo duerme. 
Que es sobrio como una monja. 

— ¿Mas so nombre? 

— No le tiene. 
Solo el flamenco le llaman ; 
Siempre anda solo y le temen. 

— ¿ Mas no se conoce ée él ?... 

— Nada mas que lo que él qoiere ; 

Y que es alto , redo, osado, 

Y á lidiar dispuesto siempre. — 

Callaron ambos Judíos » 

Y en raodo tropd la gente 
Se agolpó sobre d camino 
A victorear á sos reyes. 

III. 

Como sds días despoes, 

Y hacia las dos de la tarde. 
En d prado qoe en Madrid 
l^or San Gerónimo sale , 
Armados hasta los dientes 

Y cobiertos los semblantei , 
Estaban dos cahalleroa 




168 



GOMPOSiaOlf ES jnVERSAS. 



De una ancha tienda delante. 
Detras de dios apostados 
En hilera formidablo , 
Hay de hasta treinta ginetes 
Potentísima falange : 

Y otros treinta caballeros , 
Cnanto, valientes galanes , 
En varios grupos conversan 
De su po/npa haciendo alarde* 
Donceles tienen sus lanzas , 
Sus caballos tienen pagcs , 
Siendo á la par todos ellos 
Soldados y capitanes. 
Detras hay una barrera 

Que guardan con antifaces , 
Otros doce caballeros 
Sobre doce yeguas árabes. 
A los lados dos andamios, 
Uno con las armas reales 

Y otro con las de Bretaña 
Coronados de sitiales. 
Otro andamio casi enfrente, 

Y en él los jueces y grandes 
Que han de pesar la justicia 

Y la ley de los combates : 

Y el resto cerca una valla , 
Hasta dos arcos triunfales , 
En que remata una liza 
Que por la barrera se abre. 
Banderas de mil colores 
Se estremecen en ei aire , 
Que embalsaman ramilletes 
De jazmines y azahares. 
Lindísimas cortesanas 

De cabellos de azabache , 
Tez pálida y ojos negros, 
Bajan el prado adelante : 
Porque ¿qué son los jardines 
En que las flores no salen , 
Sino lo que son las flcstas 
En que las damas no caben P 
De ambas las tropas que aguardan 
El duro y próximo trance , 
Hablan en voces secretas 
Ambos los gefes audaces ; 
Uno es Beltran de la Coeva , 
Del otro nada se sabe , 
Sino que con treinta lanías 
Con Don Beltran hizo parte. 
Es de talla aventajada ; 
Do nunca visto semblante ; 
Vigoroso asaz de miembros 

Y de fnerzas sin Iguales; 
Una hacha de armas esgrime 

Y una espada formidable, 
Que los ameses mas recios 
Desencajan y deshacen. 
Cabalga un potro normando 



Como sufirid» pidittto » 
Que obedece á loi Impolt 
De dos largos ado^; 

Y acostun¿brado á la goa 
En que há tiempo que leí 
Mal le reprime el ginete 
AI oír los atabalea. 

A su ves él cabaUero 
Le acosa con voz toninte 
Como al el mismo caballo 
A la misma par lidiase; 

Y dicen que tan á tiempo 
Le segunda , vuelve y pir 
Que un solo cuerpo Udiu 
Ginete y cabaUo hacen. 
Asi Beltran de la Cuera 
Hablaba á este pemnige, 

Y el flamenco respondía 
Con razones seoMjantef : 

D. Beltran, ¿Seréis firme? 
Flamenco, Cu 

D. Beltran, ¿Lidiareis? 
Flamenco, Ata 

D. Beltran, ¿Nadie pssari? 
Flamenco, I 

Con espada ni con gnanla. 
i). Beltran, ¿Y si el mismo re 
Flamenco, Al rey, vivo Un, 

Y lleve su guantelete 

En una pica hasta Flandai. 

D. Beltran. Si como deeii é 
Temo que el campo no os laü 

Flamenco, Al tiempo le Moa 

Y si la suerte me vale, 
Veréis que mejor amigo 

No hallarais para este tnMSi 
D, Beltran, ¿ Qué mote ismI 
Flamenco, 
D, Beltrm^ Pues he visto i' 

Un broquel con una leUii 
Flamenco, Esa letra dieetlb 
P. Beltran, ¿Es orgnUoP 
Flamenco, tbi 

D, Beltran, ¿ De amsriosf 
Flamenco, t 

D. Beltran* ¿Sois piüid|SÍ 
Flamenco, I 

D. Beltran. JSols hiiíiÉMf 
Flamenco, í 

Porque á nüignoo aséete » 

Soy libre y la tierra granÉSi 



Oyóse en sato él 
Depi gyatatiaks» 
Yvióat polvanda 
Quepordi 
Envuelve 



SUTA PARn. 



loa lot tómeos 

utífta trlQDluitei. 
panto Dettraii , 
do el de Flindea , 
d , Una y brida, 
m TOt pujuite : 
o! ¡VoloáDIoal 
) ¿ OÍ combite , 

dejar coa eip^ 
Higuel i Dadle. ■ 



tUH DE U CUEVA. 




MiUpo* } D 

Todnei iDiOTalUra, 
Todo M oro cnanto tullía , 



Lm iúdalxiii it m 



brida dorada 

ignlmdDioibuellaa 

los cal>allefoa 
lalatrenero* 
'ene* de ellaa. 
alltetas tienen 
To« oriéntale* i 
tetra««etienco, 
al Qa mantieiMa 

uego en derredor 
leLlo y tumulto i 

ta mal oculta 

prueban le dan 
tertiaa p«dafo« ; 

prntoDdo e«Un 
sari y loa liuo«. 
los martiaetea 

tucaí ligeras 
! los almete*, 
de (erradas gota» 
banderola*, 
meito equlpage 
riaoraade «ncaga 
laa eapañolaa. 
ttltaadaguena 



Ueai 

Y deMafalando *a« dnuM, 

Otadoaen eaperaoB* 

Dii que baaia nnrm 'inl«Mii 

Que para Mteotar vitar 
Cnalesqnleri lUa a 




Cnvneltuí a 

Su mirar npMo, I 
La oeKra barba crñtdf , 
ICI corcel de oro ealiiertff , 
Todo muaatra ka almUa 
Cenencion dd dedffl*. 



Algo de otifM iMra)e> 

Llegaron anta la TtHa 
Rey, pueblo y «(A«]ail«ra , 
Y al MJn dd darin que erialla , 
Van i ofrecer la Utalla 
Al ley loi n 




50 



COMPOSiaOlfES DIVERSAS. 



LA CORTINA VDRPE. 



Son unas horas después , 

Y vcnse en su gabinete 
Inés en un taburete 

Y Don Enrique á sus pies. 
Testigos de sus deslices 

En nqucl retrete oscuro 
Están colgados del muro 
De Flandcs cinco tapices. 
Toda sorpresa esterior 
Previenen las celosías 

Y dos dueñas de vigías 
Que están en el corredor. 

Lucha la luz con la sombra , 
El rojo sol de occidente 
("olora ronru sámente 
Las labores de la alfomlira. 

Las flores desde el jardín 
Prestan al aura perfume, 

Y otro al fuego se consume 
En el mismo camarin. 

Todo es pai , ciilma y quietud 
En el retrete oriental ; 
Mas si no es pai criminal 
No es la pai de la virtud. 

l)(»n Enrique está hechicero ; 
Dona Inés como una estrella ; 
Voluptuosa está la bella , 

Y galán el caballero. 

En los ojos de la hermosa 
Se está mirando el galán , 

Y ambos atizando están 
Hoguera tan peligrosa. 

Ella en recreo infantil 
Destrónzale los cabellos , 
Bucles haciéndole de ellos 
Con sus manos de roárfll. 

Él con sonrisa liviana, 
En acento adulador 
Dulces palabras de amor 
La dice á la cortesana. 

Ella de orgullo suspira 
Gozando el favor real , 
Aunque el interpreta mal 
1^ vanidad que la inspira. 

Él , mancebo y sin consejo 
En su amor se está abrasando ; 
Pero ella está contemplando 
Su contorno en un espejo. 

Él la dic^ : « Herniosa estás , » 

Y en silencioso desden 
Dice ella : « Lo sé también , 
Que adverlirio está demás, n 

Él con el dulce reclamo 
Del silencio engañador 



Traduciéndolo m^ctr 
Aftadc : « Inés, yo te amo. 
Ella culpando su esceso 
Cuando mas cerca la estre 
Le da de sí satisfecha 
Por cada palabra un beso. 

Y en larga conversación 
Ella altiva, él importuno, 
Demuestra bien cada uno 
Ei afán del coraion. 

Asi el principo deeia 
Enagenado á la hennoia i 

Y astuta y voluptuosa 
Ella asi le respondía. 

D. Enrique. Un reino maaf 
Con él media vida diera 
Por gozar, Inés , siquiera 
La otra media junto ¿ ti. 

D. Tnes, Siendo principe , se 
Dierais, existiendo un a&o. 
Cada mes un desengaño 
A vuestro constante amor, 

D, Enrique, Pasiones fuem 
Pasatiempos nada masi 
Que no encontrara quisas 
Sino amor de cortesanas» 

Mas , Inés , viéndote á ti 
Esquivarte fuera en vano. 

D. Inés, \ Hoy me aduláis sor 
Que estáis delante de mil 

7>. Enrique, Te lo Juro , bcn 
Diera mis reales palacios. 
Mis coronas do topados 
Por vivir siempre á tus pies. 

/). Inés, ¿Tan bella, Enrique, 

7). Enrique, Como tú no naiSi 
Y por ello, vive Dios, 
Sufro mal que no mereseo* 

7). Inés. ¿\(M^oemlmúmf 

D. Enrique. 

i). Inés. No os entiendo. 

I). Enrique. 4 Mi 

I), Inés. En mi alma de vas i 
Si hay diferencia no sé. 

Mas».. 

7). Enrique. ¿Quéylnesf 

I). Inés, jHi 

Jurara que algo sonó. 

7). Enrique. Nada he penibidi 
Ilusión tuya habrá sido. 

Quedó Inés un punto ea \ 
Escuchando perspleai , 

Y asióla el principe andas 
Repitiendo : «'N^ fuá. • 

Y á fé que érala quietai 
Deaqnel 




»XTA FAtnL 



en el apoeanto 
etierto atahud. 

rumor la turbaba, 

Burro se ota 

reí se eximia 

le murmuraba. 

tres del perfume 

1 el ancho pebete 

gabinete 

ue loe consume. 

aplceria 

I el muro está , 

^ro da 

a y celosía. 

1 fondo una alcobi^ 

ue en la sombra se pierde , 

tina?erde 

iterior roba. 

1 aura sutil 
) la moYió , 
ada causó 
error pueril. 

esta y sosegada 

íncipe otra ves, 

candides t 

ion } no fué nada. 

ünad que baya sido 

ira el temor, 

i oa tengo mucho amor 

o á mi marido. • 

(o me le nombres, Inés , 

»ml>re me irrita : 

da , señor, me quita 

romo es. 

\h , Inés mia, ese es el mal 

hace poco I... 

me loco 

tan cabal. 

uio mejor 

caballero , 
i el primero 

el valor. 

de hallarle Infiel 
minar, 
6 castigar 
»usco en éi. 

escepcinn 
lia de morir. 
, ¿eso osáis decir? 
ima mia, cciosson. 
aren paz 
a hermosura , 
i ventura 
oiaz. 
na traza 
[ue oea amarto 



Esperar pttr mAo hablarte 
A que él se salga de caza P 

¿Es digno de mi ambición 
Que cuando él parte tu lecho 
Me dé yo por satisfecho 
Con verte por un balcón ? 

D. [nes. Pero yo , Enrloue . os rc 

P. Enrique, Si , i v ^ 

Me arrebatas el d la 
Dándome el ariUv ua ufo 1. 

D. Inés, Os doy cuanto puado dar. 
No podéis mas exlgirt 

D. Enrique, Aunque él haya da morí 
Tu amor solo fie da alaaniart 

Ronco , ahogado , oomprlmido 
Sonó un fugitivo aoento 
Como el rumor del aliento 
Largo tiempo detenido. 

Perdió la dama el oolor, 
Púsose el principe en pié , 
Recelando ambos que esté 
Alguno en el corredor. 

Mas por el mismo lugar 
Con muy recatada seña 
Oyóse á la astuta dueña 
Por el corredor llamar. 

A Dios , señor, dijo Inés , 
Que de partiros es hora. 

— ¿Hasta cuando? 

— Por ahora. 
SI gustáis hasta después. 

— ¿Tanta ventura es verdad? 

— Os lo habla prometido. 
De caza está mi marido t 
Válganos la oscuridad. 
¿Vendréis? 

—¿Cómo no? 

— Atended; 
No hagáis conflansa vana , 
Abierta está la ventana 

Y es áspera la pared. 

— Os entiendo, vendré aolo. 

— Sí , que la noche es oseara. 

— ¡Oh! y por tamaña ventura 
Fuera yo de polo á polo. ^ 

Salió el principe , y la bella , 
Orgullosa por su amor« 
Saliendo hasta el eorredor, 
Dejó el camarín tras ella. 

Todo en él fué soledad, 

Y la cortina arrogando 
Vióse al duque mnrnnirando 
Inmoble en la oscuridad. 

« Hé aqui que todo lo pierda 
» Por no pensar mi^muger 
» Que yo me puedo eeeonder 
» Traa esta cortioa vaide. » 



ComolanoMie 1^^ 

;!rrvev..¿e.ova-. 

i'guanasquc^» -«ios 
«•1 árabe en sus Qc»»^ 

»»«*'•".?» dlce--am\ga- 
E\ duque la d fe - „. 

0„üalneí\artlce n 

j.mto i U fuente sonora, 

Svadc protectora 
\far^eáesucrUta; 



00MP0S1C10HES i>tvE«s*;^; 

Pata ao^e^ 



T.lT 



»i-.í 



i-nasUftdeVdeat. 
*i gonrte es BU «onrisa 

^-m«a^tanhecMcera 

TTaUaWneaVuiítVmera 

Í?ia«mpU¿ea^r«^^^ 

-V^nu^tul^^^^^^^ 

^'elaUenloris^P^" 
luraoloroBaysutU. „ 

5-SríÍí^ío— 
SVpuriBimo carino. 



Paraaijuem» d. 

Paso «»" "^ttetentóa 

con »n^*"!Lde curopVVt. 
su. caprvdhw^^^téJ ciclo 

Uno«^"*„„^ cubrir- 
cruzando «•\^l""'toro6 •- 

MltalMiuncatntoo^^ 

«r'SÍdtn%a>»««'ft» 

'ouer«atSí«B«»a 
?or la mWterioaaNla . 

íñn ¿tréplto violento • 
^^í'í.t^ el aposito 

"tomóse me» a^wj» • 
«v6sc dentro ungido. 

^Vllcó atenta ei «1*0 ^__ 

K^^a.desal"'^,,. 
Vorelcorr<^dorBaum^ 

D\6 al ardln encomeu 

^„ salvación *wajg¿ 

trémulo . d^í^S^;„«í* 
FV duque de alU »™ ""^ 

llltndolel'P^ 
Embotado apaT«**i j» 
caló el «ombrero AWJ 

V dando vuelta * » "V * 

Conpa«'«*"''fÍ'^ 
\7e*cale»^^** bajó. 




SEiTAnams. 



ÜWCR 



it 



LA DUQUESA. 



es k noche ; 
• la lona 

antorcha 
ctorna. 
imento, 
y enlutan 
e nubes, 
eernian. 
iSegOYla, 
nnoran , 
y pesado 
inunda, 
lia noche; 
isearas 
oer saeño, 
muda, 
cautelosa 

anuncia , 
si cerrojo 

1 se ofusca 



duras. 

lados 

le alumlira 

Interna, 

guran. 

Bcatan 

t confusa, 

lejos 

Igura. 

ra un cristal 

turblan , 

mira 

abulta, 
iminan, 

en duda 
■rdia 
ruga, 
r calles, 
I cruzan, 
terdidos 
[ue buscan. 

siguen 

le no yerran 

nunca. 

ido. 



ipecboe, 
doma. 



Con planta firme y ««gara , 

Y el uno delante él otro 
Ni se paran ni se Juntan. 
Debido de unas Tentenas 
Que con labores dlfusu, 
Cercan mndMM arabeseos 
De primoroea escultura , 
DetúToee el de delante 
Diciendo : « Vda y escucha ; 
Esperando que yo TudYa 
Sin que nadie me descubra. » 
Repiieó el otro en tos baja 
Saludando eoD mesara : 

« Y ti nna'ronda... 

^Que pase. 
Que mi grandeía te escuda. 
— iYaluneurtoioF 

—Que vuelva 
Atru. 

^¿Y si me Importuna? 
—Requiere, ti no eres maneo. 
La raion de tu cintura. » 
Siguió adelante, esto dicho , 

Y primero que él acuda 
A dar prevenido y cauto, 
O noticia , ó se&a suya. 
Abriéndose una ventana 
Lansó de su sombra muda 
Con una escala de seda 
Una vos que dijo : « Soba. • 
Subió él galán; mas llegando 
Velos á latoerda última, 
Un braio qnesaoó on liombre 
Que esconde la catadora , 
Dándole aprisa on saqoúlo» 
Dijo: «Tomeloqoaboaea.» 

Y cerrando la ventana 

Mano , vos y liombre se oenUan. 

A tal momento en la calle » 

Con vos de dodo y angoitlay 

Un ¡ay ! lanzando ona dama 

Do la escala se asegoca. 

Bi^ó el caballero, y ella 

Hijadeando le pregonta i 

« ¿Vivís? » y asiendo el estoqoe 

Él replkó : « i Qoién lo doda? • 

Llegó en esto el apostado 

Con la linterna , y ¿ una. 

Dama y «alan prorumpleroD : 

« i Don Enrique!—! Inés !— Alumbra. 

Abrió el principe el sequillo 

Y sintiendo la tela húmeda. 
Metió la mano , y asiendo 
Con aaemiira lo que oeolta, 
Sscó de la hermoea Oara 

La cabe» IntetU , mostia. 
« iSantoa del délo ttml 

eniktayo; 




114 



COMPOSIGIMBS nflRSAS. 



pijo á Dofta Iiiat el ]irfadpe) 
Válgate paes tu fortuBa. »— 
Y dando á la dama el bnuo 
Tomando ga antigua ruta , 
Entraron en el alcátar 
Por la puerteeilla pepita. 



A LCKSÍfiAS ABADES 



LUENGAS NOVEDADES. 



I. 



El principe pasó á rey, 

Y como era de esperar, 
Todo debió de cambiar 
Sujeto á distinta ley. 

Era la reina muy bella : 
Mas como bella , celosa , 

Y otra alguna por hermosa 
No tiene igualdad con ella. 

Asi que el rey Don Enrique, 
Si no adquirió mas virtud, 
De su ociosa Juventud 
Puso á los vicioB un dique. 

De sus amigas livianas 
Mucho el número menguó , 

Y á la reina encomendó 
Sus mas lindas cortesanas. 

Es verdad que á las dos leguas 
Doña Guiomar rAda dia, 
Entretenerle solía 
Dando al matrimonio treguas. 

Y es cierto que tan leal 
A BU principe como ella , 
De su amor le hace querella 
Catalina Sandoval. 

Mas pecados reales son 
Que tachar fuera imprudencia , 
Son del cetro una exigencia , 
Escesos del coraion. 

Que es mesquino á nuestra ver 
Que mandando tanta gente , 
Un monarca se contente 
Con tan solo una muger. 

Si Dios condena el amor 
A la mujer del vecino, 
No habla el precepto divino 
Con él con tanto rigor ; 

Y sin duda alguna es bien 
Que pues la ley dan los reyes , 
Sean ellos con laa leyes 
Privilegiados también. 

Por eso en una alta torre 
Que al oampo del moro cae, 



Por do Mamanvaa tiM 
Sus corrientes, cuando con 
Se oye en la noche callad 
Sohfa laa alaa del viento . 
Un duldslmo lamento 

Y un arpa bien acordada. 
Por eso en la noche oeco 

Dice el nedo oeotlnda. 
Que en aquella parte vala 
Labmja que el roy ooi^iir 

Pues de tiempo imnaom 
Por entre al Yulgo ae ananí 
Que allí enoontió el da VIU 
Un colega eaidritaáL 

Distinto habitante nva 
Hoy enlatomfredta» 
Mas quien ea ó qata laki 
A la verdad que ae isnon. 

Porque aunqne á wm i 
Se oye que en trora aonftHi 
La voz de quien oanla aiBi 
Los rigorea de au eafnUa; 

Se oye tambieo que 
Tan amantea eantinelHp 
Que si canta entra 
NocanU, ainodelln. 

A veces una voa 
En estribUlo 
De un amador Ut 
Nuevas al viento 

Y ea tan auave y tu íleí 

Y tan tierna en aa aantv. 
Que Intentarla remedar 
Fuera á otra yob HipiáHe 

Yaapac^, yasonan, 
Ya trémula, yaaagnm. 
Como la fuMite 
Como la tórtola Han, 

Ya es un eanto 
Sin tema sobra que 
Como un aora qneae. 
Entre la niebla de wm 

Yaesalagray 
Una voz tan infantil , 
Que no envidia m lo mfll 
Tonos á la galondflM.. 

Yáveoeaenlaalta, 
Larga noche allí leiqeM 
Varonil , pujante y Dma 
Otra voz sin an HniB^m. 

Mas también eon aa 
La vos dnlee ae 
Que el aira laa d4 . 
En dobles hinnna de 

Una de a 

Y otra 
Estaau 
Ylaid 



fn 



aoaTletailaii 



n de Iflju lu aiMcha 
<*an oMurídad , 

suefia en verdad 
«o mlimo lufha. 

la (upenliolaa 

en el cantar, 
mueve á etenchar 
lo el cotaiou. 

a DOl'he tranquila, 
uuleí , eercDag , 
le la luna apeoaa 

a Juj vacila. 

1 de aquel torreón 
al campo del moro , 
liB el rompas aoiiora 
lenil canción. 

lia en oscuro velo , 
I claro de] luto, 
rostro mal enjuto 
cr hacia el cielo. 
1 mas )a tristeía 
aatadorafu, 
nto que tena* 
3 »u trleleía. 
I angustia soUlaria 
rsela pudiera 
I tan lastimera 
loes plegaria, 
'illal i en lado 
ud la acumpaüa 
uarlodeEspafia, 
ina olildado. 
a cnsaja (an mal 
la trisleyue canta, 
00 el rej a);uaata 
do en su sitial, 
la poca \ irtud 
ito ejerce en ella , 
•nos de la bella 
n conau laüd, 
) al Qn de la mano 
islrumento, 
ívcro acento 
f'i y curteuno : 
ulluriieía, Ine», 
iteí fs mejor. • 



de talan ; 
: pedís, 
mi dolor 



D. IM*. Y TOS por denaa severo. 
I*. £nrt?iM. QuB aatals muy eeloia Id 
D. Intl. Yo Infiero que ne me amáis 
I). Enrique, r Siempre dudaa de muj 

¡Siempre IgualreoonvÓDclonl 
D. ¡MI. Amanda de oorason 

Amar es obedecer. 
Todas las nocliea tneU 

I^ desazón en el gesto , 

Siempre t enojaros dftpnMto , 

Y no hay do que os aiojris; 
El tiempo os parece largo 

Qae pasáis siempre eonmlgo j 
Nunca , señor, os lo digo 

Y lo lloro Un embargo, 

D. Enñqut. Has todas lu BoehM vei 
..íes, jno te se oculta 
Que siempre lo diflcnlta 
El grave cargo que tengo, 
í). Inet. Mas yo , señor, noche y día 
En esta torre encerrada. 
Os espero enamorada 
Sin tener otra alegría. 

Veo la noche Importuna, 
De la aurora el arrebol , 
Kacer y morir el lol , 
Nacer y morir la tuna. 

Y todo el tiempo sa va 
En inútiles querellas. 
Demandando 4 sol y eslrellaa 
Que me digan ■ jdónde esU ? . 

Veo todas las mañanas, 
Aal que el sol rererliera. 
Partirse en fuga ligera 
Las svecillas livianas. 

Todas las noohei las veo 
Al crepúsculo TolvOT, 
Fatigadas puede ser, 
Mas cumplido su deseo. 

Y í mi el tiempo ae me va 
En esas rejas vecinas , 
Pidiendo i las golondrinat 
Que me digan dondo eiU. 

Callaba el r«y, Intaiiét 
Prestando á sua focea poco , 
Y en delirio anuuite y lona 
IJoriba á su lado Inés. 

£l la barba sobre ol pecho , 
Cruzada» ambaí rodilla*. 
Sus querellas sin cillas 
Dislraido ó satisfecho. 

Ella en mas bojolugav. 
Nal prendida el Inengo veloi. 
Las mangas de terciopelo 
Deshilando aln cesar. 

El rey, como quien Men 
AlgoqnatoBwtfteat 




166 



COMPOSICIONES DIVERSAS. 



Elli como quien niplica 
Algnn favor qiia no espera. 

Al fln como quien despierta 
De un sueño que le acosó , 
Asi Don Enrique habió 
Con trémula voz incierta. 

« Muclio te amó , l)ella Inés , 
Mucho te amo, mas perdona 
Que no pueda mi corona 
Rendir amante i tus pies. 

Casado estoy en verdad , 

Y de mi cetro en honor 
No cuidaré de tu amor, 
Sí de tu seguridad. 

Ei duque no sé que es del ; 

Y pues se habla de ello mal , 
Partirás á Portugal 

Con un mensagero fiel. » 

Calló ei rey, é Inés transida 
De dolor tan impensado , 
De espalda cayó á su lado 
Cercana al fin de la vida. 
En sos brazos la sostuvo , 

Y á merced de un elixir, 
La vida volvió á latir, 
Camino el aliento tuvo. 

Volvió A herir su corazón 
Su altivez ó su mancilla , 

Y dijo al rey de Casulla 
Con la vos de la aflicción : 

« Fué amaros orgullo en mí ; 
Hizolo amor la porfía , 
Mas pues la culpa fué mia 
Castigada quedo asi. • 

Y tomándola á faltar 
Segunda vez el aliento , 
Salió el rey del aposento 
Tras quien la venga á ayudar. 

II. 

Allá por do Manzanares 
En humildosas corrientes , 
Antes de entrar cortesano 
En Madrid tus aguas vierte; 
Hay un sitio en que fundsüron 
Ün alcázar otros reyes , 
Pardo en el nombre, y perdido 
En verdad entre placeres. 
En un despejado campo 
Que á su entrada ei lugar tiene , 
Con grande rumor levantan 
A toda prisa un palenque. 
Dispónense aparadores, 
Aparéjanse banquetes; 
Do quier se aprestan bajillas , 

Y se despitan toneles. 
Guirnaldas en loe balcones , 



Tapices en lat ptredea , 
Pabellones en loe techos 

Y en las alfombras pebetes. 
Do quiera en d campo tloM 
Con banderas diferentes , 
Andamies para la eorte, 

Y andamies para los Jneee 

Y en el palacio tomulto , 

Y tumulto en el palenque, 

Y en las calles y en las pb 
Ijm que van y los que vlen 
Por allá suben literas. 
Por acullá palafrenes; 
Por allí de real mandato 
De la real guardia glneles : 
Por un lado arcabuceros , 
Por otro lado donodes. 
Que ganando tiempo y tier 
Buscando aposentos vlena 
Músicos , dnelfiu , ratom , 
Saltimbaiuinls y eoiehetes , 
Tamboriles y danzantes, 
Curiosos é ImpertlDcntes. 
Aquí una moza derota. 
Que el brazo á una i\^ \k 
Se ajusta en son de naitine 
Con un majo matasiete. 
Alli un domlnloo obeso 
Abultado de mofletes, 

En una nlfia de qnlnoe 
Posa los ojos ardientes , 
Sin duda alguna admlnnia 
Al Dios que hace aqaelloisé 
De ojos negros , manos Uh 
Cintura escasa y pié han. 
Mas allá , bajo un s üibIj ww 
Que en la oreja se nanilae 
Alto y torddo él bigote. 
Larga espada , y eotrs el kf 
Rizado de andia valona 
Escondido basta los dicat», 
De pié deredbo , y la mase 
Sobre la cintura stanspis, 
Está á través eseoptaBás 
Apercibido un saltante, 
De esos que dicen « nlniH 
Que hay Indulgendas ea fC 

Y sobre todo él monnls 
Que tan sin térmliio Uant. 
En cóncavo 
Por pueblo y 
Los masos de los peonei 
Que levantan el 

Y el martillo del 
Sobre» I y 

Gi 

Y se^uu < a la 
Son por Un 




SEXTA PART£. 



ió: 



(reU&a vienen. 
I lo oonflnna 
icioa siguiente 
os que aromas , 
laduras venden, 
«to 08 habéis hecho , 
o que parece, 
quejoso , en verdad, 
intento. 

—Ciertamente, 
so. 

— cMas he de ser? 
(estros intereses , 
nbos á una 
que no nos pese, 
hermano Daniel, 
me atentamente, 
ompró en secreto, 
a sus valientes , 
iras mejores 

(Cuántas? 

—Trece, 
del cielo 1 ¿ En monedas 

punto y corrientes. 
{ , Rubén. 

— Veamos 
luna. 

— Yo siempre 
a la tuve, 
lé que igualmente 
iel , os buscaba, 
filé ganancia leve ; 
ra caballos 
mgre que hubiese , 
eos y negros 

B. 

—¿Cuántos? 

—Trece, 
ejais? 

— iSantaSion! 
los once debe. — 
ambos un punto, 
Daniel volviéndose, 
s ya hay quien cubre 
rdo en los corceles. 
Q armó los suyos 
n mis ameses. 
: también Don Beltran 
el cerco mantiene ? 
;ierto; mas levanta 
otro palenque 
«gonda fiesta 
i de los reyes, 
de Alcalá 
tada ingente, 
rdelai damas 



t 



La brida á ios palafrenes. 
— ¡ Atrevido es el pagano ! 
{Y ardua causa la que emprende! 
Los galanes victoriosos 
Se le opondrán reciamente. 

— Pues Don Beltran de la Cueva 
Aun se está tan en sus trece , 
Que diz que hasta el mismo rey 
Le hará campo aunque le pese. 

— Mucho puja. 

— Es conde y rico. 

— Y el rey es rey. 

— Y él vaUeote. 

Y tiene consigo un hombre 
Que recata el rostro adrede, 

ue es capaz de armar batalla 
1 solo con diez y siete. 

— ¿Un soldado? 

—Un caballero. 

— ¿Qué ea quien paga ? 

— Loparece« 
Que es un estrangero dicen 
Que de aventurero viene. 

— ¿Trae gente en su oompafiia? 

— Lanzas hasta veinte y nueve/ 

— ¿ Es francés ? 

—Flamenco. 

— ¿Amigo 
De las botellas? 

— No bebe. 
—¡Cómo! 

—Del se cuentan cosas 
Bien estrauas eababnente. 
Dicen que en vela continua, 
No se sabe cuándo duerme. 
Que es sobrio como una monja* 

— ¿Mas su nombre? 

— No le tiene. 
Solo el flamenco le llaman ; 
Siempre anda solo y le temen. 

— ¿ Mas no se conoce de él ?•.. 

— Nada mas que lo que él quiere; 

Y que es alto , redo, osado , 

Y á lidiar dispuesto siempre. — 

Callaron ambos judíos , 

Y en raudo tropel la gente 
Se agolpó sobre ú camino 
A victorear á sus reyes. 

III. 

Como seis días después, 

Y hacia las dos de la tarde. 
En el prado que en Madrid 
Por San Gerónimo sale , 
Armados hasta los dientes 

Y cubiertos los semblantes. 
Estaban dos caballerot 




168 



GOMPOSiaONES JDIYERSAS. 



De ana ancha tienda delante. 
Detrás de ellos apostados 
En hilera formidable , 
Hay de hasta treinta ginetee 
Potentísima falange : 

Y otros treinta caballeros , 
Cnanto valientes galanes » 
En varios grupos conversan 
De su poínpa haciendo alarde* 
Donceles tienen sus lanzas, 
Sus caballos tienen pagcs , 
Siendo á la par todos ellos 
Soldaéos y capitanes. 
Detras hay una barrera 

Que guardan con antifaces , 
Otros doce caballeros 
Sobre doce yeguas árabes. 
A los lados dos andamies, 
Uno con las armas reales 

Y otro con las de Bretaña 
Coronados de sitiales. 
Otro andamio casi enfrente , 

Y en él los jueces y grandes 
Que han de pesar la justicia 

Y la ley de los combates : 

Y el resto cerca una valla , 
Hasta dos arcos triunfales , 
En que remata una liza 
Que por la barrera se abre. 
Banderas de mil colores 
Se estremecen en el aire , 
Que embalsaman ramilletes 
De jazmines y azahares. 
Lindísimas cortesanas 

De cabellos de azabache , 
Tez pálida y ojos negros, 
Bajan el prado adelante : 
Porque ¿qué son los jardines 
En que las flores no salen , 
Sino lo que son las flcstas 
En que las dunas no caben P 
De ambas las tropas que aguardan 
El duro y próximo trance , 
Hablan en voces secretas 
Ambos los gcfes audaces ; 
Uno es Beltran de la Cueva , 
Del otro nada se sabe. 
Sino que con treinta lanías 
Con Don Beltran hiio parte. 
Es de talla aventajada ; 
De nunca visto scniblante ; 
Vigoroso asaz de mionbros 

Y de fuerzas sin iguales ; 
Una hacha de armas esgrime 

Y una espada formidable, 
Que los arñeses mas recios 
Desencajan y deshacen. 
Cabalga un potro nonntodo 



Como sabido polai 
Que obedece á toa 1 
De dos largos acici 

Y acostumbrado á 
En que hi tiempo • 
Mal le reprime el g 
Al oir los atabales. 
A sn vei el caballc 
Le acosa con voz t 
Como si él mismo 
A la misma par li( 

Y dicen qne tan á 
Le segunda, vud^ 
Que un solo cuerp 
Ginete y caballo h 
Asi Beltran de la ( 
Hablaba á este per 

Y el flamenco resfi 
Con razones semej 

D. Beltran, ¿Seréis í 
Flamenco, 

I). Beltran. ¿lidiare 
Flamenco, 

D, Beltran, ¿ Nadie ; 
Flamenco, 
Con espada ni con gui 
D, Beltran. ¿Y ti ^i 
Flamenco. Al rey, vi 

Y lleve su guantelete 
En una pica hasta Flai 

D. Beltran* Si e(»no 

Temo que el campo no 

Flamenco, Al tlemp 

Y si la suerte me vale , 
Veréis que mejor amlgí 
No hallarais para este 

D, Beltran. ¿Qaé m 

Flamenco, 

D. Beltran, Pues he 
Un broquel con una let 

Flamenco, Esa letra 

D. Beltran. ¿Es Mgi 

Flamenco, 

D, Beltran, ¿ De anu 

Flamenco, 

D. Beltran* ¿Sois pri 

Flamenco, 

D. Beltran, ¿Sois bn 

Flamenco, 
Porque á ningono sn^ei 
Soy libre y la tierra gn 

Oyóse en esto el 
De pífanos y atabal 
YviósolapidTHd 
Queporelopopoi 
EnvoelTeiiatfii 




«XTA FARTE. 



11 



pendonei reales , 
ados los torneos 
I vuelven triunfantes, 
il punto Deltran, 
indo el de Flandes , 
[uel, lama y brida, 
con voz pujante : 
lUo! ¡Voto á Dios 1 
leo ó en combate , 
le áe¡ai con espada 
1 Miguel á nadie. » 



ÜL TXSO tit ARMAS 

.TRAIf DE LA CUEVA. 

I. 

ndida cabalgada 1 
esco tropel I 
viene montada, 
la brida dorada 
le BU corcel, 
i siguiendo sus huellas 
sanas mas bollas , 
*z los caballeros 
z palafreneros 
afrenes de ellas. 
las literas vienen 
clavos orientales j 
s detras se tienen, 
n al fin mantienen 
luceros reales. 
!s luego en derredor 
pueblo y tumulto) 
ntro va el yaior, 
iesta mal oculto 
lo y el amor, 
or pruebas le dan 
B hechas pedaioB; 
os todos van , 
»r proi>ando están 
rcsas y los laxos, 
an los martlnetOB 
las cimeras 
fanos ginctes , 
an tocas ligeras 
de los almetes, 
rez de ferradas golas 
¡as banderolas , 
m suelto equipage 
« blancos de aocage 
lamas españolas. 
as slUis da guerra 
ideUn^ioacero, 



HasU tocar con la Uerra , 
Cuelga el que de amor encierra 
Misterios cendal ligero. 

No aprisionan los corceles 
Guanteletes ni escarcelas , 
Sí terciopelos y pieles , 

Y ellos van illñres y fldes 
Sin temor á las espuelas. 

Solamente mas severos ^ 
Aunque no siendo mejores , 
Tras el rey van altaneros 
PacíAcos caballeros 
Los nobles embajadores. 

Y á sus personas prestando 
Las atenciones reales. 

En rico y vistoso bando , 
Sobre muías van pasando 
Obispos y cardenales. 

Todo es lujo y altives , 
Todo es oro cuanto brilla , 

Y osténtauBC alli á la ves 
liOs hidalgos de mas prez 
De León y de Castilla. 

Todas las mejores lanzas 
De ambos reinos acudieron , 

Y descuidando sus danzas. 
Osados en esperanzas 

Diz que hasta moros vinieron. 

Que para ostentar vsAor 
Cualesquiera liza es hneañ ; 

Y el moro batallador 
Sabe siempre que es mejor 
Lidiar en cristiana arena. 

Allí en los andamlos miran 
Sin máscaras las hermosas; 
Sus alientos se respiran , 

Y á sus miradas aspiran 
Las hazañas generosas. 

Por eso vienen ligeros 
Sobre sus negros corceles 
Diez árabes caballeroi> 
Silenciosos y severos , 
Envueltos en alquiceles. 

Su mirar rápido , Incierto , 
La negra barba crecida , 
El corcel de oro cubierto , 
Todo muestra la atrevida 
Generación del desierto. 

Y aunque cuanto audaz cortáa , 
Culta en usos y lenguaje , 
Siempre se alcania á través 

De su magnífico arnés 
Algo de origen salvi^ek 

Llegaron ante ki Tilla 
Rey, pueblo y enibaj«dorei , 

Y al son del darin que estalla , 
Van á ofrecer la batalla 

Al rey los mantenedores. 




160 



C0)IP0S1C10N£S DIVERSAS. 



Llegó á gii8 pi^ Don Beltran , 
Y djjole audaz : « Sefior, 
» Aqui mis nobles están , 
» Que sus lanzas medirán 
» Con Tuestra lanza mejor. 

» Y pues por encarécenos 
» Vuestra xetü esplendidez , 
» Fiestas quiso concedelios 
» Para no ser menos que ellos , 
» Hé aqui «ampo á nuestra vez. 

» Gomo tan buenos vasallos , 
» De las .damas requerimos 
» Las bridas de los caballos ; 
» Y pues á aquesto venimos , 
» O combatir ó soltallos. > 

Y echando el guante en la arena , 
Brida volviendo á su gente , 
Él campo en tomo resuena. 
Con lai^o aplauso que llena 
Cuanto el sol resplandeciente. 

Aceptó el rey ; y los vientos 
Rasgando los atabales , 
Fueron ocupando atentos 
La multitud sus asientos , 

Y los reyes sus sitiales. 
Puestos los embajadores 

A un lado y á otro los jueces, 
Al son de los atamborcs 
A los nuevos lidiadores 
Requirieron por tres veces. 
Lanzáronse hacia la liza 
Hasta cuarenta ginetes , 

Y en su linea movediza 
El aura estremece y riza, 
Crestones y martinetes. 

Tascan espumoso el freno 
Impacientes los bridones , 
Henchir queriendo su seno 
Con los belicosos sones 
De que el aire tragan lleno. 

Entonces desde una tienda 
De los que el campo mantienen , 
Al lugar de la contienda 
Un caballo por la rienda 
Dos pages bajando vienen. 

Por si quisiera lidiar 
Al rey le ofrecen corteses ; 
Advlrtióndole á la par, 
Que mejor no le ha de hallar 
Ni con mejores ameses. 

Partieron los lidiadores 
El sol de la liza igual, 

Y al son de los atambores 
Retados y retadores 
Aguardaron la se&al. 



U. 



Con lA Tlaen calida 
Y loa lanaoiwt ea flstitt. 
Loa hroqoflta ule él pedio , 
Sobre los cstfllM» tmnay 
GerránuB t tote Mda 
Loa UdMoree iBMfDei 
Loa niM» eooUni Iq»«Iim 
A lama detosdariina. 
Todo toé folvo im taUntes 
No se o je ni ae dlattngiie 
Has que d aón qae los 9un 
En fiero compás deapiden. 
En honda y analoaa duda, 
En angustia indefinible. 
Almas con ojoa eapenn 
A que el pdvo ae disipe. 
Es en vano que lia dunas 
Al turbio palenque miren; 
Todo entre él eapeao polvo 
Está en él campo Invisible. 
En vano sobre an escaño 
Se levanta Don Enrkpw; 
Ei polvo oculta á ans ojos 
Los que vencen ó ae rlndoi 
Se oye que abajo en la Iba 
La recia contienda signe 
Porque los grltoa no eem, 

Y los golpes se percibeB. 
Unos griUn « Flandea. IlaA 
« Al rey, al rey, • olraadlea 

Y las laniadaa ae doUaB 

Y los tajoa ae repiten. 
Ayes , lamentoa , Inanltoi , 
Maldiciones, lellliea» 
RelindiOB y cudillladM 
Todo á un tiempo ae eoHft 
Todo en tnmulto espantahk 
Todo en cooftialon henflili. 
Todos loa grltoa ae meadB. 

Y á gran penaaedlaOngaa 
L.08 de : « I Cierra 1— |Uml 
—I Alá I— I Fiandea !H D« 
Creyéndose ai mlamo ttaoffi 
Por los dem y iM leliei / 
Que flamencoe y crlatiiMi 
Contra sarracenoa rlfienC 

Rodó al fin el poHo 
Con las ráfá^tt aatilea, 
Descubriendo la Te^gta 
De los que la 
Pocos pudieron bteanoa 
Ai encuentro reaiatliae; 
Su uii I npolao ftié *f— 
Del az«r \ toa aflige. - 
Quedaron b< 
Tan solo 




SEXTA FARTE. 



161 



seb mantenedores 
)8 siete del principe. 
( tiasta tres son moros 
)s del rey Men asisten, 
alfanges sangrloitos 
dafirenes Ubrei. 
ina espada se rompe, 
m yelmo se di?ide« 
r qae un palmo so pierde, 
l>allo se reprime, 
mía de nn moro, 
ilfange invisible 
icosa, rompe, vence, 
ic se le adivine, 
de cntramljos landos 
untarse consiguen , 
pomos y ios puños 
•mbate persisten, 
in , avanzan , vuelven , 
i como tiíres , 
» el inútil hierro 
brazos se reciben. 
m y se sacuden , 
tan y se oprimen , 
lo un momento inmobles 
de 81 respiren, 
de afanosa lucha , 
er y sin rendirse , 
abrazados ambos 
I ninguno pide. 
i entre el tumulto 
lún se distinguen 
»erados esfuerzos , 
\ iilsiones horribles. 
10 el tropel sangriento 
inetes que viven, 
lelve enteramente, 
ra ó los persigue. 
ú sol en occidente ; 
M de Don Enrique 
itran en la liza , 
heridos retiren. 
lo un poco el campo , 
e estorbos Ubre , 
n lidiando siete 
5 estribos Armes, 
ran con el de Flandes 
meneo que le sigue , 
hacha á cuyos filos 
tiroqueles resisten, 
or el rey valientes, 
tajados en lides , 
ues de Santillana 
ra armadura viste, 
n Pacheco , que el mando 
medias con el príncipe, 
en conde de Treviiío 
r de los Manriques. 



Con ellos guerrea un moro, 
De cuya opulenta estirpe 
Dan testimonio y, no escaso 
El n^o corcel que rige, 
El corvo alfange que empuña 

Y el arnés con que se ciñe. 
Mas todo está deslucido 
Sin que oro ni acero brillen , 
Que todo en polvo y en sangre 
A puro lidiar se tiñe. 

Don Beltran , rota una brida , 
Ck>n esfuerzos Increíbles , 
Contra el moro y Santillana 
Ve su salvación difícil. 
Las damas le victorean 
Mostrando bien cuan lo es triste 
Que caballero tan bravo 
(iOn tal desventaja lidie. 
Los jueces están inquietos, 
É indeciso Don Enrique, 
Duda si el bastón de mando 
A tiempo en la arena tire. 
Mas antes que esto suceda 
Se oyó pujante y terrible 
El grito con que el flamenco 
« ¡ Flandes y nadie! » repite. 

Y revolviendo el caballo , 
Con ímpetu se dirige 
Hacia el noble Santillana , 

Que el campo á su empuje mide. 

Entonces al de Trevino 

Volviendo ^ « Aquí Flandes » — dice ; 

Y alzándose en los estribos 
De entrambas manos se slnre. 
Cayó del caballo el conde ; 

Y volviendo el que le rinde 
Al soldado que le ayuda , 
Le manda que se retire. 
Quedaron pues dos á do», 
Cuatro valientes que piden 
Una corona ios cuatro. 
Para los cuatro difícil. 

Y bien merecen que en ellos 
Su honor sus partidos cifren. 
Porque no hay mejores brazos 
Para que le depositen. 
Pacheco y Beltran cayeron ; 
Pacheco asido á las crines , 
Debajo está del caballo 
Incapaz de desasirse. 

Vino Don Beltran sobre él ; 
Mas los jueces que presiden 
Dan por vencido á Paeheco 

Y escuderos le permiten. 
Mientras , agotamlo esfuerzos 
Que parecen imposibles, 

El árabe y el de Flandes 
I^ lucha tenaces signen. 

11 




162 



GOMPOSiaONES MVERSAS. 



Grita el flamenco— € Aqai Flandea. » 

Y el árabe á cada quite 
Entra y sale huyendo y dando 
Siempre en duda y siempre libre. 
El} vano el flamenco acude 

A cuanta flierxa le asiste ; 

El moro hace que el caballo 

Pase , cruce, salte y gire. 

Mas cansada su fortuna 

A tiempo que ambos se embisten , 

Al dar una huida el moro 

Hace que el caballo pise 

Tan en vago , ijue aunque diestro 

Le levanta y le reprime , 

Dobló las manos en tierra 

Tocándola con las crines. 

Esto que viera el flamenco , 

Con empuje Irresistible 

Para adelante se viene 

Sin que el moro alcance á herirle. 

Cayó el de Flandes encima 

Y aunque el caballo le oprime, 
Asió con tal fuerza al moro 
Que le acogota y le rinde. 

Tiró su bastón el rey ; 

Y al son de los añaflles 
Mundo que por ios del campo 
La victoria se publique. 

IlL 

Mientras á los pies del rey 
De hinojos Beltran se pone , 

Y el rey le tiende la mano 
Porque con ella ae honre , 
A las puertas de la lüit 
La multitud agolpóse. 
Para ver la cabalgada 
Cuando á palacio se tome. 
Bajaron de sus andamies 
El rey, la reina y la corte, 
Damas , caballeros, pages. 
Obispos y embajadores. 

De manos de los donceles , 
Recibiendo los bridones, 
Conducir de allí á las damaa 
Como enantes se proponen. 
Asidos brida y estribo 
Porque mas fáciles monten , - 
Por las hermosas esperan 
Los caballeros mejores. 
Púsose el primero el rey, 

Y ya cort¿ se dispone 

A dar la mano á la reina , 
Cuando con audacia un hombre 
Cejar haciendo al caballo, 
Sin respeto ae la eoge. 



<« ¿Qnlén se atrevía?...» d' 

Y en el rostro loa colores 
Tomando e! gesto af teradc 
Delante su vista hallóse 
La brida asioido al flamer 
Que asi osado le responde 
« Si pasáis sin combatir 

» Seri sin guante ni estoq 
• Que he lidiado en el pal 
» Bajo de estas condicione 
El rey Enrique, indedsc 
De arriba abajo miróle, 
Dudando ^1 por quien sea 
Se lo tolere ó se enoje; 
Pero por mas que á sos ioIj 
Su pensamiento recorre, 
Como él su rostro recata , 
No sabe si la conoce. 
Al fln flngiendo respetos 
Por sus derechos , cedióle, 
Ya su razón otorgando, 
Ya por secretas raionek— 
Tendióle la nuno y dfjo i 
- iLoor álos venoedons! 
Tomad lo que habéis gansA 
Que en efecto anduve torpe. 
cQuiénsoisP 

— JVíiidte t esa eii 
—¿Es vuestra dfraf 

— ESBi 

—Sois valiente, y no osan 
Por vida mia ese mota. 
—Ya dije que es nooM pi 

Y no le mereico neUe. 
—¿Cómo puea? 

"■^ Poique hsv 
Mi honra y mi ■oklSBaiaB 

Tomóla á aalrar^ n(f, 

Y tras cortaa nlli^iM» 
Con sonrisa amhlgiJeMti 
« Id adeUnta, ay i||Mb 



RBcnniDoeL 



Es una 

Deesas amlea 

En que de la lona ^ 
La pálida los TaelliL 

Algunaa nnbea 
Por medio «I 
Que«. ahu 
Los 

U 
Loi 




SEXTA PARTE. 



1 



sestinguadereee, 

lurmullo ó se apaga, 
i^pléndida y serena 
ubre á pensar convida , 
esbala la vida 
pesar %jena. 
absorto el pensamiento 
ie<litacion, 
blanca ilusión 
ruga del Tiento, 
elojoauncpiemini, 

> y no escucha , 
en débil lucha 
orazon suspira, 
he clara y pura 
)ntenipIando el cielo, 

alma el consuelo 
hasta la amargura. 
Q que se ve á lo lejos 
^or de la luna , 
de la laguna 
nos espejos, 
se ve el Iwsquo umbrío , 
cuadron gigante , 
tro centellante 
lanca de un rio. 
1 que prestan á una 
fume las flores, 
ruiseñores 
lores la luna, 
noches que una vez 
lombrcs gozaron , 
iz recordaron 
i de la niucz. 
noches , cuya historia 
alma escondida , 
nuestra vida 
luestra memoria, 
el tropel sonoro, 
1 munnullos suaves 
hojas y aves 
si campo del moro , 
bre sobre una pena 
en la oscuridad; 
alcanza en verdad 
, medita 6 suena. 
[)C allá en la oscura 
•gru alguna vez , 

> l)rilluntez 
kUi armadura. 

(itrc la¿ yerbezuelas , 
udimiento , 
estremecimiento 
eras espuelas. 
i suspiros lanza 
dolorida , 
r la antigua vida, 
r su esperanza. 



En esto en ima alu torre 
Que al campo del moro cae , 
Por do Manzanares trae 
Sus corrientes, cuande corre, 

Vagó sobre el aura leve 
Voz tan dulce y lastimera , 
Que atenta el aura ligera 
Por oilla no se mueve. 

A aquel suavísimo son 
El ciüÑillero escondido 
Ansioso prestó el oido, 
Hízose todo atención. 

La voz que oye limpia y hlanda 
En estribillo amoroso , 
De un amador licencioso 
Nuevas al viento demanda. 

Y es tan suave y tan flexible, 

Y tan tierna en su cantar, 
Que intentarla remedar 
Fuera á otra voz imposible. 

Ya apagada , ya sonora , 
Ya trémula , ya segura , 
Como la fuente murmura, 
Gomo la tórtola llora. 

Ya es un canto ronco y vago 
Sin tema sobre que acuerde , 
Como un aura que se pierde 
Entre la niebla de un lago. . 

Ya es alegre y peregrina 
Una voz tan infantil , 
Que no envidia en lo sutil 
Tonos á la golondrina. 

¿ Es llusloii mentirosa , 
O es tremenda realkUd 
Ese sueAo de otra eda4 
Mas bella y mas doloroso 

¿Porqué estremecido miras 
Esa torre solitaria, 

Y al rumor de esa plegarla 
Con pesadumbre suspiras? 

c' Qué oyes , caballero , di , 
En ese son misterioso , 
Que el zéñro vagoroso 
Arrastra ufano hasta ti? 

¿ Ese que gime en el ▼tonto 
Sonido despertador. 
Es un recuerdo de amor, 
O es tenaz remordimiento? 

¡ Ah ! el pensamiento perdido 
Incapaz de decidir, 
Vacila entre el porvenir 

Y las sombras del olvido. 

Y aunque aquella voz se exima 
De mas cercana inspección , 
Bien sabe su corazón 

Que aquella voz le lastima. 




COMPOSICIONES 



¿Quién Yiviii en esa torre 
Que canta tan dulcemente, 
Mientras suena mansamente 
£1 Manzanares que corre P 

Porque aunque á Teces en ella 
Oyó que en trova confusa , 
La voz de quien canta acusa 
Los rigores de su estrella ; 

Aunque á veces triste canta 
Lastimado son de duelo, 
Cual queriendo enviar consuelo 
Al corazón , la garganta, 

Oyó también que suspira 
Tan amanten cantilenas , 
Que si canta entre cadenas 
No canta, sino delira. 

Cesó la voz de reponte , 

Y sobre el césped nujUido 
Oyóse un pié contenido 
Que va ciiutclusamentc. 

Cada vez mas cerca estú..- 
Púsose en pié el cal)allero, 

Y riHiuiricndo el acero 
Preguntó llrme : ¿Quién va? 

A sus rayos argentinos 
La luna drjóie ver 
Un pagc que eclió á correr 
Dando vuelta á unos espinos. 

— ¿Sois vos ( le dijo Uceando) 
Nadie en Flandes , mucho aipií? 
—Mucho te han dicho de mi. 

— Pues ñ vos vengo buscando , 
Seguidme. 

—¿A donde? 

—¿Teméis? 
Dijeron que erais valiente. 

— Mas fiarse no es prudente 
Del primero.... 

— Bien hacéis. 
Dios os guarde : á decir voy 
Que os propuse una aventura, 
Y desechó por mesura 
Vuestra prudencia la de hoy. 
— Mucho sabes , pagecillo. 
Ve delante. 

— Pues de mi 
No os sei>arei8 , por aqüi. 

— ¿Dónde vamos? 

— Al castillo. 
Y de un torreón en el centro 
Postigo oculto buscando , 
Entraron ambos cerrando 
La portezuela por dentro. 



DIVERSAS. 

FAVm DE REY. 



En medio de ui^aposento 
Que el rey Enrique eligió , 
Para secreto teatro 
De sus comediaR de amor : 
Él y Beltran de la Cueva 
A quien con prisa llamó , 
Están, Don Beltran en pié, 

Y él tendido en su sUlon. 
Decora el gabinete 

El magnífico interior, 
Cuanto de rico y espléndido 
Monarca jamás juntó. 
Cuelga una lámpara de oro 
Del cincelado artesón, 
Forrados en terciopelo 
Los muros en derredor; 
Kl pavimento de alfombras 
Esquisitas se vistió , 

Y sobre el rey pende Inquieto 
De plumas un pabellón. 
Delante tiene á una fiesta 
Preparado un velador, 
Cusd le anhelaran cubierto 
La codicia y la ambición. 
Coi>as y cubiertos de oro; 
Bajilla que cinceló 

Diestro artista , á quien por é 
Dieron riquezas y honor; 

Y á su lado entre perfumes 
En pródiga ostentación , 
Doblé y superior servido 
Sobre un ancbo aparador. 

Siguiendo el rey y d privat 
Su rota conversación. 
El vasallo respondía , 
Preguntándole el adtor. 
— ¿Con qué lloraba ? 

— DdUenl 
En mis brazos se arrojó 
Diciendo : t ¿Es él qi^ lo 
—¿Y qué respondisteis vos? 
—Que en ello vuestros nao 
No admitían dlladon. 
— Muy bien dicho. Y á en ¿ 
¿EUa qué dijo? 

—Sin escrúpulos decid , 
Beltran , que en esta ocáiia 
Si alguien debiera tenerk», 
Vos cabalmente no sois. 
Mas 08 Juro por nú yida 
Que no me aooea d meDor; 
l*or el bien de mU vaaipM 
Tengo 




SEXTA PARTE. 



le ¿qué dijo? 

— En injurias 
uua se desató. 
1 , ola ! 

-—lamentando 
'a inconstancia en amor, 
fué mucho , Don Beltran ; 
a , gracias á Dios , 
lus algo de mundo 
iempo uso de raion. 
émas? 

— Roja de rabia 
haliero os llamó , 
10 de vuestra estirpe, 
ita Y seductor, 
ya es otro cantar, 
Beltran» mas tengo yo 
ni que el injuriarme 
■dirme perdón, 
uestro real pensamiento 
<(mcT la menor 
idiccion , yo os dijera 
le asiste otra opinión. 
10 decid. 

— Doña Inés 
Itrajadasedió, 
nándose al punto : 
, caballero; ¿sois vos 
ijo con voz resuelta ) 
u'da ó mi conductor ? » 
vos.* 

— Señora , la dijn , 
I rey os preparó, 
ella? 

-- Añadió : « Pues decidles 
parte á ambos i dos , 
)resuren nuestro viací* , 
stoy pronta y noble soy ; 
>y en particular, 
MTUse toda ocasión 
cerarse , que siento 
Bpreclo por su amor, 
ai paso se me pone 
I he de mirarle yo. » 
V amen te lo ha pensado; 
tiíriera yo mejor. 
; nuu'hacha ! Kn las redes 
1 he tendido ra\ó. 
aren i>or un instante 
vado y el señor, 
nsuita cada cual 
1 propia reflexión, 
to confusamente 
uro en el interior, 
isterlosa cautela 
kda ó seíia sonó, 
un llamado? 

—Si por cierto. 



—Ellos 

— SÍMfior. 
—Abrid 7 en mis ooi^eturas 
Ayúdeme d tIdo y Dios. 
Con un oculto resorte 
Don Beltran la puerta abrió , 

Y entraron por ella un page 

Y el flamenco vencedor. 
Tendió el flamenco la vista 
Sin señal de tnrtMudon , 

Por todo cnanto le alumbran 
Las luces en derredor, 

Y sereno , altivo , inmóvil , 
En la mlóna posiden , 
Con la Yisenr calada 
Callando se conservó. 
—Venid , le dijo dejando 
El monarca su sillón, 
Venid al igual conmigo » 
Ilustre batallador. 
Aliviaos de esos hierros , 
Ocupad ese sillón , 

Y tendedme vuestras manos, 
Que á fe que me har:m honor. 
Beltran , que sirvan la cena ; 

Y en tan dichosa ocasión 
Chipre, el Vesuvlo y Falemo 
Nos presten gozo y valor. 

¿ No os sentáis? — El caballero 
Sin moverse respondió : 
—Yo soy un aventurero 
Que por mis desgracias voy 
Cumpliendo una penitencia 
Que me han impuesto , señor. 
No puedo mostrar mi rostro, 
Mi nombre , ni mi blasón. 
Sino al honóbre que me venza 
En las armas superior ; 

Y entonces será pidiéndole 
En nombre del sumo- Dios , 
Que me pase compasivo 
Con la daga el corazón. 

— Caballero, pues que todo 
Me convence que lo sois , 
Dijole el rey, ¿no pudieran 
Alzar ese voto en vos 

La voluntad de los reyes , 
Ni aun por haceros honor? 
Porque en verdad que me aflijo 
Ai daros por galardón 
Mi amistad y mi palacio , 
No saber á quien los doy. 

— Por respeto á mi rey solo 
Voy sin ventura , señor; 

Ved si estimo vumtras dádiTts 
Como de quien ellas son.— 
Miró al caballnro el rey 
Con ojo eseodrl&ador, 




166 



COMPOSICIONES DITERSAS. 



Y comprimiendo los libios 
A Don Beltran loi volvió 
Diciendo : — | Cómo ha de ser ! 
]jí voluntad es de Dios. 

Mas ya, señor «bailero , 
Que la suerte me privó 
Del placer que me esperaba , 
Pediros quiero un favor. 

— Será mandato , y cumplirlo 
En mi será obligación. 

— Jurad que lo cumpliréis. 

— Jamás he jurado yo ; 

Que tengo en mas mi palabra 
Que el juramento mejor. 

— Dispensad , que anduve torpe ; 
Concededme por p^on 

Un brindis. 

— Eso mas bien, 
Con mil amores , señor. 

Llenó Don Beltran las copas; 
Una cada cual tomó, 

Y alzándose la visera 
El flamenco lidiador, 
Encubiertas las mejillas 
Con un antifaz mostró. 
—Engañasteis mi esperanza , 
Dijole el rey. 

*-I Ah señor! 
Para encubrir mi desdicha 
Es doble mi precaución. 

— ¿Y' quién tanta penitencia 
A imponeros alcanzó H 

— Mi vergüenza. 

—Y ¿por qué trazas?... 

— De una muger se vaiió. 
—Basta y brindad, caballero; 
El que buscaba sois vos. 

Bebieron ambos : la mano 
El monarca le tendió. 

— Y ahora, le dijo, escuchadme, 
Si os place, con atención. 
¿Queréis llevar en secreto 

Una dama do alto honor 
A Portugal? 

— I A la misma 
Constantlnopla , señor ! 
Centellnndole los ojos, 
El hidalgo respondió. 

— Est4 bien. Beltran, mis órdenes 

Llevad á esa dama vos ; 

Que al punto partan.— Tomad. 

En ese pliego que os doy 

Encontrareis , caballero , 

Mi voluntad superior. 

En pasando la frontera 

Le abriréis; y en tanto no. 

Ni vos ni nadie á la dama 

Mantenga cooTenacion. 



Ved que en ello oa va la vida, 
Pues gentes os daré yo 
Que os velen y os acompañen 
Por mi reino. 

— Eao, señor, 
Mas es castigo que premio. 
—Negocios de corte son. 
En que á par necesitamos 
Yo prudencia y vos valor. 
De vuestros treinta glnetes 
Hasta diez irán con vos; 
Los demás á la frontera 
Los enviaré luego yo. 
¿Comprendisteis? 

"^CÜODBpnDdL 

—¿Prometéis?... 

— Delante á I 
Os aseguro qne nunca 

Mi ventura fué mayor. 
' Ah , mirad, se me olTidsta 
Este pequeño cajón 
Llevareis á su destino. 
— Decidme su dueño. 

— Yss. 
Es un presente que os bago. 
Que 08 probará, salvo enor. 
Que es mi memoria tan laigi 
Cuanto la vida en los dm. 
Con que si os cumple , brinda 
A vuestra vuelta. 

— Señor, 
Nadie cuenta con su suerte. 
— No me la aseguro yo; 
Mas si á mi España volváis 
Tal vez halléis lidiador 

Que os arranque vuestro MOri 
Sin ver vuestro oorasoo. 
A vuestra salud, hidalgo, 
Y' á que nos ayude Dios. 
El rey apuró su eopa, 
Y' apartando el pabellón , 
Por una puerta secreta 
Del gabinete salid. 



CONCLUSIÓN. 

Es una tarde nublada 
Que espléndido el sol no i 
Velado entre las neblinas 
Que el cielo cóncavo enlata. 
Recio y norte sopla el visáis, 
É intercept i y confusa 
La vista á « auida eorta 

Los objetos t wUnml^ 

Es on e s camino 




SEXTA PAUn. 



3iia menuda 
>s un césped 
. dificulta; 
08 8US lindes 
eras puntas 
irdan con ellas 
nca maduran. 
)s pasos, 
oche oscura, 
españolas 
icio cruzan 
su litera 
e dos muías , 
|ue el rostro 
le oculta, 
ita ginetes 
ian la ruta, 
tugal 
1 segura, 
illero 
z robusta, 
ladie pase, 
sigo cumpla } 
á España, 
iqui juntas. » 
lato obedientes , 
que no bay duda, 
I saludando 
i^paua grupas , 
I los flamencos 
se agrupan. 
s , con la risa 
insegura , 

1 está en mis manos 
su fortuna, 
en esta dama , 
lad lo será tuya , 
! tu vergüenza 
into discurra , 
mi palabra , 
i>n me disculpa 
le prepara 
irias, injurias. » 
sello real 
aino le oculta , 
gras palabras 
real pluma : 

le aventurero , 
Saiido>al; 
le son testigos 
Don Boltran , 
e los corceles 
amas guiar, 
loúalnes, 
ios y en verdad 
le 08 contente 
taloUevar. 



Y porque memoria mia 

No 08 falte desde hoy jamás , 
El regalo que me hicisteis 
En ese cajón lleváis. 
Blas 08 prevengo que cauto 
No entréis en Castilla mas , 
Que en ella os espera una horca 
Mas alta que la de Aman. » 

Los Ojos desenciO^oe , 
La lengua en la boca muda , 
Contemplando el pergamino 
Que entre las manos estruja, 
Quedó el dufueDon Rui Pero 
Sin intención que le acuda. 
Volviendo al fin en su acuerdo 
Víctima de interna lucha , 
Con que le acosan á un tiempo 
Los recuerdoe y las dudas , 
A la litera lanzóse , 

Y asiendo las vettidaras 
De la dama , i viva fuersa 
Sacándola la pregunta : 
—¿Quién sois? Por Cristo heodlto 
Que lo diga y se descubra. 

Ella de dolor transida 
A tales voces se turba , 

Y el duque la arranca el velo 
Cogiéndole de las puntas. 
Blasfemó el duque ; y asiendo 
Con mano audaz é iracunda 
El cajón que le dio el rey. 

Le estrella en la tierra dura. 
Rodó por el campo estéril 
Una cabeza insepulta. 
Desmayóse Doña Inés, 
Corrió una lágrima turbia 
Por los párpados del duque, 
Mas amarga que cicuta; 

Y en el solemne silencio 
De aquella tragedia mndi , 

De entre un pabellón de nubes 
Pálida asomó la lima. 



LAS DOS ROSAS. 



En un escondido valle 
Hay todavía una torre 
Vecina al Carrlon , que corra 
De chopos entre una caMe. 

Castillo dicen que fué 
Poderoso , mas ya apenas , 
A través de 4o8 alaMoaa , 
Su lloilreorifen se vé. 




166 



COMPOSICIONES DIVERSAS. 



Tendidos sobre una altura 
Vénsc un torreón y un muro, 
Pero en montón tan oscuro 
Que medrosa es su flgura. 

Brota Á sus pies sin respeto 
Espeso zarzal salvaje , 
Cuyo espinoso ramaje 
Vejeta al peñón sujeto. 

Ya no hay ni mojón ni senda 
Que á su rastrillo conduzca , 
Ni puerta en que se deduzca 
Que hay dentro quien le deftenda. 

Allá por algunos trigos 
Que crecen en derredor 
Be su ruina y su dolor 
Imperturbables testigos , 

Hay paredes que á pedazos 
Están mostrando que ayer 
Pudieran bien mantener 
Un pueblo sus rotos brazos. 

Hoy en pajiza cabana 
Vela un pastor el misterio 
De aquel corto cementerio 
Que el agua del Carrion baña. 

Allí ana generación 
Duerme tal vez escondida... 
¡Asi de la amarga vida 
Las cosas frágiles son ! 

Sin curar de historias viejas 
Al son de tosco estribillo , 
Él encierra en el castillo 
Por la noche sus ovejas. 

Kl agua y el tiempo pasa 

Y él no pasa de pastor ; 
Pues no ha de ser su señor, 
Poco le Importa la casa. 

Al preguntarle qué fué 
La techumbre á que se acoge , 
Hombros y labios encoge , 
La mira y dice « no sé. » 

Los dias que van pasando 
La colina gastarán , 

Y al cabo concluirán 

El castillejo enterrando. 

Entonces ya de la historia 
Del edificio primero , 
Ni el pastor ni el pasagero 
Tendrán confusa memoria. 

Apiñada en un hogar 
En derredor de la lumbre , 
Desvelada muchedumbre 
La oirá acaso contar. 

Contarála un peregrino 
A quién tal vez por su cuento 
Darán escaso alimento 
Para seguir su camino. 

Y yo que siempre miré 
Como un vlage nuestra vida, 



Por historia entretenida 
Del olvido la saqné. 

SI rebelde Ynestra alcoba 
Mal que pese á Tuestro empen* 
Os ahuyenta el blando sueño, 
Yo voy á entonar mi trova. 

Escuchadla ; y al al calor 
Os dormís de Yueatra almohad 
De una noche sosegada 
Sois deudores al cantor. 



El sol del medio del délo 
Brillantes rayos despide. 
Que del Carrton revertienn 
Entre las ondas hnmildeB. 
Engrosadas van ahora 
Con las nieves qne derrite 
En las crestas de las sierras 
Con que Castilla se dfie; 

Y entrambas riberas bordan 
Con duros hldos qne oprimea 
Los restos qne dejó mayo 

De sus céspedes sutiles. 
Altos y desnudos diopos 
Las orillas le dividen 
Que al agua las ramas tiendfli 
Porque en el agua se miren, 

Y ellas ufanas pasando 
Por la sombra que redben 
Con blanco murmullo lamra 
Los troncos y las raices. 

Es un dia puro y diáCuM 
Cuanto diciembre permite 
Que en su mustia presidencia 
El sol dd Invierno brille 
Alegre , cuanto alegrarse 
Es permitido á los tristes. 
Diáfano cuanto la nidila 
A un sol sin fuena se rinde. 

Y es un puébleclUo oculto 
Tras una peña, en que flm» 
Estriba un alto castillo 
Que de protector le slnre. 
Dos esquilones agudos 

En disonante repique 
El toque de medlodia 
Al aire en calma despiden : 

Y en medio están de la plaza 
Cuantos hidalgos la liren, 
Los sombreros en la ™^f^ 
Inclinadas las cerrloe». 

Las mugeres, apartadas 
Sus labores mngerlles , 
Esperan devo lamente 
Que los he res se suitigta 
Los mudubn M tmpt ti f nif t 
A hnrtadll m 




SEXTA PARTE. 



II 



s que les amonestan 
jos que les imiten, 
balcón de una casa 
as alto nombre pide , 
roídos escudos 
e sus paredes viste , 
vidrios que al sol dejan 
interior ilumine , 
alados de un arco 
il al tiempo resisto , 
s personas que , vueltas 
ildas al sol , impiden 
alcance desde abajo 
1 ó si platiquen, 
(con soles por ojos 
ibios alelíes) 
hermosa villana 
1 hidalgas compite ; 
acida en el campo 
marzales y mimbres, 
quien ceden vencidas 
as de los Jardines, 
la engalanaron 
a los abriles , 
antas juntaron gracias 
is otro hasta quince. 
a negros cabellos , 
ue afrenta á los cisnes , 
ura igual y enana , 
torneado y flexible. 
US párpados blancos 
pestañas sutiles 
das por dos cejas , 
[ue enojan al Iris. 
I escasa , alto pecho , 
ve, resuelto y libre, 
nanos que semejan 
L'tes de jazmines, 
na es la tal Rosa 
3 que el pueblo critique 
I lio con que ostenta 
:»ntos juveniles. 
•zas que se recata 
amistades dicen : 
la Inconstancia escesiva 
le desprecia á quien rinde, 
idas que es demasiada 
Ttad con que vive , 
hos los forasteros 
visitas admite, 
rlejas de su madre 
iran que las recibe 
idacia escandalosa 
lanza reprensible. 
Ma y Brígida en ellas 
n poca cuita si^'ucn , 
estos murmolloH oyen 
!ftan en oírles. 



Por eso tan cortesano 
Baja Don Bustos Bamlrez 
Diariamente á su casa 
Del castillo en que reside. 
Barón altanero y mozo 
Afortunado en las lides , 
Cuyas riquezas esceden 
A lo Ilustre de sus timbres , 
Dejó há poco de la corte 
La perezosa molicie ; 
Las damas voluptuosas 

Y los ruidosos festines 

Por la calma de sus tierras , 
Donde su presencia eiigen 
Los negros ojos de Rosa 
Que diz que en los suyos vive. 
Es cierto que se susurra 
Que un mancebo que la escribe , 
Palabra de casamiento 
Tiene de ella , y que es dlflcll 
Que la renuncie al TuelTe, 
Lo que es tal vez muy pofU>le. 
Mas Don Bustos es mancdM) 
De nobilísima estirpe; 
Barón que manda TasaHos, 
A quien escuderos sirven , 
A quien pages acompañan , 

Y á quien mucho el rey distingue. 
Es señor de horca y cuchillo. 
Rey en aquellos confínes , 

Y á quien plebeyos é hidalgos 
Pecho y homenage rinden. 

Y no es otro el que con Rosa 
Sobre el balconcillo sigue 
Dando á la plaza la espalda 
Mientras que dura el repique. 
Al fin santiguado el monge 
Que el templo del lugar sirve, 
Cada cual tomó á su espera, 

Y á sus requiebros Ramírez. 
Apoyado sobre el codo 

Deja que el cuerpo se Incline , 
Guardando tras una mano 
Una mejilla Invisible ; 

Y á favor de esta postura 
Al pueblo curioso Impide 
Que le aceche las palabras 
Que á la muchacha dirige. 
En la espreslon Inefable 
Con que Rosa le sonríe. 

Bien se ve que en vez de enojos 
Satisfacciones recibe. 
NI menos de sus palabras 
El castellano se aflige, 
Pues cuanto ella mas tolera 
Mas él confiado Insiste. 
Él platica : ella le esrurha 
Sin que altanera le esquive , 



\ 



( 



HUÍ ouA •« •" 



cuanto e\ a o^^^^„eVU» 

tomaron *r"' imUal» 
Vt,a esptcMon n«; 

Brotáronla " ^y ce» 
^^'^i^baSmas.dosWf?"»»* 

^^Vicnte».W^ „, 

^»P*r,ffBan.ire». 
^"""tunÍconsuslaWo», 
Secando una V 

, Mañana sciu» 
^ Señor 1 ^ ^^ 

-«»"*"!: ¿ES P^«"'^«'- 

5St«"-nra&r.e.. 
C-^V^r^To áVaP^-» 

<"'«"**TS os panderos 

Que redoblen w*V»„. 
5{ las campanas repiq 

«"'tíá^>stcslejos 
\v<xl»*f„,„gcconvVdcn. 

Besdeabowsf' uen, 
M-.S aparado «^JespVWn, 

^.,e embriaguen c«n^^^^^^^, 

^'"^^l'^^íuttwbres. 
Quedáis oc H» j^js 

ge dispongan >P^^ gente 

^""'í^su^abend.c*. 
Que s«^«",e redoblan 

V los ^i^** * .e repiten. 
^•^nCtlaVrUura.. 

U.ioí)«"»'jt^ ventanas 
^•"fl"*í le despide-, 

Dc (londt u" puelas 
^.,pUcandoU.-V 

í^^"'^lír¿ido escape 



ll-.T-'J 



\ablenentrato^ Y,rt»t 

peunalitnpa» .,,, 
K los raío» ****-MniB<» 

Q„e acaba ae»ojot 

V)c orgutlo í P» ,en|W» 

SmapenaaJ^^,^, 
IjOS labio» » . ^AnAoM 

sonido» de«^^ 
Vuacaia«eot t^ 

Madera "«"« " ..^ ¿eoN 
pende en "«^V^et-Biili», 

P<'*?'^'Í llamé i»»""*^ 

¿contcito non«¿^ 
En el pecho «"'^¿B*' 

, Por Dio. , o» ^ li 

«"«''"SufeSTia** 
_E,taWav«i« , 

^ ¿pero qu« •" "^ ^o» 

_,\á\gaine *«**•'■'* 
_Sl por «^«^^x «I"*- 

_iQultoWtol*«^ 




SEXT4 FARTJL 



174 



la es... 

- Indudable. 
lo de bodas 
Ramírez me hace. 
ia¿! 

—¡Pues si me caso 1 
cha ! Vas á matanne 
rodeo. Acaba. 
i que sois torpe , madre. 
?d de Don Bustos , 
n queréis que me case 
;1? 

— ¿ Con tan alto 
Qsas enlazarte ? 
e falta para ello ? 
nis ojos bastante 
pueda mi frente 
roña igualarse ? 
lermosa? 

—Eso sí. 
10 porque yo me alabe , 
üuentra otra Rosa , 
[> en todo el valle , 
corte , en España , 
entra... que se case. » 
iciendo , á un espejo 
ontemplánduse, 
a una sonrisa 
envidia á los ángeles, 
obre vieja 
penas la bastasen 
I entero crédito 
on ni su lenguaje, 
anto , alta la frente , 
le una á otra parte 
y desdeñosos, 
s ademanes 
ndo hosca y soberbia 
1 tomo suyo trae , 
lad ensayaba 
rzoso que acompañe 
a de ver un dia 
los humillarse , 
la plebe grupos 
1 cuando pase. 
s de largo silencio 
par ambas partes 
istó á su esperanit 
r torres al aire , 
en sus adentros 
las novedades, 
ira engreírse , 
para asombrarse) 
de la caja , 
ruelta á la llave 
ímpezaron 
as realidades, 
braxaletes 



Y diademas y coUarw, 
Alli amatistas y perlas. 
Cornalinas y corales ; 
Probáronse los anillos , 
Las pulsefas de brillantes : 
No quedó nada por verse 
Ni nada por admirarse ; 
Todo pareció á propósito 
Hecho para aquel instante ; 
Toda era espléndido y rico , 
Nada pequeño ni grande. 

« Esta guirnalda , decian , 
Para el dia en que te cases. 
—Sí , el collar por la mañana , 
La diadema por la tarde. 
— ¡Lindaeslarásl 

—Ya veréis 
La vez primera que baje 
A visitar á mi pueblo. 
- 1 Hechicera 1 

—¡Oh admirable I 
— ¿ Y qné dirán esas moñas 
DehidalgulUas? 

— Dejad que hablen. 
Ya me besarán la mano. 
—Eso sí , por mas que rabien. 
— Se arañaran por un dije 
Si yo se le regalase. 
—Mal hicieras. 

— I Ah , ni un hilo 
Para esas villanas, madre 1 • 
Aquí llegaban gososas 
Cuando oyeron en la calle 
Un caballo que en la plaza 
Entraba á resuelto escape : 
Paróse á su misma puerta ,. 
Sintióse después el grave 
Rechinar de los portones 

Y volver luego á cerrarse. 
« ¡Él es! 

— ¿Quién? 

—Don Bustos. 

— ¡ Vaya ! 
— ¡ Pronto ! Salid á alumbrarle. 
Mandad que el potro le tengan , 
Que le piensen y descanse. » 

Y asiendo la lamparilla 
Temiendo que el tiempo falte , 
Fuese hacia la puerta Rosa 
Que hasta la escalera sale -, 
Pero antea que al picaporte 
La linda mano llegase 
Abriéronla por de fuera, 

Y con pena de hija y madre 
Entró cubierto de lodo , 
Sangrientos los acicates 

Y armado basta los bigotes 
Su pariente Pedro Ibtñez. 




COMPOSICIONES DIVERSAS. 



Quedó estúpida la vieja; 
Tornóle Rosa el semblante, 

Y él tendiéndolas los brazos 
Dijo : « Yo soy, abrozadmc. > 
Dejó la luz la muchacha , 

Y del mozo retirándose , 
Replicóle : « Bien venido : 
Pero has llegado muy tarde. < 



Asentados en silencio 
En derredor de la mesa 
Están Ibañez y Rosa , 
£l triste , y mohina ella. 
Rosa los ojos clavados 
En el techo, airaita muestra 
El disgusto con que á Ibanez 
En aquel punto contempla : 

Y en vano del bello mozo 
La vaga mirada inquieta' 
Las miradas de la ingrata 
Porque se encuentren acocha. 
En vano tras de la lámpara 

Se ampara en la sombra negra , 

Y la ocasión esperando 
Los ojos le reverberan. 
En vano sobre el asiento 

Se revuelve y se impacienta , 
Haciendo á cada postura 
Que rechine la madera ; 
En vano desenlazando 
Del almete las correas , 
Sacudió como al descuido 
De la gola entrambas piezas ; 
En vano al asir la espada 
Tropezó con las espuelas , 

Y retumbó el aposento 
En rápido son de guerra. 
Rosa ni por reprenderle 
Ni por saludarle atenta , 
Sobre el mancebo los ojos 
Bajó un instante siquiera. 
De la habitación en torno 

De uno á otro objeto los lleva , 
Cual si fuese Inventariando 
Todos cuantos hay en ella. 
Viga á viga midió el techo , 
Listón á listón la estera , 
Contó al parecer los vidrios 
De la alcoba y de las puertas , 
Los pliegues de su cintura , 
I .as rayas que hay en la me«a 
Y las líneas que sus manos 
Por ambos lados presentan. 
Escuchó el silbar del cierzo 
Que revuelve la veleta , 
El rumor de los que pasan , 
La bulla de las hc^ueras. 



Todo lo que no es Ibahez 
Parece que la interesa , 
Hasta el son con que la lái 
Húmeda chisporrotea. 
Pero el mozo allí se está 

Y arrobado la contempla , 

Y dos lágrlnuis de fuego 
Por las mejillas le ruedan 
Cansado ya de esperar, 

Y desesperado de ella, 
Díjola con vos tan blanda 
Que contestaran las pieür 
« ¿ Qué es aquesto , vida 
Rosa, ¿qué modania es t 
Tú al partirme me Uorab 
¿ Y te enojas con mi vudt 

Rosa callando seguía, 

Y él siguió de esta maner 
a Heme aquí que Tuelvol 
Mas tal vez que lo mera 
Amigo de los valientes. 
Querido en la corte mesi 
Pensé merecerte ahora, 

Y he conseguido licendu 
Para casarme contigo 

Y alejarme de la gnena. 
Rosa callando segoia 

Como á quien oirlepesa 
Dando entre las blancas i 
A los ce&Jdores Tudtas. 
Ibañez , apenas dueiki 
De su rebelde paclenda, 
Entre ofendido y colérieo 
Aguardaba una respueiti 
Hasta que viendo que Be 
Toda agotársela Intenta, 
Con sordo acento la dUo 
Zelosos ojos tendiéndola 
« SI las nuevas que holM 
Cuerdo estimase por áet 
Vive Dios que no toman 
Rosa ingrata, pan vertu 
Si pensara yo qne Imbéd 
El oro te enloqneden, 
Trajera cuanto mi lana 
Para los cobardes deja : 

Y si que anslatws supIsM 
Honras de vana nobka, 
Prendiera yo al oondertí 

Y conde ó marqnes voM 
Pero yo te qoiae, Rosa, 
Aunque altiva no opoki 

Y pensé que por valieatt 
Simple hidalga me ipM 

Rosa á este ponto d^i 

El sillón en qne se asint 

Di : «IbtiiflSp dcjemo 

eseontrorenlsi 




S£1TA FART& 



173 



I y DO te quiero.. . 
>8 vivo!... 

—Ten la lengoa. 
ismo me caso ; 
ica postrera 
} de este pueblo 
noche mesma. 
stante , traidora , 
cuanto tú quieras, 
igo pensado 
»añez , resuelta. 

Tu empeño es inútil, 
id es aquesta. 
>tos... 

—Fueron falsos, 
ricias.*. 

— Quimeras. 
M años perdidos 
íes risueñas 1 
adores y afanes, 
ligTos por ella ! 
mta! >o deliro, 
nal Vision es esta ? 
juzgarla posible 
npo no viviera. » 
mieí esclamando 
las melenas 
ndo los ojos 
lien sueños aquejan, 
uz en la mano 
lo liácia la puerta , 
dolor de Ibañez 
siva impaciencia. 
I en el aposento 
ante risueña , 
elo forrado 

y crujiente seda , 
toque , y de plumas 
ra en la cabeiía , 
1 Bustos Ramírez 
ira altanera; 
losa... > dijo : y viendo 
que le contempla 
entumecidos 
vista severa, 
surada dijo : 
árlente que llega 
iad. > Y Don Bustos 

asi : « NorabueiM. 
dalgo , bien venid» : 

á la fiesta , 
in mis bodas 
n vuestra presencia. • 

al soldado la mano , 
nirar lo que hiciera , 
)cio guantelete 
■1 btroD pretei 



La asió Don Bustos y dijo : 
« A no saberlo, creyera 
Que fuera en vez de amistad 
De reto esta mano prenda. » 
Miróle Ibañez un punto , 

Y en insondable reserva 
Velando el gesto, repuso : 

« Tomadla como os convenga. » 

Y tomando las espaldas 
Tomo á oscuras la escalera. 



De brindis y carcajadas 
Estrepitoso rumor 
Se levanta de Don Bustos 
En un inmenso salón. 
Alúmbranle mil bujías 
Suspensas en derredor, 
Entre guirnaldas de flores 
Que hábil mano entrelazó. 
Vistiéronle de tapices 
Esquisitos en v¿or, 

Y cubriéronle de alfombras , 
De un califa regio don. 

En ricos aparadores 
Remeda la luz del sol 
Vajilla espléndida de oro 
De magnifico primor. 
Rueda el cristal por la mesa , 

Y en no interrumpido son 
Gotea de vaso en vaso 
Dulce y sabroso licor. 

La fiesta es libre , opulenta, 
Porque pródigo el barón 
A todo el pueblo de Rosa 
Bodega y festín abrió. 
Es cierto que á los principios 
El respeto á su señor, 
Conteniendo á los vasallos, 
Las lenguas les refrenó. 
Mas al fin , de los manjares 
El suculento vapor 
La libertad y la audacia 
A los villanos volvió. 
Alzaron desordenados 
Una voz sobre otra voz. 
Un brindis sobre otro brindis : 
Grecia la confusión. 
Aumentábase el tumulto , 

Y con discorde clamor 
Cruzaban de una á otra punta 
Osada conversación. 
Ocupaban los hidalgos 

En la parte superior 
Escaños de terciopelo 
Casi á los plés del barón. 

Y este mas alto con Rosa ' 
Usaba otro aparador 




174 



GOMPOSIGIONES DlfERSAS. 



Bajo un dosel de brocado; 
Do se ostenta su blasón. 
Pagas les sirven : donedlas 
Les escancian el licor, 

Y d contento les atlxa 
La insolencia del bufón. 
Al testero de la mesa , 

Y en preferente sillón , 
Está el capellán sentado , 

Y sígnele Inego en pos 
El Ilustre ayuntamiento 
En gregüescos y en jubón. 
Enfrente entre otros hidalgos , 
En ademan pensador, 

Se ve al serio Pedro 1 bañes , 
Que bocado no gustó. 
Hinchados tiene los ojos , 
Los cabellos sin olor, 
La espada y la daga al cinto, 

Y el duelo en el corazón. 
El resto ocupan sin orden 
Los que de Busto á la voz 
El mejor sitio encontraron 
Al entrar en el salón. 

Los que en aquel no cupieron 
Acomodarlos mandó 
En otra mesa tendida 
En un largo corredor, 

Y allí gritan y disputan , 
Harta apenas su ambición , 
Con los sabrosos manjares 
Que devoran sin temor. 
Toda la flesta es tumulto , 
Todo murmullo el salón , 
Todo embriaguez y locura 
Los vasallos y el señor, 

Y á pesar de los secretos 
Con que á la conversación 
Dan impulso las mugeres 
Murmurando á media vos , 
Rosa está linda , hechicera , 
Como jamás so mostró 
Caprichosa su hermosura 
Vertiendo gracias y amor. 
Mirándose está en sus ojos 
El fortunado barón, 
Olvidando ante su amada 
Cuanto hasta entonces gozó 

Y ella radiante de orgullo 
Alimenta en su Ilusión 

Los hechizos que le embriagan 
Con estudiado primor. 
Con lujosos atavíos 
Astuta se engalanó , 
Que acrecientan el deseo 
Del turbado corazón. 
Guirnalda de blancas perlas 
A sus cabellos ciñó; 



Escotado InsH Um pechos, 
Bordado de oro tt Jnbon » 
El cnelk) de marfil orla 
Collar de bi^o edor, 
Del que pende de brillantes 
La señal de redención ; 

Y están sas braios desnudo! 
Cuyo brillo tentador 
Ostenta en sns moTlmlenUM 
Esquislta perfeedon. 

Don Bustoe, á quien anims 
La eficacia del licor, 
Decia en son de mandato, 
Fuerza añadiendo á la tos ¡ 
« Agotadme laa bodegas, 
Que si dejáis , itItc Dlosl 
Una gota, habéis de haesn 
De todo restltndon. 
A eso os llamé á mi east&lo 

Y á mis fiestas , qne sln6 
Conforme me caso seto 
Gozara solo. » 

AlnuBor 
De estrepitosos aplanssf 
Estremecióse el salón, 

Y por sobre el ronco raido 
Asi Don Bastos slgnló i 
«¡Eh! Don Pedro y mi pal 
Capitán , ¿qué os hacéis w 
¿ Estáis enfermo , 4 acMt 
Os dijo algnn Impostor 
Que el mayordomo CBfliiei 
Mis cubas enrenenóf 

SI tal pensáis, os odraMS 
Completa saüsTnodoo; 

Y á propósito...» 

Aalhslii 
Su Inmensa oopa apué. 
Tomaron las carc^ata. 
Los aplausos, y «1 ban» 
Encarado aun eoa DnÍsb, 
En voz de mote algnlé t 
« Puesto qne tos no 
A mis yeoenos honor, 
Os encargo qne si 
Me enterréis eomo á 
Volvieron á loa 

Y á tan tqmaltnoso 
Asomaron por la 
Las genCea dd eorradsr, 
Que aumentaron «1 
PregunUndo en p slsi s n 

«¿Qué es aquesto? 

BHili.l 

Don "^-loe ronea 

POi i« 

G 




I 




SETTA PARTE. 



I 



tiroM unión... » 
nmensa copa 
ose tomó , 

el sombrío gesto 
miento furor; 
o complacerse , 
US, dijo, barón. • 
bustos atajándole 
le interrumpió : 
briaguex de esta noche , 
iborracho por dos. » 
labras de Bustos 
:oriada alusión , 
ando el vaso 
endo el licor. 
¡ sin haber bebido 
3 acogotó! 
oto á mi sangre 
n mal bebedor. » 
bañez tendido 
s en el sillón , 
los sus miembros 
«o temblor, 
los villanos , 
listos frunció, 
m las mozas , 
e turbación , 

el blanco pecho 
ai dobló. 

s rompiendo un vaso 
ido la voz : 
, por vida mía , 
ai dicha á vos?» 
re su asiento , 
y entero calló ; 
ojos de Bustos 
n de furor, 
en su escaño Rosa^ 

el barón : 
, capitán , conmigo , 
, ó, vive Dios, 
oche mis lebreles 
BD el jubón. • 
$co llamamiento 
tez requirió , 
e en pié, su espada, 
ante tan feroz, 
entre las mugeres 
do de pavor, 
Aldas la turba 
trocedlo. 

3 Ramírez , puestos 
a en su sillón , 
la sobre la mesa 
birle crujió, 
sbito en hito; 
o ahoganlo sóo 
Tiataitro el pecho, 



El borrescoso color 
De sus ojos , la melena , 
Que le euelga en confusión 
Uniéndose con la barba 
Que le cerca en derredor 
Todo el rostro , le semejan 
A un formidable león 
Que acecha sobre una roca . . 
La vida del cazador. 
Pedro 1 bañez frente á frente. 
Sin muestras de turbación , 
Fijó en sus ojos los ojos 

Y á la lid se apercibió. 

Pasó un momento angustiado 
En que nadie de los dos 
Con movimiento ó palabra 
La contienda provocó. 
La turba tenia ahogado 
El aliento de terror, 

Y de ambos podía oírse 
El latir del corazón. 

Al fin Don Bustos en hondo 

Gemido , torvo esclamó : 

« Brindad, hidalgo, á mis bodas, 

U os juro á mi salvación , 

Que en la escarpia de una almena 

Os ahorco como á un traidor. • 

¡bañez á estas palabras^. 

Como una tigre veloz , 

Saltando sobre la mesa 

Ligero una copa asió , 

De un paso salvando el trecho 

Que le aparta del barón. 

« Brindemos, dijo. 

— A esta noche , 
Bustos repuso « á mi amor. 

— A mi cal>eza, Don Bustos, 
Que clavada en un lanzon, 
Os recuerde á todas horas 
Toda una noche de amor. 

— ¿Es un insulto? 

— Es un brindis. 
¿No le aceptáis? 

— ¡ Sí , por Dios ! 
Bebed , y á que esa cabeza 
Sea la última ilusión 
Que alcancen á ver mis ojos 
De mi féretro en redor. 
-Sea! 

—Seal » 

Y afirmando 
Tan sacrilega intención , 
Todo el licor se sorbieron 
De un solo trago los dos. 



Está la noche serena, 
Melancólica la luna 




176 



COMPOSiaON£S DlVERSilS. 



Reyorbera en la laguna 
Y manso el aire resuena. 

Murmura en la parda sombra 
Inquieto el Carrion pasando, 
Con limpios hielos orlando 
Del campo la árida alfombra. 

If o se alcanza en la ribera 
M césped, ni flor, ni espiga, 
Que brote á la sombra amiga 
De alguna encina altanera. 

Todo el campo es soledad, 
Silencio y vapor confuso , 
Que en todo el invierno puso 
Vludei y esterilidad. 

Vése á lo lejos la sierra 
Como aparición estrena , 
Que en la escarpada montaña 
La nieve esconde la tierra. 

Y entre las bruñas se escucha 
La ronca voz del torrente , 
Cuyo ancho raudal rugiente 
Conquistando espacio lucha. 

Tal vez del mastín atento 
Resuena el tenaz ladrido , 
Oliendo el lol>o escondido 
Que acecha el redil hambriento. 

Al pié de la alta colina 
Yace el lugar solitario 
Acogido el vecindario 
Al cerro que le domina. 

Sobre él el negro castillo 
De Don Bustos se columbra , 
Del astro de paz que alumbra 
Al resplandor amarillo. 

Y aun vomitan sus ventanas 
En confusión infernal , 

Las cantigas que profanas 
Respira la bacanal. 

Aun puede oírse por ellas , 
Con el brindis del barón , 
El seco y discorde son 
Del vino y de las querellas. 

Viénense allí á dibujar 
Con la luz de las bujías , 
Mil medrosas fantasías 
Espantosas de mirar. 

Y los vidrios de colores 
Radian en la lobreguez 
La movible brillantez 
De fugaces resplandores. 

Al pié del áspero muro 
Inmoble en la sombra está , 
Contemplando las ventanas 
Con desesperado afán , 
Torvo el semblante y lloroso 
Sin apenas alentar. 
El triste y burlado Ibañez 
En insufrible ansiedad. 



Crispados tiene loa pnftoa , 
Desóicajadalafiz, 

Y el cuerpo todo acosado 
De una conralaion mortal : 
Vése en el húmedo aiid>iente 
Su aliento á veces Tagar, 
Como sombras qae brotuido 
Viven un punto no mas. 
Por los espesos bigotes 
Filtrando el rodo te, 

Y mojándolas , sus ropas 
Azota el aire ftigaz. 
Amante desventurado 

Y desdtíUiido galán. 

Está en su mente midiendo 
La infinita eternidad. 
Porque, ¿qué TidaJIaagnwd 
Ni qué vida hade esparv 
Quien no halla en sos 
Mas que tedio y soledidP 
Tantos sue&oo de Yanisfc, 
Tanta ilusión oelestlaU' • 
Tanta esperanza ««y**^ 
Perdida en la realidad. 
Tantos afanes por ella, 
Tanto sufrir y lidiar. 
Mirando la luz lejana 
De un mentiroso fiuud. 
Que fué tan solo el redma» 
Que anunció nn puerto fdii, 
Para mirarle mas cena 
Engañado zosobilar ! 
¿Dó están las fragantes §ofe 
Las l)endiciones dó están, 
Con que el amor ddlraba 
En la Juvenil edadP 
Él fué á la sangrienta goem 
Como valiente, á buscar 
Premio y fortuna de hiddg», 
De que se sintió capai. 
Pródigo vertió su aangn 
De su vida sin piedad. 
Por volver ante su Ron 
Digno de su amor fatal; 

Y ella en tanto dealnmknii 
O acaso liviana asas. 
En los brazos de otro 
Se dispone á reposar. 
¡Oh I que esas risas 
Que oye á través del criMl 
Desde el infame castillo 
A la atmósfera brotar. 
Le parecen los aholUdos 
Con que una tnite lafcnd 
ApU eati ska 
Que mUcaSalHásl 
Ellov ndo 
Enr 



.^^ 




SEXTA PARTE. 



177 



que en despecho eterno 

I Morará. 

india Y cantares , 

y felicidad , 

rimas y dolores 

ica se acabarán. 

cobarde, aunque ofendido, 

do dejará , 

él su ofensa no olvide 
»ividen los demás I 
ié escucha el desdichado 

atención tenaz , 
ía adelante tendido 
e del foso está? 
« le brotan fuego, 
do al aliento va , 
zados loa dientes 

apenas lugar. 

el rumor lejano 
npura bacanal , 
m ctnto dulcísimo 
ikm mannurar. 
ATO! amorosa 
iloqoecer capaz 
con mas hundido 
[>e incredulidad, 
-pa del trovador 
terioso compás , 

á pedazos , perdido 
istancia el cantar. 

• Mi vida , Busto , y nü alma 

• No tengo en mi mano yo ; 

• No tengo que darte. Busto, 
cuanto guarda de fé el corazón. 

• Yo te le doy todo entero , 
» Vida y alma vuelva á Dios 

» Cuando le plazca, y tú, Busto, 

1 á mi sepulcro disputa mi amor.» 

I cántico, y se oyeron 
aplausos sonar, 
Iremecieron el aire 
longada espiral. 
, como viagero 
irto ya de caminar 
ita á buscar reposo 
ha de abrirse un volcan, 
edió de aquel canto 
uiarrador compás , 
rio á la voz de Rosa 
il adormido afán. 
, ya que está eu tu mano, 
la ! ese corazón 
, y el alma y la vida 
leivan torpes á Dios. 
I , que por on soplo 
lie tomaros carbón 



Toda el alma y media vida , 
A Satanás diera yo. • 

Y aquesto diciendo Ibañcz 
En agonía mortal , 
Revolcábase en la arena 
Hiriéndose sin piedad. 
Lanzaba del hondo pecho 
Bramido tan gutural , 

Tan feroz, que aun á las fieras 
Alcanzara á amedrentar : 

Y dijeran , escuchando. 

El ruido que haciendo está, 
Que luchaba alguna de ellas 
Ck>n otra en la oscuridad. 



Rueda entretanto la argentina luna 
Del vago cielo en el espacio azul , 
Sombra dejando y niebla que Importuna, 
Mancha y entume su radiante luz. 

La escarcha entre los céspedes se cuaja 
Deshaciéndose en gotas deoristal, 

Y cada espino que Aquilón rebaja, 
Perlas por fruto trasparentes dá. 

En confusa ilusión todo se ostenta 
En la estéril llanura del país , 
Entre el velo de nieblas que se aumenta 
Cual pabellón colgado del zenit. 

Allá en un valle do la niebla impura 
Tarda se posa, el rápido Carrion 
Frágil rodando en soledad murmura 
Con medroso y monótono rumor. 

Ya del castillo en el salón se mengua 
La báquica algazara del festín , 
Torpe tal vez con el licor la lengua , 
Cuyo peso no alcanza á resistir. 

Aun se alza entre el murmullo Interrumpido 
El brindis tumultuoso del barón , 
Con el cantar de Rosa entretenido 

Y el harpa del errante trovador. 

Aun en los vidrios tibia se dibuja 
De alguna sombra la ilusión fugaz, 
Como al conjuro de andrajosa bruja 
El diablo por el sol se ve cruzar. 

Mal sosegado Ibañez todavía. 
Lanza celoso en iracunda vos 
Los ayes postrimeros de agonía, 
Con que se estingue su perdido amor. 

Dentro del pecho , en ponzoñosa llama 
Sanguinosa , alumbrándole al morir 
Su negra antorcha vigorosa Inflama 
La venganza que nace de su fin. 

Pásanle por la mente dolorida 
Mil fantasmas de Impúdico placer, 




17 



COMPOSICIONES DITERSAS. 



Que ambelleoen lin fin la ajena Tida 
La suya desgarrándole i la vei. 

La Imagen del altivo castellano 
Entre sus sueños por do quiera está. 
Do quier del sueño entre el tumulto vano 
Amor se Juran, ósculos se dan. 

Do quier en ellos de su Ingrata Rosa 
La blanca sombra que le esquiva ve , 
A otra fantasma presentando ansiosa 
Los labios que arden de amorosa sed. 

« ¡Maldita! entonces desolado CKlama, 
Maldita seas , infernal visión. » 
Y el llanto que en su cólera derrama , 
La hoguera apaga del antiguo amur. 

« Oh I ¿qué me importa, el Infeliz decia, 
Tarda opulencia y mentirosa prez, 
Si la mitad de la existencia mia 
Nunca con ella dividir podré? 

Venga el inflcmo y por la vida y alma 
Mi venganza me dé , sino mi amor. 
Por ese instante de .«anaricnta caima 
Lleve el inílerno cuanto fué de Dios. » 

Mas se espesaba cada vez la niebla, 
Menos radiaba en derredor la luz : 
El aura de honda oscuridad se puebla , 
Nada se ve del firmamento azul. 

Cual orla leve de fantasmu errante , 
Cual rayo de relámpago fugaz 
Creyó Ibañei que viera por delante 
La sombra de un espíritu pasar. 

Era un objeto silencloito y vago , 
Sensible solamente á la visión , 
Como reflejo que sombrío laso 
Di* im fuego fútuo á la presencia alzó. 

Era una sombra que con propia vida 
No necesita luz para nac(T, 
Cual nube que en ei éter va perdida 
Sin auxilio de plumas ni de pies. 

Los ojos no Goncil)cn su contorno. 
No reducido á forma aquel vapor, 
Tal vez en él deformidad y adorno , 
Galas lo mismo que defectos son. 

No trajo voz ni levantó sonido 
Por ei liúmcdo suelo al resbalar, 
Mas sintió el corazón sino el oido 
Del triste ser la inmcdiacHon fatal. 

Tocóse Ibanez la ardorosa frente 

Y la ancha mano se inundó en sudor. 
Razón y ayuda demandó a su mente, 

Y no estaba en su mente su razón. 

Tendió la mano á la segura tierra 
El cuerpo que vacila á sostener, 



Y en TetM césped en ras dedoi don 
Áspero hierro que se aprieta i fl. 

En vano abierta la medrosa mano 
Le abandona á su propia gravedai, 
Las palmas hacia si retira en vano. 
Siempre tras ellas el objeto va. 

Ásele al fin : le oprime : es una Uivt 
¿ Quién en aquellos sitios la padü* 
Un peregrino : un trovador : ¿quÉ 
Tal vez del cinto la pertió si 



Ibañez la guarid. Slnfeitn y Issls 
Era su paso y tfCdo el csnilDsrs 
Parcela que Á ánio pwiMnilffists 
Empujaba á la muerta volantal. 

Él tenia un seoreto 
Que Jamás hasta entonces 
Solo en la menta 'le abortó sl 
No lo supo Jamás el 



Ibañez ni se acuerda ni lo ■«*« 
Que con su mente su IntOMkB vit; 
Solo percibe que al Uerar la Dait 
Crece en el pecho vengatiTO slia. 

Ni piensa, ni resUte. nlesBÉHü. 
Ignora acaso au intendon saál tf ■ 
Mas ni duda á la par ni as «MpWi 
De lo que llegue á nonsiMiMí wk^tM» 

En un pilar que sobre el Ano mam 
En una grieta de la pella está, 
MeUó la llave, y reoedlenáed 
Postigo oculto le convida á 
Hundióse Ibaftes por él more 
Silencioso, sombrío, andas,! 
Como un remordimiento nal 
Entra en el descuidado 




Quedóse en soledad el 

Y entre la lobreguea toniéséá* 
La voz del Aquilón uh9^ indi 

Y el murmullo ai 



Quien mlnn á Fedre 
Ir caminando á 
Por las cuevas del ^ 
Ai resplandor de ui 
Herizadoe loe fbdlos. 
La faz ameneíadenii 
Loe pesos desata 
Creyéralealgnnt-. 
Queahandodesn 
La fría y maelaa lu-, 
De Dios á los vires Ins 
Sentencia 
Sus lentas 
Por tas 




SEXTA fkfcn. 



la en otra perdidas 
niidos se prolongan. 
Tietas de las piedras 
^as hiladoras , 
andor de la lux 
ros cuerpos asoman , 
ifle\i<m de la llama 
'ilante y dudosa 
ra por loa muros 
le tlnlebla lóbrega , 
ñas de lus se pintan 
Mirldon diabólica 
unto qne se muestra 
á perderse en la sombnu 
1 rineon oeeoro 
la Tista se posa , 
lue amedrentadas 
as le desalojan, 
puerta ó esquina 
pasa ó que se dobla , 
]ue allá á lo lejos 
en fúnebre tropa. 
as manchas y bultos 
y movimiento toman , 
irán , \a amenazan , 
, temen ó mofan. 
B descoloridas 
lima crédula aborta 
iftes , alhajada 
ulas mentirosas. 
. lentos Ibanez 
indo incierto , topa 
»ion embutido 
era ha^ta la bóveda, 
pex y de plomo 
rías resinosas , 

almacén juntaron , 
ra defensa pro¡»ia 
ipos tan turbulentos 
!i(>n ninsuna sobra, 
bedeciendo lliañes 

a causa imperiosa, 
tiguo pensamiento 
rnna tentadora , 
los combustibles 
(•suelto ia antorcha. 

1 seca madera 

, turbia y sonora 
e volátil humo 
e el fue«o se corona, 
lo entonces la puerta , 
i tientas toma 

por donde vino 
ina e94'alera rota, 
cha áspera y difícil , 
do una tras otra , 

la torre en que Bustos , 
ti castillo, mora. 



Era una torre capai , 
Circundada á la redonda 
De un terrado que remaUlB 
Las almenas protectoras. 
A su amparo, y defendidas 
De estertor ofensa, toman 
La luí dos anchas ventanta 
Qne rejas robustas orlan. 
Ck>rrió Ibahet á una puerta 
Una barra ponderosa 
Que impide abrirla por dentro, 
Y la faz pálida y torva, 
Asiéndose de una reja , . 
Por una ventana asoma. 

Ya libres de las miradas 
De la multitud curiosa , 
Que grosera é imprudente 
Hasta cuando aplaude estorba. 
En delicioso retiro 
Rosa y Don Bustos á solas 
De sus amores platican 
En su cámara ostentosa. 
Ella aparece cual nunca 
Halagüeña y seductora , 
Suelto el cabello y los lasos, 
Aliviada de las joyas. 
Él en sus brazos la aduerme 
En ilusión amorosa , 
Mas que nunca embalecldo 
En las gracias qneto adornan. 
Ella en silencio le mira, 

Y las lágrimas le borra 
Que de amor y de esperanza 
De los párpados le brotan. 
Él los labios encendidos , 
La mirada borrascosa 

Que aun torba el licor ardiente 
Cuyos vapores le embotan ; 

Y día con ósculos tiernos. 
Templando la abrasadora 
Sed de sus labios , le besa 
Entre osada y ruborosa. 
Una cortina de seda 

Que entera cubre la alcoba , 
Vela á los profanos ojos 
La escena voluptuosa : 
Aunque la luz de una lámpara 
Cuanto olvidada, traidora. 
Trémula dibuja en ella 
Sino los gestos, las sombras. 

Si los ojos de un celoso, 
Cuando las dudas le acosan , 
Pudieran salvar los muros 
En las alas de su cólera. 
Bien pudieran los de IbaAei 
Hacer girones ahora 
La impertinente cortina 




80 



GOMPOSICIONES DIVERSAS. 



En donde atento loe poea. 
Dos barras de la aneha reja 
Ase, que casi las dobla, 

Y loe ojoe de serpiente 

Se le saltan de las órbitas. 
Sin perder linea ni pliegue 
De la tela tembladora , 
Sigue el moTimiento fácil 
De las proyectadas sombras. 

Y ajenos de aquel testigo 
Busto Ramireí y Rosa 
Sus amorosas caricias 
En la soledad redoblan. 
Grugian los blandos besos 
En la morada recóndita, 

Y afuera del triste Ibañes 
Las aspiraciones roncas. 
A cada amante palabra 
Que en el aposento brota , 
Responde en la oculta reja 
Una blasfemia espantosa. 

Y entre tanto que uno sufre , 

Y Ubres los ptros gozan , 
Doblar se oyó la campana 
Que á fuego y rebato toca. 
Interrúmpese el placer 

Y el sufrimiento se corta , 

Y el que antes gozaba sufre, 

Y el que antes sufría goza. 
Al ronco empuje del cierzo 
Que con dobles alas sopla , 
Crece el Incendio y rebientan 
Las llamas devastadoras. 
Caen las techumbres de cedro, 
Las almenas se desploman , 
Estremécense las torres , 

Y se derrumban las bóvedas. 
Cada sala es una hoguera. 
Cada ventana una boca 

Que humo y, resplandor vomita 

Y brama en tormenta sorda. 
En vano piden de dentro 

Que en su angustia les socorran, 
En vano aterrados gritan , 
Gimen , blasfeman , ú oran. 
Sordos están cielo y tierra ; 
Denso el humo les ahoga, 

Y con el son del incendio 
Sus lamentos se sofocan. 

De aquella terrible hoguera 
A la tr¿nula luz roja , 
Se ve de los ctanpesinos 
La turba triste y medrosa , 
Como viageros curiosos 
Que contemplando se asombran 
Una erupción del volcan 
Que fuego y peñascos brota : 

Y allá del Carrion humilde 



A la már^n de las ondea, 
Ibañei también lo jniíe 
Con indiferencia torra. 
Apoyado está en on troneo , 
Asida una mano á otra, 

Y en una almena loe oJoe 
Que ruina amenim pronta. 
Al fin de afanosa ludia 
Desesperada y dudosa. 
Cayó en el foeo la ahnene; 

Y tras de la piedra rote 
Quedó una Tenlene , eo do 
Como ilusión doloroae , 
Los brazoe al «lelo tienden 
Por la reja doe penonee. 
No se sienten sue lementoi 
Ni se alcanza de su fonoa 
Mas que la esprealon horrib 
De su profunde eongotie. 
Llamas voraoea lea cenan 
En Irresistible trope , 

De cuya rabia ea inútil 
Implorar mlserloordie. 
La inmensa torre rodeen , 
Puertas y muros deyoran , 

Y ¿cómo esperar perdón 
De quien ni piedras podoei 
Una llamarada innrwim jf 

La cerró en sus pliegnes tod 

Y se borró para siemj^ 
La aparición congojosa. 

Dejó la ribera fbefia, 

Y al despuntar de le annxa 
A todo escape en un polio 
Valle y castillo abandona. 



Del espléndido palede 
Que ocupa en VaUedolid 
El rey Don Juen el aegnnli. 
Ya de su reinado el fin , 
Están recordando alegm 
Su antigua emlsted pocril 
Dos bizarros oorteeanos 
En oculto camarín. 

Y en el continuo ebieaDS 

Y en el continuo reir. 

Se ve que en hellarse tkMB 
Satisfacción inCuitU; 

Y que cada cual se gose 
La ajena historie en o)r» 
Como en reoorder la sn|i 
Tal vez triste pare sL 
Están en ei ^plo punte 
En que de itranbes el ti 
Toman á unntlfleanN 

Y su goao á rspellr. 




SEXTA PARTE. 



191 



. ¿Con que t voto á Belcébú 1 
í soldado 
ió á mi lado 
isa eres tú? 

mismo sin duda alguna s 
soy yo. 

. Mucho á entrambos acudió 
fortuna. 

mpáranla á una Teleta 
istante ser. 

>. Dejara de ser muger 
ser inquieta. 
)ra2o me da , 
) si estoy soitodo. 
•razos te iré yo dando 
pertará. 

. Mas , por Dios, que rico te ha- 
í que veo [lio, 

I tu deseo 
tu caballo; 
me acuerdo mal 
riquexa. 

patrióse mi pobrexa 
)r real, 
mi yalor 

conde me hicieron. 
. Bien con tu valor cumplieron. 
• sino con mi favor, 
vida el rey 
y no fué mas. 

). Oh ! pues voto á Barrabas 
9mbres de ley. 
«n viéndote rico 
s hambrientos? 
»n Pedro llaman atentos 
>an Perico, 
enso el cumplido 
x>rtés : 

;go , y después 
)nde han venido. 
x>r vida mia , 
mal te fué. 

>. Tanto, Ibafiei, porfié 
mi porfía. 
') como á ti 
valimiento; 
mro cuento 
L para mí. 

á bien que si la memoria 
on no me engaña 
oda España. 

>. Aquí paz y después gloria, 
le me basta 
ividiosos, 
isterosos 
rosa casta, 
ne dejaron 
tales gentes; 



No sé cuando mis parientes 
Asi se multiplicaron. 

Ibairíex, ¿Y consiguen de su afán?... 

P. Rodrigo. Lo que los tuyos de ti : 
Pidenme , niego , y asi 
Por donde vienen se van. ** 

Ihanex. Justo ! Asi , beso por beso 
Y puñada por puñada. 

D, Rodrigo. Cual ella me fué obligada 
Por mi gente me intereso. 

Pero bien está , y responde. 
¿ En qué tu amor se quedó ? 
¿En humo se disolvió 
Con el resplandor de conde? 

Iháñei. El antiguo hace seis años 
Humo es como bien has dicho ; 
Que vienen tras un capricho 
Un miUon de desengaños. 

Pero hoy... 

D. Rodrigo. Oyéndote estoy, 
Concluye. ¿Por de contado 
Que estarás enamorado ? 

Ibañex. Rodrigo , nunca como hoy. 

D. Rodrigo, ¿Será hermosa? 

Ihañex. Como un oro. 

D. Aodrt^o. ¿Niña? 

Ibañex. Dles y ocho quizás. 

D. Rodrigo. Pues ya no la falta mas 
Que ser rica como un moro. 

Ibañex. Lo cierto en ello no sé : 
Pero en la corte introdujo 
Su llegada tanto lujo 
Que casi escándalo fué. 

P. Rodrigo. Pues por Dios que la fortuna 
No se cansa en tu favor ; 
Pero tendrás de su amor 
Prendas que... 

Ibañex. Indignas, ninguna. 

D. Rodrigo. ¿ Pero rivales un dentó? 

Ibañex. No por cierto, mi Rodrigo. 
Yo solo soy quien consigo 
Finezas y valimiento. 

Es cierto que no hay barón , 
Hidalgo , conde ó marques 
Que no rindiera á sus plés 
Su fortuna y su blasón. 

No hay trovador ni galán 
Que en cantares y torneos 
No se esceda en galanteos 
A Rosa de Montalvan. 

Todos los ojos en ella 
Detiene la multitud , 
Porque tiene de virtud 
Cuanto de rica y de bella. 

Mas ella por importunos 
Acredita sus festejos : 
Todos los ojos de lejos 
La gozan , cerca ningunos. 




112 



COMPOSICIONES DITERSAS. 



Y te aseguro en Terdad 
Que f aunque la amo como un loeo , 
No estimo , Rodrigo , en poco 
Por ello mi vanidad. 

D. Rodrigo, De tu fortuna me admira » 
Pedro Ibañei , envidioso, 

Y mas estoy de orgulloso 
Cuanto mas feliz te miro. 

¿ Mas quién es esa hermosura 
Tan sin tacha de muger ? 

Ihañei. No pude tanto saber. 

D. Rodrigo, Pues á fe que es aventura. 

Ihañex, Porque nada se concilla 
De haber nacido en la Galia 

Y en Aragón y en Italia 
Tener hacienda y familia. 

Su apellido es castellano , 
Rodrigo , conrio tú ves. 

D, Rodrigo, Y pienso que también ef 
Hasta francés é italiano. 

Pero pues es rica y bella 

Y os amáis los dos asi , 
Tanto es ella para tí 
Como eres tú para ella. 

Cuando estemos mas á espacio, 
Pedro , me la mostrarás. 

Ibañe%. Esta noche la verás. 
Que ha de venir á paiacio« 

Por muger la he de pedir, 

Y esta noche he de saber 
Si puede y cómo ha de ser. 
Que ella me lo ha de decir. 

D, Rodrigo. ¿Tan pronto^ 

Ibañet, Estoy decidido. 

Tanto en sus ojos me abraso 
Que este mismo mes me caso 
Si consiente en lo que pido. 

D. Rodrigo. Prodigio será en lo bailo» 
Según de perdido estás. 

Ibaúex. Esta noche la yerás 

Y decidirás en ello.' 
Entretanto hasta después , 

Que el rey sale. 
D. Rodrigo, Vete en pas. 

Y que en verla habré solaz 
No te olvides. 

Ibañex. A Dios pues. 

Tomó IbaAes la escalen 
Que daba al cuarto del rey 
Sin que Rodrigo los ojos 
Un punto apartara de A, 
Doblóse detrás de Jbanai 
La mampara en la pared; 
El ruido de sus pisadas 
Se acabo al tln de perder, 
Y aun le parece que le oye , 
Que le abrasa y que le vé; 



Tanto él oienenlro d( 
Fué á Don Rodrigo p 
Pasaron unos momer 
En que, perdido tar 
En recuerdos delicioi 
Quedó distraído en i 
Loaojoeenlamampí 
Que cerró al salir aq 
Y una sonrisa en los 
De verdad y sencílle 
Al fin soltando un s 
Esclamó el rostro al 
¡ Por la virgen que i 
¿Quién lo imaginan 



PorlaplaxadeSa 
Ya bien entrada la i 
Del palacio real vol^ 
Van platicando dos 

Y á la luí qae rever 
Dos moribundos far 
Aunque no se ven s 
Sus figuras se cono< 
A corto trecho déla 

Y á lentos imsos reí 
Via Igual una litera 
Seguida de dos hacl 

Y entre las verdes c 
A los rojos respland 
Se divisan dos roug< 
Sentadas en los sllb 
Atravesaba todo ell 
Por la oscuridad In 
Como de los sueñoi 
Fantásticas las visl 

Y en los criados qu 

Y en los oscuros co 
Que viste la eomlti 
De las cortesanas n 
Un no sé qué se tn 
De rápidas precauc 
Que todo parece er 
En Invisibles vafKM 
Al reflejo de laa lo* 
Se ven los rostros i 
Los ojos cristalliad 
De los negros 8enri> 

Y algnn crédulo dij 
Que en tal mlsteric 
Un cumpUmieiilQ i 
BtlaaoelealialeBói 
Mas fuera vano tñ 
De la ilusión de la 
Porque entrados ai 
Los hidalgos se din 
A recibir á lu átm 
A quien paran 4« 



SKXTA PUTE. 



1 ■leuir tuenm 
ellas baiU enlODcet. 
lia! esclaini) el uno, 
> en \ot esuloBM 
el braio i una , 
r la nuu jÚTCD. 
, Don Pedro, «errtda, • 
la respondióle , 
indo en lu «uiru 

que 41 recoge. 

:e consiente «i ello, 
iiln dilaciones 
'ti la tardania. 
! tal dicha te legra 
cnanto poseo. 
rece enla noche 
le de olvidar jamia. ■ 

los anchoa ulonat 

de su palacio 

ricas primure* 
que audaces los ojos 
rn cuando se posen. 
nos tapices 
tala vl«tl6ee , 
>n el pavimento 

1 de vivas Iltire». 
rros de oro y plata 
lesat j rincones, 
3 j- pre-eas 
aenaparailnres. 
ton Pedro ten lados 

IrlRO que acompaña 
Ire desde el coche, 
uno chimenea, 
lorilloa de bronce 
<■ ci\it\ disolviéndose 
in medio rohle. 
if Humas vnluhies 
los rujns Ilíones 
que naciendo espléndida* 
ecen velucea. 



itan á liiirlKilnnes. 
l<ii(iiiera i|i]c el IroiKO 

mío sus furores. 
M>r nn Üúa Rodrigo, 
as Uiai'iei viole, 

r Rusa le pone : 

es mi e^pona,. le dijo, 

ndrlgo la noble 

, 1 la beldad de Rosa 

' , en verdad asombróse. 



SoiMriHtaedelaalaD, 

Y al cruiar por loa portonea 

A Rodrigo que le sigue 

Pedro Ibafiei preguntóle : 

• jQuí le parece de Rosa? 

jOtra mas linda conoces? 

— ¡Por Üíob[ contestó Rodrigo) 

Que no la hay entre los b """' 

y asi permitan lo9 cielos 

Que tantos aúos la goce* 

Como ella tiene de deudaa 

A loi cielos de laToraa. • 



Era Rosa de efltea hermosura , 
Rica de yaalaa, rebosando amor. 
Trasunto deliaabelti criatura 
Que hizo en el fértil Paraim Dio*. 
Soles los ojos , rosu la mefiUi , 
Risa loa labios } mártU la ta. 
Donde la c«lma da la infancia brilla. 
Rica í pesar de Juvenil placer. 
Mo pertenece su hermosura ; gal4 
A género, ni-elglo, ni paíg, 
NI terrena beldad llega ni iguala 
Ue la alma Roía á la beldad gentil. 
Gravita apenu m la blanda alfiHnbra 
1.a leve Iiuelladel enano pié, 
V (lene mas &e la vaporosa sombra. 
De inefable visión que de miiger. 
Finia el cabello en perfumados rliOf 
Al impulso de léllro fugai , 
Velando de la espalda loa hecbüo* 
Su voluble y espléndida espiral. 
Cáenla de la mArMda cintura 
En itrupos que sujeta el dntaron 
Los pilques de la blanca vesUdnra 
Que ^ita ligerísima en redor. 
Como las aguas de elevada fuente 
Caen en hebras de liquido cristal 

Y el aura con maniisinu corriente . 
Las mece confundidas al bajar. 

Do qtileí que eiti la delicada Rqla 

En la cáne , en d baile , en el fistlB 

No hay o]o« ni atención para otra bermiMI 

Toda la aiisorre poderosa en si. 

Por eso pasa solitaria vida 

En medio de raldosB sotíedad. 

De las dunas sin duda aborrecida 

Y respetada del ámenle audai. 

Y por eso d los plés de sus balcones , 
Guardias perennes , embotados so 

Y óyeee de estocadas ja 
En laalUnoctaB' 




184 



COMPOSICIONES DITERSAS. 



Siempre á 8U8 puertas en misión de amores 
Dueñas y pages aguardar se ven, 
Ya ramilletes de tempranas flores 
Ya amorosos billetes á traer. 

Pero nunca se abrió puerta ó ventana 
Ni billete ni flor á recibir : 
Del palacio jamás la soberana 
Canto pagó de trovador gentil. 

Jamás oído de varón dichoso 
El eco suave de su acento oyó, 
Ni una mirada por su afán penoso 
Gozó de Rosa parecido á amor. 

Ninguno supo su pasada historia : 
Nadie el solar en que nació cual es , 
Nadie de su beldad tiene memoria. 
Nadie pudo á su gente conocer. 

Si algún osado su familia y tierra 
De sus esclavos á inquirir llegó, 
El secreto tenaz en que se encierra 
No supo nunca por su propia voz. 

Vagos rumores , misteriosos cuentos 
Corren de ello tal vez en la ciudad ; 
Mas posan en tan vanos fundamentos 
Que apenas nacen cuando en tierra dan. 

Un hombre solo su palacio abierto , 
Libres sus salas encontró tal vez , 

Y de su audacia y su fortuna incierto 
Pasó el umbral con receloso pió. 

Ibafiez solo de la linda maga 
Tocó la mano y escuchó la voz ; 
Ibañez solo de placer se embriaga 
Cediendo irresistible á la pasión. 

No exhaló en vano sus amantes quejas 
Velado en la nocturna oscuridad , 
Que cuando ronda sus doradas rejas 
Ella amorosa á responderle va. 

Nunca enojada de su amante esceso 
Por un cariño le volvió un desden. 
Porque con fácil y abrasado beso 
Una mirada le pagó tal vez. 

Solo testigo de su amor demente 
Fué Don Rodrigo y admiró su amor, 
Solo con él su mercenaria gente 
La fortuna de Ibañez defendió. 

Mas que á despecho de la corte fuera 
Él la Idolatra á cada Instante mas , 

Y por desprecio de la corte entera 
Su boda Ibañez preparando está. 



Era una noche de aterida niebla 
En que refleja tan dudosa luz 



Que entre la sombra que el espacio poek' 
Nada se vé del firmamento azul. ' 

En un salón henchido de Tiquea 
Un inmenso cercando aparador 
I.OS vasallos están de mas noblca 
Que el rey Don Juan entre su o6rte hiDÁ. 

Acogotando allí bu envidia toda, 
Damas é hidalgos en el real fesUn 
Brindan y cantan á la ansiada boda, 
Mal recatando su despecho asi. 

Suenan las copas y las arpas snenu 
Con largo y libre inteiminable toa, 

Y el aire denso y perfumado Ucmii 
De blando y ronco y desigual rumor. 

Al lado Ibañez de su linda espoea 
Ebrio de amor y de ventura está, 

Y cuanto admira la beldad de Rosa 
Crece en el pecho su amoroso afín* 

Toda su vida le parece un sne&o, 
Entre cuyos vapores nada vé 
Mas que el camino que tras largo €t$ék 
Le trajo de esta noche hasta d eiki> 

Rosa se muestra como nunca bella 
Cual nunca Ibañez por azar la vio, 
Aunque hoy encuentra perspicaz McBi 
Algunas galas que la van mejor. 

Halla en su rostro la espresion indotí 
De una vaga ilusión de otra moger, 
Con cuya oculta realidad no aeisti 

Y cuyo tipo conoció tal vei, 

A veces piensa que la fax de Roa 
No as de su Rosa la continua fu i 

Y aun le parece que su Árente bcnHi 
Muestra á intervalos palides OMitaL 

Pero es un sueño ; de la alegre IMi 

Y de los brindis los efectos toa : 
Mas su cariño á su ilusión se pniti 
Crece con ella el fuego de sn amcr. 

Aquella misteriosa semejania 
Mas le contenta y satisface mif ; 

Y aunque ebrio acaso la raaon as 
Hoy como nunca satisfecho está. 

Cesó la fiesta : libre el aposento 
Todo en desorden por final «piedá, 

Y ambos á paso vacilante y lenta 
Van del placer y de la dldia m y» 

Ya era alta noche. Por la densa nidili 
Cruzaba apoias tan dudosa luí ■ 

Que entre la sombra que el eipidoftfikr 
Nada se vé del firmamenlo anl. 




SEXTA PABn. 



IS 



CONCLUSIÓN. 



8 de las miradas 
titud curiosa , 
iosa ó imprudente 
Qdo aplaude estorba , 
»o retiro 
Ibañez y Rosa 
08 platican 
r de su alcoba, 
'ece cual nunca 
i y seductora, 
cabello y los lazos, 
de las Joyas. 
brazos la aduerme 
i amorosa, 
lunca embebecido 
cantos que adora, 
lencio le mira 
imas le borra , 
lor y de esperanza 
rpados le brotan. 
t>io8 encendidos, 
I borrascosa 
turba el licor ardiente 
>ore9 le embotan ; 
ósculos tiernos 
lo la abrasadora 
( labios , le besa 
da y ruborosa, 
la de seda 
-a cubre la alcoba 
( profanos ojos 
i voluptuosa : 
a luz de una lámpara 
vidada, traidora, 
dibuja en ella 
restos , las sombras, 
de amor y esperanza 
1 modesta esposa 
no blanco sueño 
tpre en la memoria ! 
íiez , y\ye Dios 
ó su vida toda, 
res y sus cuitas, 
lor y su gloria. 
las pasado en su mente, 
mir no ambiciona : 
por esa noche 
mistencia á Rosa ; 
in frío Involuntario 
;uerpo aprisiona , 
n sepulcro pudiera 
sele la alcoba, 
veces mirando 
de la que adora 
amar dentro de eUot 



Alguna imagen diabólica. 
Alguna vez embriagado 
En su risa encantadora , 
Creyó que los labios puros 
Tomando distinta forma. 
Mostraban por un momento 
En negra ilusión dudosa 
De un monstruo desconocido 
La áspera y sangrienta boca. 
« ¿Qué piensas , Ibañez mió? 
¿ Qué mal , dime , te acongoja, 
Que vas el color perdiendo? » 
Dijo al esposo la esposa. 
Al contemplarla el semblante 
Su espanto y asombro doblan ; 
É Ibañes con ambas manos 
Entrambos ojos se frota. 
Ella tomó á su pregunta, 

Y él á su silencio toma , 
Como quien tiene delante 
Un espectro que le acosa. 
«¿Que sientes? 

— ¡Ohl nada, nada; 
Mas la vista se me borra , 
Los objetos me vacilan; 
I Cielos ! ¿ qué es aquesto , Roea? 

— ¿Qué dices que no te entiendo? 

— I Ah 1 ¿eree tú , niña ? perdona : 
Mas I tal vez mi fantasía 

Se me está volviendo local 
No sé porqué , mas el miedo 
Que de mí se posesiona... 
Oh , ciégame con tus labios , 
Ven á mis brazos , ¡oh Rosa I » 

Echóse en ellos la niña , 
Ansioso Pedro abrazóla , 
Mas al tocarla dló un grito, 
Como quien espinas tooa. 
« I Quemas ! » la dijo espantado ; 

Y soltándola en la alfombra , 
Se miró el triste los dedos 
Con que sostuvo su forma. 
Ella sc^ia diciéndole 

Con sonrisa seductora : 
« ¿Qué tienes , Ibañez mió , 
Que cuanto dices me asombra ? » 

Y él con ojos aterrados 
Continuaba en su congoja, 
Contemplándola sin habla 
En convulsión espantosa. 
Al fin con hondo cariño 
Ella las manos le toma , 
Diciendo con voz mas suave 
Que el murmullo de las hojas : 
« Amor mío , vuelve en ti ; 

Yo soy, mírame , tu Rosa , 
Tú me lo has dicho, {almamlal 
Soy tu amor, tu Dios, tn gloria, i 




116 



COMFOflCmilES NfERSAS. 



Sonrió apenu Ibaftei 

Y medroso preguntóla t 

• ¿We sonado , no es verdad f 
Tú me despiertas ahora. 
—Sí por cierto, esposo mío t 
Tú me has dicho tantas cosas... 
Tantos delirios... que casi 
Temí contigo estar sola. 

— Oh sigue, sigue... ¡qué dulce 
Me suena tu toi hermosa 1 
Sigue. 

— ¿Quieres ^ue te cuente 
Para adormirte una historia f 
— Sí , si , dime cuanto quieras 
Con tal que tu acento oiga. 

— Pues escucha , que tal vei 
Se disipe tu congoja. » 

Ibaficz , como quien sale 
De pesadilla penosa , 
Su voz escuchaba atento 
Suave, argentina , sonora , 
Sin acertar á entender 
La sensación dolorosa 
Que un momento antes le bada 
Su presencia encantadora. 
Él recostado en el lecho. 
Ella á su lado en la sombra. 
Esto á Ibañes le decía 
Risueña y voluptuosa : 

Ka nn toico paeblMlll« , 
Aunque no mciierdo donde, 
VlTia na hurón 6 na conde, 
Qne es Iffoal , en ra cistlllo. 

En Mtepneblo tlrit 
Une tillaoi , leh bermoMI 
La reina mas orirnlloH 
Por ella f» trorarlt. 

Rom . como jo me IUb«, 
La Tillana se llamaba , 
T nn pobre bldalfto la amaka 
Tinto oomu yo te amo. 

Ibaficz en su embeleso 
Dulcemente sonrióla, 

Y be8!indola en los labios 
Siguió la niña su historia* 

viola el barón cierto dli , 
T á1 contemplarla lea bella 
Cleiro de amorea por ella 
Solo por tn amor vlfia. 

Projiliro la reiraló , 
V tal tn earlRo toé , 
Qne por prenda ip nté 
Sn roano la prometió. 

Ella arara ó Inconstante 
CasóM al cabo con él. 
I Foé nna nocbe bien cruel 
Para el olvidado amante ! 

Efle lieRÓ de la boda 
El mismo día anterior ; 
Alas le prestó el amor.M. 
1 Vana dilliencia toda! 

De sn Tentara testigo 
Mo «I llaraado m dualt 



Ho halló part i 

Vb partéate ni «n amigo. 

A estas palabras ll^afiez 
Embebido Intamimplóla : 
— Tu voz me encanta , mi 
Que ea triste ese cuento , 
— Oísele' á un peregrino 
En una sentida trova ; 
Mas deja que le le cuente 
Porque es muy linda la h 

Deepaehado «a am aBlaali 
Maldiciendo ao fortaM, 
DeJ^ la aeau iBpartaaa, 
T abaadoMBdo al aalaa , 

En qoa 1«m kriadia dabU 
Bajó en ra alian aaMraaa 
A llorar al ^é dal fooa 
Lo q«a an la lorra raal^i 

Era ana aocha aaraaa • 
En que la briltaata laaa 
Reflafaba •■ la laiaaa 
Con la laa da aaato naat. 

Todo aataba aa inlartad 
Velado ea rapor ooofaaa, 
Qaa aa toda al lavtorMfa 
Hoellaa da aatartlfdad. 

Harria al rio á lo laKt. 
Medroeoal flaato aoaafet. 
V el aire aa paae vibraba 
Dal aaaa eoa loa ratafaB. 

El necro y alto ea^üla 
Alia en la aooibra aa fia 
Del blaaeo fanal «aa bala 
Al resplaador aatrilla. 

Y ana ea Barvaila lalHi 
Lanun saa roja» TaalaBaí 
Las caaUf as qaa ptataaa 
Hespirá la baaaaal. 

Ana paada oiraa porallM 
Coa el brladia del baraa 
El roBca y diaeetda ida 
Del Tino y da laa qaafailia. 

T taa Tldrloa da colefai 
Radian ea la lobrasaae 
La aoTibla brlllaalaa 
De focacaa reaplandarti. 

El amanta dasdeSado, 
Sta podar coa ea doler. 
Paaaé aa ea asarfo firer 
Ea Taraa al naaoa rsajaia 

« Por eaa braie placer, 
» Eaclamó . diera al laierae 
• Caaaio Dloa paaa de eiaBí 
» En Bii daapiaulabla lar.* 

Tembló pavoroso Ibafia 
A estas palabras 4e Roa, 
Palideciendo al Impulso 
De una sangrieata menorifc 
Y ella con triste sonriía 
Entre doliente y sardAoiei 
Siguió , á los oíos de Iluta 
Cambiando su imagen pnfi 

Aaanarllataraaia 
Dia qaa al iaSaraa la dM 
Por la alma qaa la laa^* 
Uaa raaiaaaa da toaia. 

La larra Sai '— 





ttXTATiltM. 



iir 



fMfiMa d§mn, 

»ta «oclM hará 

»tlllOM ItMBdid, 

la al ftlta 416 , 
■edUodoM aaú. 

ito ! » clamó Iba&ef 
'pcchada y ronca, 
se del lecho 
1208 de Rosa , 
»to? ¡la luz me (Uta, 

? mcftofoca ! » 

c la ventana 
tiempo las dos bojaa. 
ponto por ellai 
pgra, espantosa 
ida inmensa 
el suelo y la bóteda. 
puerta y en yano 
sacudióla; 
I sujetaba 
poderosa. 
>lado y triste 
allá en la alcoba 
I sobre el lecho, 
fuego á las ropas, 
on horrible 
vacilante forma 
1 par su con tomo , 
«trtjo y mitad Rosa i 
' la ardirntc llama 
erla cóncava : 
tera y vida media I 
tengo toda , 
rnn de vida, 
'diándose ahora, » 



sO Y LA MAGA. 

fantasía. 



Sñ es el alba de latida, 
ad de la ilusión, 
*\ alma adormecida 
etud y de ambición! 

rive alegre y sin recelo, 
i lejos del pesar, 
tro débil l)arqulcfaaelo 
a por el negro mar! 

I pensar en quien nos hizo 
ido y su placer traidor, 
I dia tanto beehiio 
i Dodie sin tfloior. 



Que es el nlfto atrefldo marinero 
Que al mar se lama si inetperto , audaz i 
Satisfecho con ver como ligero 
Va por las ondas su batel fugaz. 

¿Qué le hnporta el murmullo de la brisa 
A quien sigue tal ves el aquilón? 
Navegaré, se dice, mas aprisa 
Del blando viento al compasado son. 

¿Qué le importa que el agua se alborote 
Tormentosas alzando olas sin fln? 
Irá, se dice, mi estraviado bota 
A dar como el que dejo á otro Jardin. 

¿Qué le importa que bajen las tinieblas 
La noche desplomando sobre el mar? 
Él dice : cuando pasen estas nieblas 
Ya me vendrá otro sol á despertar. 

¿Qué importa que en espejos quebradizos 
Hiervan los lomos del gigante aznlf 
Él mira en ellos sus flotantes rizos 
De la neblina entre el espeso tul. 

¡ Cuánto es alegre la ni&ez sencilla 
Que en el bajel de su inocencia va i 
Libre y segura sin perder la orilla 
Del mar que al lejos rebramando está! 

Duelos, dejadme que los lindos sue&os 
Loco recuerde de la edad pueril. 
Que mire de la vida los empeños 
Desde su verde y delicioso ¿brú. 

Dejad que vaguen mis cansado! ojos 
De árbol en árbol y de flor en flor. 
Del sol brillante á loa destellos rejos 
Que al universo dan vida y color. 

¡ Vida 1 Blaneo y risueño panorama 
Para el que naee en virgen llusiottf 
Desierto dó etemal el cierzo brama 
Para el que lanza en él su corazón. 

{ Vida ! Fantasma bello y mentiroso 
Cuanto halagüeño en tu ilusión, btal, 
Yo miraré con ojo receloso 
La luz de la bntástico cristal. 

Cantaré tos astériles placeres. 
Y entre tna flores eseondlda red 
La loca tenlaelon de tus mngeres, 
Corrientes que no templan nuestra sed. 

Que si nacemos á la amarga vldt 
Riendo lo que habemos de llorar, 
Yo quiero mi existencia dolorida 
Gozar llorando y mi dolor cantar. 

L 

Es una -bella aurora 
Freasa , parpúrca y elars 




COMPOSICIONES DIVERSAS. 



En que va monnurando 
Por la floresta el aura. 
Las hojas estremece 
Con las sonantes aUs , 
Cruzando fugitiva 
Por una y otra rama. 
Ya por el blando césped 
Silenciosa se arrastra , 
Robando sus perfumes 
Al tomillo y la grama. 
Ya en tomo de los troncos 
De las encinas altas 
Columpia en sus cortezas 
Las ramitas enanas. 
Ya de la limpia fuente 
En la repleta taza 
Arruga, trenza y riza 
Los hilos con que mana. 
Es un jardín florido 
Henchido de fragancia 
Que á par enriquecieron 
Con afanosa maña 
Naturaleza fértil 
Con su silvestre gala , 

Y la incansable industria 
Con su rica elegancia. 
Aquí por los linderos 
Las violetas moradas 
Matizan de los céspedes 
La vivida esmeralda. 
Allí de clavellinas 
Entumecida mata 

Sos Infinitos hijos 
A sostener no bastí. 
Allí las anchas rosai 
Su pabellón de grana 
Estienden afrentando 
Las azucenas blancas. 
Allá el cárdeno lirio 
Se eleva con audacia 
De azules pensamientos 
Su raiz tapizada. 
Mas lejos un geráneo 
Que aroma el aura mansa 
Envidia á los renúnculos 
Las tintas soberanas. 

Y allá entre sauces verdes 
Que humedecen las aguas, 
Entre sonantes hojas 

Y retorcidas varas , 
En cargados racimos 
Madreselva olvidada 
Convida con sus flores 
Amarillas y blancas. 
Ni faltan en macetas 

Y trasparentes jarras 
Pomposos tulipanes 
Que 8|i8 capullos rasgan. 



Sobre éUoa coldadosos 
Tienden sut hojas ancl 
Los fértiles naranjos, 
Las corpalentas hayas. 
Hay en su hosquecUk 
De mirtos y de acacias 
En nna plaoetaela 
De rosales cercada. 
Una anchurosa fuente 
Que en tomo se demn 
Está el pilen colmudaí 

Y en medio se levanta 
Sobre dos piéa de Ja^ 
De alabastro una taaj 

Y mil viatoeos peoei 
En sn remanso nadan, 
Que asoman atreridoi 
La fhgitiva espakia. 
Se escucha desde k;|oi 
La músioa liviana 
Con que munnnmi I01 
Las revoltosas agnas; 

Y en su cristal inqoidc 
El sol que alombia d al 
Saliendo reverbera 
Con lux tomaaolida. 

Sentado en las oKfllii 
Por dó la linfa dan 
Desde la limpia ftunl» 
Bullendo se derraan» 
Deshojando unu flora 
Que el arroynelo antita 
Miraba el niño Adoifi 
Como las lleva digDi. 
Su imagen la oüiriaili 
Trémula le retiiU 
Ix)s ojuelos alegres, 
Las manitas neradaí, 
La blonda cabeDen 
Tendida por la cqpaUít 
La furente ruborosa 

Y la sonrisa eánddi. 
Soñaba desvelado 
Inocentes Cantaimis 
Que á la niftei üainfJ i 
Espléndidos halagn; 
De esos delirios pnns 
Que ftigltivoa pasan 

Y aduermen loa ioAÜi 
Sin que loa aioita «iiii 
Uusionea magnífiflaa 
Con cnyaa aombiaa aál 
Los goios se deabaoaa 
*^ nr^stra breve intai 

ladennante 



Vi 



ilre lian an IM 
riataoo Énfav 1 




SEXTA PARTE. 



IM 



aracenas 
oronada, 
n ricos pliegues 
ra blanca , 
tre los mirtoa 
[>8a planta 
I dichosa 
enandanza. 
m sus tallos 
aérea pasa 
1 y enderezan 
)ma exhalan. 
1 tomo suyo 
3ra Yaga , 
i hojas Yerdes 
( esparrama. 
selascopaSy 
ores cantan, 
s arrullan 
as cláusulas, 
ios jardines 
la maga 
ventura 
id colmada. 



ano de Adolfo 
césped descansa , 
ia tan hermosa 
aios se lanza, 
zos la coje , 
ente casta, 
as se mira 
isa se embriaga. 
10 le estrecha , 
le regala, 
Ire afanosa 
nante hermana ; 
signo de albricias 
erdido que halla , 
se alegra hallando 
vidir sus galas, 
sonrio 

:uello la abraza, 
su hermosura 
conflanza. 
dolfo, le dijo 
la maga : 
-as conmigo 
;o una morada 
sntes y flores 
ly galas : 
ios de oro 
I en montañas 
no lejano , 
tfi«ficta llaman, 
ierto que eres rica ! 
naginas es nada ; 



Todo el universo es mk). 
^ Pues ¿quién eres?— La Esperansa. 
— ¿Y estarás siempre conmigo? 
— Iré siempre donde vayas. 

— Pues vamos donde quisieres. 

— Sigúeme, pues, que ya tardas. » 
Siguióla contento Adolfo , 

y á una seoal de la maga 
De aquella anchurosa fuente 
Dividiéndose la taza. 
Tomase en un canastillo 
Que se columpia y resbala 
De un claro y tranquilo rio 
Por sobre las ondas mansas : 
Y entrándose confiados 
En tan vacilante barca , 
Dejáronse Ir sin recelo 
A los caprichos del agua. 

U. 

Audaces surcando las aguas serenas 
Al lánguido impulso del aire sutil , 
Tocaron opuestas las limpias arenas 
Que el rio aprisionan al otro confln. 

Posaron la planta donde ancho camino 
El paso les abre de vasta región. 
Que pródigo y rico regala el destino 

Y espléndido viste de ocioso primor. 

Alli en los linderos , vistosos jardines 
De cuyas florestas el fin no se vé 
Empiezan , y orlados de azahar y Jasmlne 
Alfombras de flores encuenlm uia plét. 

La luz es contttQt^ de un alha rosada 
Que presta al anfl>i(Sttte purístmo asul, 

Y un zéflro el aire enya ala aroinada 
Refresca la tibia iluskm de la luz. 

Do quiera en las hojas del árbol florido 

Se siente escondido 

Al mirlo trinar; 
Do quiera en la yerba menuda se sienta 

La rápida fuente 

Saltando brotar. 

Do quiera volando sutil mariposa 
Columpia una rosa , 
Sacude un clavel , 

Las alas ufana mostrando á las flores 
De ricos colores 
Pintadas también. 

Do quiera arrastrando su casa con pena 
Sobre una azucena 
Se vé al caracol , 

Que tiende los ojos al sol generoso» 
Pidiéndole ansioso 
I Consuelo y calor. 




190 



GOMPOSIGIONES UttRSAS. 



Do quiera en lu nmaa eolgada la oraga 
Sacude y arruga el sonoro cristal, 
Que en claros espejos, ó en líquidos hilos 
En lagos tranquilos posándose ta. 

Do quiere en las ramas del álamo verde 
A lo alto se pierde en movible ilusión. 
Meciendo la bella oropéndola el nido 
Que anima tendido benéfico el sol. 

Desplega pomposa i la luí con que brilla 
La pluma amarilla, 
Que ostenta fugas , 

Abriendo esponjado y en circulo rtoo 
El triple abanico 
Que tiende al volar. 

Aquí no se encuentran ni sauces llorones , 

Ni en lúgubres sones 

Agita el ciprés 
Ia, fúnebre punta , cual hacha mortuoria 

Que alumbra ia historia 

Pasada de ayer. 

La espléndida lumbre del sol no se apaga ; 

Sin término vaga 

La brisa sutil ; 
La noche carece de sombra importuna, 

Ni deja ia luna 

Jamás de lucir. 

Del mar á lo lejos se siente el murmullo 

Cual lánguido arrullo 

Del aura no mas , 
Cual banda de plata que el puro horlsonte 

Tendió sobre A monte , 

TapU de crlatal. 

Allá en sos amenas tendidas riberas 

A dó pasajeras 

Se van á perder 
Las ondas sonoras » en tiendas de armiiíos 
' Tan sólo los niuos 

Alegres se ven. 

En laaboa de rosas ^jazmín y claveles ,■ 

Bajo almos doseles 

De plumas de luz. 
Reposan tranquilos sin noche ni día 

Sin miedo á la impía 

Desdicha común. 

No acosa so mente recuerdo pasado , 
Que solo han gustado 
. La dicha y placer, 

Porque es la ribera del mar de la vida 
La casta, florida, 
Tranquila niñez. 

Gn ella oooüenza dichoso el camino 
Dó puso el destino 
Tras linde felii, 



De nuestra existencia tristisln 
El árido y vago 
Desierto país. 

{Oh! cuando dormimos al pié 
Es todo fortuna, 
Deleites y pai; 

El día es tranquilo , U nodwí 
La selva es ama 
Frondoso él boi 

Las lágrimas puras qne siixn 
Acaso diviertti 
EnveidedstaB,. 

{Vereda dichosa! iPortadiia 
Por dó eotft «1 
Ladolcenflal 



Adolfo y la maga cnuabiB pfl 
Y el nifto tan k 
TÉn liana la lüB 

Que andaba embdMdo de on b 
Gustando la frit 
Doblando la te. 

Ya el vuelo seguía de pájsroi 
Ya el ala brillante de inieelsi 
Ya el curso sonoro de Inaalel 
Que rueda dd sueben fllvn 

Saltaba y reia sin pena ni m 
GoiabaBiiis i)i 
La alegre tM« 

Sus tiernos sentidos la imel 
YelaónqMi 
Delann 



Vagaba contento : ¿qaé lapof 
SuInftHNlalin 
Lanagnvwiiii 

¿AquépreguntariaP-Hafl 
éAqaéconnq 
Qnanrdsspnli 



Larutasigniendo, loa 

Ulna, las lili 
Uegabnattí; 

Ya el sol es ardiente» mmé 
Nohi^yaim 
Plantel ni J«« 

Al paso qne avanim por olía 
Detnadeqñka 

La alegre latfM 

Sentía en el pedió ^oaaa^i 

Cobraba pwni 

nmuHij-iIlBi 

Lamagaa miB|agatoB|i 
rentáis htA 
▼aSMdotÉHd 




SntA FASTB* 



191 



non conlloniie addaiita , 

jando 8u planta 
tras la nlñei. 

in. 

sitio eseste^ieñora? 
? que si no 
s , ya es esta 
gion. 

■imM,aliii,A4ollto, 
flor, 
caduco, 
jetó. 

i alcázares de oro 
eitedor, 
gados , 
uyos son? 
emperatrts heriBost 
el sol, 
domíDlos 
ni dolor. 
« festines 
a al son , 
placeres, 
1 amor, 
y tan rica 
a y su ambición 
en coto 
ivor. 

n cortesana , 
Ha no hay dos , 
piiennoatropelle, 
MMnbró. 
irlos fueron 
en redor : 
• — dijo ansiosa 
e asentó, 
nsensata 
ifador, 
y la vida 
irtió. 

ntas hermosas 
ibos en pos, 
> y ociosos 
os halló, 
palacios , 
msa estension , 
les canten , 
ito olor : 
tanto lujo 
:ion, 

ly pedidme, 
ü , yo soy dios. » 
lien es tan atrevido 

resisle 
sel^nalóf 



Jío^fl. LilmrsiiTOB. 

Adolfo. \ Dama ilustre ! 

Envidiable eo su favor. 

Maga, ¿h^ sirvieras? 

Adolfo. \a adorara. 

Maga. ¿Faeras su amigo? 

Adolfo. El mejor. 

Maga, Pues alguien hay que pudiera 
Concedértelo. 

Adolfo. ¿Quién? 
, Maga. Vo. 

Adolfo. ¿Quién eres, qjne tai poder 
Aleanias? 

Ma§m* 8« hermana soy : 
Que JuvE!(Tva y Espemjiza 
Nacidas á un tiempo son. 

Adolfo. Pues lleguemos al palaelo , 
Porque ya simito por Dios 
Por sos ilustres favores 
Perdido mi corazón. 

Maga, ¿Esperas vencer? 

Adolfo, Espero 

Que he de aonqnlstar su amor. 

Maga. Bien haces en esperar. 
Puesto que contigo voy. 

Dio Adolfo el brazo á la maga, 
Y ambos con paso veloi 
Doblaron hacía el palaeio 
En coloquios de ambición. 



Do qulefi e& sn sacro recinto se ola 

La ronca alegría 

Del ioco festín I 
Los besos y brindis que en lomo w eihalan 

Al alma regalan 
Con música dulce, esperanzftielix. 

Las bóvedas altas de perías vestidas 
Dó están suspendidas 
Centellas de sol , 

Duplican del día la luz trasparente 
Enancho torrente, 

Vertiendo en las salas cainbiante color. 

Los ricos tapices que ocultan los muros» 
Remedan los puros 
Espejos del mar, 

Sutiles dejando á través de sus hilos 
Mirar los tranquilos 

Reflejos del muro de limpio cristal. 

Dó quiera la rosa , el clavel , los jacintos , 
En lazos distintos , 
En cifras de amor, 

Anuncian orlando las blandas alfombrts, 
Las mágicas sombras 

Que al boadm adnkndo, le siguen eo pos 




193 



COMPOSlGIOlfESjnpnSAS. 



Amor dice en esta , en aquella Fortufia^ 
Valor dice en una 
Y en otra Amistad: 

Placer dice aquella , y esotra Riquexa, 
U»8\e\08 Bellexa, 

Ventura en aquesta , Virtud mas allá. 

Do quiera repiten los anchos salones 
Ardientes canciones 
De gloria y de amor ; 

Y alli en los clarines , allá en las botellas , 
Con cláusulas bellas 

Acaso acompañan el báquico son. 

Allá en los secretos de oculto retrete , 

Del ancho pebete 

Al humo fugaz 
De lindas mugeres que están voluptuosas 

Sonando amorosas 
Las notas se escuchan de amante cantar. 

LoB labios hierven en besoe , 
QaemiDduM están de sed ; 
▼enid i templar sn hornera. 
No hay mas reoompensa ni IMm qmiI placer. 

¿Ti <nié Dios m»t podereeo 
Acudiréis qne el ABorf 
Apniad , pnes . sna deleltét , 
Qne fnem de elloe no hay DIof. 

i Cómo insistir la kerlda 
De sn i>allcsta entüff 
Teñid k beber deMlOi 
Basta embrlaganM , f wM. 

Los labios hierven mi beeoi , 
Qne mfcodose están de sed; 
Teñid á templar su hoguera , 
No hay mas recompensa ni Dios que el placer. 

Al son de las lanzas y trompas de guerra 
Que asordan la tierra , 
En estenso salón 

Se sienten los himnos ardientes de gloria , 
De noble victoria 

Que entona el soldado con áspera voz. 

Bajad al campo sanrrlento , 
Solo la gloria está allí, 
T sin f loria y sin lanrelee , 
i Qnién es el imbécil qne acierta A Tlflr f 

A amar y á lidiar nacimos , 
T sin trlnnfoi, i cómo amarf 
i Qiué llevar sino en ofrenda 
A los plés de nna beldad f 

Si amor corona la frente , 
Mnestras batallas Umblen ; 
Sns coronas son de rosas , 
T las nnestras de lanrel. 

Bajad al campo sangriento. 
Solo la gloria esiá alli , 
T sin gloria y sin laureles , 
Quién es el Imbécil que arierla á vivir. 

Mas lejos en otra morada hechicera 
Dó el sol reverbera 
Con lumbre tenaz , 



Bé IhHB las perlas los largos 

Los ricos topados 

El Jaspe y él oro, la seda y crii 

Se atante el tumulto de báqaic 
Que en cantiga in 
Discorde clamor, 

La mesa en desorden, mandw 
Al son de las copí 

Rameras levantan , sin ahna j 



JmULi la fiMia aa m 
ABMrata Sastaa,«4aéaef 
nindo A iMTéa da na vaaa , 
El amado Sa al a r to paftea uUi 

Taaoa la ilarra «■■ vlaa 

Imbriatai'oa k aanaar, 
Taaot al taaplo 4a iHa 
En I6briea bacaaai. 

Mohay ana altar qaa la bmí, 
No hay bmn Moa qw» la 
El vino eoafaada el lliMpí , 
El osorlr coa al aaear. 



Gnaado aaamoa 
Mendigo ó rey , ¿ qmé 
Todos hehemoe aadiaaiaa 
Arroyos de libertad. 

I Qoé dnices soa 
Empapados de licor ! 
I Qoé sabroaosB 
T qoé inmenso el 



BMdlt 



Venid ; la rlorla aa aa i 
Amor sin fleetas , ^faé nff 
Mirado á través da ■• faM»(' . 
El mando daalarl* HMNpi 



Allá en otra estancia dé vW 

Lejana, 

La vos 
Cantor Instigado del Dlos^ 

De eóneif» lüt 
La suya levanta al aeoídscH 

Amor y floria ala 
Son nn espejo sla lai , 
Solo los cantos ao ai 
Bailando ea al 




Venid A beber sadli 
Los nádalas dal 
En sns márfeaes aa eagas 
Lu coronas 4a laaraL 



El paehlo escacha al L 
Venid , reñid al caator i 
4 Qué es el amor al la glaili 
Sin la deaela y la rawat 

¿Deqaéos Tala4i 
Ese mlserabla «Caá t 
SI no los canta aai Iba, 
¿Quién os los ha 4a 

Amor y florla ala 
Sonnnesp^OBlalaa, 
Solo los cantos ao 
Bailando en al ctaw 



Adolfo indc o consigo tadisl 
Sin tino Tii&lia 
DetnsdelplMC 




SB6TA PARTE. 



193 



alante y ansioso oorrlt 

ruzando la orgia, 

odo , el amor, la embriague! , 

a « ¿ Dó estás, di, muimuray 
Altiva hermosura , 
Falaz juventud? 
k'eo , siguiéndote avanzo , 
Mas nunca te alcanzo... 
1 tu busca , y buyéndome tú I 

peranza , mi fiel compañera , 
I Dó está esa altanera 
Cobarde mugar! » 
je , mas no le responde : 
¿ Porqué se me esconde ? 
• La maga repuso : « No sé. > 

>ntini. ¿ Me engañas, traidora , 
Me mientes ahora 
Que la amo por íin? 
or ella tras ella camino... 
¡Fantasma divino, 
ensato , después que te vi ! » 

IV. 

rápida carrera 
mtística Vision, 
ontecillo en la ladera 
ido se sentó. 

por estrecha calle 
na á trasponer, 
mitad un triste valle 
iÚJUí sienta el pié. 

agatodavia, 
la y cariñosa está , 
día que al piloto guia 
I peligros de la mar. 

cilla vestidura 
tarde á la merced , 
su mirada pura 
i que delante te. 

pálida neblina 
vez á distinguir 
ȇ 011 informe ruina , 
[ue salpican el pais. 

ciudades desoladas, 
esquelrto humea aún , 

»n e.s{>e!ia^ bocanadas 

ú iimiamento azul. 

!8 , ni palacios , ni verjeles , 
amena soledad 
e jacintos > claveles 
n con alegre afán. 

Mtériles palmeras 
ir aqui y alli. 



Y agallas surcan libres y altaneras 
El hueco de la atmósfera sutil. 

Aun se sienten , perdidos á lo lejos , 
Los himnos de la alegre juventud , 
Cuyo alcázar se ofusca en los reflejos 
De una impotente y moribunda luz. 

Todo es verdad allí , todo se ostenta 
Sin ilusorio engañador cristal : 
Por todas partes sin temor se asienta 
La rebelde y desnuda realidad. 

« Las fuerzas , dijo Adolfo , me abandonan , 
Llena de sombras mi memoria está ; 
Dame el brazo , Esperanza : en mis oido^ 
Esos cantares tentadores van. » 

Y era asi que á pedazos por el viento 
Llegaban en sonora confusión , 
Ya el mentiroso ó el blasfemo acento 
Del placer, de la gloria , ó del amor. 

* Lm labio* hierren aa betoi , 
QoMaáBdoM esUn do Md ; 
VenM 4 UBpUr •» hogocra . 
Mo bay na» recompeuM al Moi qae al plaetr. 

— Bajad al caapo aaBfriflnio , 
Solo la f loria aaUalU , 
T tin f loria y ata lawaiti , 
iQaiéa ea al Imbécil qat telarla á vivir 



I 



— venid ; la {loria w ■■ 
Amor ata Beaiaa , i qué aa f 
Mirado a tnT4a de an vaao , 

n mando detierto parece nn lEden. 

— Amor j gloria ala fama 
Son na esprjo lin Int , 
Solo los cantos no maarSn , 
Bailando en el cieno aajpnlcro comna. 

« ¡Oh cuan felices son en sus placeres , 
» Ellos cantando , y sin aliento yo ! 
» Fiestas alli, cristal , oro y mugercs , 
a Y aquí conmigo soledad y error. » 



V. 



Adolfo, ¿ Dónde estamos , Esperanu f 
Maga, Selva es aquesta que ves 
De razón y de recuerdos. 
Adolfo, ¿Tiene nombre.' 
Maga, La Vejez. 

Adolfo, ¿\ aquellas alegres damas , 

Y aquel palacio , y aquel 
Festín espléndido y cánticos 
De ventura y de placer? 

Jío^a. Allá quedan. 
Adolfo, ¿Y la hermosa 

De que un Instante gozé 

Y tras quien corro insensato? 
Maga. Allá se queda también. 
Adolfo. ¿Con que por ün la he perdido? 

¿Con que en verdad la soñéP^ 

i% 




19i 



COMPOSIGIOHBS 



Maga, El pcnegutrla es perdote , 
Que es venlad , é Ilusión es. 

Adolfo, ¿Mis aiiiij$os? 

Maga. Allá quedan. 

Adolfo. ¿De mis soldados que taéf 

Maga, Allá quedan. 

Adolfo, ¿Y mi gloria , 

Mis timbres? 

Maga. Allá también. 

Adolfo, ¿Con que todos me dejaron? 
¿Qué resta en lu vida pues? 

Maga, Tu Esperanza está contigo , 
Siempre acudiéndotc flcl. 

Adolfo. Tú sola no uic abandonas. 

Maga. A tu lado siempre iré 
Alumbrándote el camino 
Que tomastes al nacer. 
Reposa y vamos. 

Adolfo, Me canso. 

Maga, Yo la mano te duré. 

Adolfo. Dame un manto, tengo frio; 
Agua dame, tcní;o sed. 

Maga. Vamos á buscar la fuente. 

Adolfo. ¿Está muy lejos? 

Maga. Tal xet. 

Adolfo, ¿No tiene &n el camino.^ 

Maga. Sí. 

Adolfo, Pues vamos. 

Maga. Tras mi ven. 

Adolfo. \ Oh cuan distinto , Esperanza , 
Este camino es de aquel 
Por donde yo te tendía 
Mi brazo ligero ayer I 

Maga, Lo que pasó no recuerdes , 
Mirando adelante vé. 

Adolfo. Solo de recuerdos vivo. 

Maga. Olvida. 

Adolfo, No puede ser. 

Asi con cansado paso , 
Ya caminando tal vez 
El hombre , con su esperanza , 
Eterno sol de su fé. — 
Y asi , la maga y Adolfo , 
Ya el dia al oscurecer, 
Caminan hacia el desierto 
De la arrugada Vejez. 



Tristes y á espacio caminin , 
Al crepúsculo del sol , 
Por medio de un campo estéril , 
Sin ave , fuente, ni flor. 

Las cumbres están nevadas, 
Y en espantoso turbión 
Se oven bramar los torrentes 
Con honda y cóncava voz. 

Silva el cierzo entre las peñas 
Que ostentan en derredor 



RSAS. 

Entre la nieve i pedaioe 
En lastimosa ilusión , 

Allí una choia arruinada 
Allá un templo que se hum 
Mas ail.i un puente abrasad 
O un hendido murallon. 

Rastro del pew del tiem| 
Que fué pasando veloz , 
Descabezando en sat cresta 
Cuántas puntas encontrd. 

Áspera y postrer Jomada 
Dura peregrinacjon , 
Por donde nada se eneanb 
Amigo ó consolador. 

Apenas en loe esconhü 
De arroinadm poMMlOD 
Algunos pobres andanei 
Dan á la vida un á Dtoi. 

Apenas entre Im breaos 
Se topa un vkjo pastor. 
Que apacienta unos sanaán 
Que solo esqueletos mul 

Mas nadie sabe la bistoris 
De lo que allí vejete ; 
Todos lloran los recocrdoi 
De su propio corazón. 

Todos miran al risoaBó 
Alcázar encantador. 
Que al pasar por su dooiaí 
La Juventud lea matué. 

¿Qué delanf anaUíuianii 
¿ Qué lamentan? an valsr. 
Nada de cnanto geaar s n 
Al desierto lea siguió* 

Alguna vez aun delinn 
Con la balagüefia vlsloD 
De aquel palacio enontaás 
Que falaz les hospedó; 

Pero al pensar en lesort 
Que el deleite aeduelsr 
Les murmuró en los oidss 
En soñada predicción , 

Doblan al suelo la tatto 
Con incrédulo dolor, 
Diciendo al Ir su winun a : 
¡Mentira! todbpútá. 



Asi por entre la nieve 
Cruzando el desierto vas 
Adolfo y la maga en lenta 
Paso , por quebrado berfsL 

Cada vez mas se avednia 
A las riberas de nñ mar, ' 
Que al confln de aquella Úét 
Tendido en sllendo está. 

Es el agna tnibia , imosMi 
Cuyo fin se ptado allá 




•EXTA MllTE. 



192 



IOS de profuiHla 
le oscuridad. 
i(;nto al pasar la arruga , 
urnas do cristal 
fi modas arenas 
á desmenuzar, 
ipe conchas de nácar 
estensa soledad 
.aros los peces 
nte á respirar, 
ilcanza de la playa 
rdidu arenal 
una choza meitpiina 
'ha concavidad , 
wcrta desquiciada 
sa 7 desigual 
rpado sin ojo 
hada d agua está, 
do allí , «!• Adolfo : 
dOy Espeiipza, mas; 
s en esa ehoxa 
ento i descansar. » 
OQ ea la eahaíia 
>bil claridad 
alumbra todaYÍa 
isculo fugaz , 
m un ancho espejo , 
limpio cristal 
ó con espanto 
t>ra reflejar. 

quién es aquella Imagen? > 
t , en duda tenaz 
nemoria luchando 
lo la Yerdad. 
imagen es la tuya, 
¿cómo mi frente ya 
arrugada miro 
•itada mi faz ? 
ra ayer niño y hermoso 
, Esperanza, al dar, 
á desportar viniste 
til curiosidad ? 
onccs naciste al mundo, 
astillo en que audaz 
) lH>f:astes , era 
, Adolfo , no mas. 
risas do mis promesas 
ito á desear, 
te por ol camino 
:a vanidad, 
valle de la vida 
ido á atravesar 
msiles de flores 
08 de cristal. 



—I Ay ! clamó AtioKo llorando , 
Que no los pu( do olvidar, 
NI á aquella reina orgu llosa 
A^üBn ya no veré más. 

"Asi se pasa la vida 
En gemir y en esperar 
Lo que buscamos en ella , 
O lo que perdimos ya. 

Esta choza es una puerta 
De la oscura eternidad. 
Ese espejo es la raxon , 

Y la nada es ese mar. 
Todo aquí se desvanece; 

Nada hay delante y detrás. 
Allá se queda la vida , 

Y los deleites allá. 

Este es el punto' por donde 
Se descubre la verdad , 

Y aquí solo la Esperanza 
Aún con nosotros está. 

VI. 

PLEGARIA. 

t Blanca Ilusión 1 | benéflca esperania 1 
Triste y última luz del corazón, 
A cuyo tibio resplandor se alcanza 
Un mas allá en el hondo panteón ; 

Tú sola nos alivias el camino 
En que entramos al tiempo de nacer ¡ 
Nuestro amargo destino es tu destino. 
Siempre amiga te hallamos por dó quier. 

Delante deeseetp4<> misterioso, 
De nuestra nada m^ el eatenso mar, 
Aún vienes con semblaiiite cari&oao 
Nuestra seca razón á ooMolar. 

¡Oh ! tú nos doras la niñez tranquila, 
Enciendes nuestra ardiente juventud, 
I^ vejez nos sostienes que Taclla, 

Y aun ardes en el cóncavo ataúd. 

Sol en la vida, lámpara en la muerte. 
Siempre nos vienes asistiendo en pófi 

Y amiga flel , nos dejas al perderte 
Al pié del trono del inmenso Dios. 

I Sol de mi vida ! sin cesar oonmigt 
Mis lentas horas alumbrando ven, 
No apagues , no , tu resplandor amigo 
Mientras miaoláe en vigilia estén. 

¡ Lámpara de mi nicho solitario ! 
Baja conmigo al negro panteón , 

Y séanme los pliegues del sudarlo 
De sueño eterno santo pabellón. 




SÉTIMA PARTE. 



DEDICATORIA 

A MI AMIGO 

D. JIJAN EUGENIO HARrZENBUSCH. 



Mi querido Juan Eugenio , 
MI octavo tomo publico, 

Y al cabo te le dedico 

En holocausto á tu ingenio. 

Ye 8i contigo me porto, 
Un cuento te lie prometido 

Y un tomo te doy cumplido ; 
No me acu^riis de corto. 

Otros buscan con su obra 
Destinos ó protección ; 
Yo no grabo á la nación , 
Conmigo mismo me sobra. 

Mientras siga el editor 
Yersos y libros pidiendo , 
Iré libros escribiendo , 
Que lo tengo por mejor 

Que pedir ai poderoso. 
Mendigar del ignorante , 

Y r(N$ar al arrogante , 

Que soy yo muy orgulloso. 

Buscar un crítico enfático 
Que alabe mi obra no quiero , 
Que tan bien como el primero 
Puedo ser yo catedrático. 

Y á mas , para entre los dos , 
Los criticones de ogafio 
No nos harán mucho daño , 
Saben poco ¡ vive Dios 1 

No se echan muchas vigilias 
Hoy en críticos estudios , 
Tras poquísimos preludios 
Hoy de critico te Alias. 

Con ir un rae-s á París 

Y almorzar con Víctor Hugo, 
Vuelves y pones el yugo 
Literario á tu país. 

« ¡Las letras están fatales! • 
Vienen diciendo de allá. 



« Las artes.,. ¡ lásHiña da.' 
; So están en el Congo tales! 

¿ Pues los teatros? ¡ da fgrit 
¡Ni de tcUento hay deafcUos... . 

Y escriben comedias ellos 
Como maestros de esgrima. 

Tajo aquí , cercen allá. 
Ora á la regla, ora al gusto, 
Cada escena nos da un susto, 
Si calamljrc no nos da. — 

Y viendo al fin que no atina 
Por medio ninguno humano. 
Cortar el nudo gordiano 

Ex cathedra determinan. 

Con nuevas nomenclaturas 
Sus disparates bautizan... 

Y tanto la luí atizan 

Que nos dejarán á oscuras. 

Quien de la escuela modene 
Genio Innovador se llama, 
Barba, galán, page y dama 
Despacha á la vida eterna. 

Quien se dice de la antiuva 
En cánticos pobrccitos 
De la otra cambia los gritos, 

Y que da sueno averigua. 
Yo que tal veo , me digo: 

\ Tanto valen á fé mía ! 
Con que firme en mi manía 
De andar con entrambas sigo. 

En lo que no hago por Oioi 
Mas que con maña oportniía 
Tentar á la par fortuna 
Por cualquiera de las dos. 

A veces de sangre un rio 
Vierto , en situación acertM , 

Y á veces con una yerba 
Como un tonto me estasfo. 

Y en esto sin duda alguna 
Con sf?sudo estoicismo 
PruetM) que me da lo mismo 
Por las dos , que por ninguna. 

Sin embargo, de mi alan 
Me daré por satlsIlKlio 




SÉTIMA PARTE. 



i lo hecho 
capitán, 
le lo contó 
rlaraciones : 
as espresiones 
1 pueblo yo. 
i me pidas 
ompas , 
e no mas 
1 que le midas, 
tica y docta 
r se muere , 
quiere , 
e anécdota, 
lugenlo , un ardite 
bien ó mal , 
bra inmortal 
icredite. 

n lo que vemos , 
y mas siendo ajena, 
aício buena... 
nto , ¿ y qué hacemos ? 
silogismos 
) á deducir 
iscribir 

>sotros mismos, 
tre unos y otros 
ibro que ojear, 
lediar, 
losotros. 
i Ítem demos , 
, peores 
escritores 
edaremos. 
i es el placer 
'uií-d«cir, 
no escribir 
s han de hacer? 
, y lo confieso, 
;cribo critican , 
i se pican 
08 el hueso, 
va convencléBdome 
por de pronto 
ara un tonto 
1 leyéndome. 
I no puede 
un solo amigo 
> que yo digo , 
>8 le sucede. 
1 ambas escuelas 
aga á este prólogo 
1 monólogo 
u\ion de muelas, 
por fortuna 
escepticismo , 
porta lo mismo 
oe por ninguna. 



EL CAPITÁN MONTOYA. 
I. 

LA CRUZ DEL OLIVAR. 

Mnerta la lumbre solar, 
Iba la noche cerrando , 

Y dos glnetes cruzando 
A caballo un olivar. 

Grujen sus largas espadas 
Al trotar de los bridones , 

Y vense por los arzones 
Las pistolas asomadas. 

Calados anchos sombreros, 
En sendas capas ocultos , 
Alguien tomara los bultos 
Lo menos por bandoleros. 

Llevan , porque se presuma 
Cuál de los dos vale mas , 
Castor con cinta el de atrás, 

Y el de adelante con plunUÚ 
Llegaron donde el camina 

En dos les divide un cerro « 

Y presta una cruz de hierro 
Algo al uno de divino. 

Y es asi , que si los ojos 
Por el Izquierdo se tienden , 
Sotos se ven que se estienden 
Enmarañados de abrojos. 

Mas vese por la derecha 
Un convento solitario , 
En campo de frutos vario 

Y de abundante cosecha. 
Echóse i tierra el primero, 

Y al dar la brida al de atraa. 
Aquí , dijo , esperarás ; 

Y el otro dijo : Aquí espero. 

Y hacia el convento avansandd 
Del caballero, en la oscura 
Sombra , se fué la figura 

Hasta perderse menguando. 
Quedó el otro en soledad , 

Y al pié de la cruz sentado 
Siguió inmoble y embozado 
En la densa oscuridad. 

Mugía en las cañas huecas 
En son temeroso el viento , 
Rasgándose turbulento 
Por entre las ramas secas. 

Y en los desiguales hoyos 
Con las lluvias socabados, 
Hervlaiv encenagados 

Sin cauce ya los arroyos. 

Ni habla una turbia estrella 
Que el monte alumbrara acaso, 
NI alcanzaba á mas de un paso 
Ciega la vista sin ella. 




98 



COMPOSiaONBS DITERSAS. 



Ni seAal se apercibía 
l)e vida en el olivar, 
Ni mn» voz que el rebramar 
Del vendabai que crecía. 

Y al hierro santo amarrados 
Ambos cal)allos estaltaii , 

Y allí en silencio aguardaban 
A esperar acostumbrados. 

Ni (le la áspera maleta 
Pisada ai aurio rumor 
Les volvió su guardador 
Solo una vez ia cabeza. 

Un pié sobre el otro pié , 
Embozado hasta las cejas, 
Metido hasta las orejas 
El sombrero , se le ve 

Como un entallado busto 
De alguno que allí murió , 

Y allí ponerse mandó 

Por escarmiento ó por susto. 

Ni Incrédulo faltarla 
Que si cen-a déi pasara 
Medroso se santiguara 
Dudando lo que sería. 

Que á quien suele con la lai 

Y en conipaíiia blasfemar, 
Bueno es hacerle pasar 

De n(K.*he junto á una crus. 
Mas esto se quede aquí ; 

Y volviendo \o ú mi cuento , 
Digo , que dudoso y lento 
Gran rato se pasó asi. 

Y va se estaba una hora 
De espera á espirar cercana , 
Cuando sonó una campana 
De lenmia a^uda v sonora. 

Y aun duratm por el viento 
Su vibración cuando el guia 
Alguien notó que venia 

Por el lado del convento. 
Sacó la faz del embofo , 

Y oyendo e4 son mas distinto, 
Echóse la mano al cinto 

Y « c quién ra ? » el amo y el moco 
Preguntaron ú la par ; 

Mas cx)nocldos los sones 
Asieron de los bridones 

Y volvieron á montar. 

Y es fama que menos flero 
El señor con el criado , 
Dejólo andar á su lado 
Como digno compañero. 

Y esto al ver cu:in satisfecho 
Volvió de su espediclon , 

Asi in conversación 
Introdujo de lo hecho. 

• SeTior, «tcómo está la monja? 
— riV n'»m(í ha de estar, OinésP 



Atortelada á mil plés , 

Y mas blanda que una esponji 
—¿Y pensáis dejarla asi? 

— i Dejarla ! ni por asomo : 
No sé todavía cómo, 
Mas la sacaré de allí. 

Que según lo que yo he Tist 
Mas quiere la tortolilla 
Volar libre por Castilla 
Que estar en jaula con Cristo 

Y aquí el recio vendabai , 
En voz y empuje creciendo , 
Puso lo que Iban diciendo 
Para escucharse muy maL 

Y ellos , temiendo que acm 
Le« cogiera la tormenta. 
Sacaron por buena coenta 
Los caballos á buen paso. 

n. 

CUCHILLADAS EN LA CU 

En una noche de octnbn 
Que las nieblas encapotan. 
Ahogando de las eatrellaa 
La esc^isa lumbre dudoM, 
De la ciudad de Toledo 
En una calleja corva 
Que el paso desde el aleiar 
A /ocodover acorta , 
Es fama que se apostaron 
Seis hombres, que grapoüRD 
De una de las dos esqnlnii 
A la proloneada Bombra. 
Murmuraron por lo b^Jo 
Algunas palabras cortas, 
Cortas, pon]ue á ellna latafti 
Bajas, por si hay quien latoM 
Repartiéronse sus puestos 
Con precaución previsora, 
Favorable á los que esperta, 

Y á los que lleguen dañoaif 
Yqnedaron en silencio 
Casi por un cuarto de bora , 
Tan ocultos y pendot 

A la tapia en que sa ipoyaD, 
Tan hundidas en la nUMt 
Sus desvanecidas formis , 
Que hubo quien pasando anin 
Juzgó la calle muy sola. 
Caia desde las tejas 
Desprendida gota á gotí 
I^ niebla que do halla sitia 
Calladamente se posa : 

Y alguna ráfaga errante 
Con tenu« voi mdaneéltea 
CruzÉba de alguna reja 
l^s hvndldorM anpauí. 




SÉTIMA PARTS* 



la cuando en cuando 
r la calle próxima 
y aldatias de casas, 
i07. de personas* 
1 á ios aportados 
mima ó impresiona, 
f ni transeúntes 
le leti importan. 
$ permanecen , 
pechas se agotan 
iic por ellos pasan 
nte y tantas horas ¿ 
losiblc atinar 
ten tu que forman, 
la calle á espacios 
is aceras toda. 
» once un reló, 
tardas y cóncavas 
ce campanadas 
pesadas notas, 
que en la callejuela 
» se desembozan , 
ndola por dentro 
a puerta se asoma. 
ise los cerrojos , 
la llave .«orda, 
dro de luz voluble 
piedras y losas. 
Ton los umbrales 
os , y una tras otra 
1 tres despedidas 
muraron tres l>ocai. 
luz el de dentro , 
a puerta la hoja , 
I tinieblas la calle, 
I fuera : • \ Ahora I » 
> Krító el que salia. 
esperaban : « ¡La mota , 
curnta con ella! ■ 
palabra traidora 
»edau»s la calle 
en música ronca 
I y en lid confusa 
.padas las hojas, 
ircn los unos. 

á mi espalda 1 » eo f^ torva 
recién salido, 
iichilladas dobla. 
, decían los unos, 
y tenem^iB osan ! » 
, murmuraba el otra , 
tientan mi honra! • 
n! > dit*fn de una parte, 
n! > dicen de la otara; 
e la contienda 
ulon temerosa, 
los tajos sin tino , 
e seüran con cólera, 



Como tirados á ciegas 
La mayor parte malogran. 
Pero valientes parecen. 
Porque se buscan y acosan 
Con terquedad tan resuelta , 
Que unos de otros se asombran. 
Dan, hieren, cubren , atajan, 
Tierra ganan , tierra cortan , 

Y al ruido de ios aceros 
La vecindad se alborota. 
Sacaron luces por alto , 
Gritaron « ¡Fnegol { la ronda! 

I La guardia I » ¡ mas todo Uiútii 
Porque los tajos redoblan 
Las mismas luces que sacan 
Son de ios menos en contra, 

Y por do quiera cercados 
En sus postrimeras tocan. 
En fsto la calle arriba 
Llegó un moso á quien abosa 
Por noble la larga pluma 
Con que su sombrero adorna , 
Que escusándóse palabras 

Y revelándose en obras 
Echó la capa por tierra 

Y por aire la tizona. 
Púsose en pro de la dama 
Como quien hidalgos gosa 
Pensamientos , y ha nacido 
De noble sangre española ; 

Y anuncióse con tal furia 
De cuchilladas , que á pocas 
Tendió en la calle dos hombres 
En las postreras congojas : 

Y tan rápido revuelve 
Contra los cuatro que afronta , 
Que con una sola espada 
Para los cuatro le s(¿ra. 

Con tiempo y valor apenas 
Para su defensa propia. 
Dijo uno de ellos : • ¡Á tanté 
Solo el demonio te artqjíjkJ » 

Y al escucharle el mancebo 
Dijo con voz poderosa • 

« Con una legión no basta 
Para el capitán Montea* • 

Y haciendo el úitUno esfueno 
La calle entera despola 

Por donde entraba á tal pualo 
A todo correr la ronda. 

in. 

OFERTAS. 

Cuando negó la jnstiela 
De la contienda al lugar, 
Halló asido de la mano 
Con un hombre al eapitan. 




190 



COMPOSIGlOlfES DltEMAS. 



Do quiera en lu ramai eolgida la oruga 
Sacude y arruga el sonoro cristal , 
Que en claros espejos, ó en liquido» hilos 
En lagos tranquilos posándose va. 

Do quiera en las ramas del álamo ?erde 
A lo alto se pierde en movible ilusión. 
Meciendo la bella oropéndola el nido 
Que anima tendido benéfico el sol. 

Desplega pomposa á la luí con que brilla 
La pluma amarilla, 
Que ostenta fugai , 

Abriendo esponjado y en circulo rico 
El triple abanico 
Que tiende al volar. 

Aquí no se encuentran ni sauces llorones , 

Ni en lúgubres sones 

Agita el ciprés 
Ut fúnebre punta , cual hacha mortuoria 

Que alumbra la historia 

Pasada de ayer. 

La espléndida lumbre del sol no se apaga ; 

Sin término vaga 

La brisa sutil ; 
La noche carece de sombra Importuna , 

NI deja la luna 

Jamás de lucir. 

Del mar á lo lejos se siente el murmullo 

Cual lánguido arrullo 

Del aura no mas, 
Cual banda de plata que el puro horizonte 

Tendió sobre el monte , 

TapU de criatal. 

Allá en sus amenas tendidas riberas 

A dó pasajeras 

Se van á perder 
Las ondas sonoras , en tiendas de armiños 
' Tan sólo los niños 

Alegres se ven. 

En Uaboa de rosas ,- jazmín y claveles , 

Bajo almos doseles 

De plumas de luz. 
Reposan tranquilos sin noche ni día 

Sin miedo á la impía 

Desdicha común. 

No acosa su mente recuerdo pasado , 
Que solo han gustado 
. La dicha y placer, 

Porque es la ribera del mar de la vida 
La casta , florida , 
Tranquila niñez. 

En ella comienza dichoso el camino 
Dó puso el destino 
Tras linde feUi, 



De nuestra exlstenela trlitfslmo 
El árido y vago 
Desierto país. 

tOh! cuando dormimos al pié < 
Es todo fortuna, 
Delcitea y paz¡ 

El día es tranquilo , U noche m 
La selva es ameu 
Frondoso d lisria 

Las lágrimas puras que eatono 
Acaso divierten 
En vez de dolar-. 

{Vereda dichosa i ¡Portada M 
Por dó entra al 
La dulce nlieil 

Adolfo y la maga emzaboi por 

Y el nlBo tan bd 
Tan Uaná la halU 

Que andaba embebido de un lai 
Gustando la fruti 
Doblando la llcr. 

Ya el vuelo seguía de pájaro a 
Ya el ala brillante de hisedo f 
Ya el curso sonoro de Inquletii 
Que rueda del suelo en el verá 

Saltaba y reía sin pau ni em4 
GoiatMn ras «4^ 
La alegre tMod, 

Sus tiernos sentidos la auare llr 

Y el sdn que mar 
Del aura 



Vagaba contento : ¿^é Import 
Su InflJiíMla la eK 
La negra twdad. 

¿A qué preguntarla P- 81 ctplái 
¿A qué eoD cnpc 
Quenr deapertar 



La ruta siguiendo, loa 

Ulna, loa Jartt 
Llegaban aUi; 

Ya el sol es ardiente, ma dai 

Nohayyapeiegl 
Plantel ni JahUo 

Al paso que avanza por otra v 
Detrae de quien I 
La alegre reglón 

Sentía en el pechó quejuu|a< 
Cobraba ganando 
Flrmen^y ¥lgar. 



La magas 



>tNM lególa ligw 
iFántánia heeblí 
bagando tiMéi i 




«BfArAsn* 



»1 



ido to planta 
18 la niña. 

m. 

loeseste^ie&oni? 

lue 8l no 

ya es esta 

tn. 

iM,alÍB,4Mte, 

duco, 
tó. 

Icásarea da oro 
radar, 
dos, 
oa ionF 

tnperatrls taerdMMt 
ilol, 
Mninios 
I dolor. 
teaUnaa 
Eil ion, 
laceres, 
unor. 
tan rica 
f su ambición 
icoto 
i»r. 

eoftesana, 
I no bay dof , 
len no atropello, 

BlM. 

oa fueros 
redor: 

-d^o ansiosa 
isentó. 
«nsata 
dor, 
lamida 
:ió. 

BS hermosas 
wenpos, 
ociosos 
halló. 
üacidS, 
la eslension , 
I canten, 
olor : 
ato lujo 

' pedidme, 
• yoaoydios. » 
nestanatrerido 

Miila 
%Ml6F 



Adolfo, \ Dama ilustre ! 

Entidiable ee sn favor. 

Ma§ú. jL% sirrieras? 

Adolfo, Laadoi^ára. 

JíflfiU iFlMras su amigoP 

Adolfo. El m^or. 

Maga. Pnes alguien haj que pudieri 
Concedértelo. 

Adolfo. jQnién.^ 

, Maga. f o. 

Adolfo. ¿Quién eres, que tal poder 
AleansasP 

Ma§tié Su hennana soy : 
Que iuvBMTva y EsTsaAiiA 
Nacidas á un tiempo son» 

Aá^o. Pues Uegu^naa al palasla. 
Porque ya sáaoto por IMoa 
Por SM IhnHas favoraa 
Perdido mi coraxon. 

Maga. ¿Espéru Tencerl^ 

Adolfo. Espero 

Que ha éa aonqnlstar su amor. 

Maga, Bien haass ei 
Puesto que contigo Toy. 

DIO Adolfo el braso á la maga, 
Y ambos con paso teloa 
Doblaron hada el pahíeia 
En coloquios de aadMdoit 



Do qüMIÉ itt lacro rednto se ola 

La ranea alagria 

Mloeotetlni 
Los besos y brindis que en tomo se eibalan 

Al alma rsgalan 
Con música duka, eaparansaiJieliz. 

Las heredas altas de perlas rostidas 
Dó están suspendidas 
Centelludasol, 

Duplican del dia ia lus trasparente 
En ancho torrente, 

Vertiendo en laa salas caiabiante eolor. 

Los ricos tapices que ocultan los mnros 

Remedan los puros 

Esp^os del mar. 
Sutiles dejando á través de sus hilos 

Mirar los tranquiloa 
Reflejos del muro de limpio cristal. 

Dó quiera la rosa , d davd , los Jadntos , 
En laioa diatlntoa. 
En dfiras de amor, 

Anundan orlando las blandas alíioiiibdb, 
Las mágicas sombras 

Que al hoatea adalando, le signen en poa« 




193 



coiiPOsiaoliES mnMhs. 



Amor dice en esta , en aqadla Fortuna^ 
Valor dice en una 
Y en otra Amistad; 

Placer dice aquella , y esotra Riqueíía, 
Mas lejos Belleza, 

Ventura en aquesta , Virttid mas allá. 

Do quiera repiten los anchos salones 
Ardientes canciones 
De gloria y de amor ; 

Y alli en los clarines , allá en las botellas» 
Con cláusulas bellas 

Acaso acompañan el báquico son* 

Allá en los secretos de oculto retrete , 

Del ancho pebete 

Al humo fugaz 
De lindas mugeres que están voluptuoeas 

Sonando amorosas 
Las notas se escuchan de amante cantar. 

Loi labios htorren en be«M , 
QoemánduM «stán de sed ; 
Teold k templar tn hornera. 
No bay mai reeompmia ni DUm qnttl pltctr. 

4 T A qné Dios nai podertso 
AendlreU qne el ABorf 
Apniad , poes , sns deleltet , 
Que foein de ellos no hay Dios. 

4 Cómo reaiftir la ktrlda 
De aa l>aUcslt anUlf 
Venid k beber deleUas 
Huta embriagaros , ronld. 

Los labios blerTOD en besos , 
QoemkndoM estáo de sed ; 
Venid A templar su hoguera , 
No ba j mas recompensa ni Dios qne el placar. 

Al son de las lamas y trompas de guerra 
Que asordan la tierra , 
En estenso salón 

Se sienten los himnos ardientes de gloria , 
De noble victoria 

Que entona el soldado con áspera voz. 

Bajad al campo sangriento , 
Solo U gloria esl* alli, 

Y sin gloria y sin lao relea , 

i Qnién es el Imbécil qne acierta A TiTlr t 

A amar y A lidiar nacimos , 
T sin irionfos, 4 cómo amarf 
4 Qué llcTar sino en ofrenda 
A los pies de una beldad T 

Si amor corona la frente , 
Noestras batallas también ; 
Sos coronas son de rosas , 

Y las nuestras de lanrel. 

Bajad al rampo sangriento. 
Solo la gloria esiA alli , 

Y alo gloria y sin laureles , 

Quién es el Imbécil que arierla A Tivir. 

Mas lejos en otra morada hechicera 
Dó el sol reverbera 
Con lumbre tenaz , 



M Hbmb lii perlaa loa largos ( 

Los lieos topados , 

81 Jaape y el ofo, la seda y cris? 

Se aleóte el tumulto de báquica 
Que en cantiga imi 
Discorde damiv. 

La mesa en desorden , manchad 
Al son de las copa! 

Rameras levantan , sin alma y i 



VMia;lt gloria MM 
AMorsIn ae s laa, Afnéoet 

■Indo A ttovés do os v«m . 
El 



Vanos In ilom •■■ 
Embriagados i i 
VABoe al lamplo ( 
EnlübrloftbncouL 

No hay mas altar qoo 
No hay w»mm Moa qoo ta 
Si vino confaado ol 
El morir 00a al aaetr. 

Gnaadoaaamoa 
■eadlgo 4 rey , A qoé 
Todos bebemos 
Arroyos de libertad. 

1 Qué dulces soo 
Empapados de licor ! 
1 Qué sabrosos B' 
T qoé Inmenso ol 



üf 



Venid ; la gloria as aa 1 
Amor sin Bostas , ¿qoé asff 
Mirado A trOTée do aa faii«* 

El mundo deslori* putm piM 



Allá en otra estancia déj 

Lejana, 

La vos 
Cantor Instigado del UÓi ipili 

Deoóncamlba 
La suya levanta al 



Amor y gloria ala 
Son un espejo sin In , 
Solo los eantoe no 
Hallando en ol 




Venid A beber 1 
Los réndalos dol lahor. 
En sns mArgenoe aa oagM 
Lu coronas da laareL 



El paehlo oseocha al | 
Venid , reñid al eaator t 
i Qué es el amor ai la glarii 
Sin ta clencta y la nioaff 

«De qué os rala do plaomi 
Ese misorabla «Can f 
Si no los cania mi llia • 
¿Quién oa loa ha 4a aarMtart 

Amor y gloria ala 
Son un espejo sin las. 
Solo los cantos ao 
Hallando en el 



Adolfo indeciso conaigo indiali 
Sin tino vagaba 
Detraadel placar 




SBITA PARTE. 



í\ 



ote y ansioso corrit 

zando la orgia , 

o, el amor, U embriagues, 

> c Dó estás, di , murmura, 

tiva hermosura , 

laz juventud? 

', siguiéndote avanzo, 

s nunca te alcanzo... 

1 busca , y huyéndome tú ! 

"aiua , mi fiel compañera , 
ó está esa altanera 
barde mugar! > 
mas no le responde : 
orqué se me esconde ? 
■iagarepuso:«Ko8é.9 

ra. ¿ Me engañas, traidora , 
mientes ahora 
e la amo por (in? 
!l!a tras ella camino... 
mtasma divino , 
ito , después que te vi ! » 

IV. 

ida carrera 
stica Vision, 
ecillo en la ladera 
se sentó. 

estrecha calle 
i trasponer, 
id un triste valle 
sienta el pié. 

todavía , 
:ariñosa está , 
[ue al piloto guia 
igros de la mar. 

vestidura 
¡e á la merced , 
lirada pura 
i delante ve. 

a neblina 
á distinguir 
informe ruina , 
il pican el pais. 

adcs desoladas , 
leloto humea aún, 
»esas boi-anadas 
uamcnio azul. 

palacios, ni verjeles, 
I soledad 
itos y claveles 
alegre afán. 

es palmeras 
liyaUí, 



Y águilas surcan libres y altaneras 
El hueco de la atmósfera sutil. 

Aun se sienten , perdidos á lo lejos , 
Los himnos de la alegre juventud , 
Cuyo alcázar se ofusca en los reflejos 
De una impotente y moribunda luz. 

Todo es verdad allí , todo se ostenta 
Sin ilusorio engañador cristal : 
Por todas partes sin temor se asienta 
La rebelde y desnuda realidad. 

« Las fuerzas , dijo Adolfo , me abandona! 
Llena de sombras mi memoria está ; 
Dame el braio, Esperanza : en mis oido9 
Esos cantares tentadores van. » 

Y era asi que á pedazos por el viento 
Llegaban en sonora confusión , 

Ya ei mentiroso ó el blasfemo acento 
Del placer, de la gloria , ó del amor. 

•- ÍM§ labios hlerreo ea b«fot , 
QoaaiáadoM miáo do Md ; 
V«nM i Unplar tu kofnara , 
No hay maa racompeuaa al iHoi qM el pliotr. 

— Bajad al campo lurrieolo , 
SoloUstoria taUalU, 
T lio i loria j •!• lasrolta , 
i Quién n el Imbécil qM aeiartt A Tlvlr 



— Veoid ; la gloria is ■■ 
Amor ala leatat , ¿ qoé ea t 
Mirado i traréa de na taao , 

n mando doiierto parece no Edén. 

— Amor 7 gloria ala fama 
Son on cipeju ala Ini , 
Solo loa cantos no mearen , 
Hallando en el cieno aa^nlcro común. 

« ¡Oh cuan felices son en sus placeres, 
» Ellos cantando , y sin aliento yo ! 
> Fiestas allí , cristal , oro y mugercs , 
» Y aquí conmigo soledad y error. » 



V. 



Adolfo, ¿ Dónde estamos , Esperanxa f 
Maga, Selva es aquesta que ves 
De razón y de recuerdos. 
Adolfo. ¿Tiene nombre? 
Maga, La Vejez. 

Adolfo, ¿\ aquellas alegres damas , 

Y aquel palacio , y aquel 
Festín espléndido y cánticos 
De ventura y de placer? 

iíaya. Allá quedan. 
Adolfo, ¿\ la hermosa 

De que un instante gozé 

Y tras quien corro insensato? 
Maga. Allá se queda también. 
Adolfo, ¿Con que por fin la he perdido? 

¿Con que en verdad la soñé?^ 

U 




191 



COMPOSIGICmiS «MCRSiS. 



Maga. El perseguirla ei perderli , 
Que es verdad , é ihi8lnn es. 

Adolfo, ¿Mis auiigos? 

Maga, Allá quedan. 

Adolfo, ¿De mis soldados que taéf 

Maga, Allá quedan. 

Adolfo, ¿Y mi gloria, 

Mis timbres P 

Maga. Allá también. 

Adolfo, ¿Con que todos me dejaron? 
¿Qué resta en la vida pues? 

Maga, Tu Esperanza está contigo , 
Siempre acudiéiidotc flel. 

Adolfo, Tú sola no me abandonas. 

Maga. A tu lado siempre iré 
Alumbrándote el camino 
Que tomastes al nacer. 
Reposa y vamos. 

Adolfo, Me canso. 

Maga. Yo la mano te daré. 

Adolfo. Dame un manto, tengo frlo; 
Agua dame , tcnízo 9od. 

Maga. Vamos á buscar la fuente. 

Adolfo. ¿Está muy lejos? 

Maga. Tal vez. 

Adolfo. ¿No tiene fin el camino? 

Maga. Si. 

Adolfo. Pues vamos. 

Maga. Tras mi ven. 

Adolfo. \ Ob cuan distinto , Esperanza , 
Este camino es de aquel 
Por donde yo te tendía 
Mi brazo ligero ayer ! 

Maga. Lo que pasó no recuerdes , 
Mirando adelante vé. 

Adolfo. Solo de recuerdos vivo. 

Maga, Olvida. 

Adolfo. No puede ser. 
Asi con cansado paso , 
Va caminando tal vez 
El bombre , con su esperanza , 
Eterno sol de su fé. — 
Y asi , la maga y Adolfo , 
Ya el día al oscurecer. 
Caminan hacia el desierto 
De la arrugada Vejes. 



Tristes y á espacio caminin , 
Al crepúsculo del sol , 
Por medio de un campo estéril , 
Sin ave , fuente, ni flor. 

Las cumbres están nevadas , 
Y en espantoso turbión 
Se oyen bramar los torrentes 
Con honda y cóncava voz. 

Silva el cieno entre las peñas 
Que ostentan en derredor 



Entre It nl0ve á peduM 
En lastimosa ilusión, 

Allí una choza arruins 
Allá un templo que se b 
Mas allá un puente abra: 
O un hendido murallon. 

Rastro del peso del tic 
Que fué pasando veloz , 
Descabezando en sos en 
Cuántas puntas encontr 

Aipera y pmtrer Jom 
Dura peregrinación , 
Por donde nada se encaí 
Amigo ó consolador. 

Apenu en los 68cobiIi 
De «ruinad» poMadoB 
Algunos pobres anelmi 
Dan á it vida un é Mi, 

Apenas entro los taren 
Se topa un vl^Jo pastoír. 
Que apacienta unos gan 
Que solo esqueletos iML 

Mas nadie sabe la hlst 
De lo que allí vejetó ; 
Todos lloran los recuera 
De su propio corazón. 

Todos miran al riraeB 
Alcázar encantador. 
Que al pasar por svs doi 
La Juventud les mostfii 

¿QuédejanPsnsUajk 
¿ Qué lamentan? sn vik 
Nada de enantagoaaiM 
Al desierto les siguió. 

Alguna vet aun ddin 
Con la halagüeña Tisloa 
De aqud palacio encant 
Que falaz les hospedó; 

Pero al pensar en leti 
Que el deleite acdnetor 
Les murmuró en los ofd 
En soñada predicción , 

Doblan al suelo la Un 
Con incrédulo dolor. 
Diciendo al Ir su rtimh» 
¡Mentirtí! Untó potó. 



Asi por entre la nlffa 
Cruzando el desieriD tai 
Adolfo y la maga en Isot 
Paso , por quebrado herii 

Cada vez mas se avedi 
A las riberas de un mar. 
Que al confín de aqudla 
Tendido m sllendo está. 

Es el o pía tnriOa ^ faiftn 

Cuyo fin se pieria allá 




SEXTA ^AKTC. 



I 



áos (1c profunda 
ble os4*iiriílad. 
\ ieiito al pasar la arruca, 
pumas de cristal 
iiimodas arenas 
' á desmenuzar, 
upe conchas de nácar 
estensa soledad 
ivaros los peces 
ente á respirar. 
alcanza de la playa 
?rdido arenal 
una choza mezquina 
cha concavidad, 
puerta desquiciada 
»ta j desigual 
irpado tln ojo 
liMa el agua está, 
ido alH , dUo Adolfo : 
idúg Esperipza, mas; 
« en esa choza 
lento á descansar. » 
on 08 la eabaña 
ébil claridad 
alumbra todavía 
isculo fugaz , 
on un ancho espejo , 
limpio cristal 
ió eon espanto 
bra reflejar. 

quién es aquélla imagen? » 
\ , en duda tenaz 
nemoria luchando 
lo la yerdad. 
imagen es la tuya, 
¿cómo mi frente ya 
arrugada miro 
ftada mi faz ? 
ra ayer nifio y hermoso 
, Csp4'ranza, al dar, 
í desportar viniste 
til curio.<idad? 
>nces naciste al mundo, 
astillo en que audaz 
• liog&jtes , era 
, Adolfo , no mas. 
isas de mis promesas 
te á desear, 
te por el camino 
a vanidad, 
valle de la vida 
do á atravesar 
nsilcs de flores 
m de cristal. 



—I Ay ! clamó AdoKo llorando , 
Que no los pu( do olvidar, 
NI á aquella reina orguUosa 
AifDién ya no veré más. 

—Asi se pasa la vida 
En gemir y en esperar 
Lo que bascamos en ella , 
O lo que perdimos ya. 

Esta choza es una puerta 
De la oscura eternidad, 
Ese espejo es la raxon , 

Y la nada es ese mar. 
Todo aquí se desvanece; 

Nada hay delante y detrás. 
Allá se queda la vida , 

Y los deleites allá. 

Este es el punto' por donde 
Se descubre la verdad , 

Y aquí solo la Esperanza 
Aún con nosotros está. 

VI. 

PLEGARIA. 

I Blanca ilusión 1 | benéfica espenma I 
Triste y última luz del corazón, 
A cuyo tibio resplandor se alcanza 
Un mas allá en el hondo panteón ; 

Tú sola nos alivias el camino 
En que entramos al tiempo de nacer ,* 
Nuestro amargo destino es tu destino, 
Siempre amiga te hallamos por dó quler. 

Ilelante de ese espefo misterioso. 
De nuestra nada ONla el estenso mar, 
Aún vienes con semblante cariñoso 
Nuestra seca razón á ooiifoiar. 

{Oh ! tú nos doras la niñez tranquila. 
Enciendes nuestra ardiente Juventud, 
La vejez nos sostienes qucyadla, 

Y aun ardes en el cóncavo ataúd. 

Sol en la vida, lámpara en la muerte, 
Siempre nos vienes asistiendo en póf) 

Y amiga fiel , nos dejas al perderte 
Al pié del trono del inmenso Dios. 

( Sol de mi vida ! sin cesar conmigo 
Mis lentas horas alumbrando ven, 
No apagues , no , tu resplandor amlfo 
Mientras mu €|oa en vigilia estén. 

\ lümpara de mi nicho solitario ! 
baja conmi(^o al negro panteón , 

Y séanme los pliegues del sudario 
De sueño eterno santo pabellón. 




SÉTIMA PARTE. 



DEDICATORIA 

A MI AXIGO 

D. JIJAN EUGENIO HARTZENBUSCH. 



Mi querido Juan Eugenio , 
MI octavo tomo publico, 

Y al cabo te le dedico 

En holocausto á tu ingenio. 

Ve 8i contigo me porto, 
Un cuento te he prometido 

Y un tomo te doy cumplido ; 
No me acusar:) s de corto. 

Otros buscan con su obra 
Destinos ó protección ; 
Yo no grabo á la nación , 
Conmigo mismo me sobra. 

Mientras siga el editor 
Versos y libros pidiendo , 
Iré libros escribiendo , 
Que lo tengo por mejor 

Que pedir al poderoso, 
Mendigar del ignorante , 

Y rogar al arrogante , 

Que soy yo muy orgulloso. 

Buscar un crítico enfático 
Que alabe mi obra no quiero , 
Que tan bien como el primero 
Puedo ser yo catedrático. 

Y á mas , para entre los dos , 
Los criticones de ogaño 
No nos harán mucho daíio , 
Saben poco { vive Dios I 

No se echan muchas vigilias 
Hoy en críticos estudios , 
Tras poquísimos ]ireludios 
Hoy de critico te Ülias. 

Con ir un mes á París 

Y almorzar con Víctor Hugo, 
Vuelves y pones el yugo 
Literario á tu pais. 

« ¡Las letras están fatales! • 
Vienen diciendo de allá. 



« Las artes.,, ¡¡ásHma da! 
; So están en el Congo toles! 

¿Pues los teatros? ¡daffrin 
¡Ni de talento hay desteUot... I 

Y escriben comedias ellos 
Como maestros de esgrima. 

Tajo aquí , cercen allá, 
Ora á la regla , ora al gusto, 
Cada escena nos da un susto, 
Si calambre no nos da. — 

Y viendo al fln que no atiiuu 
Por medio ninguno humano, 
Cortar el nudo gordiano 

Ex cathedra determinan. 

Con nuevas nomenclaluru 
Sus disparates bautizan... 

Y tanto la luz atizan 

Que nos dejarán á oscam. 

Quien de la escuela moderna 
Genio innovador se llama, 
Barba, galán, page y dama 
Despacha á la vida eterna. 

Quien se dice de la antigw 
En cánticos pobrecitos 
De la otra cambia los gritos, 

Y qne da suei^o averigua. 
Yo que tal veo , me digo: 

¡ Tanto valen á fé mia I 
Con que Arme en mi manfa 
De andar con entrambu sigo. 

En lo que no hago por DiflS 
Mas que con ma&a oportuna 
Tentar á la par fortuna 
Por cualquiera de las dos. 

A veces de sangre un rio 
Vierto , en situación acerba , 

Y á veces con una yerba 
Como un tonto me estasio. 

Y en esto sin duda alguna 
Con sesudo estoicismo 
PruelM) que me da lo mismo 
Por las dos , que por ninguna. 

Sin embargo , de mi alan 
Me daré por satisfii^ 




StoMA MRTE. 



) hecho 
ptían. 
lo contó 
raciones : 
espreslones 
)ad>lo yo. 
16 pidas 
ipas, 
10 mas 
ue le mldu. 
ay docta 
e maere, 
liere, 
mécdota. 
lenio , nn ardite 
¡nómal, 
i inmortal 
edite. 

oqneTemos, 
ñas siendo ^ena, 
io buena... 
9, ¿y qué hacemos? 
ogismos 
dedadr 
rlbir 

tros mismos. 
i anos y otros 
o que ojear, 
liar, 
;otros. 
rem demos, 
peores 
critores 
aremos. 
8 el placer 

escribir 
lan de hacer? 
lo confieso, 
ibo critican, 
i pican 
el hueso. 
cooTencléadome 
yrde pronto 
i un tonto 
^'éndome. 
o puede 
solo amigo 
[ue yo digo , 
le sucede. 
ml>as escuelas 
a á este prólogo 
Qonólogo 
ion de muelas, 
ir fortuna 
lepticlsmo, 
rta lo mismo 
por ninguní . 



EL CAPITÁN MONTOYA. 
I. 

LA CRUZ DEL OUVAR. 

Muerta la lumbre solar, 
Iba la noche cerrando, 

Y dos ginetes cruiando 
A caballo un olivar. 

Grujen sus largas espadas 
Al trotar de los bridones , 

Y Tense por los anones 
Las pistolas asomadas. 

Calados anchos sombreros. 
En sendas capas ocultos , 
Alguien tomara los bultos 
Lo menos por bandoleros. 

Ueran , porque se presuma 
Cuál de los dos Tale mas , 
Castor con cinta el de atrás , 

Y el de adelante con plumÜ^* v ' 
Llegaron donde el caminet * 

En dos les divide un cerro «p '- 

Y presta una croi de hierro * 
Algo al uno de dlTlno. 

Y es asi , que sí los ojos 
Ulor el Isquicrdo se tienden , 
Sotos se ven que se estiendén 
Enmarañados de abrojos. 

Mas Tese por la derecha 
Un eonTcnto solitario , 
En campo de finitos vario 

Y de ahondante cosecha. 
Echóse á tierra el primero, 

Y al dar la brida al de atrae , 
Aqui , dijo , esperarás ; 

Y el otro dijo : Aqui espero. 

Y hada el convento 
Del caballero, en la oscura 
Sombra , se ftaé la figura 
Hasta perderse menguando. 

Quedó el otro en soledad » 

Y al pié de la cruz sentado 
Siguió Inmoble y embotado 
En la densa oscuridad. 

Mugía en las cañas hnecas 
En ato temeroso el viento , 
Rasgándose turbulento 
Per entre las ramas secas. * ^ 

Y en los desiguales hoyoa '" 
Con las lluvias socabados, 
Hervianeneenagados 

Sin cauce ya los arroyos. 

Ni habla una turbia estreUfi 
Que el monte alumbran aeaao» 
m akansaba á mas de un paso 
Ciega la vista sin dta. 




198 



GONPOSIQONES DltERSAS. 



NI seAal se apercibía 
De vida en el olivar, 
Ni mns voz que el rebramar 
Del vendal>al que crocia. 

Y al hierro santo amarridos 
Ambüé c4ibnllo5 estalMín , 

Y allí en silencio aguardaban 
A esperar acostumbrados. 

Ni de la áspera malesa 
Pisada al a^Tio rumor 
Les volvió su guardador 
Solo una vez la cal)eza. 

Vn pié sobre el otro pié , 
Embozado hasta las cejas , 
Metido hasta las orejas 
El sombrero » se le ve 

Como un entallado busto 
De alguno que allí murió , 

Y allí ponerse mandó 

Por escarmiento ú por susto. 

Ni incrédulo faltaría 
Que si cerca del |>asara 
Medroso se santiituara 
Dudando lo que sería. 

Que á quien suele con la Ini 

Y en compañía blasfemar, 
Bueno es hacerle pasar 

De noche junto á una cnií. 
Mas esto se quede aquí ; 

Y volviendo yo á mi cuento , 
Digo , que dudoso y lento 
Gran rato se pasó asi. 

Y va se estaba una hora 
De espera á espirar cercana, 
Cuando sonó una campana 
De lengua aguda y sonora. 

Y aun duratia por el viento 
Su vibración cuando el guia 
Alguien notó que venia 

Por el lado del convento. 
Sacó la faz del emboxo, 

Y oyendo el stm mas distinto, 
Echóse la mano al cinto 

Y « c quién ra ? » el amo y el mofco 
Preguntaron á la par ; 

Mas conocidos los sones 
Asieron do los bridones 

Y volvieron á mrmtar. 

Y es fama que menos floro 
El señor con el criado , 
Dejóle andar é su lado 
Como digno compañero. 

Y este al ver cuñn satisfecho 
Volvió de su espedicion , 

Asi ia conversación 
Introdujo de io hecho. 

« Señor, ^:cómo t^iA la monja? 
—;. Y romo ha de estar, Glnit P 



Atortelada á mil pies , 

Y mas blanda que una esponj. 
—¿Y pensáis dejarla asi? 

^(Dejarla ! ni por asomo : 
No sé todavía cómo, 
Mas la sacaré de allí. 

Que según lo que yo he Tisb 
Mas quiere la tortolllla 
Volar libre por Castilla 
Que estar en Jaula con Cristo 

Y aquí el recio vendabal , 
En voz y empuje creciendo, 
Puso lo que Iban diciendo 
Para escucharse muy mal. 

Y ellos , temiendo que acu 
Les cogiera la tormenta, 
Sacaron por buena cuenta 
Los caballos á buen paso. 

n. 

CUCHILLADAS EN LA CAÍ 

En una noche de octnbiB 
Que las nieblas encapotan, 
Ahogando de las eatrellu 
La escasa lumbre dudosa. 
De la ciudad de Toledo 
En una calleja conra 
Que el paso desde el aleáttr 
A Zocodover acorta , 
Es fama que se apostaron 
Seis hombres , que grupo tom 
De una de las dos esqoiBM 
A la prolonjcada sombra. 
Murmuraron por lo bajo 
Algunas palabras cortas. 
Cortas , pon]ue á ellos les httlb 
Rajas, por si hay c[aipnluoÍi 
Repartiéronse sus puestos 
Con precaución previsora. 
Favorable á iosqueespem, 

Y á los que lleguen daAoNi 
Yqnedaron en silencio 
Casi por un cuarto de Iwra , 
Tan ocultos y pegndos 

A la tapia en que se apoyan, 
Tan hundidas en la ntdiU 
Sus desvanecidas fomits , 
Que hubo quien pasando entn 
Juzgó la calle muy soU. 
Caia desde las tejai 
Desprendida gota á gota 
U niebla que do halla sWo 
Calladamente se posa : 

Y alguna rsifaga errante 
Con tenue vos melamóltea 
Cruzaba de alguna reja 
Ivas heiMUdoru anpstas. 




iÉTIlfá PARTS. 



cuando en cuando 
a calle próxima 
itdabas de casas, 
: do personas* 

los apostados 
ma ó impresiona, 
li transeúntes 
les importan, 
amanecen, 
chas se agotan 

por ellos pasan 
e y tañías horas; 
ible atinar 
ito que forman, 

calle á espacios 
aceras toda, 
nce un reló, 
das y cóncavas 

campanadas 
asadas notas, 
e en la callejuela 
e desembozan , 
ola por dentro 
)uerta se asoma. 

los cerrojos , 
llave .«orda , 

de luz voluble 
edra» y losas, 

n los umbrales 
, y una tras otra 
res despedidas 
iraron tres l>ocai. 
el de dentro, 
puerta la hoja , 
nieblas la calle, 
lera : • \ Ahora 1 » 
Krító el que salla, 
araban : « ¡La mota , 
enta con eílaJ > 
labra traidora 
axos la calle 
i mÜHíca ronca 
en lid confusa 
das las hojas. 
*í\ los unos. 

ni espalda ! » ea f^ torva 
ien f^alido, 
hi Hadan dobla. 
M!ian los unos, 
enemos osan ! » 
lurmuraba «I otra » 
ntan mi honra! > 
» dicen de una parte. 
> dicen de la otara; 
a contienda 
n temerosa. 

1 tajos sin tino , 

e Üran con cólera , 



Como tirados á ciegas 
La mayor parte malogran. 
Pero valientes parecen , 
Porque se buscan y acosan 
Con terquedad tan resuelta , 
Que unos de otros se asombran. 
Dan, hieren, cubren , atajan, 
Tierra ganan , tierra cortan , 

Y al ruido de los aceros 
La vecindad se alborota. 
Sacaron luces por alto , 
Gritaron « *, Fuego 1 ¡ la ronda 1 

I La guardia I » ¡ mas todo Uiútii 
Porque los tajos redoblan 
Las mismas luces que sacan 
Son de ios menos en contra, 

Y por do quiera cercados 
En sus postrimeras tocan. 
En fsto la calle arriba 
Llegó un moto á quien abona 
Por noble la larga pluma 
Con que su sombrero adorna , 
Que escusándóse palabras 

Y revelándose en obras 
Echó la capa por tierra 

Y por aire la tizona. 
Púsose en pro de la dama 
Como quien hidalgos gosa 
Pensamientos , y ha nacido 
De noble sangre española ; 

Y anuncióse con tal furlr 
De cuchilladas , que á pocas 
Tendió en la calle dos hombros 
En las postreras congojas : 

Y tan rápido revuelve 
Contra los cuatro que afronta , 
Que con una sola espada 
Para los cuatro le s(¿ra. 

Con tiem(K) y valor apenas 
Para su defensa propia, 
Dijo uno de ellos : * ¡Á fanü 
5o/o el demonio te arrojaí » 

Y al escucharle el mancebo 
Dijo con voz poderosa : 

« Con una legión no basta 
Para el capitán Montea» • 

Y haciendo el último esfueno 
La calle entera despola 

Por donde entraba á tal pufllo 
A todo correr la ronda. 

in. 

OFERTAS. 

Cuando negó la justicia 
De la contienda al lugar. 
Halló asido de la mano 
Con un bombre al capitán. 




m 



COMPOSICIONES 0ITERSAS.. 



Desmayada ana doncella 
De él se veía detras, 
Por otro hombre sostenida 
Con intensísimo afán : 

Y cuando ufanos quisieron 
Meter su tardía paz , 
Oyeron en esta guisa 

Al desconocido hablar. 
« Fadrique soy de Toledo , 
Montoya , no oa digo mas : 
Mi honor os debo y mi hija; 
Si tienen precio mirad. 

Y yedlo bien , que aunque entrambos 
Me demandéis á la par. 

Os Juro á Dios desde ahora 
Que son vuestros, capitán. 
— Lo hecho , dijo Montoya, 
Pagado en esceso está 
Con la amistad de un Toledo; 
Esta es mi mano, tomad; 
Hice lo que debe un noble; 
No hablemos en ello mas. » 

Y asiéndola Don Fadrique 
Dijo : Montoya, apretad. 
Tomóse después á su hija , 

Y volviéndose á nombrar 
Paso le dieron y gente 
Con que ir en seguridad. 
Tomó cartas la justicia, 

Y empezando á justiciar 
Llevóse en prenda ios muertos, 

Y citó ante el tribunal 

A los testigos que hubiere. 
Incluyendo al capitán ; 
Quien calándose el sombrero 
Replicóles : « ¡ Bien está! 
Póngame, seor corchete, 
Esa capa en caridad , 

Y tome esa friolera 

Con que entierrcn á ese par, » 

Y echando un bolsillo de oro 
De la Justicia en mitad. 
Fuese , dejando en la tnrba 
Admiración general. 

Y Justamente admirado 
Merece ser en verdad 
Quien da tales cuchtllidaB 

Y tales bolsillos da. 

IV. 
EL CAPITÁN DON CÉSAR. 

« ¡Esa gente es nn tesoro! 
Él generoso y valiente, 
Ella hermosa, ¡y Juntamente 
Iji ofrecen pesada en oro! 



j Qné te parece , Glnés? 
Cuatro millones la dan. 
^ ¡ Gran presa , mi capitán! 
¿La aceptareis? 

— {Fáciles! 
—¿Y la monja? 

— tEsoteaflij 
I Buenas son ambas por Dios! 

Y quien de dos toma dos 
Como hombre avisado elige. 

Dicen qne parece mal 
Que hombre de mi condktai 
Viva siempre solieron 
Derrochando su caudal. 

Y á mi también me parece 
Que quien tanto tiene y Tile, 
Pues de lo vulgar se sale 
Mas de lo vulgar merece. 

La consecuencia te toca ¡ 
Si una me dan y otra quito, 
Que con dos puedo acredito; 
Con que , Ginés , punto en ío 

Esto dijo el capitán , 

Y pidiendo de vestir 
Anunció que iba á salir 
A cierto asunto galán. 

Colgóse al cinto la espada 
De plata en doble cadena. 
Tendió la n^^ra melena 
Sobre la gola plegada : 

Caló el chambergo de lads, 

Y retirando el espejo, 
Tornó su postrer consejo 
A repetir al criado. 

Doblóse este siervo fiel 
En presencia del scSor, 

Y ganando nn corredor 
Cruióle delante de él. 

Abrióle de par en par, 
Una tras otra tres paertai. 
Que se quedaron abiertas 
Mucho después de pasar. 

Venia le hicieron gran piM 
Siervos qne al paso topó, 

Y un page tras él salló 
Descubierta la cabei&i 

Y á fé que se éoiegla 
Mirando tal homenage 
Que era mucho personags 

Quien «m tal pompft tMa. 

• 

Blas ya es tiempo, TiveOIfli 
De que dé d lector dlscralo 
Con qnién es erte sngeto 
Que anda bá rato entre los 4i 

Sepa pues qn^jd capltm 
Don Casar Gtl déf Montoya 




SÉTIMA PARTE. 



^1 



la joya , 
3 imán, 
e á afrontallOy 
sista su lanza ; 
Icanza, 
caballo, 
él se mete 
•or favor 
lador 
glnete. 

ice que él entra 
es escasa; 
n le pasa, 
6 encuentra, 
lien pregunta; 
iconseja, 
len corteja , 
ien se junta, 
lien enamora , 
!osa , exige y 
es elige 
eva seiíora. 
i en los ojos 
uien ama : 
errama, 
•ios rojos, 
lyó en su red 
') preso , 
ada beso 
1 vez. 

a que le resista 
lesaire , 

ñor como el aire» 
conquista, 
tan opulento, 
is hermoso , 
ineroso , 
limiento : 
i las estrellas , 
ta to<la ; 

I galán de moda 
s mas bellas, 
le Toledo 
toda España; 
ienen saña, 
í*nen miedo, 
le desdoran, 
aborrecen , 
apelecen , 
le adoran, 
mporta un ardite 
oluntad , 
ciudad 

entra desquite, 
mdo ningún Cid 
1 Lucrecia , 
sta desprecia , 
vence en lid. 



J 



Tiene un palacio por casa, 
Da fiestas por afrentar. 
Que no hay quien sepa igualar 
Sus profusiones sin tasa. 

Sin amigos y sin deudos 
Vive solo para sí , 

Y le mantienen asi 

Sus herencias y sns fendos. 

Tan rico y gran bebedor, 

No hay medida á tus deseos, 

Y pasa entre devaneos 
Una existencia de amor. 

Y para ahogar su indolencia 

Y ocoltar que ae fastidia, 
Juega sin afán ni envidia 
Pedazos de sn opulencia. 

Si gana, sin ver recoge ; 
Si pierde , paga sin ver; 

Y ni en ganar ni en perder 
Hay medio de que se enoje. 

Y según derrama el oro 
Cuando pierde ó cuando presta , 
Parece que tiene puesta 

Cada mano en un tesoro. 
Hay quien de impío le trata, 

Y juzga que es mal ejemplo 
Que un page le Heve al templo 
Cogin con borlas de plata : 

Y que es audacia inaudita 
Hincarse al pié de la grada 

Y esperar á una tapada 
Para darla agua bendita. 

Y aun corren de sus amores 
Susurros por la ciudad , 

Que á ser ciertos en verdad 
Pueden tomarse clamores , • 

Que anda entre ellos una llave 
Con que se abre un presbiterio... 
Mas el caso es un misterio 

Y la verdad no se sabe. 
Él sigue ufano y galán , 

Y los rumores de que hablo 
Si los sabe los da al diablo 
Satisfecho el capitán. 

Tal es , amigo lector, 
El Don César de mi cuento : 
Si le crees malo, lo siento; 
Mas no fué mucho mejor. 

V, 

INSUFICIENCIA DEL POETA. 

Casa Don Fadrique á Diana, 

Y en su palacio reúne 
Cuanto hay en Castilla entera 
En armas y amor Unslre. 




302 



GOMPOSIGIOIIES BIYERSAS. 



Que ea Don Fadrique muy rico 

Y á origen de reyes sube , 

Y solo el rey le aventaja 
Cuando sus empeños cumpla. 
Ofreció una noche su hija 

En lance que aun hoy encubre 
El misterio de las sombras 
A un hombre , á quien atribuye 
Tantos misterios el vulgo 
Como al lance que produce 
El repentino consorcio 
Que amor y razones une. 
Mas aunque pasa la noche 

Y ya su presencia urge , 

El novio no está en Toledo , 
Lo que á sospechas induce. 
Mas buenas tiene sin duda 
Razones que le disculpen , 
Porque aunque le echan de manos 
Nadie de faUo le ar&uve. 
Todos aguardan que llegue , 

Y no hay un alma que dude 
Que se hallará al dar las diei 
En loi* ¡«alunes del duque. 
Que él ha marcado eü:a hora , 

Y tal confianza infunde 

Su palabra , que no hay prenda 
Que mas valga ni asegure. 
l>rosiguen pues de la iMMla 
Las fiestas , los brindis crujen , 

Y suenan ios instrumentos 
Voluptuosos y dulces. 
Nunca tal gala ostentaron 

Los que de grandes presumen, 
Ni vio jamás tanta pompa 
l^ asombrada muchedumbre. 
Inútil es ponderarla , 

Y querer pintarla inútil , 
Que fiestas como esta mia 
Contándolas se desluc4¡n. 
Harto lo llora el ])oeta , 

Mas ¡ ay, que por mas que luehe 
Con su voi y con su lira 
La realidad no le suplen 1 
Hará que sus creaciones 
En bellos versos murmarcn » 
Que canten báquicos himnos 
Cuando su festtn concluyen j 
Podrá cuando mas se afane, 
De quien su cuento le escuche 
Lograr que se finja apenas 
El rostro , las actitudes , 
La situación ó el carácter 
De los s^res que dibuje , 
Todo ello pesado y débil 
Aunque á lo vano renuncie. 
Podrá trazar á un cuadro , 
Aunque lomhras se le enturbien, 



Laa princlptles ñgnrtf 
De que su historia se oeope¡ 
Mas la lúa , y el movimiento, 

Y el todo que laa circuye. 
La multitud , las comparsas 
Que en tomo de ellas agrupe 
Que giran, hablan , murmnr. 
Van , vienen , bajan y sobea 
Las cercan ó las desvian , 

Y con ellas ae confunden , 

Y respiran con an «líenlo, 

Y con impulsos conranei 
Con ellas goian, esperan , 
Rien, cantan , lloran, anfrei 
{ Imposible qne lo pinteo 

Y en la mente lo nenmulen 
Con voz , movimiento y fUi 
Fácil, palpable, voluble 1 

¿ Cómo contar ti tomnlto 
Que en un momento praiaa 
En un saloH donde dusan 
Un lance que lo intemmpe! 
La vos de^ t Ahí está, seta 
Ahí está 1 *que brota y bnll 
De boca en boca rodands 
En derredor se difunde; 

Y el aSn de las taerradmai 
Del bridón que le condoea, 
Que al detenerse en el patls 
Hace que el patio retumbe, 
Que en las puertas y ventan 
Los que bailaban se agrapa 

Y por ver mejor se empifia, 
Se encaramen y se empaja; 
Los mucfaoA que prodigando 
Serviles solicitudes 

Bajan á asirle el estribe 
Porque les mire ó salude, 

Y el salón qne dejan solo 
Con la alfombra y eon las tet 

Y la chimenen, en donds 
Chisporrotea la lumbre, 
¿Con qué TOS, ni conqnéft 
Se pinta ó se reproduee, 

De modo que quien eMiMka 
Lo conciba y no se eftuqoeP 
¿Cómo el satisfecho porte 
Contar con que se deseobre 
Al apetecido novio 
Que por la escalera sube, 
Mientras se agolpa por db 
La aturdida servidumbre 

Y al peso de los curiosos 
Por ambas ^irandas enUe? 
Avama puea ; por k sala 
Lagenteseillstribnye, 

Y este es lanee más crtOH 
Que la MNjw eeam 




5ÉTIIIA PARTE. 



a 



ifüso mormullo 
movimiento cunde, 
a>H'ndo un instante 
nial acude, 
compone la gola , 
s hueliUoít se sube , 
fcncaja una hebilla 
I cinturon le ajuste, 
revienta unos guantes , 
cer en la cumbre 
losas se sonríen , 
lie astutas disimulen, 
á un espejo tienden, 
á la flor ó al huele, 
ráelas ó riquezas , 
la pesa, no luce, 
ma l»ella la espalda 
|ue la humille, la oculte, 
na un pié pequeño, 
ojos azules , 
falda de cncage, 
iron de tisúes , 
ruello alabastrino , 
a mano que pule 
lar de brillantes 
nano y dueño arguyen. 
' en viviente masa , 
inientos comunes , 
encía uniforme 
»do fermenta y bulle , 
ó que vaga á un tieoipo , 
sa ó se reúne, 
>e aítoma , y el ruido 
Tienta, <S disminuye; 
lento de atenta 
Incertidiimbre , 
I» cuenta , ó quién lo canta, 
r^up !^ la par se junten 
el arpa , sin ver 
crza al fln que ronuodoi 
el ar|»a humilladas 
A donde sucumben? 

pues de mi empeño, 
! m<' da pesadumbre, 
Jp lk»n Fadrique 
leda que se Ügure. 

VI. 

EL NOVIO. 

los ojos clavados 
ertadel salón, 
ente del baile 
I en derredor, 
eienle y atenta 
Instmitf qucd^ , 



Esperando la llegada 
Del venturoso amador. 
Don Fadrique , Diana y todos 
Los parientes que juntó 
En su flesta el noble duque , 
De sus huéspedes en pos 
Están al dintel parados, 
Que el danzar se Interrumpió, 

Y ahogaron los Instrumentos 
Su ya no escuchado son. 
Todos inciertos callaban , 

Y allá en confuso rumor 
Del novio por la escalera 
Se percibía la voz ; 
Como si alguno á su paso 
Demandándole atención 
Recibiera una respuesta 
De superior á inferior. 

« ¿ Comprendístes P » dijo al fln 
En voi clara. « Sí , señor, » 
Repuso otra voz humilde , 

Y él á replicar volvió : 

« La hora las dos en punto , 
La gente nosotros dos. » 

Y de sus anchas espuelas 
Áspero compás se oyó. 
Cundió general murmullo 
De gente por el montón , 
La masa de mil cabezas 
Adelantándose hirvió, 
Moviéndose á un tiempo todas 
Para ver y oír mejor; 

Y á tal punto por la sala 
Con paso resuelto entró 

El buen capitán Don César, 
Cual siempre fascinador. 
Echó los brazos al cuello 
De Don Fadrique , tomó 
La mano á Diana , y besóla 
Con acendrada pasión. 

Y por la estancia avanxand(^ 
En tal guisa les habló : 

• Señor duque , hermosa Diana , 
Si tardé , mirad que cttoy 
Pronto desde este momento 
A demandaros perdón. 

— Capitán , en vuestra casa 
Nadie exige sino tos. 

Id , yenid cuando os plngnleM 
Sin pena y sin restricción , 
Que en todo lo que gustareis 
Nos daréis gusto y honor. 

— Pues cuando os venga en agrado, 
Señor duque , la ocasión 

Del notario aprovechemos, 
Con la ley cumplamos hoy, 

Y atendiendo á ambos mandatw 
De justicia y relt|rt<Jki , 




204 



COMPOSICIONES DIVERSAS. 



Hoy nos casaran las leyes. 
Mañana temprano Dios. 
¿Os place? 

— Si , por mi vida. 
— ¿Yávos, Diana? 

—¿Tengo yo 
Mas voluntad que la vuestra , 
Mi esposo y libertador? 
>— Pues de ese modo abreviemos , 
Que aunque por ello aflicción 
Siento en el alma , esta noche 
Aun mi ausencia no acabó. » 

Volvi«')se á tales palabras 
El duque, y conversación 
Siguieron de esta manera 
Por lo bajo ambos á dos. 
« Don César, ¿lleváis espada? 
— Solamente á precaución. 

— Sabéis , capitán , que os debo... 

>— Gracias , duque ; aunque de honor, 
No es asunto de estocadas , 
Sino de tiempo. 

— ¡Por Dios 
Que tomara por agravio 
Que en caso de exposición 
Reclamarais el auxilio 
De otro que no fuera yo ! 

— Dormid sin cuidado, duque, 
Que en todo evento hombre soy, 

Y os despertaré mañana. 
Volved esta noche vos 
Al baile desde la mesa, 
Danzad , duque , sin temor, 

Y no os acordéis de mí 
Hasta que despunte el sol. » 

Y asi el capitán diciendo 
La mano de Diana asió , 

Y á otro aposento pasaron 
Con toda la gente en pos. 

Firmáronse alegremente 
Los contratos en unión , 
Volvióse á la danza luego 

Y i la mesa se volvió. 
£1 duque estuvo gozoso , 
El capitán decidor, 

Y Diana hermosa y radiante 

Y hechicera como el sol. 

Y aunque no faltó un misántropo 
Que admirado se mostró 

Y auguró mal de esta boda. 
Cenando como un león , 
Desde la cena , la danza , 
Tercera vez empezó. 

Mas que nunca bullicioso 

Y pacifico el salón. 
Mas Justo será añadir 
Como fiel historiador, 



Que mientraf legnla d bii 

Y de los brindis él son. 
El capitán y Ginés 
Salían al dar las dos 
De la emi»nada Toledo 
Por las puertas del Gambroi 

VIL 
DONA INÉS. 

Cerraron en un eooTenfa 
A Doña Inés de Alvarado, 

Y obraron con poco tiento, 
Porque Jamás faé sn intm 
Tomar tan bendito estado. 

NiSa alegre y bollkiosa, 
De noble estirpe naelda, 
Pensó libre mariposa 
En volar de rosa en reía 
Por el Jardín de U vida. 

Con dos ojos qne baUan 
La lus del brillante sol 

Y una mente inquieta y lo 
¿Quién pusobiOo una toe 
Corazón tan español? 

¿Qué valen las ceksias 
Que la aprisionan el Ter, 
Si en sus bellas fantasías 
Adora todos los días 
Sus delirioa de muger? 

¿ Qué imporU ¡ pese á ü 
Que algunos doctores ri^ 
Nieguen el mundo para all 
Si presinUéadoae bella 
Se encuentra con loa esp4 

¿Y qué la importan tos 
Del salterio sacrosanto. 
Si las lindas tentaciones 
De otro dios y otraa cando 
Se la acuerdui entre tanto 

¿Cómo abrasar las espii 
Del ayuno y la oradon 
Como exigencias divinas. 
Si hay otras que están lal 
Punzándola cd ooraion? 

¿Para qué son sus aentk 
Si de nada han de goor? 
¿ Qué fué para los nacidos 
El mundo á qne son venM 
Si en ve hande pecar? 

¿Qué sirven de sus «dMl 
Los mal ntUados fiaos. 

Si no ba oe «rente CB el 




SÉTIMA PARtfi. 



20 



que haga mas bellos 
antojadizos ? 



ier que su sombra alcanza 
va tras su sombra 
osa esperanza , 
se ensaya en la danza 
'a que halla una alfombra. 

ier que hablan de virtud 

secreta estudia 
[Teta inquietud : 

que encuentra un laúd 
10 de amor preludia. 

i á solas mirando 
msion los cerrojos 
s pasó sonando 
)ntró despertando 
imas en los ojos. 

z desde una ventana 
i inmensa campiña 
ruza una aldeana, 
u sayal de lana 
»r una basquina. 

2 al tomar su aguja 
lar un santo nombre 
labor estruja ; 
az tentación la empuja 
ar el de un hombre. 

se la van los dias 
irar y gemir, 
óvedas sombrías 
rgas galenas 
abrán de ver morir. 

ojos se marchitan , 
iios palidecen , 
és se debilitan , 
¡lirios la irritan , 
sadumbres crecen. 

|ue al abrir un convento 
[nés de Alvarado 
con poco tiento, 
I se ve que su intento 
maba á su estado. 



qué han visto sus ojos , 

!nos y radiantes 

que sin enojos 

[>n los antojos 

que corrieron antes? 

[ue ayer esquivaba 
[>lo el cantar sonoro 
don la cansaba, 
rodillas se clava 
; rejas del coro. 



ElUí que ayer distraída 
Asistía al gran misterio 
Del Redentor de la vida , 
Hoy no quita embebecida 
Los ojos del presbiterio. 

Ella que ayer con el son 
Del importuno esquilón 
Dejaba el lecho tardía, 
Hoy madruga con el día 

Y adora la creación. 

Ella que ayer descuidada 
Olvidaba sus, labores. 
Hoy noche y día afanada 
Multíplica dehcada 
Sus bordados y «us flores. 

Y salen de su aposento 
Ofrendas del sentimiento 
Bajo formas infinitas , 
Sus labores esquisitas 

Que orgullo son del convento. 

Mutación inesperada 
Que á sus hermanas admira , 
« Y la oveja descarriada 
( Dicen ) del pastor llamada 
Ya ásu redil se retira, 

> Yavuehe al dulce reclamo 
De la dulce compañía 

Y á los cuidados de su amo 
La blanca oveja que huia 
Tan salvaje como el gamo 
Nacido en la selva umbría, » 

Y en secretas reuniones 
Dándose la enhorabuena 
Doblaban las oraciones 
Pidiendo á estas intenciones 
Perseverancia serena. 

¡ Impertínencia importuna 1 
¡ Oh necias sin duda alguna 
Las pobres siervas de Dios 
Si no alcanzasteis ninguna 
Lo que va de Inés á vos ! 

Tras recogimiento tanto 
Su tez la color recobra , 
Sus ojos brillo y encanto... 
¿ Y pensáis que el fuego santo 
Tales maravillas obra? 

¿Pensáis que el alma prensada 
En la seca soledad 
Vuelve á una nhla apenada 
La pura tez sonrosada 

Y el contento y la humildad P 

I Oh I necias , que sin recelos 
Cubrís el mundo y los ojos 




{06 



COMPOSICI(H(£S DIYBRSAS. 



Con vuestros benditos velos. 
Guando á la luz de los cielos 
Se ven muy mal sus abrojos. 

¡Necias I la blanca ovejuela 
Que se vuelve á su pastor, 

Y cuya vuelta os consuela, 
Es tórtola que se vuela 

Al reclamo de su amor. 

Guando sus ojos estaban 
Glavados en el altar, 
El altar no contemplaban, 
Que otros ojos no cesaban 
Sus ojos de reclamar. 

Huir las rejas impiden , 
Pero pese á los cerrojos 
Lenguas en ojos residen , 

Y los espacios se miden 
Con las lengaas de los ojos. 

Un hombre la contemplaba , 

Y un hombre la de\oral>a 
Con sus ardientes pupilas , 

Y Dona Inés se abrasaba , 

Y vosotras... tan tranquilas. 

NI sorprendisteis su esceso , 
Ni de la reja á una esquina 
Visteis que perdido el soso 
Tendió la mano, y que un beso 
Grujió en la mansión divina. 

Ni visteis que en vez de andar 
Al toque de los maitines 
Desde su celda ai altor 
Solia mas tarde entrar 
Al atrio de los jardines. 

Ni hubo de vosotras una 
Que del paseo celosa 
Abriese ventana alguna 

Y viese huir con la luna 
Una sombra sospechosa. 

Ni hubo ningún jardinero 
Que al primer canto del gallo 
Viese acerciirse rastrero 
Un rondador caballero , 
Que atrás dejaba un caballo , 

NI os ocurrió que sus flores , 
Sus vistosos ramilletes 
Que encontraban compradores , 
Pudieron de sus amores 
Guardar ocultos billetes. 

Ni la visteis espiando 
El sueño de la tornera 
ías llaves manoseando , 
Abierta afición mostrando 
peí manojo á la tercera. 



\ Oh ! qov al abrir un con 
A Doña Inés de Alvarado 
Obraron con poco liento , 
Pues ni han mirado su int 
NI en el capitán pensado. 

vin. 

AVENTUEA INESPUCA 

Tras grave asunto , i Jtu 
Por lo que van espolnñdo 
Corren dos hombres enia 
A caballo un olivar. 

No está la noche muy d 
Mas bien se ve ai pié de m 
Una cruz grande de taieno 
Que dos caminos separa. 

Y de adverUr fácil ei 
Aun á los ojos peores 
Que son dos los corredora 

Y los caballos son tres. 
Echó pié á tierra el prlf 

Y al dar la brida ai de atr 
Le dijo : — Aquí esperaris 

Y el otro dijo : — Aquí ei 

Y hacia el convento avaí 
Del caballero en la oseara 
Sombra se fué la figura 
Hasta perderse mengnand 

Y aquí , I ó mi lector m 
Fuerza será que convenga 
En que es precisóle m 
Hacia el convento oonmlgí 

Sigue mi camino pnei, 

Y de una verja deten 
Un atrio acaso hallavái 
A pocos pasos que des. 

Sube tres gradas , si pa 
Da un paso mas , y con é 
Tocarás en el cancel, 
Donde es f ueria que te qa 

¿Ves un hombre qae ci 
Encorvando la figura , 
Por la estrecha cerradan 
En mirar está ocupador 

Acércate sin temor, 
Qne lo que alcania por de 
No hace temible el encite 
Del capitán rehidw. 

Tú , lector» pregunlarii 
jCoD qne el capitán es m 
Él mismo, mas que te p 
Pero baste un poquito at 

Porque levantando d b 
Empuja á espado la paei 
Entró , y dejándola Inda 
Sopló el aire y did nn po 




SÉTíták ÍARTfi. 



or, que dices , 

epLicJirte , 
landole darte 
i las narices, 
i encía susiega , 
iarád , 
céoy mas 
llega, 
n en pié 
ancha nave , 
ueno sabe 
i qué ve. 
ra enlutado 
'ciopelo , 
eiendo duelo , 
medio alzado, 
ano del túmulo 
R sones , 
blandones 
u cúmulo, 
m en coro 
¡rales , 
:on ciriales 
A de oro. 
nbre que asiste , 
rodea, 
10 se vea 
ble viste, 
al bajar 
> á su nicho 
apricho 
1 en dejar, 
su eterna caUna 
insuman, 
as perfuman 
el alma, 
le aduerme, 
jitiücan, 
riücan 
race inerme, 
oraciones 
precisos 
ema visos 
Idiciones. 
US compases 
tros, horribles, 
i4'om|)rehensibles, 
litas frases. 
, ronco y quedo 
ras veces, 
ellas preces 
os de miedo, 
n aliullidos 
»p<*rados , 
>ndenados , 
*> salidos, 
i rumores 
itas se escuchan , 



1 



O de ejércitos que luchan 
Los espantosos clamores. 

Y siempre siendo los mismos 
Los sones que se levantan , 
Responsos á un tiempo cantan 

Y murmuran exorcismos. 
Atónito de la escena 

Estraña y aterradora 

Que encuentra tan á deshora 

Y le asombra y enajena , 
Don César con paso lento 

Entre la turba mezclado 
Dirigióse á un enlutado 
Que oraba en aquel momento. 

« ^ Quién es el muerto, sabéis, 
(Dijo) á quien rezando están? > 

Y él respondió : « El capitán 
Montoya : iU conocéis? » 

Mudo quedó de sorpresa 
Don César oyendo tal , 
Mas no lo tomó tan mal 
Como tal vez le Interesa. 

Volvióle la espalda pues , 
Diciendo : •Me ha conocido , 

Y burlárseme ha querido ; 
Mas luego rere quién es. » 

Siguió la iglesia adelante , 

Y una capilla al cruzar 
Vio un sepulcro preparar 
Entre otros varios vacante. 

Y á un personage que halló 
De luto , y que parecía 

Que el trabajo dirigía , 
El capitán se acercó. 

« ¿Para quién abren la hoya? » 
Le dijo ; y el enlutado 
Le contestó decontado s 
« Para el capitán Montoym* » 

Mudósele la color 
A Don César ; mas repuesta 
Su calma , al de la respuesta 
Volvió entre risa y furor. 

Miróle de arriba abajo , 
Pero no le conoció^; 
Segunda vez le miró, 
Pero fué inútil trabajo. 

Ni recordó que quizás 
Le hubiese visto la cara , 
Ni Imaginó que la hallara 
Tan repugnante jamás. 

Que encontró en ella tal gesto 
De aterradora hediondez , 
Que por no verla otra yes 
Dejó caviloso el puesto. 

Fuese á otro punto i situar 
Diciendo : •jEse hombre 9$trem$€( 
De aqusl sejñUero párete 
Que le acadan de eaceiñr. • 




208 



GOM POSICIONES MVEBSiS. 



Uno tras otro m puso 
A contemplar los que via , 
Mas á nadie conocía , 
De lo que andaba confuso. 

Tenían todos las caras 
Descoloridas y secas, 

Y dijeran que eran huecas , 
A mas de antiguas y raras. 

Cansado de fiesta tal , 

Y á impulso de una aprensión, 
Llegóse á un noble Taron 
Que oraba con un cirial. 

Cabe él la rodilla apoya , 

Y dicele ya con miedo : 

« ¿ Quién es el muerto ? » y muy quedo 
Contesto el otro : « Montoya. » 

Del catafalco á los pies 
Uegó entonces decidido , 
Ue aquella duda impelido , 
A Ter 1 muerto quién es. 

Por los monges atropella , 
Trepa al túmulo , la caja 
Descubre , ase la mortaja , 

Y él mismo se encuentra en ella. 
Miró y remiró, y palpó 

Con afán hondo y prolijo, 

Y al fin consternado dijo : 

« i Ciclo santo , y quién soy yo ! » 



Miró la Vision horrenda 
Una y otra y olra vez , 

Y nunca mas que á si mismo 
En aquel féretro ve. 

Aquel es su mismo entierro. 
Su mismo semblante aquel : 
No puede quedarle duda , 
Su mismo cadáver es. 
En vano se tienta ansioso ; 
Los ojos cierra , por ver 
Si la ilusión se deshace , 
Si obra de sus ojos fué. 
Ase su doble figura , 
La agita , ansiando creer 
Que es máscara puesta en otro 
Que se le parece á él. 
Vuelve y revuelve el cadáver 

Y le torna á revolver; 
Cree que sueña , y se sacude 
Porque despertarse cree , 

Y tiende el triste los ojos 
Desencajados do quier. 
Mas t nuevo prodigio ! mira 
A las puertas, y al dintel 
Ve que despiden el duelo , 
De dndo oichidos también , 
Don Fadrique y Doña Diana , 
Que arrastran luto por él. 



Bajadles tiende kwbmot, 
Les nombra , cae á ana piés; 
« Miradme, les dice atónito, 
Montoya soy , redme bien, > 

Y ellas le miran estúpidos 
Sin poderle conocer, 

É inclinando las cabeías 
Replican t—Montoya /ti^.— 
Entonces desesperado 
Con angustia tan cruel 
Vase otra vez hada el nmerUi 
Demandándole quién es. 
« c A'o hay q%iien sepa sgaif 
¿No hay á salvarme folkr? 

Y allá desde el pnriiltslo 
De las rejas al tnvás. 
Oyó una voi que 4eela t 

• Si , te eonoxco , nUhen: 
Abre; ¿qué tardas? parttm 
Yo soy tu amor, soy tu laéi. 

Y los brazos le tendía 
La de Alvarado también 
De la reja tentadora 
Tras el cuádruple canoeL 
Mas viéndola cual especlrs 
Que le persigue á so ves, 
Gritaba él : « Aparta , apmk 
¿ Que soy cadáver no vw? • 

Y apenas palabras tales 
Pronunció cuando tras A 
Vio llegarse aquel fant^if ^ 
Cuyo gesto de hedlondei 
Le hiio miedo, y no le podo 
Recordar ni conocer. 
Contemplóle de hito en Uta 
Le asió del brazo dcapncí, 

Y asi con voz espanliMt 
Vio que le dijo : — « / JWriía 
Tú eres quien cambia commí 
A mi sepultura ten, • 

Y á esU horrorosa amUñdá 
Ya sin poderse valer. 
Cayó en el suelo Montosa, 
Falto de aliento y de plák 



« ¿DóndeestoyF ¿qoéeíA 
¿Respiro aun?» esdamó 
Montoya abriendo los cijos 
Con desfallecida voi. 
« Señor, estala en mis hrMSi 
— ¿Erestú,Gin4sf 

— Yosoy- 
— ¿ Dónde estamosf 

— &ilaen 
-¿Del olí r 

-^tefior. 
--¿ No estove yo en el tenia 




SÉTIMA PARTR. 



?( 



quién de alli me sacó? 
m , señor. 

—¡Tú, Ginésl 
lonad, temí por vos, 
do que el tiempo andaba 
iw ni rumor 
nza me infundían , 
ts eché. 

—\ Santo Dios : I 
lastes... 

—A la iglesia, 
lido por el son.' 
r, no be oído nada; 
iodUe? 

— iGómono? 

> U igMa no vistes 
utadot en pee 
cadáver?» 

Miróle 

> de admiración 
> , y dijo : 

« Soñamos, 
Don César, ó yo. 
il oí cosa alguna. 
quees mia esa visión? 
ojos solamente 
la se presentó ! 
tes conmigo á nadie? 
ro á mi salvación 
o os hallé, tendido 
el altar mayor ; 
o el peligro doble 

9 y la situación , 
letuvc á pensar 
ais herido ó no; 
con vos, y me vine ; 

vi mas, señor. » 
iiés , y Don César 
palabras quedó 
o y abismado 
la meditación. 
i de hito en hito 
|ue aterrado vio 
. del capilaq 
fia trahformadon. 
jados los ojos, 

10 el color, 
mirar, parecía 

: vivo, aparición, 
en el pedestal 
iz, do él le posó, 
pernianecia 
ea y sin intención , 
lo á un pensamiento 
lia en su interior, 
3 vía que todas 
ncias le absorvió , 
lien mira aterrado 



Negra y horrible visión 
Que le borra de los ojos 
Cnanto existe en derredor. 
Temeroso el buen criado 
Por su juicio y su razón, 
Dirigióle atentas frases 
Con afán consolador. 
Mas él ni tomó los ojos 
NI á sus voces respondió , 
NI agradeció sus cuidados,' 
Que en nada puso atención ; 

Y al cabo de largo trecho 
Con repentino vigor. 
Levantándose en silencio 
En su corcel cabalgó. 
Hincóle los acicates, 

Y el poderoso bridón 
Tras un peligroso brinea 
A todo escape salió. 
Santiguóse el buen Glnés , 

Y en su ruin superstición 

Dijo : «¿Si tendrá los malos? » 

Y á escape tras él echó. 

IX. 

Por una puerta secreta 
Que de los salones sale 
A un secreto gabinete , 
Puede á estas horas mirarse 
A Don Fudrique y Don César 
Que pálidos los semblantes 
Plática tienen trabada 
De asunto en verdad muy grave. 
Demanda con vehemencia, 
Don Fadrique, y contestarle 
Resiste el otro , en su empeño 
Ambos por demás tenaces. 
El capitán asentado 
En un sillón torvo yace 
Guardando, pésele al otro. 
Un silencio inalterable. 

Y Don Fadrique colérico 
En pié á su lado , las frases 
Le dirige mas violentas 
Que halló para provocarle. 
Dejábale el capitán 

Que la ira desahogase. 
Como si con él no hablará 
NI pudieran escucharles. 

Y al ün , de calma en su cólera 
Aprovechando un instante , 
Dirigióle la palabra 

Con razones semejantes i 
« Todo es inútil , denuestM , 
Súplicas, amagos, ayas, 
El mundo entero no paedíe 
A que 09 lo dif¿a obligarme. 

l4 




2Í0 



COMPOSiaONES 



Un secreto ei que conmigo 
Quiero que al sepulcro luije, 

Y no lia de saberlo nunca 
Desde el sol abajo , nadie. 
Sí es sueño ó delirio mío. 
Quiero de él aprovediarme ; 
SI es un aviso del cielo. 

Es imposible excasarle. > 
Tornó al illeneio Don César, 

Y el duque, que aunque no alcance 
La rozón , sospecha «iguna , 
Dijole sin Ira casi : 

• Don César, noble he nacido , 

Y por mocho que yo os ame 
Llevar no puedo en paciencia 
Sin una excusa un desaire. 
Por misterioso ó fatal , 

Por precioso ó repugnante 
Que el secreto sea, ¿creéis 
Que no sabré yo guardarle? 
—Sabéis quién soy, Don Fadrique, 

Y por excusa esto baste , 
Que no liablaré mas en ello 
Si sant(»s me lo robasen. » 

Y aquí ya de Don Fadrique 
La cólera desluírdñndose , 
Dijo al capitán Montoya 
Con voz resuelta y pujante : 

« ¡ Vive Dios , señor Don César, 
Que esto no es mas que un ultraje 
Que hacer queréis á mi casa, 

Y que está pidiendo sangre ! 
Si no podéis el motivo 
Descubrirme que deshace 
Vuestra boda , satisfecho 

De un modo ó de otro dejadme. 
—Señor duriue , ya está dicho. 
Si lo dejo de cobarde , 
Pues que me del»eis la vida 
Nadie como vos lo sabe . 
Pero os juro que aunque osado 
Lleguéis hasta abofetearme , 
Ko haréis que por causa alguna 
La espada mas desenvaine. 
Ni mas me la he de ceñir. 
Ni mas me harán que la saque 
Cuantas honras y raxones 
En el universo caben. 
Mirad, señor Don Fadrique, 
SI el secreto será grande , 

Y pues veis á lo que obliga , 
Si hidalgo sois respetadle. » 
Callaron ambos á dos, 

Y continuaron mirándose 
Como hombres en sus propósitos 
Igualmente imperturbables. 

Al fln dijo Don Fadrique 
Por la estancia paseándose , 



A\iJ. 



Como qoleu dude M debe 

Satisfacerse ó Teogme : 

« SeAor «lyUiB Hooloya, 

Vidaybei 

Unanoehep yi 

Me los habéis 

Que no será 

A restablecerlos flactt» 

Vayase lo uno por lo otn, 

De nada quiero acoidaoL 

Estamos en pas , Don Cénr 

Y continuó paseémlose, 

Y ataraiándoee m Ulile 
Hasta Eerocar la 
Entonces el esflt 
Con paso nedldo y pne 
En mitad del tpoeenls 
Fué decidido á eBoenlMi 
Tendióle la naao y dye t 
« Pensad, dnqiie.slcslM 
A dejaros satisfecbi' 
De este misterioso nltnije 
Mi resolución poAren t 
Tomad , señor. esM flifei 
De mis Inmensee 
Haced con JnsUehí 
Una á Ginés por 
Con cuantos maeUes hiHi 
Un hospital ó ce m e nte 
Fundad con otra , al osphH 

Y otra á Don LuU de AlfM 
Que gana ia apuesta 
Que hice de robar á Dios 
La mejor prenda al 
¿ Me comprendéis , seto ds 
Obedecedme y dejadms. 
Entregad al de AlTando 
Lo que hoy de perder ae|l 
Pefo cuidad, Don FMrifM 
Que no sepa el mlsambls 
Que era Inés, su propia h« 
U prenda que Iba á japril 

Y asi el capiun dhMnii 
Un pliego sin Mías ase. 
Escribe algunas palains, 
l/y firma , lo adía y paüL 

Quedó Don Fahrtqee rita 
Ginés rompió en VMei y ají 

Y en llanto anmso, fes ú 
Cambió en lágrimas el Mil 
Cundió la notlda rápidi , 

Y el escándalo filé grsMs, 
Annque al 
Noaelenaln 




aÉnilá PARTE. 



)1 



X. 



5 Y CONGETÜR.VS. 

I hablillas Toledo, 
erpretadones. 
forjó un enredo , 
1 todos con miedo 
os y apariciones. 

m vano buscaron 
• al capitán , 
s le colgaron , 
las inventaron 
s las creen j dan. 

ijo que anochedoido 
^e un corredor 
( aires oemiendo 
' alado 7 horrendo 
ello el anterior. 

ijo que nn dia oraba 
evoto retablo , 
ipitan que daba 
lefensa brava 
a Migdei , al diablo. 

) es que Don Fadrique 
i)ano mandó 
nombre ratiñquc, 
lie y testiüque 
>n César firmó. 

[Mirtió <iii tesoro 
iBii después , 
á los pttlires oro , 
> como un moro 
I curte Ginés. 

íiesrulirirsepudo, 
lecir^tí muá , 
'I híH'iio desnudo , 
ri:íeu v escudo 
ntíraA de atrás. 

r entre todas una 
i ó tradición 
ira niHirtima 
la fué fortuna 
ilcl inontnn. 

^ ú 9u >C7 la cuenta 
ecaiílc M'nlad, 
n dudarla intenta 
le Dios atruta 
f inag('>tad. 

idor vauabundo, 
ar en Toledo , 
I pueblo me fundo 
n , y asi al mundo 
mi turno puedo. 



Ni quitaré' ni pondré ; 
Como á mi me la contaron 
Fielmente la contaré , 

Y á ser falso, juro á fé 

Que en Toledo me engañaron. 

Dis qne pasaron dies años , 
Cada cual lleno á tu ves 
De azares y deMngafios , 
Mas á nuestro cuento estraüoa 
No hioen al caso los áiei. 

Las ftdmlUlas cesaron 
De hervir en ta nradwdmnlire ; 
Diana y otras se casaron ; 

Y en fin , según es costumbre , 
Al que murió le enterraron. 

Y del mar de su destino 
Ta pronto á romper el dique, 
Diz que al linde del camino 
De la vida , Don Fudrtque 
Pidió aprisa un capuchino. 

Y severo y respetable 
Con la faz descolorida 
Vino un \-aron venerable 
Al duque á hacer tolerable 
La tremenda despedida. 

Tras sí la puerta entornó , 

Y cuando á solas quedó 
Con el noble moribundo , 
La religión con el mundo 
Asi platica entabló. 

Monge. ¿Don Fadrique? 

i). Fadrique, Bien Tenido , 

Padre; concluyendo estov. 

Monge. A ayudaros he venido 
A ir en paz ; prestad oído 
A lo que deciros voy. 

« Ha diez anos que arrastrado 
Por intención criminal 
Hollé de un templo el sagrado 

Y á Dios me sentí llamado 
De una visiuu infernal. 

Los mucrtoe vi que sallan 
De las urnas sepulcrales 

Y blandones me encendían , 
Y' con gran pompa me haciin 
En vida los funerales. 

Vision de los cielos fué; 
cMoH quién cre\era mi historia.* 
A contarla me nc^ué, 

Y haberla determiné 
Encerrada en mi memoria. 

Tan solo eilstia un hombre 
A saberla con derecho ; 




7í7 



COMPOSICIONES DIVERSAS. 



Porfió , porfié ; y no 08 asombre , 
No me la arrancó del pecho : 
Don Fadrique era su nombre. 

Mas lo que excusar no pude 
Al noble ¿ quien ofendía 
Vengo, y ¡asi Dios me ayude! 
A que mi razón escude 
La fé de vuestra agonia. » 

Y esto el buen monge diciendo 
Cayó ante el lecho de hinojos , 
Las manos del duque asiendo , 
Quien BUS palabras oyendo 

Al iñonge tomó los ojos. 

Contemplóle de hito en hito 
Con acongojado afán , 

Y esclamó al fln con un grito : 

« I Sois vos ! ¡ Dios santo y bendito ! 
Abrazadme , capitán. » 

Y los brazos enlazaron , 

Y á solas ambos á dos 

Por largo tiempo quedaron , 

Y largo tiempo lloraron 
Ante la imñgen de Dios. 

Y al fln de la confesión 
Henchido el duque de fé , 
Dijule : « A aquella visión 
Debéis vuestra salvación , 
Que aviso del cielo fué. » 

En cuyo punto sintiendo 
Llegar cí trance fatal 
Del paso duro y tremendo 
« A Dios, Don César, » diciendo, 
Lanzó el aliento vital. 

Y aquí del todo acabada 
Del buen monge la misión 

Y el ánima encomendada , 
Con voz esclamó mudada 
Al darle la absolución : 

« ; Vé en pas I y si cotno espero 
El llanto ante Dios se apoya 
Dé un eoraxon verdadero , 
¡Ruega á Dios , buen caballero , 
Por el capitán Montoya! > 

Y dando al mundo un momento 
Al muerto besó en la frente, 

Y á paso medido y lento 
Triste volvió á su convento 
El capitán penitente. 



Y há poco habla en sepultura humilde 
De la maleza oculta entre las hojas 
Una inscripción borrada por los anos , 
Que todo al fln sin compasión lo borran. 



Único resto de opuleoU estirpe , 
Único fln de la mundana pompa 
Montón de polvo en soledad yac 
Quien hizo al mundo con su auda 
Y apelas pueden los avaros ojos 
Leer en medio de la antigua losa 
• Aquí tace frat Dieco i>e Sn 
Que fué en el siglo el capitán 

NOTA DE CONGUJSIO: 

Y por si alguno pregunta 
Curioso por Doña Inés 

Y opina que queda el cuento 
Incompleto, le diré : 
Que DoRa Inés murió mo^j 
Cuando la tocó su ▼«, 
Sin su amor, si pud» ahogu 

Y si no pudo, con A. 
Porque destino de todos 
Vivir de esperanzas es; 
Quien las logra muere en cBi 
Quien no las logra también. 

Con que ya sabe él cari» 
De mis héroes lo que fué, 

Y solo aüadir me resta 
Dos palabras de Ginés. 
Hizo en la corte fortuna. 
Casóse al cabo muy bien 
Con una dama muy rica 

Y hermosa como un davel. 

Y aunque dieron malas leni 
En alzarla no sé qué, 
Ella no alzó las pestañas 
Para al vulgo responder. 
Dio á Ginés un hijo zurdo, 

Y dijo su padre de él 
Que habia nacido en cofs, 

Y en esto solo baMó Uen. 



VIGILIA. 



Pasad, fantasmas de laaocte 
De negros sueiVos multitud lifia 
Que columpiados en lanidilaM 
Fugitivos llamáis i mi Tentaos. 

Pasad y no llaméis. DeJ«lBNi¡ 
Que en la nocturna solejid den 
Los lentos dias deimugun Oen 
Calme y repose en momentáneo 

Pasad y no llámela. Ln ímbIi 
Vuestro contorno rtn oolor ms fi 




SÉTIMA PARTE. 



1^1) 



»is , ni vuestra faz impura 
acuerdo me revela. 

oir vuestros gemidos 
abrí por coDsoUnros, 
las tinieblas , ¡ y erais Idos. .. ! 
r 9i nunca he de encontraros? 

el sue&o Indlfórente 
plumas sin afán reposa, 
la en su risueña mente 
y celestial y hermosa. 

on rostros halagüeños , 
) rápidos placeres, 
eis de vuestros sueños 
bellísimas mugeres. 

ide á la lumbre vacilante 
la y oportuna estrella 
gozaros un instante, 
ito vuestra blanca hu^la. 

e en vano por la sombra tiendo 
jos , me invoquéis perdidos , 
acudo , vaestra voz oyendo , 
la sombra , ya sois idos. 

lie presa de secretos males, 
fie soledad me inspira 
has y amorosos vales 
solas en mi pobre lira. 

eals4')n de vuestras vagas voces 
)z que me repite insana 
razón esos veloces 
rmurais á mi ventana. 

respondo y suspiráis pasando 
á entender vuestro suspiro, 
i , y os alejáis volando , 
mo , y os veíais si os miro. 

as tristes misteriosas quejas 
t y vuestro bien deseo, 
(le mis macizas rejas 
ibes en silencio veo. 

noche incomprensibles ruidos! 
\ is en la tiniebla oscura... 
(ló \ ais.^ c'de dónde sois venidos? 
la en vue^ftra voz murmura? 

mor del agitado viento, 
as almas sin reposo, 
tenaz remordimiento, 
enemigo y envidioso? 

Ta que seáis , almas ó nieblas , 
vuestra confusión liviana 
ro camino en las tinieblas 
jamás á mi ventana. 

rlste ¡ muy triste! un aposento 
11 de lámpara que espira 



Se oye el crujir del tumultuoso viento 
Que faera en torno de las torres gira. 

Es triste, si ^ muy triste y muy medroso , 
Velar sobre mi volúmen*carcomldo , 
La frente ardiendo , el alentar penoso , 
Las lUunaradas aumentando el ruido ; 

Viendo las letras en las turbias ho]af 
A su dudosa vibración mezclarse , 
Negras, azules, amarillas , rojas , 
Ala afanosa comprenalon negarse. 

Y leer en vei de religiosas voces 
O de amorosa y métrica armonía 
Cifras que borran cifras mas veloces. 
De sentido infernal, de raza Impía. 

Pasad , fantasmas de la noche oscura. 
Quien quiera que seáis, almas ó niebllM, 
Pasad , y en mis vigilias de amargura 
No llaméis á mi reja en las tinieblas. 

No llaméis , que enemigo de la sombra 
Odia el cantor vuestra armonía vana; 
Dejad al trovador á quien asombra 
El oíros llamar á su ventaiM. 

I Pasad , sombras sin cuerpos , aires Taños , 
Pobres de luz, de voz desconocida. 
Esquivos á los ojos y las manos, 
Estraños á la fé de nuestra vida ! 

Pasad , y no turbéis de mi sosiego 
La dulce calma ó la nocturna vela : 
No creo en vuestro ser, pasad , os ruego , 
Seguid al aire que os arrastra y vuela. 

¿ Pensáis que á esos ahullos y suspiros 
Con que llenáis la oscuridad tranquila 
Como á silbos de brujas ó vampiros 
Mi amedrentado corazón vaclU? 

¿ Pensáis ¡oh! que por medio de escucharoi 
Con voz pujante entonaré canciones , 

Y al arpa acudiré para ahuyentaros 
Con dulces trovas de atnorosos sones? 

¡Mentís, abortos de la sombra vana! 
Yo sé bien que , si fuerais mas que viento , 
Holgarais en montón en mi ventana 
Al blando son de mi amoroso acento. 

Mentís, hijos del aire y de Un nieblas , 
Mentís : yo tengo sin cesar conmigo 
Un talismán que alumbra las tinieblas 
Del desdichado protector y amigo. 

Mirad cuál radia en mi t gurio estrecho 
La limpia luí de la esperanza mía : 
Mirad cuál vela en mi desierto lecho 
Con su cariño maternal María. 

Todas las noches mi dolor la Implora , 

Y amiga de mi llanto solitario 




314 



C0MP0SIGI019ES DITERSAS. 



Todas las noches mis engaños llora 
Con el raudal que reventó el Calvarlo. 

Pasad, remordimientos tentadores; 
Ya sé quién gime mi falax desvío , 
Ya sé qaién rie|^ l«s marchitas flores 
Con tierno llanto , del recuerdo mió. 

I Ya sé qnién « \ hijo ! > en soledad me llama 
fi « hijo > á SQ V07. la soledad responde... I 
I Ah ! cuanto mas tras la ovejuela clama, 
Mas á sus quejas y á su afán se esconde. 

Tierna , amorosa , celestial María , 
Bosa inmortal del Gólgota sangriento , 
Faro infelible que mi rumbo guía 
Entre la furia de la mar y el viento ; 

Lfhrame de esos ecos misteriosos 
Que me atormentan en la sombra vana, 
Aleja esos fantasmas vaporosos 
Que vienen á llamar á mi ventana. 



I Y tü , perdida y bella , 
Fugaz y última estrella 
Que viertes á deshora 
Delante de la aurora 
Con perezosa huella 
Dudoso resplandor! 
¡ Oh ! I tracnic la hermosura , 
La calma y la frescura 
Del alba trasparente, 
Que este tropel ahuyente 
Con que la sombra oscura 
Me cerca en derredor 1 

Yen , estrella matutina , 

Y á tu blanca y argentina 
Silenciosa aparición , 
Huirá de mi ventana 
Esa confusión liviana 
Que despierta mi afUccion. 

I Lámpara de consuelo 
A cuya lumbre velo , 
Que escuchas solitaria 
Mi tímida plegaria, 
Si acaso llega al cielo 
Mi súplica mortal ! 
Trácme la luz del día 
Que calme la agonía 
De esos remordimientos 
Que vogan tiirlmlentos 
Sobre la niebla umbría 
En Ilusión fatal. 

Yen , estrella matutina , 

Y tu blanca y argentina 
Silenciosa aparición , 
\huyente dp mi ventana 



Esa infernal caraTana 
Que huella mi coraxon. 

Recnerdos son daAinos 
Que cruzan peregrhMM 
El arenal desierto 
Del corazón incierto , 
Buscándole caminos 
Que acaso no hay en él. 
Que nunca ven tranquilo 
Becóndito un asilo, 

Y que jjDLmas se amansan, 

Y que jamás descansan, 
Corrientes que hilo á hib 
Desbordan sn nlTel. 

Yen , estrella matutina, 

Y i tn blanca y aifentin 
Luminosa apaiidoo, 
Huyan las sombras Urin 
Qne Haman á las rentiB 
De BOU triste consoD. 

Dejadme, negros sneftfls. 
De aterradores ceños, 
De fuerza irresistible, 
Ya sé que es imposible 
Yeneer vuestros empeSon.. 
Ya vuestro nombre sé. 
Dejadme que respire , 
Que viva y quedeün; 
Pues mis errores Uon, 
Dejadme, yo os In^iloni 
iD^iadque en psssui^ 
Lo que insensato hollé! 

Yen, estrella laataUm, 

Y á tu bUaca y aigmtlM 
Silenciosa aparicioD, 
Huyan las sombras liilM 
Que llaman á las veotoi 
De mi triste catuonL 



GLORIA Y ORGÜIJ 



I Lejos de mi , placens de li t 
Fábulas sbi color» sombra, bIv 
A quien un nicho mlsenUecBC 
Cuando el aura vital bita en él 

e* Qué es el placer. U Tl^ j li 
Sin un iue¡U>4iegloriaydBCifi 
Una carrera la^a é Unpertiua 
Mas fatigosa cuanto mu se ara 

Begalode MeótaiiiMta 
Que velas el u ren de las muge 




SÉTIMA PAimC. 



21S 



sneRo facilitas 
I (icos placeres, 



- No basta á mi reposo 
I líente que murmura, 
n moral verde y pomposo , 
» la quietud segura. 

placer la inmensa co^ 
in , lil»re y sonoro , 
!i la menguada tropa 
espléndido tesoro. 

chnra , como INos eondko; 
; estirpe soljerana; 
nte enano vivof 
perecer mañana. 

á decir* Ya Tida es bella, » 
ipído al olvido ; 
que sé por ella 
* donde he nacidow 

;a pasión que llaman gloria 
izon ardiente llama , 
le abrasa la memoria, 
cstingQiMe dama. 

Q masniflca y suprema , 
arañiles (*n quien quiso 
iistica diadema 
rei'ho al paraíso , 

la despreciable vida , 
ni dulce ni halagüeño^ 
soledad perdida 
aurel conc ilia el sneRo. 

ullo de la escnlsa palnit 
(ullo con su aliento agita 
aiiií) se adormcre ol alma , 
íbínnir crea v medita. 

N , Pindaro y Homero 
;)aÍK;il4jn soñaron; 
i V AtiLa Ikero 
)n se despertaron. 

rio del honor se adora» 
hIo mar hiende el masimt^ 
ta el penitente Hora» 
iirdon el |>eregrino. 

ado se vendió á sus njm, 
»n porfía insana , 
í ísnorn poiires l^jyes , 
« lagrima mañana. 

a el orgulloso amante 
le amor á nna querida; 
un venturoso instante 
mto prolongada vida. 



Por tf del negro túmulo en la piedra 
Ambicioso el mortal cral)a su nombre, 
Porque tal vez entre la tosca yedra 
Otro dia al pasar le lea un hombre. 

Por tí acaso el cansado centinela 
Que incendió nna ciudad en la batalla ' 
Su cifra indiferente mientras vela 
Pinta con un tizón en la muralla. 

El pohro en que hubo sus cabanas Roma 
Por ti con templos y pahleios pisa , 
Por tí su gesto satisfecho asoma 
Trafi sn inmenso sarcófago Artemisa. 

I^>r tí vencida se incendió á Corinto , 
Por tí la sangre en Maratón se orea , 
Por tí nna noche con aliento estinto 
Tumba Leónidas demandó á Platea. 

Por ti trofeos el cincel aborta, 

Y álzanse torres con tenaz porfía; 
Porque es la vida deleznable y corta , 

Y todos quieren prolongarla un dia. 

Por eso velo con la noche oscura 
Sobre un volumen carcomido y roto, 

Y una mañana me sueno de ventura , 

Y otra existencia en porvenir remoto. 

Por eso en mis estériles canciones 
El blando s<'in del agua me adormece » 

Y entre pardos y errantes nubarrones 
De la noche el fanal se desvanece. 

Oigo en mi canto el lánguido mnrmullo 
Del aura que los árboles menea , 
De la tórtola triste el ronco arrullo , 

Y la sonora lluvia que gotea. 

Veo las sacrosankM catedrales , 
I^s antiguos y góticos castillos , 

Y el granizo se estrella en sos cristales , 
O azota sus escombros amarillos. 

¡ Oh ! si sentís osa ilusión tranquila , 
Si creris que en mis cánticos murmura 
Ya el aura que en los arboles vacila. 
Ya el mar que ruge en la tormenta oscura; 

Si al aóo goaia de ral cancioa que miente 
Ya el bronco empuje del errante trueno , 
Ya el blando ruido de la mansa fuente 
Lamiendo el césped que la cerca ameno ¿ 

Si cuando Itomo á las cerradas rejas 
De una hermosura, á cunos pies suspifo. 
Sentís tai vez mis amorosas quejas, 

Y os sonreís cuando de amor deTIro; 

Si cuando en negra aparición noctum 
1^ raza evoco que en las tumlias mora 
Os estremece en la entreabierta urna 
Respondiendo el espíritu á deshora ; 




314 



COMPOSICIONES DITERSAS. 



Todas las noches mis engaños llora 
Con el raudal que reventó el Calvarlo. 

Pasad , remordimientos tentadores ; 
Ya sé quién gime mi falaz desTÍo , 
Ya sé quién riega las marchitas flores 
Con tierno llanto , del recuerdo mió. 

I Ya sé qnién « ] hijo ! > en soledad me llama 
fi « hijo » á su V07. la soledad responde... I 
I Ah ! cuanto mas tras la ovejuela clama, 
Mas á sus quejas y á su afán se esconde. 

Tierna , amorosa , celestial María , 
Bosa inmortal del Gólgota sangriento , 
Faro infalible que mi nimbo guía 
Entre la fbria de la mar y el viento ; 

Lfhrame de esos ecos misteriosos 
Que me atormentan en la sombra vana, 
Aleja esos fantasmas vaporosos 
Que vienen á llamar á mi ventana. 



I Y tü , perdida y bella , 
Fucaz y última estrella 
Que viertes á deshora 
Delante do la aurora 
Con perezosa huella 
Dudoso resplandor! 
; Oh ! ¡ traemc la hermosura , 
La calma y la frescura 
Del alba trasparente , 
Que este tropel ahuyente 
Con que la sombra oscura 
Me cerca en derredor ! 

Yen , estrella matutina , 

Y á tu blanca y argentina 
Silenciosa aparición , 
Huirá de mi ventana 
Esa confusión liviana 
Que despierta mi alUceion. 

t Lámpara de consuelo 
A cuya lumbre velo , 
Que escuchas solitaria 
Mi tímida plegaria, 
Si acaso liega al cielo 
Mi súplica mortal ! 
Trácme la luz del día 
Que calme la agonía 
De esos remordimientos 
Que vogan turbulentos 
Sobre la niebla umbría 
En Ilusión fatal. 

Yen , estrella matutina , 

Y tu blanca y aruentina 
Silenciosa aparición , 
\hu vente dp mi ventana 



Esa infernal eaniTaná 
Que huella mi corazón. 

Recuerdos son dañinos 
Que cruzan peregrinos 
El arenal desierto 
Dd eorezon Ineterto , 
Buscándole caminos 
Que acaso no hay en él. 
Que nunca ven tranquila 
Recóndito un asilo, 

Y que jamas se amansan, 

Y que jamás descansan, 
Corrientes que hilo á hilo 
Desbordan so nWeI. 

Yen , estrella matnthia, 

Y i tu blanca y argentiDi 
Luminosa aparldon, 
Huyan las sombras Utina 
Qne llaman á las ventami 
De mi triste eomon. 

Dejadme , negros sueños . 
De aterradores ceños. 
De fuerza Irresistible, 
Ya sé que es imposible 
Ycncer vuestros empeñen.. 
Ya vuestro nombre sé. 
Dejadme que respire , 
Que viva y que delire; 
Pues mis errores lloro. 
Dejadme, yo os imploró; 
{Dejad que en passuspln 
Lo que insensato hollé 1 

A'en , estrella matutiu , 

Y á tu blanca y aigmtiíA 
Silenciosa aparición, 
Huyan las sombras livlm 
Que llaman á las ventaiii 
De mi triste corazón. 



GLORIA Y ORGDLI 



¡ Lejos de mi , plaeeres de la ti 
Fábulas sin color, sooibra, ni w 
A quien un nicho miserable end 
Cuando el aura vital falta en d 1 

c Qué es el placer» la Thb y la 
Sin un sueño de gloria y de e^e 
l-na carrera larga é Unportuna , 
Mas fatigosa cuanto mas se aran 

Regalo de i obentet. albarltM 
Que velas el U m de las mngm 




SÉTIHA PAUTE. 



21S 



meRo facilitas 
¡ros placeres , 



No basta á mi reposo 
uonte que murmura, 
moral Terde y pomposo , 

la quietud segura. 

placer la inmensa co^ 
1 , liUre y sonoro , 
la menguada tropa 
spléndído tesoro. 

hnra , como INos eondko; 
estirpe soberana; 
I te enano vivo; 
crecer mañana. 

decir « Ya Tlda es bella, » 
udo al oWido ; 
[lie sé por ella 
donde be nacidow 

1 pasión que llaman gloria 
;on ardiente llama , 
e abrasa la memoria, 
.stingatMe clama. 

nuumíflca y suprema , 
srandes en quien quiso 
i!*tica diadema 
ccliu al paraíso , 

ia despreciable vida. 
Di dulce ni halagüefio} 
>oledad ¡»erdida 
lurel concilla el sneRo. 

il lo de la escclna palnit 
II I lo con MI aliento agita 
II io se íulormocp ol alma , 
onnir croa v medita. 

< , Pindaro y Homero 
aU'llon sofuiroii; 
y Atila Ikero 
n $e despertaron. 

io M honor se adera» 
lio nuir hiende el nuoriii», 
a ei penitente llora» 
rdon el peregrino. 

do se vendió á sus peyw, 
n porfía insana , 
ivnora pobres l#fyes , 
I lagrima mañana. 

I el orini lioso amante 
s amor á nna querida; 
in venturoso Instante 
nto prolongada vida. 



Por tf del negro tiimulo en la piedra 
Ambicioso el mortal graba su nombre, 
Porque tal vez entre la tosca yedra 
Otro dia al pasar le lea un hombre. 

Por tí acaso el cansado centinela 
Que incandió ana ciudad en la batalla ' 
Su cifra indiferente mientras vela 
Pinta con un tizón en la muralla. 

El pohro en que hubo siis cabanas Roma 
Por tí con templos y palacios pisa , 
Por tf sn gesto satisfecho asoma 
Trafi sn inmenso sarcófago Artemisa. 

I^>r tí vencida se incendió á Corinto , 
Por tí la sangre en Maratón se orea , 
Por tí nna noche con aliento estinto 
Tumba Leónidas demandó á Platea. 

Por tí trofeos el cincel aborta, 

Y álzanse torres con tenaz porfía; 
Porque es la vida deleznable y corta , 

Y todos quieren prolongarla un día. 

Por eso velo con la noche oscura 
Sobre un volumen carcomido y rolo, 

Y una mañana me sueño de ventura , 

Y otra existencia en porvenir remoto. 

Por eso en mis estériles canciones 
El blando sim del agua me adormece» 

Y entre pardos y errantes nubarrones 
De la noche el fanal se desvanece. 

Oigo en mi canto el lánguido mnrmullo 
Del aura que ios árboles menea , 
De la tórtola triste el ronco arrullo , 

Y la sonora lluvia que gotea. 

Veo las sacrosanta» catedrales , 
Los antiguos y góticos castillos , 

Y el granizo se estrella en sbs cristales , 
O azota sus escombros amarillos. 

¡ Oh ! si sentís esa ilusión tranquila , 
Si crccis que en mis cánticos murmura 
Ya el aura que en los arboles vacila. 
Ya el mar que ruge en la tormenta oscura; 

Si al aóo goBú» de rai caacioa que miente 
Ya el bronco empuje del errante trueno , 
Ya el blando ruido de la mansa fuente 
Lamiendo el césped que la cerca ameno ¿ 

Si cuando Uamo á las cerradas reja« 
De una hermosura, á cu)os pies suspifo. 
Sentís tal vez mis amorosas quejas, 
Y os sonreís cuando de amor deliro; 

SI cuando en negra aparición noctum 
La raza evoc^ que en las tumbas mora 
I Os estremece en la entreabierta urna 
I Respondiendo el espíritu á deshora; 



21G 



COMPOSICIONES DIVERSAS. 



Si llorald cuando en cántico doliente 
Hijo extraviado ante mi madre lloro , 
O al cruzar por el templo reverente 
La voz escucho del solemne ooro ; 

Sí alcansais en mi pálida megiila 
Cuando os entono lastimosa endecha 
Una perdida lágrima que brilla 
Al brotar en mis párpados deshecha : 

Todo es una ilusión, todo mentira, 
Todo en mi mente delirante pasa, 
No es esa la verdad (pie honda me inspira ; 
Que esa lágrima ardiente que me alirasa 

No me la arranca ni el temor ni el duelo , 
No los recuerdos de olvidada hií^toria ; 
¡ Es un raudal que inunda de consuelo 
Este sediento corazón de gloria ! 

; Gloria! madre feliz de la esperanza , 
Mágico alcázar de dorados sueños , 
Lago que ondula en etojrnal bonanza 
Cercado de paisacos halagüeños , 

i Dame ilusiones ! dame una armonía 
Que arrulle el corazón con el oido 
Para que vi\a la memoria mia 
Cuando yo duerma en etemal olvido. 

¡Lejos de mí, deleites de la tierra, 
Fábulas sin color, forma , ni nombre , 
A quien un nicho miserable encierra 
Cuando el aura vital falta en el hombre! 

{ Gloria , esperanza ! sin cesar cxmmigo 
Templo en mi corazón alzaros quiero , 
Que no importa vivir como el mendigo 
Por morir como Píndaro y Homero. 



PEREZA. 



¡ Cuan descansadamente 
Lejos del vano mundo se reposa 
A la orilla de límpida corriente 
O de un moral bajo la sombra hojosa! 

En el césped mullido , 
Sin luz los ojos , sin vigor los brazos. 
De la tranquila soledad el ruido 
Se pierde por la atmósfera á pedazos. 

El ánima descansa 
De la ciega pasión , y su braveza , 
Y el cuerpo , presa de indolencia mansa , 
Se goza en su pacífica pereza. 

Entonces no el tesoro 
Ni la sed del placer el alma avi\a . 



El mas rico licor en copa de oro 
Entonces se desiirccia y no se libi. 

La mente no se inquieta 
Por pensamientos de dolor cercada 
Que á su honda languidez yace sujeta, 

Y á su propia impotencia encadenada. 

Sin luz el ojo vago , 
Sin un sonido sobre el labio abierto, 
Pasa la vida , cual por hondo lago 
De incierta luz el resplandor incierto. 

Asi vuelan las horas , 

Y asi pasan pacíficas y bellas 
Cual las aves del viento voladom. 
Cual la cobarde luz de las estreltai. 

Asi el pesar se aduerme, 

Y al grato son de una aura quenranfl 
Tal vez se goza del reposo inenne 
Que confundo el pesar con la Tcntua 

Asi mis horas quiero 
Que pasen sin valor y sin fortuna, 
Ya al manso son del céfiro ligero. 
Ya al resplandor de la amarilla lona. I 

Ven , amorosa Elvira , 
Ven á mis brazos , que de amor letoli 
Ei perezoso corazón tnspira 
Por ver tus ojos , por beber tn attnlk 

Ven , adorado dueño , 
Sepa que estás , en mi descanso inerte, 
Cerca de mí para velar mi sueno. 
Cerca , hermosa , de mi cuando deqiBlii 

Yo en la yerba tendido , 
A la sombra de un álamo tnoáo» 
Entreveré con ojo adormecido 
Cuál velas mi descanso silenciólo. 



El sol á lento paso 
Hundió en el mar su fai esplendona, 
Marcando su camino en el ocaso , 
Vivo arrebol de púrpura y de roo. 

El agna mansamente 
Con monótono arrullo le despide, 

Y arrastrando sus ondas lentamente 
El ancho espacio de sos ondú nák> 

Solo queda en la tierra 
El vapor del crepúsculo dodoso, 

Y el vago aroma que la flor endena 
Se esparce por el aire vagaroso. 

Y las fuentes corriendo, 

Y las brisas volando se estremecen , 

Y su soplo en los árboles creciendo, 
A su soplo los árboles se 




SÉTIMA PARTE. 



^17 



an las olas 
mansas y ligeras , 
sueltas banderolas 
i|ue el mar surcan veleras. 

t 

rgentina , 

cruzar del firmamento, 
d del Bosforo ilumina, 
do al invisible viento. 

I mar vecino , 
o del viento caloroso, 
?1 éter cristalino 
cuerpo en lánguido reposo. 

ud amiga 
noche macilenta , 
na languidez fatiga , 
! rinde soñolienta. 

!iaya el estío 

Hila y bochornosa calma, 
orazon su ardiente brio , 
nercía nos aduerme el alma. 

insomnio presa 
untad y pensamiento , 
jcrpo sin valor me pesa , 
^ni»a de mi propio aliento. 

>ites , dadme , 
e placeres los sentidos ; 
ros , y al baren llevadme 
brazos al placer vendidos. 

f«s ventanas , 
pr el aura de la noche , 
las ráfauas livianas 
rasgan su aromado broche. 

ón de las olas 
non en solo un beso; 
esclavas españolas , 
enen en sus ojos preso. 

lid, hermosas, 
un danzas y canciones , 
ios de fragantes rosas , 
as y espléndidas visiones. 

i mis pebetes 

a encontréis en mi palacio, 

is anchos gabinetes 

en reducido espacio. 

>tuosa Ehira, 
[1 tu mano mis cabellos , 
)or quien Málaga suspira, 
la y azahar en ellos. 

esos esclavos 

mis bajeles viento en popa» 

ieron mis pintas bravos 

1 de la donnida Europa. 



Vengan á mi presencia , 

Y al son de sus estraños instrumentos 
Sirvan á mi poder y á mi opulencia, 
Sino con su canción , con sus lamentos. 

Dadme deleites , dadme; 
Cúbreme, Elvira, con tu schal de espiunas , 

Y las tostadas sienes refrescadme 
Con abanicos de rizadas plumas. 

Suene en mi torpe oido 
Su suave son aomo murmullo blando 
De arroyo que á la mar l)aja perdido 
De peña en peña juguetón rodando. 

Cual tórtola que llama 
Con lento arrullo que en el viento pierde 
La descarriada tórtola á quien ama , 
De árbol sombrío en el columpio verde. 

Danzad mientras reposo , 
Cantad en derredor mientras descanso , 

Y no sienta en mi sueño voluptuoso 
Mas que murmullo lisonjero y manso. 



CADENA. 



I. 



Nace la rosa y su botón desplega 
Orlada en tomo de punzante espina , 

Y sobre el agua que los pies la iltKl 

Fresca se inclina. 

Mas altanera cuanto mas hermosa , 
Su imagen mira en el tranquilo espejo, 

Y el sol del agua sobre el haz dudosa 

Pinta el reflejo. 

El aura errante que al pasar murmura 
El dulce aroma de su cáliz bebe , 
La sorda abeja que su esencia apura 
Néctar la debe. 

Reina del huerto y de la selva gala , 
Del césped brilla sobre el verde manto. 
Libre á su sombra el colorín exhala 
Rústico canto. 

No hay flormas bella... ¿masa qué su orgullo 
Si el cierzo helado su botón despoja 

Y el agua arrastra su infeliz capuUo 

Hoja tras hoja? 

II. 

Huye la fuente al manantial Ingrata 
El verde nusgo en derredor lamiendo , 

Y el agua limpia en su cristal retrata 

C\ianto va viendo. 



!Í4S 



COMPOSIGIOPÍES DIVERSilS. 



El (éspcd mece y las arenas moja 
Do mil caprichos al pa.^ar dibuja , 

Y ola tras ola murmurando arroja , 

Riza y empuja. 

Lecho mullido la presenta el Talla , 
Fresco abanico el abedul pomposo , 
Cañas y juncos retirada calle 
Sombra y reposo. 

Brota en la altura la fecunda ftiente; 
¿ Y á qué su empeño , si al bajar la cuesta 
Halla del rio en el raudal rugiente 
Tnmba funesta? 

III. 

Lánzase el rio en el desierto mudo, 
La orilla orlando de revuelta espuma, 

Y al eco evoca cuyo acento rudo 

Hierve en su bruma. 

Su Imagen ciñe pul tollón espeso 
De áspera zarza y poderoso pino, 

Y entre las rocas divididas preso 

Busca camino. 

Lecho sombrío el rustica) ramage 
Que riega en tomo misterioso ofrece, 

Y el pardo lol>o, y el diai'ui saivuge 

I>él se guarece. 

La tribu errante, el viajador perdido 
I^ sed apaga en su raudal corriente , 

Y el arca cierra que sobre él partida 

Cuelga del puente. 

¿Mas qué la sombra , el mido y el pwrfu— 
Valen del cauce (|ue recorre esténse , 
Si el mar le cava cuando en él se sumt 
Túmulo inmenso? 



IV. 



¡ El mar, el mar ! —Remedo tenebrosa 
De la insondable eternidad , espera 
De la trompa final el son medroso 
Para romper hambriento su barrera. 

Abismo cuyos senos insaciables 
Jamás encuentra su avaricia llenos , 
De misterios conserva inmensurables 
Siempre preñados sus gigantes seao». 

¡ Eso es el mar ! —Gemelo de la nada, 
Cinto que el «lobo por do quier rodea , 
Centinela fatal que encadenada 
La tierra guarda que sorber de^ca. 

¡El mar! — Como él hondísimo y oscuro 
El misterioso porvenir se est¡<'nde, 
Y tras su negro impenetrable muro 
Nada mezquina la razón comprende. 



El cerco de nn sepnlcro es m porlafe, 
Tras él se baja nn escalón de tierra: 
Pasado el escalón , la pnerla boUidi 
Se abre, sorbe la victinia , y sederrL 



Y allá van sin cesar eonformei 
A morir ono y otro pensamiento. 
Brotan unos donde otros ae desInMi, 
Bullen , caen , y se hunden al mooiA 

V. 

Rosas la fuente en la montaliMii 
Sécame, caen » y ha¡m con la h^ 
Al rio que se va gota trai gota 
Al hondo mar que sorbe su 



EN UN ALBCIL 



No sé si por el valle de U vida 
Cruzaré fatigado peregrino , 
Acabando cual flor que consnmidi 
Se seca entre los brezos de im 



No sé si en pos de inspiración iriM 
Rico y sediento el coraion deglutir 
Le cruzaré cual rápido torrente. 
Rastro dejando de inmortal 



Mas ya ruede cual hoja qoeancMi 
Sonante y revoltoso torl>eninoi 
Ya baje como cscelsa catarata 
Ufano con mi espléndido destino; 

Cuando al borde de tnmba aolUirli 
Desparrame mis pobres pensanúentHi 
De mustias florea muchedumbre mü 
Secas entre mis últimos anentoi, 

Fiad, señora , que en tan triilflM< 
Siempre leal y generoso amigo, 
Al ocupar mi cabeial estrecho 
Vuestra memoria domürá ooonlfk 



MISTERIO. 

A U AWGO 

D. Airrano iuicrt cvriuaB 



¡Ay! aparta, 
Que eterno en 
Falsa Ini qñt 
En vei d«f 



lU 



I pensamiento, 

abnUéndoaeoMii 
almdcLttali 



SÉTIMA PAim. 



¿If 



por las sombras camino, 
día de.<ranso tras ti ; 
tal vez mi destino, 
I tuyo jíuardarte de mi. 

Vision de mi vida , 
c el caos en forma y color» 
lo en mi mismo perdida, 
;)cnoso , cual sombra de amor. 

ida amorosa sonrisa 
jíoranza , me aviva la té ; 
s que aroma la brisa 
siertü olvidada se ve. 

i^en sombría y medrosa 

ne arrastra en su curso Tebz , 

que rueda espantosa 

;1 viento al compás de su voz. 

isel de paz te contemplo , 
itasma sangrienta y tenaz : 
en la roca , en el templo 
lo lejos hermosa y fugaz. 

liera te encuentran mis ojos , 
tengo mas rumbo do quier, 
res preñada de enojos , 
lemtga ú risueúa muger. 

c tu esencia el misterio , 
ir tu vaco destino no sé , 
I Ignorado emlsferio , 
erdído siguiéndote iré. 

coentro otro fin á mi vida, 
reposo , ni gloria que tú , 
ncavo espacio perdida 
3 su ancho dosel de Üaú, 

i r«?ion las estrellas 
ante camino te dan; 
§ tns místicas huellas 
c sombras perdiéndose van. 

en las ramas sonando 
nombre imagino tai vei , 
»aL'o raudo pasando 
i muestra en fatal rapite. 

lo al mirarte de hinojos 
apaníces levanto un altar, 
m llanto los ojos 
isatü le voy á adorar. 

i eispezar mi conjuro , 
femia ó mi casta eraciai, 
I su c(>nravo Impuro 
tado mi blanca visloa. 

m me queda en la mente 
ensible cual bulto sin luz 
t\ temor de no dementa 
oche entre el negro capuz. 



Sueño , estrella 6 espectro , ¿ qnlén creaP 
¿Qué buscas, fantasma, qué quieres de míP 
c'No hay sin tí ni dolor ni placeres? 
¿No hay lecho, ni tumba, ni mundo sin tí? 

¿ No hay un hueco do esconda mi freBte.* 
cNo hay venda que pueda mis ojos c^gar? 
¿No hay beleño que aduerma mi mente. 
Que hierveencerradadesombra en un mal..*? 

¡ Oh 1 si gozas de voz y de Tida , 
Si tienes un cilerpo palpable y real , 
Deja al menos , fantasma querida , 
Que goce un instante tu vista inmortal. 

Dame al menos on sí de esperanza , 
Alguna sonrisa , tagas serafín , 
Con que espere algnn día bonanza 
El golfo del alma que bulle sin fin. 

Mas si et solo ilusión peregrina 
Que el ánima ardiente soñando cred, 
i Ay 1 deshad esa sombra divina, 
Que viene conmigo do quler que voy yo. 

Sí , deshadla , q«e en Taño la miro 
En tomo á mis ofoe errante tagar, 
Si cual débil y triste suspiro 
Se pierde en los vientos ai irla á abrazar. 

Sí , deshadla , que torpe mi mano 
Su mano en la sombra jamás encontró , 
Ni el mas flébil lamento liviano 
Avaro en mi oido su labio posó. 

Muere al fin ,{ ó visloo de mi Tida I 
Mas vaga que el eaoa en forma ó color, 
A quien siento en mí mismo perdida, 
Cual sueño penoso , cual sombra de amor. 



Mas ¿qué fuera del triste peregrino 
Que cruzando sediento el arenal 
No encontrara jamás en su camino 
Mansa sombra ni fresco manantial? 

De esta vida en la noche tormentoM 
¿Qué rumbo ni qué término seguir? 
Sin tu vaga presencia misteriosa , 
Sin tu blanca ilusión ¿cómo vivir? 

Abriéranse mis ojos á mirarte. 
Mis oidos tus pasos escuchar, 

Y al íln desesperados de encontrarte * 
Tomáranse en tinieblas á cerrar. 

Despertara en la noche solitaria 
De tus palabras al fin^ddo son, 

Y solo respondiera á ni plegaria 
El latido del triste corazón. 

{ Sombra querida , sin cesar conniiga 
Mis lentas horas hechizando ven , 



220 



COMPOSIGIOMES DIVERSAS. 



Y el desitírlo arenal será contigo 
Huerto fruudo¿o y perfumado Edén ! 

No espires , misterioso pensamiento , 
Que dentro oculto de mi mente vas , 
Aunque no alcance el corazón sediento 
Tu santa esencia á comprender jamás. 

No sepa nunca tu verdad dudosa ; 
Vélame, si lo quieres , tu razón ; 
Disípate á lo lejos vagarosa , 
Mas sé siempre mi candida ilusión. 

Al fin sabré que junto á tí respiro, 
Que estás velando junto á mi sabré, 

Y que aun brilla oscilando en lento giro 
La consumida antorcha de mi fé. 

¿Qué me importa tu esencia ni tu nombre» 
Genio hermoso , ó quimérica ilusión, 
SI en esta soledad , cárcel del hombre , 
Dentro de tí te guarda el corazón? 

¿Qué me importa jamás saber quién eres, 
Astro de cuya luz gozando voy. 
Término de mi afán y mis placeres , 
Dios que sin (In idolatrando estoy ? 

Quien quier que seas , vano pensamiento, 
Muger hermosa que sonando vi , 
O recuerdo ó tenaz remordimiento, 
Ni un solo inslanlc viviré sin tí. 

■ Si eres recuerdo endulzarás mi vida, 
Si eres remordimiento te ahogaré. 
Si eres visión te seguiré perdida, 
Si eres una muger yo te amaré. 



JUSTICIAS DEL REY D. PEDRO. 



I. 



Cuando su luz y su sombra 
Mezclan la noche y la tarde , 
Y los objetos se sumen 
En la sombra impenetrable , 
Kn un postigo excusado 
Que á una callejuela sale 
De una casa , cuya puerta 
Principal da á la otra calle , 
Dos hombres que se despiden 
Se ven , aunque no se sabe 
Ni cuál de los dos se queda , 
Ni cuál de los dos se parte. 
Aml)Os mirándose atentos , 
Ambos un pié hacia adelante, 
Parados en el dintel 
Están , y entrambos iguales. 
Por fln el mas viejo de ellos , 



Hundiendo el mustio aemblan 
Entre el sombrero y la capa 
En adenuin de marcharse, 
Torció la cabeza é un lado 
Pronunciando un no tan grai 
Que bien se vio que era el fin 
De las pláticas de enantes. 
Sin duda el otro entendido 
No encontró que replicarle. 
Pues bajando la cabeza 
Callóse por un instante. 
« Buenas noches , > dijo el vi* 
Tartamudeó un « Dios le gav 
El otro , mas decidiéndose 
Hizo hacia el viejo nn avance 
« Mírelo bien , y cuidado 
No se arrepienta , compadre. 

— Nunca eché mas que una ( 

— Piénselo bien , y no pase 
Sin contar lo que va de él 

A Don Juan de Colmenares. 

— Señor, replicó el andano. 
En tiempos tan deplorables 
Ya sé que lo pueden todo 
Los ricos v los audaces. 

— Pues mire lo que le import 
Que rico y audaz señales 
Son con <|ue marca la fama 
A los que en mi casa nacen. ■ 

Callaron por un momento , 

Y continuando mirándose, 
Dijo el viejo trlMemente, 
Aunque en tono irrevocable : 
« Nunca lo esperé de vos, 
Mas tampoco vos ni nadie 
Puede esperar mas de mi. 

— Pues entonces adelante; 
Idos, buen viejo, con Dios, 
Que estoy deprisa y es tanto. 

Cerró la puerta de golpe 
A escuchar sin esperarse 
Una respuesta que el viejo 
Tuvo tentación de darle : 

Y acaso por su fortuna 
Quedó á tal punto en la caik 
Para dársela á la puerta , 
Donde la deshizo el aire. 
Volvió el anciano la espalda , 

Y en dos golpes desiguales 
Sus pasos descompasados 
Pueden de lejos oontacse; 
Porque sus pies Impedidos 
Deben á su edad y achaques 
Una muleta que marcha 
Un pié que los suyos antes. 
La esquina á espacio traspoi 

Y á poco otio bombfe mas i 
Saliendo por él postigo 




SÉTIMA PARTÍS. 



i 



en silencio sa alcance; 
e al volver la esquina , 

> los ojos sagaces , 
erezó los oidos 

> por todas partes ; 

> oyendo ni escuchando 
e poder recelarse , 

ido el rastro del vi^o , 
M>r la misma calle. 

II. 

in aposento ambigno , 
portal , medio tienda , 
ice asimismo la veces 
ina y de despensa , 
ia su entrada á la calle , 
[mfuso ajuar ostenta 
\ , hormas y un caldero 
io en la chimenea , 
úB personas distintas 
acen al pié de la letra 
el padre , que está ausente) 
iza verdadera. 
»zo de veinte abriles , 
luchacha risueña 
z y seis , tres muchachos , 
anciana de sesenta, 
que á las veces nos turban 
osas apariencias , ' 
¡roa son de oficio , 
pació se considera 
stá la estancia aromada 
ipores de pez negra , 
betea ia moza , 
el mozo maja suela, 
ho tarda , dijo el último , 
esta noche , Teresa. 
ha tiempo que ha anochecido, 
chacho , atiza esa vela , 
i quieto ese bote. » 
diciendo en voz recia 
to , siguió en silencio 
ruai en su tarea, 
M) sitiando al bote , 
ando la doncella , 
do el mozo á compás , 
nitando la vieja, 
monótonos murmullos 
aban esta escena 
de la es<'^a lluvia 
aguacero que empieza , 
interrumpido son 
je hierve ia caldera , 
imultuoso chasquido 
ue la luz chisporrea. 
I nueve son? dijo el mozo. 
I las ánimas suenan 
is caoDpanas, repuso 



Santígnándose Teresa. 

— t Lts ánimas , y aun no viene ! » 

Y echando átras la silleta , 
Se puso el mancebo en pié , 

Y encaminóse á la puerta. 

Al ruido que hlze en el cuarto , 

Despertándose la vieja , 

Dijo : « ¿ Rezáis á las animal?-^ 

— Sí señora , estése queda. » 
Asió el mancebo la aldaba , 
Mas la habla idzado apenas 
Cuando un espantoso golpe 
Venció la puerta por fuera. 
¡Muerto soy! dijo una voz ; 
Cayó un embozado en tierra , 

Y vióse un hombre que huía 
Al fin de la callejuela. 

En derredor del caido 
Se agolparon , que aun conserva 
Algún resto de la vida 
Que le arrancan á la fuerza ; 
Mas no bien le desenvuelven . 
Por ver piadosos si alienta , 
Un grito descompasado 
Lanzó... la ftimilia entera. 
Blasfemó el mozo con ira , 
Desmayóse la doncella , 

Y la anciana y los muchachos 
En llanto á la par revientan. 

« Padre , ¿quién fué? » preguntaba 

Sosteniendo la cabeza 

Del anciano moribundo 

El hijo, que llora y tiembla. 

Echóle triste mirada 

Su padre , como quien lega 

Su razón y su justicia 

En quien se fija con ella. 

« Juan,,, 

—tJ Qué Juan? 

— DeColmenarei 
Balbuceó con torpe lengua , 

Y sobre el brazo del hijo 
Dobló la faz macilenta. 

Reinó un silencio solemne 
Por un instante en la escena , 

Y á reunirse empezaron 
Vecinos de ambas aceras. 
Llegó la justicia al punto , 

Y mientras jMffCta ella 
Partió por ia turba el mozo 
En faz de intención siniestra. 

« ¿ Dónde va? dijo un corchete. 
^Siendo yo su sangre mcsroa 
¿ Adonde sino ai culpable ? 

— Soy con vos. 

^Enhorabuena. 
— Por si acaso , va seguro , • 
Dijo para si el de presa. 




»2 



GOMPOSiaONES MTERSAS. 



Mientras el auao reuMHo 
Ganó á una efl^olna la TselU. 

III. 

Son trelnU días despuei, 

Y el mismo lugar y faora , 
La misma vieja y los chicos 
Con mesa , mancebo y moza. 
Cada cual en su tarea 

Sigue en paz, aunque se nota 
Que todos tienen tos ojos 
Del mancebo en la faz torva. 
Él , sin embargo , en silencio 
Prosigue atento su obra 
Sin levantar la cabeza , 
Que sobre el pecho se apoya. 
Tan doblada la mantiene , 
Que apenas ia llama roja 
Queda la luz, alumbrarle 
Las cejas fruncidas logra ; 

Y alguna vez que el retlejo 
Las negras pupilas toca, 
Tan viva luz reverberan 
Que chispas parece brotan. 

La verdad es , que una lágrima 
Que á sus párpados asoma 
Viene anunciando un torrente 
En que el corazón se ahoga. 

Y ei mozo , por no aumentar 
De los suyos la congoja , 

A duras penas le tiene 
Dentro el pecho y le sofoca. 
Largo rato asi estuvieron 
En atención afanosa , 
Todos mirando al mancebo , 

Y este mirando á sus hormas; 
Hasta que al cabo Teresa, 
Mas sentida ó mas curiosa, 

Le dijo : « ¿Esisis malo, Blas? > 

Y á su voz limpia y sonora 
Siguió utro largo intervalo 
De larg.i atención dudosa. 
Nada el hermano responde , 
Mas ella su afán red«>bla , 

Que no hay temor que la tenga 

La valia de una vez rota. 

« ¡ Cómo estás tan cabizbajo... I 

Y aquí Blas interrumpióla, 
c ¿ Y qué tengo que decir 

A quien sin padre y sin honra 
Debe vivir para siempre ? » 

Y aquí la familia toda 
Rompió en ahogados sollozos 
A tan infausta memoria. 
Sosegóse, y siguió Blas 

En voz Umenlable y honda : 
« ÉL rico , y nosotros pobres ; 
PébU la justicia , y poca , 



Y el rey en can y «a suena 
¿ Qué puede alcaniar quki 

— ¿Qué f P^ ^^¡K *s atrerii 
— Poco menoa , puee sus da 
Pudieron Daaaeon los Joeca 
Que las leyes. 

— {LMlgMiaB! 

Dijo Uidigiiade Teran. 
« ¡ No , hermane; las aeofoCí 
Contestó Blas, sacudiendo 
Su mazo con ciega cólera. 
Siguió en silencio otio m§ 

Y otra ves Teresa toros : 

« ¿ Mas la sentencia cnil M 
Dijo , y calló vergonioss. 
« c La sentencia ? k gritó Ha 
Revolviendo por las órUISi 
Los negros y ardientes ^, 
« ¿ La sentencia pides? óyd 
Todos se echaron de golps 
Sobre la mesilla eoja. 
Que vaciló al recibirles, 
A oir lo que tanto importa. 
« Sabéis que el de GolmeMí 
Hoy pingüe prebenda fau 
En la iglesia, y que á Dios 

Y á mi diligencia propia, 
Se le probó que dio muerte 
A padre (que en pas r^ssa] 
Pues bien , no sé por ^á 
De maldita gerigonaa 

De conspiración que dnei 
Que con su muerte mslagn 
Dieron por bien muerto á | 

Y al clérigo... 

— ¿LeperioMi 
—No, vive Dios, le coate 
I Mas ved qué dogal le afaig 
Condénenle i que en on ai 
No asista á coro , mas eokia 
Su renta, es decir, le msni 
Que no traln^e , y que 



Tomó á sn sUeneio Mas, 

Y á sus soUoios la masa. 
Ella cosiendo sos dalas, 

Y él machacando sos Imom 

IV. 

Está la mañana Umpla, 
Azul , trasparente» clan, 

Y el sol de entre nabas n^fl 
Espléndida lus demmiL 
Toda es tu>nulto Sevilla, 
Músicas f Vivas y dañns; 
Todo nxívimunlo el anclo 
Toda DNinmilles el twt, ' 



SÍTIMA PxVRTE. 



Cruzan iitiirajy pages, 
Mon4!es , caballeros , guardias, 
Vendedores , alguaciles , 
Penachos , pendones , mangas. 
nota el daaiasco y las plumas 
En balcones y ventanas, 

Y atraviesan besamanos 
Donde no caben palabras. 
Descórrense celosías , 
Tapices visten las tapias. 
Los abanicos ondulan , 

Y los velos PC levantan. 
Cuantas hermosas encierra 
Serilla á su gloria saca , 
Cuantos buenos caballeros 
En sus fortalezas guarda , 
Ellos porque son galanes , 

Y ellas porque son bizarras , 
tMB unas porque la adornen. 
Los otros para admirarlas. 
Oyense al lejos clarines, 

Y chirimías y cajas , 

Y á lengua suelta rqucaB 
Esquilones y campanas. 
Mas no vienen los hidalgos 
Annados hasta las barbas , 
NI H pálido rostro asoman 
Las bellas amedrentadas; 
Que no doblan los taml>ores 
En son agudo de alarma , 
Kl las campanas repican 

A rebato arrebatadas : 
Qmt es ia procesión del Corpus 
Que ya traspone las gradas 
Del atrto , y el rey Don Pedro 
Aeompañándola baja. 
Padillas y Coroneles 

Y Alburquerques se adelantan 
Con Osorios y Guzmanes, 
Pompa ostentando sobra<la. 

Y bajo un palio Don Pedro 
De ocho punzones de plata , 
Descubierta la cabeza , 

Y armado hasta el cuello , marcha. 
Eo torno suyo el cabildo 

Diez individuos encarga 
Que de escuderos le sirvan 
En comisión poco santa ; 
Vas tiempos son tan ambiguos 
Los que estos mongcs alcanian , 
Que tanto arrastran ropones 
Como broqueles embrazan. 
Entre ellos se ve á Don Juan 
De Colmenares y Vargas , 
Que deja por vez primera 
La reclusión de su casa. 

No porque el año ha compUdo , 
Sino porque el alk> paga , 



Y doblas redimen culpas 
Si se confiesan éToraáas. 

Rosas éltiiójan sobre dios 
Las hermasisimas damas , 

Y toda es Aeres la calle 
Por donde la corte pasa. 
Envidia de las mas bellas 
Salió á un baicon del alcázar 
La hermosísima Padilla, 
Origen de culpas tantas. 
Hízola véuia Don Pedro , 

Y al responderle iadama , 
Soltó sin querer un guante , 

Y ojalá no le soltara. 
Lanzóse á tomar la prenda 
Muchedumbre cortesana : 
Muchos Aegtron á un tiempo , 
Mas Biéie tomarla osaba , 
Que fueía acción peligrosa 
Aparte ée lo prodina. 
Partiendo la diferencia 

Salió de la fila santa 
El bizarro Colmenares 
Con intención de tomarla. 
Mas no bien dejó su mano 
Del patio el punzón de plata , 

Y puso desde d al rey 
Cuatro pasos de distancia, 
Cuando un mancebo iracundo 
Con irresistible audacia 

Se echó sobre él , y en el pecbo 
Le asentó dos puúaladas. 

Cayó Don Juan , quedó el mozo 
Sereno en pié entre los guardias , 
Que le asieron , y Don Pedro 
Se halló con él cara á cara. 
La procesión se deshizo. 
Volvió gigante la (ama 
El caso de boca en boca, 

Y ya prodigios contaban. 
Juntáronse los soldados 
Recelando una asonada , 
Cercaron al rey algunos, 

Y llenó al punto la plaza 
La multitud codiciosa 
De ver la lucha empezada 
Entre el sacrilego mozo 

Y el sanguinario monarca. 
Duró un instante el silencio 
Mientras el rey devoraba 
Con sus ojos de serpiente 
Los ojos del que le nítrica. 

« ¿Quién eres? » dijo por fin 
Dando en tierra una patada. 
« Blas Pérez , • contestó el mozo 
Con voz decidida y danu 
Pálido el rey de eorage 




»4 



COMPOSICIONES DIVERSAS. 



Asióle por la garganta , 

Y asi eo ¥oi ronca le dijo , 
Que la cólera le ahogaba : 
« ¿ Y yendo tu rey aqu( , 

Voto á Dios , porqué no hablaste , 
Si con ocasión te haliaste 
Para obrar con él asi ? » 

Soltóse Blas de la mano 
Con que el rey lo sujetaba, 

Y señalando al difunto 
Repuso tras breve pausa : 
« Mató á mi padre , señor, 

Y el tribunal por su oro 
Privóle un año del coro , 
Que en vez de pena, es favor. 
— Y si vende el tribunal 
La Justicia encomendada, 
¿No es mi justicia abonada 
Para quien justicia mal ? 

— Cuando el miedo ó la malicia 
(Dijo Blas) tuercen la ley. 
Nadie se fia en el re>' 
Medido por su justicia. » 



Calló Blas , v calló el rcv 
A re^puci^ta tan osada , 

Y los ojos de Don Pedro 
Bajo las cejas chispeaban. 
Tendiólos por todas partes , 

Y al fiioíío de sus miradas , 
De aquellos en quien las puso 
Palidecieron Ids caras. 
Temblaron los mas audaces , 

Y el pueblo ansioi^o esperaba 
Una esplosion en Don Pedro 
Mas recia que sus palabras. 
Rompió el silencio por fln , 

Y en voz amistosa y blanda 
El Interrumpido diálogo 
Asi con el mozo entabla : 

« ¿ Qué es tu oficio ? 

—Zapatero. 
—No han de decir, vive Dios , 
Que á ninguno de los dos 
En mi sentencia preflero. • 
Y encarándose Don Pedro 
Con los Jueces que allí estaban , 
Dando un bolsillo á Blas Pérez, 
Dijo en voz resuelta y alta : 
« Pesando ambos desacatos , 
SI con no rozar cumplí» él 
En un año , cumples íiel 
No haciendo en otro zapatos. » 

Tornóse Don Pedro al punto , 

Y brotó la turba osada 



MarmuUos de la nobUa 

Y aplaasos de la eanaUa. 
Mas viendo el rey que la fi 
Mucho en ordenarse tarda, 
Echando mano al estoque 
Dijo asi ronco de rabia : 

« La procesión adelante , 
O meto cuarenta lanzas 

Y acaban , voto á los cielos 
Los salmos á cuchilladas. > 

Y como consta á la igUn 
Que et hombre elreyátpt 
Siguieron caUe adeUmU 
Palio , pendonet y moa^ 



LEÍDOS POR LOS ACT^ 

EN EL TEATRO DEL P 

en loi dlu e de MU«Bbi« y n dtMl 



HEailANOS COMO ESPAJk 

Hartas, ¡ oh patria ! lágriimi 
De sangre fraternal hartos tm. 
De hartos valientes el sepokn 
Charcas estensas , y profondoi 

Hoy que calmada la aangrioi 
Tremolan á la par ambas bandi 
Blando suspiro enderredor le ei 
Corren de paz las lágrunas prii 

Con ellas , sí , los párpados p 
lia largo tiempo reventar queri 
Mas en la lid los ojos ocupadoi 
A vista de la sangre no podían. 

Himnos de triunfo y de plao 

Y ya amigos y librea ciudadano 
La sangre de esaa lizas dvtíleo 
Que quema el corazón , manclii 

Libres como EspaSou 

Libres también como nosotro 
No mas su mengua tolerar pudi 

Y helos aquí que con orgullo ei 
Bajo la enseña á que contrarios 

Tended los brazos de mataf d 
Libres tended las calleddas nuu 
Que no liallareis traidores csca 
Tras el disfraz de Ubres y de be 

Aquí está el trono qae amptn 
Aquí la patria y religión y leyw 




SÉTIMA PARTK. 



2?S 



repartir «abemos 
>8 y á los reyes. 

•10 EspaSíoles. 

abellon y una bandera; 
ídolo se adora ; 
aillan altanera 
la y vencedora. 

en la montaña harnea, 
omun dio la montaña, 
4)n honor se orea , 
re la orgullosa España. 

»ertad reciben 

lía el blando yugo, 

emales viven , 

ion sobra el verdugo. 

á la par nacimos , 
)ntienda fiera : 
idamos que vencimos, 
bellon, y una bandera. 



za de valientes 
mbró el espanto 
estes insolentes 
vi jo y en Lepanto ; 

ibsoluta dieron leyes, 
r la mar tendieron , 
I religión y reyes , 
uestros padres fueron. 

orno nacidos 
! desgarraron , 
i divididos 
ron , se abrazaron. 

con valor nacimos ; 
> contiendas fieras 
( combatimoa, 
n nuestras banderas. 

1 con tranquila sombra 
is silvestres calles , 
a pajiza alfombra, 
ie nuestros valles. 

ir en la pobreza 
uingre nos compremos, 
criminal pereza 
jistar podemos. 

raza de valientes 
¡mbró el espanto 
estes insolentes 
Ijo y en Lepanto, 

r premio merecido 
laz carcoma 



Querrán lo que salvar hemos podido 
De las garras hipócritas de Itoma. 



No mas de sangre bajarán teñidos 
Los manantiales que la cumbre brota 
A contar á los pueblos afligidos 
En cada infausto triunfo una derrota. 

No mas lachando con el rudo viento , 
De cuervos roncos agorero bando , 
Vendrá á mecerse donde el sen violente 
Del cóncavo cañón le esté llamando. 

No mas al rayo de amarilla lana 
VagaránjKir la noche en la montaña 
Las sombras de los héroes sin fortuna 
Que gioña piden y sepulcro á España. 

La gloria y el sepulcro que no hallaron 
Cuando la vida por su patria dieron ; 
La gloria y el sepulcro que compraron 
Cuando á los píes de su pendón cayeron. 

I Víctimas santas 1 {Sombras doloridas 
Que insepultas dormís en la llanura , 
Ya á través dejan ver vuestras heridas 
Un sol de libertad y de ventura I 

Ya podéis sin temor á la vergüenia 
Alzar ios ojos del sangriento caoe ; 
No queda ya quien huya ni quien vena : 
¡ Fantasmas de los héroes, l^antaos ! 

No receléis que al levantar la frente , 
Tras rota peña ó desplomado muro 
Quede algún campesino irreverente 
Que os aseste traidor plomo s^uro. - 

Alzaos, si : la paz de que gozamos 
Nosotros solamente nos la dimos , 
No de estrangera grey la mendigaooos, 
Que á nadie juez de nuestra gloria hidmot. 

Nuestra es la sangre que en la lid se orea, 
Nuestra es la santa ley que obedecemos ; 
Grande ó mezquina nuestra gloria sea. 
Obra fué nuestra , y nuestra la queremos. 

¡ Atrás las Uses de la intrusa Francia i 
I Atrás los mercaderes de Inglatarra 1 
Blientias valor nos quede y arrogancia 
No ha de faltarnos libertad, ni tierra (I). 

(1) EsU MHaa eoMpo«icloo fsé proMbMa por •! 
•jooUflitoBto aoiM d« ttr l«l<l«. ;£« qug mmtó» Aoy 
m«y eépa^le» y «my atrevido» ! 



i:> 



326 



COMPOSICIONES DIVERSAS. 
A LA LUNA. 



Bendita mLl veces la Iuk desmayada 
Qae arara te presta magnifico d sol ; 
Bendita ioILTeoes ¡oh lupa callada 1 
Tu luí qne no entvrbla dudoso arrebol. 

En buen hora vengas , viajera noctama , 
Que él mundo en silencio visllundo vas, 
Esposa que vjene coiu.tante á la urna 
Que ^arda los restos ^el bien que amó mas. 

En buen hora vengas, amante Lucina , 
En pos de tu bello dormido Endimion , 
Celosa asomaiido la faz argentina 
Por ese estrellado y azul pabellón. 

¡ Oh U miente quien dice qne velas traidora 
Cubriendo del crimen el reprobo afán , 
Que aguardan inquietos tu luz bienhechora 
Los que al sol fin^uandu delitos están. 

No , no eres {oh lunal la lámpara opaca 
Que tréoBula vierte siniestra su luz 
Kn bóveda impura do nunca se aplaca 
El alma á quien prensa su losa y su cruz. 

No , no eres la tea que alumbra maldita 
Las manchas de sangre de reglo panteón , 
A cuyos reflejos soñando se agita 
Aun da ella sedienta rabiosa visión. 

No, no eres la hoguera del gran cementerio 
Que guarda el del mundo secreto final , 
Qae en esa morada de sombra y misterio 
Sus ráfagas tiende la luz infernal. 

No vienen contigo las voces medrosas 
Que hierven, y turban la sombra do qulef ; 
No vienen oontlgo las nieblas odiosas 
Que doblan el ruido , y nos roban el ver ; 

No vienen contigo los vagos ensueños 
Que acosan y hieren el niín cora7,on, 
Las torvas fantasmas de tétricos ceños 
Que craian los aires en pos del turbión. 

Tú vienes tranquila, fugaz , solitaria , 
Cual blanca creencia de casta niñez , 
Cual ángel que espía la triste plegarla 
Que eleva al empíreo llorosa viudez. 

Tú cruias el limpio y azul firmamento , 
Fanal de consuelo , de paz y de aniof , 
En alas de suave balsámico viento , 
Que arruga las aguas y mece la flor. 

Y vienen contigo los sueños de plata , 
Las lindas quimeras de anlimio placer. 
Las sombras queridas que aleare retrata 
La mente olvidada del duelo de ayer. 



Ti 



Y TieiMB contigo 1» mágkii dM, 
Los besos q«e espiran dd laUo dal 
Las bellas histoTiaa de efíijaeras cuita 
Didias á nna reja qne temen Mr. 

Y tteaen oontlgo loo blmnii onri*, |h 
La seña mboiada oon ana oneM 
Que atrae á toa ojoa onies j 
Un rostro que agnnda la «rila á 

Y Tienen contigo laa áúkm M*! 
La andaí espérame , la gtorta tamm 
Fantásticas luces que Tan UmmIm 
Al sopto espirando de iAfi0a roL 



\ Ah, todo ee conenelo, regdey 
Fanal misterioso, delante áe til 
Suspiran las füentea , d rio 
Aqui te gorgean , te arrollan allí. 

Los Juncos se mecen, Km íMm 
El bosifue se puebla de sondms dt i^i | 
Y el aire sonidos dnlcislmos Uaná • 1 
Que lleva Invisible la briaa fag» 1 

¡ Luna ! cuántas veces tu lozhaaliii^ 
Mi larga vigilia , mi breve llnskm; I 
¡ Luna ! cuántas vecea con ella In i*^| 
Perdida en el viento mi tritla 

Y aún cuántas vecea allá 
En playas remo^ tal ves 
Entonces ¡oh lana ! la diHi 
¿Qué oído en vié ayos 6 rim 

Tal vez entre el redo ménade 
Que ciñe del ancho desierto d Ibijl 
Responda á mis vocee un tve 
Huyendo á lo lai^ del eeeo 



Tal vez á la orilla del 
Tu pálida imagen por él sega hé; ^ 
Tal ves con las ondas del-oir pn^'^ 
Mis lágrimas turbias mesdtfsef^ 

Y acaso mis ojos . ddagaafMMI 
Por entre el ardiente cianfuoaWai 
Yerán sin que nanea enafcsatfli*'' 
Huir por loe déloa tn enante 

tLunal slesanochedeaigiHtfáU-, 
Si huyera esquivando mi puAtoc^Qj 
¡ Lunal mas valiera qne el sil ^ í¡Pj 
Un rayo qne apague inl gMa fiW | 



Mas no, elara y eeleite pci«li|^ 
Luz de loe boeqaes, de los IiMbi^* 
A cuyos rayoa el f ~or camina 
É invoca d Ji i ai qne nrariftcal 

le la tmbla iB*i 



No, blai 
Amiga del 



lid troradori 




StnifA PARTE. 



JÍ7 



i» él modesto broclic 
t'M la silvoslro llnr ; 

magníflcos cantares , 
tu Dio8 y como tú, 
del cielo luminures 
lloncs de tisú. 

s ¿ mi sonante lira 
rofeta que llon') 
tfrgamoy Thyatlfi, 
piedad de Jericó. 

!!<ta, fugitiva luna, 
trémula ilusión 
y el arroyo y la laguna 
otante aparición; 

ígen eo redor tranquila 
» de conchas y eorál 
oes multitud se apila 
.u imagen de cristal ( 

un ángel invisible guia 
estrellas \an en pos , 
>aiabras de armonía 
r la gloria de tu Dios. 

los velos de esa Diana 
[ue en la oscura soledad, 
in murtal busca profana 
laoer y liviandad. 

i los cánticos impuros 
perdido cazador 
( audaz cerró seguros 
de fubulas de amor. 

>, magnitica lumbrera , 
tu tibia brillantez, 
u esplendida carrera 
auo del eterno juez. 

luna ! esos techos de topacio 
la por camino a ti , 

prt'so en rt-ilurido espacio 
> cuando venida a mi. 

ingrato > prófugo poeta 
o» á cuyo Miplu fué 
tierra y cu la nuir vegeta , 
:• vi>to ni jainá> wté. 

do el nuiniio eu su erialdesierto 
!io de tierra en que dormir, 
hI del desatino incierto 
cantaras á niorlr, 

si en mi túmulo no brilla 
i$loria la wtinguida luz , 
moi tu lampara amarilla 
I y olvidada cruz. 



HORIZONTES. 



I. 



Lanzó al mundo en mitad de las tlnld^laa 
El soplo del Señor, y empezó el mnodo 
A rodar en un piélago de nieblas 
Cercado del silencio mas profondo. 
Miró la creación el que la hUo, 
Mas no le satisflzo ; 

Y rasgando sus negras colgadoras 
Sacudió con su planta el flhnaiiiaito; 
Brotó una chispa , se inflamé en ei Tiento , 

Y el sol se denamó por las aUvas. 

II. 

« Tú girarás , le dijo , eternamente i 
Cuatro estaciones marcaras iguales, 

Y será tu fanal resplandeciente 

La sombra de mis ojos inmortales. » 
Giró el sol , y á su vista alborozado 
El mundo iluminado 
En himno universal rompió sonora , 

Y cuanto tuvo un soplo de eiistencla 
Exhaló sonoroso un su preKncla 
Música dulce an acordado coro. 

III. 

Mecióse el mar con colosal mumreUo, 
£1 viento resonó por las montañas , 
Murmuró el bosque soñoliento arrullo, 
É hirió el arroyo sus sonantes canas. 
Ensayaron sus cánticos las aves , 
Armoniosas y graves 
D(»s acentos del hombre resonaron , 

Y con notas mas rooi'as y severas 
Su voz aUaron sin compás las fieras, 

Y los ecos salvages la imitaron. 

IV. 

Fuente de luí y manantial de vida» 
El sol fecunda nuestra nuMire tierra, 

Y en arroyos al llano convertida 
Vierte la nieve que apiló en la sierra. 
Brotan á su calor yerbas > üores » 
Sus manclias ) colores 

Da á cuanto dora con su lumbie pura, 

Y mil insectos que bis auras hienden 
A separar solícitos atienden 

Del semen virgen la seiuilla imponu 

Y. 

Mas ó. vacilan mis cansados ojos, 
O yo he visto en oriente y en ocaso 
Lagos de sangre cuyos pliegues rojos 
Al sol alfombran ei gigante paso. 



??8 



t:OMI»0S1(.l(>NKS DIVERSAS. 



Y Jama» comprendió mi entendimiento 
El mislerLo sungrlento 

Que esc color del horizonte vela : 

Y por mas que lo pienso y lo medito 
Nada el arcano que conserva escrito 
Ese renglón de sangre me revela. 

VI. 

He Ylsto al sol posarse en el oriente 
Al derramar su esplendorosa lumbre , 

Y le he visto posar en occidente 

Al trasponer la postrimera cumbre. 
>lagníflco á su vuelta y su partida, 
Sn marcha y su venida 
Mudo y absorto cada vex contemplo : 
Él recoiíc sus rayos (* los suelta , 

Y siempre á su venida y n su vuelta 
De Dios concibo al universo templo. 

Vil. 

Sí , siempre posa un punto en el oriente 

Y otro punto ai doblar la última cumbre , 
Mas siempre cific en su alba y su occidente 
Banda sangrienta su radiante luml)re. 
Entrambos los crepúsculos clareiin 
Mientras al sol rodean 

Ráfagas anchas de color sangriento , 

Y al irse y al venir, su última tinta 
Ese triste color siniestro pinta 

En el confín del azulado viento. 

VIII. 

¿Qué guarda ese rojizo cortinagc 
En los remates de la luz prendido? 
¿Un torbellino no hay que le desgaje 
SI á alcance de los vientos va prendido ? 
SI es un vapor que se desprende lento , 
Espeso y turbulento 
De la esencia del sol , ¿en su camino 
No hay solicito un ángel cuyo brazo 
Arranque de la luz esc pedazo 
Que mancha al sol su resplandor divino? 



IX. 



SI es do los aires Ilusión dudosa 
Que la distancia en el azul suspende, 
¿ Pon{ué no pinta su ilusión de rosa , 

Y no ese rojo pabellón que ofende ? 
¡ Necio de mi , gusano de la tierra , 
Que quiero lo que encierra 

Saber el mundo en su invisible centro 

Y demando á su autor omnipotente , 
Cuando nací á adorarle solamente , 

Y' para amarle por do quler le encuentro ! 



X. 



Al hundirse la luz detra» del mcmtfl 
Sorbida entre las nubes y las br^u, 
Lumbre vomita el trémulo horizonte, 
Que en sangre ti&e las enormes pdn. 
Faja de sangro. Inmensa banderola 
Que en su alcáiar tremola 
El que hizo el mundo de ceniíauBi, 
Cual rojo lienzo que pirata osado 
Desplega ante el bajel atribulada 
Que á todo trapo por hnlr se afana. 

XI. 

Que era el sol un espejo traspinnte 
Donde el Señor su creación veía , 

Y desde él derramaba omnipotente 
Dulce vida de amor y de armonía. 

\ hubo un instante en qae amomoipto 
Al hombre abrir su santo paraíso 
Tras aquella existencia de ventori: 
Mas á Dios usurpando su derecho 
De deshacer lo hecho , 
Sangre vertió la necia criatura. 

XII. 

La tierra se manchó : DkM IndlgBiii 
Quitóse del cristal , y su reflejo 
Con los ojus de Dios iluminado, 
Pintó la mancha y sooibreó d eip^** 
Volvió asimismo Dios al sol mandandD: 
« Tú seguirás rodando ; 
Su raza alumbra , y que lidiando croa» 
\jí tierra empape con su sangre iiiif*ii 
Mas cuando quede con la sangre omn 
No la reflejes mas , y que pereica. • 

XIII. 

Dijo Dios, y cerróse en m santuriii 

Y al rudo golpe que sus puertas diaü 
La madre tierra con impulso vario 
Monstruos sedientos de matar eabóBHB- 

XIV. 

Niño , Nembrot , Sesostrls y CmlWi 
De sangre á Egipto con furor regaroo; 
Alejandro , Gonon , Jerges y UUsei 
En sangre á Grecia sin piedad bafttfOB; 
Grecia tragó al Egipto , á Greda ilMii> 
Y' en Roma , que desploma 
Sus legiones do quier, y ansion apila 
Montones de coronas sin eabens. 
Metió á pisar su gloria y sus grañdeM 
Su negro palafrén el torvo AtUa. 







SÉTIMA PARTE. 



229 



XV. 



la ffloria y las hazañas eso I 
ina-n , y la tierra tinta 
la su pié con sangre impreso 
inc ha en el espejo pinta, 
reros, degollad sin tino, 
a su camino 

.'uando sin cesar siguiendo , 
:ua á vuestra gloria alzada 
hra que la luz menguada 
ido sol \ a carcomiendo. 



IONES DE LA NOCHE. 



imientos que en la mente viven 
n de la memoria echados, 
octos que su ser reciben 
stos á que están pegados. 

ni parecer, mas como aquellos 
una brisa se levantan, 
lan, y al fin toman cual ellos 
Irosas que la vista espantan. 

miedo y de la fé contrarias , 
es de la noche umbría , 
tnos en la niebla fría , 
esencia v en la forma varias. 

ue hallan siempre en la memoria 
lansion , gracias postizas , 
*n faz , cuerpo é historia , 
tos y error de las nodrizas. 

a noche , de la noche hermanas, 
lullos inflnitos suenan , 
del viento van livianas , 
el viento y el espacio llenan. 

: cieno fábulas impuras ! 
al noble pensamiento , 
respirar auras mas puras 
vo azul del Armamento. 

, tnrlia de sueños impostora , 
el miedo tu vasallo, 
i de la fusta cinibradora 
ite el volador caImUo? 

bj al nacer como ilusiones : 
n colkarde os dio aposento, 
a , imbéciles visiones , 
'azon mi grande aliento. 

che venís , y osáis con elU 
^rasoD t|ue en pa2 reposa ; 
Khe m el poder te estrella 
er y etencU mentiroM. 



¡ Paso 1 mis ojos en su azul tendidos 
La paz que le robáis otra vez hallan, 

Y en los misterios de la fé perdidos 
Vuestros misterios de impureza callan. 

Para lanzar vuestra influencia impía 
A la influencia celestial acudo, 

Y de la noche silenciosa , umbría , 
La solitaria inmensidad saludo. 



L 



¡ Salve I tienda magnifica colgada 
De polo á polo sobre el aire manso 
Del caduco universo destinada 
A proteger el funeral descanso, 
i Salve á quien mora en la escondida altura 
Detras de esa estrellada colgadura ! 
i Salve á quien vela el agitado sueño 
De esos gusanos que , á sus pies tendidos , 
Manchan con sus alientos corrompidos 
La orla imperial del manto de su dueño ! 

1!. 

Sí , que á mis ojos se resiste en vano 
De la insondable eternidad el velo, 
Y yo veo , Señor, tu inmensa mano 
Tras el azul del trasparente cielo. 
Infinita , Señor, tu omnipotencia, 
Infinito el abismo de tu ciencia , 
Infinito tu ser, y tú infinito , 
No HAT MAS QUE TÚ ; y tu soplo poderoso 
Que anima el mundo presta generoso 
Vida á la alma virtud , vida al deliio. 



in. 



Que tú amasando el polvo de la nada 
Con tu suprema voluntad un día 
Diste al hombre esta espléndida morada. 
Igual para el que fué y el que seria. 
«¿Quieres vivir?— tu aliento es el espacio, 
c Quieres tener ? el orbe es tu palacio. 
¿ Quieres mandar .'—al señalarlo nombre 
Puedes gozarlo é invadirlo todo. 
Yo que á mi gloria te saqué del lodo 
Fé y libertad te doy, » dijiste al hombre. 



IV. 



Y el hombre fué ; y el hombre envanecido, 
Olvidando al Señor que le formara. 
No parti<i por igual lo recibido. 
Se armó insolente y le toIvíó la carf. 
Oídos dando al corazón villano. 
El hermano lidió con d hermano , 
El hijo con el padre en torpe guerra 
El alma pn las entraña» »« ba^amn , 



SIO 



COMPOSiaOFfES DrrBRSAS. 



T nno de otro en la sangre se baliaron 
Por un pié mas de la heredada tierra. 



V. 



De tu obra entonces, gran Señor, corrido» 
Ingrata viendo A tu mejor hechura , 
Sobre el mundo tendistes ofendido 
La espesa sombra de la noche oscura. 
Volviéndote á tu carro rulilantc 
Empuñaste las bridas de diamante , 
Toa caballos de fuego se lanzaron 
Per el espacio, y caminando á oscuras 
El choque de sus recias herraduras 
miea de estrellas en su azul brotaron. 

VI. 

Al cefio de tu cólera divina 
Loe mundos con pavor se estremecieron : 
Confundióse su ciencia peregrina, 

Y laa miserias y la muerte ñieron. 
Brotó la tempestad. Soritíó el nublado 
Las ondas de la mar, y desbocado 

En hombros cabalgando de las nieblas 
Su pedrisco do quier vertió sin tino, 

Y borrando los lindes del camino 
Tierra y mar embozó con las tinieblas. 

VII. 

¿Quién osará , Señor, en la memoria 
La idea renovar de tu honda Ira.^ 
El mundo sabe la tremenda historia , 

Y aun al mentarla de terror suspira. 
La obra de tu poder atropollando , 
Seguias tú la creación cruzando , 
Sin término, ni objeto, ni vereda, 

Y tus ojos , Señor, relampagueaban , 

Y las nubes errantes reventaban 
De tu carro inmortal bajo la rueda. 

vni. 

Todo cayó A tus pies ; todo en pedazos 
A volver se aprestó A su antigua nada ; 
Pero su pOlvot ropezó en tus brazos, 

Y á ser tomó la fábrica empezada. 

Te volviste á mirar sobre tus huellas , 

Y al ver que de tus ojos las centellas 
Lo Iban todo á incendiar, compadecido 
La noche hicistes , que tendió en el ciclo 
Su pabellón azul de terciopelo 

Que en medio del zenit quedó prendido. 

IX. 

Tras él está velando tu pupila : 
Mansa tras él la creación pasea . ' 



Y el universo de terror Taclla 

A su gran resplandor si peataftei. 
Las nubes eon su luz se tomasoliD, 
El oriente y ocaso se arrebolan 
Con sus puros y espléndidos colora, 

Y A su dniee calot se aUta indecisa 
La perfumada y soñolienta brisa 
Que susurra en la yaba y en luflm 



X. 



I Salve otra vez, magniflcteortin, 
Que ante los ojos de tu Dios cdgidi 
I^ lumbre de sus ojos te ilumina 
Sobre el desierto del dolor picada! 
Yo sé en mi corazón , noche soobrii. 
Que es tu manto de rica argentcríi 
Prenda de que nacimos sus vasalkn. 
Que al salpicarte Dios con tni eiücltai 
Nuestro orgullo alumbró co» las «eBtdhi 
Que brotan de los pies' de tr oImUm. 



FÉ. 



I. 



« En manos del plaeer 
Sin otro porvenir que los pliwnv.. 

El oro yiaa mugoiqi 
Mi solo Dios y mi esperanza han iMs. 
\ Lindas quimeras de mi edad pasidi 
Que me dejáis el alma emponzoAi)áil 
Decid, ¿dónde habeU ldo?i 

» 

c Lánceme á los deleites avariento, 
Gocé con ansia y apuré su hartan j 

Mi Dios y mi ventura 
Asentó en el placer mi pensamients. 
Otro esperar mi corazón no quiso; 
Y hoy ¿dónde hallar el dnIee paníli» 

Que edifiqué ea el ttaUsf • 



« ¿En dónde estás, rIqnisiflM 
De placer y de amor, lánguida Elrin, 

Con cuyo artwrfespllñ 
Mi corazón , y cuya sombra BÚanf 
Elena, Inés... bellísimas traláons, 
I Ay ! ¿ qué habéis hecho de mis dnksill 

Y mis montones 4e on f ■ 

« ¿QuéhedehacersMiyqsotresyiticOi 
Solo afán ¡ay demílconqaebevlviéa^ 

Solo Dios quQ he creído f 
Fé de mi juventud , delirios briles , 
r! Qué he de creer ni de esnen^ afeen 
Que tomándose vati hoMiorBepi 

Mil blanfeto BUS aMlos ? t 




SÉTUI4 PARTE. 



Í\ 



ir la lámpara avagada 
Jó ir por consutiU) » 
el t^nto rielo 
no sé leer nada? 
ipiedad endurecida 
ilmn envilecida 
V t^u monMla I • 

iCT ! pero \ ay ! ¡cuan duro 

ir caminando 

ícncia esperando 

x nunca seguro! 

orce y en nada espera, 

na luz que alumbre fuera 

»8 tan oscuro ! • 

amparar del cielo santo , 
ndrá tanto delito : 
stigo infinito 
imaginar me espanto, 
r .' Triste es la duda , 
lo mejor adonde acuda 
itrc escollo tanto. • 



w, ly cuan en vano! 
celestial esencia 
tenai conciencia 
i»n sintió el gusano. 
en su árida agonía , 
eletrear sabia 
razón profano. 

! que la luz existe, 
ú resplandor del cielo 
lí'suarrar el velo 
s ala luz resiste, 
V en su andar, deseo 
¡srlama: ¡nada veo! 
:i>erado y triste. 

> creer ! • Y abandonado 
I brazos de si mismo 
il oscuro abismo 
va despeñado : 
reer / • Y en tu af^ia 
I ei postrimero día ) 
y déi si se ha engibado ! 

1 donde las zarzas crecen ! 
que las aves moran I 
rvos que piedad Imploran 
enria del Señor pareeen! 
18 que cruzan el desierto , 
I raniino cierto , 
leí arenal perecen ! 

II. 

blanco y pur» 
ft filial seauro 



Por el lóbrego recinto 

Del mundano lal>crinto 

Mis pasos guiando vas } 

Ángel que invisilile velas 

Mi existencia , y me consuelas , 

Y en la noche .sosegada 

A la orilla de mi almohada 
Mi sueño guardando estás; 

Tú que con alas de rosa 
De mi mente calurosa 
Benigno apartas y atento 
El mundano pensamiento 

Y la torpe tentación , 

i Ay ! ( nunca de mí te aleJeA , 
Nunca en soledad me dejea 
Sin que tu fanal me alumbré, 

Y esa ruin Incertldumbre 
No me roa el eorazon ! 

Espíritu soberano, 
TténdenM siempre tu mano , 

Y mi afon , mi pensamiento 
Endereza al ñrmomento , 
¡Oh espíritu tutelar! 

Y en la noche silenciosa 
Si brota mi fé dudosa 
Alguna plegaria impía , 
Con tu aliento de ambrosía 
Purifícala al pasar. 

Ángel cuya sombra adoro , 
Cuyo nombre santo Ignoro, 
Cuyo semblante no veo, 

Y en ciíya presencia creo , 
\' cuya existencia sé. 
Muéstrame el camino cierto 
De este mundo en el desierto, 

Y i guai que sin ttn no vague 

Y con los vientos so apague 
La lámpara de mi fé 1 



■M4 



A ESPAÑA artística. 

SONETO. 

Torpe , mezquina y miserable Esp 
Cuyo suelo allombrado de memorial 
Se va sorbiendo de sus propias gloriaa 
Lo poco que bá de cada ilustre baxaña , 

Traidor y amigo sin pudor te eogafia 
Se compran tus tesoros coa eaooriu . 
Tus monumentos lay I y tus historias 
Vendidos llevan á la tierra eetraAá. 

I MaldlU seai , patria do taHentaa ; 
Que por premio te dai i o"*"» "■■• P''^ 
Por no mover ion brasoí indolentei ! 



232 



COMPOSICIONES DIVERSAS. 



I Si , venid \ voto * Dlog I por lo que queda, 
Estrangeros rapaces , que Insolentes 
Habéis hecho de España una almoneda 1 



IRA DE DIOS. 



EL ÁNGEL ESTERMINADOR. 

En un confln recóndito del cielo , 
De una selva viviente circtindado , 
DeDM y confuso y misterioso velo 
Que le tiene del orbe separado , 
Hay un alcázar de azabache , oscuro 
Que en un hondo torrente cnsansrentado 
La sombra pinta de su inmenso muro 
En contomos de sangre reflejado. 

Jamás el aura de perfume henchida, 
Que en los jardines del Edén murmura, 
En tal lugar estremeció perdida 
Del rudo bosque la hojarasca dura ; 
NI el sol radió con fugitiva lumbre , 
Ni sonó por la lóbrega espesura , 
Ni retumbó la cóncava techumbre 
Mas que el rugir de la corriente impura. 

El aire denso , sin color é inmoble 
Que aquel recinto por do quier rodea 
Hace el pavor do quien se acerca doble, 

Y doble el caos á quien ver desea ; 
Solo se alcanza entre las altas puntas 
Que el recio vendabal nunca cimbrea 
Entre dos torres del alcázar juntas 
Un faro que en la sombra centellea. 

NI ser alguno penetró el misterio 
Que guarda allí la ciencia omnipotente , 
Ni se sabe cuyo es aquel imperio 
Donde nunca se oyó rumor de gente; 
Ni arcángel sabio , ni profeta diestro 
De este sitio alcanzó confusamente 
Mas que la luml>re del fanal siniestro 

Y el estruendo medroso del torrente. 

En este bosque oculto y solitario, 
En este alcáxar negro y escondido , 
Donde nunca llegó pié temerario , 
Ni descansó jamás ojo atrevido , 
Ni mas sol alumbró que el rayo rojo 
Del fanal en sus torres suspendido , 
Tiene el Scfior las arcas de su enojo 

Y el homo de sus rayos encendido. 

Y allí vive un espíritu terrible 
Que al son de aquellas aguas se adormece , 

Y á los ojos de Dios solo visible 
Al acento de Dios solo obed^-e. 



Arcángel yengadoír, del cldo «Bonilii, 
Guando deja el lugar do se guarece 
El rayo ardiendo y el carcaj al boadm ; 
Pronto á la lid ante su Dios parné. 

Espíritu sin fin ni nacimiento 
La etemidad existe en su memorii: 
Él solo del sagrado firmamento 
Entera sabe la infinita historia : 

Y al solo mido de sus negras alu, 
A su sola presencia transitoria 
Del firmamento en las eternas nbi 
Se suspenden los cánticos de gloria 

Aborto del furor omnipotente, 
Arcángel torbo que las vidas cuesta, 
Vela de Dios el arsenal ardiente 

Y los uilragcs del Sei^or asienta. 
El carro guarda allí cuya cnadrigí 
Relincha con la voz de la tomcóti, 

Y allí está con su kmza y su lorip 
La copa en que su cillera fennoii. 

En ella hierve con fragor horrilik 
El ancho vaso hasta los bordes lia». 
El tremendo licor incorraptible 
De las iras de Dios ; y en su hoiiái>iBi 
Se fermenta la esencia del gnniío, 

Y de la peste el infernal veneno, 

Y el germen. del relámpago pijiMí 

Y el espíritu cóncavo del traaw. 

Allí está el aire que el contagio iopfk 
El zumo allí de la cicuta heodídi, 
La sed del tigre que la sangre hnriBf 

Y de la hiena la intención toicidi. 

Y allí bulle en el fondo cu^eneniii 
La única de furor lágrima herrldi 
Con que lloró Luzbel desesperado 
Su venturosa etemidad penUda. 

En aquel arsenal Inespngnabie, 
Instramentos de la ira omnipotente 
Germinan en rebaño formidable 
Las mil desdichas, de la hamana griti^ 

Y los vicios en torpe mnchedunln 
Se apiñan á beber la luz caliente 
De aquel fanal de cuya viva lainliie 
Es el sol una chispa solamente. 

De allí se lanxa con horrible estreci' 
A ejecutar la voluntad divina 
El misterioso espíritu tremendo* 
Que en este alcázar funeral domlM. 
Arcángel fiero, portador de enojos, 
Ase la c^tpa , y fNor do quier camina 
El aire inflaman sus airados ojos 

Y las estrellas con los pléa calcina. 

Con él va la tormenta ; el traenom 
Rajn sus alas cruje ; dfPgnAada 




SÉTlir4*íáRT£. 



s con estrnendo bronco 
]e él va despeñada : 
s de su manto 
muerte descarnada 
•re , y el amor, y el llanto, 
crímenes preñada. 

vista palidece 
líflca apariencia : 
ase enrojece, 
1 fulgurante esencia. 
s que su sombra evitan 
npen con violencia , 
r se precipitan 
la fatal sentencia. 

ir se encoleriza , 
muge y atruena , 
»iés toma en ceniza 
y la esponjosa arena. 
' la cerviz le inclina; 
de fetor le llena ; 
e á perecer destina 
1 y La envenena. 

1 fué que inexorable 
Adán del paraíso , 
junta y culpable 
lino preciso. 
61gota empinado 
ue exhaló sumiso 
nancha del pecado 
:on su sangre quiso. 

isata ceremonia 
nte el becerro impuro; 
ar y á Babilonia 
que pintó en el muro : 
Ascalonita 
y abrió seguro 
ue con su gente habita 
el fondo oscuro. 

de Alarico áRoma, 
á Yespasiano , 
í virtió á Sodoma 
en vapor insano, 
tas del diluvio 

soberano , 
ranas del Yesuvio 
ar otro Herculano. 

»iritu tremendo 
lonara un dia , 
erra irá saliendo 
en su faz \ivia. 

1 pera en sus brazos, 
orbe en su agonía, 

el sol caiga en pedazos 
loa? La eternidad vacía. 



EL ESCULTOR Y EL DUQUi 

CUENTO 

DEDICADO A LA SEÑORA DONA MATILDE O-RI 
DÉ ZORRILLA. 



Nota^l autor á m muger. Boipecé U pwblle 
dt Bits poMias teaoeiéiidote , 7 Us eoncloyo a 
noBbrt. 

Madrid , Octubre 10 d« W 



Año de ma» ó de menos , 
SI no miente mi ñiemoria , 
MU quinientos veinte ydos 
Corren , y una tras de otra 
Por la preferencia luchan 
Las muy esquisitas obras 
Con que un escultor de Italia 
Admira á Semille toda. 
Sin dar tiempo á que se olvide 
La fama que uno le cobra. 
Reputación y caudales 
Siempre la última le dobla. 
Siempre del espera el vulgo, 

Y siempre el vulgo se asombra 
Al ver el nuevo prodigio 

De su mano creadora. 

No hay rico que no le encargue, 

M comunidad , por corta 

O pobre que sea , á quien 

Una efigie no se rompa : 

Y habiendo por precisión 

De buscar quien la componga , 
Mas vale hacer otra nueva, 
Siquiera por la mejora. 
Aquí tienen una Yirgen, 
Pero es de mano muy tosca; 
Allí un crucifijo, y bueno, 
Pero la cruz es muy corta. 
Acá un San Juan de rodillas , 
¡Cosa estupenda! mas sobran 
Dos líneas de la peana 

Y nunca bien se acomoda. ^ 
Allá hay una Magdalena, 

¡ Soberbia estatua 1 { gran cosa 1 
Mas dicen que por desnuda 
No es imhgen muy devota. 

Y asi cada cual encuentra 
PretestOB que le ocasionan 
Del taller del Florentino 
La risita rigurosa : 

Y asi su fecunda mano 
Sin darse descanso brota 
Para ana nn San Aquilino , 
Para otro nna Dolorosa. 




COMPOSICIONES DIVERSAS. 



Y no es que mafta ó agrado 
Emplee , pues Taina goza 
Que dar crédito pudiera 
Al pirata Rarbaroja. 
Alto , vigoroso, altivo , 
Aire audaz , mirada torva, 
Barba crecida hasta el pecho , 
Aliento recio y voz ronca , 
Mejor que artista parece 
Bandolero , y mas importa 
Guardarse de él , que guardar 
Sus estatuas primorosas. 
Alcanza fuerzas hercúleas , 
Cólera mucha y muy pronta , 

Y son de largos sus hechos 
Lo que sus frases de cortas. 
No le acompaña c(m nadie , 
Ni á nadie contó su historia; 
Ni los valientes le arredran , 
Ni á los que callan provoca. 
Es con las damas cortés , 

Y aunque frió con las mozas 
No es con ninguna grosero , 

Y retrata á las hermosas. 
Es largo con los soldados , 
Que las armas le enamoran ; 
Saluda siempre que alcanza 
Las banderas espaíiolas ; 

Y aunque r^n todos severo , 
Jamás los chicos le enojan , 
Aplaude á los reboltosos 

Y acaricia á los que lloran. 
Ix) mismo el sayo se ciñe 
Que se revuelve la cota , 
Lo mismo sacude el mazo 
Que sacude la tizona, 

Y sin que aperciba grande 
Diferencia de uno á otra, 
Lo mismo sierra un madero 
Como una cabeza corta. 
Estrangero , y sin su gente 
Que en su lengua le responda, 
Que le reciierdo sus gustos 

O le llora sus xozobraa , 
Ni conoce gerarquías, 
Ni distingue de personas; 
Jamás su trabajo lleva 
Quien pródigo no le compra. 
Ni tiene ni quiere amigos , 
Que por cspcriencia propia 
Sabe que muy raras veces 
Los que no cansan , no estorban. 

Y si los negros recuerdos 
De sus pesares le acosan , 
Oscureciéndole el alma 
(U)mo tempestades torvas 
Que con negros nubarrones 
Al son del ciento se agolpan , 



Con la fatiga del cuerpo 
Loa duelos del alma aboga. 
Y el pensamiento en Flores 
La ambición pueala en sa g 
. Pura vivir solo y triste 
Todo lo dcmaa le mAh9l. 



W. 

En un claustro de un coi 
Gomo á las tres de una tan 
Hay gran reunión de gente, 
Tbda atenta y toda grave. 
Tomados tienen los ojos 
Todos á la mUnta parte. 
Los nobles y el populacho , 
\jw soldados y los frailes. 
De cuando en cuando se es 
Murmullo y cortadas fraaei 
De los que no han visto y ! 

Y de los que ven y parten. 
Unos dicen ¡brava pletal 
Dicen otros \ cosa grande! 

Y se empujan y encarama 
Los de atrás en los de alant 
Uno alaba loa contornos , 
Lo leve otro del ropaje , 
Otra las manos del niño , 
Otro el rostro de la madre. 
Quién , dice que la caben 
Es un prodigio ; admirable 
Dice otro que es la ÍnvencJ< 
Citando reglas del arte; 

Y todos al. par confiesan 
Que ella es de las mas cal 
Obras , que á pública vista 
Se han puesto cien aAos lu 
El que no entiende ve y a 

Y en ver hace lo bastante , 
Que al buen callar llaman 

Y sobre ver esto baite. 
Lo mas que á alguno le • 
De loa muchos que no sd 
Es volviéndose á algnn m 
Preguntar : « i Qvkiéñ io M 
A lo que con voi sonora 
Dice satisfedio el fraile : 

« Se le encargó á un Italia 
I Y es gran cosal Qien lo i 
Como quien dice - ¡Sea 
Porque no ¡labrá quien k 

Y el vulgo que atento lo o; 
Se queda á oscuraa eome i 

Fuese al fin diamibnycD 
La (oucurrencia, y la Imi 
Quodó cercada en dclanal 
De unos cuantos penonag 




SÉTIMA ütfITB. 



)llo« geato hidalga 
<'<'ptúan \oé padrea 
ivento, que íesneQ, 
e dic«n aplauden, 
tro todos tiay uno 
sterior respetable 
1 altas insignias 
y múitarefl, 
1 mirada severa 
>rido semblante 

estuvo eran trecho 
iltura venerable, 
ridoa los párpados , 
lo el ceño , fugándoae 
radas de los ojos 

mucho le pesase 
apechen de la estatua 
piensa ó lo que sabe, 

1 situación confusa , 
é inespllcabie. 
ronle una tras otra 
lezas y bondades 
státua , lo armonioso 
iscultura y lo fácil ; 
resion y el movimiento 
I Junto; y de las partes 
mpeño y estudio, 
cual mas estimable. 

á las advertencias 
lando con señales 
idon poco espresivas 
iplábala el semblante. 
|ue el de la Madona 
a de admirarse , 
peregrino y bello , 
ie cuanto cabe, 
¡ntóla el artista 
ido al tierno infante 
colocó en los brazos 
cho alimentándose, 
niño y mirábala, 
ella mirándole , 
iban entrambos 
>r mas entrañable, 
ido de sus pechos 
lulcísimo y suave, 
idole la esencia 
urteima sangre, 
nación tan sencilla . 
^ra , é inefable , 
imposible sin lágrimas 
t fría mirarles, 
mo , anocheciendo 
aria faltándoles 
apartaron del claustro 
ilgos y loa frailes. 
D eakloaamente 
la eoo dohles Uaves, 



Y hasta el pórtico salleroD 
Tras el frió personage. 
Que devolvió sns saludos 
Con atantos ademanes , 
Como qu4en tal los merece 

Y harto en recibirlos hace. 
Quedaron en pié los monges 
Hasta que voWióla calle, 

Y ál dló el braio á ún cabalkro 
Que deja que le acompañe. 

UI. 

Cerraba espesa la noáhe 
Fría , y amagando lluvia. 
Por lo que aprietan el paso 

Y los emboxos se cruzan. 

Y entre el rumor de sus huellas, 
Entrecortada y confusa 

De los dos nobles á trozos 
La conversación se escucha. 
« ¿Qué os ha parecido , duque ? 

— fiaquisita es la escultura. 

— Mucha atención la pusisteis. 
—¿Lo echasteis de verP 

— Sin duda. 

— Mas de una hora habéis estado 
Delante de ella. 

— Me gusta; 

Y 08 lo confieso , marques , 

A -estar hoy en venta pública... 

— ¿Eso os detiene.' pedidla. 
Vos sois en Sevilla... 

— Nunca I 
Eso faert prevalerme . 
De mi posición , segura 
Mi ganancia, y pues los monges 
La obra encargaron , ya es suya. • 
Siguieron cruzando calles. 
Tomando señas en unas. 
Equivocándose en otras , 
Como quien camino busca i 

Y al cabo de muchos pasoa 

Y equivocaciones muchai 
Llegaron frente una casa 
De una callejuela oscura. 

« Aquí vive , dijo el duque. 
— ¿Quiéo? 

—Alabo la pregunta. 
— ¿ Me habéis dicho ad¿ide vamos ? 

— ¿No? 

— No. 

«-Pues muy oportuna 
Es la oaasion para verlo. • 

Y á una violenta y ruda 
Aldabonada la puerta 
Estremecida retumba. 
Ovéronse en la escalera 




336 



COMPOSiaOlfES DITEMAS. 



Pasos , y por las Juntnres 

Penetró la luz movible 

Con que por dentro se alumbran. 

« ¿Quién es? • preguntó duleisima 

Una voz suave que anuncia 

Una muger, cuya forma 

Aún á la vista se oculta. 

« Hidalgos, -^ dijo el de fuera. 

— e yd quién los hidalgos buscan? 

— Al escultor Torrigiano. 

¿Vive aquí? 

— Sin duda alguna. • 
Se abrió la puerta , y entrando 
Los dos hidalgos á una , 
Sus dos ánimas quedaron 
Estupefactas y mudas. 

Y aunque esprcsion muy diversa 
Muestran sus rostros , acusan 
Los dos el asombro Interno 

Con que sus afectos luchan , 

Y á fó que asombro merece 

Lo que á contemplar se agrupan , 
Lo que aún á creer no aciertan 
Pasmados de la aventura. 
Porque asida al picaporte 

Y á la luz trémula y turbia 
De una bujía , que al soplo 
Del aire brilla Insegura , 
Delante sus ojos tienen 
Bella aparición nocturna , 
De la Madona del claustro 
La exactísima flgiira. 
Aquel i)cregrlno rostro , 
Aquella trenzada y rubia 
Cabellera , aquellos ojos 

Que al ciclo el color anublan , 
Aquella sonrisa de ángel 
Tan celestial y tan pura , 
Aquellos brazos tom«ntile8 

Y aquellas manos menudas, 
Son I vive Cristo! las mismas 
De la divina escultura , 

Y ello será brujería , 

Pero ambas á dos son una. 
Mirábanse el uno al otro 
Los hidalgos, y confusa 
Mostrábase ella, su espanto 
Sin saber á qué atribuya, 
Hasta que el duque el embozo 
Bajando , la fkz ceñuda 
Mostró á la luz , y la ulna 
Conociéndola se turba. 
« ¡Hola ! (dijo aquel subiendo) 
Mucho de casas te mudas. » 

Y ella contestó cerrando : 

« Ya veis , Don Juan, que era mocha 
La esposlclon de vivir 
A solas ron mi fortuna. 



^ I Hém ! di]o d dcqoe 1 
Una tos seca y profunda 
No es maia tu compañia 
Si mucho tiempo te dur 
Y mascullando otra tos 
Qae la garganta le anod 
Llegó á una sala cuadra 
Donde el Florentino esti 



Púsose en pié él OKid) 

Y airUnando dos sltiala 
Escobó ceremonialcB 
Hablando en este tenor. 

Torrigiano, ¿A qué forUuu 
El honor de esta visita? 

Duque. A un señor que nec 
Una obra, y os la ofrezco. 

Torrigiano. Acepto , si la a 
A gusto de esa perdona. 

Duqíie. Es copia de una 11 
Que habéis concluido ayer. 

Torrigiano, ¿EX tamaño? 

Duque, A 

Como me la hagáis igual , 
La semejanza cabal 
Es en ella lo que ajosto. 
¿ Aceptáis la condición ? 

rorriptono. SI no es como 
A dárosla me someto 
Sin gozar retribución. 
Pero si Igual ha de ser. 
Francamente os quiero babU 
Tengo allí que retratar 
A mi hijo y mi muger. 

Duque, ¡Cómo! 

Torrigiano. Tnve ese ( 
En la que ayer concluí, 
Y á no ser la estatua asi 
Es imposible lo dicho. 

Duque. «Y ese amante da 
Puedo yo culparos? No. 
Haré vuestro guato yo, 
Si vos me cumplís d mío. 

Callaron por nn mom 
Como quien recela ó du 

Y un punto consigo mli 
Su resolución consultaL 

Y el hidalgo y el artiaU 
Que uno de otro ae asegí 
Al mismo tiempo dejan 
Su actitud medltabonda 
Cambiaron como por pn 
De hi oonfiana ülttana 
Esta respuesta el hMalg 

Y 9\ arttela esta pragnnt 




SÉTIMA PARTE. 



!tti 



ue no and u v imos parcos 

dos, 

i vos? ^ 

1 al duque de Arcoe , 

or Dios! 



IV. 

liendo dias , 
escultor 
os cuarenta 
cabo, 
y exacta 
nterior, 
la mano 
)iracion. 
ogoso artista 
lió, 

¡>ostriniero 
corazón. 
!8 un amigo 
olador 
n instante 
) aflicción, 
encantado 
or 

ivenece 
usion , 
entusiasmo , 
el amor, 
nder el fuego 
apagó, 
escondido 
in rincón, 
is llagas 
ira abrió, 
ro y absoluto 
ndicion 
Tdel artista 
• Dios. 
a mariposa 

una flor, 
>resta el ave 

1 escapó, 
la la abeja 

Q vaga en pos, 
■iero cautivo 
no e.*»peró , 
a y tan pura 
iccion 

cansado artista 
las creó, 
enturoso 
la ilusión 
a un ignorado 
lador. 
ina madre 
nació, 



c 



Por cuya vista ha sufrido 
Largas horas de dolor; 
Que le ama mas , cuanto mas 
La cuesta su posesión ; ' 
Y.^ no hay símil de ambas cosas 
Mas exacto ni mejor. 



Y pues su linda Madona 
Torrlgiano concluyó , 
En ese cielo del arle 
Dejemos al escultor. 



A la mañana siguiente 
La preciosísima efigie 
Esperaba al duque de Arcos 
Que acabara de vestirse ; 

Y mientras miran y admiran 
Lacayos y ministriles ^ 

La verdad y la hermosura 
De hi Inanimada Virgen , 
En la retirada calle 
Donéi el Torrlgiano vive 
Está pasando otra escena 
Que no es justo que se olvide. 
Dejemos al noble duque 
En armas y amor insigne 
Que la divina escultura 
Enamorado acaricie : 
Dejemos al Florentino, 
Que de su mano recibe 
Repleto saco, que augure 
Horas tras su afán felices ; 

Y entrémonos en su eaaá , * 
Donde su amorosa Tlsbe 
Está á la reja esperando 
Que dé la vuelta el artífice. 
No se sintió por su ausencia 
La esposa nunca tan triste, 
Ni de su inquietud secreta 
La estrafia razón concibe; 
Mas su ardiente pensamiento 
Mil sobresaltos la finge, 

Y el corazón con mil ansias 
No acierta qué vaticine; 

Y ello es un hondo misterio 

Y un arcano incomprensible, 
Mas tiene presentimientos 
Ei corazón infalibles. 
Mirando estaba impaciento 
De la calle los confines 

Por ver si llega mas pronto 
O mas pronto le apercibe. 
Cuando un hombre que se aceiea 
Rápido , eoii mano firme 
Tira tin papel por la reja 

Y conieatacion la pide. 



•98 



COMPOSlCfONES BITERSAS. 



En vano tal osadía 
Querido hubiera i mpedlrie , 

Y en yano algunas palabras 
De Justo diojo le dtce. 

El hombre pasa y no escucha ; 
Le llama... lo grita y sigue; 

Y allá hacia el fln de la calle 
Vnelre á ]ftrarse impasible. 
A poco rato el mismo hombre 
Puo á paso se dirige 

Otra vez á la ventana; 

Y esto que advierte la Tisbe 
Toma la caria del suelo , 
Aguarda que se aproxime, 

Y con desprecio tirándosela 
Que despeje le repite. 
Cerró los vidrios de golpe, 
Pero ni tiempo consigue 
Para encajar la falleva , 
Porque el hombre , que se sirve 
De ambas manos , deteniéndolos 
Con vigor irresistible 

Volvió la carta diciendo : 

« Sin respuesta no he de irme, » 

Y al ir palabras mas duras 
(iOlérica á dirigirle , 
Apareció el Torrigiauo 

Y palideció la 1 isbe. 
Torrigiano, ¿Qué es eso , Tisbe P 

Tisbe, Un hifame 

Que dos veces ha pasado 

Y ese papel ha tirado 
Por la reja. 

Torrigiano. El papel dame. 
Que á lo que v^ él ha huido : 
Mas <: ([ué tiemblas , alma mia , 
No ves que de su osadía 
Tú la culpa no has tenido? 

Tisbe. I Ay Pedro 1 que ese papel 
Me da recelos fatales , 

Y me parecen púnales 
Cuantas letras hay en él. 

Torrigiano. ¡Calla, inocente I 

Tisbe, No le abras, 

Pedro. 

Torrigiano, ¿Saber no es mejor 
De qué mal es portador? 

Y ai Qn , son cuatro palabras. 

{Abriendo la carta, á Tisbe.) 
Pero , Tisbe , es para tí ; 
Tu nombre al principio viene... 
Veamos lo que contiene , 

Y escucha, que dice asi. 

{Lee,) 
t Tisbe , elige : está en tu mano 

• Mi ventura y su sentencia : 
B Un dia de resistencia 

• Dala muerte al Torrigiano. • 



Ti$be. I Ay , Torrigiano , ay leiill 
Que con mi negra hermosan 
Te traje la desventara, 

Y acaso moerte te di. 
TorrigiMO, ¿ Mas qué mlslflrto p 

En ese papel, que á voces 
Mi muerte auguras? ¿Conoces 
Quién hizo, Tisbe, esas letni? 
Tisbe. No, lo adlvtaa no mi; 
De un villano que en tu 
Con inaudita Inaolenda 
Me enamoró son quiíáa. 
Toda Sevilla corrí , 
De casas mudé eaqnlrándate, 

Y logré desorientándolo 
Vivir escondida aqai. 
Cóbrele un horror Intonso 
Desde el momento de Tttla, 

Y solo supe teoMrle , 

Y no lo bastante pienso. 
Torrigiano. ¿ Y porquénoBsl 

A ese traidor cara á can, 

Y en mis brazos acabara , 
Que era morir may honrada? 

Tisbe, A verte una noche tIm 

Y en mi cuarto me encerré. 
Como quien siente x no ve 
liOS pasos de un asesino. 

Y ni escucharos osaba , 
Porque tal horror sentía. 
Que aun de sa vos si la ota 
No sé qué me recelaba. 

Torrigiano. ( Deteepermá^.) 
lY yo, necio, se la di. 
Se la llevé yo , en -persona... ! 
[A TiMbe.) 

Y viendo aqnella Madona 
Que se parecía á ti , 
¿No lo adivinabas td? 

Tisbe. Temí, Pedro, qoetointe 
Torrigiano. | Cargue, volovakii 
Con tu miedo Mcebd 1 
¡Ira de Dios, y qué á ponto 
Con mi maldita escultura 
Yo mismo de ta hermosan 
Fui á presentarle el trasnnto 1 
¡ Por ella su lengua tttna 
Me hará de Irrisión objeto...! 
¡ Maldito si no le meto 
En el cerebro la estatua I - 

Y esto el escultor á^ámh 
La espada en el dnto pone, 
Y desatinadamente 
La mano en el pleaports. 
No basta que de rodiUaa 
Ante él U hermosa so pastN, 
Ñique las suyas abrace, 
Pues SUR intentoa supene; 




SÉTIMA MRTB. 



il advertencias admite , 
:»s fonsejos oye , 
¡lie intenta concibe, 
liiquese propone, 
mlire en aquel momento 
lecesita un hombre, 
•i encontrarle es fuera 
ida que ube en dónde, 
se la Tisbi sola 
9 vidrios asomt'ise , 
CM lienot de lágrimas , 
orazon de temores, 
tuvo lar^o tiempo, 
16 distraerla logren 
t penramíentos tristes 
ras cavilaciones , 
la luz reflejada 

cristal ios colores 
ites , ni las flguras 
calle, Bi las voces. 
|ue vueiu á sí misma 

crisitales qultdsa, 
do aún en el snelo 
»el infausto asióle. 
» sin ver io que hacia 
y» por sus renglones , 
¡te al ver estos cuatro , 
los hasta entonces. 

ta profana* ejtcnitnra 
liza una pasión , 
viada á la inrfnlsfclon 
bre la sepultura. • 
fó la infeliz un grito , 
o el tiro conoce , 
?1 {lalacio del duque 
ilentada corre. 



Mnbrero hasta las cejas, 
y sombría la cara, 
ados los dientes 
(la al hombro la capa , 
una sombra fatídica 
jn panteón escapada, 
escalera del duque 
Torriuiano avanza, 
itro en cuatro las sube , 
ramo tras otro gana , 
i en trepar con tal brio 
I apuesta ganara, 
las resuelto cruza , 
tenerle no bajftan 
las de los porteros 
roces de los guardas. 
\ eon on bufido 



De Ira ó desprecio' espanta , 
Al otro de una embestida 
Derriba en tierra de espaldas. 

Y asi sin mas miramientos 
Llegó de una en otra estancia 
Del gabinete del duque 
Hasta tocar la mampara. 
Asióla del picaporte , ^ 

Y por si en abrirse tarda , 
Con sacudida f iolenta 
Del quicio la desencaja. 
Sintió el estrépito el duque, 

Y ai ir á volver la cara 
Ya el Torrigiano ten!» 

La mano en su hombro posada. 
« i Qué me queráis , señor mió .• 
—•Mi escultura. 

—Está comprada. 
— ^Ahí tenéis vuestro dinero , 
No quiero venderla , dádmela. » 

Y el Torrigiano en la mesa 
Tiró el sequillo de plata. 
Que en precio de la escultura 
Recibió por la mañana. 
Rióse el duque , y le dijo : 

« c Sabe , buen hombre, á quién liabl 
¿Sabe que solo mi voi 
Para aniquilarte basta? r 
Rugió et Torrigiano de Ira , 

Y dijo con voi ahogada : 
« Será si la dejo yo 

Que pase por la garganta ; 

Y no piense que eso es solo 
Lo que á mi cólera basta: 
Ahora >'enga la escultura , 
Luego , pues llagas y espadas 
Tenemos , y hombres nacimos , 
Saldrá de aqui lo que salga. • 

Y abalansándose rápido 

A las puertas que la estancia 
Tras de la mampara cierran , 
Con resolución esclama : 
« O defendeos , ú os mato , 
Que os juro que vuestra carta 
Otra respuesta no tiene 
Que un párrafo de estocadas. • 

Y ya sin otro remedio 
Asió el duque espada y daga , 

Y trabóse la contienda , 

Que por Dios que fué empeñada. 
£1 artista, que se sirve 
Cual del cincel de su arma, 
Ei pecho de su contrario 
A oda momento amaga. 

Y aunque de audaí y valiente 
Con reputación sobrada , 

No se dio por muy seguro 
El duque, que ya pensaba 




40 



COMPOSICIONES DITGRSAS. 



Kn ganar tiempo , aunqae acaso 
Toda la honra costara ; 
Mas la rapidez del otro 
Hasta la voi 1^ embargaba. 

Y se perdían sus ojos 

Y sus manos no bastaban 
A parar tan recios golpes 

Y tan recias» ^ichilladas ; 

Y aunque muy bien se defiende , 
Que al fin le va vida y fama » 
Ya en el rincón de una puerta 
El escultor le acorrala ; 

Y ya el feroz Torrigiano, 
Que \c cerca su venganza , 
En coserle contra el quicio 
Con negra intención pensaba , 
Cuando tremendo tumulto 
Que por de fuera se alcanza 
Llegó en confuso desurden 
Hasta la pieza inmediata. 
Crujía asida la puerta 

Y caer amenazaba , 

Y miedo el duque perdia 

Y el Torrigiano esperanza. 
Aquel ganaba terreno , 

Y asi la lid comenzada 
Cambió de nspccto en un punto 
De consecuencia y de causa. 
Porque ul dar el Torrigiano 

En una parod de espalda , 
Se abrió ai empuje, de lienzo 
Una puertecilla falsa. 
Cayó en u({U(!l aposento , 
Cerró el duque , y en la estancia 
Donde quedó el escultor 
Topó con su efigie infausta. 

Y rel>osando despecho 

Y de otro enemigo á falta 
« ¡ Maldita seas 1 • la dijo , 

Y dióla una cuchillada ; 

A cuyo momento entrando 
Pagcit , corchetes y guardias , 
Dijo señalando el duque 
l^s pedazoit que rodaban : 
« A la inquisición llevadle, 
Las imágenes maltrata; 
Si se resiste unos grillos , 

Y si grita una mordaza. • 
Lanzáronse al Torrigiano , 
Que en la triunfante mirada 
Que le lanzó su enemigo 
Vio bien lo que le restaba. 
Tomaron pues los [)edazos 
De la destruida estatua , 

Y desgarrado el vestido , 
Las manos atrás atadas , 
Sacáronle del imlaclo 
Entre broqueles y lanzas. 



Y ediaron al tanto oíkio 
Atravesando la plan. 

GOüCLCSIOS. 

¿Qné te Talló , baen soldi 
Con noble empdho lidiar 
Para comprar con tu sangre 
El sol de tu libertad , 
Si Pisa y el Garlgliano 
Solo en tu memoria attán 
Como bajeles perdidos 
En hi llanura del naarP 
¿ Qué te valieron , artista , 
Tus largos días de alan , 
Tus largas noches de vda 

Y de esperanza tenaz, 

Si en tus cadenas traidons 
Tu gloria se va á estreUar, 

Y no habrá en tu sepultan 
De tu nombre una señal? 
¡Sueños de la Juventud , 
Sueños de gloria fugu 
Que en un n^ro calabozo 
Fuisteis al Un á parar; 
Cifras con que fulminaron 
Una sentencia fatal , 

Su acongojada memoria 
No tiranicéis Jamás 1 
Delirios de amor dichosa 
Que vinisteis A alumbrar 
De su tormentosa vida 
El continuo vendabais 
Id á vuestras alas viento 
En otra ánima á buscar, 

Y en sus cadenas dormido 
Al pobre artista dejad. 
Dejad que duerma un Insta 

Y ese instante pueda hallai 
Entre sus sueños febriles 
De triste felicidad. 

¡ Ay , cuan duro , Torrigia 
Te va á ser el despenar 
Al rumor de los cerrojos 

Y á la odiosa realidad ! 
Duerme tranquilo , soldad 
Reposa un momento mas. 
Que al cabo asi no es tand 
Con el castillo volar. 
Duerme sin temor, artista, 
Que los nudos del dogal 
El laurel de tu corona 

No Imn de poder deshojar» 
Duerme , despechado ami 
Que á morir por tu amor y 

Y no temas de tu Tlsba 
Un olvido criminal. 
Duerme, mientras soHom 




SÉTIMA PAUTE. 



?< 



as está , 
os te roba 
ugaz. 

is carceieros 
á preguntar; 
largas horas 
catedral ; 
so á tus jueces 
s conquistar, 
erra ni el cielo 
>ena3 dan. 
i tú te resuelves 
soledad 

nuerta la carne 
\ ver palpitar, 
e contigo 
¡temldad , 
:u calabozo 
ires, espirar. 
;ura que su alma 
Ima á buscar y 
liento te falte 
litará : 

ma cftie el grano 
I encontrar, 
ando la falta 
?nto la da. 
orrígiano, duerme, 
duro despertar 
* los cerrojos 
a realidad, 
por defuera 
rechinar, 
íscultor los ojos 
oscuridad. 
)S lazos del sueño 
1 desatar, 
ó , y el soldado 
tivo : c (>MiVn va? 
con sus linternas 
!l tribunal , 
rviz al pecho 
isero á doblar, 
u sentencia , 
licio quizás, 
i mustio silencio 
escii hablar, 
llamáis ? 

— Torrlglano. 
Florencia? 

— Es verdad, 

I? 

— Ccm una espada, 
>raÍ!4 dudar, 
amor á \íx> armas? 
m una... ? 

— Ojalá.» 
a el escultor 



Gomo quien la puede usar, 
Echó mano á su cintura , 
De donde faltaba ya. 
Lanzó el artista un suspiro, 

Y tomándose á sentar 
Dijo en derredor mirando : 
« Es inútil , despachad. » 
Siguió preguntando el hombre 
Deletreando á la par : 

« ¿Habéis hecho aquesta imagen P » 

Y el triste á pregunta tal 
Volvió los ojos á su obra 

Y ai cabo... rompió á llorar; 

Y echando al busto los brazos 
Con desesperado afán , 

Pidió que antes de romperla 

Se la dejaran besar. 

Lo cual demencia juzgado , 

Y deseando abreviar, 
Por respuesta le leyeron 
El pergamino fatal , 
Donde sin apelación 
Con tres palabras no ma» 
Al fuego le condenaba 
Por herege el tribunal. 
Volviéronle pues el rostro, 

Y uno ó compasivo asaz, 

O no alcanzando en qué uso 

Aquel madero ocupar, 

Dijole con befa estúpida : 

« ; Vaya , hucn hombre , tovMd ! » 

Y el busto de su Madona 
Le echó á los pies al cerrar. 



Guando á la fin defines días 
Llegó la hora tremenda 
De cumplir en Torrigiano 
El rigor de su sentencia 
Llegaron hasta su encierro 
Los que debían ponerla 
Por obra , y los seis cerrojos 
Descorrieron de su puerta. 
A voces y por su nombre 
Le llamaron desde fuera. 
Mas sus voces se perdían 
En lo hondo de la caverna. 
Tomaron á llamarle ellos 

Y á faltarles la respuesta , 
Hasta que asiendo una antorcha 
Penetraron en la cueva. 

« Vamos , dijeron , herege , 

Que está ya ardiendo la hoguera, 

Y en faz amenazadora 
Avanzaron á su presa. 
Mas Torrigiano yacía 
Inmoble , y sentado en tierra 

16 




142 



GOMPOSIGIOIIES DHFERSJLS. 



Las numoi en Iai) rodillnü, 

Y en las manos la cabeza , 
Que asidas coavulsamcnte , 

Y enclavijadas con fuerza , 
Guardaban algún objeto 
Que se adivinaba apenas. 

« ¡ Arriba ! » á gritar tornaron; 
Pero mirando su inercia 
Empujáronle con ira 

Y dio de rostro en la tierra ; 
Rodó por el pavimento 
Aquel busto de madera , 
Que el rostro de una Madona 
En su Tisbe representa , 

Y á sus pies quedó tendido 
El escultor, que Íes deja 
Su gloria con su cadáver 
De su ejecución en prenda. 
Que quien nace liidalud > ñero 
No puede con la vcruiienza 
De acabar con iiinuminia 

En una patria cslrunuera. 
I Pobre Tisbe ! { cuan en vano 
En ese dintel le esperas 
Pasando noches v diaa 



Del santo oficio á la pnert 
Resuelta estás á morir 
Sobre esas heladas piedras 
O á ver otra vei al alma 
De tu marchita eilstencia 
Mas como ese tribunal 
Jamás su Tíctlma suelta, 
Golige de ambos á dos 
Guál es , Tlabe » la lentcoc 



Y pnes soloel TonrigiiiM 
En su desventura fien 
Aguardó para morir 
A poder delante de ella : 
Y Tisbe amor tan inmeoM 
Para el Torriglano endem 
Que ser no sabe sin él 
Ni alentar donde él no alifli 
Aquellas dos nobles ahui 
La una de la otra eiisteodi 
Al cielo á la par volafu, 
YsihayDloaidklioHiiUi 




JERDOS Y fantasías. 



mccaoN. 



irba corrompida 
I de un malvado, 
fué á un suicida; 
\ bien desdichado ! 

itico precito 
hándome : * Veamos ; » 
; (le hito en hito: 
r mi primer delilo 
indonos estamos. 

ertos en reposo 
laz , si es su destino , 
lar tan proceloso 
encontrar camino. 

qué por las turbadas 
lar, > mi barquilla 
muchas que estraviadas 
desesperadas , 
icia la orilla. 

angustiado lloro 
:udi a la ciencia : 
' Lo ignoro ; 
en mi pccsencla. 

de lejos , lancé un grito, 
['indito misterio 
) iniiuito, 
ánticu maldito, 
de un cementerio. 

iirba mo nplnudia 
corazón hallando 
■ la tierra es mia.» 
icuui cantaiidu. 

sol>erano aliento, 
KT; mi alma altanera 
el alto ttrmameuto , 
lei vago viento 
mandón primera. 



Atrás dejé las águilas qoe mhran 
Con ojo audaz al sol, atrás quedaron 
Las nubes que relámpagos respiraB , 
Los soles mil que por espacios giran 
Donde mortales ojos no llegaron. 

Creí el mando á mis pies , lilcé la Crenti 
Para cantar mi orj^Ullo, y mis uidos 
Del medio de una nube refulgente 
El acento de Dios omnipotente 
Oyeron de pavor estremecidos. 

« Canta , dijo una voz, tal es tu suert 
Pero canta en el polvo que naciste, 
Allí donde jamas han de creerte : 
Canta la vida , mientras, va la muerte 
A si llamando tu existencia triste. > 

Dijo , y me echó á la tierra y á la vidj 

Y al Impulso de su hálito divino 
Con cantiga risueña ó dolorida 
La soledad alivio del camino : 

Y cumplo asi la ley de mi destino. 



L 



Inunda , paz sabrosa , 
Mi corazón tranquilo , 
Y dichas y deleites 
Encuentro por do quler ; 
Mi ser halló en mi alma 
Inalterable asilo, 
Mi espíritu respira 
El ámbar del plaoer. 

Ya nada me atormenta » 
Ni envidio ni deseo : 
Mi espíritu al abii¿;o 
De la tohueiita esta : 
Pasar á las edades 
Indiferente veo : 
Mecido en dulces sueíios 
Mi pensamiento va. 

Y á veces me arrebata 
Mi loca fantasía 




144 



RECUERDOS 



En alas de so Joven 
Feeondi Inspiración ; 

Y á nn mundo me trasporta 
De encanto y de armonía 
Do gosan mis potencias 
Espléndida Ilusión. 

III espíritu se libra 
Del cuerpo que le encierra , 

Y grande y poderoso 
Gomo su Dios se cree , 

Y alcanza desde el lénit 
A la lejana tierra 

Cual punto en el espacio 
Que apenas no se ye. 

El orbe ante mis ojos 
Desplega los misterios 
Que impulsan la Infinita 

Y escelsa creación : 

Y hollando los escombros 
De tronos y de Imperios , 
Revienta en armonía 

111 libre corazón. 

Cuanto es en los espacios 
Su ser me pa: entiza : 
Un templo ante mis ojos 
El universo es, 

Y todo en su recinto 
Se ensalza y diviniza , 

Y la creación entera 
Tendida está á mis pies. 

No hay canto , ni suspiro , 
Lamento ni murmullo, 
Cuyo eco misterioso 
Fingir no sepa yo , 
Que mi niñex mecieron 
Los bosques con su arrullo 

Y su creencia santa 
La soledad me dio. 

La música comprendo 
Que en las volubles hojas 
Resuena á la presencia 
Del céfiro fugaz : 

Y entiendo en el otoño 
El ¡ay ! de ans congojas 
Con que piedad imploran 
Del ábrego tenaz. 

Yo sé como susurran 
Con diferentes voces 
Marchitas en setiembre, 
Jugosas en abril : 
Ya rueden con el polvo 
En circuios veloces , 
Ya con su toldo verde 
Ck>ronen el pensil. 



Yo enticDdo de laa ares 
Los cánticos distintos , 
El saludar al alba 
O huir la tempestad; 
Buscando de las aelvaí 
Los cóncavos reclntof , 
En donde alegres goian 
Salvage libertad. 

. Entiendo el agorero 
Graznar de la corneja , 
La ronca voz de buitre 
Que huele tu festín , 
Del solitario buho 
La temerosa queja, 

Y el amoroso trlBo 
Del ágil colorín. 

El ruido con qae vuela 
La errante mariposa. 
Los pasos de la oruga 
Sobre la fresca flor. 
El desigual zumbido 
Con que anda codiciosa 
La abeja, de su eáüi 
Volando en derredor. 

El son con que su nido 
Columpia la oropéndola 
Del álamo frondoso 
Suspenso en la altitud, 

Y los murmullos que alan 
Las ráfagas meciéndolas 
Haciendo revoltosas 
Eterna su Inquietud. 

Los mágicos rumores 
Que elevan diferentes 
Las diferentes a^uas 
Del bosque ó del jardín , 
Cuando los montes snlett 
Sus rápidos torrentes, 
Cuando en los valles bOMB 
Sus arroyndos fin. 

Y d temeroso acento 
De las voraces fieras , 
De la tormenta ronca 
El iracundo son; 
En mis oídos posan 
Las notas lisonjeras 
Queensalzan y annonizsD 
La Inmensa creación. 

Conozco de los astros 
La incógnita carrera, 
Del ángel que los gula 
La luminosa tes, 
Y ladelaosnosAaro 
Queen ellos rerefben 




Y FANTASÍAS. 



es demunando 
y claridad. 

ubes le saludan 
gestaoso trueno, 
ísfera le enciende 
igo velec , 
a le alH'e humilde 
imado seno, 
ir cania su gloria 
esante yok. 

ido pestañea , 
idos se estremecen ; 

el rostro, yacen 
rta oscuridad; 
to les niega 
i y envejecen : 
» la existencia , 

la verdad. 

ti llene tan solo 
idad guarismo, 
ro los astros , 
ades fin , 
el espacio , 
10 el abismo , 
se le esconde 
ego ni ruin. 

lo es la balania 
iquüibrio tiene 
lina gigante 
la creación , 
) en ella existe 
lo mantiene, 
el Dios que canta 
a y mi razón. 

no hay ni suspiro , 
• ni murmullo 
» misterioso 
o entienda yo, 
niñez mecieron 
ues con su arrullo, 
mcia santa 
ad me dio. 



LOS borceguíes 



DE ENRIQUE SEGUNDO 



ROMANCE. 



ailtron lofl dofl k«rawi 
T da tal tMita rlBaroo 
Qiia íMn Caín al viva 
A ao kabarlo tida al ■ 

Valianta llaouQ * Earii 
T * Padro Uraaa j dagí 
Parqaa aalitad y Jaallc 
Slanpra naaran eoa al 
CAomaiicaro gm 

I. 

Después de la cruel tragedia 
En que murió el rey Don Pedro 
A manos de una traición 
De senriles estrangeros , 
Su matador Don Enrique 
Gozó en calma largo tiempo 
La corona de su hermano , 
Por la fuerza ó por derecho. 
Aunque de sangre bastarda 
Cuentai^ de él famosos hechos , 
Liberalidades grandes 
De real corazón ejemplos. 
Dicen que á Castilla dio 
Gran prez y engrandecimiento. 
En paz viviendo con todos 
Por la fuerza ó el ingenio : 

Y Aragón , Francia y Navarra 

Y Portugal , le temieron , 

Y le temblaron los moroi 
Aun teniéndole tan kjoi. 
¡ De la voluntad de Dloa 
Incomprenslblei leeretoa» 
Mas donde van aleoipve Juntos 
Los eutigot y kM proDloa I 
Vivió dichoso este rey 

Tras el fkratriddlo horrando. 
Fama conquistando y nondNre 
De liberal y de recto; 
Lo cual celd>ran los malos 

Y desespera á los buenos, 

Que no hay mas lif que la fúem 
Ni mas Justicia , creyendo. 
Mas bien se vé en Don Enrique 
Por la muerte que le dieron , 
De Dios la recta Justicia 

Y la Igualdad de los délos. 
Con hierro mató á su hermano, 

Y él acabó con veneno : 
Por estrangeros matóle, 

Y á él matáronle estrangeros. 




5 



RKCUEROOS 



Vda el rey de Gnmada, 
Ayudador ¿e Don Pedro, 
Del reino de Don Enrique 
La prez y acrecentamiento. 
Veíalo, recelando 
Que la memoria de aquello , 

Y el rencor que produjera 
De Don Enrique en el pecho , 
Aun en él se alimentaran , 
Fermentando en el silencio : 

Y el moro pensó en si migmo 

Y pensó con mucho acierto. 
Veló , Inquirió con astucia 
De sus espías por medio 

El grande apresto de guerra 
Que el de Castilla iba haciendo: 

Y al ver la paz asentada 
Con los Inmediatos puelilos , 

Y á los monarcas cristianos . 
En amistad y sosiego , 
Penetn'» del rey Enrique 

El oculto pensamiento, 

Y otro pensamiento oculto 
Pensó oponerle resuello. 

« Amigo fui de su hermano 
( Dijo el moro) : él e« soberbio, 

Y el ultraje no ha olvidado , 

Y está á volvérmele atento. 
Ganémosle por la mano ; 

Y astutos al defendernos 
Venguemos con sangre suya 
l^a sangre del rey Don Pedro. » 

Dijo esto el moro una tarde 
Por los jardines amenos 
Del alto Generalife, 
En solitario paseo. 

Y enderezando los pasot 
Al alcázar opulento 

De la Alhambra , mandó al punto 
Que llamaran en secreto 
Aun moro de grande ciencia 

Y en medicinas muy diestro , 
El mejor de sus amigos 

Y el mas leal de sus deudos. 
Vino el moro , y encerrándoM 
Con él en un aposento, 

En larga pL^tlca oculta 
Hasta al alba se estuvieron. 
Nadie lo que hablaron supo, 
Nadie jam'is cayó en ello ; 
Lo«4 hechos lo revelaron 

Y lo aclaró solo el tiempo. 
Solo se dijo en Granada 
Con recatado miaterio , 
Que el sabio huía dd rey, 

Y el rcv le echaba del reino. 



En Santo Domingo estaba 
Don Enriqae, y may Dflhno 
Celebraba coli Mtejot 
Sus pacei eofi d Nsrarro. 
Todo era gozo en la oorlB, 
Todo en la ciudad feaiaoi , 

Y luminarias y mústoas. 
Cañas , toros y caballos. 
Andaban los caballeros 
Con las bandas y penadiM 
De los colores dd gusto 
De ambos á dos sóbennos: 

Y andaban los tcoTadord 
Con cantares regalados 
Las grandezas de ambos leyi 
En sus rimas encomiando. 

Y andaba el rey Don Enriqni 
Con largueza real premlándt 
Ya elogiándoles los venos, 

Y va con oro pagándoselos. 
Andaba Villasandlno (1) , 

(1) Alfonso Alfares d« TUlnaailM j 
poeUi del tiempo del nj Dos fcarlfWM 
caailriii reroKió en nm caBei««cN| (•• 
mucbof poeta*') Jota Alíoato dt SiMi 
del rey Don Joan . primero 4m «Me bmiI 
VIlItMndlno •! poeu mas éelabiM» tft 
•lo ratón , y alc«o»6 los rciMdoi di 
Joan I . Enrique ill y 'mb n. LaiflM ai 
baenaa canclonea de eate p«tta r féaaii 
doa . la primera soya j la i i » «da di 
roaninestan adema* la bii«M flaMt dt < 
f Ida y en muerte el mirMdto Pea Wt 
principal que me mxm^m a dlar «im r < 



Diua qne Hio Al fon Ahmrtw 4§ TWm 
la lumte 4ml rtjf Dom IterafW • 



MI nombra tmé Bmi 
Rey de la fcrmosa EapaSa. 
Todo ombre vardal pabUfM 
Sin llaottja por ftaaSe. 
Pobre «adiado mi llena hM 
Conquisté tlarraa é gaalHh 
Afora parad blaa aUaaiN 
Qael yifo lia ala compala 
So etu lambk tamala. 

Coa «inieno é lodalt 
t orvallo da coiaiiw 
Fai ray do graat aoaAiadit 
De Caatilla é de Looa. 
Pase freao ea Araitoa . 
Ea Nafarra é Portagal • 
Granada miado morltl 
Ofo de mi eaa latoa . 
Roeelaado mi oplaloa. 

A loe mloa é 4 aattalaa 
Fal may fraaco é ? cidadat. 
Poco mas de dota aSoa 
«e doró este Moa ealtra. 
Nnoca ere! <ie llfero. 
Bien itaardé saa prlrllltitt 
A fldaliroB é coacalot : 
Conosfleado k üI**b prlaMio 
De qalea galM^dB atpero. 

■I alma va var Smm 
PordtlarUileayallaaa, 




T thmkauís. 



Poeta él mas tfmiido , 
Entre la gente de corta , 
Vestido á lo cortesano. 
Andaha Pero Ferrút 
Sos dulces trotas eanfandD 
Desde el alba hasta la flocba » 
Desde la chota al palado. 

Y en una tarde serena 
Del mes de abril , á caballa 
Con su corte el rey Enrona 
Quiso salir por el campo. 



Taa roMf llda , ó Ua MroM 
La Biat ■<*(• l^ote IwM , 
Moj one*u . é tia (tfkaa, 
Eelaa da lifta raal , 
MI Biafar aaMa . latí , 
Ea todo Sraa é eriatftM , 
QalUda 



94^ k laa aaalanaMt 
■■ rHaaaat, ala féfr t 
Da lodo* Mt eooMreaaaa 
■ay la llataa lo aMfor. 
Par «a ray é N talar 
dqfa «ay aaMa li 
Jaaa al ijo . baMAla , 



mmñ 40 Ptrü Ftrrú$ «I rvy Don Mmfipn. 



Daa Knrlqaa f aé wá ac—n , 
aay da Ei#afta la aay graaai , 
Qaa par fiekaa da paat feoiüM 
■araaca taa rtca taaat. 
arta* aaaa ala ivlaaa 
Maaca faé <|aa yo lamlaaa, 
Par^aa al ni loor imdlWS , 
Rl janaa (alté pi 



Ifaaca yo ea«é de iMltil 
Traíala alaa eaaaaatdaa. 

Coaqarré ftüie» é tierras , 
¿ f «aé aobl«« rrraadoa. 
Pli daaadoa é rondados , 
É aaay aitaa aaiarlat i 
É di ■ attraSaa é a alai 
■•« qaa todoa mlf |»aMdaa. 



En pellfro«niay< 
■achaa tacas yo m» 1 1« 
t de loa aloa aaatBoa 
Sabe Dlaa eaSaiaa aalM. 
Cootemprarma aopa asi 
Con eafaeno é maoaedanbra. 
El mnndo por tal coataabra 
Sojoxcar yo lo crei. 



SIeapra ya f «Mera paa , 
Adoftéroome liraaoa 
Bnaefeadoae nal aMk. 
Qalaolo Dloe , ea ^ataa p* 
El aaHaaraaé podarla. 
Eaaaliar ai poderlo 
t a ci:oa di m»» aolai. 



Coa toda» 
To paré Maa mi fakJaada : 
Qalaa al ««**• «SttA aiMfc 
M lo paaa a 



Ya comenzaban entonces 
Las floréenlas del prado 
A salpicar de los céspedes 
El verde y tendido manto. 
Ya iba el tomillo oloroso 
Sobre los Juncos brotando , 
Llenando el aura de aromas 
Cuanto mas puros mas gratos. 
Ya empezaban á vestirse 
De frescas hojas los álamos , 
Y las rojas amapolas 
A crecer en los sembrados. 



É bien asi lo antlaadi 
El qae faé al eoraaMt , 
Qaa da pai , é da eoa^aiila 
Ooroaa qala la aDaiandt. 

BnlaféSa l aaaciI rto 
fardadaro f ai crayania , 
É * la erlaaU bien quisto, 
■«7 aaada é akadleata. 
Fia ana «af da lakala 
Caanto pade á aas prelados , 
Seyendo de al Ilaaadoa 
Safioree tata la laaia. 

Coa darocioD caanta pM 
To ser? 1 k Santa aaria , 
Preciost Virffaa, salad , 
N aasira Ariaor, é alafria* 
Por aaffa , ola por follia , 
A aaoia Jamáa , nio aanto 
Knnca yo dije mal , caanto 
Los ojos me qaebrarla. 

É tenienda ya al laipario 
Ea pas aay asosegado , 
Qaa oobré toa graat laaario 
Por oafar «I al catada , 
Plogo 4 mas qae ral Ilaaaio 
A la aa aay datoa gloria , 
Do aai« aaa t^at ritoria. 
El SB Boadkra wa loado. 

La al vMt ftié por eaaaü 
Foeo mas que el comedio ; 
Cinco año* mu de clocnanla* 
É cuatro meses é aedio. 
FAsome Dloa baaa raaaAo 
A al flo . que yo d€|JaM 
FIJO noble qaa beredasa 
Tal qaa doo ba tía aadlo. 

Deben Mr los eattaniMS 
Par «1 alma rogadaraa , 
Ca las Ss «oblas, aCiaoa, 
Gaarreros. coaqatstadoraa : 
É * Dios daban dar looraa 
Por los dejar yo tan praüo 
■1 aaiado fljo oaesto , 
Da llfta da aafiaradoraa. 

To la ds^oMan casado 
Coa la iaraata da Aragoa < 
Porqaa partí 
Al Uaapo da 
A esta f ieao ia>dii l aa 
t loai 



* Aeaaodabar* aar 
qaa ■•rl6 da ctiaranSí t tMI 



tlVtMia 




RECUERDOS 



Y todo la primavera 

Por do quicr iba anunciando , 
Con su yerba la campiña 

Y con BUg trinos los pájaros. 
Cabalgaba Don Enrique 
Con sus nobles platicando 
Por fuera de la ciudad 

En paseo sosegado , 
Cuando glncte seguro 
Sobre un potro jerezano 
Vio que hacia ellos llegaba 
Solo un árabe gallardo. 
Sobre el almete de acero 
Rollaba turbante blanco , 

Y espesa malla vestia 
Rajo el almaizal plegado. 
Corvo alfange y lanza aguda 
Llevaba en opuestos lados, 

Y con cadenas de plata 
El negro potro arrendado. 

Y en fin , las prendas que usaba 
La opulencia iban mostrando 

Y su bizarra apostura 
Lo noble del africano. 
Detuvo el rey su trotón 
Un punto para mirarlo , 

Y su potro el sarraceno 
Tuvo también, saludándolo. 



Los qoe de es loria son Mfet 
Salteo bien eau razón. 

Dejo noble murer buena . 
Qae ei la reina Dnila Joana , 
Qae por todo el mundo aaena 
So f rant bondat alo ufana. 
Mon ceta nocbe é maffant 
Facer por mi McriOctoa , 
Qoe son deleites é vicios 
A mi alma qne los gana. 

Ella sea heredada 
En paraíso conmigo. 
Do le lien presta morada 
Jesoerlsto , so amlfo. 
De hoy mas ft vosotros digo , 
Vasallos , é mis parientes , 
É yo dejo * todas gentea 
Eato escripto por castigo. 

Quien muy bien eaooadrifianí 
Las rasónos qoe en el día , 
É eobdlela en si tomaro 
De los fechos qoe yo lia , 
Non engmeee la cervls 
Eobftndose a la vilesa , 
Mln se paguen de escasesa , 
Qoe á todo mal es rais. 

Qoieo TiTir quiere en ledlela 
É del mondo ser monarca , 
Desampare la codicia , 
Quo todos malea abarca. 
Fnnqoeía aot m arca , 
Esfaeno , é bien faaer, 
Qoe lo tal aoele tenor 
■ocho bien a si comarca. 



Quedáronse unos momenta 
Mirando uno á otro entraml 
Hasta que asi dijo el rey, 
Y dijo asi el africano. 
El Rey. Vengas en paz» sarra 
El Moro. Alá te guarde, crí5' 
El Rey, ¿Adonde va el agareí 
El Moro. A buscar al casteUa 
El Rey. ¿ Pnes qué , no da )i 
A los creyentes asilo ? 

El Moro. Mina una lenguada 
El corazón mas tranquilo. 
No hay moro que mas resuelto 
Servido haya á su señor. 
Mas el semblante me ha vuelto 
Mohamad , como á un traidor. 
Sin lealtad y sin fé 
Se olvidó de mi amistad , 

Y allí á Mohamad dejé , 
¡Alá guarde á Mohamad! 

El Rey. ¿Y qué espera dd cri 
El Moro. Dls que es un rey c 
El Micstro rey castellano 

Y á ofrecerle voy mi acero. 

El Rey. ¿ Y si te recibe mal t 
El Moro. Continuaré nú caml 
El Rey. ¿Y si osa á ti deslcá 
El Moro. Me avendré con mi 
Mas de ello estoy bien ajeno : 
¿ Para mi malo ha de ser 
Quien para todos fué bueno? 
¿Ante él me podéis poner ? 
El Rey. Moro , en su presenc 

Y tu acendrada opinión 
No desmentirá Jamás 
La fé de su corazón. 

El Moro. ¿Tú eres Don Enriq 

El Rey. 

El Moro. Dame los pies á be 

El Rey. No, cabalga Junio á 
Que quiero contigo hablv. 
Picó espuelas Don Enrique , 
É imitóle el africano » 

Y atravesando la puente 

En Santo Domingo entraron. 

m. 

o el bueno de Don Enriqi 
Fué crédulo por demás , 
O el moro fué por su parte 
Sutilísimo y sagas : 
Porque en menos de dos dia 
Entre los dos do tratar. 
Entre ambos á dos habla 
Estrechísima amistad. 
Ya fuera que el aMcuio 
Descubriese dedatl 




Y fantasías. 



ves secretos 
lohamad ; 
I rey Enrique 
arrancar 
política 

ijKUal; 

imbos á dos 

engañar, 

os obrasen 

altad, 

ijue aquel moro 

ó á gozar 

favores , 

intimidad, 
» los privados 
!ejar 

I vulgo y la corte 
stc desnoan. 
justicia, 

muy mal 
castellano 
tá amistad. 
ió su enemigo 
¡esperar 
lá en su pecho 
a verdad. 
) en razón , 
|uízás , 
o en balde , 
ere escuchar 
r su capricho 

plan 

do africano 

ntad. 

tas causas 

■f'al 

ino á otro 

dido afán. 

;)rivilocios, 

isfrutar, 

a en palacio 

le^a sitial. 

luien cada día 

!csar 

) sus deudos , 

psde Oran , 

mahles 

1 igual , 
»fr(*cia 
alidad. 
)asaha 

ra á llevar 

lino man-doble , 

i alazán, 

re sus regalos 

?ar, 

a la reina , 

na el schal « 



Ya la annadura dorada 
Para ek principe Don Juan , 
Ya el perro de mejor rastro, 
Ya el azor mas perspicaz. 
Todo era el moro larguezas , 

Y el rey prodigalidad ; 

Si el rey el mas generoso , 
El árabe el mas galán. 
Todo era fiesta el palacio , 
Tañer, danzar, y trovar, 
Todo festejos el dia , 
Toda la noche rondar. 
Todo festines y amores 
En la gente principal , 
Toda embriaguez y rondallas 
El vulgo hambriento y audaz. 
Si en una apuesta ó torneo 
Placíale al rey bajar 
A correr en el palenque 
Con un noble á trance igual , 
Bajaba el moro tras él 
A lucir su habilidad 
En los bohordos y cañas 

Y juegos de uso oriental. 

Y nadie rompió una lanza 
Con tanta seguridad , 

Ni nadie montó un caballo 
Con una destreza tal , 
Ni nadie metió en el blanco 
Tantos dardos á la par. 
Ni nadie en cortesanía 
Logró alcanzarle jamás. 
Si diez sortijas ganaba, 
Si ocho lazos alcanzar 
Lograba una misma tarde. 
Cual diestro , siendo galán , 
Al rey y á la reina al punto 
Ofrecía la mitad , 
Entre las damas mas bellas 
Repartiendo las demás. 

Y asi se pasaba el tiempo , 

Y asi en escándalo asaz 
De Don Enrique y el árabe 
Se estrechaba la amistad. 

Y ó el bueno de Don Enrique 
Crédulo era por demás, 

O era por su parte el moro 
Sutilísimo y sagaz. 

IV. 

Corridtodo el roes de abril 
Para el confiado Enrique , 
Uno de los mas gloriosos , 

Y uno de los mas feliees. 
La tierra empezó con mayo 
Con sus flores á cubrirse» 

Y el elek) foé despejándose 



950 



RECUERDOS 



De nubes y nieblas tristes. 
El viento benchian de aromas 
Los ceilrülos sutiles 
RecoJIdos en las ramas 
De los huertos y Jardines. 
Veía el rey faTorable 
Estación tan bonancible 
Para realizar los planes 
Que supo allá concebirse 
En su corazón y juicio» 

Y que á poder él cumplirles 
Fuera acaso el rey mas (n'ande 

Y el mejor de los Enriques (1). 
Pero no hay cosa que el hombre 
Para su bien imagine 

Que no le estorbe la suerte 
Que por su bien la realice. 
Ya há días que el sarraceno , 
Tan pródigo en los festines 

Y en los regalos , ninguno 
A su nuevo rey dirige. 

Ya há dias que de su parte 
El rey ninguno recibe, 
Ni el rey le manda sus pages 
Con prenda alguna que estime. 

Y unos dicen que ya en ellos 
No está la amistad tan firme, 

Y otros que dio á sus tesoros 
Fin el africano , dicen. 
Pero desmentidos vieron 
Sus murmullos los malsines 
En la maHana de un martes » 
Dia aciago entre gentiles. 



(1) Fué in iBii«rt«(U de Don Enií<|ii6l Doy pUfitdt 
d« UmIo* los tnyM ; é non tln rtton, ca pvn Mnla tiii 
IMcet . é tratM , é caumieoUM . é aotietM ffechoi «n 
Francia , é Portofal . é Arairon . é Navarra . de fecho 
trataba ¿ lo m ndnba ir ralsando. qa« »l «Ulera era to 
Intención de armar irrand fliita . é tomar U mar del ea- 
trecho k Granada. É deapee* qne él lo? leie tomada la 
mar, qne de nlleode no m pudiesen ayudar lo» moros, 
facer en so re^no trrs raadrlllaii. nna él, otra el In- 
fame Don Juan ra fljo . é otra ti conde Pos Alonso sn 
fljo : é en su cwdrllla iriii tréi mil lanías eon él é 
qolnlentos irinetes . é dieg mil emes de * pié : é lu 
otras coadrillas cada doe mil lanns , é cada mtl irlne- 
tea , é cada dtet mil ornes d« á pM i é entrar cad« 
afio tres entradas da caatro me e ea é andar todo 
el regno, é non cercar logar, uaa falcar cnanto 
fallasen verde. É qne Irían las coadrillas de fnlsa qne 
en 00 dia se pudiesen acorrer, si tal esae recreciese : 
é después »alir a folirar á Set Illa é Córdoba . é otro 
loffar do tenían sus bastecimienlos. Qa<t desia roisa , 
fasta dos ó (res aSos le darían el re^nn a para fueru 
da fambre, é farla de los moros cuanto quUiete É Dios 
non qntso fM aa enmpllase , ca tomóla la anerte, etc. 

(Crónica <fe Don Enrifiu f I.) 

Tales aran lat planas da este ray . y por loa cuales 
digo de él 

T qae É poder él cumplirles 
Faan aeaao el ray laas fnndt . 
T al M|tr ds Isa BBrHiaa. 



Gonba el rey todaTlA 
Blando repoeo apacible, 
Cuando al dintel de su can 
Un negro , que al moro stn 
Se presentó demandando 
SI ki entrada le permiten: 

Y como saben loe pages 
Que el rey donde quiera afe 
Xl esclavo y á su dueAo , 
Ninguno el paso le Impide. 
Franqnaáronle pnes la pas 

Y apartando loe tapleei. 
En la cámara del rey 
Entró en allánelo d ettspt. 
Quedó tras él el amMents 
Lleno de oloroso almlide, 
Qne un aiafate que lleva 
Entre las nownos despMfr 
Mas no pudo nadie Tcr 
lx> que en él 80 doposlte, 
Porque cubierto lo tn^o 
Con la bermoea pM de aa 
Sintióee con él aielaTO 
Hablar al rey Don Eailfae 
Sintiéroose las teníanla 
A la TOS del rey aMne, 

Y Uas de breves mome a ta i 
Con su semblante ImpaslM 
Como una elnlestm 
Volvió á eaUr el atiopa. 
Quedó al rey con al 
Sobre su lecbo , y , 
No siéndole contcMna » 
Levantó la piel de tign 
Que cubría el aiahita , 

Y no es fácil de eeciiliiiie 
Su sorpresa al ver en él 
Dos morisooB boraeguta- 
Era de una piel mas bUM 
Que la pluma de los 
AbotOMHloe eon perlat 

Y un heblUon dembíes 
Mil eeqnialtoe bordados 
La piel finísima Yitten 
De mil caprlehoaos 
Mil arabesoos perfliee 
Con cuyo primor y gnle 
En tejidos y en matten 
Los encajes y las flarai 
Inútilmente eompllen. 
Obra del oriente aalo 

Y de morlaooB artMeei, 
Que hacen pelados da pM 
Como el encuje entila». 
Trabajo de aquellas niaBSi 
Que , para que al muidaí 
Nos delaron nna ABmuíkB 
DelD nlioriUalmnl 




T TkmkSUíS. 



li 



breante quien BoroiMi 
nfiada dice : 
c bárharos raía 
ú el Generalife. » 



oroM labor, 
ía que ciñe, 
na V enlaza 
:o5 lK)rccgute8 , 
iroma (|Ue exhalan 
pil y flexible, 
ic al pié se le ajustan 
le ni oprimirle , 
il del recalo 
del moro origen , 
zones de gozo 
en rey Don Enrique, 
trar pues á sus pagea 
r á vestirle, 
itar dignamente 
idos Iwrceguies. 
nte atavióse , 
lán brillante .«igue 
ucreno el sol , 
I pi^rpura tifie , 
relebrar del moro 
Alo insigne 
(Visada flesta 
acer le atestigüe. 
*ñ al africano , 
do que le ensillen 
os , y que apresten 
» y neblíes , 
la de caza 
pesino convite 
al>e \ sus nobles 
nte apercibe, 
ttio, y compañía 
isoa y elige, 
ente cabalga , 
a corte le sigye. 

V. 

sol rcsplandedenia , 
a la atmcisfcra, 
del Ürmaniento 
nubes no entoldan. 
)Zos b^ >a I pican 
« \ (>ladt»ra!% , 
H) arrebatadas 
i» capricbusas : 
omasolados 
arian de forma , 
ian de sitios 
i al fin se evaporan. 
*stá el dia , amena 
fia , encantadora 



La caza de cetrería 

En que los del rey se gozan. 

A inmenso trecho en el aire 

Loa neblíes se remontan , 

Sin que los pierdan de vista 

Los cazadores, t Qué airosa 

Se déme Ubre en los aires 

Sobre sus alas , y esponja 

Su fina y rizada pluma 

Lagaña provocadora t 

t Cómo se burla del vuelo 

De las aves temerosas 

Que la huyen , y á quien persigue 

Revolando Juguetona ! 

¡ Cómo en torno de su presa 

Olre y revuelve , y la acosa , 

Y en su derredor circula 
De su torpeza por mofa ! 
Ya al parecer libre y salva 
Dejándola, el vuelo acorta , 
Ya á perseguirla volviendo 
Se precipita afanosa. 
Tiembla la avecilla débil , 
Canta el ave triunfadora , 

Y en espiral rapidísima 
Caen á la tierra una y otra ; 

Y el lance A Jutgar alegres 
Los cazadores se agolpan , 

Y con aplausos y risas 
A celebrar la victoria. 
Contentísimo esté el rey. 
Contenta la eorte toda , 

Y las damas que esto miran 
Desde una empinada loma. 
El halcón negro de Enrique 
Es quien lleva por ahora 
El honor de la partida. 

I Con qué humildad tan donoet 
Hace la presa , la abate , 
A los pages la abandona , 

Y á Don Enrique volviéndose 
En la mano se le posal 

\\ eémo el rey le acaricia , 

Y en su paMl te toloea 

Y esponja el «ve stas plumis 
Agradecida y gotosa I 
Lámala , y rauda se eleva , 
La llama , y se abate pronta : 
Dijeran que oye y comprende 
Las palabras de su boca. 

El sarraceno , que el arte 
De la cetreria Ignora 
Porque no es arte seguido 
Por la raza de Mahoma , 
Su incomparable destren 
Prueba , con dardos que arroja , 
Que desde el caballo lanía 

Y desde el ««bailo toma. 




252 



RECUERDOS 



Hienden el aire silbando 
Con rapidez prodigiosa , 

Y tan certeros los tira 

Que á los mas diestros asombra. 
Su esclavo ne«ro le sigue 
Sobre yegüccilla torda 
I>e ruin estampa , mas fuerte , 
Incansable y corredora. 

Y este recoge los dardos 

De su amo , que al suelo tocan , 
Al estilo de los árabes , 
Con mano segura y pronta 
Sin abandonar el lomo 
Del animal en que monta. 
El cual lleva en su carrera 
La tierra al vientre tan próxima 
Que inclinándose el gineto 
Sin que apenas se conozca 
Ase el dardo que está en tierra. 
Aun sin mirar si lo cobra. 
Tanto puede la costumbre , 
Tanto la práctica logra , 

Y tanto á ios castellanos 
Por eso entrambos asombran. 

En esto , y cuando en los aires 
Mirada ílrme y ansiosa 
Todos clavada tenían 
En una torcaz paloma 
Que, de un balcón perseguida, 
Iba á la herida traidora 
Del dardo del sarraceno 
A caer, sí le era próspera 
Como siempre su certeza , 
Cubrióse la tierra toda 
De oscuridad tan espesa 
Que el dia fué noche lóbrega. 
Sintiéronse al punto todos 
Presa de mortal congoja , 
Sin que pudieran sus ojos 
Penetrar aquellas sombras. 
Barrió el suelo un viento rápido 

Y helado , y cuando á la atmósfera 
Oscura se hizo la vista 

Con hondísima zozobra , 
Vieron lucir las estrellas 
Que el Armamento tachonan. 
Creyendo que de repente 
Menguaba el dia seis horas. 
Faltó el aliento en los pechos. 
Faltó la voz en las bocas , 

Y todos ante el prodigio 
Callando tiemblan ú oran. 
Solo el árabe y su esclavo 
Que están platicando notan , 

Y aquel fenómeno aplauden 
Con una alegría loca , 

Y es4*uchando los cristiano* 



Saalgaian etcandiloM, 

Por sortilegio lo juxgan , 
Por brujería lo tomaiu 
Hasta que ¿ pooot müratu 
Asomando luminosas 
Del encapotado sol 
Las resplandecientes orlas. 
Volvió poco á poco el dia, 
Volvió á ausentarse U soml 

Y el moro espltoó el eclipse 
A la comitiva absorta. 
Mas aunque entendieron to 
Que esas señas espantosas 
De este vistoso fenómeoo 
Son las circunstancias pnp 
A nadie arrojar fué dad» 
Del corazón la congoja , 
Ni nadie siguió tomquUo 
En caza tan azarosa. 
Tomaron pues en sUendo 
Con faz decaída y torva 

A la ciudad que dejaron 
Con risa tumultuosa. 
Quejóse el rey de cansmrio 

Y tras noche asax Inoómodi 
No pudo al dia slgnienta 
Salir por sí de su alcoba. 
Vinieron con tal noticia 
Los sabios de la redonda i 

Y declararon unánimes 
Que el mal del rey era goU 

VI. 

Pasáronse asi dos diia\ 

Y asi se pasaron seis, 

Y asi se contaron nueve, 

Y rayaron en los diei : 

Y en ellos las medidnai 
Solo sirvieron al rey 
Para entender que la mnerl 
Le asaltobapor los pies. 
Llorábale su hijo él principi 

Y la reina su muger, 

Y mas que todos el moro 
Se hacia al Uanlo por 4L 
Iba y venta afanado 
Los calmantes á traer, 

Y á preparar los remedios 

(1) A diM 7 Mlft M ■«* 

net dMpoM d« vbpMu. Im •! sol «l« 
FMió todo él , ^oe BOB ■• «•!■■ lot «aM 
é aparerleron !•■ Mineiiat tm d 
fuera BUNlla bocIhi :4 éoM aqMlla 



é falleeló el i«x al hiMe i intait 

Esto dice U eréalea éa 
cloo que hay ea ti 
porqae yo lo kf IQtfa ta 
aconteció. 



¡I 



!■•■ 




Y rANTASIAS. 



H 



tdoio Interés ; 

« hombre entendido 

! queria bien , 

t>an de ello muchos , 

aban hacer. 

los doctores 

a también , 

a se tenían 

lo su saber. 

i árabe en su ciencia 

e tan alta prez 

tibo quien en Castilla 

era oponer. 

untas que les plugo 

^na vez , 

[ue él tomó la plática 

os demás les fué 

exactamente 

puesto por él , 

piniones siempre 

izones ceder. 

ita conftanza , 

ecta sencillez 

ledad esplicaba 

I parecer 

I > tan sana lógica , 

randorosa té , 

e que le escuchaba 

i de entender. 

edios servia 

ifermo después 

incero cariño, 

titud tan Aei , 

e le pudo tacha 

rvicio poner. 

empo que duró 

lolencia cruel 

noches velando 

árabe al rey. 
is noches de insomnio 
entretener 
itales historias 
osas que la miel, 
teros ic escuchaban 
os á su vez, 

suspicaz no supo 
ir ni temer. 
I vez Don Knrique 
con es<iuivez 
io de ios dolores 
acian padecer, 
;1 moro su barba 
taba de infíei} 

y desventurado, 
(lerse merced 
e de aquel mal 
a omm fué 
laldecidt raza 



Dispuesta en obsequio de él. 
En fin , de aquella dolencia 
Al rayar el dia diez 
El rey se sintió mortal, 

Y á Manrique el canciller 
Demandando á toda prisa , 

Y á su confesor después , 
A condnir se dispuso 
Como católico y rey. 
Entonces cruzando el moro 
De las puertas el dintel , 
D§ la turba cortesana 
Cruzó sombrío á través. 

« Doctor ( le dijeron muchos ) , 
¿ Creéis que viva ? — Tai vei , 
Les dijo , dure cuatro Jboras. » 
Pero no llegó ni á tres. 

VIL 

Murió Don Enrique en Innes 
Treinta de mayo á las dos , 
Como á un caballero cum^e » 
Como á un monarca españoL 
Fama de bueno y de justo 

Y de liberal dejó , 

Mas juzgó mal de su muerte 

El vulgo murmurador. 

De aquella dolencia incógnita 

El fatal estrago atroz 

En breves dias , sin tregua 

Al sepulcro le arrastró. 

Y aquel agüero funesto 
De haberse apagado el sol ; 

Y hacer noche al medio día ' "^ 
En el que él adoleció; 

La amistad con aquel moro , 
Tal vez secreta ocasión 
De la enfermedad traidora , 
A muchos les recordó 
Lo bastardo de su sangre 

Y la sangrienta traición 

Con que en Montlel á su hermano 
El rey Don Pedro mató. 
Unos lo dan por prodigio. 
Otros por falsa invención. 
¿ Quién pues lo cierto averigua 
A través de tanto error? 
Las conjeturas son rectas ; 
El moro despareció, 

Y el rey empezó á sentir 
En las plantas el dolor 
Desde el dia en que sus ricos 
Borceguies se calzó. 

La causa pues de su muerte 
La sabe quien la hizo y Dios. 




MKDUUMS 



ORIENTAL. 



ITo p«d« Mito anteblA 
A «f Mllt cayo nMd. 

fio». gtntraL 



I. 



« Escucha, hermofia crUUaiuiy 

Mis amores. 
No se estrellen mis dolores 
En los Tidrlos de colores 
De tu gótica ventana. 

Años há , bella señora , 
Que tu Tista encantadora , 

Apetecida , 
De Córdoba en los Jardines 
Matóme por darme vida. 

Y en tanto que te acataban 

Y tus favores gozaban 

Mil paladines, 
Asarque , en inútil queja, 
Tus esquiveces piañía 
Llorando al pié de tu reja. 

Escucha , hermosa cristiana , 

Mis amores , 
No se estrellen mis dolores 
En los vidrios de colores 
De tu gótica ventana. 

{ Ah! { qué importa que al Profeta 
En adoración secreta 
Yo bendiga, 

Y adores tú al Nazareno , 

SI en blanda coyunda amiga 
Un solo amor nos uniera! 
Cristiana roas hechicera 

Que el ameno 
Paraíso , no te cura 
De las palabras del conde , 
Que han de ser mi desventura. 

Escucha , hermosa cristiana , 

Mis amores, 
No se estrellen mis dolores 
En los vidrios de colores 
De tu gótica ventana. » 

II. 

Asi de la lona al brilló 
En tono blando y sencillo 
Cantaba voi varonil , 
Y del moro las querellas 
Vertiendo lágrimas bellas 
Oía dama gentil. 

Abrió á medias su ventana 
Que con flores engalana 
La dama, y asi cantó: 



Triste tn eántíM ai|Mü 
Perflldo entre las ahnw 
Un solo instante vagó. 

« Cristiana i oh moro! 

Y me matan eon rigor 
I Ay de mil 

MI religión y mi amor 

Y huyo á mi pesar de ti 
Huye de aqni. • 

LaToi sebélóensa 
Gayó y rompióse la Un 
Al moro estática mifs 
Mas ya ni le ve nieant 

No ennta, qae cb Dai 
Sobre el pedio la eabes 
Ahoga tanta temen 
Un amoroso letargo. 

« ¿Porque (dice det 
El moro), belU Cristis 
Porqué me vdas Uraw 
Ese rostro candoroso? 

La cristiana amada i 
Miraba y no le Tela, 
Solo en el muro se ola 
Triste y anguaUado Ui 

Y viendo que no m 
El moro desesperado 
A llamar iba ya oaado 
En el castiUo átk om 

m. 

Sobre alazan'de Córdoba bi 
Ceñido el cuerpo de la doble 
El señor del castillo llega en 
A su opulento alcáza: 

Por la penosa orilla del tor 

Se oye cuál crujen á compás s 

A par que estrepitosas se der 

Entre espuma las agí 

Llegó al castillo , y al tocaí 
Miró en el muro pálida á an t 

Y volviéndose al moro amena 
Con la robusta lanía. 

« ilnflel, al fin! ya yo me 1 
Dijo el conde entre *s{ lleno de 

Y alzó la voz después : « Maho 
¿ Son estas tos palabr 

Si ya no eres cristiano to n 

Y ese corcel apresta que descs 
Tú lo Juraste , moro , que eon 

Serias m batilla. 
I —j Porqué oioondeoritUai 
I SI amor quitó la libertad al a 




Y FAMTAflUS. 



, moro , que conmigo 
I batalla. 

) no soy, repaso el moro , 
mor para tu hermana ; 
La int té ni la fé suya 
yo me ama? 

¡i, infiel , si en tu creencia 
restas murallas, 
aoro , que conmigo 
1 batalla.» 

IV. 

)lile de Castilla 
ite en la orilla 
^ardó. 

ei moro que injuriado 
Ha apoyado 
! quedó ? 

conde le provoca 
le al honor le toca 
con furor, 
sombrío en tanto 
está con su llanto 
1 dolor? 
mirar vaga, 
rodela y daga 
ejosde él 
rojó demente 
S con vos doliente 
I Infiel: 

bouri Idolatrada 
n africano , 
^t suerte traidora 
e pierdo agora 

tu Dios cristiano, 

en mi fé mora. • 

conde que le espera 
firme carrera 
)lrigió. 

el agua espumoa* 
«trepitoM 
leeonó. 

V. 

is la bella cristiana 
dea ventana 
n ay de pavor, 
allá en lo profundo 
moro en este mundo 
r i ay I de BU amor. 



UNA AVENTURA DE i36a 



nOllAMCE. 



En las frondosas camplfi^s 
Que con sus ondas serenas 
Fecunda el Guadalquivir 
Antes que en el mar se pierda , 
Sentada está una ciudad 
Que magestuosa ostenta 
Lo atrevido de sus torrea , 
Lo antiguo de sus almenas. 
El rio su bella Imagen 
En su corriente refleja 
Pasando enorgullecido 
Por pasar tan Junto á ella. 

Y ella se mira en sus aguas 
Contemplando allí altanera 
Su antigüedad y poder 

Y su proverbial belleza. 
Espesos muros la ciñen , 

Y frondosísimas huertas , 

Y apiñados olivares, 

Y fértilísimas vegas. 
Radiante sol la Ilumina , 

Y la bordan sus laderas 
Altos y copados árboles 

Y olorosas flores bellas. 
Alegre gente la vive. 
Que las calurosas siestas 

Y las perfumadas noches 
Pasa al son de la vihuela , 
Ya en sus entoldados patios 
Entre fuentes y macetas. 
Ya en sus floridos Jardines 
Gozando sus auras frescas. 
Ciudad de hermoso recuerdo , 
Ciudad bella entre las b^as. 
De los moros es envidia , 

De los cristianos soberbia. 
Sevilla , en fln , y esto basU , 
Que todo el noiiJbre lo encierra, 

Y hablando de la hermosura 
Todo es una cosa mesma. 
En Sevilla pues, y en una 
Nodie aiulada de aquellas 
En que la luna derrama 
Tranquila claridad trémula, 

Y en lo cóncavo del aire 
Resplandecen las estrellas , 

Y mas allá con mas brillo 
Los luceros reverberan ; 
En una de aquellas nodies 
En que todo se presenta 
Hlanco , paeifleo , hermoso , 

Y que la BMDle embelesai 




s 



MBGDfiRDOS 



Y los aenüdos embriaga 

Y el corazón enajena ; 
Noche de aventuras propia 
En mil trescientos cincuenta 
(Edad en que esto pasaba 
Si mi memoria no yerra ) , 
Por la caí le de la Sierpe 
Media noche siendo apenas ■ 
Dos hombres en la ancha plaza 
Con prisa y silencio se entran. 
Largas capas les envuelven , 
No porque precisas sean , 
Sino porque bien les cubran 
De las personas las senas : 
Por el lado de la sombra 
Punta á punta la atraviesan 
De la calle de lii Sierpe 
Hasta la calle de Genova , 

Y el bulto de sus espadas 
Que bajo la capa llevan , 
Las plunitis de sus birretes - 

Y el rumor de sus espuelas 
Por hidalgos les acusan , 

Por mas que entrambos se empeñan 
En pasar como personas 
De común raza plebeya. 
Al fln cuando va contaban 
Tomar una callejuela 
Que al alcázar los llevase 
Sin pasar frente (i la iglesia, 
Paróse el mas alto de ellos 
Diciendo : « ¿Qué sombra es esa 
Que tras el pilar se ocuíta, 
Bena vides? Yo di jora 
Que es un Iiombre. » 

— Y Benavides 
Al que pregunta contesta : 
« Llegad , señor, sin cuidado, 
Que ya imagino quien sea 

Y hará pasu al conocerme , 
Que es hombre que me respeta, 
Porque me debe favores 

fj hicimos juntos la guerra. » 
Siguió andando Ikinavides, 
Siguió el otro , por respuesta 
Dándole solo el silencio 
Que satisfacerle muestra, 

Y frente al hombre llegando 
Que junto al pilar espera , 
Mostrándose Benavides 
Dejó franca la carrera. 

« Dios te guarde , Andrés , » le dijo 
El que va, pasando corea. 
« Buenas noches, » dijo el hombre, 
Saludando con llaneza : 

Y pasaron los hldalízos 

Y siguió el otro en su espera. 

Y entre la<» dos que se van 



Por la oscDra eflllejada 
GoDYenacion en toz baja 
Se entabló de esta nianera : 
« ¿Quién es ese hombre.^ 

-1 
Qne entró poco baee en la i 
De San Francisco , eansado 
Del servicio y de la guerra. 
— ¿Y porqué precisamente 
En tal ocasión lo deja , 
Pudlcndo darle fortunas 
Estos tiempos de revueltas 

— Dice que al re>' Don Alo 
Sirvió de grado, v por Ibei 
No quiere servir á nadie. 

— Ya entiendo. 

— Señor... 
-U 
La opinión del vulgo nedo 
Que mal de Don Pedro pií 

— Ya veis , señor, pues ai 
Se acoge , con su concienci 
Se lo habrá mirado bien. 

— Y á talcA horas , ¿qué es 
Solo en mitad de la pUza 
Sin el trage do su regla? 
—Señor, es historia larga. 

— Tal cuai es quiero sabei 

— Son cosas que Importan 

— A mi todo me interesa; 
Decid , pues. 

— Pues escach 
Ya sabéis que representan 
Al rey los monges Francia 
Que habiendo en su casa i 
Un manantial necesario 
Para el buen servicio de d 
El dereclio á los vecinos 
Se les quite de que puedan 
Ser\ irse de él en su daño 
Porque sin agua les dejan. 
Los vecinos , como tienen 
Aquella fuente mas cerca. 
Para tomarla á su gusto 
Su viejo derecho alegan. 

— Y tienen razón , y ei rq 
Se la da. 

— Por esa muestra' 
De su real benignidad 
De los vecinos se aumenta 
La osadia , y de los nHNoigei 
El trabajó y la impaciencii 
De aquí nacen las hablillu 
Las voces y las quimeras : 
I^os vecinos á los mongn 
Tal vez obligar intentan 
A que de noche y de dia 
1^ tengan fhinca la puerla 




Y FANTASUS. 



267 



quieren cerrarla 
ndasu regla, 
3na denuestos 
sas pendencias, 
traen soldados , 
parentela; 
acan doméBticot 
le los defiendan : 
que su rey 
idenles niega, 
blo cobran bríos 
3 se exasperan, 
lasta que Andrés , 
ulen nada amedrenta , 
? usa de las armas 
rosa destreza , 
rúpulos dando 
i vez en tierra, 
ada saliendo 
3 en defensa, 
le al principio , 
a dado tal priesa 
cintarazos 
tuna y destreza , 
nantial los monges 
> á la hora de esta, 
iarro es ese Andrés? 
rro y tan á prueba , 
guarda la plaza , 
se le acerca. 
) de los villanos 
u valor pondera. 
1 queráis informaos ; 
nadie lu niega, 
que, si le dicen 
lie por apuesta 
I noche , es seguro 
pasa por ella, 
ay justicia en Sevilla, 
que le contenga ? 
se acoge á sagrado , 
« le respetan. » 

& el que preguntaba 
•ras inciertas 
ron en murmullo 
inciadas apenas, 
in p<istigo oculto 
ilcázar se llegan , 
nbos Á dos 
á espacio á la puerta. 
1 pagecillo, 
} los dos por ella 
llénelo en el aire 
ad la plazuela. 



Está la siguiente noche 
Tocando en la misma hora , 

Y desde el zenit vertiendo 
La luna luz melancólica. 
Ni nna ráfaga de viento 
La soledad silenciosa 
Interrumpe, ni una nube 
Del cielo el azul entolda. 
Toda SeviUa es silencio , 
Reposa Sevilla toda , 

Que duerme al son que la arrullan 
Del Guadalquivir las ondas. 
Apenas de tarde en tarde 
Atraviesa una persona 
Las calles á largos pasos, 
O en una reja se aposta. 

Y los grandes edificios 
Que la estensa plaza forman 
Sobre el suelo de la plaza 
Tienden su gigante sombra. 
En un pilar apoyado 

De una callejuela angosta 

Por do un largo pasadizo 

En la plaza desemboca, 

Hay un hombre que está en vela, 

Y á quien la noche medrosa 
Presta contomos fantásticos 

Y faz amenazadora. 
Inmoble en la oscuridad 
No parece que le importan 
Ni el relente de las noches 
Ni el ver que pasan las horas. 
Si espera á alguien , nadie acude 
A la cita misteriosa ¡ 

Si aguarda algún hora fija 
Su venida fué bien pronta. 
Frente por frente ai convento 
De San Francisco se aposta , 
Cuya puerta se ve franca 
Como abandonada y sola. 
¿ Es que aquel hombre la guarda? 
¿Oes que en acecho la ronda? 
Porque él la guarda ó la acecha 
Con una intención incógnita. 



En esto la plaza adentro 
Por la calle de la Sierpe 
Un hombre desembocando 
A largos pasos se mete. 
Un solo punto los ojos 
En su derredor revndve, 

Y viendo al hombre que aguarda 
Vase á él rápidamente , 

El sombrero hasta las cejai 

Y el embozo hasta los dientes : 
Llegó al qne esperaba, y plátira 
Entablaron de esta suerte : 

17 




RECUERDOS 



— ¿ No tenéis otra disculpa? 
—Vuestro empeño será en vano; 
Las espadas en la mano , 
Entrambos tenemos culpa. > 
Y asi dldendo , uno á otro 
Con tal denuedo se embisten 
Que brotan chispas las ojas 
Con los tajos y los quites. 
Ambos en el mismo sitio 
Ninguno vence ó se rinde, 
NI en uno temor se alcanza 
Ni á otro nuis valor asisten 
Según á la luz incierta 
D¿dc luego se distinguen 
I>e entrambos á dos las sombras 
Que en tierra clavadas riñen. 
Mas el rumor temeroso 
De la lucha se percil>c, 
Sin que un {ay ! ni una palabra 
Se oiga en trance tan difícil. 
Dijérase al ver lo inmóviles 
Que ambos en ello persisten , 
Que son dos sombras de un sueño 
Que á alguno en la iiuclie aflige. 
Tal vez de dos enemigos 
Que un mismo ataúd dividen , 
Creyéraiise las fantasmas 
Que, concibiendo imposible 
Un mismo sudario entrambos 
Ni un mismo lecho partirse , 
Alzáronse despechadas 
En aparición ^ isiblc. 
Abrióse en esto ima reja , 
Otra á poco se oyó abrirse , 
Luego otras muchos, y luego 
Cerca pasos se percilicn. 
Alumbróse de repente 
La calle , y ai lejos dicen : 
« Téngase al rey. » Y en un punto 
La justicia les divide. 
Cercáronlos desatentos 
Soldados y ministriles, 
Que al tomarlos los estoques 
Por ellos derechos piden. 

Y tanto crece la zambra 

Y los confusos lelies 

De unos que dicen « soltarles » 

Y otros que « á la cárcel > dicen , 
Que echando mano al embozo 

El que con Don Lope riñe , 
Partió el tropel de por medio 

Y en alientos varoniles 
Gritando «lugar al rey, » 
Hace que á su voz se inclinen 
Cayendo en tierra de hinojos 
Cuantos alcanzan á oirle. 
«Señor... » murmuró Don Lope , 
La fas con rubor humilde , 



I 



Y el rey eon blandt i 
Lerantindole le dice 
« Valiente solí , cabal 

Y en despecho de la 
Supisteis que siendo 
He sido hidalgo prim 
L^re estáis , y afecte 
Venid mañana á pali 

Y hablaremos nus i 
De las cuchilladas de 
Pero no Tolvals á vd 
O por Infame os tend 
Que os Juro, Don Lo 
Que no sábete ipiién i 
Esto dicho , el rey To 
A la ronda se dirige, 

Y ante las rejas de El 
Asi en voz alta prosígi 
« Aquí hay presa de U 
Entrad la casa en mi 

Y cubrid mi error de '. 
Con mi Justicia de reí 



EL CABALLÉ 
DE LA BUENA ME 

LEYENDA TRADtOO^ 

IN11IODU0C1O5. 

Perdidas de Villalar 
En la sangrienta Jomt 
De los bravos oomune 
Las últimas esperan» 
Sus gavillas por do qo 
Rendidas ó derrotadas 
El arzobispo Merino 
A Toledo gobernaba. 
Doña María PadlUa 
Aun con briosa arrogí 
Digna de lotjor fortOD 

Y de mas dichosa cau 
A pesar del anoUspo 

Y las tropas casteUuH 
Teníase eotí sus ^ale 
Defendida en el alcáa 
Pues en someterse al i 
Toledo la mas rétete 
Ciudad siendo, á ella 
De todas partes de Es 
Cuantos comuneros ft 
A su partido qnedabü 
Avivaban en secreto 
Con astnete y con auc 




Y fantasías. 



e Doga MariA 
e0 la reclttabtn* 
is propordonándola 
Dcrosy con armas 
le en la ciudad vivían 
»u fortuna esperaban, 
zuiase entre todos 
Elvira de Montadas, 
zada al cátremo 
díticas patrañas, 
nugcr de Padilla 
lor enamorada 
eroina como ella 
á ser anhelaba, 
isa y rica , de amantes 
nes rodaada , 
• la Elvira podia , 

> la Elvira losraba. 

es que muchos prosélitos 
inducir por sus gracias , 
nozo rico y gallardo 
>l)ie intento escuchaba. 
>n Juan de Zamora , 
Ik) de noble casa» 
e una noltle viuda 
1 el mancebo adoraba, 
lo habia este siempre 
ipcrador la causa , 
Ira los comuneros 
itido en cien batallas. 
ego de amor por ella , 
» ducho en las cabalas 
tésanos amaños 
larle no dudaba, 
nciila en otro tiempo 
hermosa y como ingrata , 
ngaüadora sirena , 
inátíca dama , 
Pedro de Guzman 
muy empeñada 
lil pntmesas de amor 
amiento palabra. 

> ilustrisimo tronco 
;uzman siendo rama, 

l)on ('.arloé primero 
I en Alemania 
.icio de un magnate 
a en lM)ga en la prlTama 
carro emperador, 
»n su amistad ie honraba. 

cosas del mundo 
itornan y se cambian , 
mudan á las gentes 
npo y las circunstaoeiaB 
edro en la imperial corle 
lucio se cansaba, 
oblaba su amor 

tiempo y la distancia . 



Y la distancia y el tiempo 
El de su Elvira menguaba , 

Y el diablo de la política 
Se apoderaba de su aUna. 
A su patria y á su amor 
Guxman con volver so&aba , 

Y ella soñaba quimeras 
De libertad y de patria. 
£i por volver á Toledo 

Y á los pies de sa adorada , 
Honor, ambición y dicha 
Desatinado olvidaba. 

Ella por dar con sus hechos 
A su nombre eterna fama 
Pensaba con necio orgullo 
En quiméricas hazañas. 
Recordaba su hermosura 
£l en ausencia adorándola , 

Y ella olvidaba su amor 
Por quien no se lo estimai>a. 
Servíase la Padilla 

Y la gente á ella allegada 

De su influencia en el pueblo , 
De sus amaños y cúbalas : 

Y creía ser Elvira 

El faro de su esperanza , 
La fé de sus cx)razones, 
La alcaldesa de su alcázar. 
Creía que á una voz suya 
En la ocasión arriesgada 
Como por Doña María , 
Por ella se levantaran. 
Que todos los comuneros 
En el peligro mirándola 
La regia sol>erania 
Dividirían entrambas. 

Y en estos sueños de gloria 
La Doña Elvira embriagada 
Perdía cuanto tenia , 

Y las leyes provocaba. 
Asi son todos los necios , 

A cuanto ignoran se lanzan ; 
Lo que les importa olvidan , 

Y solo el desprecio ganan. 



Y mientra en la rebellón 
Ella á Don Juan empeñaba , 
Enamorado Don Pedro 
Se volvía para España. 



En oculto gabinete 
De la habitación de Elvira 
A deshora de la noche 
Con ella Don Juan platica. 
Y aunque él no entiende palabra 
De su enredada política . 




2tt 



RECUERDOS 



Porqae U adora fenátleo , 
A cuanto exige se obliga. 



D. Elvira, ¿Lo entendéis, Don JnanP 

D. Juan. Si ¿ fé. 

P. Elvira. Lo entendiera nn escolar. 
De todo 86 08 ha de dar 
El cuándo, el cómo, y porqué. 

P. Jwm, Yo, Elvira , 8oy un soldado, 
Que entre soldados motido 
Nunca otra cosa he sabido 
Que combatir como honrado. 
Desde muy nifto os amé , 

Y como os juxgué perdida , 
En poner fln á mi vida 
Gomo soldado pensé. 
Hoy otra Tez me llamáis 
En secreto á vuestro lado, 

Y siento no haber cambiado 
De ser como vos cambiáis. 

¿ Qué queréis ? Si no sé mas 
Que amaros y comlwtir, 
Asi me habéis de admitir, 
O habéis de volver atrás. 

D, Elvira, Asi os quiero : qne á fé mía 
Que cortesanos amores 
Son solo amaños traidores 
Para vencer alpun día. 
Yo os quiero , Don Juan , asi , 
Porque me basta un galán 
A quien servir con afnn 

Y de algo me sirva A mí. 

D. Juan. Cuanto lo hayáis meditado, 
Cnanto la suerte os ayuda 
Está bien claro sin duda : 
¿ Pero á qué me habéis llamado P 

D. Elvira. Bien se conoce , por Dios, 
Que sois un soldado bueno : 
El pian es , Don Juan , ajeno , 
Lo que os manden haréis vos. 

D, Juan. ¿ Y queréis que yo consienta 
Que á la primera demanda... 

D. Elvira. Cuando Elvira es quien os 
manda , 
Obedecerla os va en cuenta. 
Pues eila arriesga en un dia 
Cuanto vale y cuanto tiene , 
A vos , Don Juan , os conviene 
Fiar causa que ella. fia. 
¿O. no la amáis .^ 

D. Juan, I Por los cielos I 
¿ Dudarais de mi cariDo 
Cuando por vos desde nffio 
Estoy muriendo de celos P 
¿Pensáis que la Injusta ley 
De una opinión me amedrente , 
Cuando por vos solamente 
Sov desleal á mi re\ P 



D, Elvira. Asi oa qatao t ai 
¿ Pensáis qne sobran ahora 
Vuestros castlDoa de Ilion, 
De Montllla y de Jaén ? 
Vos, Don Juan, sola un valienl 

Y un honrado castellano. 
Mas no habéis de cortesano 
NI un cabello solamente. 
Con que dejaos guiar 

Por quien sahe mas que tos , 

Y asi podremos loe dos 
Hasta la orilla llegar. 
Vuestra madre , ya lo lé, 
Con muestro amor ae dlsgnsti. 

D Juan. Sin duda, ElTlrs,li 
Que comprometáis mi té. 
Siempre de los comuneros 
Fué enemiga. 

D.Elvira. Sí, lo ha sido } 
Mas ya habéis , Don Juan , lalMo 
De la nlAej ; y os da fueras 
Para obrar á vuestro antojo 
La ley. 

D. Juan. Sí que me los da : 

Mas mí madre... 
D. Elvira. Callará 

Si logramos nuestro arrojo. 

¿Disponéis de mucha gente? 
D.Juan, De hasta unas dncBfli 
D. Elvira. ¿Y son gente de sq 
D. Juan. Aguerrida y obedlenls. 
D. Ehira. ¿Y las teneUmayá 
D. Juan. Traerlaa mañana pea 
D. Elvira. Pues cuidad dsfass 

No os vean curiosos antes. 

No salgáis , Don Juan , dadla 

Y esperad á mi mandato» 
Si pudiera un mentecato 
Sospecharlo , nos perdía. 

Mas siento gente : aqni entiad. 
Espero á un hombre qne paeds 
Cuando todo en sombra qneds 
Sacaros de la ciudad. 
Por esa escala moruna 
A una torre vals A dar, 

Y allí podéis esperar 
Ocasión mas oportuna. 



Y asi diciendo, mostré 
Una entrdda DoAa ElTln 
Por do guiaba á la torra 
La escnsada escalerilla. 
Y oyendo sefia secreta 
Que por la opuesta la Indan, 
Abrió , y díé psso á nn tensn 
Siguiendo la eseena miso». 
Era él tal un hembra tI^o, 




Y FANTASMS. 



m 



tcrior parecía 
ido y morcador 
xrUm porourina. 

(umplidn una capa 
i cnrrpo envolvía , 
uloso íiajo ih* ella 
ion do f»n cinta. 

ai-aso mirándole 
ir osaría 

inurlenlo bandido 
:ro preátamista : 
i su torvo semillante 
li.smo tirmpo st» pintan 
Kía del bandolero 
lor do quien conspira, 
brusco á la dama 
delantarsole invita, 
•a tal tral)óse 
quel hombre y Elvira. 

;. Entrad. 

e. Di 08 os guarde. 

Gabriel , bico venido, 
do. 

Sí.áfé. 

,:Qnt' tenéis? 
Tal vez no nos pierde por poco 
df>>euldo. 
•ido nada. 

I. ¡ Por Dios que acabéis I 

Apenaif volvía la calle tí)rtuosa, 
a se<Teta nos da al callejón , 
e un hondire sentí recelosa : 
la capa cubrí á precaucioo, 
ido , mas frente por frente 
»o7ado maltlito me di 
eme, wf«ui indifercnt»» , 
p<K'o volvió íta» i\e mi. 
/. ¡ Dios mió ! 

astuto, temiendo que un corte 
camino, la <'H|uinn L'ané; 
irado el oculto nsorte, 

la t^ombni mi ftondtrn y entré. 
. ¿ Maft no con(H*iste(p... ? 

Aluun hidalguillo 

1 mis hermanos p4*dÍdo, á pagar 
•ub-jo ó mohoso castillo 

ic jiudo por otro tomar. 
. j; Mas dar con la puerta pudiera? 

Imposible... 
soíperha adelante pasó, 
av de aquel homi^re ? 
1.* Ya está. 

¿Y es posible 

I. Como an muerto. 

Tal le (jalero yo. 



¿Su gente? 

Segura. 



o 



D, Elnira, bizarro. 

Gabriel. 

1). Elvira. 

Gabriel. ¿\ cuñndo.. 

D, Elvira. Mañana podrá estar aquí , 
Con tal (¡uc la noche con nieblas oscura 
Le ayude al secreto. 

Gabriel, Sin du4a que sí. 

¿Mas quién me responcle...? 

D Elvira. Yo misma. 

Gabriel. Adelante. 

7). Elvira. Amores me tuvo.,, niñeces. 

Gabriel. «Será...? 

D. Elvira. Un buen castellano ¡ soldiide 
ignorante , 
Que cuanto amorosa le man<|e lo hiM^. 

Gabriel. Mirad que los necios... 

D. Elvira. Son medios muy buenos 
Que pueden á planes ajenos servir, 

Y luego se apartan cual muebles ^eao^. 
Gabriel. Pensáis cuerdamente , verdad á 

decir. 
Mas pronto veamos «n ese hombre,queen vano 
Seranos la astucia sin fuerza mayor. 
D. Elvira. Yeréisle , y con mafta tfaedle 

á la mano , 

Y no olvidéis nunca que el cebo es nri tmor. 



Abrió la dama á Don JuaQ 
La puerta do se escondía , 
Y anudóse terciando él 
La plática interrumpida. 

D. Elvira. Don Juan, llegó ya tí Vf^ofomi» 
De probar vuestra afición , 
Que abriros mi corazón 
Esta misma noche intento. 
Delante de vos tenéis 
Quien órdenes os dará 

Y las puertas abrirá 

A las lanzas (¡uc traéis. 
Con él b) tratareis todo, 

Y pues que sois tan mi amigo. 
Tratar con él ó comulgo 

Del caso es lo mismo lodo. 

D. Juan. .No hay cosa , señorg qila. 
Que yo no arriesgue por vos; 
Mas piuguiérame, por Dios, 
Otra mejor compai^ía. 

I). Elvira. Mas si firme en vuestro BSOQX 
Como me decís me amafs^ 
Que en sus manos os pongáis 
Paréceme lo mejor. 

D. Juan. Si el fin Indias de KT vof, 
Me pongo sin vacilar, 

Y si en ello he de pecar 
Que me lo perdone Dios. 




264 



RECUERDOS 



GábrieL (i Sandio de él I Raion tenia 
La Elvira.) ¿Sabréis decir 
Kn cuánto tiempo venir 
Vuestra gente aquí podria? 

D, Juan. Dentro de veinte y cuatro horas, 
Aunque hubieran de asaltar 
Las murallas para entrar. 

GábrieL Gomo salgan vencedoras 
Vuestras lanzas , aseguro 
Que podrá cada soldado 
Llevar el sable colgado 
En cadena de oro puro. 

D. Juan. Y no les vendrá muy mal , 
Porque las contribuciones 
Hacen que de sus raciones 
Deba un mes á cada cuol. 

Gabriel, Dos les daré adelantados , 
Y pagaré el que dcbcls. 

D. Juan Y os juro que bien haréis ; 
Que dineros dan soldados. 



Hablaron unos momentos 
La dama y el prestamista , 
Y volvÍ(^ronsc á Don Juan 
Con irónica sonrisa. 

Elrira. {A Gahrieh) ¿Me entendéis.» 
Gabriel, {A Elnra.) Está muy bien. 

¿No os parece á vos , Don Juan , 

Que si presa al león le dan 

Tomará la que le den ? 
D, Juan. De esas razones no entiendo, 

Buen viejo , y á todo andar 

Yo me ofrezco á pelear, 

Lo demás os lo encomiendo. 

Y solo una condición 
Pongo. 

Gabriel Podéisla decir. 

D, Juan, Es que tengo de reñir 
Cara á cara , y no á traición. 

Gabriel, \ Oh ! solo tendréis que hacer 
Centinela un poco larga , 

Y á lo mas dar una carga 
Si es que se osan defender. 

D, Juan. Eso sL 

D, Elvira. Y por premio de ello, 

Si es que me dejais contenta... 

D. Juan. Esa esperanza me alienta, 
Con que por todo atropello. 
Rubor me cuesta decillo, 
Mas por vos con mi pesar 
La vida pensé pasar 
Encerrado en mi castillo. 
Vuestra afleion cortesana 
Maldiciendo, solamente 
Salí á lidiar con mi gente 
Por no hacer vida holgazana. 



No qnlae ya vernl oír 
Mas que lanzas y caballos , 

Y al cabo con mis ^'asallos 
Como soldado morir. 
Diréis que este amor úlvestre 
Mejor estorba que obliga, 
Mas necesito 6 mi amiga, 

O mi compañía ecuestre. 
Pues en el campo aun moy nlo 
Os adoré, no os asombre 
Que aunque sin ventajas boml 
Aún os conserve cariño. 

D, Elvira. Asi os amo yo, D 
Que á la fin me he convénddc 
Que vos habéis merecido 
Solo mi amoroso afon. 
Porque el amor cortesano 
Es humo si bien presumo, 

Y el vuestro es fuego sin humo 
Que quema si está cercano. 

Gabriel, Vamos, que el tiemí 
D, Elvira. El cielo , Don Juai 
D. Juan. ¿Volveré á ven»? 
D, Elvira, ] 

Para ello os enviaré aviso. 

{A Gabriel 

(¿Elegí bien?) 
Gabriel. Lo confieso; 

De ese tronco se hace el pneat 

Y vadeada la corriente 

Le arruina su propio peso. 
D. Elvira. Cuidado con qm 
Gabriel Pues yo le he de & 
Ya veis que le he de dejar 
De modo que á caer se indine 

Y dando en estas palabrai 
Fin á tal conversación , 
Salió Gabriel , y tras él, 
Don Juan Zamora salió. 
Aquel soñando quimeras 
De política ambición, 

Y estotro soñando baiañi 
Para conseguir su amor. 

I Mas cuánto los pensami 
Del hombre efímeros sonl 
Un soplo de viento puede 
Desbaratar el m^or. 



Por un estrecho poatlgc 
Que da á oscuro call^on , 
De casa de Doña Elvira 
Sallan ambos á dos 
Gabriel y Don Juan Taim 
Conestrema precaución , 
Para no hacer al salir 
Innecesario rumor. 
Cuando, volviendo la esq 




Y FATITASIAS. 



«presentó 

embozado , 

> en ronca voz : 
mas adelante, 
, hidalgos , quién son , 
á cuerpo conmigo 

aquí mismo sois. » 
mano al acero 
e colocó 
que dejaba 

el callejón. 

'es un momento 

ció reino, 

» rompió Gabriel 

ontcstacion : 

n fuereis , buen hombre, 

arrojo en vos, 
e parte nuestra 
Ea la razón. 
»s , está dicho , 
tro : yo estoy 

ese postigo , 
sa á mi honor, 
os podéis engañar, 
e conozco yo 
te que habita 
y si no sois 

1 deudos de ella , 
en conclusión 
con que mostraos , 
r tales sino. 

icrais, > Don Juan dijo; 
le su espadón 
K)zado fuese , 
le recibió, 
briel á poco 
ida intención 
ríe de repente 
3 mediador. 
Ulero incógnito, 
I la traición , 
n duda ducho 
nces , se echó 
apia , quedando 
1 con los dos. 
e bate harto bien , 
^ diestro reñidor; 
i seso le falta , 
1 el corazón, 
le acometerle 
larda traidor, 
tenga en apuro 
m la decisión, 
pese á su astucia , 
le salió , 

nucba la destreza 
etador. 
nento en que acaso 






Toca cerca la ocasión , 
Un buen tajo de revés 
La muñeca le alcanzó. 
Soltó Gabriel un ¡ ay ! ronco 
Al repentino dolor. 
Volvió Don Juan la cabcu, 
Pero tiempo no le dio 
El bravo desconocido 
Para entender la razón 
De su grito, porque el pecho 
Atravesado sintió. 
De una distracción el punto 
Aprovechando veloz 
Metióse á fondo el incógnito 

Y en tierra á Don Juan tendió. 
Reinó el silencio un momento , 
Pero al alarmante son 

De los gritos de Gabriel 
El barrio se alborotó. 
Asomaron por las rejas 
Ya nna antorcha , ya un farol. 
Diciendo diversas voces : 
« Al asesino. —Al ladrón. » 

Y una rápida mirada 
Al caballero bastó 

Para ver que era Don Juan 
Víctima de su valor. 
Echóse pues al postigo 
Por donde salir los vio , 
Mas encontrando cerrado 
Por dentro el grueso portón 

Y ya de cerca sintiendo 
De armas y gentes rumor. 
Con rapidez silenciosa 
La opuesta esquina ganó. 



De política aquí , lector querido , 
La narración cansada interrumpamos, 
Y del cuento en mis libros prometido 
A la historia mas plácida volvamos 
Tan larga introducción precita ha sido 
Para que desde aquí nos entendamos , 
Pues anudado á ello la restante , 
Sigue mi tradición de aquí adelante. 



En una granja , que las ondas riegan 
Dei espumoso Tajo , y do los daños 
De la revuelta popular no llegan , 
Doña Inés de Zamora hace dos años 
Que vive retirada 
De mundanos placeres olvidada. 
Viuda de un caballero 
De ilustrisima cuna , 
Madre no mas de un joven heredero, 
Y dueña de una pródiga fortuna. 
Sus bienes administra rectamente , 




6 



mSGUERDOS 



Y loB Benüdos embriaga 

Y d corazón enajena ; 
Noche de aventuras propia 
En mil trescientos cincuenta 
( Edad en que esto pasal)a 
Si mi memoria no yerra ) , 
Por la calie de ia Sierpe 
Media noche siendo apenas • 
Dos hombres en la ancha plaza 
Con prisa y silencio se entran. 
Largas capas les envuelven , 
No porque precisas sean , 
Sino porque bien Íes culiran 
De las personas las señas : 
Por el lado de la somlira 
Punta á punta la atraviesan 
De la calle de lá Sierpe 
Hasta la calle de Genova , 

Y el bulto de sus espadas 
Que l>ajo la capa llevan , 

Las plumas de sus birretes • 

Y el rumor de sus espuelas 
Por hidaluos les acusan , 

Por mas que entrambos se empeñan 
En pasar como personas 
De común raza plebc\a. 
Al tln cuundo ya contaban 
Tomar una callejuela 
Que ai alrilzar los llevase 
Sin pasar frente á ia iglesia, 
Paróse el mas alto de ellos 
Diciendo : « ¿Qué soml>ra es esa 
Que tras el pilar se oi'uíta, 
Benavides? Yo di jora 
Que es un hombre. » 

—Y Renavides 
Al que pregunta contesta : 
« Llegad , señor, sin cuidado. 
Que ya imauino quién sea 

Y hará paso al conocerme , 
Que es hombre que me respeta , 
Porque me debe favores 

É hicimos juntos la guerra. » 
Siguió andando Uenavides , 
Siguió el otro , por respuesta 
Dándole solo el silencio 
Que satisfacerle muestra , 

Y frente al hombre llegando 
Que junto al pilar espera , 
Mostrándose Benavides 
Dejó franca la carrera. 

« Dios te guarde , Andrés , » le dijo 
El que va , pasando cerca. 
« Buenas noches , » dijo el hombre , 
Saludando con llano/a : 

Y pasaron los hidal.::(>s 

Y siguió el otro en su espera. 

Y entre los dos que se van 



Por la oftcnra eallejaeU 
Conversación en yoi baja 
Se entabló de esta manera : 
« ¿Quién es ese hombre? 

-ün 
Qne entró poco hace en la r^ 
De San Francisco , cansado 
Del servicio y de la gaem. 
—¿Y porqué precisamente 
En tal ocasión lo deja , 
Pudiendo darle fortunas 
Estos tiempos de revueltas? 

— Dice que al rey Don AIobm 
Sirvió de grado, y por Itaem 
No quiere servir á nadie. 

— Ya entiendo. 

—Señor... 

La opinión del vulgo nedo, 
Que mal de Don Pedro pien 

— Ya veis , señor, pues al di 
Se acoge , con su concieoda 
Se lo habrá mirado bien. 

— Y á tales horas , ¿qué «pe 
Solo en mitad do la plaia 
Sin el trage de su regla? 

~ Señor, es historia larga. 
—Tal cual es quiero saberia. 

— Son cosas que importan p 

— A mi todo rae Interesa; 
Decid , pues. 

— Pues escuchad. 
Ya 8al>ei8 que representan 
Al rey los monges Franciicoi 
Que habiendo en su casa me 
Un manantial necesario 
Para el hucn sen-ido de ella 
El derecho á los vecinos 
Se les quite de que puedan 
Sen irse de él en su daito 
Porque sin agua les dejan. 
Los vecinos , oomo tienen 
Aquella fuente mas cecea. 
Para tomarla á au gusto 
Su viejo derecho alegan. 

— Y tienen razón ,ye\t9j 
Se la da. 

— Por esa muestra* 
De su real benignidad 
De los vecinos se aumenta 
La osadía, y de los mongei 
El trabajo y la impaciencia. 
De aqui nacen las hablUlai , 
Las voces y las quimeras i 
Los vecinos á los monges 
Tal vez obligar intentan 
A que do noche y de dia 
I.es tengan firanca la puerta. 




Y Fantasías. 



247 



Hieran cerrarla 
iasu regla, 
la denaeatos 
8 pendenclaa. 
aen soldados , 
árentela; 
an domésttoot 
los defiendan : 
Ilesa rey 
en les niega, 
o colvran bríos 
le exasperan, 
sta que Andrés , 
en nada amedrenta , 
isa de las armas 
sadestresa, 
ipulos dando 
rez en tierra, 
la saliendo 
sn ddensa. 
al principio , 
dado tal priesa 
ntanuoe 
naydestrexa, 
antial los monges 
i la hora de esta, 
rro es ese Andrés? 

y tan á prueba , 
uardala piaxa, 

) le acerca, 
le los villanos 
valor pondera, 
queráis informaos; 
idie lo niega, 
ue, 8i le dicen 
e por apuesta 
noclie , 68 s^[uro 
isa por ella, 
justicia en Sevilla, 
[ue le contenga ? 
e acoge á sagrado , 
le respetan. » 

il que preguntaba 
18 inciertas 
n en murmullo 
ciadas apenas, 
postigo oculto 
dizar se llegan , 
KM á dos 

espacio á la puerta. 
íiageclUo, 
08 dos por ella 
neto en el aire 

1 la plazuela. 



Está la siguiente nodie 
Tocando en la misma bora , 

Y desde d zenit vertteodo 
La lona luz melancólica. 
NI una ráfaga de Tiento 
La soledad silenciosa 
Interrumpe, ni una nnbe 
Del délo el azul «ntolda. 
Toda Sevilla ea sUendo , 
Reposa Sevilla toda. 

Que duerme al aón que la arrollan 
Dd Guadalquivir bu ondaa. 
Apoias de tarde en tarda 
Atraviesa una persona 
Las calles á largos pasos, 
O en una reja se aposta. 

Y los grandes edlfldos 
Que la estensa plaza forman 
Sobre d sudo de la plaza 
Tienden su gigante sombra. 
En un pUar apoyado 

De una callejuela angosta . 

Por do un largo pasadizo 

En la plaza desemboca. 

Hay un hombre que está en vela, 

Y á quien la noche medrosa 
Presta contomos fantásticos 

Y faz amenazadora. 
Inmoble en la oscuridad 
No parece que le importan 
Ni d relente de las noches 
Ni d ver que pasan hu horas. 
Si espera á alga ien , nadie acode 
A la dta misteriosa; 

Si aguarda algan hoia ii)a 
Su venida fué bien pronta. 
Frente por frente al convento 
De San Frandsoo se aposta , 
Cuya puerta se ve franea 
Como abandonada y sola. 
i Es que aqud hombre la guarda ? 
¿O es qae en acedio la ronda? 
Porque él la guarda ó la acedía 
Con una intendon Incógnita. 



En esto la plaa adentro 
Por la calle de la Sierpe 
Un hombre desemboeandp 
A largos pasos se mete. 
Un solo ponto los ojos 
En su derredor revoelve, 

Y viendo d hombre qoeagoarda 
Vase á d rápidamente , 

El sombrero hasta las e^as 

Y d emboio hasU los dientes : 
Uegó al qoe esperaba, y plática 
EntaMaron de Sírtasoerte : 

17 




?60 



RECDEÜDOS 



— ¿ No tenéis otra diiciilpa? 
— Vnestro empeíto será en vano; 
Las espadas en La mano , 
Entrambos tenemos culpa. » 
Y asi diciendo , uno á otro 
Con tal denuedo se embisten 
Que brotan chispas las ojas 
Con los tajos y los quites. 
Ambos en el mismo sitio 
Ninguno vence ó se rinde, 
Ni en uno temor se alcanza 
Ni á otro mas valor asisten 
Según á la luz incierta 
Dcfide luego se distinguen 
De entrambos á dos las sombras 
Que en tierra clavadas riñen. 
Mas el rumor temero8o 
De la lucha se percute, 
Sin que un ¡ay ! ni una palabra 
Se oiga en trance ton difícil. 
Dijérase al ver lo inmóviles 
Que ambos en ello persisten , 
Que son dos sombras de un sueño 
Que á alguno en la norlic aíligc. 
Tal vez de dus enemigos 
Que un mismo ataúd dividen , 
Greyéranse las fantasmas 
Que, concibiendo imposible 
Vn mismo sudario entrambits 
Ni un mismo iechu partirse , 
Alzáronse despechadas 
En aparición visible. 
Abrióse en esto ima reja , 
Otra á poco se oyó abrirse , 
Luego otras muchas, y luego 
Cerca pasos se perciben. 
Alumbróse de rciKíntc 
La calle , y al lejos dicen : 
« Téngase al rey, » Y en un punto 
La justicia les divide. 
Cercáronlos desatentos 
Soldados y ministriles, 
Que al tomarlos los estoques 
Por ellos derechos piden. 

Y tanto crece la zambra 

Y los confusos lelícs 

De unos que dicen « soltarles » 

Y otros que « á la cárcel » dicen , 
Que echando mano al embozo 

El que con Don l^pe riñe , 
Partió el tropel de por medio 

Y en alientos varoniles 
Gritando « lugar al rey, » 
Hace que á su voz se inclinen 
Cayendo en tierra de hinojos 
Cuantos alcanzan á oirlc. 

« Señor... » murmuró Don Lope , 
La fai con rubor humilde , 



I 



Y d rey coa blandt mr! 
Levantándola le dice : 

« Valiente sola, cabelicro 

Y en despedio de la ley, 
Supisteia qae siendo nñf. 
He sido hidalgo ptimero. 
Libre estáis , y afecto os 
Venid mañana á palack» 

Y hablarenms mas i espii 
De las cuchilladas de hoy. 
Pero no volváis á vela, 
O por infame os tendré. 
Que 08 Juro, Don Lope,i 
Que no sabéis quién es di 
Esto dicho , el rey toItíói 
A la ronda se dirige, 

Y ante lúa rejas de ElTin 
Asi en voz alta prosigue : 
« Aquí hay presa de la ley 
Entrad la casa en mi non 

Y cubrid mi error de liofá 
Con mi justicia de rey. > 



EL CABALLERO 

DE LA BUENA MEMO 

LEYENDA TRAmCIOSAL. 



INTRODUOdOn. 

Perdidas de VUlatar 
En la sangrienta jomada 
De los bravos comunem 
Las últimas esperanas, 
Sus gavillas por do quien 
Rendidas ó derrotada!, 
El arzobispo Merino 
A Toledo goliemaba. 
Dofia María Padilla 
Aun con briosa arroguda 
Digna de nnjor fortuna 

Y de mas didiosa cama, 
A pesar del arxobl^ 

Y las tropas <^«f4í^iantf 
Teníase eon sos ^atea 
Defendida en el alcéiar. 
Pues en someterae al icy 
Toledo la mas reacia 
Ciudad siendo, á ella am 
De todas partea de EspaSi 
Cuantos comnneroe fidei 
A su partido qnedabas. 
Avivaban en aeereto 
Con aalnela y eon andadi 




Y FAlfTASUS. 



óalfarift 
reclalalwn, 
•pordcmándola 
i y con armas 
la ciudad vivian 
tuna esperaban, 
i entre todoa 

de Montadas, 
al cstremo 
s patrañas. 
• de Padilla 
lamorada 
1 como ella 

anhelaba, 
rica , de amantes 
deada. 
Ivirá podia , 
vira losraba. 
í muchos prosélitos 
ir por sus gracias , 
rico y gallardo 
itento escuchaba, 
in de Zamora , 

noble casa , 

noble viuda 
lancebo adoraba, 
ia este siempre 
lor la causa , 
i comuneros 
■n cien batallas- 
; amor por ella , 

en las cabalas 
>s ainaMDs 

10 dudaba. 

en otro tiempo 
isa y conio ingrata , 
dora sirena , 
i dama , 
) de Guzman 
mpcfiada 
[nesas de amor 
to palabra, 
risimo tronco 
in siendo rama , 
:'.arloA primero 
IcmanU 
(; un magnate 
K)ga en la privania 
imperador, 
imista<l le honraba. 

del mundo 

1 y se cambian , 
1 á las gentes 

las circunstancias 
D la imperial corte 
le cansaba, 
i su amor 
K) y la distancia , 



Y la distancia y el tiempo 
El de su Elvira menguaba , 

Y el diablo de la política 
Se apoderaba de su alma. 
A su patria y á su amor 
Goiman con volver soñaba , 

Y ella soñaba quimeras 
De libertad y de patria. 
Él por volver á Toledo 

Y á los pies de su adorada, 
Honor, ambición y dicha 
Desatinado olvidaba. 

Ella por dar con sus hechos 
A su nombre eterna fama 
Pensaba con necio orgullo 
En quiméricas hazañas. 
Recordaba su hermosura 
Él en ausencia adorándola , 

Y ella olvidaba su amor 
Por quien no se lo estimaba. 
Servíase la Padilla 

Y la gente á ella allegada 

De su influencia en el pueblo, 
De sus amaños y cabalas : 

Y creía ser Elvira 

El faro de su esperanza , 
La fé de sus corazones , 
La alcaidasa de su alcázar. 
Creía que á una voz suya 
En la ocasión arriesgada 
Como por Doña María , 
Por ella se levantaran. 
Que todos los comuneros 
En el peligro mirándola 
La regla soberanía 
Dividirían entrambas. 

Y en estos sueños de gloria 
La Doña Elvira embriagada 
Perdía cuanto tenia , 

Y las leyes provocaba. 
Asi son todos los necios , 

A cuanto Ignoran se lanzan ; 
Lo que les importa olvidan , 

Y solo el desprecio ganan. 



Y mientra en la rebellón 
Ella á Don Juan empeñaba , 
Enamorado Don Pedro 
Se volvía para España. 



En oculto gabinete 
De la habitación de Elvira 
A deshora de la noche 
Con ella Don Juan platica. 
Y aunque él no entiende palabra 
De su enredada política . 




m 



RECUERDOS 



Porque la adora fanático , 
A cuanto exige se obliga. 



D. Elrira. ¿Lo entendéis, Don JnanP 

D. Jttan. Si á fé. 

D. Elrira. Lo entendiera un eaeolar. 
De todo se os ha de dar 
El cuándo , d cómo , y porqná. 

D. Juan, Yo, Elvira , soy un soldado, 
Que entre soldados metido 
Nunca otra cosa he sabido 
Que combatir como honrado. 
Desde muy niño os amé , 

Y como 08 JuKgué perdida , 
En poner (In á mi Tida 
Gomo soldado pensá. 
Hoy otra vez me llamáis 
En secreto á vuestro lado, 

Y siento no haber cambiado 
De ser como vos cambiáis. 

c Qué queréis ? Si no sé mas 
Que amaros y combatir, 
Asi me habéis de admitir, 
O habéis de volver atrás. 

D, Elvira. Asi os quiero : qne á fé núñ. 
Que cortesanos amores 
Son solo nmafios traidores 
Para vencer aipun día. 
Yo os quiero , Don Juan , asi , 
Porque me basta un galán 
A quien servir con afán 

Y de algo me sirva A mf. 

D. Juan. Cuanto lo hayáis meditado, 
Cuanto la suerte os ayuda 
Está bien claro sin duda : 
¿ Pero á qué me habéis llamado f 

D. Elrira. Bien se conoce , por Dios, 
Que sois un soldado bueno : 
El plan es , Don Juan , ajeno , 
Lo que os mjmden haréis vos. 

D. Juan. ¿ Y queréis que yo consienta 
Que ala primera demanda.!. 

D. Elvira. Cuando Elvira es quien os 
manda , 
Obedecerla os va en cuenta. 
Pues ella arriesga en un dia 
Cuanto vale y cuanto tiene , 
A vos , Don Juan , os conviene 
Fiar causa que ella. fia. 
¿Ojio la amáis? 

D. Juan, I Por los cielos I 
¿ Dudarais de mi cariño 
Cuando por vos desde niño 
Estoy muriendo de celos P 
¿Pensáis que la injusta ley 
De una opinión me amedrente , 
Cuando por vos solamente 
Sov desleal á mi rev P 



D, Elrira, Asi os qnlno t aal 
¿ Pensáis que sobnn ahora 
Vuestros castiQot de lUoñ, 
De MontlUa y de Jaén P 
Yos, Don Juan, sois un valienti 

Y un honrado castellano. 
Mas no habéis de cortesano 
NI un cabello flolamenta. 
CiOn que dejaos guiar 

Por quien sabe mas que Toa , 

Y asi podremos loa dos 
Hasta la orilla llegar. 
Vuestra madre , ya lo té. 
Con vuestro amor le dligoiti. 

D /ua«. Sin duda, Elvira, li 
Que comprometáis mi té. 
Siempre de los comuneroa 
Fué enemiga. 

D.Elvira, Si,lohagldO{ 
Mas ya habéis , Don Juan , lalUk 
De la niñez ; y os da fuena 
Para obrar á vueatro antojo 
La ley. 

D. Juan. Sí que me loa da : 

Mas mi madre... 
D. Elvira, Gallará 

Si logramos nuestro arrojo. 

¿Disponéis de mucha gentaP 
D.Juan. De hasta unas clneaa 
D. Elvira, ¿Y son gente de m\ 
D. Juan. Aguerrida y obedieata 
D. Elrira. ¿Y las tenéis noy i 
D. Juan, Traerlaa mañana pac 
D. Elvira. Puea cuidad da^< 

No os vean eoriosoa antea. 

No salgáis , Don Joan , da día 

Y esperad á mi mandato; 
Si pudiera un mentecato 
Sospecharlo , nos perdía. 

Mas siento gente : aqn{ entnML 
Espero á un hombre que pueda 
Cuando todo en aomlmi qiuiíi 
Sacaros de la ciudad. 
Por esa escala moruna 
A una torre vals á dar, 

Y alli podéis esperar 
Ocasión mas oportuna. 



Y asi diciendo, moetrtla 
Una entrada Doña EItIi» 
Por do guiaba á la tom 
La escusada escalerilla. 
Y oyendo seña secreta 
Que por la opuesta la hadan, 
Abrió , y dio paso á an tarasí 
Siguiéndola ¡seena miaña. 
Era el tal nn honibra viejo, 




¥ FANTASUS. 



m 



sterior parecía 
lado y morrader 
-in<»n peregrina, 
y rumplidn una capa 
u rnrrpo *?n volvía , 
ntlosr bajo di* ella 
ulon do «n cinta. 
I' a(a>o mirándole 
ar osaría 

ianirriouto bandido 
tiro prestamista : 
n sn torvo semblante 
nismo tiempo se pintan 
lacia del l>anduI(TO 
mor de quien conspira. 
' brus4'o á la dama 
adelantarse le Invita, 
ira tal trabóse 
aquel hombre y Elvira. 

a. Entrad. 

re. Dios os guarde. 

a. Gabriel , bien venido. 

ado. 

Sí , á fé. 
n. (:Qu(^ tenéis? 

Tal vez no nos pierde por poco 
n descuido, 
sido nada. 

a. i Por Dios que acabcli 1 

Apenas volvía la calle tortuosa, 
la secreta nos da al callejón , 
Je un hombre sentí recelosa : 
la capa cubrí á precaucioD, 
lido, mas frente por frente 
lK>7.ado maldito medí 
léme, M*Kni Indiferente, 
I [MH'o voUió tra^ de mf. 
^(1. ¡ Dios mío ! 

Yo astuto, tí'niiendo que un corte 
I (amiiio, la eniuina uané; 
«lirado el <MMilto rt»sorte, 
la sombra mi sombra y entré. 
a. ¿ Mas no conocisteis... ? 

Aluun hidalguillo 
:i mis hermanos piftildo, á pagar 
inili-jo ó mohoso castillo 
me |>ii(lo por otro tomar. 
I. ,; Mas dar con la piirrta pudiera? 

Imposible... 
sospecha adHante pasó, 
hay de aquel hombre ? 
ra! Ya ertá. 

¿Y es posible 

•a. Como nn muerto. 

Tal le (|Qlero yo. 
ihrí» ..? 



D, Elvira. plMrro. 

Gnhriel. ¿Su gente? 

/). Elvira. Segura. 

Gabriel. ¿Y cuándo...? 

J). Elvira. Mañana podrá estar aquí , 
Con tal que la noche con nieblaa oscura 
Le avude al secreto. 

Gabriel, Sin duda que sí. 

¿Mas quién me responde.-.? 

D. Elvira. Yo misma. 

Gabriel. Adelante. 

D. Ehira. Amores me tuvo.,, niñeces. 

Gabriel. ¿Será...? 

D. Elvira. Un buen castellano ; soldado 
ignorante , 
Que cuanto amc»rosa le mande lo hará. 

Gabriel. Mirad que los necios... 

D. Elvira. Son medios muy buenos 
Que pueden á planes ajenos servir, 

Y luego se apartan cual muebles ajenos. 
Gabriel. Pensáis cuerdamente , verdad :í 

decir. 
Mas pronto veamos á ese hombre,queen vano 
Seranos la astucia sin fuerza mayor. 
D. Elvira. Veréisle , y con mafti traedle 

á la mano , 

Y no olvidéis nunca que el cebo es mi amor. 



Abrió la dama á Don Juaq 
La puerta do se escondía, 
Y anudóse terciando él 
La plática interrumpida. 

D. Elvira. Don Juan, llegó ya ^fflonVBDtp 
De probar vuestra aflclon , 
Que abriros mi corazón 
Esta misma noche Intento. 
Delante de vos tenéis 
Quien órdenes os daré 

Y las puertas abrirá 

A las lanzas que traéis. 
Con él lo tratareis todo , 

Y pues que sois tan mi amigo, 
Tratar con él ó conmigo 

Del caso es b» mismo todo. 

D. Juan. N'(> hay cosa , scfiora iHlI» 
Que yo no arriesgue por vos; 
Mas pluguiérame, por Dios, 
Otra mejor compañía. 

D. Elvira. Mas sí firme en vuestro aioor 

Como me decís me amáis, 
Que en sus manos os pongáis 
Paréceme lo mejor. 

D, Juan. SI el fin halléis de ^QT ^oi, 
Me pongo sin vacilar, 

Y si en ello he do pecar 
Que me lo perdone Dios. 




2ü4 



RECUERDOS 



Gabriel. (¡ Stndlo de él 1 Raion tenia 
La Elvira.) ¿Sabréis decir 
Kn cuánto tiempo venir 
Vuestra gente aiiuí podriaP 

D. Jtuin. Dentro de veinte y cnatro horas, 
Aunque hubieran de asaltar 
Las murallas para entrar. 

Gabriel. Como salgan vencedoras 
Vuestras Janzas , aseguro 
Que podrá cada soldado 
Lle\'ar el sable cx)lgado 
En cadena de oro puro. 

D. Juan. Y no les vendrá muy mal , 
Porque las contribuciones 
Hacen que de sus raciones 
Deba un mes á cada cnnl. 

Gabriel. Dos les daré adelantados, 
Y pagaré el que debéis 

D. Juan Y os juro que bien haréis ; 
Que dineros dan soldados. 



Hablaron unos momentos 
La dama y el prestamista , 
Y volviéronse á Don Juan 
Con irónica sonrisa. 

Elvira. {Á Gabriel.) ¿Me entendéis? 

Gabriel. {A Elvira.) Está muy bien. 
¿No os parece á vos , Don Juan , 
Que si presa al león le dan 
Tomará la que le den ? 

D. Juan. De esas razones no entiendo, 
Buen viejo , y á todo andar 
Yo me ofrezco á pelear, 
Lo demás os lo encomiendo. 

Y solo una condición 
Pongo. 

Gabriel. Podéisla decir. 

D. Juan. Es que tengo de reñir 
Gara á cara , y no á traición. 

Gabriel. \ Oh ! solo tendréis que hacer 
Centinela un poco larga , 

Y á lo mas dar una carga 
Si es que se osan defender. 

D. Juan. Eso si. 

D. Elvira. Y por premio de ello. 

Si es que me dejais contenta... 

D. Juan. Esa esperanza me alienta , 
Con que por todo atropello. 
Rubor me cuesta decillo, 
Mas por vos con mi pesar 
La vida pensé pasar 
Encerrado en mi castillo. 
Vuestra afldon cortesana 
Maldiciendo , solamente 
Salí á lidiar con mi gente 
Por no hacer vida holgazana. 



No qnlae ya vernl oír 
Mas que lanzas y caballos , 

Y al cabo con mis vasallos 
Como soldado morir. 
Diréis qne este amor silvestre 
Mejor estorba que obliga, 
Mas necesito ó mi amiga, 

O mi compañía ecuestre. 
Pues en el campo aun muy niófl 
Os adoré, no os asombre 
Que aunque sin ventajas bomh 
Aún os conserve cariño. 

D. Elvira. Asi os amo yo, Do 
Que á la fin me he convoiddo 
Que vos habéis merecido 
Solo mi amoroso afán. 
Porque el amor cortesano 
Es humo si bien presumo, 

Y el vuestro es fuego sin hnmo 
Que quema si está cercano. 

Gabriel. Vamos, que el tlemp 
D. Elvira. El cielo , Don Juan 
P. Juan. ¿Volveré á veros? 
/>. Elvira. I 

Para ello os enviaré aviso. 

{A Gabriel 

(¿Elegí bien?) 
Gabriel. Lo confieso; 

De ese tronco se hace el pneat 

Y vadeada la corriente 

Le arruina su propio peso. 
D. Elvira. Cuidado con qa> 
Gabriel. Pues yo lé he de fi 
Ya veis que le he de dejar 
De modo que á caer se indine 

Y dando en estas palabru 
Fin á tal conversación. 
Salió Gabriel , y tras él, 
Don Juan Zamora salió. 
Aquel soñando qnlmeru 
De política ambición , 

Y estotro soñando haiañi 
Para conseguir sn amor. 
I Mas cuánto los pensan^ 
Del hombre efimeroa son 
Un soplo de viento puede 
Desbaratar d mc^jor. 



Por un estrecho poatlgí 
Que da á oscuro callejón , 
De casa de Doña Elvin 
Sallan ambos á doa 
Gabrid y Don Juan 7^m 
Con estrema precaudon. 
Para no hacer al salir 
Innecesario mmor. 
Cuando, vdvlendo la aiq 




Y FATITASIAS. 



presentó 
embozado , 
n ronca voz : 
as adelante, 
idalgos , quién son , 
L'uerpo conmigo 
luí mismo sois. » 
mo al acero 
•olocó 
le dejaba 

callejón, 
i un momento 
i reino, 
ompió Gabriel 
testación : 

Tuéreis, buen hombre, 
rrojo en tos, 
)arte nuestra 
la razón. 
, está dicho , 
) : yo estoy 
»e postigo, 
á mi honor. 

podéis engañar, 
conozco yo 
({ue habita 
$1 no sois 
eudos de ella , 

conclusión 
n que mostraos, 
lalcs sino. 

rais, > Don Juan dijo; 
su espadón 
ado fuese , 
! recibió, 
¡el á poco 
1 intención 

de repente 
ncdiador. 
3ro incógnito, 
I traición , 
luda ducho 
es , se echó 
ia , quedando 
ou los dos. 
jate harto bien , 
iiestro reñidor; 
eso le falta , 

corazón, 
acometerle 
da traidor, 
iga en apuro 
la decisión. 
!se á su astucia , 
salió, 

cha la destreza 
idor. 
nto en que acaso 



Toca cerca la ocasión, 
Un baen tajo de revés 
La muñeca le alcanzó. 
Soltó Gabriel un ¡ ay ! ronco 
Al repentino dolor. 
Volvió Don Juan la cabeu, 
Pero tiempo no le dio 
El bravo desconocido 
Para entender la razón 
De su grito, porque el pecho 
Atravesado sintió. 
De una distracción el punto 
Aprovechando veloz 
Metióse á fondo el incógnito 

Y en tierra á Don Juan tendió. 
Reinó el silencio un momento , 
Pero al alarmante son 

De los gritos de Gabriel 
El barrio se alborotó. 
Asomaron por las rejas 
Ya una antorcha , ya un farol. 
Diciendo diversas voces : 
« Al asesino. —Al ladrón. » 

Y una rápida mirada 
Al caballero bastó 

Para ver que era Don Juan 
Víctima de su valor. 
Echóse pues al postigo 
Por donde salir los vio , 
Mas encontrando cerrado 
Por dentro el grueso portón 

Y ya de cerca sintiendo 
De armas y gentes rumor. 
Con rapidez silenciosa 
La opuesta esquina ganó. 



De política aquí , lector querido , 
La narración cansada interrumpamos, 
Y del cuento en mis libros prometido 
A la historia mas plácida volvamos 
Tan larga introducción precita ha sido 
Para que desde aquí nos entendamos , 
Pues anudado á ello la restante , 
Sigue mi tradición de aquí adelante. 



En nna granja , qne las ondas riegan 
Del espumoso Tajo , y do los daños 
De la revuelta popuhur no llegan. 
Doña Inés de Zamora hace dos años 
Que vive retirada 
De mundanos placeres olvidada. 
Viuda de un caballero 
De ilustrisima cuna , 
Madre no mas de un joven heredero , 
Y dueña de una pródiga fortana. 
Sus bienes administra rectamente , 



!^66 



RECUERDOS 



Y cuida el pon'enlr del hijo ausente. 
Noble matrona do costunibroá puras 

Y pensamientos graves , 

Da gracia» al Soíior por sus ventura» , 

Y él de su corazón tiene las llaves : 

Y de su hijo el amor tan solamente 
Entra en su corazón , vive en su mente. 
El hijo , como hidalgo 

Y en la opulencia j el poder nacido , 
Pues es forzoso que se wupe en algo, 
Sus vasallos valiente ha reunido, 

Y en el distrito de su misma tierra 
A favor de su rey hace la guerra. 
Pérfldas compañías , 

Y torpe incsperlencia , 
Malearon tal vez , liacc ya dias , 
La política fé de su conciencia : 

Y acaso indignos de el , necios amores 
Le aprestan venideros sinsabores. 
Dona Inés no lo ignora , 

Y aunque mil veces le advirtió severa 
El precipicio .'\dondc va , le adora ; 

Y de los afios y esperiencia espera 
Que visto do su amor el desatino 
Entre de su deber en el camino. 
En la fé de sus padres educada 

Y ciega lealtad de sus mayores , 
Teme que su alma joven conquistada 
Por los principios sea innovadores, 

Y engañado su hijo acaso olvide 
Lo que sn religión y rc) le pide. 

Y en este pensamiento emb(íbecida 
Estaba Qjomo siempre , en aposento 
De BU alquería oculto , y combatida 
Tal vez por interior presentimiento, 
Cuando dentro escuchó de su abiueria 
(iOnfuso estruendo , v sorda tirilería. 
De su tiel nia\ordomo en ttmo recio 
Oyó la voz (¡ue á alguno amena/aba ; 

Y otra que desconoce , y con desprecio , 
A sus jnstas preguntas contestalia, 

Y aliricndode su cámara ia puerta, 
Salió á ver del rumor la causa cierta. 
Kn los homI)ro8 sin capa, sin somlírcro 
Kn ia cabeza, y agua distiiando 

De sus ropas , bailóse, á un caballero 

Con sus Heles sirvientes disputando; 

Mas el supuesto de estos desmentía 

Su traje militar y gallardía. 

« ¿Qué es esto ? preguntó la noble viuda. 

— Desventuras , señora , 

De un amante Infeliz á quien no ayuda 

Ni el cielo, ni la ingrata á quien adora. 

Respondió el caballero 

En tono de dolor, triste y severo. 

— Veo que sois Iiidai^o en vuestro porte 

Y arreo militar j mi espose» en vida 
1.0 fué también y frecuentó la corte. 



Vuesero afán decid pues, y si salida 
Puede dar una dama á vuestro afun 
De mi escaso fa\or estad ^eguru. 

— A solas hade ser, porque aveotnni 
De nobles caballeros 
No fio mucho yo que estcn se^om 
En lenguas de pecheros; 

Y acaso serán tales 
Que á quien me avudc ser podrán btrift 

— Despejad. » Y saliendo de laatjidl 
Dentro de ella cun él á su teíiínn 
Dejaron los criados , y a su inítaxii 
Klia volvió diciendo : • Hablad ibon, 
Señor soldado; vuestro duelo Kfii 

Y fiad en que haré cuanto en mi q«|i 

— Señora , oidme pue» : ha un üolvp 
Que con mt rey partí para AleoiiBil 
Al lado suyo con honroso cargo; 

Y una ingrata muger dejé en Eifill 
Por quien ciego de amor Uoréil 
Jurándola volver al despedirme. 
Mas mudóla mi ausencia ; y nn ibI|I 
Que desde la niñez me fué constato i 
Del hecho me escribió como tcsUf» 
Que oi'uiió mi lugar pronto otro 
S' que en tramas políticas metida 
Su suerte á la política va unida: 

Y otras razones mil , señora, esto», 
Pues de vuestra atención veo que 
Volvíme á KsjMina enamorado y de|i 
De celos y furor, mas esperando 

En volver á encender sn amante Ak^* 

Y aún á mi amigo crédito vB^sak: | 
Llegué á Toledo , y por mis proptaiijv 
La razón quise ver de mis enojñ : 

De las nocturnas sombras al Mp, 
Entré en su calle y espié sn tasa. 
Señora , perdonad si esto que oi dl|0 
Aún los ojos en lágrimas me antsa. 

— Seguid. 

— VI las ventanas de n nrtí 
Mas verlas ¡ ay de mi ! péseme baíla- 
las sombras vi cruzar tras los aiittto 
De un hombre que con eUaplaÜcabt, 

Y noté para colmo de mis males 
Que un embozado la mansión roodáa, 

Y en ella por postigo entró secRio 
Que en mi ausencia seabrió : y ¡ayU<* 

objeto? 
En un oscuro callejón desierto 
Les esperé gran trecho , y aguardan 
Años cabales hasta %'erle abierto , 

Y hasta que tal Infamia Ter lepara: 
Parecieron por iln do» Junfamenle, 

Y atájelos el paso airadamente. 

Yo no sé qué les dije , mas fol Imva, 

Y mi enojo no bien aattaüMlendo 
(Como á todo un céloM tadaa leilN" 




Y fantasías. 



nbos emprendiendo , 
, > a fuera el arte, 
é (lo parle á parle. 
\os¡ 

— Estoy muy cierto 
da : 

vivo junto al muerto 
a¡i(>lé ú la huida. 
^tMo destino 
iniebias mi camino. 

rorrí sin guia alguna ; 
útil mi trabajo, 
laba la fortuna , 
me encontré del Tíjo. 
y esto delante ; 
' la ele^i al instante, 
desesperado , 
rzo á la otra orilla , 
el opuesto lado 
etes la cuadrilla, 
lé , y á esta alquería 
Tal es la historia mía. 
»is , si habéis amado 

en vida idolatrado 
is en esta hora j 
a furia de los celos , 
ion premien los cielos. 
)ceis? 
— No. 

—Fué un arrojo; 
ue si el Señor me auxilia 
;raré el enojo 
le su familia, 
taros diligente , 
i a rumor de gento. 
n un caballo ; 
,iartan por opuesto 
tomaré si \v. bailo 
•s lin tan funesto, 
lais en mi nobleza, 
os \ uestra franqueza. » 

la viuda generosa, 
lo le escondía 
>n turba tumultuosa 
, por su alquería. 



s voces se meten 
is adelante 
> ronderos 
i } cun sables, 
tomó camino ! 
e ampararse ! 
rincón por verse ¡ 
que no 8C eKape!» 



Esto en varias direcciones 
Se oía por todas partes , 

Y á pretcsto de justicia 
Se aprestaban al pillage. 
Hormiguealmn ios curiosos 

Y los valientes que salen 

A ayudar á los que vencen 
Sin que los avise nadie. 
Ya por la atrevida turba 
Empezaba á susurrarse 
Si son ó no comuneros 
Los dueños de aquel parage. 

Y ya entre ellos empezaba 
El caso á comen tariarse 
Diciendo que el muerto es noble 

Y de las tropas reales , 

Y pues que aquí dan amparo 
Al que logró asesinarle , 
Traidores son y rebeldes 
Los que allí capa le hacen. 

Y comenzaban con esto 
Los villanos d arrimarse 
A ios objetos que vian 
De peso y trasporte fácil. 
Ya con voces imperiosas 
Alborotaba el alcalde 

Con lo de « entregarle al rey ; » 
Cuando de él mismo delante 
Por dentro abriendo una puerta 
Doña Inés salió á atajarle 
Vistiendo luto y cercada 
De domésticos y pages. 
Al ver su bizarro porte 

Y sn severo semblante 
Tuviéronse respetuosos 

Y ella rompió en voces tales : 

« ¿ Qué busca el rey en mi casa? 
¿ Porqué tanta gente trae 
Cual si fuera mi alquería 
Castillo que va á asaltarse? 
rl Desde cuándo se acostumbra 
Que asi á ios nttbies se trate , 

Y en el nombre de las leyes 
Sus aposentos se allanen ? 
La justicia en hora buena , 
En nombre del rey, que pase ; 
Mas los villanos del vulgo 
Que se esperen en la calle. 
Señor golilla , al momento 
Esa gente despejadme , 
Porque desde vos abajo 

No he de responder á nadie. • 
Quedó el alcalde aturdido 
De repente al encontrarse 
Con una noble matrona 
Donde supusn jayanes. 

Y haciendo salir la gente 
Con ella á solas quedándose , 




68 



RECUERDOS 



En tono de desagravio 
Empeló por «perdonadme... » 
Mas la generosa dama 
Interrumpióle la frase 
Diciendo : « Oigo á la justicia : 
¿Qué tiene el rey que mandarme? 

— Un asesino » señora , 
Que ha conseguido fugarse 
Vadeando el rio , esconderse 
Debe por estos parages. 
'Supongo que la justicia 
Tan poco honor no me hace 
Que crea que yo le oculto 
Contra el rey por auxiliarle. 
—Señora... 

— Podéis entrar 
Mis cámaras adelante , 

Y prender á ese asesino 
Donde «lulera que le hallareis. 

— Me hasta vuestra palabra : 
Vuestro nombre y vuestra sangre 
Conozco , y en quien sois vos 
Tamaño crimen no cabe ; 

Mas tenéis muchos criados; 
Sus aposentos dejadme 
Mirar por si alsiuno de ellos 
Es conocedor del lance. 

— Todos son criados viejos , 
De quien salgo responsable , 
Mas cumplid vuestro del)er 
Como quiera que gustareis. 
La casa tiene bodegas , 

Y horno , y pajar, y corrales ; 
Registrad una por una 

Sus divisiones , alcalde. » 
Partió el golilla por obra 
A ponerlo , y saludándole 
Gravemente Doña Inés , 
Volvió en su cuarto á encerrarse. 



Mientras abajo el alcalde 
La casa revuelve toda 
Y registrando las cuadras 
Va pasando de una en otra , 
Doña Inés , en su aposento 
Con el caballero á solas , 
De esta manera le dice 
Con baja voz cautelosa : 
« Tomad , caballero , ese oro , 
Que os bastará por ahora 
Para poner con la fuga 
En cobro vuestra persona. 
Un potro abajo os aguarda 
Que os sacará en pocas horas 
Del alcance de las leyes : 
Buscad tierra que os esconda , 
Que yo quedo tra# de vos. 



Mas decidme por lahomt 
De vuestra fama, ¿le herís 
En liía leal? 

— Señara, 
Pedro de Guzman me Uun 
Y nunca en lid alevosa 
Tomaron parte Guzmanes. 

— Con vaestro nombre me 
Guzman ; por un asesino 
Preguntaron , y mi boca 
No mintió cuando os negal 
Ni obré de la ley en oontn, 
—Señora, podéis Junulo 
Sobre las sagradas hojas 
Del Evangelio , le he moe 
Gara i cara, y sin dolosa 
Estrategema ó ventaja 
Que me fuera valedora; 
Dos eran en contra mia; 
Ved si la raion me abona. 
~ Está bien ; y piies U ca 
Ya esas gentes abandoaai 
Partid por el lado opuesti 
Guzman , y el cielo os ara 

— Y si algún dia... 

—Yate 
Partid. 

— ADloepues,sáio 



Con una mano en la lia 

Y una lámpara en la otra 
Delante del caballero 

La dama á guiarle pronta 
Envuelta en cumplida ca] 
La descompuesta personi 
Pronto á seguir el hldalgí 
A su noble bienhechora, 
Sin movimiento quedaroi 
Ambos á dos , tumultuos 
Voces oyendo en el patio 
Sin que la razón conozcii 
Ayes y gritos de espanto 

Y maldiciones rabiosas 
Al mismo tiempo escuchi 

Y conocen que se agolpa 
La gente otra ves, pnes< 
De las pisadas monótona 
El rumor que va creciem 

Y del murmullo la ronca 
Armenia; y por los vldrii 
Ven crecer de las antorct 
La luí que Ilumina el pa 
Do pasa la escena inoógii 
« ¿Qué ea esto? dijo la d 
—Sábelo Dios» en voi « 
La contestó él cabalieio , 
Presa de angustia recón 




Y FAMTAStiS. 



d, tañadlo ella; 
ido temerosa 
edor que da al patio 
itana se asoma, 
ito que heló en las venas 
m su sangre toda, 
« Es él... ¡hljonüol» 
liada matrona, 
raballero ansioso 
era , y la atónita 
patio tendiendo 
«ventura toda. 
08 de los criados 
la herida en la boca 
aun la roja sangre , 
Juan de Zamora , 
rase y su rostro 
fias que le toma 
lesencajados 
nóviles órbitas, 
el de Guzman 
iccbo á quien lloran 
á quien en la calle 
su mano propia, 
in sillón la viuda 
lor que la agobia, 
> llanto en los ojos 
brasadas gotas, 
las ante ella 
lencio en la alfombra 
»r caballero, 
inmolarse pronta, 
icéis? le dijo la dama 
dolé absorta, 
le , » dijo Guzman ; 
palabra sola 
liondo por entero 
ráííica historia, 
) seas ! » le dijo 
i/ada matrona, 
nomrnto el silencio 
a cst'ena angustiosa , 
rompió ci caballero 
penada y cóncava 
1 : « Dios lo quiere : 
ron »\i ley, señora, 
lime á la justicia, 
US manos me arroja, 
repuso la dama 
la V furiosa 
dose : es muy justo, 
er pena es muy corta 
ifio delito; 
ti su sanere toda. » 
idor dirigióse 
erlo por obra, 
se de repente» 
ma , aunque en fliz torva , 



Díjole ! « Jamás un noble 
Recuerda lo que perdona. 
Caballero , levantaos ; 
La vista consoladora 
De ese santo cruclAjo 
En el corazón me toca; 
Pues 08 amparé ignorando 
Vuestra culpa y mi congoja , 
No es justo que conociéndolas 
Os abandone traidora. 
En nombre de Jesucristo , 
Que dio su vida en el Gólgota 
Por salvamos á los dos, 
Id libre , Guzman. 

— Señora... 
— Id , y que en cuenta me tome 
Resolución tan heroica , 
Al llamarme ante su juicio 
En mi postrimera hora. » 

Atónito el caballero 
Quiso hablar, mas imperiosa 
Abrió la dama la puerta 
Que fuga le brinda cómoda , 

Y mostrando con un gesto 
Una escalerilla lóbrega , 
Tomóla , asiendo la lámpara , 

Y el caballero siguióla. 

Volvió á los pocos momentos 
Pálida y acongojada , 

Y cayendo arrodillada 
Ante la imagen de Dios , 
Esclamó, oyendo á Don Pedro 
Que escapaba á toda brida : 

« Señor, si ese hombre lo olvida , 
Tenédmelo en cuenta vos. » 



Todo lo devora el tiempo : 
Todo ; y el bien como el mal , 
Como el vicio la virtud 
Se hunden en su oscuridad. 
Todo se borra y se olvida , 
Todo al cabo viene á dar 
En la sima del silencio , 
En el caos de la edad. 
No porque la noble viuda 
Pudiera olvidar jamás 
Al hijo de sus entrañas , 
Al desdichado Don Juan. 
No \ por Dios ! en su hora última 
Luchando el alma tenaz 
Por desasirse del cuerpo 
Fué este su postrer afán. 
Mas del hijo y de la madre 
Ninguno respira ya. 
Que á aquel le mató Don Pedro 




RECOEtlDOS 



Y á etU li mttó el peiar. 
Mas queda el antor del dntlo , 

Y años trascurrldoB van 
Desde aquella horrible noche i 

Y aquel suceso fatal , 

Y aquel perdón que debió 
Del cielo á la gran piedad , 

¿ Quién sabe si en su memoria 
Borrados al cabo están ? 
¿Quién sabe si los recuerda 
Ck)mo una aventura mas 
De su existencia asorosa, 
De su vida militar? 
Tal vez : á la corte vuelto 
Tras largos aAos Guzman , 
Ni de Toledo se acuerda , 
Ni pensó en volver allá. 
Do todo el mundo ignorada 
La mano que oculta audaz 
Causó la muerte de uu hombre 
Provocándole á lid tal , 
Preséntase por do quiera 
Don Pedro , y do quier que va 
Recibido es cual merece 
Caballero tan caliai. 
bien mirado por su rey, 
De grandes en amistad, 
Sin mas familia allegada, 
Ni deudos \yoT quien mirar 
Que un mozo de quince abriles, 
Hermano suyo carnal , 
C^on buen liumor, libre tiempo 

Y oro largo que gastar. 
Se encuentra en el apogeo 
De la dicha mundanal ; 

Y dicen los que le tratan : 

t Dichoso es el tal Guzman 1 



Y si no lo es , vive Dios 
Que lo sabe aparentar, 
Porque es la vida que lleva 
Un continuo carnaval. 
Siempre de un festín en otro 
Va pasando sin cesar : 
O amigos se los aprestan , 
O él á amigos se los da. 
Las damas de mas belleza 
Le quieren por io galán , 
Los hombres mas envidiosos 
Por lo franco y liberal. 
Nadie tiene mas apuros 
NI aventuras (juc contar. 
Nadie mas oro prestado 
Que nunca cobrar podrá ; 
Mas nadie tiene un amigo 
Mal sincero y mas leal , 



NI á nadie le halla mas f 
En cualquier neeesldad. 
Salúdanle los mendicos 
Con silencioso ademan , 
Porque saben ya que en 
Es no tener el no dar. 

Y como en gastar dlneroi 
No va nunca mas allá 
De lo que pueden sus reo 
Vive sin necesitar 
Pedir lo que dió prestado 
A sus amigos, locoal 
Hace que